sábado, 30 de agosto de 2014

Mamá, ¿como aprenden a volar los pájaros?

Mamá, ¿cómo aprenden a volar los pájaros?


Juan tiene cinco años, desde la terraza observa con mamá a los pájaros, admira su capacidad de volar. Es agosto, han llegado las golondrinas al parque, son aves de paso, consideradas de la buena suerte según le han contado, controlan la población de las moscas e insectos voladores. Descansan en árboles grandes y frondosos, allí se sienten seguras. Comparten espacio con tórtolas, mirlos, gorriones y todos aquellos pájaros que se escapan de la jaula. Es un refugio perfecto.

En sus paseos de la tarde, mamá extiende una toalla en el suelo y se tumban a mirar el cielo, está alborotado por los sonidos todos los pájaros, es un concierto de paz y locura,para el que se detiene a escuchar. Que bien se llevan todos, piensa Juan y nunca chocan, con lo divertido que sería ver como caen. Incluso los murciélagos acuden al festín de las ocho, hora en la que la actividad es más frenética.

Al principio, le costó distinguir a las golondrinas, había que fijarse en su color blanco por abajo, negras al volar, sus alas curvas, la cola en forma de pajarita, tamaño mediano, más grande que un gorrión pero menos que una tórtola. De vuelo alto, las aves que estaban más alejadas del suelo.

A aquel parque también iba un papá con un niño muy raro. Era mayor que él y sin embargo parecía mucho más pequeño. Su cara era extraña, a menudo le caía la baba. Al contrario que él, apenas hablaba y permanecía quieto mucho rato, hasta que su padre le tomaba la mano y comenzaba a pasear. Mamá le había dicho que era una pena, ese niño tenía Síndrome de Down.

En ese instante, un polluelo de gorrión cayó de un árbol. No sabía volar. Ambos niños corrieron en su busca. Fue Alberto el que con sumo cuidado lo cogió entre sus manos. A él también le gustaban mucho los pájaros. Su padre era criador de periquitos, así que sabía mucho como tratar y coger a una cría.

Juan sintió mucha rabia, aquel niño que parecía que no estaba allí, había sido más rápido que él. Sin duda, era un gran observador. Iba a dar media vuelta cuando Alberto le invitó a coger al gorrión. Su cara cambió y agradecido le devolvió una gran sonrisa.

Tras unos momentos de reflexión, decidieron llevarse al polluelo a casa hasta que aprendiera a volar. Como Juan vivía en frente, se quedara con el.

Al entrar en casa, mamá fue a la terraza para dejarlo allí como les había dicho el papá de Alberto, los gorriones no pueden vivir en jaulas, se mueren de tristeza. Cual fue su sorpresa, al observar por el cristal de la puerta que da al balcón, piar a la cría y ver raudo acudir al padre del gorrión. Parecía muy enfadado piaba con energía, nervioso volaba del suelo a barandilla, parecía estar echándole la bronca al pajarito, que suerte por una vez ser humano pensó Juan. Poco a poco se fue tranquilizando al comprobar que estaba bien. Con regularidad, le llevaba alimento, aunque la mamá de Juan le pusiera agua, galletas y migas de pan.

Desde ese día, Alberto acudía a casa de Juan para pasar un rato y ver como crecía el pequeño polluelo. En una semana, estuvo listo para volar. Al principio, fueron pequeños saltos, pero finalmente les abandonó.

Ambos niños quedaron entristecidos, ya se habían encariñado con aquel gorrión tan gracioso, pero lo aceptaron. Al menos se había salvado.

A partir de aquello, cuando se veían en el parque, jugaban. A veces Juan se aburría porque su amigo no le hacía mucho caso. Pero su mamá le enseñó a comprender que debía tener paciencia, aquel niño era especial y necesitaba tener amigos.

Juan, era el primer amigo de Alberto. A pesar de haber ido al parque todos los días y sentarse cerca de otros niños. Las madres les advertían, con miradas entre miedo y temor, cuando alguno se quedaba parado frente a él con la curiosidad de querer entender porque era tan diferente. Aquel niño era muy obediente, les extrañaba muchísimo.

Al principio, las madres les observaron con tensión e inquietud, era raro ver como un niño de cinco años jugaba con Alberto. No ocurría nada peligroso, al contrario se divertían, así que pronto los demás niños también comenzaron a jugar con él.

Pronto, Alberto fue el niño más conocido y querido del parque. Hacia muchas bromas, era muy cariñoso y pese a tener diez años , podía jugar con todos.

El papá de Alberto, se emocionaba... habían pasado tantos años de soledad, que ver aquello le provocaba lágrimas de alegría que no podía muchas veces esconder a los demás.

Gracias a la afición por los pájaros, dos niños diferentes se hicieron amigos y enseñaron a los demás a aceptar personas que no comprendemos, pero que si nos esforzamos un poquito, nos caerán muy bien.

Conocer a niños diferentes puede ser más divertido que estar aburrido jugando solo, además siempre hay mucho que aprender de personas que no sabes como son, sacó Juan de conclusión. Alberto era más divertido que los pájaros.

-Fin-

Maite Albarrán Feal
29/08/2014

viernes, 29 de agosto de 2014

Dedicado al "Rincón del Poeta"

Titulo
Rincón de calma y paz


Rincón al que llegué
un día sin pensar
ha sido un hogar
he crecido
admirado, compartido
querido y más...

Vuelvo como la nave
a puerto conocido
comparto latidos
visiones, caminos.

Amo la letra del corazón
la calidad del hombre
desnudo sin disfraz.

Os quiero y admiro
volveré siempre
a este lugar.

A Francis Falcón
por dar cuánto da
es bella su alma
intemporal pilar
en su entrega
a esta amistad.


Autor
Derechos de Autor

Maite Albarrán

Me lleva la noche

Eres mi tesoro
ángel disfrazado
de día
bendita luz
de noche.

Tu voz, confiesa:

Vuelvo a ti, mi reina
abatido, flaco
de día, perro de suelas
de noche, rey de merla.

La noche me lleva
en brazos a
dama de comedias
sálvame ahora
de la cólera
rutinaria
de la amarga
obediencia al pan.

Dame tu cuerpo
fresco de dulzor
donde el melón
sabe mejor.

Eleva mi corriente
magia antigua
del amor
al hacer mía
tu piel
bella flor.

Maite Albarrán
29/08/2014

jueves, 28 de agosto de 2014

Julián sufre en la escuela


Julián sufre en la escuela

Julián era un niño de tamaño muy pequeño, había nacido con esta anomalía, su tamaño de mayor, sería inferior a un metro, era enano. En casa se sentía muy feliz, pero al llegar a la escuela sus compañeros de primero de primaria le hacían sentir aún más pequeño.

Su mamá le había dicho que nunca respondiera, que no hiciera caso, así lo dejarían en paz. Pero mamá no los escuchaba a todas horas diciéndole:” enano”, “vete al circo”, “tienes cara de mono”, “te vistes con la ropa de los bebés “etc. Los niños pueden ser muy crueles cuando se lo proponen, pensaba.

Los que no participaban en las burlas, no querían ser amigo de él. Temían si lo aceptaban, que los demás hicieran lo mismo con ellos. Así que Julián pasaba las horas solo, sin jugar ni participar en nada, eso lo entristecía de tal modo, que todos los días salía de la escuela con lágrimas. Era un sitio horrible donde no quería ir. Allí todos eran malos. Nadie era amable con él.

Ela, llevaba tiempo observándolo. Era una niña muy cariñosa, con gran iniciativa y mucho amor por los demás. Los niños la respetaban por sus explicaciones, parecía tan lista, además a casi todos había hecho favores, era una compañera genial. Así que un día decidió ser amiga de aquel niño tan triste, fue a su lado y pasó todo el recreo hablando con él.

Los demás niños, no se atrevieron a insultarle ese día. Pero esperaban que pronto dejaría de tener interés por el enano, era tan feo que no entendían como quería ser amiga de algo así.

Ela, al conversar, escuchó su voz tan insegura, temeroso de contestar a todo, sintió mucha pena porque comprendió la necesidad de afecto de Julián, las ganas que tenía de ser aceptado, el miedo a que le hicieran daño si se defendía y la rabia contenida de estar tan aislado. Así que ideó un plan, le pediría a su profesor que contara un cuento. Ella lo traería de casa.

Al día siguiente, su profesor Rafael leyó para todos los niños en honor a Ela un cuento “El enano de la Tierra Mágica”. En el, se narraba la historia de como un enano había salvado a un pueblo indígena de la selva del amazonas del ataque de otra tribu. La admiración que sintieron los niños por ese personaje hizo que su actitud cambiara frente a Julián. Además el profesor, reforzó el cuento hablando de la importancia de los enanos en la maravillosa trilogía de J.R.R Tolkien “ “El señor de los Anillos”, en la cual los enanos habían construido las maravillosas minas de plata guardando un gran tesoro, pese a su tamaño era valientes guerreros. Muy feroces, llenos de lealtad y coraje.

Al finalizar la historia, Ela les convenció de que aquel cuento era de la familia de Julián. Él era descendiente directo de aquel feroz guerrero.

Los niños, a partir de ese momento, quisieron ser su amigo. Algunos se disculparon arrepentidos por los insultos y burlas, otros lo ignoraron, pero con respeto.

Desde aquel mágico día, la escuela dejó de ser un tormento para Julián. Ahora jugaba al fútbol, a las canicas, al pilla pilla y a veces sacaba partido a su pequeño tamaño para favorecer a los demás.

Ela se convirtió en su amiga inseparable, supo recompensar a esta niña tan generosa con su corazón bondadoso. Julián la amó con toda su fuerza, ella hizo posible que fuera siempre feliz y los demás no hicieran de su diferencia un motivo para el rechazo.

Fue su amiga para siempre. Cuando crecieron en edad, él seguía teniendo la estatura de seis años y ella la de mujer muy hermosa.

-Fin-

Elvira la ganadora


-Elvira, ¿has terminado ya?¡ Debes darte prisa si quieres que lleguemos a tiempo al entrenamiento de tu grupo es las cuatro y media!- dijo su madre tratando de calmar su impaciencia.
-Estoy casi a punto, mamá- respondió ella con gran ansiedad- mientras observaba que aún le quedaba estudiar lengua.

Tras darle un gran beso en reconocimiento a su deber cumplido, madre e hija se montaron en el coche en dirección al campo de entrenamiento. Elvira era pese a su juventud, una promesa del atletismo, había ganado varias medallas y en el colegio era considerada una estrella del deporte, además de ser la primera de su clase, todas sus notas eran de sobresaliente.
En el trayecto, a Elvira se le ocurrió una idea genial;
-Mamá, he pensado que quiero ser ladrona de bancos, así no tendré que estudiar-exclamó con gran satisfacción-
-Elvira, cariño, los ladrones de bancos, son delincuentes y siempre acaban encerrados. Tienes que estudiar, ves a ese que está en la esquina? El que está pidiendo? Está ahí por no querer estudiar si hubiera querido esforzarse, tendría una vida buena.
-Vale lo entiendo, estudiaré mamá y seguiré esforzándome a tope -respondió elevando la voz- trataba de contener la rabia de tener que estar siempre tan ocupada.

Al llegar al campo, comenzó a entrenar, sus compañeros apenas la saludaron. A veces pensaba que eran sus únicos amigos, pero cuando empezaba la competición se daba cuenta de que sólo eran compañeros, apenas jugaban a nada. Aquella tarde notó una molestia al entrenar y su monitor le dijo que descansara. Así que fue hacia un árbol y se sentó, quedó dormida en pocos minutos y empezó a soñar.
Se despertó en un mundo nuevo, no estaba su madre y tampoco el equipo. Sintió un escalofrío y tuvo ganas de volver, pero era valiente y decidió seguir adelante. El camino estaba lleno de luz pronto pudo ver el mar, corrió contenta hacia la orilla, estaba recogiendo piedras y conchas, cuando de repente, vio a una niña de su edad, le estaba sonriendo. Llevaba uno vestido viejo y sucio, su pelo era negro, estaba revuelto, sus pies descalzos, se acercó y comenzó a recoger conchas y piedras para Elvira.
Le costó sonreír. ¿Qué pensaría su madre si se hacia una amiga así? Seguro que era la hija de algún pescador pobre, no habría ido a la escuela, no era de su posición... aún así no pudo evitar querer jugar con ella.
La niña tenía ganas de correr y comenzó una carrera con el desafío ¡a ver si me coges! Con su risa se fue alejando. Elvira tuvo ganas de decir que era campeona, pero en su lugar salió al la carrera detrás de la niña, la alcanzó y le tendió la mano. Juntas corrieron, rieron y jugaron muy felices.
De repente alguien tocó el hombro, iba a despertarse cuando escuchó “Elvira, no me olvides, sonríe mucho y aprende a compartir, es más fácil todo si te ayudas de otros, el éxito está en disfrutar tus hazañas con los demás, te quiero”
A partir de ese día todo cambió. Elvira siguió compitiendo y ganando medallas pero esta vez, se esforzaba por compartir con sus compañeros aquellas estrategias que le habían funcionado bien. Sus notas descendieron, su madre, alarmada la amenazó con sacarla del equipo, pero observó la gran tristeza que provocaba esa idea en los ojos de su hija. Al fin que comprendió, las metas que le había impuesto no eran las que la niña quería tener. Tuvo que aceptar que Elvira dejara de ser la mejor alumna de su colegio para ser la mejor amiga de sus amigos.
Fin

Gustavo en el estanque de las ranas

A Gustavo le gustaba ir al estanque. Siempre encontraba ranas tomando el sol. Era muy divertido observarlas en sus “croacs” y seguir sus pequeños saltos. Acudía allí todos los días, miraba como aquellos seres angelicales engullían insectos sin piedad. A veces, las patitas de los de gran tamaño asomaban en la comisura de sus grandes bocas, entonces la rana levantaba la cabeza hacia atrás para poderlo tragar. Sus ojos negros, le inspiraban mucha dulzura. Ansiaba cazar alguna para tener una mascota.

Una sola vez, tuvo la oportunidad de atrapar a una descuidada rana que ignoraba su presencia mientras tomaba el sol.

-¡Me haces daño, suéltame ahora mismo, estúpido niño sin cerebro!-gritó enfurecida al verse presa entre las manos del niño- ehhh, esperad, es sólo un niño, no dirá nada ¿verdad, chavalín?, no, no me dejéis aquí ¡volved hermanas!

Había roto el pacto de silencio, todas las ranas lo mantienen para que el ser humano no trate de cazarlas como a los sapos. En menuda persecución se vieron cuando inventaron el cuento de besar sapos para convertirlos en príncipes. Que repugnancia sentir el beso de tantas mujeres buscando su hombre ideal. Como no saben distinguir un sapo de una rana...Ya no podría volver con las de su especie.

-¡Hablas!-exclamó el niño entusiasmado-no puedo creerlo-¿Tienes poderes o algo así? Dime, como te llamas?
-Ajjjjjjjj... acabas de arruinar mi vida de rana ¿ que seré, tu mascota? Prefiero morirme. Me llamo Carmelo.
-Oh, no, no. Antes buscaba una mascota. Con la inteligencia que tienes y el poder del habla serás mi amigo. Yo me llamo Gustavo.
-Bien, seremos amigos, no le cuentes a nadie nuestro secreto.
-Trato hecho, Carmelo, chócala!

Carmelo hizo un gesto a modo de querer extender su mano en el aire. A partir de ese día la rana y el niño aprendieron a jugar a muchos juegos divertidos de los que ambos sacaban lo mejor de si mismos. Pero un día, el niño observó que a Carmelo le habían salido unas verrugas muy feas por todo el cuerpo. Al principio, no dijo nada, pero viendo que no desaparecían le preguntó:
-Oye, Carmelo, esos bultos que tienes... ¿cuándo desaparecerán?
-No sabría decirte, amigo.
La rana era realmente fea. Su color verde intenso se había tornado gris hoja de otoño. Parecía una masa de carne con ojos.

Gustavo calló. Aquella tarde, había decidido que se despediría de su amigo. No soportaba aquellas cosas tan horribles sobre su piel. Así que a la hora de marcharse, le hizo saber que no volvería más. Él era un niño muy guapo y no quería contagiarse de aquellas cosas tan feas.

La rana lo entendió y no puso objeciones a su decisión, se despidieron con profunda tristeza. Porque a pesar de su aspecto, aquel que dejaba atrás era su mejor amigo.

Pasaron los años, Gustavo creció y se convirtió en un adolescente muy guapo. Alto, rubio y con unos ojos negros muy expresivos. No dejó de echar de menos a Carmelo.
Cuando iba a cumplir dieciocho años, una gitana le maldijo por no querer comprar un brote de romero. Al principio, no pasó nada, pero aquella gitana era en realidad el Mago del Bosque que trató de remediar la soledad de Carmelo dando un escarmiento al joven Gustavo.

Sin explicación, comenzaron a crecerle unas enormes hojas por todo el cuerpo. Al principio, su madre las cortaba, pero cuanto más lo hacía, más rápido volvían a salir. Las hojas, se volvieron de color marrón y supuraban un liquido de mal olor. Pronto, sus padres le aconsejaron que se ocultara en el bosque, porque allí pasaría más desapercibido. Prometieron visitarle.

Acudían a menudo, disimulaban haciendo ver que iban a pasear pero siempre se paraban en el mismo árbol. Para ellos era una vergüenza en lo que se había convertido su hijo. Así que a sus amistades les dijeron que Gustavo estudiaba en el extranjero. Era inaceptable tener un hijo así. Pronto dejaron de ir a verle, era lo mejor. Ellos eran muy bellos.

Pasaron los años y Gustavo se convirtió en un hombre alto con forma de árbol. Chorreaba liquido maloliente y acudía a lavarse al río. Un día, por sorpresa vio una rana gorda y verrugosa tomando el sol sobre una roca. No pudo evitar, gritar su nombre. Carmelo miraba en todas las direcciones emocionado, era su amigo, habían pasado tantos años...hoy sería un hombre, por eso no lo veía.
-¡Carmelo, soy yo, Gustavo! Estoy frente a ti- dijo emocionado con la voz quebrada-
-¿Quién me llama? -preguntó la rana.
-Mira al árbol, soy yo.

La rana Carmelo, al ver en que se había convertido su amigo, se quedó callada. Meditó unos instantes antes de saltar encima de su cabeza para oír mejor su historia. Mientras Gustavo, resumía en minutos, todos esos años de soledad. De repente, la tristeza inundó los ojos de la rana y comenzó a derramar lágrimas inmensas de color azul sobre el árbol. Pronto, el hombre-árbol, se volvió de color azul. La capa endurecida fue derretida por el sol, que en ese instante, lucía con toda su intensidad.

Emergió un hombre muy bello de aquel caparazón azul. Era de nuevo, perfecto. Ya no tenía hojas marrones que supuraban sustancias desagradables. Al verse reflejado en el río, sintió una emoción de gratitud tan intensa,que no pudo menos que coger a su amigo y estrecharlo entre sus manos, con gran amor. Sin querer, empezó a llorar lágrimas de color naranja y en pocos minutos, la rana estaba cubierta como una estatua. De nuevo el sol, hizo posible la rara metamorfosis.

Al romper el caparazón naranja, Carmelo era una rana verde perfecta.

El hombre y la rana nunca más se separaron. Pasaron sus días compartiendo su vida, entre bromas y risas.

Un día ya muy lejano, alguien encontró a Gustavo frío en el sofá. Tenía noventa años, entre sus manos sostenía una rana gorda de color marrón de aspecto verrugoso, a pesar de la curación milagrosa le volvieron a salir verrugas, pero su amigo el hombre nunca más lo volvió a abandonar.
Nadie supo quien murió primero, pero todos quieren creer que la rana no fue capaz de abandonar a su amigo y descansó entre sus manos hasta el final. Las lágrimas la hicieron tener la inmortalidad de los humanos y en ellas unió su vida a la del hombre.


-Fin-

Ganas

Si la noche se quedara a oscuras
vería en tus ojos la luz de la Luna.

El amor es la paz a oscuras
nos une el calor de estar
en este tranquilo hogar.

Tus manos de piel dura
acarician mis caderas
despiertan atentas
ante tu calentura.

Ternura de timonel
hecho de silencio
corazón de tigre
me das
una, dos, tres
¡más!





Maite Albarrán
28/08/2014

viernes, 1 de agosto de 2014

Me llamó la Luna







Cantaba mi nombre

en los labios de hombre

oí sonar la canción

de Luna.



¡Amor del puro

salió del alma

de cascarón duro!



Me agarró la Luna

sin esperar

disfruté en silencio

del mar infinito y negro

del beso más profuso

nacido en roca de sable.



En la arena

me untó la carne.



Sangre de pasión

quemó la tarde.



Sigo brillante

a este amor

tan triunfante.



Batido de cante

de Luna en nos

atrapó con ansía

la red de plata
al sordo corazón.





Mendigo


Mendigo(haiku)

Dar saludo es
consuelo del mendigo
fácil palabra.

Mendigo



Para todos los que pierden las ganas de ser.





Mendigo

Eslabón perdido
vive sin reglas
en la calle del olvido
anclado al asfalto del no
puedo cambiar, ni quiero
le cobija el silencio
de la amarga soledad.

Observa desde abajo
al rojo brillante hablar
en labios vacuos de amor
mienten, es constante
carrera de triunfantes
ignoran al corazón.

Rumbo perdido
sigue el silbido
de la libertad.

Maestro de las malas batallas
infinita paciencia de manos
sucias y llenas de chatarra.

Ejemplar consecuencia
utilizan las madres
es el coco del porvenir
sino sigues la norma.

Mendigo del amor
sobrado de valor
enfrenta al silencio
con sus ojos brillantes
cuencas profundas
donde adormece
la inmensa calma
de noches sin estrellas
días de sol sin calor.