domingo, 17 de febrero de 2019

El renacer del gusano de seda




Enero, el árbol de morera gris añoraba vestirse con hojas renovadas.Necesitaba cubrirse con un manto, verde, alegre y vibrante antes de la llegada del despiadado y caluroso verano. Sin ellas simulaba ser el disfraz de carnaval del otoño-invierno, triste, flaco, alargada sombra de fantasma del tiempo del silencio, invisible, ignorado vigilante de la tierra seca, sobrevivía a las corrientes de aire y oscuridad. Era visitado en ocasiones por algún pájaro insensato que se ponía nervioso al descubrir el error de elegir las ramas descubiertas.

Aquel paciente árbol, tuvo que esperar a febrero para que las yemas bulbosas de sus ramas empezaran a recibir el retorno de la vida verde. Anida, observaba maravillada día tras día, abrirse camino a aquellos apéndices de hojas diminutas, crecer y crecer, formando las primeras hojas con forma de corazón. Pronto serían enormes orejas de elefante venosas, agitadas por el viento, donde se podría observar el abanico de venas duras que se extendían hasta la punta de la hoja dentada. Imaginaba el camino que los gusanos recorrerían como si fuera la carretera hacia nuevas hojas frescas, que debían cruzar superando múltiples transformaciones y etapas.

Nacidas las hojas, fortalecidas por el sol y el agua, era el momento perfecto para sacar los huevos del frescor cobijo de la nevera. 

Conocía bien el proceso, primero debía preparar una caja de cartón con agujeros para que respiraran porque los gusanos de seda, necesitaban oxígeno para vivir como cualquier otro animal. Luego preparaba folios de papel con pequeños orificios, los usaría para facilitar el cambio de hojas que los voraces animales comerían sin piedad, hora a hora en una carrera de intuición trasmitida de generación en generación.

Debía esperar unos días a que nacieran los pequeños gusanos de tamaño diminuto y color oscuro, de los huevos grises.
Pronto vería mover a los pequeños sus colitas llenas de vida, les esperaba con trozos de hoja fresca.

Sería una etapa de estresante comer y cambiar de piel. ¿Cuántas veces lo hacían? Era tan hermoso poder transformarse y cambiar…pensaba. ¿Tendría ella la capacidad de renovarse con esa agilidad? Esperaba aprender a hacerlo.

Iban creciendo y convirtiéndose en gusanos, frágiles de piel fría y tacto suave. Dulces y delicados, debía mantenerlos secos, si no quería que se enfermaran ya que su salud, era delicada.

Tras semanas de atención, estaban preparados para realizar su última etapa. Se encaramaban a las aristas de la caja y tejían sin parar un hijo de seda fuerte, resistente sin cortaduras ya que esa era su última labor, envolverse en huevo ovalado. 

Aguardaban ahora la transformación en la crisálida, tocaba al fin ser una espectacular mariposa que nacería al despertar en los primeros rayos del sol, enredados en el apacible amanecer y recogidos en las primeras horas de la mañana. Era tan bonito ver como la vida se abría paso… Esperaba con sus ojitos ver el huevo mojado, la mariposa había de escarbar con ahínco con sus patas delanteras hasta romperlo y así salir de la crisálida oscura que la había mantenido oculta en su última muda.

Al renacer convertida en mariposa, para algunos una simple polilla amarillenta torpe, de aleteos inciertos y alas inservibles, aún tenía que deshacerse de un líquido acaramelado, excretar y permanecer sin alimento. A partir de ese momento, las hembras debían seleccionar a los machos o entre estos últimos competir para fecundar a la hembra que esperaba paciente a su príncipe azul.

La puesta de nuevos huevos amarillos ocurría un día después. La pequeña niña Anida aguarda el momento con los folios dispuestos para que la mariposa consiguiera depositar su descendencia y así conservarla para el año siguiente.

Sentía tanta emoción al sentir el poder de su intervención y el milagro de haber sentido la vida vibrar entre sus dedos, necesitada de su dedicación que se prometió seguir conservando a la descendencia de aquellas extrañas mariposas que se habían domesticado, como el zorro del Principito y necesitaban el amor de la Humanidad para seguir vivas.


sábado, 2 de febrero de 2019

Brillaba demasiado


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Brillaba demasiado. Una vida basada en verdad y sentir con el corazón, ofendía a demasiadas personas que no sabían que todos tenemos el potencial para hacerlo, lo traemos de fábrica, pero lo olvidamos por los intereses oportunistas de una sociedad consumista que se olvidó de lo importante. Había decidido ser la protagonista de su propia historia. Con bases firmes consolidadas, jamás renuncio a su sueño: ser la princesa del cuento, la salvadora del gatito en el tejado, la que lo cambiaba todo…
Su primera máquina de escribir fue una hoja de libreta doblada en tres partes. Usaba sus dedos para imitar lo que no podía hacer sobre aquella “línea Olivetti 88” que no podía tocar quién sabía por qué… Mantuvo fresco el deseo de aprender a escribir sobre ella.
⍐❤️Al crecer  la consiguió, escribía  trabajos sobre leyes que le encantaba leer y releer, se enamoró del art. 14 de la Constitución Española “Los españoles somos iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, sexo, raza, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. ¿De verdad tenía derecho a ser igual a los demás? Pues lo sería y puso en práctica sus creencias firmes, basadas en verdades de derechos fundamentales de la Humanidad.
Los libros al principio, fueron sus mejores y únicos amigos. En la edad de la infancia se desató en ella un deseo incontenible de vivir, a través de ellos, consiguió hacerlo. Fue la persona rescatada, perseguida, defensora de la justicia… Amaba los finales felices. Sus colores favoritos brillaban, impactaban y dejaban absorto a aquel que la veía pintarlos.
Era una estrella de luz, llena de sombras dolor y tristeza. Porque se puede llorar hacia dentro tan fuerte que perder la razón puede ser la salida a todo. Conoció el dolor en estado primitivo en linde con el Infierno, estaba rota: ser bueno mata, pero no pudo dejar de serlo, era luz no cambió, fue pisoteada no se transformó en oscuridad, solo en silencios intermitentes para recuperarse.
En la infancia, fue tartamuda, el día que perdió a su padre su cerebro cambió, la noticia le supo a risa ¿Qué sabía ella de la muerte? No había experimentado con la palabra “se ha muerto” No pudo asimilar que perder a su padre era no volver a verlo jamás. Ella era el reflejo de su corazón bueno, para muchos un perdedor para ella, DIOS.
Pasó una vida a sobresaltos. Calentándose a la luz de las velas en el frío del invierno, estirando un litro de leche o inventando comidas en una despensa llena de nada a primera vista.
Su forma de reír y sentido de humor, le sirvió de equipaje tantas veces, que no iba a renunciar a ello ahora que cuando miraba el reloj marcaba horas extrañas 19:19, 13:13, 9:09 ¿Podía ser verdad? ¿Era finalmente un ser de luz? Maravillada por el descubrimiento, quiso compartir quién era a través de cada acto diario.
Era la que cedía el paso si veía que alguien tenía prisa, la que invitaba a un café, la que veía el hambre a la puerta de un Mercadona y ofrecía un bocadillo, era persona sin necesitar ser importante, su importancia iba en cada acto y cada situación que sucedía a los ojos de su corazón.
Perder a su madre y ser desheredada en una maquinación familiar, la mató. ¿Todo eso por codicia? Y tuvo que alejarse de la vida para no contaminar todo lo que había creado. Mamá se apareció antes de irse al otro mundo, la perdonó, el amor no se escribe en un poder notarial para heredar, le agradeció la desheredación, la alejó de seres oscuros llamados familia.  Al final de una vida de desencuentros  con su madre, la amaba, la sostuvo en su pulso débil y la última transfusión de sangre despidiéndose de ella con amor, sabiendo que ella temblaba en ese último acercamiento con miedo, temía que le hiciera daño ¿de verdad? Se estaba muriendo, consumida en un cáncer horrible y aún pensaba que su hija por dinero la iba a machacar…
El dinero nunca fue importante se dijo, por eso mamá volvió antes de irse al otro mundo para que perdonara su último acto conducido por la oscuridad. Ser amado no es ser beneficiado con bienes materiales, los mayores beneficios se obtienen al importarle a alguien. Su madre la quería…
“Lo importante es invisible a los ojos” El gran secreto que el zorro domesticado por el Principito le reveló. Lo importante es invisible se dijo: AMOR SONÓ FUERTE, AMOR, AMOR, AMOR…
Pensó en buscar un oficio y dedicarse a escribir, no era fácil vivir del cuento. No fue a universidades, no tenía más que su forma de estudio autodidacta y los años fueron acumulándose en mil oficios en los que nunca encajó, porque todo estaba demasiado intoxicado.
Miró hacia el empleo público. Con pasión se esforzó por superar el examen, lo hizo y fue eliminada por aquellos que no podían soportar que lo hubiera conseguido. Bueno se dijo puedo volver a intentarlo porque se cómo, puedo volver a dejarme la piel en el intento…
 Y siguiendo su meta la escritora de cuentos de corazón no dejará de escribir, ni cambiará, sensible, comprensiva con cada persona y circunstancia con la que tropieza. Porque muchos seres oscuros intentan que cambie, pero no lo hace aunque su corazón ya no aguante.
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