domingo, 26 de diciembre de 2010

Gira y gira

Crujido de almendras dulces a medio terminar
sol de invierno quemando la piel morena de otoño
peces serenos buscando sustento sin pescador
soledad del cristal frío en mis labios solitarios.

Vida de mi vida, eco de mi muerte segura
que hermosura latir en el mundo del color
observando arco iris y sombras en la calma del mar.

Y sigo mirando sin rutina el ciclo de la misma canción
con más años y más amor, con la calma de un buen perdedor
a los que olvidaron la dignidad de tanto dar contra el cristal
sintiéndome siempre la misma mujer combatiente
que todo le incluye y nada la cambia.

Ojos para ver, alma para caminar
y corazón de roble para amar.

sábado, 25 de diciembre de 2010

La sombra de Olvido

Olvido le puso su madre, porque cuando nació quiso olvidarse de los dolores del parto y porque al verla supo que iba a ser una una mujer inolvidable. Cada vez que ella trataba de explicar a sus amigos el origen de su nombre, éstos reían abiertamente, era una mujer con mucha gracia, lo hacía con seguridad bien ensayada y siempre era origen de la conquista. Ella sabía muy bien que si con la explicación conseguía seducir, tendría una historia que recordar, buena o mala.

Ahora de pie, frente al espejo trataba de liberarse del pudor, huir de la rutina de un sexo con sabor a repetición. Mario la observaba tumbado en la cama, ese extraño brillo que descubrió en sus ojos le hizo intuir que de nuevo ella conquistaría su mente con un nuevo placer. No podía resistirse ni quería, ella era magia, renacer un nuevo día descubriendo fronteras que jamás había penetrado. Olvido era la mujer de su vida, no podía negarlo y se rendía a sus pies y juegos de seducción. Ella lo estudió fijamente con su mirada intensa de misterio inquietante através del espejo, él apuraba un cigarrillo aparentaba estar tranquilo pero un escalofrío recorría todo su cuerpo, expectante controlando sus impulsos, deseando que ella lo poseyera de nuevo con salvajismo.

Sonrió con una mueca de mujer malvada, tras unos minutos de silencio estudiado. El sintió recorrer en todo su cuerpo un miedo atroz. ¿Que haría esta vez? ¿A qué locura lo llevaría de nuevo? ¿Cuánto tiempo pasaría luego reviviendo cada escena? No quiso pensar en eso, quería pagar ese precio de soñarla todas las noches sin tenerla más que de vez en cuando.

Ella se dirigió hacia el equipo de música. De nuevo la voz sensual de Alejandro Fernández, el mexicano, sus historias románticas de amor y equivocación apasionadas. Él odiaba a este hombre que tanto la conquistaba con su voz, pero cedió y aguantó el suplicio de oírlo una vez más. Ella dejó caer su pijama de franela rojo, hacía frío, así que puso la calefacción fuerte para calentar bien la habitación. Una ropa intima de color negro y rosa embelleció su hermosura natural. Sujetador lleno de encajes, elevando sus senos redondos y firmes, la copa C los hacía parecer aún más abundantes, dibujando un canalillo que sólo se consigue con una buena pechuga. Unas bragas de bailarina negras, repletas de volantes y transparencias, la convertían en diosa de la seducción. Y bailó conectando con Mario a través del espejo. Se quitó todo lentamente, abrió la cómoda y sacó un masturbador. Lo pasó lentamente por todo su cuerpo y se detuvo en aquellas zonas que él deseaba poseer. Le insinuó el tipo de sexo que quería vivir. Aquella noche quería sexo salvaje, sin límites.

Marcó con el aparato su piel. Lo metió de golpe en su raja y regresó de la oscuridad de la caverna bañado con abundancia. Él la seguía absorto, perdido en un mundo desconocido. Sonreía como una hembra voraz por el hambre. Se volvió por sorpresa para mirarlo sin más contemplaciones A él siempre lo sorprendía con sus decisiones, pero no dejó de mirarla sin temor. El masturbador mojado rozó toda tu piel, senos, caderas, muslos y volvió a entrar de un solo golpe. Ella de pie frente a él, sus piernas abiertas y aquello agitando sus entrañas con dureza, chocando contra su cuello uterino como un tambor de ritmo salsero. Sus miradas se unieron, ella gemía lo sacaba y metía, lo sacudía con fuerza y luego descansaba. Los pechos erectos, su piel erizada. Mario estaba paralizado mientras su pene se elevó con una dureza dolorosa, estaba fuera de sí y ella ni tan siquiera lo había rozado. Olvido jadeaba, sonidos bajos y disfrutaba, alcanzó sin detenerse uno, dos, orgasmos. Durante más de una hora insaciable estuvo así satisfaciendo su cuerpo. Mario controlaba su deseo para no reventar de placer, sabiendo que ya no era él, sino la sombra de ella, un don nadie.

Cuando ella se cansó de correrse, quitó el masturbador delicioso de silicona y forma de pene anillado color rosa y lo tiró sobre la cama, cayó al lado de él.

-Si quieres poseerme, ¡chúpalo!- ordenó con claridad y voz de mango.
-¡Olvido, por favor!-súplicó él algo descontento por la maniobra inesperada.
-¡Chúpalo y me tendrás!

El fuego de sus ojos negros dejó todo sentenciado. Se sometía o aquello se acababa en aquel instante.Mario con el orgullo herido, no pudo más que ceder. Lo había mantenido al borde del orgasmo todo ese tiempo y no estaba dispuesto a quedarse sin el premio. Ella lo observaba de soslayo lamiendo el consolador mientras buscaba en el armario algo para provocar un nuevo climax. Utilizó como armas del placer; unos tacones muy altos rojos, un picardias a juego con los zapatos transparente, dejaba descubierto a medias su sexo. Así ataviada se situó de nuevo frente al espejo para pintar sus labios rojo pasión. Él seguía allí, inmóvil esperando la oportunidad del actor secundario que está haciendo de extra en una película y se deja utilizar esperando ser un día el protagonista. La música seguía sonando pero ya Alejandro ya no le nublaba la mente con la cólera, lo había eliminado, sólo era una voz, no el protagonista de aquella noche. Ella sirvió una copa de champán con zumo de fresa, esa noche todo sería de color de rosa, rió, mientras se la ofrecía. Se sentó al borde de la cama y bebieron juntos en un extraño brindis. No se tocaron. Al terminar la copa, ella fue de nuevo frente al espejo y sonó con dulzura de melocotón: " haz lo que desees hacer, ya sabes, sin límites". Mario saltó como un tigre para acudir a su lado, seguía empalmado. La inclinó hacia adelante besando con cariño su hombro. Y se agachó para lamer su culo. La preparó bien, pasó su lengua una y otra vez, haciéndola jadear de placer y untó con abundacia su recto con el lubricante que había sacado del primer cajón de la cómoda. Y se la folló como nunca lo había hecho. Ella no se quejó y aguantó docilmente sus embestidas. Sudaban, sus bocas se enroscaban como serpientes que precisan permanecer unidas en un cópula infinita de días y noches. Las caderas de él se parecían a las ruedas de un tren de alta velocidad. Ella sentía tanto dolor y placer que sólo gritaba en susurros ¡Oh, Mario, Mario! el sonreía y contestaba ¡toma, toma!. Follaron como fieras salvajes. Él retuvo su orgamo para no perder la fuerza. Aquella noche no quería más que poseer su culo tan perfecto y duro.

La llevó a la cama, a la cocina, al baño variando las posiciones pero no el lugar por la que la penetraba. Ella gemía y ya no se encontraba así misma, era esclava del placer. Por primera vez era Mario el que dominaba, amo del placer absoluto. El ego masculino se elevó y se alegró de recuperar su hombría. Ella era de él, sólo de él por primera vez y ya no tuvo reparos para apagar a ese dichoso Alejandro que tanto lo jodía vivo. Tras horas de desenfreno cayeron en la cama sin voluntad. Durmieron juntos como almas que se acaban de encontrar.

Al amanecer, ninguno de los dos se podía mover, estaban molidos, ella reventada de tanto orgasmo y dolor. Él con su pene en carne viva de tanto meter y sacar. Se miraron y sonrieron de felicidad. Habían roto una nueva muralla que los acercaba más y más al verdadero secreto de la vida donde los únicos límites son los sentidos. El amor flotaba en le ambiente como el incienso lo hace en la estancia de una echadora de cartas que se guía por el poder de su intuición. En el techo de la habitación Olvido veía la sombra de dos olas rugosas que se atrapan en una marea salvaje de un mar azul intenso, sin dueño ni tiempo y enmarcaba ese momento en un cuadro con fondo de cielo luminoso. Sabía que lo vería siempre allí colgado, invisible para el resto de los humanos.

Mario pensaba en otra cosa, era un hombre. Deseaba volverla atrapar en aquel sueño, esclavizarla para siempre. Era lo que más amaba en este mundo y pagaría el precio de su lujuria. Ella era el aire y el aroma que quería respirar a cada instante. Encendió un cigarrillo y en cada bocanada dibujó un círculo que imaginaba en forma de corazón rosa en donde ellos flotaban livianos protegidos por las murallas de una gran historia de amor.

Techum

domingo, 12 de diciembre de 2010

La sonrisa de Carlos


Él quería ser algo grande, bañarse en los lagos, amansar el aire
leía y releía que Dios era así inmenso y extenso como la tarde.

Pero corazón de oro y ojos de pasión, no sabía que el divino pastor
era sueño y terror, no sólo un hombre que trata de jugar a las cartas
con el mundo sin amor, él solito quería ser Dios y sólo era un luchador.

Las tensiones de la vida y la falta de ilusión encogieron su dicha
su vida no era ella, sino rutina de días y noches repletos de ecos
incompletos donde nada le saciaba, hambruna de mujer ansiada.

Y llegó la princesa del color púrpura sin agujas ni pudor
a colgar racimos de uvas de yemas de almendro repletas de pasión
tejiendo una senda donde él se sustenta como un niño que sujeta la teta
hombre de fe, amante de letras, se calienta mirando a la hembra de pasiones
mirando al vacío se llena y vacía con ella, sólo ella su sonrisa despierta
vuelve a él retrocediendo la flor de la sonrisa que no cultivó.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Tres hojas de margarita

Aquello que daña es la dureza de un ser hueco
que sólo saca, araña, tropiezos de un hueco ser.

Inventa lo que no es, como diablo sin alma
ojos sin brillo y miedo constante en la mirada
que me llevan a la duda de si lo hago bien.

Preguntas sin resolver por maletas, secuencias incompletas
revolotean dardos de sangre cerca del corazón sin perder la razón
y la pieza callada del puzle asoma para terminar la muralla.

La máscara del traidor cae, ahora resuelvo sin dudar
tejo palabras, momentos, siluetas y todo encaja
grita vencido sin honor que es hombre de ley.

Sangra mi corazón maltratado por tantos ciclos de enjabonado
sin aclarado mis ojos enjuagan los días de amor acartonado
revivendo abandonos y deterioros de sable maltratado
golpeada por la desilusión de no ser amada me enrrollo
en mi círculo de letras y saetas para consolar la rabieta.

Y vuelvo a tí haciendo una pirueta mi gran amor, una silueta
un hombre de corazón de león y pasos inmensos de libertad
saco del fondo del jarrón las castañas dulces que aso a fuego fatuo.

Besos para el furtivo cazador de sueños y palabras de ilusión
algún día mi cebolla será una manzana dura y fresca
que se deshaga en tu boca de miel y juegos de jurel.

Besos furtivos
amor de mi vida
que no me toca
allí donde estés.

viernes, 10 de diciembre de 2010

La seductora

Carla "la dulce" febril amapola de sexo templado, ése era su nombre en el mundo de los chats y pasiones etéreas. Había tenido que recurrir allí, ella, tan divina y sensual, cansada de ser una mujer perfecta que apenas tiene citas porque no sabe cómo o el lugar dónde dejarse ver para que ocurran. Sentía rabia por ello, pero era lo normal y si lo meditaba con atención tenía cierta lógica el hecho de que las personas orgullosas con mucha autoestima, no encuentran pareja con facilidad. No surje la chispa tomando un café en un bar o subiéndose al bus, porque tienden a vivir dentro de una burbuja impermeable.Mujer de carácter templado y mirada tranquila, creaba confianza al instante. Si uno se fijaba bien en su rostro observaba un destello de tristeza en sus ojos, el secreto de una tierna dama atravesada por las espinas de lenguado.

Estaba convencida de que el sufrimiento en esta vida es para las almas nobles, no para los malos. Por eso sufren siempre los buenos. Seguía cuando su sensibilidad la dejaba, las desgracias del mundo, las últimas que le llegaron nuevas fueron sobre de la República Dominicana. Todos los pobres sonríen, pensaba, pagan con felicidad una mirada. Los ricos aprientan los labios al conocerte, temen ser humanos. Luego si sopesan en la balanza tu amistad, la sonrisa es abierta, dejan ver una dentatura perfecta obra de horas de dentista y fundas de porcelana. Un sonrisa intermitente que engaña y dura lo que tardan es conseguir lo que tú tienes y ellos no. Eso divagaba mientras observaba como otra desgracia natural asolaba un país pobre de recursos. Parecía que la tierra rugía, con la fuerza de los tigres siberianos a los hombres a los que poco importaba equilibrar la balanza de los desahuciados. Pero ella no era la justicia, sólo la palabra de fuerza y empuje que calla, porque nadie escucha y nada cambia.

Era muy bella aún. Ya rondaba la cuarentena, pero a los hombres poco le importaba, ya que se conservaba estupenda.

Se acostumbró a salir a correr los fines de semana, así fortalecía esas estupendas piernas que tanto cautivaban. Salía a las nueve de la mañana, esa hora muerta de un día festivo donde todos descansan aún. Le gustaba respirar el aire fresco de la mañana, sin viciar de humos ni olores humanos, evitando respirar el fétido olor de las cagadas humeantes de perros abigarrados de desperdicios digestivos. La noche lo había aromatizado todo y el amanecer purificado.Vestía mallas negras ajustadas, zapatillas idóneas de corredora y camiseta de licra. Su pelo negro corto lo recogía en una pequeña coleta, lo estiraba de tal manera que parecía estar en guerra con el mundo, le gustaba aquella imagen de mujer recogida con pinzitas diminutas de mariposas rosas, pensaba que ellas le dotaban del impulso vital para vencer la resistencia del aire.

Se cruzaba a esa hora con gente muy diversa. Hombres sin rumbo que dormían en la calle y despertaban en la soledad de un banco. Apretaba los dientes y se decía que eran muchas las almas tristes y solas. Muchos los hombres que habían compartido cama con el tic-tac de un reloj rutinario de unos días sin más compañía que sus manos. Unos disimulaban con su paso ligero que iban a alguna parte, aunque Carla sabía que no, era la costumbre de la vida del trabajador labrado que finge parecer no estar solo. En cada paso de su carrera ligera hacia la playa creaba un perfil para cada persona que encontraba; el secreto de los ojos. Ella era una gran observadora de la vida humana, motivo por el cual la gente le robaba muchas horas. Muchos eran los hombres que trataban de robar un minuto de gloria, una mirada perdida. Muchas las llamadas urgentes que necesitaban. Ella no se paraba, abría los brazos como una fuerte ave de mar que necesita sentir el aire para poder volar y corría sin rumbo, sin pensar en si misma, sólo lo hacía para liberar su mente de una vida llena de silencios y desesperanzas.

Era una bello susurro de aroma a sal para el que tenía el gusto de cruzarse con ella. Era dura y podía aguantar la carrera durante hora y media de sufrimiento. Se refrescaba el sudor abriendo los brazos para dejar entrar la brisa tenue. En ese instante deseaba morir, que no la quebraran los años sino un rayo de la nada en el se sentía la mujer más feliz del mundo. Bendecía sin ser creyente la suerte que la vida le daba por poder sentir algo tan inmenso, una fuerza maravillosa que la poseía por completo como la droga más liberadora. Ella no necesitaba disimular la vida, quería vivirla plenamente sin tener miedo a que ésta le jugara una pasada. Lo que tenía que suceder, sería "lo que sara sará" rondaba su mente, frase que Ava Garner leyó en una tumba de de la Condesa de..., no lo recordaba pero ésa escena aclaraba una gran verdad; el destino no es nuestro.

Odiaba a los hombres que no se esforzaban en la conquista. Mentes huecas y cuerpos estupendos que intentaban seducirla con una cita esporádica. Tampoco soportaba aquéllos de vida resulta que presumían de su poder, empobrecidos de físico, necesitaban dominarla con una generosidad de pago. O aquéllos que no eran ni lo no ni lo otro, hombres humildes de escasos recursos verbales que trataban hacerla sentir compasión, siendo pobres méndigos de cariño y afecto, que nadie escucha y luego resulta ser todo parte de un juego, una vez seducida se daba cuenta, ellos eran así para envilecer a todo hembra sensible que se dejara engañar. Carla lo sabía todo, lo había descubierto en miles de charlas con diferentes mentes y se sentaba a teclear palabras y más palabras. Con el tiempo se hizo dura y selectiva, intentaba a la vez dar una esperanza pero le robaban demasiados minutos y dejó de escuchar para sólo oír lo que ella necesitaba.

Su cuerpo perfecto aún juvenil imponía mucho. Su carácter y sensualidad eran como una atracción virgen para el que entraba en su ámbito de movimiento. De sonrisa cansada y mirada directa, no era una presa fácil de conquistadores y galanes. Huía de la frivolidad ya que nada sentía teniendo relaciones con extraños que no la motivaban. Sabía perfectamente que para ganarse el respeto de un hombre hay que ser algo fría, clavarle unas cuantas agujas de cactus del desierto para modelar un respeto. Así que sólo quedaba tras unos cuantos encuentros y palabras dónde él se sometía a lo que ella quisiera hacer.

-Podemos salir a cenar y conocernos Carla.
-No sé, no nos conocemos demadiado bien aún.
-Carla, querida llevamos casi tres semanas haciéndolo, necesito verte, me gustas muchísimo.
-Agustín, no tengas prisas, necesito mi tiempo.
-¡Carla! no me dejes así otra vez.
-Ten paciencia conmigo, si cultivas mis ganas nos veremos pronto.
-La tendré querida, la tendré.

Nunca salía con nadie antes de un mes de mutuo conocimiento. Odiaba a los mentirosos, a aquellos hombres que por meterse en la cama con una mujer son capaces de fingir ser honestos. No merecía la pena por un rato de sexo crear una fantasía para conquistar a una mujer que tarde o temprano los haría llorar al descubrir que nada era real. Y eran tantas las mentiras que escuchaba, tantas ,que había hecho un estudio sobre las maneras de hablar y escribir para intuir realmente lejos de las palabras, las verdaderas intenciones.

Ella era diferente, necesitaba sentirse la reina de la seducción que su amante la adulara y envolviera con deseo. El sexo en sí, es para putas. La pasión, para amantes expertas. Y ella no era puta, sino amante sublime. No le importaba lo que durara cada historia de pasión, somo quería que el hombre con la que la vivía la hiciera única e inolvidable en esos momentos. Ese era la verdadera dicha de la vida, la seducción del la mente acompañada de los sentidos.

No tenía muchas aventuras pero de todas sacaba algo muy grande, una condensación de momentos felices compartidos. Aquella vida era como una rosa que uno tiene entre las manos y ve poco a poco como se marchita y cuando ya no tiene olor hay que volver a renovar. El amor pasajero era así; fuerte, pasional, intenso pero fugaz. A veces bastaba una palabra, un gesto o un olor a chocolate para que ella decidiera el final. Se guiaba por su instinto vital de su alma, si ésta reposaba tranquila y serena, la historia duraba, si el hombre la desatendía o terminaba tras la conquista utilizándola para encuentros furtivos, lo desechaba rápidamente, no quería más sufrimientos ni horas llenas de vacíos.

Sabía hacer el amor a un hombre. Había aprendido a dosificarse. Con cada uno era una mujer nueva. Si el hombre no sabía tocar y sólo quería ser satisfecho con sexo oral pasaba de él poniendo la excusa de que se ahogaba si algo se le metía en la boca y le producía ataques de epilepsía, ellos atónitos, algo dudosos de la revelación cedían y la poseían con movimientos rápidos. Ella miraba entonces el techo de la habitación deseando que aquel encuentro inerte se borrara antes de terminar.

Si el hombre le bajaba el pantalón y frotaba su pene contra su culo sabía que iba a tener algo grande entre las piernas. Que él devoraría con pasión su sexo, lo chuparía durante horas y llegado el momento querría follarla por detrás. La imaginación y las ganas de darse las inventaba tras ser seducida por un nuevo amante.

Deseaba estar con una mujer adicta a mujeres, para conocer el placer de la experta que sí que sabe tocar. Era su fantasía erótica más repetida, temía enamorarse de una mujer y no poder volver a estar con un hombre.

También guardaba su mejor experiencia en la cama con un hombre, su noche de oro. Fue en un hotel, lo conoció en la playa y tras un intercambio de miradas intuyó que algo maravilloso iba a pasar. Los ojos de él eran descarados plagados de estrellas fulgurantes de naranjas y mangos, olía a macho penetrante e imprenaba toda la toalla con su esencia.

-Carla, yo necesito esta noche una puta.
-¿Qué? ¿Pero macho de que vas?
-Una puta a la que hacerla vibrar, mañana salgo de viaje para Londres, mi vida es estresante, tu piel me gusta.
-Anda y que te den, salido.
-¡Ven, no te arrepentirás nadie te hará sentir en tu vida lo que vas a vivir junto a mí esta noche!

Carla se levantó llena de rabia, recogió su toalla, se puso su vestido playero y lo dejó atrás. Él la observó y lo vió sonreír maliciosamente. ¿Cómo podría saber que estaba deseando ir? Avergonzada no volvió a mirar en su dirección. Confusa trataba de decidir si merecía la pena dejarse humillar así por un hombre. Pero ésas manos en su piel la habían excitado, su vagina lubricaba y sino hubiera estado él allí, habría entrado de nuevo en la playa para darse un baño y tocar con ganas tanta necesidad insatisfecha.

Pasó toda la tarde sudando en la cama. No era el calor lo que provocaba tal calentura, era el deseo. A las ocho se dio una ducha. Su cuerpo tenso y acalorado no se aplacó. Quería ser puta, una zorra salvaje que necesitaba ser saciada. Ella que tanto había odiado el sexo sin seducción previa, estada codiciando ser una viciosa. Se vistió y acudió a aquel maldito hotel. Él la esperaba y sin replicar por su suerte, temiendo que el orgullo femenino herido lo traicionara, la hizo pasar.

¡Carla, desnúdate ahora, poco a poco frente a mí!-le susurró él sentado en la cama.

Tras observarla, se bajó la cremallera del pantalón. Se pene abultado quería emerger de las profundidades de la calma. Ella lo deseó y se agachó a chupar, su pene crecía y se endurecia en su boca, fue lo primero que el folló, su boca. Sentir tanta carne dura dentro le hizo tener arcadas, pero estaba a gusto y quería que atravesara su garganta. Jamás había sentido tanta morbosidad salvaje de ser poseída así por un hombre.

Julián disfrutó del momento. Luego la llevó hacia el baño, la ubicó desnuda en la bañera. Ella sentada en el borde obedeció la orden de abrir al máximo sus piernas y con ambas manos mostrarle la abertura de su sexo. Era perfecto y bello. Él se excitó mucho y siguiendo su plan, cogió la manguera de la ducha el agua caliente y dura por la presión de la bomba, la golpeó. Fueron litros perdidos en aquel lugar. Le prohibió tocarse ni cerrar las piernas. Alcanzó el orgasmo en pocos minutos. Un orgasmo cerebral de sumisión total, hermoso. Cuando él supo que se había corrido dio por terminada la ducha. La sacó y con sumo cuidado secó bien con una toalla su cuerpo mientras chupaba con delicadeza y pasión sus pechos duros, pezones erectos por la excitación convertidos en punta de flecha. Luego volvió a ser duro en extremo y la acorraló frente al labavo. La apretaba con su cuerpo y el sexo de ella se excitaba con el roce de la piedra de porcelana. Cuando la tuvo a punto de jadeo se la folló desde atrás, mirándola a través del espejo de una manera brutal. El golpeo de sus caderas era doloroso. Ella lo observaba sin oponer resistencia, divagando entre parar o continuar con aquello.Trató de alejarlo, pero él retrocecía sonriendo y la volvía a penetrar lentamente volviéndola loca de deleite, consiguiendo que de nuevo consintiera a aquel dolor y placer intermitente. Y volvió a correrse con el dolor de la vagina maltratada.

-No me esperaba tanto tamaño, eres un gran amante pero muy salvaje ¿no crees?
-Soy en cada momento lo que una mujer necesita.
-No creas a mí no me ha gustado.
-¿Eso crees? pero tú me lo has pedido.
-¿Yo?
-Ahora te mueres porque te chupe y rechupe el coño dolorido como bálsamo.
-Eres un...
-Un gran amante.

Y dicho y hecho. La tumbó en la cama y ella se abrió con pudor, tapando su cara entre las sábanas. Julian la descubrió y exigió que mirara. Y ella disfrutó siendo la presa tuvo otro orgasmo cerebral . Que bien sabía de mujeres. Ella no podía creerlo, nunca había llegado a un clímax semejante. Finalmente volvió a poseerla pero esta vez de frente, de rodillas y mirándola a la cara mientras ella acariciaba su clítoris para llegar más rapidamente al orgasmo.

Ambos se dieron y culminaron muchos orgasmos. Follaron como perros salvajes, sin miedos. Al amanecer Carla olió a chocolate. Sabía que nada más podía ofrecerle aquel hombre que la había elevado tan divinamente a las cimas del placer más impenetrable. Se sintió escaladora de cumbres tupidas para el resto de los humanos. Se centó en el pensamiento más abstracto de erminaño reviviendo los momentos mientras se vestía y se alejaba de aquella dicha. Él no dijo adiós, no quiso volverse para estropear su sueño. Ella grababa sin cinta en su memoria todo para disfrutarla de por vida. Los tacones sonaron huecos bajo aquella moqueta silenciosa que cubría el suelo del pasillo de aquel hotel discreto donde tantos amantes vivieron noches de ensueño.

Al salir a la calle notó que iba maquillada con el sexo en el rostro. La miraban y deseaban, sonriendo Su alma serena y tranquila estaba satisfecha. Poco le importaba la censura de la vida que malmete contra la dicha de la única satisfacción humana que nos hace grandes. Ella era libre, ella era Carla.

Techum

miércoles, 8 de diciembre de 2010

El secreto de Pantera


María había llegado al mejor momento de su vida, ese en el cual todo debe transformarse y pasar del verde ocre estatua a figura pulcra en movimiento. Sabía el alto precio de su osadía, entrada en años y vacía necesitaba sentir emerger de la crisálida a su aún fértil mariposa de color. Tenía que recorrer su camino,surcada por los vientos cortantes de la soledad, encadenada al hierro frío del miedo a hacerlo así sin protección, abriendo las alas al aire fresco limpio de la vida, sintiendo libertad, donando su fortaleza con cada aleteo de amapolas y margaritas Vivía en ese exacto instante existencial en el que una persona sencilla presiente que es su última oportunidad de hacerlo. Había sido transparente, una mujer sin poder ni voz, ausente, que ha pasado por la vida como un fantasma adiestrado, siguiendo el modelo que otros han creado pero que no satisface su necesidad creativa de verse ante el espejo viva. Era una mujer hermosa que se está marchitando sin volar, sin sentir ni una sola vez que su gris existencia es un arco iris fugaz.

María recorría su vida de silencios pasados mientras se revolvía en la cama, poseída por el rugir una pantera caliente, preparada para la más feroz de las batallas, Sus entrañas la devoraban y necesitaba la carne de otros para acallarlas. Era hora de dejar sentir la fuerza del acople salvaje de un varón insaciable que regara su sed de años vacíos en los que la vida y las estaciones habían transcurrido para otros y los que ella petrificada había vivido una vida autómata donde ella había estado en coma.

Federico la escuchó callado, al principio pensó que bromeaba pero al ver los papeles del divorcio supo que iba en serio, sintió una traición, una brecha en su corazón sin entender que había hecho mal, no pudo aceptarlo. Y la odió más allá de la razón por ser capaz de abandonarle, ahora, después de una vida juntos en la que ella había dormido tantas noches a su lado siendo la más tierna amante fiel pura.Ella no cedió a la compasión, ya no le quedaba mucho tiempo a su cuerpo y se alejó con sus bolsillos vacíos, sin tener miedo a la realidad. Por primera vez iba a oír algo diferente a una orden impuesta, huía veloz de la necesidad de tener un sueldo estable y unas facturas pagadas. Se alejaba de la comodidad sin nada, para entender al sonido de su corazón que emergía virulento de las profundidades del mar como un volcán sin lava, creando una ilusión sin isla donde anclarla, sólo basaba su decisión en la frugalidad de una fantasía compartida en unas letras escuchadas de otra alma.

Carlos la había dirigido a aquella decisión. Sus armas seductoras de un amor sin quión ni promesas, la habían convencido, él no le prometió nada, sólo intentaba hacerla feliz haciéndole ver que no era aquella vida la que ella deseaba vivir. Entendió su alma de mujer y la liberó de la servidumbre oscura de ser una estatua gris en la vida de un hombre que sólo es feliz viendo la tele tumbado en el sofá. Él la quería para convertirla en reina de su propia obra a cambio ella debía ser una mujer libre y crecer antes de convertirse en su amante.

Los meses posteriores al divorcio fueron durísimos, sin caricias ni abrazos, siempre sola esperando que Carlos llamara.Estaba confundida, perdida en la nada y llegó a odiarlo. Él no estaba dispuesto a resolver su vida, la quería fuerte y retadora, herida tras cada derrota y dispuesta a levantarse, crecida como la corriente de un río tras una tempestuosa tormenta de lágrimas amargas, con fuerza y valor. La quería independiente y autosuficiente, no quería una mujer sumisa que le complaciera, deseaba ese continuo desafío que tanto lo enamoró. Y la dejó sola, rencorosa y llena de reproches, probando la fuerza del amor y visitándola esporádicamente en algún que otro correo para saber como se encontraba. Nunca hubo sexo ni pasión. La vigilaba y la amaba, pero nunca deseó tenerla para siempre, sólo necesitaba nutrirse de sus sentimientos, ver que el amor verdadero siempre vuelve a serlo. Carlos sabía que María siempre lo amaría porque siempre lo soñaba de una manera diferente, con ansia, con ganas de amar y ser amada.

Pero la carne femenina es tierna y compacta, deseable a los ojos de los hombres. Y María tenía un hormiguero de deseo entre las piernas, deseaba apuestos amantes que la cubrieran y reventaran de placer, al menos disfrutar del sexo, ésa era su meta. Y no tardó en descubrir que la maldición del amor es hechicera porque domina cada célula de la piel y del pensamiento. Nos traiciona la mente, que siempre se aleja en busca de la persona que ronda como un panal de abejas en el cerebro condensado de tantas imágenes inventadas y hace sentir el sexo como un bote de leche caducado que nadie saber abrir porque falló el envasado. Así se sentía María tras cada hombre que no descubría porqué ella nunca llegaba al orgasmo.

Bella hembra de carnes duras y firmes, aún en su edad madura de la imperceptible realidad de envejecer y parecer joven, gracias al envoltorio de cuidados y mimo, conseguía ser una rosa roja con pétalos dentro de un jarrrón sin aspirina. De olor penetrante y lujuría atrapada en sus ojos oscuros, brillantes y serenos. Caminaba con orgullo, con gran porte femenino, motivo por el cual hacía volver la mirada a muchos hombres, era un deseo, un secreto femenino encubierto que muchos varones codiciaban.

Mujer selectiva, de ego y pasión envolvente como el sonido de un televisor, no se dejó vencer por la falta de ilusión, conseguía a sus amantes tras hacer un pequeño estudio íntegro de su posible personalidad sexual. Luego callaba su decepción tras el acto para no desanimarles, nunca fingía un orgasmo, disfrutaba sí, pero sin culminar. Ellos no comprendían cómo una mujer después de tanto sexo era incapaz de alcanzar un orgasmo con su enorme fogosidad, sólo un simple placer. Ella, tras presentir en sus primeros encuentros que los hombres no la comprendían y nada sabían de sensualidad, al menos de la suya, imaginó para no defraudarse de sí misma cuál era el motivo de su castidad sexual; sin duda el amor. El inmenso torrente denso y viscoso que atrapaba su corazón, cada poro de su piel, su mente negaba ser satisfecha. Sólo su fiel amante de palabras y sueños lo conseguiría, su Carlos que en la distancia siempre quiso ser la luz que guiaba sus pasos. Como un haz de luz brillante que la iluminaba y le daba fuerzas para seguir afrontando tantos días sin calidad.

María lo quería enterrar en ese recuerdo que fue causa de su divorcio, lo olvidaba una y otra vez, para poder seguir viviendo sola Él la quería a su forma, pero nunca acudía a ella para tener esa primera noche de sexo donde las almas fornicarían como panteras. Ella sudó el dolor de la decisión mortífera de no ser poseída por un perro salvaje y lo amó con el silencio de los días y la soledad de las noches.
Pero un día todo cambió, fue un simple accidente en el que pudo haber muerto. El helor de las mariposas acechantes negras lo encolerizó. Pensó en como un idiota como él puede irse sin amar a la mujer de su vida, no, no podía seguir viviendo sin conocer esa carne tan admirada, prefería vivir sin alma a que ésta lo abandonara furtivamente por un atropello causual de la vida, que decidiera poner destino al ciclo renovador de la existencia humana, nadie es eterno, ni juega con las mejores cartas. Meditó noches enteras perdido en el ron y la música de su sentimientos, hasta que no pudo contenerse más y se dio a conocer en una invitación a la realidad. La volvió a seducir esta vez con nombre, cara y oficio y ella misma fue descubriendo en esas palabras a ése hombre del pasado, al hombre que rompió su vida en cien pedazos sólo con la fuerza de las palabras. Pero pese a que esta vez era real, el no se decidía a conocerla. Temblaba y se maldecía por cobarde, lleno de ira hacia su propio egoismo de querer vivir sin ella. A veces incluso se engañaba y parecía estar bien solo, pero sólo a veces siempre volvía a ella.

Ella seguía sin conseguir disfrutar en la cama, amarrada a la fuente de la seducción cerebral que sólo movía su cuerpo en una única dirección, Carlos.

Y un día cuando ella ya no lo esperaba, en una madrugada fría él aterrizó en Madrid, sin avisar. Carlos viajó desde la locura de su vida llena de estrés y días solitarios a sus brazos. La llamó al móvil desde un hotel cercano a su casa. María se encontró al descolgar con una voz fuerte, de acento extraño y ajeno, pensó al principio que era una broma de alguno de sus antiguos amantes que necesitaba recuperarla y le ofrecía uno de sus caprichos más deseados; una noche romántica en un hotel. Pero tras cada palabra de aquella extraña conversación de madrugada, asomó el alma de ese hombre, tierno y fiel al amor, que ella adoró durante tanto tiempo. La voz de María se quebró, tan segura y decidida para todo en la vida, era ahora una débil fémina que apenas podía seguir el ritmo del aliento de la risa feliz de Carlos. Jugó con ella unos minutos, confundiéndola, hasta que finalmente le dijo estaba cerca e iba a verla.

-Dime donde debo ir María, no recuerdo dónde está tu casa- le pidió con voz melancólica al instante.
-Avda. de los laureles, 32 cuarto piso, letra C.
-María querida estaré allí lo antes posible, espérame mi amor, voy a recompensar todo lo que tu me has dado.
-¡Carlos! ¡Ouhhhh! Al fin aquí, no puedo creerlo, no sé si voy a ser capaz de hablarte.
-Calla María y disfruta de este sueño en una hora, te veo.
-Vale...
-¡Chao!

Tras esos minutos estimulantes de pasión cerebral, su mecanismo sexual se puso en marcha. Sólo con imaginar que compartiría cama con Carlos su sexo atractivo y bello comenzó a excitarse, su himen se inchó como el de una perra en celo. Se dió una ducha y el contacto del agua con su pubis fue fatal, la enloqueció aún más. Así que abrió su raja para recibir el chorro directo, intentaba limpiar los restos de lubricante blanquecino natural que caían como una suave lluvía de primavera. Sintió vergüenza, llegaría Carlos y la vería tras la ducha con las bragas empapadas, oliendo a hembra de mar, ni el protege slip la salvaría de tanto riego natural. Así que enrrolló con rapidez en una toalla, se secó friccionando con fuerza su zona intima para terminar de animarla y fue hacia la habitación. Dejó caer con rapidez la toalla y se tiró en la cama. Fue arrastrándose como gata en celo, frotando su sexo con las sábanas quería sentir que las sábanas la deseaban. Se tumbó boca arriba, metió sus dedos en la abertura vaginal de un solo golpe, como habían hecho muchos hombres para hacerla gritar. Sintió dolor y placer, sacó su masturbador revolucionario a pilas de doble aplicación del cajón, tenía que liberar esa tensión. El vibrador la poseyó profundamente, gozaba y gritaba pensado en Carlos. Su mente estaba confusa y caliente así que en un estado de climax total, usó la parte pequeña del masturbador reservada a excitar el clítoris para penetrar su culo. Fue doloroso y excitante sentir ese pequeño quisme agitarse en el interior, ella quería que fuera Carlos así que lo dejó hacer mientras agitaba con fuerza su clítoris. Se corrió sin mucho placer, el culo la incomodaba, era la primera vez que se atrevía a meter un objeto por aquel lugar olvidado al placer. Pero sabía que Carlos la follaría completa, él no quería resistencias ni límites. Así que necesitaba experimentar si lo resistiría. Preparaba su mente y su cuerpo para sentirlo a él con mucha más fuerza y dureza, sometiéndola a una pequeña tortura dominadora donde nunca volvería a ser la misma hembra.

Se levantó aliviada, vistiéndose rápidamente con un conjunto de lencería y una camiseta larga. Dejó intencionadamente las sábanas empapadas con el olor propio de su ostra recién abierta. El intenso aroma de la habitación era excitante, olía a mujer y sexo. A Carlos le encantaría saber que ella había disfrutado pensando en él. Llegó a los poco minutos, nada más verla supo que ya la había poseído, que ella terminaba de disfrutar de un orgasmo. Se lo dijo el chispear de su mirada brilante, de ojos negros de lucero. Fueron a la habitación y con delicadeza la tumbó, su sexo estaba preparado, su culo excitado, cosa que valoró muchísimo sabía que ella lo había preparado para él. No hicieron falta palabras. Carlos deboró con pasión su vagina, la consumó con su lengua y la penetró con ella todos los lados. Tras estallar ella en un segundo orgasmo le preguntó, tenía que vencer la última duda.

-¿Deseas darme tu zona virgen guardada sólo para mí?
-Lo deseo Carlos, ya sabes que tú has conseguido lo que nadie, que me corra en la cama.
-¿Seducí pues tu mente?
-Lo hiciste tan bien que me corro con tus palabras
-Entonces voy a penetrarte, no grites y siénteme con pasión como la mujer fuerte que eres.
-Así lo haré, lo prometo.

María se puso como una perra, abierta a tope y agachada para ser poseída por detrás. Carlos agitó su pene, estaba duro y muy erecto. Lo untó con lubricante y cuidadosamente con su mano penetró el culo de María con aquel líquido transparente en exceso, no quería hacerla daño. Y se la metió de un solo golpe. Ella no retrocedió, cumplió su promesa. La poseyó salvajemente durante una hora en la que las únicas paradas eran para que ella volviera a levantar su picha cansada de tanto fornicar. Lo hacía muy bien, con su boca. María se corrió inexplicablemente varias veces de gusto y placer. La posesión de él, tan despiadada y salvaje la excitaba muchísimo.

Descansaron un rato, tomaron algo para aplacar el hambre y vuelta a empezar. Una y otra vez el la poseía por cualquier lugar y ella de dejaba hacer sin oponer resistencia. Así pasaron la madrugada, fornicando como insaciables amantes y dormitando breves sueños de fugaz descanso. Al llegar la mañana se levantaron para darse una ducha y despejarse. Eran los mismos que de nuevo mojaban las ganas de seguir amándose.

Pero María no quería dejarlo ir sin más. Así se lo soltó en la mesa sin más preámbulos.
-Carlos, te irás te he dado todo esta noche, pero necesito algo de tí.
-¿Una foto? ¿Qué pues?
-Tu alma.
- Pues no sé como harás para quedártela.
-¿Me dejas probar sin limites?
-Carlos dudó al ver sus ojos de hembra sin censura, pero tras aquella mirada de pantera se escondía la dulzura de un tierno corazón, sí, respondió seguro de aceptar ése trato.
-Empecemos, que ya es tarde.

Fueron a la habitación buscando el refugio del calor de las sábanas mojadas de tanto sexo pasión. María comenzó a comerlo con suavidad. Llegó a sus bajos, se entretuvo en jugar con cada zona y pliegue de su piel y sin querer sus dedos penetraron en su culo. Él no dijo nada. Ella quería follárselo y siguió haciéndolo, mojando sus dedos con su propia saliva. Agrandó la abertura y paró de repente. Buscaba algo... el masturbador. Carlos la miró a los ojos sorprendido pero los volvió a cerrar, lo había prometido y debía cumplir. Así que ella complacida mojó el aparato bien lubricado y se lo introdujo todo, sin censura. Mientras chupaba y lamía su pene hasta hacerlo estallar en un pletórico orgasmo.

-Nunca he sentido nada igual, María, eres tremendamente diferente al resto.
-Lo sé, tenía que hacerlo. ¿Dónde está tu alma Carlos?
-Lejos de mí, se queda contigo.
Se vistieron sin prisas, el tiempo no era eterno y él debía regresar a su vida. Ella seguir viviendo sin aquello. Pero el amor volvió a juntarlos tantas veces en la vida que las horas que no compartían juntos eran borradas de sus mentes. Contruyeron un puente de momentos y pasión y así unidos llegaron a los días grises de una vejez imparable.

Techum

viernes, 3 de diciembre de 2010

Diamante destrozado

El amor, alas del paraíso que nos rozan
tanto y tantas olas llenas de rosas y amor
tantas brisas cargadas de ilusión estalladas
hoy en la verdad de una quimera hueca de pasión.

Sí me arrepiento de amar y confiar en la soledad
del que miente y enreda, del diablo sin alma que
necesita nutrirse del sentimiento noble de la firmeza.

Mi cuerpo siente frío y la cólera furiosa de caballos negros
de locuras abiertas me llevan a odiar y maldecir sus maneras
sus idas y gestas de poca suerte con las damas que nada teman
que él tras restregar sus bajezas hará batallas de sus lindezas.

Ojalá olvide sólo su existencia
para no sufrir humores amargos
y cristales en las muelas.

Que mil mujeres le quiebren las fuerzas y dos mil más la ballesta
que yo camino frente al mar burlada y enhiesta.

Que la calma me adormezca y mis pasos seguros climaticen
mi pasión para otras manos que esperan un amor salado.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Arrels y emoción

Arrels de la terra plena de llum
raíces en el corazón
es tot el sentir del meu cor
profundidad del sentimento
quant arriba als ulls del alma.

Estels de fruita maduixa
siento que floto a oscuras
mentres tu penetres tocant fort ben fort
notas que no suenan a repetición
observe les nostres mans carregades de somnis
fortalezco las duras para hacerlas soldaduras
te estime molt sense voler fer-ho
y hablo sobre los cerros verdes soy cencerro labrada.

Jo l'amor de la teua vida
tú la fuerza que me suaviza
dir-ho sense dubtar
es amor, amor, amor.

domingo, 24 de octubre de 2010

Raíces de amor

Sembradas en tu alma, brotan de tus ojos
dulces estrellas de ambar de pino rojo
como el almendro en flor son tus ojos.

Brota el amor enraizado en tí
rompes tu cuerpo si me sientes
si presientes que puedo ser yo
la que se esconde tras la voz.

Tiemblas
si te hablo
sudas si te amo
callas si te abrazo.

Tanto amor entrelazado uniendo montes y álamos
confianza segura de pasos pesados de días y noches
caminando de horas y deshoras de besos y llantos.

Que el amor nos rompa las ropas
que nos tapen los sueños cambiantes
que el amor nos cubra las duras.

Y tus brazos me agarren
mientras mis manos bajen
hacia las sendas conocidas
donde burbujas nos tapen.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Grietas

Grietas que se abren en las cubiertas
surcos en la arena
cavernas y túneles de ingenuas.

Revientan de pus mis venas efervecentes de tristezas
rugen como panteras de pasión en las tinieblas.

Pantallas de tenues colores y grises sabores
farsas y teatros, dolores inventados
peras podridas que se hunden en las almendras.

Y gritas que quieres teta
que no mereces el hambre de mi diamante
tallado y tullido por el desvarío de creer
en tantas y tantas trampas de araña labrada.

No ves las grietas que se abren en tus tierras
sólo lloras que sufres como siervo sin dueña
porque el centro de tu vida eres sólo tú.

Escarabajo desteñido de fuerza y engrecido de chupar
sin dar nada de tí y esperando siempre el mar
los besos y soles que ya no han de arribar.

Grietas y pasos que se alejan
mujer de piel frágil y corazón cojo
que sale de tu vida para sentir soledad.

Soledad solaz en la vivo en paz
paz y suspirar por lo que ha de llegar
sólo quiero ser y salir de la paja
de un succionador sin piedad.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Siente

Siente
el silencio por cortina
el vacío del sonido de una llamada
ring-rang, rin-rang, ring ¡ay! rang

Nadie contesta
esconder tras el espejo la mentira no es ser
llenaste el saco de sinsabores y soledades
estalló la desgana como granada de amargas.

Siente
la fuerza de un tigre clavarse en tu alma
siente, oh siente la nada
soledad del silencio del reloj sin horas
tic-tac hueco de tu corazón sin el mío.

Duele
ser siempre la uva seca en la parra
la dueña dañada de alambres y desaires del egoísmo
floja cuerda de bailarina de pies cansados que baila
bailes deshidratados de ternura y
reescribe amores conocidos sin carátula.

Prefiero sentir que soy rosa madura que desean
que estar cerca de la soberbia del hombre que mira
tras otras miras que andan más tiernas en los años.

Volvería a equivocarme tras otros lados del cuadrado
andaré carreteras vacías de pasos renovados
por si encuentro esos tiernos besos
entregados a golpe de peso equilibrado.

Siente
que ya no sientes si ella no está
siente
lata por meter la pata
y quédate en tu piel de rutina
olor rancio de la costumbre sin maquillar.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Pasiones deshechas

Miras y crees que caí de nuevo en tus brazos
me dejo sin dejar de sonreír de nuevo herir
hasta que un fuerte viento de sol me eleva
lejos me voy cuando me canso de sufrir.

No entiendes como de nuevo me esfumo
una, dos, tres, infinita más
tiemblas esperando que no, no.

Respiro hondo, abro los brazos corre el viento
se aleja el calvario, la humillación de tu superioridad
ganar al que está vencido no es ganar sino desganar.

Y sé que no siento nada si borro lo que me daña
que me importa si quedo como la dueña cruel
si vivo y respiro serena lejos de una vida embutida
en tus planes donde grano a grano desgranas mi fuerza.

Y nada me hará volver a sufrir
picaré en tu jaula y me alejaré rauda antes de que se cierre la puerta
safisfaré mi carne en tu piel olvidando que quieres reina
para sacrificarla a tus fieras.

Que nada me cambie
imposible o no
vivo yo.

martes, 7 de septiembre de 2010

Ninfa acolchada

Orgullosa ninfa de los soles agrietados
camino entre el barro azulado del sopor
comiendo las ilusiones desvanecidas
riendo para fingir un rato más.

Poderosa y valiente
consigo imposibles, lo cambio todo
dulce madre sin leche que amamanta
a niños sin piel ni murallas.

Abriendo mis alas diseñando un disfraz
resistente para mis ciegos de sentidos
mirando y viendo que no ven nada.

Ojos cristalinos, puros negros libres de maldad
que buscan en mí un sentimiento y realidad
y tapo el mundo enfermo para verlos caminar
y quemo mis entrañas para salvarles de la verdad.

Orgullosa ninfa de la voluntad de un tigre
devoro negredades del alma de infinitas garras
quemo zarpazos y abro mis alas para curarme
de tantas y tantas batallas.

Pierdo y he perdido
sin llorar ni sentir lástima
me siento abrazada y querida entre las amargas.

Ninfa callada de hermosura quebrada
que camina despacio para no seducir a las malas
luz de mi alma mis cuatro ojitos negros que
son felices al lado de mi llama.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Alambres de cristal

Tragos amargos
alambres
espinas
cristales de colores
rotos.

Se van clavando en mi garganta
mientras las entrañas los enguñen
se sienten valientes y fuertes.

Mañana será igual
todos corren y viven
y parada en la nada miro hacia las ganas.

El aire corre despacio
el sudor enfría mi piel
entre mis brazos siento la corriente agitar
de la vida que sigue y yo colgada en la nada.

Construyendo soles y viendo sólo colores
todo es gris cemento
pinto y repinto lo que no tiene pinta de pintar
y mañana un alambre más.

Salvaje amo es el aire etéreo ingobernable
recorro todas las mismas calles
con la armadura de un éxito sin detalles
mientras no digo nada.

Cristales y silencios
miradas y calladas
sola para no hablar de la nada.

Alambres de cristal que engullo
como fiel mariposa del color
viendo el mar y aleteando como sirena
miro al sol, siento el calor de la vida.

Y espero que cambie la nada.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Trece

El dolor rebota al verte en la más sentida pena
esos besos que me robas a traición sabedor que no los quiero
se pierden como cristales en mis entrañas
destrozando mis murallas de jazmín que titubean para dar.

No faltaron mis bastas
no hay nada para siempre y el amor se acaba.

Fui yo quién puso fin a la farsa
de besos de perdón y noches acartonadas.

Que me quieres lo sé
que me sueñas y esperas que yo vuelva o sí, vuelva a quererte.

¿Querer qué? Todo aquellos silencios y desganas...
mi vida sin palabras.

Me siento libre, pagué el alto precio
lanzándome al vacío sin comodín.
O sí lo sufrí todo y dime¿ acaso gemí?

Tan feliz de mis zapatos ¡míos!
mi orgullo por bandera y sonrisa
por equipaje que más da, si tengo todo lo
que quiero y me conformo con vivir sin pantallas.

Trece fuerton tuyos, exactos
en los que yo solo fui tuya sin pensar en ser de mí
eco del silencio mi vida sin sueños dicha tus pasos.

Mis piernas modeladas corren
hablo bajito firme, decidida, obtengo todo
esa mujer no creció en los trece lo sabes y lo sé.

La vida pasa, el silencio me acompaña fosiliza mi voluntad
el aire pasa entre mis manos y vuelo bajito sin más
dichosa de oír mi vida retumbar en mí.

Trece, fueron soles y sombras
pasan y vuelven, vuelven y pasan
pero ahora deben volver al baúl de la vida
donde guardamos todo lo que nos atrapa.

viernes, 27 de agosto de 2010

Naturaleza nos guía

Volví sobre mis pasos para ver que quedaba de tí
siempre suspirando amor inmenso que no creí
yo diva implacable dije no, no, no...

Y volví una y dos y tres y cuatro y...
¿volví? rompiendo mi voluntad de no querer
vencida por las olas a solas y sin esperar hallar nada.

Hermosa sin alma que peleaba como un león
por no quererte, por no verte en mi destino
y tú cantando esperaré sé que vendrás una vez más.

Fue amor las cadenas que me unen a la tierra dura
fuera de sueños fugaces e irrealidades.

Y te ví ocultando la emoción, la amargura del daño
inflingido por el abandono y el siencio tu que sabías que yo te quería
y que regresaria, claro que regresaría una vez más a ti.

Siento el sol, el amor y tu alma caminando a mi lado
en tus ojos me veo mientras tratas de ocultar lo que sientes.

Rompo tu vida en cien pedazos llenándola de fresas dulces
de dulzores amargos , lo sabes bien notarás mis uñas clavarse en tu carne
y la pasión intensa retendrá tu ira por miedo a mi huida.

Tan feliz por tener una delicada pantera dura por fuera y tierna como una almendra en abril cuando puede ser sin tener que defender su espacio que comienza a querertea destiempo y sin ganas por lo fácil que es vivir cerca de ti.

Amor por cadenas
sexo por unión
y días para unir dos salvajes
que aprenden a vivir sin falsedades.

Receta de magdalenas



Receta

-3 huevos frescos
-25o grs. azúcar
-2oo ml. leche semi
-200 mil. aceite de oliva
-350 grs. de harina de bizcocho
-1 sobre levadura Royal + 1/4 de otro más.
ralladura de limón
canela
pizca de sal

Temperatura inicial del horno: 225º ( hasta que suban) luego bajar a 200º 10-15 min.

Preparación

-En un bol hondo con una varilla metálica batir bien los huevos con el azúcar. Muy importante este paso porque los huevos entran en ebullición o burbujean con el azúcar y es imprescindible para que luego las magdalenas estén esponjosas.

Batir bien hasta ver esas burbujitas, añadir la leche, el aceite. Por último la harina que hay que ir incorporándola poco a poco para no perder el efecto conseguido de las burbujitas. La canela, lavadura, ralladura de limón y la pizca de sal.

Rellenar los envases bien con una manga pastelera o con una cuchara si hay buen pulso y paciencia.
Salen más de 20 magalenas o sea que ideal para una familia de 3 o 4 personas.

lunes, 17 de mayo de 2010

Folio en blanco

Blanco de mis iras con tus idas
eres inerte materia de mi nada
un sol hiriente que calienta mi corazón
al ritmo del bolero granate de explosión.

Un folio en blanco eres donde yo escribo ritos
maneras para enredarte en mí, mí, mí
siempre tres, porque el dos es sin tí, la una
de mi soledad soltera de libertad

Blanco de mis iras de mis pasiones incendiarias
¿que fue lo que te hace regresar? ¿dime ya ?
No quiero saber más del blanco de este banco de peces
que nunca sirven de alimento para el delfín paralizado.

Nada se de tí salvo que estás sin estar y que siempre estarás
libre eres y serás, eterno folio en blanco que relleno de amor
más de amor y más de amar, di que no que no fue amor, amor
oh, niega que eres blanco de mis iras y impulsas mariposas de sentir.

Folio en blanco sin cloro, como un árbol legendiario que no tiene edad
andas siempre sin dejar un rastro que seguir, legajos y archivos de relojes
¿que podría yo hacer por fusionarte al menos una vez en mí?
Y revivir, sobrevivir y convertir el momento en mi guía de luz sin Dios.

Las razones no sirven para explicar porque siempre quisiste ser blanco
yo que pinto color con corrector en todos los espacios, desechando el negro y blanco
colores petrificados por la muerte del latir, que nada saben del amor.

Caliento las neuronas por comprender que buscas ya en mí eterna perdedora
que corre, corre y corre para reventar todas las células de la belleza que nada me dan más que desdén
quemo tantas horas en la nada, que nada tengo si no deseo nada.

Y quiero pintar el blanco de color, rayar con amor tu iris de frialdad
y cambiar toda tu vida de temor, reír con tus iras y tus huidas y vueltas a mí
a mí, a mí, o sí tu sol y tu color.

Folio en blanco, amarillentado por la carne de los árboles siente en tí
que solo el verde de mis letras necesitas para dejar de ser una historia sin blanco.

Besos de color
amarillos, rojos, grises,
anaranjados, granates,
verdes, azulados, todo el color
que revienta la calma de tu vida
programada donde todo es blanco.

domingo, 16 de mayo de 2010

Amor oxidado

Oxidado por la duda de si
serás
serás
serás
el que me desgarre
el que me eleve más allá de razón.
Tres, la repetición de esta idiota cuando
no se pierde en el dos, siempre preferible a una,
prima o primo somos de la pasión eterna.

Claro que serás, serás, serás
siempre soñando con amarte
lejos de los sueños de la locura de la duda
de la tremenda duda de si fuiste y serás
o lo soñé, quizás.

¿Soñé o fue verdad?
Te amé aunque digas que no, eso no fue amor
y volé a la irrealidad sin importarme
lo duro que sería quedarme sola para odiarte con más amor
Odiarte con las entrañas
con las ganas de desgarrarte
la carne, el alma, los huesos
las ganas que tuve de aniquilarte
de ser buitre de tus entrañas y morir sin ti.

Y sigo callando entre los cuerdos
las horas y las pasiones que siento por ser la reina Alicia
que ve lo que no existe
que cree en lo imposible
y prefiere correr entre los árboles
sintiendo a los mirlos, gorriones florecer
mientras los sueños siguen siendo sueños
¿Que me queda más que olvidar lo que me hizo sentir?
Amar, enamorarme para que la pasión siga viva
No, no, no...
No soy la novia del Muelle de San Blas
ni quiero fosilizarme en las olas esperando
prefiero vivir en otros brazos y olvidar si fue sueño o realidad
sabiendo que vives, vives en mí, vives a las tres o más.

La raíz más profunda que mantiene mi alma pateada
el tic-tac de mi renacer como ser fuerte
el hombre que hizo de mí todo lo que soy
el amor de muerte que me mata si lo pienso
y me acompaña como el perro más fiel
alejándome de las sombras de las derrotas
que me hace olvidar que no tengo suerte
que nada me queda más que seguir amándote
sabiendo que fue la ilusión querer al rey de arena.

Marinero esfumado
aventurero alado
delfín enamorado
¿dónde, dónde estás?

Amor, amor, amor a las tres
rumbo de dos
en la una
oxidado
anclado
pero nunca olvidado.

viernes, 9 de abril de 2010

Cordelia, explosión de realidad

Aprendió a hablar a solas. Siempre inventando historias al ritmo de la música del momento en las que ella era valorada, querida, respetada, feliz...

¿Cuántas veces había dejado de ser ella para satisfacer los deseos de los de más? Demasiadas, de tanto dar se fue anulando y anudando como las raíces amargas de un árbol que no es regado por el flujo de ningún río, charca o pozo de agua nutriente.

Cordelia, despertó del sueño. Lo hizo en una cama tras un explendoroso orgasmo, el primero en su vida que tenía en compañía de un hombre seductor, un salta camas que lo único que le motivaba era follar y follar con mujeres bellas.

Ella se levantó sin decir nada ¿cómo confesar que a sus 35 años no había sido más que utlizada vilmente para el placer del hombre sin llegar a disfrutar del sexo? Se despidieron amigablemente sabiendo que aquello no era más que sexo, liberación y conocimiento para ella, otra descarga más de orgullo y placer para él.

Pero su vena erótica erupcionó de su volcán más oscuro. Sus amantes a partir de entonces ,por doquier. A veces Cordelia sentía ganas de parar, de dejar de ser un objeto de placer satisfecho, pero el ritmo implantado la consumía, era una gran adicción que ya no podía contener ni quería.

En poco tiempo se convirtió en una amazonas de la seducción. No había hombre que no deseara su cuerpo y ella consciente de su enorme atractivo, lo exprimía una y otra vez, incansable porque era la diosa que siempre deseó ser en un sueño.

No había censura en el deseo, ni posición o proposición que no satisfaciera. Todo le agradaba y practicaba sin pudor. Las reglas del sexo son claras, cero de pasividad y realizar todo lo imaginable forzando el cuerpo hacia el infinito orgasmo del deseo cumplido.

Pero un día, una única frase enfrió su ritmo descontrolado de frivolidad, una o quizás fue su desidia acumulada desde algún tiempo por no tener nuevos horizontes que descubrir en la cama, fue simple "soy Juan el del viernes" aquello le sonó a tener Pepe, Jose Luis, Ismael, Roberto, Ángel el resto de la semana.

Cordelia decidió entonces que su cuerpo ya había explotado lujuriosamente en muchas pasiones. Era hora del cambio, de la mesura, del silencio y de soledad. Pasó mucho tiempo sin querer, sin desear, esquivando amantes hambrientos que no entendían su frialdad, ella que fue volcán en erupción y nunca se cansaba de dar y recibir placer, yacía apagada por la falta de ganas.

Se reencontró a si misma, valorándose, mimándose, queriéndose aún más que antes. Le gustaba calzar tacones y zapatos de calidad, escuchar el sonido de su paso seguro y sentir las miradas de deseo y admiración constantes, pero más aún sentirse dueña de su propia vida.

El miedo a ser desapareció desde que se atrevió a soñar en la realidad, a satisfacer su cuerpo lejos de las normas y el control de su vida pasada. Quizás saltó muchos muros innecesarios, pero supo volver a tiempo y reconquistarse.

Ella, es feliz siendo sólo Cordelia.

jueves, 1 de abril de 2010

Los pasos ardientes de una vida fría

No me he cansado de luchar, la batalla es interminable y la conquista inalcanzable, me levanto cada día y como una gran corredora de fondo continuo, a pesar de haber comenzado a correr madura soy capaz de llegar a meta.

Intentarlo y seguir creyendo que "soy capaz de " es la única motivación que me queda ahora que tengo alas de mariposa bella, tan grandes y extensas, donde todos los colores de la maravillosa vida se reflejan y reflectan luz brillante.

Zapatos y ropa bonita, premio que me dedico para paliar el sabor amargo de tantas insatisfacciones reales que atrapan todos mis sueños, siente, siente y siliente el corazón estalla sin querer hablar, me obliga a creer que todavía puedo, aunque los hechos digan no, sigo el camino de esa felicidad perdida que tuve que tener en un pasado.

Y camino como un torbellino, pisando fuerte, desafiando a los vientos, sonriendo y metiéndome en la piel de la fantástica heroína que es capaz de idealizar una imagen triunfante de mujer que oculta que no tiene un hueco donde ubicarse, pero sigue el camino correcto y con ganas de ganar, aunque sólo sea una participación hacia ese sueño donde de nuevo vuelva a recuperar la diginidad.

Creyendo tantas palabras bellas de igualdad, me proyecto como una mariposa bella que ya no teme volar, que ha aprendido a caer y a repararse tantas veces que sabe que no habrá dolor ni tristeza que no sea capaz de superar.

Dura y a partir de mí, bella y perfecta seguiré caminando con el corazón ardiente y el alma fría.

viernes, 19 de marzo de 2010

Sobre la sinceridad o la autocensura

El miedo a ser, a verme reflejada y juzgada en ojos ajenos que siempre dañan mi parte más débil me ha llevado al silencio y la ocultar mis ganas de escribir todo lo que deseo inventar.

Soy diferente, respiro tanto oxígeno y libertad, que a veces podría llorar por la felicidad que siento en este estado de calma que necesito para vivir.

Recuperar mi rumbo, calzar tacones, pisar fuerte y decidida, creerme capaz de ser, lejos de la censura y las redes machistas que tanto daño me hicieron me recuerdan que siempre podemos volver a empezar, si queda un simple fibra que poder reconstruir.

La única posible para una persona como yo que tiende a ser silenciada por un sistema de gente que ve amenazas en aquellas personas que tienen valía personal.

Y después de haber recogido un cesto de piropos de acomplejados que van desde " egocentrica a prepotente" me muestro con la humilidad de mi persona que es capaz de relacionarse con la gente más sencilla porque sus mecanismos de defensa son honestos y verdaderos.

Pronto regresaré a escribir sobre todo lo que me afecta o sobre aquellas invenciones que puedan surtir efectos beneficiosos donde el sol y la luz proyecten siempre una esperanza.

Mantengo letra a letra, todo lo que escribí en el pasado, aunque un día los dedos mordaces de algún enemigo lleno de ira busque aquí sobre lo que no debí hablar y hablé, que más da, si dejo de ser yo y de proyectar mi necesidad de transmitir todo aquello que nace del sentimiento, para que seguir escribiendo.

Pago el precio y sigo siendo yo.
Hasta cuando vuelva a tener un rato para mi querido blog!