lunes, 30 de mayo de 2016

A tus cuarenta y tres

A tus cuarenta y tres

Si el amor fuera un escudo
contendría tu nombre
para detener la amenaza
de yacer con frío hombre.

Si el amor fuera marchito
florecería en tu dragón
protector de la suerte
ayudado de un león.

Si el amor fuera lágrima
vertida en la esfera
cristalina del corazón
sería púrpura
triste y opaca
de la mayor desolación.

Pero celebro amado mío
que los vientos huracanados
llenos de conjuras necias
estén distantes de nosotros.

Protegida del más tierno beso
me cubro del amor y silencio
para confesar el pensar
en tu cumpleaños.

¡Te quiero por lo que eres
por ser mi suerte en flor
mi alma que retumba
en tu pulmón
es tambor
lejos del
distante olvido!

Adoro tus cuarenta y tres
y muchos más sin interés.

Te amaré mañana
mucho más que ayer.

Sea ceniza el polvo
y ascua la pasión
que entrego.

¡Viva mi dicha
en tu día de celebración!

Que salifique este amor
en la roca de mar
acaudalado en cimiento

del amor intemporal.

domingo, 22 de mayo de 2016

Solya, la abeja albina

Había un panal de abejas que estaba en un lugar maravilloso, en el tronco hueco de un olivo centenario. Estaba encantada la abeja reina con cada nacimiento de abejitas hasta que un día sucedió un hecho muy extraño que lo cambió todo.
Cuando las abejitas comenzaron a desarrollarse, la reina observaba con preocupación que una de sus hijas era totalmente blanca. Las abejas son de color negro y amarillo, pero esta era diferente.
Hubo una reunión general para decidir como debía ser tratada dicha abeja, ya que habían observado que se golpeaba contra todas las paredes de las celdas, era muy corta de vista.
-Bien la abeja blanca, debe ser desterrada, no sirve para recolectar el fresco nectar de las flores porque no es capaz de distinguir lo que tiene delante- dijo una maestra inflexible que detestaba a la abejita y no deseaba tenerla en su grupo de enseñanza.
-Podría cuidar de las celdas, hacer labores de limpieza- pensó otra abeja más comprensiva tratando de encontrar un lugar para la pequeña.
-¿Ésa limpiar? ¿La habéis visto? Es torpe y no sabría lo que debe recoger, no nos vale para nada-replicó con maldad otra abeja, molesta por que alguien pensara que podría hacer su trabajo.
-¿Y si le hacemos una lentes? Podemos encargarlas a las hormigas, que tienen la oportunidad de cortar con sus tenazas el material para ello-se le ocurrió de repente a otra buena abeja, que no le gustaba el rechazo que estaba formándose en torno a la pequeña.
La abeja reina meditó. Era una de sus hijas pero sabía que muy diferente a las otras. No podía prestrarle atención, era un ser débil y necesitaba complacer a la mayoría. Dio orden de que se buscara ayuda en la colonia de hormigas para dotarla de lentes, pero se le liberaría de cualquier labor en la colmena. No contarían con ella para nada, esa fue su decisión terrible para la pequeña.
La pequeña abeja albina vagaba por el panal sin conseguir una sola pizca de amabilidad por parte de sus hermanas. Pasaba largas horas tratando de encontrar algo en que entretenerse, pero cuando lo conseguía una abeja venía para detener su labor. A escondidas escuchaba las lecciones de la maestra sobre el vuelo, los peligros a evitar y cómo recolectar el dulce alimento de las flores.
Como las gafas no llegaban, un día se aventuró fuera del panal. No se atrevía a volar debido a que no venía casi nada, se sentía más segura caminando. Iba por el suelo del bosque cuando de repente se encontró con una araña que estaba en apuros.
-¡Abejita linda si me ayudas te enseñaré a tocar la música más bella que jamás lograste soñar!
La abejita albina miró a ambos lados, para asegurarse de que era ella a quién se dirigía aquel extraño insecto. Si la hubiera visto bien, haciendo caso a las enseñanzas de la maestra jamás la hubiera ayudado. Las arañas son enemigas. Sintió un extraño rubor en su interior y una luz se le encendió. Quitó las piedrecitas que atrapaban a la araña, liberándola.
La araña, al darse cuenta de lo corta de vista que estaba la abejita, sin darle importancia a su color le prometió conseguir una lentes para mejorar su visión.
La abejita albina recibió unas lentes hechas con pétalos de rosa secada durante días al sol y gotas de lluvia envuelta en hilo de araña. Al ponerselas, estuvo encantada además de ver bien por vez primera vez, la moldura olía de maravilla. Lloraba conmovida por el trabajo que había realizado la araña para ella.
-Arañita, siempre estaré en deuda contigo-balbuceó entre sollozos-ninguna hermana mía me ha demostrado afecto, dicen que soy blanca y traigo mala suerte.
-Eres preciosa, sin ti no estaría aquí. Tuve la mala suerte de no ver los guijarros desprenderse del nido de un pájaro y me aplastaron. Sólo tú echaste mi ruego y te esforzaste hasta liberarme de aquel horrible peso. Aún debo construirte un instrumento de cuerda para que toques melodías deliciosas.
-¿Harías eso por mí? Desde pequeña soñé con tocar un instrumento de cuerda. He imaginado tantas melodías que estoy deseando tocarlas.
-Tranquila pequeña -rió jocosa la araña ante la ilusión de la pequeña-vuelve en unos días y tendré preparado su instrumento para tocar.
La abejita Solya que así quiso llamarse para diferenciarse del resto de sus hermanas, estuvo soñando despierta con el momento de reencontrarse con su primera y única amiga, una solitaria araña con la que se había sentido identificada.
Al regresar, se encontró con una hoja verde enrollada en forma de arco que la atravesaban numerosos hilos tejidos por la araña. Se puso a tocar con sus manos y sonó todo la belleza que llevaba en su corazón.
Tocaba una música tan vibrante y bella. Pronto las abejas se enamoraron de aquella melodía que escuchaban cada día cerca del panal. La abeja reina, tuvo noticias de la existencia de aquella motivadora música que hacia que las abejas obraran contentas y felices y mandó un pequeño pelotón de sus mejores observadoras en su busca, quería conocer al insecto especial que seducía a toda la colmena con su poderosa canción.
Las abejas no podían creerlo. Tuvieron que asegurarse varias veces para aceptar que era la abejita albina la creadora de aquella música conmovedora que tanta influencia tenía sobre el panal. Cuando la abeja reina tuvo noticia del hecho, retorció el morro contrariada. Debía decidir si hacer pública la maravillosa habilidad de la inservible albina. Meditó durante días, dejándose aconsejar por sus consejeras y finalmente aceptó la verdad, pedirían a la abejita que fuera la directora de una grupo musical, instruyendo a otras abejas.
-Cuando Solya supo que la abeja reina la había nombrado directora musical, se sintió especial. Por vez primera recibía amor de su madre y reconocimiento. Llena de alegría, encargó a su amiga la araña nuevas hojas para llevar al panal.
Fue así como las abejas se acostumbraron a la abejita albina y envidiaban su cualidad de ser una gran música. Al fin, había conseguido encajar dentro de su grupo, el camino había sido muy solitario y triste, pero hablar consigo misma, pensar y desarrollar la belleza interior, fue parte del aprendizaje de querer formar parte del mundo.


sábado, 14 de mayo de 2016

La familia Trinidad

El odio se apoderó de aquella familia. No sabían el motivo del enfrentamiento, de la negación del hermano, hijo o cuñado, sólo sabían herir, arañar y rebuscar el peor pensamiento para humillar al adversario.

Aquellos tres hijos un día estuvieron juntos, amándose. Pero ese recuerdo infantil era indeciso y olvidado por las sangrantes traiciones y hechos deplorables. Los perros salvajes habrían tenido mayor compasión de la que albergaban en sus corazones. El egoísmo propio y la falta de confianza entre ellos elevaba una muralla indestructible, imposible de derribar.

Sus padres fueron la causa de tanta distancia. El trato desigual, la traición y la manipulación ejercida sobre ellos fue la base para que estuvieran viviendo una confrontación dolorosa donde no cabía la aceptación de la personalidad del uno por el otro. Competían por ser el mejor hijo.
Si Maria la madre hubiera sido una mujer conciliadora y amable, sus hijos se amarían y estarían en un punto diferente. Su carácter autoritario, manipulador y egoísta fue lo que reflejó en los corazones de sus hijos, que proyectaban la lección aprendida de que lo único importante era flotar a costa de hundir en el fondo al que fuera por estar a salvo.
Alberto cansado de sufrir la interminable agonía de no sentir amor y sólo recibir rabia, odio y rencor, se marchó un día para no regresar.
Los otros dos, se mantuvieron cerca de la temida madre fingiendo una entrega hacia ella mientras conseguían lo que necesitaban siguiendo el ritmo de sus caprichos. Sólo había que aguantar y sacar para casa...
La enfermedad llegó y María en el lecho de muerte se resistía a pensar que sus pertenencias dejarían de ser de ella para pasar a manos de sus hijos,  era el verdadero motivo que no la dejaba ir. Se fue sin dejar testamento, sólo dinero al que no podían acceder por no ser herederos reconocidos.
Y empezó la lucha por apoderarse de la herencia. Sólo el más lejano hermano calló en silencio mientras los otros dos pelearon como salvajes por lo que era suyo en lugar del otro.

Los años pasaron en el que la soledad y la tristeza les enseñó el camino correcto. Un día volvieron a reunirse y al tenerse cerca sintieron ganas de llorar. Los tres reunidos en un sala frente a frente sin que hubiera una riqueza por la que luchar o enfrentarse.
Lloraron y se abrazaron, recordando los momentos bellos que compartieron en la infancia. Entre risas y bromas, olvidaron la etapa en la que su madre se dedicó a enfrentarlos. Habían aprendido a recordar lo bueno que cada cual tenía y a valorar la necesidad de sentir amor en lugar de odio.
Desde ese día construyeron una hermandad de solidaridad donde cada cual daba lo mejor de si mismo en beneficio de la familia. Se llamaban, compartían viajes, comidas y también estaban en los malos momentos para apoyar al que estaba sufriendo.
Ojalá el pasado hubiera sido diferente y hubieran sabido valorar lo importante. Pero fue una gran lección de la vida, sentir vergüenza por haber sido tenebroso para sus hermanos. Convivir con ese peso les pasó factura que llevaron muchos años como una cadena de la cual sólo el arrepentimiento de su manera de actuar, logró liberarlos.




Extinta vida

Extinta vida

Late el segundo
en la vena tenue
de la mente
absorta
en silencio
del
contrito pensamiento

El pasado
es oleaje
de negar
o afirmar
es
olor de mar
y roca.

El presente liso
inmóvil
sin pulso
asoma.

Futuro indeciso
libre va
sordo y caprichoso
escoge
al que
va
a llevar.

La vida exigua
se aleja al abismo
humedece el
recuerdo del ser
detenido en
la adversidad.