miércoles, 4 de octubre de 2017

Defender la unidad Constitución 1978

Todo empezó cuando tenía 34 años ( hace más de diez de esto) y en un foro de informática que no citaré se agitaban ideas de “nacionalistas catalanes” que incluso se atrevía uno de ellos a escribir en una lengua diferente para no usar el castellano. Una bufonada ofensiva que finalmente la gente aceptaba como a un quijote luchando contra molinos de viento. Escribía una jerga llenas de k...su sello catalán.

Seguí la manipulación en la cual querían convencerme que valenciano y catalán era lo mismo. Por suerte no caí en la trampa. Ellos han conseguido convencer a muchos para su liderazgo lingüístico, que la cultura valenciana no existe, como hicieron con los mallorquines, sueñan con una país, el catala, no el nuestro.

Son manipuladores y grandes estrategas para conseguir sus “objetivos todo vale”. Me refiero a los nacionalistas catalanes, los que tratan de imponer un estado, una lengua y una país basado en la falta de Ley.

Soy valenciana, respeto la cultura valenciana y el día que pase a llamarse catalán, entonces estaremos perdidos. Tendremos que conservar bien nuestros libros valencianos para no ser borrados del mapa por ellos, porque así actúan.

El movimiento político generado por los nacionalistas catalanes que llevan años contaminando y aprovechando la situación para sacar provecho de ello, ha provocado un quebrantamiento de la paz y el orden dentro de su propio territorio, Cataluña.

Familias, amigos, personas que antes aceptaban usar dos lenguas, ambas oficiales, se ven obligadas a decidir. O eres de España o eres de Cataluña. Si antes eran las dos cosas ¿porqué hay que decidirse por una?

Estos movimientos nacionalistas son una copia del sistema franquista. Sólo han copiado un sistema represivo y lo han hecho propio, añadiendo el título de “catalán”.

Si me mojo hasta las cejas en esto es porque está en juego la más bonita Ley que defiendo, nuestra Constitución Española, copia del Estatuto ya sea catalán, gallego, valenciano, asturiano, navarro, vasco, andaluz, murciano etc

Está en juego la voluntad de nuestros padres o sea la Constitución de 1978, copia del Estatuto autonómico de cualquier región española, aunque muchos no lo sepan.


Si hoy en día la sociedad quiere un cambio, que lo inicie, hay mecanismos para hacerlo dentro de la propia Constitución ( voluntad de todos). Cuando se proclama interesadamente la voluntad de una minoría que utiliza el victimismo y hechos antiguos para justificar posturas que no están en concordancia con el estado presente, estamos ante un golpe de Estado y una situación crítica si España unida no actúa.

Si vivimos en Europa, una asociación de países de diferentes lenguas, culturas,monedas ¿Cómo vamos a sobrevivir sin un sistema que nos defienda a todos por igual?


Sin duda la falta de valores, lealtad, unión y solidaridad hacia todos y por todos, está presente en la mente corrupta de los políticos catalanes que conducen a su pueblo, nuestro pueblo al caos.

domingo, 27 de agosto de 2017

Tres castañas amargas

Tres castañas amargas

Una gota
de silencio
me resume.

Soy
silencio
soy
realidad.

La mejor palabra
no es la pronunciada
sino la que rebota
una y otra vez
en la conciencia
humana.
(Maite Albarrán)

Ha pasado un año. Las castañas redondas, oscuras, suaves al tacto, de piel dura y carne blanca vuelven a inundar con el recuerdo de su dulce sabor este incipiente otoño. Me incita el corazón alborotado a comprarlas, ruges con furia en mi mente, vuelvo a añorarte.

No he olvidado tu último regalo, las castañas gallegas. Las trajiste en avión para nosotras, tus hijas. En el último viaje a tu tierra a la que regresaste para despedirte, la que te vio nacer, sabiendo que allí no tenías nada a lo que aferrarte, salvo el olor a castañas y algún lejano recuerdo de olor a familia.

No me arrepiento de alejarme de la oscuridad que irradiabas, luz de tinieblas, no percibías lo confusa que fue tu existencia. Fuerza de ira fue tu motor a diario para enfrentar, incapaz de vivir en paz, sólo sembrabas heridas y sufrimiento. Eras un volcán en erupción donde los sentimientos escupían lava caliente de rencor, soberbia, orgullo y resentimiento.

El anuncio de tu terrible enfermedad me hizo prometerme después de dos años sin saber de ti, que debía mantenerme lejos para no verte morir, sabía que sería una sinrazón de la cual no quería contagiarme. No quería terminar odiándote, sí eras grande aunque perdida, debía mantenerme a salvo y sólo observar.

Ni tú misma pudiste comprender en qué consistía tener un cáncer terminal. Ni anticipar la falta que te iba a hacer el amor del que te mantuviste alejada, sólo interesaba satisfacer el deseo material con un nuevo deseo, que nada aportaba, pero te entretenía poseer y poseer, objetos que todos codiciaban. El mal humano es desear y desear cosas que no sirven más que para seguir ciego ¿verdad?
¿De qué sirve el dinero ahora? Recuerdo que te pregunté, sin embargo necesitabas seguir poseyéndolo era todo para ti, todo a lo que te aferraste durante toda una vida, lo único importante que debías mantener a tu lado hasta que...no adelantaré la historia.

La muerte ocurrirá segura pero sin fecha. Cuando viene anunciada por el reloj de una enfermedad inesperada lo cambia todo, es la peor de todas las muertes, el elegido se aferra a una vida que no sabe vivir pero que desea poseer porque se cree de su propiedad y dominio, aún rabiando. Son desconocidos aún los estragos que a de causar en los vivos y en los que se van. Yo la he visto, la he mirado a los ojos y ante ella, todos cambian, les retuerce hasta darse cuenta de lo importante, lo necesario que es el amor para aceptarla, así no duele morir.

Ver tu debilidad me impresionó, no estaba acostumbrada a verte trasformada, casi ni te reconocí, salvo por la firma constante de un resentimiento en una sonrisa torcida que me hizo sentir culpable, del juicio diferente a mis ojos, en el cual yo era la acusada y tú la victima.

Fuiste empeorando día a día. Eras una hoja de otoño que pasaba de tener un fulgor verdoso a estar marrón, crujiente y seca.
Yo te observaba visita tras visita, intentando olvidarme de esa oscura enfermedad, tratando de entretener a tus neuronas, sonriendo y cambiando el tema triste que sonaba en el silencio de tu apagada casa. Pero tú sólo sabías ser protagonista de un sin fin de dolores y complicaciones para demandar toda la atención, sin importarte nada de los demás. Tras la visita mascaba tanta confusión, que sólo me daba aprovechar mi tiempo, sin saberlo me enseñabas a valorar esa vida que no es mía y amar incondicionalmente el placer de estar viva. Yo era una parte de ti, que se quedaría un tiempo más en este mundo con un final diferente, o eso me daba fuerzas para enfrentar.

Toda el agua que bebías era insuficiente para apagar tu sed. Aún recuerdo la visita angustiosa al hospital donde conocí a tu momentánea compañera de habitación. Te ingresaron en la planta de los que sólo esperan morir con dignidad. Atreverme a ir a verte, ante tu llamada que contesté en mitad de la clase de inglés que recibía en ese momento fue una decisión emocional, “te morías decías y querías despedirte”. Cogí el tren entre cortinas de lágrimas que veía brotar sin explicación, mi corazón te amaba. Nunca he llorado caminando entre la gente, era imposible contener el dolor del que era presa. Debía tener una imagen deplorable, porque todos al verme sentían que algo horrible estaba sucediendo. Lo dejé todo, el curso, el trabajo para reunirme con tu voz.

Te creía, vamos que lo creía... esta vez no podías fingir o mentir... ( así lo presentí)
Supe que te morías, no lo acepté al principio, aún sabiendo que no había forma de detener a la muerte. Al entrar en la habitación del hospital, te encontré dormida. Todos lloraban creyéndote muerta. Al coger tu mano, noté el calor de tus venas. El mismo que en la infancia me consolaba y trasmitía seguridad, llegó como un recuerdo desgarrador, porque las circunstancias eran diferentes. Nuestros cerebros estuvieron conectados de nuevo, no nos alejaba tu incomprensible manera de ser depresiva, donde destruías, sin saber lo que hacías, todo lo que amabas. Aquella hostilidad oscura que te llenaba de rabia por dentro y por fuera, aquella furia de palabras hirientes contra todo y contra todos fue la que terminó atrapándote en el silencioso cáncer que se propagó por tus células como un vino amargo. Tú, que toda tu vida viviste temiendo a la muerte y matándote de soledad, donde te entretenía un licor y un aire viciado de tabaco por compañía.

Me miraste suplicante “me muero”. Tus palabras impactaron de nuevo, torrente de lágrimas. No querías estar al lado de esa mujer, tu compañera de habitación, sin familia que no sabíamos lo mal que estaba . La noche se la llevó atormentándote. Tuve mi primer acercamiento a la muerte.

Aún conservo la mirada de aquella extraña mujer que me pidió que le ayudara a encontrar el cacao entre sus sábanas para sus labios resecos. Era piel y huesos, de mirada perdida al techo, sin esperanza. Tuviste otra compañera y al día siguiente falleció también. Estabas en la planta donde la muerte venía a recoger a las almas en horas, la última del hospital cerca del Cielo de las lamentaciones.

Saliste de aquella habitación, para mi sorpresa ( te morías y querías despedirte) venciendo a tu achaque ocasional para ser definitivamente desahuciada. A partir de ese momento se encargaron otros de ti, no quise verte morir de cerca tras tantos años de alejamiento. Nuestros caracteres tan diferentes no debían encontrarse, no era momento de juicios y verdades. Nunca nos comprendimos, esa fue la razón.

Sabes, tuve que perdonarte sin pedir disculpas como era costumbre en ti, Si hubiera comprendido la mente humana, las enfermedades que la acechan sin diagnosticar, si te hubiera aceptado desde la comprensión, madre, todo hubiera un juego de estrategias para poder tratarte.

Esperé sin recompensa que fueras capaz de cambiar mentiras y liberarte, pero una vez creadas se convertían en verdad. Tenías la habilidad en tu cabeza de hacer por cierta la historia y nadie se atrevía a dudar de tu relato, porque lo hacías con tanta pasión que revivías la ofensa con deleite victimista para contarlo hasta aburrir. Contribuí con mi manera de alejarme en silencio a tu castigo, sembré ausencia por más de veinte años de continuas disputas donde no agradecía tus pequeños esfuerzos o compensaciones, no soportaba tu manera de obtener las cosas. No podía entender tus ganas de aferrarte al dolor, al sufrimiento como compañía constante, yo que necesitaba paz y calma.

Sin duda yo tuve más errores que tú, creyéndome honesta, no me di cuenta de tu bello corazón oculto entre tinieblas de soledad. Nunca te dejó tu orgullo doblegarte a pedir perdón por el daño que causabas, sólo dejabas que pasara el tiempo suficiente para olvidar. En este final que se anunciaba necesitaba que te marcharas en paz.

Estuve en todo el proceso de la enfermedad desde mi puesto seguro, la observación a distancia. Mis visitas fueron de tarde en tarde. Seguías siendo tú, reclamar toda la atención para ti sin importarte las necesidades de los demás. Ahora no podía ser, debía mantenerme bien para seguir siendo la rescatadora de los míos. Y fueron momentos de mucha adversidad, donde todo se tiñó de negro, mi vida se convirtió al negro donde el trabajo y la familia me dañaban, por querer ser feliz donde nadie lo era. Abandoné el trabajo...nada de oscuridad y dolor.

Pensaba que diciendo que me dabas igual, conseguiría creerlo, pero no era así. Estaba profundamente confundida inmersa en el pánico que me provocaba tu padecimiento diario, sin saber en qué momento terminaría todo.

Tras cada visita se me grabaron tus pasos. Te quejabas de manera continua de que no podías andar. Creo que esa fue una de la pocas verdades que escuché de ti, las relativas a la enfermedad de tus huesos. Y no la creí, fíjate pensé que fingías para ganarte un poco de atención. Ya que el cáncer lo corroe todo, como una rumor contagioso.

Yo apenas comprendía lo que te estaba sucediendo, solo deseaba cada día que alguien llamara anunciando que te habías muerto de repente, en paz, en lugar de narrar un sufrimiento atroz que soportabas. Pronto tu agónico deterioro físico y mental, fue ganando posiciones.

En apenas unos meses aquella piel fina hidratada y tersa, como el terciopelo, se tornó en una capa seca, dura y amarillenta donde la vida era una sombra desvanecida.

Dejaste de comer, ya no te levantabas. Usabas pañales porque no podías controlar tus necesidades básicas. Te pusieron una dolorosa sonda, te negabas a orinarte, el orgullo, ése que te mantuvo alejada del amor, seguía guiando tus pasos. Solo con el olor desagradable, fuerte y ácido que contenía aquella bolsa ocre, pegada a tu cama pude imaginar el desastroso final que estaba ocurriendo en tu interior. Te estabas pudriendo y tus órganos dejaban de funcionar.

Tus ojos se quedaban abiertos mirando al techo, perdidos en la nada, te ibas por momentos a las etapas vividas. Eras como un bebé, indefenso dependiente y obediente, decías a todo que sí. ¿De verdad eras tú? no podía creerlo. Regresabas trayendo recuerdos de tu niñez, donde buscabas agujas para tejer o cosas que habías perdido. No soportabas no encontrar lo que buscabas y te obsesionabas hasta encontrarlo, sin descanso, así eras antes, sin embargo ahora yo no noté presión alguna al no darte esa aguja que necesitabas...

Seguí tus desvaríos, dándoles forma con contestaciones adecuadas. Las bolsas de sangre colgaban de una percha. En esa visita a tu casa, la última te iban a hacer una transfusión. Que tremenda aguja para una mano donde sólo había venas hueso y piel.

Desde entonces cada vez que dono sangre, me acuerdo de ti y de personas como tú que ganan alivio y vida, aunque sea momentáneo.

Mientras la sangre trasportada a tu interior te daba algo de calor, cogí de nuevo tu mano apretándola entre la mía. Debajo de tu esternón estaba la espiga que te estaba devorando. De nuevo la encontré, una réplica exacta en el dedo meñique, me hubiera gustado apretarla hasta verla salir y aplastarla, pero esa era la más pequeña entre tantas extendidas en todo tu cuerpo, de nada hubiera servido ¿verdad?
Estabas luchando cada minuto robado a la muerte. Era una conquista sin éxito, a cambio de sufrir temblores, dolores horribles que soportabas, estabas orgullosa de haber vencido al pronóstico de los médicos que no dudaron en anunciarte una muerte fulminante. Le sacaste a la vida seis meses más, como no una luchadora, que no se rindió... jamás. O quizás que no dio su brazo a torcer.

Siempre estuvimos impresionados de tu terrible fuerza sobrehumana, no conocimos nadie como tú, lo conseguías todo, aún corriendo riesgos innecesarios, así era tu terqueza. Pero esta vez sabíamos que ya no sería igual. Cogí tu mano y la frialdad de una piedra de mármol me recorrió. Trate de trasmitirte mi calor, pero fue inútil. Era la última vez que iba a visitarse, me prometí que no te vería morir y temblaba porque eso podía suceder en cualquier momento, llevándome el recuerdo conmigo. No puedo recordarte muerta porque nunca lo vi.

Con el corazón encogido, sabiendo de los intereses que se esconden en el alma humana y lo fácil que es manipular al que sólo desea compañía, te volví a perdonar siendo consciente de la dureza que tendría tu último testamento, no me quise defender, daba igual. Te metieron un Notario cuando ya no tenías voluntad y volviste a ser bebé en tu lecho con la muerte esperándote, diciendo a todo que sí, para ser la victima “cría cuervos y te sacarán los ojos”, tu frase. Convencerte de dejar resentimiento escrito, les fue fácil, era equivalente a sembrar dolor. Cometieron un error que me ayudó a pensar que tú no fuiste consciente o te dio igual porque ya nada importaba, escribir que deseabas ser incinerada, yo que sabía que siempre quisiste volver al Cielo en el que creías, sólo tú, ahí no compartimos opinión. Así supe que no fue tu voluntad. Te agradezco que me alejaras de tanta maldad unida al dinero. ¡Gracias! Hubiera tenido que seguir atada a un aprendizaje equivocado de toxicidad familiar.

Debía haber amor entre nosotras al final del camino para que pudiera encontrarte en algún momento de la vida y lo hubo, no importan los bienes, estuve allí, pude besarte en la frente y despedirme con un volveré pronto, a pesar de saber que no volvería más.

Te besé en el pelo sin saber que podía haber tanto amor en mi corazón, sorprendida, no podías dañarme, indefensa, menos mal que el amor dirigió mis pasos en aquel instante. Así debo recordarte sin duelo porque sigues conmigo en cada paso.


Ha pasado más de un año, me atrevo de nuevo a escribir tras la conmoción del dolor rebotando en cada neurona de mi cerebro.

Fuiste una mujer luchadora con ideas a veces equivocadas, con su propio manual de supervivencia y leyes. Dejaste florecer en tu interior flores oscuras y el dolor creció, la amargura, la venganza y la traición, olvidando que tú fuiste una tierna flor, de corazón noble.

Te convertiste en tu peor enemigo, fustigándote y aniquilando todos sus sentimientos nobles. La debilidad de necesitar amor, no iba contigo. Cuando quisiste recibir cariño, sólo quedó el abandono y el silencio para soportar tu terrible manera de tratar a las personas.

Las castañas llegaron evocando un sin fin de recuerdos que he debido despejar de las nubes de lágrimas contenidas y desvanecidas noches enteras recordándote entre rabia y dolor, donde las dos era la hora en la que llegabas a mi vida con el dolor de sentirme traicionada por ti y tu debilidad al consentir aquel cambio de voluntades, del que voy a liberarme, no es importante, salvo en una parte nunca te abandoné.

Los pensamientos obsesivos, las dudas, me tuvieron sumergida en la locura de no saber actuar. Por tanto no hice nada, salvo dejar pasar el tiempo. Y también se fueron los sucesos que vinieron detrás para aumentar la escena dramática. Todos cubiertos de dolor, superados.

Viví lejos de la dependencia de ti madre, para poder quererte. En el latido soné y supe que fue tuyo antes de pertenecerme, te adoré sin palabras, lejos del teatro de las lágrimas. Lloré hacia dentro desde el silencio de no presentarme ante tus demás hijas, que no reconozco como carne propia. Las he perdonado en el olvido de no volver a saber de ellas.

Mi hijos dulces, me hacen ver la energía que se recibe al tenerlos. Yo estuve presente en tu mente hasta final, ya fuera para maldecirme con ira o castigarme, te daba energía verme.

No asistí a tu entierro. Evitando el enfrentamiento familiar, posesión del cuerpo y carta de bienes era lo único que había que escribir para el recuerdo.

Quiero rendirte homenaje no siendo tú .Me fue complicado deshacer un aprendizaje equivocado que me dejó en cueros por muchos años sin saber quién era. Alejo lo negativo, la bronca, la posesión, el interés. Me mantengo oculta, en calma resolviendo una vida a veces dulce, otras llena de sobresaltos, donde la fuerza que me guía es la que aprendí de ti. Incomparable coraje para enfrentar la vida. Yo espero sembrar amor para vivir, esa es mi verdad.


-FIN-

domingo, 20 de agosto de 2017

Venciendo fobias

TRATAMIENTO EMPLEADO PARA VENCER LA FOBIA

Tengo la suerte de entender “el problema de una persona con fobia.” Al principio, durante años pasó desapercibido “incomprendido” pero tras las mismas reacciones repetidas en diferentes personas soy capaz de darme cuenta de todo.

Las fobias no desaparecen con una varita mágica y  combinado explosivo de medicación que los expertos en la materia recetan porque los pacientes dicen “mejorar”. Es como untar de aceite algo que necesita ser aceite, me explico no hay mejor medicina que la que uno mismo se da a través de saber lo que realmente necesita.

Volviendo a mi propia experiencia diré que las fobias se vencen, es posible. El mejor tratamiento es el amor. Cuando la persona fóbica es amada y entendida confía en ese guía.

He debido ser dura, veréis que no dije “ te comprendo y consuelo” así no hubiera solucionado el problema. Lo habría empeorado y convertido en un aprendizaje negativo de la persona para no vencer sus miedos. Recompensando su debilidad y favoreciendo que no salga de su zona donde se siente segura, aunque no feliz.

No queriendo más que compartir de lo que ha funcionado, diré cómo ha funcionado y qué tratamiento he aplicado( cambio de conducta) para resolver la fobia presentada.

Fobia al agua del mar :

Tratamiento empleado: exposición gradual y progresiva al agua, durante pequeños segundos, minutos y ratos durante periodos de intervalo de 7 días, durante dos meses habiendo obtenido que la pequeña de tres años me lleve ella al agua y quiera permanecer dentro de ella en mi compañía por espacio de más de media hora.

El primer día de playa no la expuse al agua, ni lo siguientes. Mirar el agua desde lejos le hacia pensar en que “quería regresar a casa”. Aunque sí jugaba a bañar a su muñeca que siempre la acompañaba a la playa en un cubo. Cuando se hubo acostumbrado a estar allí, observando a los demás bañarse durante semanas, la metí, lloraba y gritaba pero la metí unos segundos. A la primera que expuse fue a su muñeca, lanzándola al agua, ella tuvo que acercarse a la orilla a salvarla de que se la llevara el agua. Fui exponiéndola al agua en breves baños, a veces de espaldas al mar, para que no viera lo que le daba “miedo” Actué con normalidad, sujetándola de la mano y saliendo tranquilamente del mar cuando el agua le llegaba a las rodillas. Nada de sobre protección, no había nada que temer aunque ella creyera que sí, la entendía pero no la protegí de un peligro imaginario.

Fui sorprendiéndome de los cambios positivos. Observé la forma de cambiar de actitud, ya hubiera olas y mala mar. Ella accedía a ir al agua. Aunque temblara, se aferrara a mi cuello o en algunas ocasiones hasta llegara a vomitar. La exposición la hice de pequeños minutos, primero en la orilla y más tarde donde cubría.

Han pasado dos meses y es capaz de ir ella sola a buscar juguetes, mojarlos y volver al sitio para traer otro. Sigue sintiendo cierto miedo pero controlado. El último día, su muñeca se quedó en casa, ya no era necesaria su presencia en la playa. Fue la prueba de que "ya no temía ir a la playa"

La niña adora el agua, le gusta tanto que no quería salir de ella y se lo estaba perdiendo...

A partir de septiembre la apuntaré a cursos de natación, para que siga avanzando.

Siguiente miedo vencido. Fobia a las gotas en los ojos.

Hace unos días tuvimos que ir al médico. Tras un examen previo, donde no se dejó tocar, el doctor decidió usar un líquido amarillo y una lámpara de luz azul para ver si tenía conjuntivitis.

Tuve que sujetarla de pies y brazos. Vinieron tres enfermeros y dos médicos. Nos recetaron un colirio.

El primer día tuve que sujetarla, entre gritos y pataleos, le lavé con suero y le puse colirio. Seguí constante, convenciéndola de que no pasaba nada. Poco a poco, fue cambiando y hoy es ella la que se levanta para pedirme que le ponga una gota en cada cojo, se tumba en la cama y cierra fuertemente los ojos, desde arriba le llega una gota a cada uno, no se restriega y pide su recompensa “una chuche”

Cada vez que ella “tiene una fobia” la ayudo a vencerla. La enfrentamos poco a poco. Entiendo su miedo exagerado, sus cambios físicos ( palpitaciones, sudores, temblores, defensa) pero no me dejo vencer por ello. Si siente que no pasa nada una y otra vez, llega a convencerse de que “la exposición al miedo” no la daña. Así se vence una fobia, enfrentándola gradualmente.

Es fácil hacerlo cuando son pequeños. Nosotros somos su influencia y su guía. Con mayores también funciona. Hay que hacer exactamente lo mismo, obligarles a enfrentarse a los que evitan o temen, ya sea personas, medicinas, visitas etc.

Se puede obligar sin “refuerzos negativos” o sea castigo, que no haga las cosas por un temor mayor al que deseamos que enfrente, sino siempre estará presente “el miedo”. Lo que realmente funciona es el “refuerzo positivo” o recompensas pequeñas a sus avances.

Ejemplo:


Si vas y te sometes a lo que temes conseguirás algo que deseas. La recompensa debe ser tan pequeña como su esfuerzo. Para seguir motivándolos a avanzar. Espero que un día, este aprendizaje le valga para aplicarse ella misma su forma de enfrentar los miedos.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Los enfados de Marina

Marina no soportaba pagar. Cuando jugaba al pilla-pilla siempre acababa abandonando el juego si la pillaban.

-Es horrible, lo hacen aposta-se decía- no voy a jugar más con ellos, todos son amigos y como a mi no me quieren, van a por mí.

Su madre la observaba desde el banco con preocupación. Veía que su hija no tenía ninguna resistencia a la “frustración” que le producía cuando le tocaba perder. Al principio la consolaba e incluso la premiaba con chuches y mimos. Hasta que Marina se quedó sola sin amigos, prefería tener a su madre y sus premios a los amigos reales que tanto la “enfadaban”.

Fue así que creció sin “habilidades sociales”. Conseguía todo lo que quería sólo tenía que gritar, patalear y mostrar “su ira” descontrolada para doblegar a sus únicos amigos “sus padres”.

Hasta que se hizo mayor y eran tantos los ataques de “rabia” que tenía ante cualquier situación que llegó a no salir de casa. No soportaba que la gente se cruzara en su camino, tampoco tener que esperar en la parada del bus se iba andando, que le pusieran un seis en un examen por dos fallitos de nada...

Abandonó el deporte. Tenía que jugar en equipo y detestaba compartir con los demás, seguir las reglas o se ponían las suyas o no jugaba.

Se sentía fatal, necesitaba tener “amigos” pero todo lo que hacía alejaba a todo el mundo. Lloraba desconsolada en su cuarto sin comprender, hasta que un día...

Sin quererlo se detuvo frente al payaso “Kanto”. Soplaba enormes pompas de jabón y todos los niños querían imitarle. Sintió una gran envidia por un ser tan ridículo que conseguía “sonrisas y admiración”.

Así que comenzó a estudiarlo. Se sentaba alejada a observarle. Quería tener éxito como Kanto. Una tarde un niño derramó un helado de chocolate sobre su pantalón naranja, en lugar de enfadarse el payaso comenzó a soplar pompas y entre risas y más risas, untó toda la bola de chocolate por su ropa. Marina no podía creerlo, algo tan desagradable como estar sucio lo había trasformado en algo divertido. Todos reían sin preocuparse por ello.

Aquel día se quedó grabado en la mente de Marina. Cada vez que alguien hacia algo que la molestaba soplaba pompas aún sin tener pompero. Descubrió una manera de bajar sus ganas de “insultar” a esa persona y comprender que todos podemos equivocarnos “y no pasa nada”.

En la escuela, buscó a las chicas del equipo de baloncesto y se puso a jugar con ellas. Soplaba y resoplaba porque era la peor, pero tras meses de duro entrenamiento fue mejorando. Pronto las chicas la aceptaron y la buscaban como pieza imprescindible para el equipo.

Si en los exámenes la puntuaban bajo, buscaba comprender cual había sido el error. A veces, no vemos en qué nos equivocamos y los pensamientos negativos nos invaden. Estudiaba más horas y se esforzaba el doble, pronto los seises se transformaron en nueves o dieces que sabía que eran la recompensaba a su gran trabajo.

Al fin Marina había aprendido “a soportar la frustración” a perder sin que pasara nada. Sus enfados eran más suaves y podía detectar su enrojecimiento, sudoración de manos, habla rápida y aceleración de pulso a tiempo. Soplaba, soplaba, soplaba... y se alejaba sin ningún pensamiento hasta que todo volvía a la normalidad.

-FIN-



sábado, 29 de julio de 2017

El peregrino

El peregrino

Y se encontró un hermoso campo fértil, tras haber cruzado un duro desierto de arena, roca y barro. Estaba cubierto por manto de mariposas bellas de intensos colores, que en su emigración descansaban sobre las flores. Fue tras ellas y cuando casi iba a cogerla esta se volvió soberbia y le dijo”soy la ira si me coges, serás un ser amargado”

El hombre temeroso de poder estar para siempre enfadado consigo mismo la soltó, aun estando prendado de su belleza. Era más importante para él en ese momento recuperar la calma que sostener las alas bellas de aquella efímera mariposa envenenada por la furia rabiosa de mil ratas.

Necesitaba compartir y encontró una mariposa de colores apagados y un defecto en un ala. No la deseaba, así que no trató de cazarla. Estuvo inmerso en una tertulia por horas, días o semanas hasta que quiso marcharse, estaba lleno.

Anduvo cien pasos y de pronto sintió un gran vacío en su corazón. Si seguía caminando no volvería a hablar y disfrutar de la compañía de aquella mariposa. Sin quererlo comprendió que el amor había crecido en su interior, amaba a aquella mariposa y deseaba continuar a su lado. Así que deseó quedarse en aquel campo, ya había visto suficiente mundo, ahora necesitaba amar y ser amado.


Fue así como el peregrino encontró la paz, en las alas de una mariposa imperfecta y nada excitante pero con un bello corazón heredado del Sol.

Elena y la calma

Había una vez una niña llamada Elena que quería ayudar a los demás. Disfrutaba tanto haciéndolo que no se reservaba un momento de paz para si misma.

Pronto, el estres( miedo a no llegar a cubrir lo que los demás esperan) la hicieron trabajar más y más, leía y escribía formas para solucionar problemas.

Un día estuvo a punto de decirle a su mejor amiga que no podía ir de picnic porque tenía que hacer un trabajo sobre...iba a hacerlo, estuvo a punto hasta que pensó que el mejor trabajo que debía hacer ese día era disfrutar de la vida.

Salió y se lo pasó genial. A la vuelta se empezó a sentir culpable por haber perdido el tiempo, pero fue un momento de debilidad, estaba tan contenta que ahora podría trabajar con la energía que antes no tenía.


Moraleja: Para recuperar “la calma” se debe dar menos de lo que uno puede, tenemos que reservarnos un porcentaje elevado de tiempo para recargar pilas.

Un primer paso

Ayer terminé “El niño con el miedo a hablar” leo muy rápido y apenas lo leí en cinco días. Me auto evalué y saqué un seis, el autor me dice “debe repasar sólo domina el 60% de lo necesario)

Aunque me fastidia reconocerlo, lo acepto, tengo que volver a leerlo. Por el bien de las dos o de los tres según queramos verlo.

Ahora si alguien piensa que el que va a ir al psicologo o al psiquiatra es el niño/a se equivoca. Los evaluados somos nosotros los padres. Nuestras enseñanzas son lo que ellos aprenden. Si tienes miedo “de todo” enseñarás a “tener miedo de todo”, no nos analizamos lo suficiente para darnos cuenta de ello.

El propio temor a que mi hija se enfrente a “peligros” hace que la haya estado autoprotegiendo demasiado, sin enseñarle sus propios mecanismos de defensa. Le he enseñado a ser débil. Sin darme cuenta.

Leer el libro del Dr. Olivares me ha servido para auto reconocerme como “mutista selectiva” a pesar de mis grandes dotes de interpretación “excelente vendedora” cuanto me ha tocado hacer el papel. Una vez pasada la “necesidad” vuelvo a mi concha.

Ahora lo he cambiado. He pasado de restringir “al máximo mi presencia en internet”, incluyendo ocultar mi blog personal a “compartirlo”. Acepto todas la solicitudes que me llegan y me pongo en el papel de “protagonista de este cuento”.

Estoy cambiando y los cambios se hacen presentes en la vida de mi hija. Paso horas hablando, jugando compartiendo y se nota. Ayer fuimos a por comida para “Viernes” nuestro gato al que se atreve a acariciar en el boca “porque no pasa nada”. Entramos y cuando un señor mayor le habló, para mi sorpresa inició una conversación increíble en el que no ocultó ningún detalle incluso su logro “de haber echo caca en el water” ya que hasta eso intenta restringir porque no le gusta ese momento.

Hablaba y hablaba de manera exagerada, hasta el punto de decirle al chico de la tienda que tenía que barrer porque el suelo estaba muy sucio. Yo estaba atónita, aquellos dos señores me miraban para que hiciera algo para que la niña “se callara” los estaba poniendo en evidencia. ¿Creeis que yo iba a hacer algo para que se callara? ¿Ahora? Jamás así le cuente hasta el día más complicado. Se despidió diciendo “chao-chao”. En el parque, jugó con la tierra tras el incidente de haberle saltado en el ojo el día anterior. Decía “no pasa nada se lava con agua y ya está”. Luego jugamos al pilla-pilla, el coco y el escondite. De nuevo me sorprendió, dejó de ocultarse tras de mi y se fue a esconder con una amiga de siete años, ¡varias veces!

Fue un día increíble... pero no bajo la guardia. No está resuelto su problema, sólo en camino de hacerlo, debe mantenerse esta conducta en el tiempo para asegurar el éxito.

En la panadería si quiere galletas de azúcar con las formas que le gustan debe pedirlas ella. .Da igual si la entienden o no ( yo traduzco) lo importante es que las pida. Y lo hace.

En el kiosco tiene que pedir lo que quiere. Si le sacan un chupa chups de limón ( el que intenta colarnos porque no se venden) lo rechaza, quiero de fresa. Y así una tras una, vamos venciendo su resistencia a expresarse.

No habla correctamente. Dice el final o sílabas cambiadas pero habla. No la corrijo en público. Sólo en privado practicamos. Sabe que es “zapato” pero sigue diciendo “pato” sabe que es tocar pero dice “cocar” y seguiremos practicando, practicando hasta conseguirlo.


Espero que mi experiencia personal te ayude y a tu pequeño...

miércoles, 26 de julio de 2017

Vivencias del verano

Seguimos asistiendo al parque. Bajo a las ocho de la tarde para evitar aglomeraciones y ofrecerle más seguridad, no soporta las multitudes. Nos hemos hecho amigas mi pequeña mutista selectiva de tres años (ansiedad infantil) y yo de un grupo considerable de niñas de diferentes edades, nunca estamos solas.

Los juegos son variados. Desde taper con arena de río ( que bajo yo y comparto con otros niños, sobre todo niñas) con moldes diversos, tacitas, cucharas etc, hasta jugar a los juegos grupales de “el coco” ( inventado por mi), el pollito inglés o el pilla-pilla.

Mi niña quiere jugar siempre a juegos de grupo. Para ello siempre busco “alguien para jugar” porque sino no podemos. Así la obligo a socializar. Le encanta jugar siempre que no le toque pagar a ella. Si esto ocurre abandona el juego y se enfada. No le gusta estar expuesta. Lo comprendo y pago por ella.

Se que esto no es un solo problema “de no hablar” a mayores o a niños. Es un síntoma de un grave problema. Tiene “fobia”.Y esto en cada situación que se de debe ser tratada y curada.

Mi primer recuerdo sobre “sus fobias” vino cuando cumplió un año y medio. Lloraba de manera incomprensible ante la presencia de un perro, daba igual si eran grandes o pequeños. No soportaba la presencia de este animal. Yo tengo un gato y hasta hace bien poco, no ha socializado con él por miedo. Aún le cuesta pasar si lo ve tumbado en el pasillo, me pide ayuda para que le diga que se vaya. Y eso que le pone ella de comer y de vez en cuando, hasta lo acaricia.

La segunda fobia que recuerdo también fue el no poder soportar la manguera de la ducha. Hasta hace bien poco la he estado bañando con un vaso de plástico. Tampoco podía entrar en el agua de la piscina, lloraba de manera exagerada. Lográbamos sentarla en el borde. Este año, estamos intentando meterla en el agua de la playa. Llego hasta la orilla, ve las olas y el miedo la paraliza y regresa a la seguridad de la arena. Hemos ido muchísimas veces a la playa, al principio, no era capaz ni de moverse del sitio y eso que no para ( un año y medio).

La cojo en brazos y la entro en el agua mirando hacia la arena. Al no ver a lo que “teme” logra soportarlo por unos minutos. A la salida, salgo de manera tranquila y cuando el agua nos llega por los tobillos, la sujeto del brazo con firmeza y salgo poco a poco, para que vea que no hay peligro.

Pienso llevarla a natación en septiembre con un grupo de monitores que enseña a nadar a niños con discapacidades, tienen la sensibilidad necesaria para hacerla superar esta “fobia” al agua.

Leyendo un cuento de Elsa Punset de los “Atrevidos” (miedo) dijo” yo tengo miedo al cole”. Al oír como le leía los miedos del niño fue capaz de sacar lo que llevaba dentro desde hace mucho. Ha ido a dos escuelas infantiles. Va a entrar en septiembre al cole. De nuevo se repetirá su “fobia” pero ahora sé como enfrentarla y tratarla. Os iré contando lo que funciona y lo que no, según ocurra.

Su tercera "fobia" motivo por el cual descubrí las otras dos, es no hablar a nadie. Minimamente articula alguna palabra si esa persona le genera confianza. Ni siquiera a las niñas que ve a diario, es incapaz de mostrarse.

Se me olvidaba, tengo una tortuga "Mariana" de dieciséis años, es de agua y pesa cerca de un kilo. Cuando la ve fuera del barreño donde vive, entra en pánico. No puede soportar que la tortuga esté en el suelo y eso que le echa de comer su pienso ( es una amenaza imaginaria o sea fobia).

La estoy enseñando a decir "buenos días" cuando se levanta. Le cuesta pero finalmente me dice "días" con cara de mal humor. Le molesta tener que decir algo. Debo enseñarle a norma social de saludar para que algún día pueda hacerlo...

Tampoco soporta "el ruido" ya sea una silla, mesa, golpe que ocurra de manera inesperada. Veremos su reacción ante los "petardos, truenos" etc que se darán próximamente con motivo de las fiestas de Elche (fiestas de la virgen de la Asunción, la patrona de la ciudad) y la Nit del Alba, un maravilloso espectáculo de luces y color que se da esa noche.


Me gustaría compartierais vuestras vivencias personales, son de gran ayuda al grupo. Un saludo.

jueves, 20 de julio de 2017

Cuento emocional para aprender a gestionar el miedo

Recomiendo Los atrevidos dan el gran salto

Hoy recomiendo esta lectura porque tengo el gusto de tener el libro en mis manos, sacado de la Biblioteca Pública.

Es un precioso cuento donde dos niños y su perro, aprenden a descubrir sus miedos que ocultan y niegan y comprenden que la única manera de superarlos es enfrentarlos.

Me encanta porque después del  cuento que es totalmente un cuento creativo, mágico y bien estructurado acompañado de dibujos, viene el Taller de las emociones donde explica lo que origina el miedo que se convierte en estrés y si se descontrola se vuelve ansiedad.

Recomendaciones para ayudar a los niños a gestionar el miedo y Caja de estrategias para ayudarle a relajarse en situaciones de pánico.

Además de una guía de miedos propios de la infancia por edades.

Es un gran cuento emocional con técnicas para padres.

Yo que tengo una niña con "miedo patológico" os diré que en las primeras frases se sintió identificada y soltó " yo tengo miedo del cole"...

Voy a trabajar este cuento con mi hija. Os deseo que os sirva para identificar el miedo y saber gestionarlo.

miércoles, 19 de julio de 2017

Mi lucha




Mi lucha

No hay mejor forma de liberarse de los problemas que causan daño sobre nuestro cerebro y corazón que escribir sobre ello.

Llevo más de diez años escribiendo. Sin ningún reconocimiento, pago o beneficio. Muchas veces me han dicho oye ¿por qué no vendes lo que haces? Porque la grandeza de mi vida es compartir lo que he aprendido, trasmito a través de los cuentos, poesía, relatos etc.

Soy una mujer extremadamente fuerte, tanto que cuando entrenaba con hombres en oficio de hombres buscaban mi protección. ¿Cómo lo hice? Crecí sola con la ausencia de toda protección enfrentado el peligro y responsabilizándome de mi vida desde que tenía 6 años.

Nunca creo que fuera niña, la vida me hizo adulta por necesidad. En la adolescencia me pasaba la vida inmersa en los libros, mi pasión y devoción completa. Prefería pensar y dialogar conmigo misma, analizando el comportamiento humano que observaba desde mi posición del silencio.

La vida me dio tres hijos... con graves problemas de aprendizaje. Ha sido duro aceptarlo, pero saben lo suficiente porque decidí que yo cubriría sus necesidades educativas ya que los centros no lo hacían. Aún me queda la pequeña pero creo que estoy acertada en el colegio y con todo lo aprendido evitaré muchas cosas que no pude que sucedieran con los otros dos, como el bullying y el rechazo social.

Hoy quiero ayudar a destapar a todos aquellos que viven ocultos por ser diferentes y sufrir en silencio sus “problemas” o “discapacidades”.

Leo libros de psicología. Ahora tengo que ser la que los ayude a mejorar ya que el sistema muchas veces no comprende lo que “funciona” con ciertas personas. Me estoy estoy especializando en el miedo patológico algo que no tengo, pero comprendo que hay que tener la dosis justa del normal para no arriesgar sin necesidad.

La ansiedad y la fobia social que pocas personas quieren oír nombrar son mi prioridad. ¿Por qué? Por que la sufrí media vida sin darme cuenta de ello. Ahora son mis hijos los que la tienen, inculcada por mis propios miedos o costumbres, o porque el sistema los ha machacado con el “acoso escolar” y las “etiquetas de salud mental”, que he eliminado de sus vidas, sabemos lo que hay y cómo solucionarlo.

Sigo buscando ayuda profesional para evitar que dos de ellos lleguen a sufrir la “fobia social”, la última fase de la ansiedad originada por el miedo, que he descubierto que lleva uno de ellos encubriendo en los dos últimos años.

De nuevo tengo que enfrentar visitas en Salud Mental, para el adolescente y la pequeña. A la primera que analizan y juzgan es a mi, puedo con los nuevos juicios. Me he especializado en sus trastornos y leído los manuales de los mejores especialistas para detectar si el profesional que sea asignado es el adecuado y no estropea a “mis hijos” con sus tratamientos. He descubierto que ni psiquiatras y psicólogos lo saben todo, aunque el título que dispensan les haga parecer que sí.

Si escribo esto es para que conozcáis quién hay detrás de mis cuentos. Una luchadora que da lo mejor de sí, aunque muchas veces mi vida ha sido un sin número de sufrimientos de todo tipo, los he superado, estoy aquí, sigo confiando en las personas.


Mis mejores amigos son los niños, son iguales que yo directos y abiertos. Espero haberte ayudado a encontrar la “luz” la verdadera calma que se encuentra tras la verdad de tu alma. Saber quién eres.

miércoles, 12 de julio de 2017

¿Cómo socializar a un niño/ña con problemas de aislamiento?



La creencia de que los niños “juegan solos” porque les gusta es falsa.

Necesitamos socializar, lo que ocurre es que no sabemos hacerlo.

Mi caso, mi experiencia:

Desde que comenzó el verano bajamos al parque. Al principio jugaba sola, buscándome constantemente en sus pasos. Yo jugaba con ella hasta que descubrí que es un error.

¿Y? Probé la estrategia siguiente...

En lugar de jugar con ella, la convencí para que “necesitara” buscar una amiga para jugar a su juego preferido “el coco” ( es una especie de pilla-pilla). Ella es incapaz de ir a hablar con ninguna niña, puede pasarse horas observando cómo juegan los demás sin atreverse a participar.

Así que la acompaño yo. Le pregunto a las niñas si quieren jugar al “corre-corre” “pilla-pilla” “escondite inglés” etc. Algunas me dicen que no y otras juegan.

Mi hija habla con muchas deficiencias. A las niñas no suele hacerlo, me utiliza a mi para todo de intermediaria pero he logrado formar un grupo en el parque de niñas que juegan con ella “al corro de la patata” pollito inglés, pilla-pilla etc.

Tengo que jugar pero es un comienzo. La gente me observa alucinada. Pero creo que ve que los grupos que formo le recuerdan a su infancia.

Nuestras tardes en el parque son de calidad. Ahora nos buscan para jugar y aunque mi hija no tiene “habilidades sociales” las está aprendiendo por ver primera siendo un miembro del “juego” no sólo una observadora triste que no sabe como “jugar” con los demás.

La vida es una negociación, hay que ceder y pedir en equilibrio.

Os recomiendo:

-Bajar juguetes y estar dispuestos a prestarlos ( al principio se resisten pero luego ceden nuestros hijos).
-Estar en un lugar frecuentado por muchos niños en horas de baja intensidad.
-Sonreír y resultar amables, aunque algún niño no os guste como se relaciona.
-Comprender a los demás, nuestros hijos tienen problemas, los demás también.
-No hablar nunca del problema “con desconocidos” delante del niño/niña.
-Quitarle la etiqueta lo antes posible, no son mártires.
-Comprender, paciencia y amor.


¡Ánimo!

lunes, 10 de julio de 2017

Recomendación de libro y peli Recuerda (1945)

La culpa no está en las estrellas... sino en nosotros mismos (Shakespeare)


Recuerda ( 1945) Alfred Hitchcock


Basada en este libro, disponible en inglés :


La casa del Dr. Edward escrito por Francis Beeding

Una película altamente emocional, donde la atención de una joven psiquiatra va más allá de querer ayudar a un paciente.

El amor fluye entre ambos, ante el punto que ella lo deja todo y cree fielmente en su inocencia.

“Demonios y locura” se disuelven tras la resolución del primer trauma que el paciente resuelve a través de un viaje al pasado.


Si nos fijamos el “mago del terror y el suspense” utilizó dibujos de nuestro genial pintor “lleno de fobias “ Salvador Dali, al cual proceso una auténtica devoción por la magia de sus pinturas, donde los sueños, pesadillas y realidad se confunden

Cuando el amor te deja ver más allá de las dudas y las palabras...

sábado, 8 de julio de 2017

Recomendación de lectura: el monje que vendió su ferrari



Buenos días queridos amigos

Hoy os traigo :


Se acabó el ocultarme. El miedo es controlable y cuando uno comienza a saltar y abrirse al mundo entra más luz.

Durante una vida me refugié en mi pasión “los libros”, fueron mis mejores amigos y compañeros de viaje, prefería la compañía de una lectura a la de una salida con amigos.

Mi carácter solitario aunque amable, me ha llevado a conocer “muchas personas”que no están en mi agenda pero sí en mi camino y pensamientos.

Pude encumbrarme hacia el “fácil éxito” de perder mis principios por alcanzar el “poder del dinero” dije no, demasiadas veces y este me volvió la espalda, bueno en este camino de seguir intentando hacerme un hueco he aprendido mucho más. Aprendí a controlar la "CODICIA"lo que a vista de muchos me hace parecer tonta, por no ser oportunista...

Volvamos al libro en cuestión, me llamó la atención y pensé en  comprarlo para alguien.
Cuando se lo regalé a mi hijo que sueña con “ferraris” lo rechazó...

Bueno, hay que aprovecharlo y me lo auto regalé. En este maravilloso libro emocional se destapa la vida de un hombre de profesión abogado “del lema todo vale para acumular” en el cual cuanto más dinero gana más solo y miserable se siente.

Hasta que un día su vida se pone al borde del precipicio de la MUERTE. Entonces, se da cuenta del tiempo perdido y cambia...

Vende todo y se va en busca de la CALMA, la paz, precisa conocerse, encontrar dificultades y aprender del SILENCIO.

Os invito a descubrir la PAZ, el placer de la lectura en vuestras horas de soledad. Quizás os ilumine la LUZ, del verdadero camino de la existencia humana.


¡Un abrazo!

viernes, 7 de julio de 2017

¡No puedo dormir!


Eran las ocho de la mañana, una hora perfecta para levantarse, sin embargo Cecilio estaba sentado en el sofá apoyado sobre el codo derecho en el reposabrazos, jugando a la consola. Llamaba la atención porque sólo un codo presentaba el color oscurecido hasta encallecer. Su cuerpo delataba el abuso de someterlo a una posición fija de manera continua, mancha de guerra de años vividos en estricta soledad.

Después de una noche entera casi sin pestañear delante de la pantalla del televisor, fijando al máximo su atención y con el corazón acelerado por la tensión del juego, no podía más. Sudaba por todo su cuerpo de manera especial por la cabeza, espalda y manos, se mordía los labios hasta hacerse sangre, como le pasaba con sus uñas, apenas le quedaba algo que devorar.
La ansiedad le recorría, temía no haber conseguido la misión y que pensaran sus amigos virtuales online que era tonto. Caminaba de un lado a otro para aliviar el desasosiego que le había producido fracasar. Lo volvería a intentar más tarde, aquí las oportunidades para ganar son infinitas, se decía “además ellos también pierden, si me dicen algo, los elimino y ya está, que se vayan a...”

Bostezó un poco antes de acostarse sobre un mugriento colchón sin sábanas. Había intentado alguna vez buscarlas, pero la montaña de ropa donde solía acumularla era demasiado elevada para intentarlo. Vivía con su padre que era inmune a lo que hiciera, le daba igual si limpiaba o no, carecía de autoridad y reglas.

Estaba harto, cualquier día se tiraría por la ventana, quería cambiar de vida pero no sabía cómo.

Despertó malhumorado a las seis de la tarde. Le habían dejado unos trozos de carne fritos y una ensalada que a esas horas estaba mustia.
La tiró a la basura, olía mal y se preparó una deliciosa lasaña ultra congelada, añadió un bol de queso por encima antes de meterla en el horno, le encantaba la comida pre cocinada. Tras la reconfortante comida, sintió deseo de tomar algo refrescante, hacía calor, tenía la camiseta empapada y todo el pelo mojado, como era habitual en él. En la nevera había una estupenda sandía que pedía a gritos ser catada. No dejó salvo el recuerdo de que pesaba seis kilos. Ni siquiera notó que se la había zampado hasta que no quedó mas. Estaba comiendo frente al televisor como siempre absorto en los interminables y repetitivos episodios de los Simpson que tanto le gustaban. Le hubiera gustado contenerse y dejar al menos la mitad. Bueno tampoco era tan grave, la sandía no engorda...
Al rato sentía un nuevo vacío en el estómago, se comió en esta ocasión una tarrina de helado de kilo con un paquete de galletas.

Desde que se fue a vivir con su padre porque no soportaba la disciplina de mamá que lo obligaba a salir de casa y llevar una vida normal, no había tenido más que resignarse a ver pasar la vida de otros, crearse amigos “imaginarios” como su dedo que utilizaba de manera habitual para hacer bromas de mal gusto a todo el que fuera capaz de aguantarle. Era irritante y para llamar la atención provocaba discursiones de manera habitual, era la única forma que encontraba para que le hicieran caso.
Todo era fantasía que vivía como un niño pequeño para no enfrentar al mundo. Tenía un miedo horrible a salir a la calle, a que le hablaran desconocidos, le provocaba una tensión angustiosa, por eso no salia. No digamos los centros comerciales.
A pesar de que su madre quería llevarlo a un psicólogo el no quería comprender que su forma de afrontar la vida lo iba a enfermar.
-Mamá, déjame en paz yo no tengo ningún problema, salvo tú que eres una pesada. No estoy loco no voy a ir a ningún psicólogo. ¿Gordo? Y que más da, tampoco lo estoy tanto.
-Hijo, casi no puedes andar, tus pies no aguantan tu peso, te salen rozaduras entre las piernas, debes pesar más de cien kilos... Te he comprado la dos xl.
-Tú no sabes nada, mamá. Déjame, no voy a salir ¿para qué? No lo necesito.
La madre lo observaba frustrada ante el progresivo deterioro físico y mental que en el último año le había pasado factura. ¿Cómo hacerle comprender que debía salir y enfrentarse al miedo?
Ya estaba, a partir de ese día no haría caso a sus peticiones, si quería comida debía salir a comprarla.

Tras mil pataletas. Cecilio malhumorado ante el cambio brusco de la situación de confort que se le había esfumado, estalló el vaso de agua contra el suelo. Estaba rabioso. Su madre era una plasta, se negaba a traerle comida. Iba a morirse de hambre. Una sensación de terror le recorrió la espalda, le sudaban las manos, la cabeza y la espalda, iba de un lado para otro sin saber que hacer. De repente, se le ocurrió una idea, saldría acompañado de su amigo Jose, el de la consola tras mucho tiempo compartiendo partidas, podría conseguir que le acompañara, le había regalado muchos trucos y armas.

-Hola Jose, puedes venir te necesito para ir a comprar, porfa. Te invito a lo que quieras...
-Ahora no puedo tío, voy ganando, otro día ¿vale?

Cecilio aceptó frustrado, pero no se quejó. ¿Cómo iba a acompañarle si se pasaba más de 20 horas en línea?. Se sentó en el sofá desesperado. Sólo le quedaba llamar a su madre.

Enseguida consiguió que le acompañara pero debía bajar él, bueno al menos era algo. Fue a la habitación y entre una montaña de ropa arrugada encontró una camiseta y pantalón corto.
Era su primera salida en seis meses, miró a ambos lados de la calle, no había nadie eran las cuatro de la tarde de un caluroso día de verano, su madre le esperaba con una mirada aprobatoria.
-¿No vamos a ir en coche, mamá?-le preguntó sorprendido al ver que no estaba.
-Iremos andando
-¿Está muy lejos?...no voy a ir a ninguna parte, me largo.-soltó desesperado ante la angustia de no saber lo que iba a pasar.
La madre lo dejó marchar, esperando paciente a que se calmara. Se limitó a esperar a que volviera a bajar, para ir al supermercado que estaba a escasos 300 metros.
Compraron y como un animal que necesita entrar de manera urgente en su guarida, se despidió sin mirar atrás.
La madre lo observó marchar con esperanza. Era un primer paso. Había sido duro tenerlo que obligar a ir a comprar pero era la única manera de que enfrentara sus temores y recuperara la calma que perdía cuando salia de casa.

Cecilio entró agotado, enseguida dejó las bolsas sin ordenar en el suelo, ya lo haría después. Metió la comida que precisaba frío únicamente. Pensó en que a pesar del miedo que había pasado había logrado ir a comprar. La próxima vez, iría solo. O al menos saldría acompañado hasta conseguir hacerlo por si mismo. Ya no era un niño y debía comportarse como un adulto para ganarse el respeto de mamá.


-Fin-

Mi primer contacto con Dr. Pepe Olivares Rodriguez

Mi primer contacto con Pepe


Tras el conocimiento de que existe un experto español en la materia que escribe libros, el Dr. Pepe Olivares y además pasa consulta en mi ciudad actual Elche ( Alicante) Spain, llamé a la clínica, estaba encantada, casi iba a anotar la cita cuando se me ocurrió preguntar el precio “100€ la primera visita de media hora”para valorar...

Si el problema se pudiera resolver en una visita, perfecto. No es tan fácil. Decidí esperarme a ver el famoso vídeo de la educadora, ya que me negaba sistemáticamente que mi hija estuviera asustada y aislada. A pesar de mis sospechas de que mi hija tenía “mutismo selectivo” no quería parecer una “paranoica” que se inventa cosas.

Tras verlo, se me cayó el mundo a los pies...¿dónde estaba yo para impedir eso? La secuencia de comportamiento me apuñaló. Se movía las colas y se las quitaba para cubrirse los ojos, no respondía cuando la educadora le preguntaba y siempre en cada vídeo observaba en silencio como se divertían los demás, sin integrarse en ningún juego. Así durante un año, no habló con ninguna adulta salvo agitando su cabeza para decir si o no, o a la única que quiso generar confianza para decirle que quería que”rosa” color con el que le pintaba las uñas. También juntaba sus manos y agachaba la cabeza mirando al suelo, era más fácil no hacer nada que enfrentarse a cada actividad.

Soy impulsiva, mascullé mi angustia y rabia, hoy sé que yo también padecí mutismo selectivo sin diagnosticar, de ahí mi carácter amable pero distante y mi falta de interés por las relaciones sociales. Puedo relacionarme con mucha gente porque la vida me hizo hacerlo (vendedora, telemarketing) pero evito traer gente a mi casa y estar conectada con alguien de manera constante. Soy así y lo acepto, ahora...

Debo evitar enseñar a mi hija que sea como yo. ¿Veis que difícil se me hace ahora que también veo el problema en mi misma? Bueno prosigamos...

Le envié tras unos días un correo al director de la guardería infantil. No fuimos a la fiesta del final porque la niña tenía anginas y sabía que ella no podría asumir el ruido, gente y el ambiente social.

Le dije: “Debéis tener un psicopedagogo que os ayude a ver a niños con problemas”, se defendió diciéndome que lo tenían, que el “mutismo” no era un problema grave y que se resolvía por sí mismo...¿? Ni idea tenía de lo que es, lo dejé en su falto conocimiento en la materia pese a ser maestro de profesión y me conformé con que me hiciera un informe para el SEPA ( servicio especial de psicología aplicada) para la entrada en su nuevo cole. Es un persona amable pero no sabe de esto...

Compré el manual que me llegó a mis oídos del “Tratamiento psicológico del mutismo selectivo” Dr. Jose Olivares que os recomiendo, es una guía para profesionales, pero entendible para padres.

Le envié un correo al departamento de la Universidad de Murcia y me respondió. Quería conocernos. ¿Pero cómo? La niña es la única que puedo llevar a su consulta.

Entiendo porqué se ha especializado en tratar a los niños. Está tratando “el origen” para evitar el fatal desenlace del cuento.

Yo que he vivido todas las fases de este cuento llamado “mutismo selectivo” le aplaudo porque es una excepcional persona y comprendo porqué lo hace.

Le pedí ayuda para el de 17 y el 21, victimas de “fobia social”. Me dijo : “Vaya antes a Salud Mental”. Sin duda no sabe qué gente hay en “Salud Mental” yo sé que están desbordados por adultos que ya no pueden mejorar y tratan a todos igual.

Le dije no. Voy a solucionarlo yo misma, leyendo sus libros y comprendiendo cómo actúa la mente de un niño con un “miedo patológico” si no se trata se convierte en un “adulto con la mente de un niño con un miedo patológico” que es demasiado escurridizo para dejarse tratar.

El amor y la confianza que les trasmito a mis hijos, a pesar de la disciplina que puedo imponer desde la distancia que me toca ( a través del teléfono) me ayudaran en este duro camino que me toca desenredar. Sólo mi voz y mi manera de hacerlos enfrentar la vida les está salvando de ser tratados como “enfermos mentales” a los que hay que controlar con “pastillitas”.

Estoy en el grupo de “fobia social” sin tenerla, necesito comprender sus problemas. Las personas que allí hablan se quejan de que no pueden soportarlo y que la medicación no les hace efecto, no soluciona nada. El abordaje debe ser psicológico para cambiar una conducta errónea que los aisla socialmente y los hace sentir “como una mierda”.

Es mi pensamiento estoy especializada en salvar a mis hijos “del aislamiento, la oscuridad y el miedo” y lo voy a lograr.

De momento no voy a conocer al Dr Pepe Olivares me valdré sus estudios, quizás algún día podamos conocernos, quizás.

Comentarios sobre "Ansiedades y Miedos" Dr. John Pearce

Hola compañeros, hoy quiero hablar sobre un libro que conseguí de segunda mano:


En el mismo se guía a los padres hacia la educación y reforzamiento de la personalidad del niño.

El niño es:

-Nervioso, necesita moverse
-Juguetón
-Egoísta
-Exigente
-Dependiente
-Cariñoso
-Fácil de convencer
-No distinguen la ficción de la realidad, viven en el mundo de los cuentos...

Pues seamos cuentistas pero volvamos al tema que trata el libro. El error más grande es la “sobreprotección”. En el libro aborda el tema de la “ansiedad infantil” que es trasmitida a través de los propios padres.

Ejemplo:

“Te vas a caer, no vayas por ahí” “No te manches” “No, no lo hagas” “No vamos a ir, hay mucha gente”

Sin darnos cuenta, estamos creando “un nuevo mutista”.

El niño no sabe enfrentar sus miedos porque nunca ha tenido que hacerlo. Se refugia constantemente en la protección que el padre o la madre le otorgan, por tanto el miedo crece y se hace invencible, paralizándolo.

Una respuesta de su cuerpo puede ser “no hablar”, hay otras... Suele aislarse porque es más cómodo para él no tener que asumir riesgos.

¿Cómo cambiar? Siendo unos padres responsables que no ceden ante los caprichos de sus hijos. Si nos mostramos “dominados” débiles ante su voluntad, le trasmitimos más miedo e inseguridad porque él no sabe lo que hace y nos está gobernando.

Hay que ser firmes sin ser autoritarios. Nuestro “no” es no y nuestro “sí” es si. Da igual cuanta gente halla en ese momento presenciando una rabieta. Nos va a solucionar los que juzgan con su mirada nuestros problemas?Seamos valientes y eduquemos hijos sanos, que sepan seguir reglas, que no se acostumbren a recibir todo a cambio de nada.


Os recomiendo su lectura, es fácil y nos deja ver como es la personalidad de un niño. Nosotros somos progenitores, a veces podemos ser niños, pero debemos ser su guía no su amigo.