sábado, 18 de julio de 2015

El arquitecto de palabras

Isaac quería tener una profesión de mayor muy importante: la había inventado él mismo, sería Arquitecto de Palabras. Cuando intentaba comunicar sus intenciones ante los desconocidos, esos seres que se acercan a preguntar a papá o a mamá sobre lo que desearía ser la joya de casa de mayor, en seguida cambiaban de conversación. Parecía absurda su profesión a ojos de los que no creen en los nuevos inventores.

La creatividad brillante de alas de mariposa y colores de los pájaros exóticos de la mente de ocho años, le dotaban de verdaderas metas “imposibles” a ojos de los realistas, pero estaban equivocados, él iba a construir un nuevo mundo de palabras.

Cuando deseaba hacer algo diferente siempre la palabra que tropezaba en su camino como una piedra de la cual no puede deshacerse por mas que la sacara del zapato era : NO, así que sería la primera candidata a ser desterrada.

Sacó su libreta y con abstracción mística, comenzó a pensar en todas aquellas palabras que habían prohibido realizar sus sueños. Imposible, oscuro, difícil, inconveniente, insoportable, revuelto, desastroso, sucio, insuficiente, malo, travieso, complicado, inquieto, indisciplinado, incontrolable, insufrible... Luego, las leyó, lejos de desear ordenarlas empezó a darse cuenta de que todas las palabras que le prohibían algo empezaban por “i”.

Empezó a componer poemas muy tiernos. Llenos de seres maravillosos y cosas bonitas, parecía que al evitar usar las palabras oscuras todo fuera posible. Rectificaba los diccionarios, eliminando todas esas entradas que consumían como una lumbre a fuego lento sentimientos negativos e hirientes.

Todo el que que leía sus composiciones, se sentía al instante inmerso en un lugar paradisíaco donde el lobo no era más que un ser agradable, familiar y sociable que tomaba lo que necesitaba para sobrevivir.

Isaac daba sentido a la vida de todos los seres, excepto a los malvados. No quería contaminar de miedo sus estantes repletos de caramelos dulces con los que los niños debían soñar. ¿Para qué justificar el control de la mente malvada? Era mejor olvidarla, no tratarla, no darle cabida en sus cuentos para que no tomara fuerza la enseñanza del castigo como método de hacer parar al soñador que todo lo puede y ve.

Así que las marionetas, los bailes, las pelotas, historias y risas de niños felices inundaron sus escritos maravillosos. La risa y la posibilidad se vestían con esfuerzo el traje de la constancia y así pronto la meta era alcanzada. Las tortugas cantaban aunque lentas, sacaban partido a su voz melodiosa y dulce, para deleite de los que quisieran escuchar.

Los competidores los agrupó juntos. Era divertídísimo escuchar sus entretenidas conversaciones tratando de convencerse mutuamente de cual era el mejor. A todos les vino genial, porque a pesar de que sufrían un poco, se superaban aprendiendo de su rival más cercano.

La lucha y el enfrentamiento, tan de moda buscado en programas de televisión que luego los niños versionan en los parques, ya que es su día a día escuchado en casa por madres adictas al chisme y critica del ajeno, le era muy desagradable, pero no podía ignorarlo, ya que parecía que ser fuerte era imponer el criterio con todas las armas destructivas al alcance. El dolor humillante no podía triunfar, así que creó dos marionetas que pasaban el día sacándose defectos inventados, todos podían darse cuenta que su único fin, era entretener con malos pensamientos, así que los niños tras ver que ese camino era muy penoso y agotador, lo evitaban, porque el éxito no estaba tras esas luchas tan hirientes que tan molestas resultaban hasta de escuchar.

Discutir no era agradable. Conversar con argumentos sí. Así que recreaba muchas historias llenas de palabras llenas de buena voluntad que hicieran elegir a los lectores un camino donde el amor pudiera triunfar.

El romanticismo, la pasión y el amor inundaban sus cuentos, intensos, emotivos e inolvidables. Fue así como nació un gran apasionado de la palabra amable y el corazón rebosante de latido. Era tan feliz creando historias y finales inquietantes, que pronto tuvo que dar un nuevo nombre a su profesión dado el número de escritos que inundaban su habitación.

Creatividad, ingenio, posibilidad y voluntad dieron a su alma el sentido correcto. Su nuevo nombre sería “el ingenioso escribiente Isaac”.


-Fin-

viernes, 17 de julio de 2015

Las tres disertadoras cucarachas



Eduardo se levantó a beber agua, tenía la boca reseca, el calor y el aire artificial viciado producido por las aspas del ventilador, en esa noche de sudor, donde la tregua de la frescura le había abandonado, le dificultaba conciliar el sueño. 

Al encender la luz de la cocina, le sorprendió la desagradable presencia de un ser repulsivo asociado a las enfermedades, desperdicios y mala reputación de limpieza. Allí se hallaba Berta, la cucaracha. Antes de que el humano pudiera tomar una decisión sobre su inmediato futuro, comenzó a hablar de esta manera: 

-Comprendo tu pensamiento. Todos al verme sienten esa sensación extraña de desprecio y ganas de aniquilar a la intrusa. Crees que soy una oportunista, contaminante de enfermedades y no deseas cerca de tus estanterías y mucho menos en tus alimentos, pero antes de que hagas algo que acabe conmigo, he de decirte que no soy una simple cucaracha, soy el insecto de la Paz. 

-Entiendo... el calor me hace escuchar voces, estoy bien, sólo es un eco de mis pensamientos. Pero por si acaso hablas, quiero que mientras busco el espray para fulminarte explícame en qué consiste tu don. 

-¡Oh, verás si me conservas esta noche, entrarás en el Reino de los Cielos! 

-¡Ja,ja,ja! Buen truco... No te esfuerces, manipuladora, no tengo candidatura al Cielo, soy ateo, despídete di ¡adióoooooooooosss! 

-Perooooo... ¡Noooo, espera...! No es el Reino de los Cielos al que van los que nos abandonan, es el Reino de la Paz, el estado de la felicidad absoluta que yo estoy dispuesta a mostrarte y para tu descanso, porque estás consumido por la pena y la tristeza. Sólo hay que verte. 

-¡Eso parece interesante! Uhmmm... -sacó un vaso del armario, abrió la nevera y lo llenó con de horchata, mientras se frotaba la barbilla. Su corazón amartillado, chirriaba corrosión en cada latido, estaba angustiado, un insoportable dolor de muelas del sentimiento que no tenía cura. Anhelado y esperanzado ante una distracción que no sabía si era su mente la que la había inventado, se dispuso a escuchar a la locuaz cucaracha, quizás le hiciera olvidar por unos instantes tanto vacío y amargura. 

-Llevo años aconsejando a personas como tú. El secreto de la felicidad está en no desear nada. La vida es un equilibrio entre lo que das y lo que recibes. Si das mucho recibes siempre algo, el tiempo y la gratitud generada te lo devuelven. Es como una semilla que siembras en el viento y no sabes cuándo va a echar raíz. Sin embargo si no das nada o lo que das, es para recibir algo a cambio, el corazón empieza a querer recibir, entras en un círculo amargo, porque sino consigues todo lo que deseas te frustras. Aparece la decepción y la amargura. 

Eduardo supo que aquella voz de perfecta sabiduría le había creado un pequeño cambio en su interior, no deseó aniquilar a la veraz relatora y confuso, envuelto en mil pensamientos contradictorios reflexivos sobre su vida volvió a la cama, excitado, conmovido en gratitud hacia la cucaracha amiga que tan bien había plasmado la verdadera causa de su infelicidad. En este momento se hallaba solo porque nunca pensó que tuviera suficiente para formar una familia y comprometerse. Toda obligación le asustaba. No pudo hacerse cargo ni de una mascota para su compañía porque necesitaría cuidados que no tenía de tiempo para darle. El dinero fue la excusa para todo. Y en contra de lo que se decía lo despilfarraba dándose caprichos sin sentido, nada le había producido una felicidad verdadera. 

Pasó todo el día tratando de eliminar esa energía tóxica de pensamientos negativos que le atraían como una esponja húmeda, pegajosa de bacterias que desean reproducirse en el caldo de un sólo pensamiento destructivo. Metió en una bolsa varias palabras : amargura, lástima, auto compasión, pena y dolor. Les prendió fuego con una cerilla junto a una barra de incienso de sándalo, el olor purificador le produjo el bienestar dejaría de de castigarse cada día, lo peor se había incinerado.

La noche siguiente volvió a levantarse y de nuevo halló una cucaracha en la cocina, ésta era de color amarillo intenso y parecía estar esperándole... 

-Hola soy la cucaracha que debe visitarte esta noche. Traigo historias de “imposibles” resueltos que te van a maravillar.

-Comienza amiga, voy a coger un vaso de té para relajarme y poder escucharte mejor.

La cucaracha amarilla que venía del Sol, relató historias de auténticos supervivientes. Personas solitarias, con ningún sostén emocional que habían luchado por conseguir sus sueños, protegidos de la fuerza interna y coraje, además de sus buenos propósitos.

Eduardo quedó tan impresionado por esta segunda cucaracha, que comprendió al instante la fuerza sentida por el famoso hidalgo D. Quijote de la Mancha al enfrentarse a los molinos de viento, que en sus fantasías confundía con malvados gigantes. Tener una causa, un fin que defender, una meta la auténtica razón que nos impulsa a ser felices.

En su segundo día de reflexión quiso encontrar esa fuerza de metal que impulsara su deseo. Lo cierto es que se hallaba tan flaco de ánimo que nada le convencía. Fue entonces cuando recibió su última visita.

A las doce en punto de la noche dio un salto y con necesidad se dirigió a la cocina a conocer a su tercera visitante. Era una cucaracha roja la que allí se hallaba sentada esperándole.

-Hola, sé que quieres que te diga lo que debes hacer para ser feliz. Pero eso debes encontrarlo tú solo. Te diré que debes conseguir crear amor... Algo que desconoces. Has pasado toda tu vida buscando excusas para no querer a nadie y ese vacío debe ser llenado, la fuerza está en el amor.

-Ya es tarde para querer a nadie, mírame no puedo generar amor porque no sé lo que es eso... En cuando conozco a alguien y no hace lo que yo deseo, lo olvido. No puedo adaptarme, Soy así y no puedo cambiar.

-Llevas la palabra “imposible” tatuada. Estás buscando excusas, refugiándote en la auto compasión y fortaleciendo cimientos negativos para no obligarte a ser feliz.

-Bueno lo pensaré, he de irme. ¡Gracias!

Ya no se produjeron más visitas en las noches intensas de calor. Cuando no podía dormir pensaba en cosas que pudiera hacer para no sentirse tan abandonado. Un día apareció en su camino un perro flaco, sucio y enfermo. Se acercó a él, sí, le miró, olfateó y le suplicó ayuda. Contrario a sus costumbres, queriendo ser humano, lo llevó a un veterinario. Tras un examen, no le dio muchas esperanzas de salvación. El animal precisaba muchos cuidados y medicinas.

Desconocido venció el “primer imposible” de su vida y se hizo cargo de aquel perro tan deslucido. En unas semanas, recuperó la salud y volvió a ser un animal bello y con buena planta.

Todas las tardes paseaba a “Zas”, nombre con el que lo bautizó, por el barrio. Sin saber como fue, hizo amistad con todos los dueños de la vecindad que antes ignoraba que vivieran. Había una mujer que paseaba también una perrita muy simpática. Tal amistad fueron desarrollando, que tras unos meses quedaban para tomar algo sin perro.

El amor lo atrapó y en poco tiempo su vida cambió. Se casó, tenía mujer y dos perros además dentro de muy poco, también llegaría el fruto; un hijo. Quién le hubiera dicho que todo aquello iba a estar a su alcance... 

Las tres disertadoras cucarachas le mostraron el camino, todo estaba ahí, dependía de su voluntad, sólo necesitó ver “posible” lo que antes fue “imposible”.

Salir del círculo cerrado de excusas, lloriqueos y soledad en el cual se había encerrado para no ver que todo aquello estuvo siempre ahí a su alcance, pero estaba ciego de corazón, sólo veía con los ojos de los bienes materiales.

-Fin-