las
aceras teñidas con la hojarasca muerta
cruje
la pisada, ofusca al barrendero de barrio
trata
sin suerte de borrar la caída cadenciosa
de
gotas de hoja, copos de miel caen de la copa
abatido
en su barrer, deja al fin florecer el suelo
que
se convierte en un infinito Mar de café.
Los
niños construyen barcos para surcar
se
hacen nidos como si fueran pájaros
risas
alegres dan un dulzor al aire
paréntesis
que detiene la nostálgica
guardiana
de las horas del silencio.
El
Sol aún ilumina tenue y lejano
el
viento sopla con ganas de tumbar
miradas
intranquilas aprietan el paso
respiran
sosegados, la puerta se abre
pesa
dar el paso al cruzar el umbral
sin
motivo, sobrecoge un río de lágrimas
emergen
enmohecidas en los años tardíos.
Otoño
pasionario, besaré con fervor su boca
sentiré
todo el calor de su mano en mi ombligo
seré
el ascua que arderá sin llama, seré la luz
arrebolada,
iluminará la casa en noches de frío.
10/05/2013
