

Ojos de paloma sobre corazón de gavilán
Era un día soleado de primavera en aquella zona de cerros bajos y sotobosque frondoso. Morada de pequeñas criaturas de pequeño tamaño como liebres y conejos, insectos de todas las especies que se iniciaban en la lucha de perpetuar la especie. Flora rica y variada alimentaba a esa legión de chupadores de néctares y parásitos ; abejorros, abejas, avispas, escarabajos, mariquitas etc, pululaban como una nube de voladores sobre la manzanilla, romero, jaras, margaritas y amapolas que embriagadas por las atenciones creaban una orgía de luz y color que despertando alegría en todos los seres como una suave canción de esperanza para la nueva generación incipiente.
Todos tomaban la aserción de que el dueño de aquellas tierras era un gavilán hermoso y joven, que atisbaba una posible presa en el tronco de un viejo roble. Sus poderosas patas amarillas hacían crujir la madera, se le notaba inquieto , llevaba horas allí sin cazar nada. Sus hermosos y profundos ojos anaranjados lo dotaban de una dureza y bravura envidiable, contorneados con maestría por un amarillo claro que entonaba en sintonía con la parte superior nasal junto al pico que era oscuro, color pizarra, afilado, curvado y crecido para asestar el golpe mortal .
De repente una joven paloma blanca, de hermosos ojos negros dulces cruzaba por el sotobosque a bajo vuelo. La indefensa y primeriza ave, no estaba aleccionada en los peligros de la vida y cometió el error de cruzar una zona abierta, regentada por las aves de presa de pequeña envergadura como los gavilanes.
El rapaz al descubrirla no pudo creer en su suerte, que poco le iba a costar darle caza, pronto inició sus maniobras de acecho y la atacó con sus garras afiladas en pleno vuelo. Tras un zarpazo con sus poderosas y mortales uñas puntiagudas, la paloma cayó herida al suelo entre los matorrales, el gavilán la acechó y justo cuando se disponía a asestarle el golpe mortal con su pico la miró a los ojos. Su corazón quedó traspasado por la dulzura de aquellos ojos tan indefensos y sintiéndose desorientado por primera vez en al vida, levantó el vuelo y abandonó la presa a toda prisa.
La paloma atontada, sin saber muy bien lo que había ocurrido logró incorporarse, estaba superficialmente herida pero no de gravedad. Miró alejarse al ave de presa y comprendió lo que había ocurrido, se había salvado de puro milagro.
Pasaron algunos meses antes de que ambos volvieran a encontrarse. Ya para entonces la paloma había desarrollado un poder de seducción sublime, su delicada silueta y compostura volvían locos a todos los palomos de su alrededor.
El gavilán al verla volar de nuevo retomó el sentir la emoción primera, cuando sin pretenderlo se convirtió en presa por le impacto de aquellos ojos inmensos. De nuevo sobresaltado por el latir de un sentimiento desconocido, quiso retenerla y la única opción que se le ocurrió fue volver a darle caza. Cuando la paloma acuciada por el deseo de morir al instante, mientras era sujetada por las poderosas garras del ave, abandonada a su triste final, sintió una sensación diferente a la de la muerte, el picoteo amoroso del gavilán en pico rosáceo . Luego salió volando al alto pino donde se encontraba su puesto de vigía ese día.
La paloma esta vez sin haber sido herida, se quedó meditando este extraño comportamiento del depredador. Como era una ave presumida e inteligente, se fue a visitar a su acosador, envalentonada por la forma en la que ambas veces el gavilán le había perdonado la vida.
Una vez posada en una rama de menor altura , mostrando respeto y sumisión, al de la rapaz se atrevió a susurrar:
-Buenas tardes señor Gavilán, veo que se divierte mucho dándome caza y luego perdonándome la vida, no crea que no estoy agradecida por su benevolencia, más bien me hallo algo contrariada por la causa por la cual Ud. me da caza y luego me perdona la vida.
-El gavilán que no podía contener la agitación de verla tan cerca de él, fingiendo una estupidez innata, ni la miró, siguió callado en una actitud de superioridad total.
Ella al no ser correspondida se atrevió a proseguir:
-He pensado que quizás pudiéramos ser amigos a partir de ahora y vernos sin que me tenga que derribar, sería algo extraño nuestra intimidad, pero creo que le caigo bien a Ud.
-Ahora ya no pudo contenerse más, lleno de un arrebato intenso de pasión, se acercó a ella y volvió a picotear en su pico con un amor desmesurado que sorprendió a la paloma. Que comprendiendo las intenciones ridículas de aquel pajarraco asesino, salió despavorida llena de rabia e ira, a su refugio natural el hueco de una roca en aquel lugar de cerros bajos.
A partir de aquel momento, permanecieron juntos sin parecer estarlo. Durante el día ambos se observaban con disimulo, eran muchos los cruces de vuelo de ambas aves, algo extraño fue creciendo entre ambos, hasta que un día un hermoso palomo oscuro quiso conquistarla para formar pareja.
El gavilán al ver que su amor podía ser robado por aquel hermoso palomo de colores llamativos y pecho inflado, lo mató de forma inmediata antes de que lograra su fin, en pleno vuelo y lo devoró con desafiante advertencia para posibles pretendientes.
La paloma lo observó todo horrorizada. Al fin comprendió el alcance del amor del Gavilán y aunque lo temía voló a su encuentro entregándose sin más dilaciones. De esta unión nacieron dos polluelos hermosos, uno era de la raza del padre gavilán y el otro del de la madre paloma.
Ambos hermanos fueron criados con dulzura por sus progenitores y desde aquel día existe un código de honor que empareja a gavilanes y palomas y que prohíbe a todas las rapaces emparentadas con los gavilanes cazar palomas.
Todos tomaban la aserción de que el dueño de aquellas tierras era un gavilán hermoso y joven, que atisbaba una posible presa en el tronco de un viejo roble. Sus poderosas patas amarillas hacían crujir la madera, se le notaba inquieto , llevaba horas allí sin cazar nada. Sus hermosos y profundos ojos anaranjados lo dotaban de una dureza y bravura envidiable, contorneados con maestría por un amarillo claro que entonaba en sintonía con la parte superior nasal junto al pico que era oscuro, color pizarra, afilado, curvado y crecido para asestar el golpe mortal .
De repente una joven paloma blanca, de hermosos ojos negros dulces cruzaba por el sotobosque a bajo vuelo. La indefensa y primeriza ave, no estaba aleccionada en los peligros de la vida y cometió el error de cruzar una zona abierta, regentada por las aves de presa de pequeña envergadura como los gavilanes.
El rapaz al descubrirla no pudo creer en su suerte, que poco le iba a costar darle caza, pronto inició sus maniobras de acecho y la atacó con sus garras afiladas en pleno vuelo. Tras un zarpazo con sus poderosas y mortales uñas puntiagudas, la paloma cayó herida al suelo entre los matorrales, el gavilán la acechó y justo cuando se disponía a asestarle el golpe mortal con su pico la miró a los ojos. Su corazón quedó traspasado por la dulzura de aquellos ojos tan indefensos y sintiéndose desorientado por primera vez en al vida, levantó el vuelo y abandonó la presa a toda prisa.
La paloma atontada, sin saber muy bien lo que había ocurrido logró incorporarse, estaba superficialmente herida pero no de gravedad. Miró alejarse al ave de presa y comprendió lo que había ocurrido, se había salvado de puro milagro.
Pasaron algunos meses antes de que ambos volvieran a encontrarse. Ya para entonces la paloma había desarrollado un poder de seducción sublime, su delicada silueta y compostura volvían locos a todos los palomos de su alrededor.
El gavilán al verla volar de nuevo retomó el sentir la emoción primera, cuando sin pretenderlo se convirtió en presa por le impacto de aquellos ojos inmensos. De nuevo sobresaltado por el latir de un sentimiento desconocido, quiso retenerla y la única opción que se le ocurrió fue volver a darle caza. Cuando la paloma acuciada por el deseo de morir al instante, mientras era sujetada por las poderosas garras del ave, abandonada a su triste final, sintió una sensación diferente a la de la muerte, el picoteo amoroso del gavilán en pico rosáceo . Luego salió volando al alto pino donde se encontraba su puesto de vigía ese día.
La paloma esta vez sin haber sido herida, se quedó meditando este extraño comportamiento del depredador. Como era una ave presumida e inteligente, se fue a visitar a su acosador, envalentonada por la forma en la que ambas veces el gavilán le había perdonado la vida.
Una vez posada en una rama de menor altura , mostrando respeto y sumisión, al de la rapaz se atrevió a susurrar:
-Buenas tardes señor Gavilán, veo que se divierte mucho dándome caza y luego perdonándome la vida, no crea que no estoy agradecida por su benevolencia, más bien me hallo algo contrariada por la causa por la cual Ud. me da caza y luego me perdona la vida.
-El gavilán que no podía contener la agitación de verla tan cerca de él, fingiendo una estupidez innata, ni la miró, siguió callado en una actitud de superioridad total.
Ella al no ser correspondida se atrevió a proseguir:
-He pensado que quizás pudiéramos ser amigos a partir de ahora y vernos sin que me tenga que derribar, sería algo extraño nuestra intimidad, pero creo que le caigo bien a Ud.
-Ahora ya no pudo contenerse más, lleno de un arrebato intenso de pasión, se acercó a ella y volvió a picotear en su pico con un amor desmesurado que sorprendió a la paloma. Que comprendiendo las intenciones ridículas de aquel pajarraco asesino, salió despavorida llena de rabia e ira, a su refugio natural el hueco de una roca en aquel lugar de cerros bajos.
A partir de aquel momento, permanecieron juntos sin parecer estarlo. Durante el día ambos se observaban con disimulo, eran muchos los cruces de vuelo de ambas aves, algo extraño fue creciendo entre ambos, hasta que un día un hermoso palomo oscuro quiso conquistarla para formar pareja.
El gavilán al ver que su amor podía ser robado por aquel hermoso palomo de colores llamativos y pecho inflado, lo mató de forma inmediata antes de que lograra su fin, en pleno vuelo y lo devoró con desafiante advertencia para posibles pretendientes.
La paloma lo observó todo horrorizada. Al fin comprendió el alcance del amor del Gavilán y aunque lo temía voló a su encuentro entregándose sin más dilaciones. De esta unión nacieron dos polluelos hermosos, uno era de la raza del padre gavilán y el otro del de la madre paloma.
Ambos hermanos fueron criados con dulzura por sus progenitores y desde aquel día existe un código de honor que empareja a gavilanes y palomas y que prohíbe a todas las rapaces emparentadas con los gavilanes cazar palomas.
Fin