domingo, 22 de marzo de 2009

Arroz con calamares

Ingredientes:

1 kg. de calamares medianos (refrigerados o frescos)
3/4 kg. tomates rojos pelados
1 pimiento rojo
300 grs. de calabaza
450grs. preparado de paella ( consta de alubias, alubias de garrofon y judias verdes anchas)
150 grs. de guisantes congelados
perejil
2 ajos
aceite de oliva
colorante
sal
azúcar
350 grs. de arroz redondo ( la fallera) o una taza y media.
Un poco de limón
Preparación:

Cortar los calamares e trozos pequeños:



Pelar y cortar los tomates:


Lavar y cortar el pimiento rojo, la calabaza y el perejil:



Sofreír el calamar con el tomate, suele soltar mucha agua:


Ir añadiendo el resto de ingredientes según se vaya haciendo el tomate y calamar. Por último añadir la bolsa de congelado, el preparado de verduras para paella:




Añadir tres tazones de agua, azúcar (una pizca) sal, colorante y dejar hervir. Cuando hierva a vivo fuego se añade la taza y media de arroz, un chorro de limón y se controla moviendo el arroz de la asas del paellero hasta que se consuma el líquido.



Aquí el resultado:


miércoles, 18 de marzo de 2009

Una tarde

Liberada de la rutina de respirar un aire rancio sin esencia
te hallé una tarde sin aguardarlo, olías a inocencia palpable.

Sorprendida por tu aire fresco saludable, me paré a escucharte
me hablabas de cosas que no entendía; cerezas y cubos y pereza.

Divertida me entregué a la pasión de comerte en flor
entre risas y juegos se clavó en mi interior tu potente fervor
explosión e ilusión al instante flotó entre dos mundos distantes.

Yo pensadora escribiente, hija del elemento adulterado
tú sabiduría de campo, fruto del elemento natural sin chascos
y entre tu risa y la mía construimos una vía de paso que nos guía
por una senda invisible que sólo nos sentimos con el alma desnuda .

Sorberé de ti todas esas palabras sencillas que no cuajan
con la lírica ni el lenguaje enciclopédico de mis libros y ramas
reiré oyéndote hablar del mundo real que modela tus manos agrietadas.

Podría mirarme en ti y sólo ver tu corazón repleto de amor
obviar la rudeza de tus manos hortelanas y tomar la franqueza
por seña y pago a mi grandeza de dama refinada que se ampara
tras lenguajes articulados, vacíos argumentados que agudizan tu cabeza.

Dos mundos en una cama
una dama de alta gama
y un gamo de gran talla
engarzados por una pasión que les une y dilata
que los insufla y gana con maña
viva la ciega que enreda puntos y comas
y cose los hilos de vidas y mundos a partes.

Viva el amor si ha de ser así hallado tras una puerta que huele
a todo lo que me paré a observar en mi mundo aparte
desde arriba buscaba sin sentir el verde donde tu esperabas.

Una tarde
esa tarde...

lunes, 16 de marzo de 2009

El engorroso condón

Francisco siempre usaba la misma táctica. Cuando llegaba el momento más excitante de la relación amatoria; convencer a la chica para prescindir de tomar precauciones con los típicos argumentos varoniles, que le ponía a cien, estaba muy sano, no había nada que temer etc.

Si la situación estaba muy caliente y había ganas, algunas solían acceder a practicar el sexo sin condón, pero luego ya no volvían a verle. Otras, trataban desesperadas de tener una relación sexual placentera que no terminaba de desarrollarse ya que cuando intentaban enfundar el miembro, éste pasaba a la flacidez inesperadamente, perdiendo su firmeza, como un merengue que se convierte de espuma a líquido sin que se comprenda el motivo. Algunas veces tras malgastar muchas gomas conseguía follar, pero siempre tenía que quitársela fuera de la vagina para llegar al clímax.

Para Francisco era muy violenta y desconcertante la situación. Le hacía sentir como si fuera un capullo anticuado que se sentía impotente, incapaz de adaptarse a los tiempos modernos y follar con sentido común. Visitó a varios especialistas sexólogos que descartaron definitivamente que sufriera algún tipo de disfunción. Todo era un problema de cabeza, sólo él podía conseguirlo.

Tanto lo avergonzaba lo que le sucedía, que tras la ruptura con su novia optó por la vía más cómoda: dedicarse a ver como otros practicaban sexo hallando placer con la imagen visual del acto. Al principio, la pornografía lo satisfizo. No era como practicar y sentir las emociones de la realidad, pero le ayudaba a encubrir su acomplejante problema con los preservativos. Ya no quería correr más riesgos desde que cogió una infección leve de ETS, su confianza en que las chicas no tienen nada se desvaneció desde ese escarmiento y todo porque algunas de ellas tenían las mismas ganas de correr riesgos innecesarios en relaciones esporádicas.

Pasó más de un año y medio sin tener relaciones sexuales . El cibersexo era su válvula de escape. Allí podría explayarse y dar rienda suelta a sus fantasías sin perder la erección. Además las mujeres con las que lo solía practicar admiraban la envergadura de su miembro erecto, 18 cm. y curvatura hacia arriba en forma de flecha. Alas mujeres les parecía estimulante la forma, muy eficaz para provocar placer y excitar el cuello del útero.

Francisco parecía ser feliz ,aunque estaba un poco cansado con la práctica solitaria de la masturbación visual a través de una pantalla de ordenador. Todo cambió el día que conectó en un chat con Marta. Era una mujer muy diferente. Todo desde el principio, su forma de escribir, sus palabras lo enloquecían. La erección comenzaba sólo con ver su lucecita verde de disponible en el mesenguer. La vio por foto y no estaba mal, pero era muy ambigua en sus contestaciones. Parecía estar buscando sexo pero a otro nivel. Era muy sugerente y erótica en sus expresiones. A él todavía le atraía constantemente la idea de quedar con una mujer, pero debido a su problema, prescindía del contacto directo.

Sin saber muy bien cómo y porqué, quedó hipnotizado de deseo en el mesenguer por ella. Todas las demás le ofrecían sus cuerpos desnudos pletóricos, abiertos y visibles a través de la webcam, , además de fotos eróticas muy subidas de tono. A Marta también se lo pidió pero fue imposible, ella negaba esa posibilidad de acercamiento, el cibersexo no la avivaba. Así que si quería verla tendría que quedar con ella. Tardó varios meses en decidirse, tras intentar seducirla inútilmente con sus expertas tácticas de tunante. Ella no cedió, así que no tuvo más remedio que jugársela en la proximidad de un encuentro real.

-Marta, estoy casado-le escribía Francisco a la defensiva.
-Yo también, pero necesito sexo, no me pone el ciber...
-No puedo quedar contigo.
-Ok, entonces seguiremos relatando lo mucho que nos daríamos eh?, me excita mucho más.-le contestó con la conocida templanza y seguridad de siempre.
¡Te deseo y quiero follarte!- declaró lleno de ira en un arrebato de sinceridad que hasta a él mismo sorprendió.
-Pues ya sabes...
-Este fin de semana lo tengo libre ¿quedamos? No puedo aguantar más esta situación, quiero desnudar tu cuerpo y poseer tu alma con mi cuerpo.
-¡Hecho! Dime dónde e iré.
-Hay algo de lo que quiero hablarte Marta. Hace tiempo que no follo, no estoy casado. Desde que cogí una enfermedad contagiosa de ETS he dejado de quedar con mujeres. Tengo un problema y es que con preservativos no puedo follar.
-Entendido Fran, verás, yo te ayudaré a superar esa barrera.
-No lo creo, otras lo han intentado y nada. Lo único que me resultó fue tener novia fija, pero todo en la vida se acaba y...
-Confía en mí. Nos veremos el sábado.
-De acuerdo Marta, no sabes el deseo que has provocado en mí. Te necesito como al aire.
-Me tendrás, bye!
-Bye!

Aquella noche los dos flotaron en sus respectivas camas imaginando el furtivo encuentro del próximo sábado. Ella leyó en la red mucha información , no era desconocido este tipo de problemas que muchos hombres tienen con las gomas. El problema raíz se halla en la cabeza. La mayoría que sufre este problema, es porque asocian la protección con una moderación indeseada de su vigor sexual. Es como poner freno a su firme idea de ser varón viril y reproductivo. Por ello se da más en hombres jóvenes que aún no han satisfecho el deseo de tener descendencia. Leyó que el problema es superable si se tiene la habilidad necesaria para que él hombre no sienta esa barrera protectora como una opresión a sus instintos más básicos. Tenía que poner sus neuronas a funcionar para superar este percance.

Marta se vistió para la cita muy femenina. Falda vaquera a la altura de las rodillas, camiseta blanca con letras bordadas en dorado, medias de blonda que se ajustaban sobre sus muslos sin oprimir y ropa interior transparente. Para la ocasión eligió un salto de cama de gasa. Al ser traslúcida la propiedad de su ropa resultó muy certera, actuó como un potente talismán que dejaba adivinar todas sus formas femeninas intimas. De color negro, adornado con dibujos de corazones rojos a juego con el tanga.

La cita era en casa de Francisco. Él la esperaba ansioso, recién duchado y afeitado. No quiso cargarse de aroma, para no parecer un lelo acomplejado. Las manos le sudaban cuando sonó el timbre. Abrió la puerta de su casa unifamiliar y allí la encontró. Era preciosa. El corazón se le aceleró a medida que se aproximaba para saludarla tímidamente. Fueron conversando con locuacidad recíproca hacia el salón, dejándose seducir por el acercamiento mutuo .Miradas directas a los ojos que dejarían sin aliento a cualquiera con menos mundología sexual. Se sentaron uno al lado del otro en uno de los sofás.

-Pon música no? Relaja el ambiente- le solicitó Marta algo tensa por la proximidad real con su deseado amante.
-Hace tiempo que no escucho nada. ¿Que te apetece que meta?
-Subconciente, ja,ja,ja... No comiences tan rápido.
-Oye, no iba la cosa por ahí.
-Ja,ja,ja, no te sientas violento, es algo muy habitual que nuestros deseos se mezclen con nuestras palabras formales. Ocurre cuando anhelamos una cosa y debemos hablar de otra.
-Confieso que puede ser, eres hábil, además de hermosa.¿Que tomas?
-Algo sin alcohol he de conducir, luego.
-Veré que encuentro, Enseguida vuelvo.

Francisco al levantarse no se olvidó de poner algo de música. Introdujo un CD en el reproductor de Soraya. La canción de “sin miedo” comenzó a retumbar por toda la estancia caldeando el ambiente e incitando a la aspiración de gastar energías

Luego fue hacia la cocina cogiendo de la nevera dos latas de coca cola cero. Las puso sobre la mesa de centro, no se le olvidaron los posavasos para evitar la mancha sobre la madera. Marta apreció que el sabor variaba un poco, pero la idea de reducir el consumo de calorías y azúcares, era apetecible. Le encantó ese pequeño detalle, que se preocupara por mantener la línea. Le mandó una mirada de soslayo. Estaba estupendo; delgado, atlético y eso que aún no lo había visto desnudo.

Hablaron durante más de una hora. Comentando los detalles de sus vidas. Terminando por aburrirse y opinar sobre la decoración de la casa. Señal inequívoca de que los temas se acababan. Así que él, lanzado y con ganas de comenzar a conocerse en la intimidad, le propuso ir a su habitación. Ella asintió. Lo estaba esperando. Cogidos de la mano llegaron al cuarto. Fueron desvistiéndose cada uno de manera individual, poco a poco, sin perder la calma, observándose frente a frente , elevando su propia temperatura con la seducción de la imagen real de sus cuerpos que se descubrían por primera vez La novedad era poderosa para la mente ya que nunca se habían visto salvo en foto, analizar con lujuria sus respectivas siluetas atractivas disponibles a un golpe de brazo los atrapó con magia.


En ropa interior tumbados sobre la cama, la lluvia de besos que recíprocamente y con lentitud se regalaban los fue sublevando.

-¿Dónde tienes los preservativos?- le preguntó inesperadamente ella.
-¡Todavía es pronto, sigamos!-objetó él despertando de su sueño.
-Ya, sólo quiero tenerlo preparado y abierto.
-¡Toma!-le ofreció él con cierto desdén ,dejando palpable la incomodidad que le causaba la sola mención de su peor fobia.

Marta disimuló astutamente la percepción que había tenido de su incipiente malestar. Lo abrió por un lateral con facilidad y con cuidado obviándola y lo dejó preparado sin sacar de la funda sobre la almohada. Sabía que debía ser muy sutil y diestra para que no perdiera su erección. Se subió sobre Francisco y fue besándolo lentamente descendiendo hacia su zona erógena. Lamió, besó y elevó su miembro viril hasta tenerlo a punto de ebullición. Mantuvo su excitación hasta el máximo y con maestría le posicionó la goma. Francisco ni lo notó. Le susurró al oído para distraerlo mientras lo hacía “voy a cabalgarte a pelo, he cambiado de opinión”.

A Francisco se le mantuvo la erección. Lo supo al meterse su miembro. Su cerebro no había advertido que su pene había sido cubierto por la membrana de latex. Marta lo cabalgó con fuerza y vigor, susurrándole lo bien que lo hacía y lo mucho que lo necesitaba. Follaron durante más de veinte minutos y sin interrupciones. Fran se derramó dentro del condón. Al terminar y sacarla del interior de la vagina, lo avispó con perplejidad. Se había derramado en su interior y el semen estaba acumulado en el depósito a la altura del glande.


-No puedo creerlo, Marta, ¿cómo me lo has puesto?
-Con artimañas de amante perfecta. Nada, como ves no tienes ningún problema para follar con seguridad.
-Es la primera vez que siento un placer así con funda.
-Es porque siempre tu cabeza pone un impedimento, no tu cuerpo.
-Lo sé, te admiro por lo que has hecho, me encanta el sexo seguro y no me ha restado placer ni sensaciones.
-Y a mí que lo practiquemos. Yo sólo follo a pelo en relaciones de años.
-Bueno es un consuelo saber que algún día mi pene verá la luz y sentirá la fricción contra tu cuerpo interior.
-Ja,ja,ja., algún día, -respondió ella con seguridad, divertida.
-¿Tienes problemas para llegar al orgasmo Marta? He notado que has disfrutado a medias.-Le preguntó cambiando de tema algo preocupado.
-¿Cómo te has dado cuenta? A la mayoría, ni les importa.
-He leído mucho de sexo, con poner la mano sobre tu pubis sé a ciencia cierta si has disfrutado. Las contracciones del útero así lo indican.
-Cierto. Puedo satisfacerme vaginalmente, pero soy más fría y todavía no he conseguido hacerlo con un hombre Lo probé con un masturbador a pilas y resultó. Lo he comentado con alguna que otra amiga y también les ha sucedido lo mismo. Al principio de mantener sexo con ellos, luego sus novios han aprendido el punto exacto donde estallan y sí que lo han conseguido. Como no he tenido relaciones muy duraderas, no he llegado a ello todavía.

-Uhmmm... Pronto lo conseguiré espero, con la práctica sabré descubrir tu secreto Pero hay algo que aprendí que no falla. -Francisco dirigió su boca hacia el sexo palpitante de Marta
-Ahhh-sigue, sigue, ahhh.

Fue todo lo que se escuchó. Después de tanta entrega por parte de ella, estaba dispuesto a dejarla plenamente satisfecha, se lo merecía. Así que se perdió con su lengua entre sus muslos dedicándole con ahínco atención a su excitado clítoris. Ella estaba a punto del orgasmo, se veía que estaba en puertas. Su clítoris estaba desarrollado y duro, sus labios jugosos y derramando lubricante vaginal. Con su lengua y dedos en apenas cinco minutos la elevó al éxtasis. No quiso parar. Percibió que ella estaba acostumbrada a encadenar sus orgasmos y la intuición fue acertada. Logró que ella disfrutara triplemente en pocos minutos. Sólo paró cuando ella le pidió algo de tregua.

-Ha sido fantástico, Fran, espero seguir repitiendo esto.
-Ya lo creo y además con condón, creo que lo he superado.

Marta se quedó atónita. Fran estaba de nuevo con su pene erecto y con el preservativo colocado. No había perdido su erección.

-Date la vuelta, a cuatro patas- le ordenó cariñosamente.
-Tú mandas- le sonrió cómplice y con ganas de sentirlo una vez más.

Fin

viernes, 13 de marzo de 2009

Me decidí una noche

Eran cerca de las 10 de la noche, Adriana regresaba a su casa después de una cita a ciegas que de nuevo no había resultado. El hombre en cuestión no era lo que esperaba. No había sucedido esa magia que se siente al instante de la presentación. Siempre ocurría lo mismo, se hacia ilusiones con la gente y luego al conocerla personalmente la decepcionaban Se expresaban tan bien a través de las palabras escritas que luego no había percha ni argumento que sostuvieran tanto artificio fatuo.

Llevaba puesta una ropa interior muy insinuante; sujetador y bragas de tul rojo adornados de flores ostentosas que transparentaban toda su intimidad. Para la ocasión se había arreglado el bello púbico recortándolo al mínimo, retocando con esmero la abertura vaginal para hacerla más apetecible si llegaba el caso. Y ahora todo su trabajo para conquistar a su desconocido se quedaba desaprovechada por la individualidad de su cuerpo sin pareja. De nuevo se encaminaba la soledad de su habitación, una página o película de videos pornográficos y un masturbador a pilas para aliviar su deseo insatisfecho. Mejor sola que con un necio se decía, que no sabría valorarla.

Era preferible el desenfreno solitario a ser de alguien que no deseaba. No le valía el consuelo del sexo si la persona no la incitaba a la práctica. Fue caminando cabizbaja hacia su casa imaginando la fantasía que utilizaría esa noche para calmarse y justo en un semáforo se encontró inesperadamente con una cara conocida. Su mente comenzó a analizar las facciones de aquel desconocido, intentaba hallar la conexión de ese físico con el archivo de imágenes de su cerebro, sin duda le era familiar el atractivo joven del coche que estaba frente a ella, además también notó que parecía reconocerla. Pero no pudo. Fue él el que bajó la ventanilla y la llamó por su nombre:

-Adriana ¿Eres tú? -le preguntó algo alterado.
-Sí, me llamo así ¿De qué nos conocemos?- le contestó ella trémula por la sensación de vértigo que fue invadiéndola.
-De la infancia, sube, quiero hablar contigo- le ofreció él con una sonrisa de oreja a oreja.
-No se si debo, pero vale, me resultas familiar- se subió al coche antes de que el semáforo cambiara de color.
-No puedo creerlo, después de tantos años encontrarte y así, estoy maravillado.
-Perdona ¿Tuvimos algo en el pasado? -le preguntó algo molesta.- No consigo identificarte bien y me estás asustando.
-Fuiste mi primer amor, soy Fausto, aquel niño al que solías contar lo que querías ser de mayor, nada parecida a tu madre, yo siempre te escuché con atención, esperando la oportunidad de pode declarar mi gran amor.
-Vaya, sí, Fausto...¿En el instituto verdad? Te recuerdo, entonces eras muy feo.
-Las cosas cambian Adriana, cuéntame, ¿que es de tu vida?
-¿Vas a llevarme a tu casa?
-Pues...¿quieres ir a mi casa?
-Necesito ir a la casa de alguien. Me arreglé para una cita sexual que necesito como el agua y todo se estropeó. El tipo era un cartón siniestro que no me trasmitía más que las mentiras que había ideado para conquistarme y poder follar una noche.
-Adriana me desmontas la vida, me...
-¡Llévame contigo y déjame que sueñe un segundo lejos de mi vida!
-Tranquila yo te haré olvidar todo lo que no quieres recordar.


Fausto enfiló su potente vehículo a velocidad moderada sin poder comprender el alcance de aquel sueño que estaba viviendo. Toda una vida deseando a la mujer de su adolescencia y de repente, ella aparecía y le pedía su calor.

Subieron a la zona residencial algo alejada del núcleo urbano. Una preciosa urbanización de bungalows adosados, El coche se detuvo en la zona de garajes. Adriana no supo que número era, ya que entraron en la cochera. Fausto cerró la puerta de acceso al túnel del garaje comunitario y subieron por las escaleras estrechas que conducían a la primera planta.

-¿Qué quieres tomar Adriana?
-Por favor, pon música y si tienes algo de cava o bebida llena de burbujas, pónmela.
-Hecho, guardo una botella siempre en la nevera para ocasiones especiales.

Fue directo a la cocina metió la botella de cava en una cubitera espaciosa, introdujo todo el hielo que halló en el congelador y lo transportó en un carrito de bebidas hacia el salón. Descorchó la botella y sirvió dos copas. Sobre la mesa de centro había una suculenta caja de bombones. Adriana se alegró, tenía a su disposición los ingredientes necesarios que necesitaba para elevar su temperatura erótica.

Hablaron durante una hora de aquellos escasos recuerdos que ambos conservaban de su adolescencia. Desenmascarando en ellos las heridas que ambos pudieron causarse. Adriana indagó con ganas sobre ellos, analizando cada palabra, hallando un amor que no esperaba que se había mantenido perenne en el corazón de Fausto. Impresionada por no haberse dado cuenta a tiempo, de que aquel hombre tan servicial era un enamorado sin valor de manifestar un amor tan grande, se rió de su destino. Había amado tanto a hombres vacíos durante su vida, que valoraba con seriedad a los hombres sinceros que son capaces de amar sin esperanza de conseguir a la que tanto anhelan.

-Fausto, te pido perdón, no debí venir...
-Tranquila, no te diste cuenta porque no era un hombre entonces deseable, no me quería ¿sabes? Por eso nunca me viste como yo a ti.
-No merezco estar aquí, debo irme.
-No, ahora que al fin te tengo te doy a hacer sentir todo mi amor, aunque sólo sea esta noche.

La miró con una profundidad de ser omnipotente. Ella quedó paralizada por el influjo de la magia. Y poco a poco se enlazaron en un beso de tornillo, lengua sobre lengua devorando cada sentimiento que los conectaba a un nuevo momento de voluptuosidad.

La ropa fue cayendo. Los cuerpos sudorosos se dieron fricción. El cava los había atrapado en una nube de risas donde el pudor no existía.

-Quisiera probar algo que siempre quise hacer. Quién mejor que tú para entregar tanta pasión. ¿Me dejas hacer?
-Tuyo soy, Adriana, haz conmigo lo que quieras...

Adriana fijó la mirada directa a los ojos, juguetona. Besó sus labios y fue descendiendo por su pecho. Fausto estaba sentado en un amplio sofá de cuero rojo. Cuando llegó a su zona erógena se encontró con un pene que emergía del sueño. Fue creciendo de manera desorbitada provocando una sensación de sorpresa deseada e ella. Un buen tamaño que la haría disfrutar de una noche especial.

Cogió su pene con una mano y con su boca lo lubricó con saliva. Quería que notara el jugo caliente de su boca que usó a modo de deslizante para poder agitar con más suavidad su miembro. Los ojos de Adriana estaban clavados en los de él estudiando sus emociones y sensaciones. Su respiración comenzaba a agitarse. Iba bien. Chupó, rotó su lengua por le glande humedeciéndolo con dulzura y fue bajando hacia el obturado recto. Besó su zona anal y metió la punta de su lengua en el interior. Su mano continuaba agitando delicadamente su pene que estaba tieso como un cactus en el desierto. Continuó penetrando hacia la zona oscura de su obturación provocando un placer inigualable a Fausto, que jamás había una sensación de evasión tan voluptuosa.

Ella quería compensarle tanto amor y años de resignación y soledad.

Mojó su dedo corazón y cuando su oclusión se relajó, lo metió agitándolo en busca de su próstata. Su boca había regresado a la labor de relamer su pene erecto. Fausto jadeaba, sudaba y contenía ese inminente orgasmo para que aquello no acabara nunca.

-Adriana súbete y termina la faena.
-Ahora mismo.

Le puso el condón con maestría y quitándose sus bragas rojas se dejó caer sobre aquella polla repleta de energía. Estaba tan excitada que el líquido vaginal resbaló por toda su polla antes de meterte por completo en el interior.

Fausto apretó con sus manos sus nalgas duras y volvieron a besarse con ternura.

-Cabalga como una Amazonas experta.
-Verás que bien lo hago, es mi postura preferida.

Comenzó a mover sus caderas apoyando el peso de su cuerpo sobre sus brazos que se sujetaban en el respaldo del sofá. Apoyada sobre la punta de sus pies metía y sacaba la enérgica polla creando sensaciones de placer inmensas para los dos. No quiso que la penetración profunda le restara placer, así que mantuvo un ritmo lento, a media incursión unos diez minutos. Cuando su vagina comenzó a exigirle choque contra el cuello del útero se dejó caer sobre la polla, que desapareció por completo en su humedad rojiza.

Su cuerpo se agitó vigorosamente para alcanzar la meta. Los dos devorados por la necesitad de satisfacerse, se entregaron a un ritmo agitado, pletórico que les conduciría sin dudar, a la orgiástica aventura de alcanzar unos segundos de liberación emocional sublime.

Fue Adriana la que llegó primero. Fausto pensaba en ese momento en cosas negativas de su vida para poder retrasar su evacuación seminal. Necesitaba sentir que ella explotaba para poder derramarse. Fueron escasos los segundos los que los separaron del apoteósico instante de placer lujurioso.

-Ha sido el primer orgasmo que siento con una polla.
-Pues si que has tenido amantes rápidos.
-jajajajajajajajajajja... Si yo te contara.
-Menos mal que aprendí a pensar para no ser como ellos. Te quiero Adriana, me has hecho más feliz que un recién agraciado del premio gordo.
-Y tú a mi, Fausto.

Adriana salió de su cuerpo, le quitó el condón repleto de líquido seminal y lo limpió con a con una toallita de higiene infantil para evitar que su picha se quedara pegada por la viscosidad del semen.

Luego se dejó caer a su lado, agotada. Percibió que sus ojos se cerraban y ambos se durmieron sentados en el sofá abandonándose al sueño angelical que llega tras alcanzar el feliz liberador orgasmo.

Fin

miércoles, 11 de marzo de 2009

El amor por telón



Conserva tu piel fresca, esencia de sonrisas
para que las heridas y enojos no desencadenen
un terremoto donde las emociones sean suicidas .

No te quedes anclado en la orilla de la decepción
donde tus sueños penitentes supliquen al eco sordo.

Escucha, cambia, transita
eleva las ilusiones a otra vida
esa que mereces vivir y no tuviste.

La vida son dos sueños rotos y uno escondido en el nido
sólo para tí llega la oportunidad , esa que no viste dibujar
y necesitaste toda la vida, la buscaste en tantos ojos ansiosos
sin hallarla y hoy, te mira de frente, sólo a ti, sonríe a tu suerte.

Ahora que no querías más suplicios para el corazón
las canas te renuevan las ganas de sentir el amor
se revuelven tus entrañas derribando las telarañas del desamor.

En tus días de madurez temprana
sonríes al amante más inverosímil que te sorprendió una tarde.

Un desplante del destino que te da lo que siempre añoraste
envuelto en una tela que no vestiste por ser de los simples sastres
y al sentirla en tu piel todo cambia, te entalla el alma de diamantes.

Navega, ama y idolatra
por si un día no sientes nada.

Nada ,si el vacío te inflama
Nada, de conformarte con la nada.

Saca un diente blanco al sol resplandeciente
que brillen tus ojos con ironía si de nuevo el amor
se marchita y busca otra flor sensitiva que pliegue
tus sentidos en un solo camino llamado amor.

Vive los días felices para poder recordar que los tuviste
y no dejes que la soledad te llame necio y cobarde
que sepa donde vives y lo que haces, abandónala
mira que lo que digo, hará que ella no te llame de
nuevo algo que no quieres oír; necio y cobarde.