Los duendes de fruta
de la Navidad
Personajes del cuento:
Pitode: duende pera
Palico: duende plátano
Frecupa: duende fresa
Narate: duende naranja
Matulo: duende manzana
Pipon: duende piña
Cocú: duende coco
El Hada del bosque: Sambaquina, trata
de equilibrar el corazón y la mente de los niños.
Los pequeños duendes de la Navidad
tienen el color de las frutas de las que tomaron su nombre. Fueron
creados por el Hada Sambaquina para ser sus ayudantes. Su labor es
expandir el olor y sabor de las frutas deliciosas entre los niños,
para que se acostumbren a tenerlas en sus dietas y las encuentren
sabrosas y divertidas.
Sambaquina es una Hada diferente, toma
el color de piel de la corteza del árbol más próximo a su cuerpo.
Viste un traje largo hasta los pies de seda verde con mangas de vuelo
de murciélago a juego con unos zapatos de terciopelo. Todo el traje
está cubierto con estrellas plateadas de diferentes tamaños, junto
al corazón hay una grande de puntas sombreadas de color dorado. El
sombrero de cucurucho es alargado, una estrella dorada corona la
punta, junto con un trozo de gasa de hilo de oro que fue
confeccionada por las mamás Setas del bosque para otorgarle
protección en caso de peligro, ya que tiene el poder de la
invisibilidad. Su boca es grande con unos labios de color cereza,
sus ojos de un color oscuro, como la noche. Su mirada es profunda y
serena, su voz; dulce y segura. Cuando habla lo hace con sencilla
autoridad. Su risa infantil invita a la broma y al diálogo, ya que
sin sentido del humor, parecería una maga tenebrosa y cruel.
Ella también desea dejar regalos a los
niños con un mensaje afrutado. Al ser un Hada de la Naturaleza tiene
su morada en el bosque. Andaba pensando una Nochebuena en la forma
que adoptarían sus ayudantes, cuando de repente una idea se le
ocurrió. Tomó del frutero unas frutas y les otorgó el don de la
vida. Los vistió con mallas negras brillantes, descargó la luz de
las estrellas para que dibujaran su forma en ellas. Les hizo gorros
cónicos rojos y para que estuvieran calentitos, les dio unas botas
verdes mágicas, forradas de lana blanca para que pudieran entrar en
las casas de los niños sin ser vistos. Los duendes eran de la altura
de un peluche pequeño, delgados y jóvenes. Sus caras adoptaron la
forma de la fruta elegida. Pitode, el duende con cara de pera de
color verde, tenía los ojos de color ambar, largas pestañas del tono del trigo y pelo del color de la luna cuando se viste de plata.
Los otros duendes adoptaron las mismas características físicas.
En la Nochebuena reciben la orden. Su
misión consiste en llevar en las canoas mágicas que navegan por el
cielo construidas por los indios primigenios, los regalos a los
niños de la ciudad. Deben dejar las bolsas de gominolas de frutas
variadas a cada niño, junto al calcetín del famoso padre de la
Navidad, con un piña dorada y una rama de pino.
El día de Navidad, cuando el niño
busque sus regalos, encontrará las deliciosas gominolas hechas con
jugo de frutas selectas, confeccionadas por los enanos del bosque,
que las elaboran con mucho amor entre cantos, risas y bromas durante
todo el año.
Si la piña dorada y la rama de pino es
valorada, el niño o niña la conservará. Si lo hace por espacio de
un año, en su corazón brotará la dulce belleza de la sensible
Hada, que le otorgará un hermoso don para que sepa elegir su
camino. Será un adulto feliz, generoso, amoroso, cándido y valorado
por los demás. Cualquier ser oscuro en su presencia tenderá a
alejarse.
Si por el contrario, el niño o niña
rechaza el regalo por carecer de valor y acaba tirándola a la
basura, los duendes le darán una segunda oportunidad. Al año
siguiente volverán a viajar a casa de ese niño o niña pero en
lugar de darle una bolsa de gominolas, la piña y la rama de pino, le
transportaran en un sueño a la presencia del Hada.
En el bosque Sambaquina tiene retenidos
a muchos niños que deben esforzarse por cambiar si desean volver a
sus casas. Allí el tiempo se ha suspendido y permanecen
en el tiempo con la misma edad que fueron sacados de sus camas.
Las pruebas que deben superar son
fáciles. Deben aprender a trabajar en equipo. El duende Palico, ha
preparado en la cocina los recipientes para que diez niños aprendan
a elaborar un pastel. No se ponen de acuerdo, discuten y se quejan
desistiendo, porque ninguno desea hacer nada, por lo que el duende
cambia una y otra vez de receta en espera de hallar una que despierte
su interés para su cooperación.
Frecupa, Nazate y Maculo, preparan
pruebas físicas para los niños y niñas más sedentarios que no se
mueven del sofá de la cabaña. Han organizado carreras de sacos,
saltos de comba y preparado camas elásticas. Deben realizar diez
minutos de ejercicio para superar la prueba, pero se niegan a
moverse, ponen excusas diversas e inventan lesiones que no tienen
para evitar sudar la camiseta, por lo que siguen retenidos sin poder
ser devueltos a su hogar
Pipón y Cocú, los duendes más
intelectuales de voz melodiosa, leen cuentos a los niños que deben
superar su adición a los juegos de video consola. Tratan de que
escuchen con agrado los cuentos de siempre, pero ellos se aburren,
se tapan los oídos, se niegan a escuchar estupideces de magias y
seres encantados. Prefieren la invención virtual ya hecha, a tener
que imaginar los personajes de las historias creativas de los
cuentos.
Sambaquina consciente de su fracaso,
ante estos niños tan obstinados que no desean volver a su hogar,
comprende que el bosque los ha imantado. Estos niños aburridos
necesitan recorrer el bosque, recoger los frutos y valorar la belleza
de la Naturaleza y los animales.
Así que encarga a todos los duendes
que conduzcan a los niños rebeldes hacia la cabaña más adentrada
en el corazón del bosque, la recompensa será regresar al hogar
familiar. Los niños que ya son más de un centenar, aceptan,
contentos y felices la han vencido consiguiendo salirse con la suya.
Tienen la ilusión de desaparecer para siempre de la vista de
aquellos seres con forma de fruta que solo saben atormentarles con
sus pruebas.
En el camino, recogen tiernos
chocolates y bollos recién horneados que crecen en las flores del
bosque para alimentarlos. Encuentran un hermoso prado donde unas
enormes burbujas de algodón les invitan a penetrarlas y rodar en su
interior. Se divierten durante horas, riendo y gritando, compitiendo
entre ellos a ver quién llega más rápido. Tras la aventura
prosiguen en compañía de los duendes hasta que una mujer anciana
les pide ayuda para hacer un bizcocho, ya que tiene un grave
problema, su cabeza no funciona como antes y no recuerda como se
hacía.
El grupo de niños, que había estado
intentando aprender a hacer tartas y dulces, sorprendidos de sus
conocimientos, la ayudan colaborando entre todos, consiguen hacer
deliciosos dulces para la anciana.
Ya estaban casi al final del camino,
cuando se encuentran con un ciego que llora desconsoladamente. Les
dice entre quejas y lágrimas, que su último deseo antes de morir
sería volver a escuchar los cuentos de “Aladino y la lámpara
maravillosa” “Los tres cerditos” “ Caperucita Roja” “La
Bella y la Bestia” “La Lechera” pero ha perdido el cuento
donde estaban escritos.
El grupo de niños, que había estado a
cargo de los duendes relatores de cuentos, recuerdan las historias
que tanto gustan al anciano, los narran con todo lujo de detalles y
entonación. Motivo por el cual, al finalizar el anciano no duda en
aplaudir estrepitosamente conmovido, con lágrimas en los ojos.
Cuando finalmente llegan a la casa más
internada en el bosque, el Hada Sambaquina les espera en el rellano
de la puerta para recibirles. Les dice que han superado todas las
pruebas, están preparados para regresar a casa, espera que no
olviden lo aprendido.
Los niños del “no” sorprendidos
por la facilidad con la que han aprendido las cosas que antes se
habían negado por resultarles imposibles de conseguir, se felicitan
dándose abrazos y besos. Trabajando en grupo han sido capaces de
superar los obstáculos que les retenían allí.
El Hada les despide con un dulce beso.
Regresan al mismo instante en su cama,
la misma noche donde fueron sacados por los duendes, entre sueños se
sienten agradecidos por la lección recibida.
A la mañana siguiente reciben los
regalos de la Navidad. No hay piñas, ramas o bolsas de gominolas
este año, quizás todo fue un sueño, pero están dispuestos a
consumir frutas frescas en recuerdo de los duendes. Harán deporte
para equilibrar su corazón y mente, leerán cuentos y harán nuevas
cosas que les resulten imposibles, porque saben que a base de
intentos y fracasos, se consigue todo lo que estén dispuestos a
tener.
-Fin-
Autora@MaiteAlbarrán

