martes, 28 de octubre de 2008

Dilatada pasión



El punzante dolor se clava

me mata, atraviesa la razón.
Vuelvo a la locura del recuerdo
donde sufrí llena de pasión.

Recuperé la risa sin tu amor
aliviada por tu desdén y orgullo
me arropo con el color del calor
ajeno mintiendo sobre mi amor.


y
sólo tú

Silencio el tormento penitente
de quererte negando que te quiero
de amarte escondida tras la sombra
de desearte caca día con más ardor
de besar otros labios que no siento
muriendo por la ilusión que me diste.

Una vez, otra y más...

No sufro ya de noche tejiendo
la historia que no contaste jamás.
Suenan las horas de paz, de ternura
en las que vivo sola con mi soledad.

Lágrimas caen, llueve mi pena
que el orgullo cubre para medrar.

¡Ríe! claro que paré en tu orilla
sólo fue un momento, mañana
no oirás más que el frío otoño
susurrar que te abandono una
vez, dos, tres..quizás.

Dura como el invierno cubro
de adiós los colores de amor
para que no sueñes de mí
finjo un desamor y felicidad
humillo al eterno perdedor.


Líbrame de tí
sálvame de tu olor
olvida mi nombre.

Sólo recuerda es

Sin razón
con locura
mi amor.

domingo, 26 de octubre de 2008

Silencios fríos arropando a Inés

Inés se levantó apresurada todo su cuerpo se había estremecido por la caricia que un amigo de su marido le había hecho disimuladamente. Tuvo dudas de dejarse hacer o cortar aquella proposición indecente recibida sobre una de sus pantorrillas.

Salió del local para tomar el aire, sin preverlo encontró a Alberto escondido en un rincón. Quedó más perpleja.

-¡Alberto! ¿Qué haces ahí?
-Fumar, joder... Te prometo que era el primero de... Y estoy mareado.
-Promesas, contigo siempre es lo mismo

Airada y con el rostro irritado regresó al local, algo en su interior se agitaba y la inducía a caer en los brazos de esa caricia tentadora, pero un sentimiento de control la retuvo. De camino a casa ni se hablaron, luego entraron en la monotonía de una convivencia rutinaria llena de silencios. Se dieron las buenas noches y él espetó un tengo que madrugar para evitar un encuentro placentero. Las excusas ya formaban parte de monotonía que se sucedía sin emociones fructíferas .

Inés a la mañana siguiente recibió un correo vía e-mail muy extraño.

“ Hola me llamo Juan Carlos, estás como un tren nos conocemos desde hace tiempo .Te espero mañana en el Hotel Primavera, en la habitación 111 primer piso. No olvidarás la cita, habrá cava bien frío, pasteles de merengue y un buen aparato que te hará gozar. Besos cielo. Tú te mereces estar con alguien como yo. Seré totalmente discreto.”

Al principio borró el mensaje con desdén pero aquella cita que prometía sexo del bueno con discreción la tuvieron cavilando todo el día. Su matrimonio estaba en crisis, su marido ignoraba la belleza de su cuerpo, era como si no existiera. Estuvo toda la noche dándole vueltas y sin poder resistirse a la tentación acudió al hotel, necesitaba perderse aunque fuera en un error. Al tocar ,una mano la indujo al interior y sin poder ver al hombre que la agarraba, fue silenciada con un beso y un pañuelo de seda rojo cubriéndole los ojos.

-Déjate llevar mi amor, será distinto y maravilloso.
-¿Quién eres dime?
-Alguien a quién conoces bien y puede ser que llegues a amar pero me podrás ver cuando todo haya terminado ¿Aceptas el juego?
-Vale

Juan Carlos la tumbó de un empujón en la cama y la fue desnudando con besos sensuales. Hacía mucho tiempo que nadie la trababa con tanto erotismo y Inés estaba con todo el pelo de su piel erizado, abierta a las sensaciones recibidas y disfrutando a tope.

-Ahora sentirás algo frío, no te asustes, es un pastel de merengue que voy a untar sobre tu cuerpo.
-¿Pretendes comer encima mía chaval?
-Juan Carlos, me llamo princesa. Verás que sensación más placentera.

Y untó con merengue sus pechos erectos y su sexo. Fue lamiendo cada curva de su piel hasta detenerse en los puntos nevados de su cuerpo. Inés sintió todo tipo de emociones, frío, calor, y sin apenas ser tocada estalló en un enigmático orgasmo de sensualidad.

-Inés, ahora te toca trabajar un poco . Voy a mojar mi pene en cava bien fresquito una y otra vez hasta que logres que esté a punto ¿De acuerdo?
-De acuerdo- respondió ella intentando recuperarse de su éxtasis.

Fue emocionante chupar y dar vida al caballo del indio que tenía aquel Juan Carlos. Inés estaba segura de que era un poderoso amante.

-Está bien, es suficiente .Ahora derramaré sobre tu boca el resto del cava, tienes que tragar al ritmo que yo deje caer el líquido sobre tu boca.

Ella lo esperaba entregada a todos sus juegos. Juan Carlos sonrió, ella era toda suya, estaba completamente sumisa a sus órdenes. Había llegado el momento de unirse a su...

-¿Me sientes? Le preguntó Juan Carlos tras atravesar las puertas calientes de su cueva.
-Ahh , ahh... te siento
-Te voy a aflojar el pañuelo cuando lo haga tú me mirarás a los ojos ¿entendido?
-O.k

Inés se llevó las manos a la boca intentando ahogar un grito de rabia. Su amante era Alberto, su marido.

-¡Mírame Inés! Sabía que esto podía suceder, sólo quise que fuera conmigo con quién ocurriera y sujetándole las manos la intentó besar calidamente.

-¡Te odio, maldito... Siempre me utilizas para tus juegos de seducción!
-Ja,ja,ja, se nota que me quieres mi amor. Sólo yo soy capaz de seducirte una y otra vez . Estábamos en crisis, aunque cada vez me cuesta más inventar estrategias para llegar a ti,¡ te quiero Inés!

Ella lo observó pensativa, era cierto, se amaban. Con esas pequeñas trampas Alberto conseguía que ella volviera a quererlo y sin resistirse más lo besó apasionadamente.

Fue el mejor engaño que una mujer pueda recibir. Un amor verdadero que volvía a renovarse como la primavera con un juego erótico, los inviernos fríos de una cama sin pasión eran enterrados para dar vida a una nueva flor de felicidad.

Fin

La templada agonía de un perdedor

Salvador contemplaba la vida sin sentir la magia de su hechizo, todo pasó a ser tétrico, carente de color, aroma o sabor. Un mundo sin sentimientos, sin ilusiones para continuar, donde sólo importaba sobrevivir, algo que hacía sin saber por qué, ya que la muerte es una liberación del dolor, pero se sentía con una labor por hacer, algo en su interior se revelaba a tomar una decisión fatal. Calmaba su agonía con una botella , ahora bebía, devorando sus días monótonos en espera de su señal que justificara su soez existencia. Beber hasta perder la conciencia se convirtió en su único pasatiempo, necesitaba evadirse de la realidad para no recordar la traición de los seres serviles. Le atormentaba el recuerdo, las sonrisas, las caras agradables acudían a su mente taladrando su corazón por el amor que había depositado en ellos.

Sus manos antaño tuvieron uñas impecables. Su cuerpo fue fornido y sano, ahora era esquelético y deprimido por los calvarios de su alma.

Salvador en otra época, vistió trajes de mil euros y zapatos de trescientos de diseño exclusivo; punta alargada y suela de cuero . Tuvo más de veinticinco pares idénticos alineados en filas paralelas en su armario. Todos de color negro, sin adornos, limpios y brillantes .En otro estante los de uso informal en igual número, a juego con su atuendo.

Era ejecutivo en una gran multinacional. Todo se esfumó cuando fue detenido por un malversar los recursos de la empresa. Su alto nivel de vida en el que disfrutaba de un patrimonio de seis coches, varias casas, vacaciones esplendidas y un prestigio social .

El contable lo traicionó. Salvador firmó ciegamente documentos que lo comprometían en un desfalco de millones de euros que jamás supo donde fueron. Joaquín el contable, se fue apoderando de su confianza . Esa sumisión y sonrisa constante debió advertirle de su servilismo ficticio, pero cuando uno está en una escala superior le gusta ser adulado por subordinados eficaces. Invirtió el dinero en sociedades que no existían, cuando la auditoria de cuentas quiso investigar sólo halló la autorización y el nombre de Salvador, el máximo responsable.

Al principio pensó que conseguiría las pruebas suficientes para su exculpación. ¡Contables! Ratas supervisoras que borran el rastro de cualquier delito fiscal. Mientras él se sentaba en el banquillo Joaquín el contable, renunciaba a su puesto en la empresa y desaparecía sin ser citado en el caso. Se enfrentaba a una acusación que lo podría llevar a la cárcel.

Su mujer Anabel se mantuvo en espera de que aquel malentendido se solucionaría contratando un buen enjambre de abogados. Lo único que consiguieron fue dilapidar sus reservas. Todos sus bienes fueron embargados para cubrir las deudas.

Ella era una mujer fría, calculadora adicta a los trajes de diseño. Tenía un armario con más de cien zapatos de tacón para cada uno de sus modelos. A Salvador la frivolidad y la adición al dinero que gastaba nunca le importó, la amaba. Él sólo veía la belleza, la sonrisa, la sumisión de su imagen de mujer de porcelana. Pero cuando ella se dio cuenta de que aquello se terminaba, descubrió la verdadera personalidad de su dulce mujer.

Lo abandonó sin decirle adiós , lo supo cuando un abogado de oficio lo visitó para decirle que sería su nuevo defensor ya que su séquito de defensores habían renunciado por falta de fondos que cubrieran sus honorarios. Ella se fue con un poderoso fabricante de alfombras.

Llegó el día del juicio, solo ,con un abogado de oficio Sin reputación, sin amigos y sin esposa se sentó en el banquillo. Nadie creyó en su inocencia, la jueza fue tajante: “Nadie es capaz de firmar documentos y transacciones monetarias sin leerlas”.


Anabel le pidió el divorcio antes de que la sentencia fuera firme, lo visitó por primera y única vez en la cárcel. Por suerte, no tuvieron hijos. Con lágrimas en los ojos le prometió que lo ayudaría todo el tiempo que estuviera allí si se lo concedía sin oponerse, su rico amante la esperaba para un nuevo enlace matrimonial. Hizo la interpretación magistral de su papel como comedianta de alto nivel, fue todo dulzura y comprensión, al plasmar la firma en le documento, notó la farsa en el brillo de sus ojos que expresaron satisfacción y menosprecio. . Lo último que recuerda de ella es la esencia de su perfume exquisito y sus zapatos de diseño alejarse a toda prisa para siempre de su vida.

En unos meses descendió del alto nivel social a las cloacas de la injuria. En la cárcel jugó a crear perfiles, distinguir a las personas por su forma de pisar, mirarlos a la cara no le servía para nada, eran sellos herméticos de emociones. Sintió envidia de los autistas que carecen de empatía. Algunas veces, captar emociones que son falsas puede ser un error. Midiendo la intensidad de sus pasos y sus zapatos pudo catalogar a los individuos.

Los presos estaban aglutinados en un recinto pequeño, saturado de aromas y vigilancia, por tanto necesitó poco tiempo para conocerlos bien. Comprobó día a día los resultados fiables de su experimento. Los zapatos que tanta obsesión habían despertado en su ex mujer eran ahora su pasatiempo. Era la forma de recordar a la mujer de sus sueños y arrastrarla a la vulgaridad de seres que no valoraban sus pies ni sus vidas plagadas de errores.

Los guardias solían usar zapatos de respeto y autoridad. Negros relucientes, suelas de cuero, pisaban fuerte, retumbaban sus pisadas en el eco de los pasillos, era fácil presentir su acercamiento. Los presos por el contrario usaban deportivas, que no hacían ningún ruido al andar. Los jefes de los clanes por el contrario, tenían zapatos llamativos de última moda .¿Cómo podían seguir la moda en aquel aislamiento social? ¿Quién o quienes se los proporcionaban? Era como si quisieran salir del Infierno paseando por el recinto como si estuvieran en la calle.

Estuvo diez años en silencio No quiso crear amistades, le era imposible confiar en nadie. Pensó en toda su vida una y otra vez. Lo disfrutó todo. Una boda fantástica con una mujer hermosa , poco inteligente pero muy habilidosa para situarse en sociedad. Tuvo amigos poderosos, fiestas, lujo y derroche.

El día que salió de la cárcel recogió sus pertenencias: una cartera ajada, sus zapatos enmohecidos y un traje antiguo. Ataviado de aquella manera daba la impresión de salir de una cueva oscura.

Tenía cincuenta años, había cosechado el vicio del tabaco. Compró un cartón en un estanco de paso y como hacía frío pensó en calentarse con un trago. Bebió en el bar hasta quedarse sin nada, el dueño lo echó del local para cerrar, fue la primera noche que durmió apoyado en una fachada a la intemperie.

No tenía ningún interés por resarcir sus penas con venganzas. No le importaba nada. Poco a poco la ginebra, el güisqui y el ron fueron sus aliados para olvidar. Vivir en la calle no representó un inconveniente , estuvo tanto tiempo encerrado que no aguantaba estar en una habitación sin sol.

Su mente inteligente y brillante aún analizaba en los momentos de sobriedad. Ahora su única misión era conocer al ser humano a través de sus zapatos. Su aspecto de mendigo lo camuflaban de las miradas indiscretas. Sentado en el suelo y apoyado en una pared recopilaba información como:

-Los pobres visten sandalias playeras, de muchos colores, prefieren tener varios pares para disimular su falta de recursos, aunque a la larga se note la baja calidad de sus zapatos. Los pobres siempre tienen peladuras en sus zapatos.
-Los ejecutivos usan suelas de cuero, les gusta hacer sonar la notoriedad de sus pisadas, les da seguridad y crean confianza entre los ilusos.
-Los humildes de nivel medio se conforman con tener un par de zapatos buenos para invierno y otros para verano
-Los tramposos y adictos al juego untan de betún sus zapatos, necesitan cosas brillantes y valiosas a su alrededor.
-Los adictos al dinero y al lujo con pocos escrúpulos siempre visten sus pies de zapatos de marca, necesitan dejar huella de sus intenciones y su clase.

.
Pasaba los días recorriendo las calles lujosas y céntricas donde se aglutinaba la gente, era una forma de disimular su soledad. Recorrerlas a pie con unos zapatos que no cuadraban con su actual estado le producía un malestar general, el mirarse los pies lo envenenaba. En la cárcel trabajó como bibliotecario, así que con su primera retribución de desempleo, se compró unas deportivas baratas, un vaquero y una camisa a cuadros.

Aún conservaba un atractivo natural, a Pura la prostituta del barrio antiguo donde solía dormir entre cartones no le pasó desapercibido. Una tarde de frío otoño en la que los clientes no aparecían pensó en invitarle a su casa. Salvador la vio acercarse con sus tacones de aguja y su minifalda corta y su sonrisa amable.

-Hola guapo tienes fuego?
-Claro, toma.
-Hace frío ¿verdad? Te invito a tomar un café en mi casa.
-No tengo dinero.
-Lo imagino, te ofrezco un café y un rato de conversación gratis. ¡Sígueme, vamos!

A Salvador le recorrió una oleada de calor. El primer trato humano por parte de alguien en muchos años. Sin saber por qué siguió instintivamente a aquella hermosa mujer. Pura le ayudó a incorporarse, estaba algo ebrio y le tendió la mano. Hacía tanto tiempo que no tocaba la mano delicada de una mujer que su cuerpo recibió una descarga de emociones. No dejaba de temblar. Al entrar en el apartamento notó un orden especial. Todo estaba decorado de una forma sencilla pero muy viva. Era acogedor y olía de maravilla.

-¿Cómo te llamas?
-Salvador.
-Yo, Pura, pasa al baño y date una buena ducha. ¿Qué talla usas?
-No lo sé.
-Estás muy delgado. Te buscaré algo de mi anterior “jefe”.
-Gracias

Pura mientras Salvador se quitaba las inmundicias callejeras de meses de falta de higiene, se puso a preparar el café. Tuvo que tomarlo sola. Salvador tardó más de una hora en acicalarse. Se afeitó con unas cuchillas que encontró en el baño. Se vistió lentamente, mirándose bien en el espejo, de nuevo parecía una persona.

-¡Vaya, pues si que eres guapo Salvador! Siéntate, te prepararé algo de cenar.
-Gracias, siento haber tardado tanto.
-No creo que hayas tardado mucho, quizás he sido yo la que ha tardado en invitarte a mi casa.- y se puso a reír ruidosamente rebajando la tensión del ambiente.

Salvador dibujó una sonrisa cómplice en su rostro. Le gustaba la simplicidad y sinceridad de aquella mujer , era auténtica. Mientras la miraba detenidamente recordó como era su mujer ¿por qué se fijó en la belleza fingida y la dulzura farsante?. Ya no importaba, estaba disfrutando de una mujer por primera vez en su vida.

-Dime Salvador ¿Por qué vives en la calle? Es evidente que tu has tenido una vida muy diferente.
-Por la misma razón que una mujer verdadera se tiene que vender en la calle.
-Ya... ¿la vida es injusta no?
-Lo fue para mí y lo es para ti.
-Pero yo al menos...
-Tú al menos tienes algo que vender...
-Oye eso no es...
-Tranquila no te juzgo, sólo sopeso tus ganas de sobrevivir. Yo no tengo ninguna. Observo en la cloaca de la vida hasta que deje de existir.
-Pues podrás quedarte conmigo si quieres.
-¿Por qué quieres ser mi ángel de la guarda Pura?
-Necesito un hombre bueno que me proteja.
-Lo tendrás, acepto aunque me cueste el poco pellejo que me queda.
-No te preocupes, salvo unos chulos y algún navajero no suelo tener problemas. Unos me dan el dinero y otros tratan de extorsionarme ¿lo entiendes verdad?. No puedo pagarte mucho.
-No quiero nada salvo tu compañía
-Estupendo, nos daremos calor a nuestras míseras existencias equivocadas. ¿Quieres saber por qué a acabé de puta con sólo 20 años?
-No es necesario.
-No importa, es la historia que he repetido toda mi vida. Soy hija de puta. Crecí viendo a mi madre golpeada, llena de carmín y tacones, siempre acompañada de algún hombre. Con quince años me enamoré de un chico muy guapo que me sacó del barrio para luego abandonarme una vez que se hubo saciado de mí. Regresé al tugurio y con mi madre. Ser puta fue mi única opción, perdida la decencia.
-¡Basta! Es suficiente por hoy. Eres una mujer estupenda que no debería deambular por las calles.
-Ya, pero las calles son mis heridas, mi vida. No sé hacer otra cosa y es mi forma de vivir.
-De a cuerdo, continua no quiero dar clases de vivencia, no soy un buen ejemplo de ello, ni tan siquiera valgo para sostenerme sin una copa.
-Bueno poco a poco dejarás de beber, cambiaremos los alcoholes por tertulia. No soporto el alcoholismo, tienes que aceptar.
-Pides mucho. Espero que puedas saciar mi sed con tus historias.
-Lo haré, olvidarás la sensación de un trago recorriendo tu garganta, sólo querrás que mi voz y mis manos acaricien tus heridas. Verás el calor que puedo darte, ¡Salvador!

En este momento, la tensión se hizo evidente. Salvador la miraba con furia, amor, ganas de oprimirla, matarla y hacerla responsable de todo su odio condensado en todos los años sufridos en aquella cárcel. Pero la cordura ató sus deseos de vengarse en aquella mujer tan dulce y calló un grito ahogado. Giró su cara para evitar que ella viera lágrimas asomar a sus ojos.
-Tengo sueño. ¿Dónde puedo dormir?
-Sigue el pasillo la habitación de la derecha es la tuya. Buenas noches, Salvador.
-Buenas noches.

Salió del comedor a toda prisa. No quería que aquella buena mujer viera lo deshecho que estaba. Como la locura y la sensatez se batían dentro del cuerpo de un hombre atormentado por una vida llena de altibajos.

Dejó la calle para convertirse de nuevo en persona. Pasó de ser una criatura hambrienta de alcohol a ser un hombre de nuevo con respeto hacía sí mismo Su aspecto lo transmutó de fiera a hombre; iba aseado, ataviado con prendas humildes pero limpias, volvía a parecer un hombre interesante pese a su edad. Observar el mundo desde esa posición lo turbaba, la gente se preguntaba que hacía un hombre tantas horas sentado en un parque. Observar a Pura trabajar en la esquina silenciosamente, perspicaz e interviniendo sólo cuando era necesario. Desde que se convirtió en su protector, los robos y las palizas de otros hombres dejaron de marcar el frágil cuerpo de Pura. Tenía treinta años, pero aparentaba más de cuarenta. La vida llena de sufrimientos la envejecieron más a prisa.

Salvador se sentía pletórico y satisfecho con su nueva vida . Un día compró un cuadernillo con la idea de entretener su mente las diez horas que estaba acechando a los posibles extorsionadores. Pronto aprendió a distinguirlos de los clientes. Dibujaría los zapatos de todos los paseantes y sus pisadas, trazando un perfil. Comenzó por las mujeres, en ese momento de su vida comenzaba incluso a idolatrarlas.

Las niñas vestían siempre si eran felices sus pies con zapatos de colores. Si eran de clase humilde sus zapatos eran numerosos; sandalias de dedo, zapatillas de lona de diferentes colores, o zapatillas de playas. Todos l calzados baratos, observaba que las madres preferían comprarles varios pares para disimular la pobreza. Era una mentira arrogante imitadora, que sólo los pobres usan para allanar la diferencia social.

Si la casa era muy humilde los hijos solían llevar la ropa y los zapatos sucios y agujereados. Vestidos sin norma, podían llevar zapatos más grandes o más pequeños. De colores dispares que no entonaban para nada con sus ropas. Extravagantes y raros, comprados o regalados por las zapaterías que donan sus pares que nadie compra a ONGS.

Las adolescentes imitaban a sus artitas preferidos comprando la ropa y zapatos a su imagen, aunque toda su ropa fuera de imitación necesitaban identificarse con sus ídolos. Sus zapatos iban acorde con su estilo de vida. Góticos, desaliñados, pijos etc. Sin personalidad ,simples imitadores de tendencias que están aprendiendo a volar.

Cuando llegaban a la edad de la independencia económica los jóvenes gastaban su sueldo en zapatos y complementos. Su única obsesión era aparentar un nivel superior de vida, aunque sus casas fueran humildes, gastaban y compraban sus zapatos en las tiendas de moda más caras.

Las mujeres casadas eran las menos indefinibles. Todas prácticas y con estilo definido. Las típicas engreídas que todo les va bien compraban modelos exclusivos. Las mujeres de sueldos humildes eran adictas a las rebajas y los mercadillos de barrio Las elegantes con sencillez compraban zapatos clásicos para evitar que les pase la temporada.

Verlas agolparse en los mercadillos en torno a una mesa llena de zapatos baratos disputar como guerreras lo dejaba atónito, ya que la mayoría de las veces ninguna acababa comprando nada, era como una sesión de lucha libre por ver quién puede más.

Las mujeres maduras eran las más interesantes. Pasando los cuarenta se daban perfecta cuenta de que su cuerpo dejaba de llamar la atención e invertían sus recursos en disimularlo. Si uno las veía de espaldas algunas veces se las confundía con hermosas mujeres jóvenes Vestían con elegancia sin igual. Al querer ver sus caras todos los hombres apretaban el paso, el hechizo del engaño caía al contemplar sus caras cortadas por los años y las capas de maquillaje.

Los hombres en general no eran interesantes. Eran fáciles de clasificar ya que sus zapatos no se dirigían por edades sino por posición. Los padres de familia cuando andaban escasos utilizaban zapatillas de deporte o zapatos de plástico que imitaban modelos de buena calidad en piel. Los demás trataban de imponer su posición en el mundo utilizando zapatos caros. El hombre marca su territorio por las pisadas y estima mucho su imagen, los zapatos tratan de trasmitirla. Aunque luego les falte gusto y estilo, son caprichosos y suelen usar buen calzado.

Aurelia solía acudir también al parque a echar pan a las palomas. Estaba prohibido por orden municipal darles de comer, pero a sus setenta y cinco años poco le importaban las normas. El ayuntamiento estaba obligado a controlar la población de las aves matándolas dos veces al año. Los vecinos se quejaban de que ensuciaban las fachadas, emitían sonidos ruidosos y trasmitían enfermedades ya que no estaban controladas sanitariamente

-Pitas, pitas venir aquí.¡ Buenos días Salvador !¿qué dibuja hoy ?- Le preguntaba cada mañana acercándose con interés a él con la intención de discernir algo en sus dibujos, mientras sujetaba una bolsa de plástico repleta de migas de pan mojadas en leche , preparadas para repartirlas entre las palomas.

-Unos preciosos zapatos verdes de charol. con lentejuelas negras que pude ver ayer a una mujer espectacular. Prostituta de lujo. Aunque no oficialmente, ya que trabaja para un gordo opulento seguramente su jefe, el que paga sus lujos, padre de varios hijos. Las tapas de sus tacones eran doradas a juego con un lacito de charol dorado que tenía en la parte frontal. Pisaba sigilosamente por lo que todavía no debe tener muy afianzado a su amante.

- Vaya que pena no haberlos visto. ¿Me deja ver? -Solicitó Aurelia sacando una gafas de pasta rosada de uno de sus bolsillos de su bata.

-Si que son preciosos. Y dígame Salvador, ¿ no le gustaría a ud. mejor pintar cuadros? Dibuja muy bien.

-No tengo tiempo para idealizar pinturas. Soy como un haiku narro la fotografía del momento. Los zapatos son especiales. Marcan la fantasía de las personas.

-Si que lo son D. Eugenio. Aún recuerdo yo los zapatos que mi difunto marido . Los compraba siempre de rejilla y con cordones, clásicos en sintonía con su personalidad. Necesitaba atar sus cordones para sentirse dueño de algo. Notar presión en sus pies, como en su cuello era su penitencia diaria a la vida para seguir marcando notoriedad. Yo en cambio caminé como una sombra sin alma, silenciando mis pasos. Cuando usaba zapatos de tacón para ocasiones tenía que andar de puntillas por la casa, no soportaba oír mis tacones.

-Trazaré el perfil de la dueña de estos... Si compra zapatos dorados o con brillantes sueña con el lujo y la buena vida. Si sus zapatos son sencillos pero dotados de estilo, es inteligente y equilibrada. Si usa sólo zapatos de tacón, necesita ser centro de atención y es poco de fiar, lo sé por todas las que veo pasar y cambian de hombre diariamente. Algunas incluso mantienen idilios con dos o tres a la vez.

-¡Pero que listo es ud. Salvador!. Un hombre tan bueno con ésa...

-No digas nada Aurelia. Ésa es una señora. Nos une una amistad. Ella me mantiene caliente en su casa y satisface todas mis necesidades a cambio de muy poco. No tengo nada por lo que luchar, ella es mi equilibrio y mi techo. Sus zapatos son de tacón. Charol a juego con sus vestidos o botas de media pierna. Necesita crear fantasía para seducir a sus clientes. Luego en casa sólo lleva unas zapatillas con pompones delicados de piel rosa .Pura es una gran mujer con el alma rota.

-Sí, será muy buena pero no deja la calle. Además siempre tiene que andar ud. enfrentándose a los chulos y pandilleros que quieren sus ganancias

-Es un precio mínimo por todo que me da. Es el timón de mi vida. Me sacó de la oscuridad, la apatía y el alcoholismo. No sé si la quiero, pero sin ella no sería capaz ni de fijarme en los zapatos.

-Quizás tenga razón D. Salvador, pero un hombre de su posición viviendo con una puta y en la calle todo el día...
-Aurelia, ocúpate de las palomas. Ellas agradecerán más el pan que yo tus consejos. Y olvídate de que estoy aquí. Será mejor para los dos.

Aquella noche hubo redada. Salvador se opuso a la detención de Pura. La quiso proteger de las manos ásperas de la justicia. Se resistió con una fuerza descomunal. Fue golpeado por un grupo de policías que cumpliendo su deber lo abandonaron en la acera. Murió aquella noche.

Pura lo encontró en el mismo lugar de la reyerta con la policía al día siguiente cuando salió del calabozo con cargos. Nadie se había acercado a él. Al tocarlo, percibió el frío y la falta de brillo de sus ojos. Lloró desconsolada maldiciendo a la vida.

Un mes después Pura recibió una citación en un despacho de Notarios. Era heredera de los bienes de Salvador. Aún le quedaba la herencia de sus padres que se había salvado milagrosamente ya que cuando ocurrieron los hechos de su encarcelamiento aún vivían. Fue suficiente para abandonar el suburbio y cumplir la voluntad de su protector. El notario la leyó:

“ Si alguna vez mereció la pena vivir Pura, fue para conocerte. Me has dado un sentido de la vida que nunca conocí. Te amo. Sé que soy heredero de una herencia que no necesito, si alguna vez me ocurre algo, quiero que la disfrutes lejos de la mísera vida que tienes. Lo harás por mí y serás la reina de una vida sin pasado. Cuídate, mi vida”

-Salvador ha establecido una objeción, si no abandona la calle no será dueña de nada. ¿Acepta estas condiciones Srta. Pura?
-Acepto, ¿dónde hay que firmar?

Fin

Terra Natura 2.007



Pareja de loros americanos


Llama de América



Tigre indio


Cabeza de cocodrilo tomada a través de cristal



Cocodrilos

Rinocerontes



Pato o pelícano



Pavo real



Caballo

Alicante














Fotos hogueras 2.007









Bañeres de Mariola