Corría mis piernas ansiosas sumaban asfalto
el Cielo enfurecido rugía no se contendría ya
para agujonear el espacio, se derramaron agujas
gotas punzantes caían mientras la gente huía.
El viento despertó violento al desafío del techo
en horizontal se agitó huracanado para soplar
las gotas iniciaron un baile inclinado oscilante
la ciudad fue tomada por los fuertes elementos.
Me acercaba al mar, olí las olas chispeantes
su aroma era de gambas, berberecho y mejillón
espuma de cópula del pez salido del escondite.
Imaginé el amor de los delfines
los atunes retozando
las merluzas besuconas revueltas
y yo recordando humedades de sábanas
calamar y ostra condensada en el hueco.
Reían las algas añejas al ser arrancadas
por corrientes poderosas que escupían
a la orilla las chanclas arrancadas por descuido
al bañista de agosto en pleno noviembre.
Yo también reía mientras corría
observando la verdad
del Mar, el Cielo y el Aire.
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