TRATAMIENTO
EMPLEADO PARA VENCER LA FOBIA
Tengo
la suerte de entender “el problema de una persona con fobia.”
Al principio, durante años pasó desapercibido “incomprendido”
pero tras las mismas reacciones repetidas en diferentes personas soy
capaz de darme cuenta de todo.
Las
fobias no desaparecen con una varita mágica y combinado
explosivo de medicación que los expertos en la materia recetan
porque los pacientes dicen “mejorar”. Es como untar de aceite
algo que necesita ser aceite, me explico no hay mejor medicina que la
que uno mismo se da a través de saber lo que realmente necesita.
Volviendo
a mi propia experiencia diré que las fobias se vencen, es
posible. El mejor tratamiento es el amor. Cuando la persona
fóbica es amada y entendida confía en ese guía.
He
debido ser dura, veréis que no dije “ te comprendo y consuelo”
así no hubiera solucionado el problema. Lo habría empeorado y
convertido en un aprendizaje negativo de la persona para no vencer
sus miedos. Recompensando su debilidad y favoreciendo que no salga de
su zona donde se siente segura, aunque no feliz.
No
queriendo más que compartir de lo que ha funcionado, diré cómo ha
funcionado y qué tratamiento he aplicado( cambio de conducta) para
resolver la fobia presentada.
Fobia
al agua del mar :
Tratamiento
empleado: exposición gradual y progresiva al agua, durante pequeños
segundos, minutos y ratos durante periodos de intervalo de 7 días,
durante dos meses habiendo obtenido que la pequeña de tres años me
lleve ella al agua y quiera permanecer dentro de ella en mi compañía
por espacio de más de media hora.
El
primer día de playa no la expuse al agua, ni lo siguientes. Mirar el
agua desde lejos le hacia pensar en que “quería regresar a casa”.
Aunque sí jugaba a bañar a su muñeca que siempre la acompañaba a
la playa en un cubo. Cuando se hubo acostumbrado a estar allí,
observando a los demás bañarse durante semanas, la metí, lloraba y
gritaba pero la metí unos segundos. A la primera que expuse fue a su muñeca, lanzándola al agua, ella tuvo que acercarse a la orilla a salvarla de que se la llevara el agua. Fui
exponiéndola al agua en breves baños, a veces de espaldas al mar, para que no viera
lo que le daba “miedo” Actué con normalidad, sujetándola de la
mano y saliendo tranquilamente del mar cuando el agua le llegaba a
las rodillas. Nada de sobre protección, no había nada que temer
aunque ella creyera que sí, la entendía pero no la protegí de un
peligro imaginario.
Fui
sorprendiéndome de los cambios positivos. Observé la forma de
cambiar de actitud, ya hubiera olas y mala mar. Ella accedía a ir al
agua. Aunque temblara, se aferrara a mi cuello o en algunas ocasiones
hasta llegara a vomitar. La exposición la hice de pequeños
minutos, primero en la orilla y más tarde donde cubría.
Han
pasado dos meses y es capaz de ir ella sola a buscar juguetes,
mojarlos y volver al sitio para traer otro. Sigue sintiendo cierto
miedo pero controlado. El último día, su muñeca se quedó en casa, ya no era necesaria su presencia en la playa. Fue la prueba de que "ya no temía ir a la playa"
La niña adora el agua, le gusta tanto que no quería salir de ella y se lo estaba perdiendo...
La niña adora el agua, le gusta tanto que no quería salir de ella y se lo estaba perdiendo...
A
partir de septiembre la apuntaré a cursos de natación, para que
siga avanzando.
Siguiente
miedo vencido. Fobia a las gotas en los ojos.
Hace
unos días tuvimos que ir al médico. Tras un examen previo, donde no
se dejó tocar, el doctor decidió usar un líquido amarillo y una
lámpara de luz azul para ver si tenía conjuntivitis.
Tuve
que sujetarla de pies y brazos. Vinieron tres enfermeros y dos
médicos. Nos recetaron un colirio.
El
primer día tuve que sujetarla, entre gritos y pataleos, le lavé con
suero y le puse colirio. Seguí constante, convenciéndola de que no
pasaba nada. Poco a poco, fue cambiando y hoy es ella la que se
levanta para pedirme que le ponga una gota en cada cojo, se tumba en
la cama y cierra fuertemente los ojos, desde arriba le llega una gota
a cada uno, no se restriega y pide su recompensa “una chuche”
Cada
vez que ella “tiene una fobia” la ayudo a vencerla. La
enfrentamos poco a poco. Entiendo su miedo exagerado, sus cambios
físicos ( palpitaciones, sudores, temblores, defensa) pero no me
dejo vencer por ello. Si siente que no pasa nada una y otra vez,
llega a convencerse de que “la exposición al miedo” no la daña.
Así se vence una fobia, enfrentándola gradualmente.
Es
fácil hacerlo cuando son pequeños. Nosotros somos su influencia y
su guía. Con mayores también funciona. Hay que hacer exactamente lo
mismo, obligarles a enfrentarse a los que evitan o temen, ya sea
personas, medicinas, visitas etc.
Se
puede obligar sin “refuerzos negativos” o sea castigo, que
no haga las cosas por un temor mayor al que deseamos que enfrente,
sino siempre estará presente “el miedo”. Lo que realmente
funciona es el “refuerzo positivo” o recompensas pequeñas a sus
avances.
Ejemplo:
Si vas
y te sometes a lo que temes conseguirás algo que deseas. La
recompensa debe ser tan pequeña como su esfuerzo. Para seguir
motivándolos a avanzar. Espero que un día, este aprendizaje le
valga para aplicarse ella misma su forma de enfrentar los miedos.


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