domingo, 28 de septiembre de 2014

Las emes de Alberto

Las emes de Alberto
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Alberto era consciente de la posibilidad de ser descubierto. Le gustaba correr el riesgo, era agradable triunfar en ojos ajenos, captar la felicidad que todos manifestaban y sorpresa por su invención tan realista, capaz de pasar por verdad.

No todo el mundo se lo perdonaba como su madre, pero era feliz de cualquier modo, prefería ser un tipo con suerte efímera, a un fracasado cansado de darse golpes contra el cristal.
Consiguió su objetivo, el trabajo de profesor de lengua en una academia modesta. A partir de ahora, daría clases particulares a niños de primaria. No debía ser demasiado difícil hacerlo,se decía para adquirir seguridad, él había estudiado hasta bachiller así que podría resolver sus dudas sin problema. En cuanto al director de la academia, tardaría un tiempo en comprobar su currículum, con un poco de suerte, sus títulos falsificados no serían descubiertos.
Estaba muy convencido de ello. Ya había creado un nuevo cuento. Pronto en casa lo volverían a respetar por su éxito. Le solían criticar su madre y hermana, ya que a sus veinticinco años rara vez conseguía mantener un empleo. Su madre, siempre le decía que debía cambiar, dejar de ser un cuentista, lo deseaba todo rápido y no tiene paciencia para dejar que lleguen las cosas. Pero él se desmotivaba con facilidad si no conseguía su objetivo en poco tiempo, así que como no sabía como hacerlo y prefería mantener su estilo de vida; fácil y cómodo.
En la academia, al principio el director con toda confianza le dejó trabajar a su aire, pero pronto descubrió errores nada perdonables en el nuevo profesor. Tenía dificultades para ayudar a sus alumnos. Se evadía del tema, falto de paciencia y recursos, desviaba la hora de clase a temas que le eran más divertidos, como el fútbol o los concursos televisivos. Alberto, parecía no darse cuenta del recelo que despertaban sus historias infladas de mentiras.
Cuando iba al gimnasio, contaba para conseguir la máxima atención, que competía como deportista de élite. Al indagar los compañeros en la actividad, no dudaba en asegurar que era nadador clasificado con el mejor tiempo para los campeonatos. La casualidad hizo que un nadador profesional le felicitara preguntándole sobre los tiempos obtenidos y estilo. Alberto sin saber que argumentar, se sonrojó entonces, dubitativo, decidió marcharse, quedando en evidencia ante los demás.
Este hecho, provocó rechazo y malestar entre sus compañeros deportivos, que pasaron de la admiración al molesto enojo de tener que saludarle, así que se esforzaban en evitarle. Disimuladamente, cambió de gimnasio para proseguir su cadena de mentiras.
Tuvo el consuelo de su novia, Elena. Le recordaba a menudo lo enamorada que estaba de él. Quiso tenerla mimada y consentida, le regaló un anillo de diamantes, todas las semanas la llevaba a los mejores hoteles. Ella creía que era piloto y por eso disponía de tanto dinero. La verdad era que había agotado el crédito de sus tarjetas, pero era tan bonito que pensara tan bien de él y se sintiera dichosa por el trabajo bien remunerado que tenía, que no pensaba que pasaría cuando no pudiera invitarla más.
Un día, vió a su novia salir de una tienda corriendo, que alegría pensó, pero observó pronto que tenía demasiada prisa. La llamó, pero ella no le oyó, se alejó. Una dependienta desesperada trató de alcanzarla. ¡Ladrona, vuelve aquí! escuchó... Estupefacto, decide marchar en otra dirección. ¡Que vergüenza! ¿A Elena le gusta robar? Bueno, no es tan grave, el también hace cosas extrañas.

Pero la confianza sobre ella estaba en alerta máxima. No le dijo nada al recogerla, pero cuando la llevaba de regreso, decidió seguirla. Para su sorpresa, no vivía allí, estaba claro, sacó unas llaves del bolso y fue hacia otro lugar. Al acercarse al portal, leyó los timbres y pudo ver el nombre de ella junto a otro un nombre. No dudó en tocar y preguntó por ella. “No aún no ha llegado, espere, parece que está abriendo la puerta Elena, cariño”...Alberto ya no escuchaba. Se alejó con el corazón destrozado. Era tan grande la desilusión, que no quiso verla más. Pronto descubrió que no era la única mentira que había en su vida. Al llegar a casa encontró a su madre con otro hombre.

Las mentiras tienen las patitas muy cortas Alberto”. La frase en la boca de su madre pareció indigestársele. ¿Cómo puede haberle hecho eso? Bueno ella era viuda, pero siempre dijo que estaba sola.

Sin encontrar descanso ni paz, se marchó sin rumbo, sin saber cómo, llegó a un lugar solitario. Allí en la pasarela frente al mar, soplaba el aire frío. El cielo parecía parte de su tormento, con nubes grises revueltas. Contemplando aquel espectáculo sombrío sólo había un viejo, flaco, consumido en sus pensamientos, con un brillo extraño en los ojos quiso desnudarle con la mirada.

-¿Que te ocurre muchacho? ¿se derrumbó el mundo sobre ti?-preguntó con voz sonora.
-Que más te da, déjame tranquilo viejo.
-Pareces decepcionado de la vida.
-Todo está podrido viejo, todo el mundo miente y engaña.
-¿Y tú lo haces?
-¿Yo? Lo justo-dudó, nervioso-
-¡Mientes! Entonces,recibes lo que das, muchacho.
-Es diferente, con mis mentiras hago feliz a mucha gente.
-Mira chaval, las mentiras no hacen feliz a nadie. Son decepciones que caminan haciendo ruido con zapatos de cristal. En cuanto menos te lo esperes, se rompen y vas descalzo. Mejor tener unos zapatos normales que unos que se van a desintegrar ¿no crees?
-Me fue bien, todo iba bien, ellos, ellos me mintieron y...-objetó a modo de defensa reflexionado añadió-tienes razón, recibí lo que di, lo mismo que sembré, recogí.
-Me alegra que lo aceptes amigo. ¿Qué piensas hacer ahora?
-No lo sé.
-Puedes volver a empezar si aceptas que tus mentiras te llevaron a más mentiras y ello a fracasar.
-Me cuesta aceptarlo, pero lo haré. Quiero volver a empezar de cero.

Dicho esto, se volvió despidiéndose del viejo con una ligera sonrisa llena de amargura. Regresó a casa y perdonó a su madre. Fue a la academia y se despidió. A partir de entonces, fue feliz.

En poco tiempo encontró un trabajo como vendedor de enciclopedias, con el arte que tenía para convencer, era buen conversador, pronto se convirtió en un hombre de éxito.

Al fin Alberto se sentía realizado. Conoció una nueva chica, sensata e inteligente que le aportó bienestar a su vida. No era tan apasionante como antes sin las fantasías y excesos de lujo, pero mucho más satisfactoria. Ahora no debía inventar, sólo disfrutar.

De noche, soñaba con las ”emes” de mentiras, de ojos enormes alejarse y ser engullidas en una tormenta de nieve en las montañas. ¡Qué suerte!

Fin

Autora@MaiteAlbarrán

viernes, 26 de septiembre de 2014

Socorro, soy mamá



¡Socorro, soy mamá!

Valentina iba a ser madre. La noticia la sorprendió por lo pronto del acontecimiento, en apenas unos meses logró su objetivo: quedarse embarazada.
Sucedió en un momento de búsqueda de empleo. Encajó el embarazo de mucho agrado, ser madre, era una aventura irrepetible que tenía el privilegio de vivir, así que ¡adelante! Tuvo un embarazo lleno de incertidumbres, lo que le provocó algunos momentos de ansiedad, que supo controlar, por el poco dinero que entraba en casa. No era la mejor época, mirado desde el punto de la economía, pero perfecto si lo que contaba era el amor. Ahí estaba acertada, su marido era un hombre que la quería y la hacia muy feliz. Querido hijo te espero con mis manos abiertas, se dijo.

Valentina, era una mujer decidida y segura. Pero en esta aventura de tener un hijo se sentía un tanto desvalida. Su madre murió cuando ella tenía diez años de cáncer. Su padre, la crió con mucho cariño, además siempre tuvo a sus tías cerca, ¡la echaba tanto de menos!

Se le hacia un nudo en la garganta cada vez que abría el libro. El famoso manuscrito que le dejó. Allí, su madre, pretendió dejar un poco de huella creando una guía de superviviencia para su hija. Comenzó a escribirla antes de enfermar, sufriendo por que se iba demasiado pronto, no por la muerte, no la asustaba. No la tendría para contarle aquellas cosas que unen a una madre con sus hijos.

Pero era el momento de atreverse a leerlo. Ahora, que sentía en su interior agitarse la vida, sabía que estaba más unida a su madre que nunca. Tengo que leerlo sin que me afecte, tengo que leerlo...

Estaba de ocho meses y medio, cuando al fin, apremiada por la necesidad de conocimiento, pronto se convertiría en madre, lo leyó. Su madre le decía que no llorara, que mal consejo, ya lo estaba haciendo ¿por qué no te callas, mamá? De repente la madre se reía, que raro, ella también lo hacia, parecía que el drama se convertía en chiste. Con qué facilidad la envolvía... ¡como siempre! Yo también te quiero mamá, te adoro...¡cuánto te echo de menos! Se decía en su interior.

Pongámonos serias Valentina, déjate de lágrimas y saca un aprendizaje de lo que te voy a decir. Si estás leyendo este pasaje, es porque traes un hijo al mundo, que maravillosa aventura hija, te felicito por esa capacidad de amar. Espero sea con la persona adecuada, lo sabrás si eres inmensamente feliz. Volvamos al niño, o niña, no olvides nunca buscar esa niña que necesitarás en tu vida, con independencia de que ahora sea un niño ¿vale, mi cielo?

Cuando llegue el momento del parto, te sentirás muy confusa, pasarás un momento decisivo en tu vida en el cual recibirás el regalo a un sacrificio de nueve meses de entrega, cuidándote para al ser más importante de tu vida. Al principio, no te preocupes, sentirás un pequeño rechazo, sobre todo si alrededor se preocupan más por el niño/a que por ti, te sientes cansada,rota, mientras a nadie parece importar. Pero será un momento, luego una conexión especial te hará fluir hacia tu criatura, desearás proteger a esa vida maravillosa que depende en exclusiva de ti y tu marido.

Dale tu calor, el amor que lleves dentro. Hazle brillar y que se sienta el ser más amado. No permitas que nadie te aleje de tu pequeño/a. No sigas más consejos que el de tu corazón.

Ahora viene un pequeño sacrificio que te recomiendo. Ofrécele tu pecho, no pienses que te va a devorar... al principio, es una sensación desagradable, incómoda y dolorosa. Pero es sólo el proceso de aprendizaje, si lo soportas, en una semana habrás creado una conexión con tu hijo envidiable, tendrá un brillo propio superior al astro Sol. Con lo que nos gusta a las dos el calor ¿verdad?

Vuelves a estar unida a tu hijo a través de la lactancia, de una manera aún más espléndida. Ya volverás a leerme, porque no te parece maravillosa de momento, además te están ofreciendo el biberón para que se calme, no sabes que hacer, sé fuerte, dale tu pecho y tu amor, contén sus lloros con el bálsamo del cariño infinito. Al tercer día, la leche manará de ti, lo inundará y será suficiente.

Nada más nacer, sea cesárea o parto, ponlo en tu pecho, lo ideal es hacerlo antes de media hora. Que chupe, déjate de visitas y formalidades, pasa de todo y alimenta a tu hijo. Él/lla es lo único importante ahora. No pongas la televisión, mantén la habitación en silencio que la música clásica fluya en ese momento. Date paz y trasmite esa belleza de estar entre los ángeles.

Recibirás muchos consejos contradictorios que no has pedido. Se un poco sorda y actúa por instinto, este no falla. Ofrécele los dos pechos, cada poco tiempo, hazle chupar. Un truco, cariño, moja tu aureola con agua, si la nota seca lo rechaza, métele todo el pezón y tranquila, no se asfixia, tiene espacio para respirar. Sentirás en pocas horas que eres una madre experta. Si alguna pequeña herida te sale, el mejor bálsamo es tu propia leche. Lava tus pechos con agua y puedes usar vaselina sin olor para hidratarlos. A mí me fue bien. Los discos de lactancia mantendrán tus pechos secos para evitar que el exceso de humedad los agriete, úsalos.

Enseña a tu marido a cambiar pañales, practica antes del parto, será divertido y os unirá más como pareja, deja que él esté dentro de todo. Un osito es ideal. Te lo aconsejo, porque si es cesárea, necesitará saber hacerlo, guíale bien y será tu ayuda, como hice yo con tu padre.

No le pongas chupete hasta que pasen tres días. Llora un poco más pero tienes que tener aguante. El motivo es que los bebés succionan con mucha fuerza, si lo hacen sobre un chupete, luego no te succionarán a ti, provocando el retraso de la subida de la leche. Ten paciencia, en poco tiempo verás que tienes mucha y sobrante leche para su necesidad.

La lactancia materna, parece muy sacrificada pero no lo es. Fortalecerás su sistema inmunitario y el tuyo. Una madre que cría, es una roca contra las enfermedades. Mi experiencia ha de valerte, sabes que naciste por cesárea.

Mantén la calma cuando llegue el momento del alumbramiento. Sea lo que sea, saldrás de esta como de todas las que te propongas, tienes una herencia de los fuertes, nunca lo olvides.

Deja que la energía positiva fluya en ti y hacia tu bebé, si alguien te incordia, quítalo de tu camino, ahora es el momento de estar relajada y feliz. Trasmites a tu hijo/a tus estados de ánimo, así que esfuérzate, se egoísta, debes proteger su felicidad, es la tuya.

Cuando le des de mamar, no olvides apuntar en una libreta sus tomas, la memoria en este período te fallará. Pon la hora y el último pecho del que se alimentó, por ejemplo “doce, izq”, así sabrás por donde debes de empezar en la siguiente toma. Por supuesto, el izquierdo.

Deja que succione a placer, pronto observarás que se suelta y llora. Cuando deja de sacar alimento quiere que le cambies, hazlo, no te preocupes demasiado. Controla su peso una vez por semana en la farmacia.

En las revisiones observa al pediatra y enfermera. Las puertas, las corrientes, el calor... si no estás segura de algo, no permitas que suceda, recuerda tu instinto.

¡Ah, las vacunas! Pesadilla de todas las madres... sufrirás mucho viendo a su pequeño/a inyectado. Si una vacuna tiene una mala reacción, no vuelvas a vacunarle. Lo importante es sobrevivir, o como decía un genio del cual guardo una frase, llamado G.G. Marquez, “vivir para contarla”.

Dale mucho amor, dedícale tu tiempo. No sufras por el dinero, se puede vivir con muy poco, controla tus deseos y serás feliz. Tu bebé te necesita a ti. No a una cuidadora o a tu suegra, que espero tendrás. Sacrifícate y ofrécele tu tiempo. Es le mayor regalo que puedas darle.

Tenlo contigo, cueste lo que cueste, hasta que cumpla un año. Luego, puedes volver al trabajo. No te preocupes, trabajos hay cientos, no es lo más importante de tu vida. Lo importante lo acabas de tener, tu tesoro; tu hijo/a.

Te amo Valentina, espero que mis palabras, lejos de llenar tu corazón de lágrimas te sirvan de guía en esta vida maravillosa que estás recorriendo como un río, fluye, vive, trasmite, comparte y vuelve conmigo mi amada hija. Donde esté, siempre estaré contigo.

Sonríe, ya sabes que detrás de una sonrisa estará tu madre, las aventuras de la vida, no dejaron huella, sólo el amor está en mi, te dejo que sigas trasmitiendo lo importante.

Se me olvidaba. No invadas tu casa con muchos artilugios que anuncien como lo mejor para los bebés; cuna, parque, bañera, hamaca, trona de comer y una alfombra aislante para ponerle en el suelo. Tenlo en el suelo a partir del octavo mes de vida, déjale tocar todo y descubrir como es el mundo, evita que quiera probar el sabor de todas las cosas con un chupete. Necesita experimentar por si mismo, no temas. Juega, canta, ríe, haz que se sienta inmensamente feliz contigo.

Cuando crezca, no limites el cariño a unos resultados de escuela. Las madres solemos hacerlo equivocadamente, yo rectifico mis errores. El éxito de él/lla estará en su felicidad, no en lo que consiga en unas notas. Necesita sentirse seguro/a y querido/a. Enséñale valores. A respetar, compartir, amar, tolerar a los demás y encajar en el mundo, sin olvidarse de seguir su propio instinto hacia aquello que le hace feliz. No seas una madre que espera que su hijo/a llegue donde ella no pudo llegar. Sé una madre que comparte, disfruta y quiere a sus hijos. No pierdas su confianza y si lo haces, ni tú eres perfecta y lo sabes todo, acepta que vas a equivocarte, esfuérzate por recuperarla. ¡Podrás hacerlo!

Cuando se caiga volverá a ti. Se alejará muchas veces, se creerá auto suficiente pero siempre volverá en busca de el bálsamo del amor incondicional que estás dispuesta a darle. Me cuesta marcharme, pero mira estoy contigo ¿ves? Lo estoy, mira en tu luz interior, brilla, estoy ahí, no dejes que se apague.

-Fin-

Autora@Maite Albarrán

jueves, 25 de septiembre de 2014

La serpiente Juanita


Había una vez, un serpiente muy astuta, le gustaba hablar y convencer a los demás de que era bondadosa. Al principio, hacia favores, como cuando ayudó a un pájaro que tenía por costumbre anidar en el suelo a esconder los huevos. Controlando su instinto, conseguía que los animales no estuvieran alerta.

Juanita, que así se llamaba, podía pasearse por la selva sin que los demás animales sintieran miedo de su presencia. Con un amor fingido y unos ojos encantadores, cuando nadie la observaba, atrapaba a los animales indefensos en un ataque mortal.
Desaparecer en la selva, es algo natural, si no tienes cuidado o comes o eres comido. La serpiente, que le gustaba ser respetada, aseguraba a todos que ahora en su vejez, se alimentaba de caracoles y cangrejos de río, incluso comía hierbas para evitar sacrificar animales.
La señora pata, tenía dieciséis hermosos patitos. Dejaba que Juanita la acompañase a nadar al remanso del río, allí los patitos jugaban y se divertían, vigilados por la atenta serpiente que les decía que tuvieran cuidado, cuando se alejaban hacia la corriente.
Cuando los pollitos estuvieron gorditos de buen comer, empezaron a desaparecer uno a uno. Mamá pata, no podía entender que era lo que les ocurría, porque cuando bajaban al río eran escoltados por Juanita. Los ataques sucedían cuando ella dormía una pequeña siesta en la tranquilidad de las frescas hierbas.
La serpiente sigilosa se arrastraba entonces, llamaba a un pollito que la obedecía y de un bocado lo engullía sin dejar rastro.
La técnica de cazar que había desarrollado Juanita, era traicionera. Primero, se ganaba la confianza de una madre y sus crías, luego, de manera astuta y silenciosa convencía a alguna para que se acercara y ¡zas! Era comida.
Las palabras de la arrastrada serpiente eran muy dulces, convincentes y amistosas. Pero si te fijabas bien, cuando ella pensaba que no la mirabas, un brillo feroz asomaba a sus ojos.
Todas las madres, desconsoladas lloraban las pérdidas de sus crías, entonces Juanita, lloraba con ellas, fingía tan bien, que a veces, las madres se sorprendían de que pudiera tener unos sentimientos tan nobles.
En su interior, la serpiente se sentía muy sola. Ella era un depredador y tenía que comer y atacar por sorpresa. Eso de querer hacer amigos era algo que la mataba. Una rabia poderosa la atormentaba, era lo que no quería ser; sociable.
El malestar que tenía era difícil de ocultar. Gritaba, se enfadaba por todo y su ferocidad era cada vez más manifiesta. Hasta que un día, la impaciencia la puso en evidencia. Iba a engullir un pollo de un ave, cuando la madre gritó horrorizada.
Tuvo que huir para evitar los picotazos de todas las aves. Al marcharse del lugar, se sintió aún más sola. Vagó por la selva en busca de un nuevo lugar para comenzar, cuando lo encontró ya no le apeteció engañar. Ahora cazaría como antes.
Le costaba más trabajo conseguir una presa, pero disfrutaba de la comida sin ocultarse del placer que le producía la captura. Ella era un ser depredador, que no tenía amigos porque no sabía relacionarse con los demás. Lo único que le importaba era cazar y descansar. A veces, sentía envidia de la unión de mamá pato y sus patitos. Pero debía aceptar lo que era y proseguir su camino.
No era agradable, pero cuando se tumbaba al sol, encontraba otras serpientes que tampoco eran agradables y hablaban sobre lo difícil que se habían puesto los tiempos y lo listo que eran los ratones.
Juanita, era más feliz ahora que no intentaba ser sociable, respetada y admirada por su bondad. Ella era un ser creado para equilibrar la naturaleza y comer lo que se excedía en producción.
Cuando el cocodrilo se lo explicó, lo comprendió todo. Eso sí, tras la conversación tuvo que huir de una boca que no dudó en perseguirla hasta que desapareció en la selva. Es que al cocodrilo pronto se le olvidaba la conversación y su instinto hambruno, al ser corto de vista, le llevaba a atacar a todo lo que se moviera ante su presencia.
Bueno, pensó soy un ser despreciable porque me arrastro y ataco a los animales, pero equilibro la naturaleza, sin mí no habría alimento para todos los patos y pájaros que crían. Los ratones, conejos roen todo, yo también los controlo para que puedan tener suficiente comida. Me necesitan, soy un ser controlador, estupendo y maravilloso.
Desde aquel momento de reflexión, Juanita fue la serpiente que sonreía antes de matar. Equilibro sólo equilibro, se decía.
Moraleja: A veces es mejor comprender lo que somos y aceptarlo, sino podemos cambiar nuestra naturaleza, debemos encontrar un lugar o personas que quieran estar con nosotros, porque nuestra presencia y forma de ser es comprendida y no les resulta insoportable. Si no puedes cambiar, trasmite que te acepten, sino lo consigues, sigue buscando hasta encontrar quién pueda quererte.

Autora@Maite Albarrán

martes, 23 de septiembre de 2014

Adentro

Desde mi ventana
escucho la guitarra
lenta, alarga notas
preludio al silencio.

El recuerdo azota
me detiene ahora
besos de almendra
aromas del mar
humedad de selva
suave paraíso
donde descansar.

Veo en este alféizar
gaviotas y crías
están anidadas
en el viejo tejado.

Polluelos y píos
atención con poderío
estático el aire
acuna los mimos.

Caudal de anhelos
se dan
dan
paso a paso
al océano
intenso, inmenso
chapoteo
del verbo amar.

Veo, veo
es
niña desvanecida
mujer de miel
derrotas, dolor
no dejó el tic-tac
sobrado corazón.

Canelas y limón
palabras de ron
tardes de risas
ilusión.


Tierra de cuerdas rotas
nadó en la negra mentira
salida de sierpes de río
oscuras, siniestras
aniquiladoras.

Deja escrito:
Nadé, me hundí, respiré
sobreviví.

Ardor de pulso
opaca realidad
falsas palabras
se van
se van
se fue.

Desde mi ventana
llega la esencia añeja
de geranios multicolor.

Desde la ventana
admiro al bebé
llora y ríe
ángel
de ojos claros
de primera Luna
observa callado
mi renacido Sol.
Autora@ Maite Albarrán

El miedo de Cuato



Había una vez, en una granja un gato negro llamado Cuato, de mirada penetrante y observadora. Era perezoso, egoísta y muy miedoso. Se amaba mucho a si mismo, pasaba el día acicalando su pelaje y lamiendo sus patitas con adoración. Sabía ser zalamero, cuando quería conseguir algo, a la hora de comer ronroneaba entre las piernas de su ama, así lograba estar bien alimentado. Los niños a escondidas le guardaban restos de comida, que devoraba con hambre ansiosa. Era un estómago insaciable. Su figura era como un barril con cuatro patas de andar oscilante. Tenía miedo, de los ruidos y sonidos de otros animales que ignoraba con desdén, por lo que prefería observarlos a través de las ventanas sin salir de casa. Cogió por costumbre dormir en la cama de los niños, pero estos se quejaban de que pesaba mucho. Así que el amo, cansado del gato, lo echó una noche a dormir al porche de la casa de madera.

Cuato, al verse solo, comenzó a maullar con desesperación hasta el amanecer, en cuanto el amo abrió la puerta, corrió a esconderse en la despensa. Todas la noches dormía fuera, sus maullidos eran intensos y producían cierta angustia, pero a él no le importaba molestar a los animales, que no se quejaban por escuchar a un gato tan llorón. Una noche la Luna alumbraba el lugar, él como de costumbre lloraba con ahínco y sintió lástima así que le preguntó que le pasaba. Acalorado y angustiado, le contó que tenía mucho miedo de ser comido por las fieras salvajes del bosque que sabía iban a la granja en busca de gallinas, pero como estaban bien cerradas, si los animales hambrientos no encontraban nada, no dudarían en comerse a un gato gordo que no podía defenderse.

La Luna cansada de escuchar el exceso de ego ( la importancia que se daba el gato sobre los demás animales, pecaba de cierta superioridad) se iba a marchar, cuando el gato le suplicó que le llevara, seguro que en su cara redonda se dormiría a gusto y seguro. Lejos de cumplir sus deseos, algo molesta por sus pretensiones, se vio obligada para calmar y ofrecer descanso a los demás animales, a darle un único poder, el de comunicarse con los humanos. Podría hacerlo durante la noche, así si alguna vez se veía en peligro, podría avisar al amo.

El gato tuvo que conformarse, excitado por ese poder tan especial, dejó de maullar ahora se pasaba la noche hablando, a veces leía cuentos que sacaba a escondidas de casa de los niños. Las gallinas horrorizadas, le escuchaban temerosas, leía y repetía aquel en el que un gigante mataba a todas las gallinas que no pusieran huevos de oro. Todos los animales eran desvelados y molestos se tapaban las orejas para minimizar el sonido de la voz de un humano en el cuerpo de un gato. Tanto jaleo armaba que una noche, una zorra lo estaba acechando desde una matas muy cerca de la casa. Cuato, pudo ver el brillo de sus ojos feroces iluminados en la oscuridad y tuvo mucho miedo, era su fin. Gritó y pidió auxilio al amo, pero éste, tenía un dormir muy pesado y no acudió en su ayuda. Así que presa del pánico, sin saber que hacer corrió en dirección a la porquera. De un salto, se plantó en el fango de la cerda Soraya.

La zorra, lejos de amedrentarse le siguió hasta la porquera y esperó a que saliera. Pero pronto lo vio asomar encima de Soraya, ésta rechinaba los dientes en un gesto amenazador, lanzó bocados al aire enganchando a la zorra en su huida en el contra muslo de una pata trasera. Esta emitió un gemido muy quejumbroso y corrió despavorida hacia el bosque. El gato estaba a salvo, seguro que la zorra no volvería a molestarle jamás.

Soraya y Cuato, a partir de ese día, se hicieron muy amigos. La cerda, era muy valiente, admirada por su juicio, hablaba poco pero con mucho conocimiento, además era voluntariosa, dispuesta a ayudar a los demás. Él empezó a sentir cosas diferentes ya no comía tanto, parte de lo que los niños le daban lo guardaba para dárselo a su amiga por la noche. Dormía siempre cerca de ella, así su miedo desapareció, era seguro acurrucarse en el calor de Soraya. Todo iba muy bien, hasta que un día escuchó que el amo estaba pensando en hacer una matanza. ¡Qué horror, quería comerse a Soraya!

Ese día estuvo muy triste, con unos nervios angustiosos en el estómago por lo que iba a pasar. No le preocupaba perder su seguridad de la noche, estaba centrado en el cariño que sentía por la cerda. No sabía que idear para salvarla. Esperó a que llegara la noche para avisar, pero el amo esa noche, fue a cumplir su plan. Así evitaría que los niños escucharan chillar al animal y le impidieran sacrificarla.

Cuando salió en dirección al establo, Cuato le siguió con cautela, justo cuando iba a degollar a la cerda, comenzó a hablar. Al principio, lo hizo implorando por su vida, pero el amo, tenía miedo y le daba ideas. Así que le convenció de que tenía poderes extraordinarios y al preguntarle si sería rico, le dijo que inmensamente, siempre que la mantuviera con vida.

El amo, extrañado y maravillado, quiso comprobar al día siguiente si aquel animal hablaba o lo había soñado. Al ir a ver a la cerda, comprobó que nada decía y justo cuando volvió por la noche para matarla, se volvieron a repetir las palabras en boca del gato.

Extrañado, comprendió que los poderes de la cerda Soraya se activaban de noche, cavilando regresó a la cama con el pensamiento centrado en como hacer negocio de aquel hecho milagroso.

Durante la noche, dos veces por semana, el animal recibía visitas de personas que pagaban para pedirle cosas, necesitaban convencerse de que sus deseos serían cumplidos. El gato Cuato, se hizo un experto en manejar las emociones de las personas. Cuando llegaban a él estaban angustiados y tristes, cuando se iban la felicidad iluminaba sus rostros. Hablaban con sus muertos, con amores que se habían ido, a veces preguntaban sobre el futuro y la suerte, si conocerían el amor o serían ricos. Sus predicciones raramente se veían cumplidas, pero era tan convincente, que las personas seguían visitando a aquella cerda de poderes para les dijera cosas agradables y les resoplara con su aliento de la buena suerte.

Así fue, como Cuato y Soraya, mantuvieron sus vidas unidas, cuando miraban a la Luna, ésta parecía saludarles con unos ojos muy dulces, orgullosa de proteger a unos animales tan divertidos que la entretenían y la hacían reír algunas noches, en sus conversaciones tan razonadas, uno era la voz y la otra el cuerpo al que los humanos habían elegido de consejeros.

-Fin-

Autora@Maite Albarrán

viernes, 19 de septiembre de 2014

La desdicha de la familia de Fermina




Fermina se encontraba mal de ánimo. Había llorado y llorado, noches enteras, cavilando la manera de solucionar el problema. Tanto se había angustiado, que el pelo comenzó a caer sin asomar de nuevo. Al mirarse al espejo, podía darse cuenta de la incipiente calvicie a rodales en algunas zonas, que disimulaba tapándolas con el cabello largo. No había remedio, el director del banco les acababa de informar que ya no podía dilatar el proceso de embargo. Las cuotas de su hipoteca se habían congelado en espera de que obtuvieran ingresos, pero llevaban diez meses en el paro y sólo uno de ellos percibía una ayuda. Cosa del jefe, con la crisis, Fermina trabajó sin contrato y Jeremías había estado asegurado media jornada, aunque cubriera una entera. Sobrevivían con la ayuda de la escasa familia que podía socorrerles y el banco de alimentos. Eran pobres y aunque disimulaban, pronto tendrían que asumirlo.



Sufría tanto por tener que abandonar su casa, que hasta el carácter alegre y dicharachero le había cambiado. No disfrutaba del presente ansiaba el pasado, en el que los dos trabajaban y llegaban a fin de mes. Se encontraba al borde de una severa depresión. Ya no sonreía, la tensión la mantenía entristecida. Casi ni hablaba y cada hora que pasaba era un martirio.
Jeremías, su marido trataba de consolarla, inventaba mil soluciones para verla animada, pero parecía que nada funcionaba... Ella ya no confiaba en una solución a aquel sinvivir.
Cuando iban a la escuela a recoger a Matías y Laura, maquillaban su desazón, sonreían con amabilidad pero evitaban hablar de si mismos y cualquier alusión a sus problemas económicos. Las conversaciones eran mínimas y vacías. Trataban de ocultar a los demás padres su situación, les producía pánico que los supieran tan necesitados. Solían formarse corrillos frente a la puerta del colegio, donde la mayoría hablaba de sus recientes vacaciones de verano, las compras de última hora, los libros, las actividades a las que habían apuntado a sus hijos extraescolares...

Ellos asentían a todo, pero sintiéndose muy frustrados. No podían hacer frente a nada, cuando te quedas sin recursos no te queda mas que callar y disimular. Los niños, aún no sabían que pronto tendrían que abandonar la casa. Así que papá les contó un cuento extraño "mata a la vaca". Había una familia muy pobre que pasaba mucha hambre, se alimentaban todos de una vaca, flaca y desnutrida. Un día, llegó un maestro que quería enseñar una lección a su discípulo, le dijo "mataré la vaca para ayudarles" sacó un cuchillo y mató a la vaca. Al año siguiente, volvieron y esa familia tan pobre, ahora era próspera. La familia les contó como había sucedido esto. Al morir la vaca, pensaron en plantar semillas... como nosotros hijos, abandonaremos esta casa que nos tiene estancados y volveremos a empezar. Hubo un gran silencio, tras el cual se oyeron las risas de los niños que comenzaban a jugar. De repente Laura preguntó a su padre si mamá volvería a sonreír si se iban, el padre le aseguró que todos serían más felices.
Tanto Fermina como Jeremías, habían sido muy caritativos en el pasado, ayudando a ONG'S con contribuciones periódicas, ahora les tocaba ser ayudados así que lejos de pasar más vergüenza, iban a dar la cara mostrando su situación real. Los niños ya se habían dado cuenta de que tenían problemas económicos y lo habían aceptado mucho mejor que ellos. Recibir es algo que es necesario cuando no queda más remedio, les explicó papá.

Así que algún que otro padre les compró libros para los niños. El colegio, contribuyó con becas para el comedor y la asociación de padres con ropa que recogió en una colecta, para familias como la suya.

Fermina poco a poco, recuperó la calma, aceptando la situación que les tocaba vivir. Todo aquello parecía un drama, sin embargo los había unido como familia y enseñado a valorar que lo importante era encontrarse bien.

La casa para el banquero, canturreaban a modo de guasa, riendo y bromeando sobre como iría él en ella dentro de una barca, seguro que se hundiría, como ellos estuvieron a punto de hacerlo. Era el sueño de una vida que se esfumaba, convertido en pesadilla.

El amor y la felicidad, por fin se hizo presente. Al abandonar la casa, dejaron atrás sus miedos y ansiedades. El portazo a una vida llena de vacíos les consoló. Merecían ser felices y ahora que la incertidumbre gobernaba el presente harían todo lo posible para realizar deseos que les produjeran bienestar.

Los abrazos y besos de la familia, fueron un bálsamo para la herida reciente de tener que perder y aceptarlo. Pronto, las cosas volverían a funcionar. Era cuestión de intentarlo.

Se instalaron en un piso provisional que les dejaron para vivir. Allí, Fermina empezó a sentirse bien, sus hijos al verla contenta estaban muy felices. La situación seguía siendo la misma, pero ¿qué era lo importante? sin duda, la vida y el presente.

Para ella tener a sus hijos y marido, aprender a compartir todo, le hizo encontrar nuevas ganas de vivir. La intensidad emotiva de cariño en el núcleo familiar que desarrollaron era tan grande, que muchas personas que tenían trabajo, casa, comenzaron a envidiarles. La fuerza enérgica que emanaban era maravillosa.

Jeremías, revitalizado y positivo, encontró otro trabajo y en poco tiempo fueron de nuevo auto suficientes. Pasaron los años, tuvieron la oportunidad de adquirir otra casa, pero no quisieron. Aquella experiencia de sacrificar sus vidas por algo que mucha gente llama hogar, no quisieron asumirla.

Eran felices, tenían lo necesario para vivir intensamente el presente, sin preocuparme más por las posesiones materiales.

Al final de camino, todo se queda aquí-reflexionaron- ¿entonces para que sufrir?

-Fin- 

Autora@Maite Albarrán 

La hoja y la hormiga

La hoja y la hormiga

-Juanita, debes llevar este trozo de semilla a la galería de más abajó -le ordenó la jefa de sección-¡ahora mismo!

-De acuerdo, ya voy-contestó la hormiga obrera no muy segura de saber dónde iba-

-¡Juanita! Dije más abajo estas subiendo arriba-gritó malhumorada -como sigas así tendré que informar a la superiora de que no te esmeras en el trabajo diario, se te ha explicado muchas veces que debemos almacenar alimentos para el invierno, pronto ya no tendremos nada que recolectar.

-¡Ah,sí, es verdad, lo recuerdo! ¿pero que hay más arriba?-preguntó curiosa.

-Nada que una hormiga tan joven deba conocer, tu eres una transportadora de galería y jamás estarás fuera del hormiguero, esa labor, es para las compañeras más valientes y fuertes.

-¡Oh, que pena! Con la de cosas bonitas que escucho desde aquí¿no podría subir sólo un poquito?-insistió con ingenuidad la pequeña trabajadora-

-¡No! Tu deber es trabajar y no pensar, corre y déjate de preguntar-contestó con muy pocas ganas de proseguir aquella conversación. Aquella hormiga, era diferente, se preguntaba cosas absurdas, ni siquiera ella, siendo jefa, sabía lo que había más arriba.

Pero mientras transportaba el grano y los palitos que le llegaban, Juanita concibió un plan. Disimuladamente subiría más arriba hasta ver con sus propios ojos lo que existía fuera del hormiguero. Al día siguiente, hábilmente fue engañando a todas las jefas de sección, hasta alcanzar la salida del hormiguero. Una vez allí no dudó en salir y correr a esconderse. Que mundo más diferente encontró. Caminó entre las rocas, descubriendo el sol, maravillada, quiso disfrutar mas de la luz y siguió avanzando. Sin darse cuenta, no supo donde estaba el hormiguero había desaparecido. Al verse sola, por primera vez, se sentó sobre sus patitas y comenzó a llorar. De repente, una hoja cayó de un árbol.

-Hola, veo que te has quedado sola, yo te protegeré no temas-le dijo la hoja para tranquilizarla.

-¿Que ser eres? -quiso saber Juanita, cambiando sus lloros por una cara de sorpresa.
-Soy una hoja de un árbol, los árboles tienen muchas hojas que caen cuando se hacen viejas, pero yo me solté para ayudarte.

-¿De verdad hiciste eso por mí? Eres maravillosa, cómo vas a ayudarme?

-Verás yo siempre quise saber lo que había lejos de este árbol, como el viento me mueve pero no me transporta, no me sirve para descubrirlo, pero tú tienes patitas que me llevarán a ver lo que hay en cada lugar.

-De acuerdo, yo te llevaré, uy, pesas un poco, pero podré-concluyó valiente, la hormiga, deseosa de ser acompañada.

Ambas pequeñas, viajaron juntas, cuando llovía la hoja se extendía para que la hormiga navegara en los charcos sin ahogarse. También la protegía del sol y del posible ataque de otros seres, dormía debajo de la hoja.

Un día llegaron a los pies de una montaña. Observaron un camino muy largo que conducía hacia arriba. ¿Qué habría allí? La curiosidad las llevó a ascender, el recorrido se hizo muy pesado, cada vez las pendientes eran más inclinadas y el esfuerzo que desarrollaron muy duro. El aire se volvió difícil de respirar por la altura, pero juntas prosiguieron su viaje.

Tardaron meses en recorrer las duras rocas pero al llegar arriba, descubrieron que estaban en la cima del mundo no había más camino para recorrer, se sentaron y escucharon el silencio infinito de las montañas. Cadenas de montañas agrupadas formaban cordilleras, al mirarlas, parecían fáciles de recorrer, pero ellas sabían que eran muy complicadas. Desafiantes estaban muy cerca del Sol, las nubes estaban al mismo nivel, así que la ingenua hormiga comenzó a saltar para seguir ascendiendo. Pero sus intentos fueron inútiles. Aquellas cosas blancas, se movían y eran difíciles de atrapar. El sol brilló con intensidad todo el día dejándoles ver un maravilloso espectáculo.

Las águilas voladoras, las cabras mordisquear los brotes de hierba que crecían entre las piedras y más abajo, muchos animales. Como las marmotas, liebres, conejos, jabalís y algún sagaz zorro intentando atrapar algo fácil.

-Oye, hoja que pequeño parece todo, desde aquí somos muy grandes ¿verdad?

-Por supuesto, nosotras somos más grandes desde aquí arriba.

Ambas rieron felices por su hazaña, felicitándose por ser tan fuertes con su pequeño tamaño.
Al llegar la noche, brilló la Luna. Juanita, al ver la cara sonriente quiso hablar con ella.
La Luna, con dulzura, extendió un brazo para recoger a las pequeñas ente sus dedos. Les explicó como funcionaba el mundo y todas las cosas que aún tenía que ver. Pero ellas, deseaban cobijo así que prefirieron quedarse en su regazo.

Desde entonces, todas las hormigas miran a la Luna, pidiendo deseos porque pueden ver la imagen de una pequeña hormiga en su interior. Las hojas de los árboles también se ven el el reflejo, hablan y gritan, tratando de atraer su calor.

La Luna que es muy sabía, prosigue enseñando a las dos pequeñas, mientras da calor a los árboles que la llaman y luz a las hormigas para que sigan recolectando grano en las noches de verano.

-Fin-
 Moraleja: No dejes que otros te marquen el camino, lo que ellos no ven existe para ti y puedes alcanzarlo si metes en la maleta tu ilusión, fuerza y ganas de conseguirlo.

Autora@Maite Albarrán 

viernes, 12 de septiembre de 2014

La ira de Marta

Marta acababa de romper todas las fotos. Se había enfadado pero no lo quería reconocer. La ira la dominaba, una energía descontrolada había acelerado el pulso, ahora sólo tenía malos pensamientos de sus compañeros de equipo. No la comprendían y nunca le dejaban acabar lo que quería decir. Era como si no importara nada su opinión. No se quejaba, esa confusión la llevaba a llorar durante horas en soledad, luego fingía de nuevo que estaba bien hasta que un nuevo ataque la descontrolaba, llena de rabia durante días.

No comía relajada, masticaba con prisa inundada de un humor irascible. Ni su madre entendía el comportamiento tan defensivo. Todo eran quejas contra los demás. Estaba muy susceptible, la cosa más mínima la hacía entrar en conflicto.

-Mamá, ¿dónde está mi libro de matemáticas? No sabes donde dejas las cosas. Estoy harta de que entres en mi habitación...
-Hija, lo cogiste tú, no sé donde andará.
-¿Yo? -la ira la invadía- tu eres la culpable de todo. Ahora llegaré de nuevo tarde al instituto.
-¡Marta, basta! búscalo verás como si te calmas lo encuentras antes.

El portazo sonó tras de si. De nuevo notó que una energía arrebatadora la impulsaba a actuar rápido. Tropezó en el portal con un vecino al que empujó sin darse cuenta.

Al llegar a la parada de bus le faltaba la cartera, de nuevo la cólera se apoderó de ella, enrojecida contenía la emoción de querer estallar maldiciendo el mundo, pero lejos de hacerlo regresó a casa. En el suelo del portal estaba su cartera.

Con los ojos llenos de lágrimas, sufría la impotencia de ver que todo lo que hacia le salía mal. Llegó tarde al instituto, primera bronca, luego los amigos de nuevo no la dejaron ni hablar y de nuevo a casa.

Su malestar la estaba transformando, hablaba a gritos. No escuchaba y nada le interesaba, salvo estar sola.

No descansaba, siempre los malos pensamientos la abordaban.
Un día conoció a Maribel. El encuentro fue casual en la biblioteca. Ambas salían cuando de pronto se sonrieron, se habían estado observando un rato antes y intuitivamente se caían bien.

Maribel era una chica muy tranquila y relajada, que inspiraba confianza. Al percatarse de que su nueva amiga hablaba muy deprisa y mascullaba las palabras con tensión, le comentó que podrían hacer unas clases de relajación porque mejoraría su concentración en el estudio.

Marta, era incapaz de relajarse, tras unos minutos de intentarlo comenzó un nuevo ataque de ira sin saber porque. Esta vez con ayuda de Maribel reconoció que se había enfadado, lo aceptó porque lo había notado y cuando reflexionó por el motivo, al preguntarle a su mente porque se sentía así, la respuesta fue que no controlaba la emoción, todo en ella era fuerza e impulso. Habló con su enfado y le dijo que debía tener paciencia para lograr las cosas. Sin saber cómo, poco a poco consiguió estar calmada y llegar a un punto de relajación maravilloso.

Cuando volvió a encontrarse con sus amigos, de nuevo no la dejaron hablar, antes de enfadarse, pensó que debía cambiar de ambiente.

A partir de aquel día las charlas con Maribel fueron en aumento. Cada vez se sentía mas segura y contenta. Ya no gritaba y dormía muy a gusto. Había comprendido que debía canalizar su energía y darse cuenta de que si algo la alteraba de una manera hiriente debía cambiarlo.

Fin

El artesano del amor




Había una vez, en una calle transitada por miles de pies, con olor a hambre, suciedad y perfume de clase que trata de imponer su posición con una fragancia exquisita que anuncie la presencia tras su paso, un pequeño hombre, flaco, consumido, surcado de arrugas. Elaboraba en un rincón de la acera juguetes con latas de hojalata. Sonreía y saludaba a todo el que fijaba la mirada con timidez en él, captaba ese corto instante para dar lo mejor . Sorprendía a la gente con la fuerza de su corazón, lleno de amor y gratitud desinteresada. Con el tiempo, afianzó amistades y había personas que le compraban sus latas, por recibir algún consejo de aquel viejo tan luchador.

Domingo, que así se llamaba el artesano de latas, hablaba del amor, lo mucho que había sentido a lo largo de su vida la caricia de esa sensación. Al hacerlo, sus ojos se iluminaban por unos instantes llenos de una fuerza arrebatadora e intensa, plena de recuerdos de su mujer. Hacia muchos años que un cáncer se la llevó, fue fulminante, pero el no lloraba por no tenerla. Se emocionaba y saltaban las lágrimas de felicidad al recordar lo mucho que se amaron.

Mientras esto ocurría en la acera, Joaquín cavilaba en su despacho las andaduras del anciano. Lo veía todos los días al salir de la oficina. Lo escuchaba desde hacia tiempo con atención, al principio fue una simple curiosidad oír sus relatos de felicidad, pero aquel viejo hablaba de sentimientos, emociones que en sus sesenta años de vida no había tenido.

Tal obsesión inundaba su mente, que ya no dormía. El viejo y el amor, caminaban en un caballo rojo que le llenaba de ira. Era director, tras muchos años de enredos y trampas, sacrificios y falta de escrúpulos había conseguido columpiarse en el éxito. Ganaba mucho dinero eludiendo las normas con sutileza, amasó y engañó a mucha gente, tenía amigos influyentes tan ávaros como él y sin embargo, a pesar de disfrutar de todas las riquezas materiales jamás sintió aquellas emociones que el viejo Domingo coleccionaba en su mente. ¿Cómo podía ser? El era rico, tenía poder, comía en los mejores restaurantes, viajaba, tenía compañía mujeres impresionantes, inteligentes, reinas de la belleza más sublime y sin embargo no podía acallar el eco del vacío interior que carcomía su vida cuando reflexionaba sobre sus logros. Ni el yate, el apartamento de lujo, el chalet en la sierra en el silencio de la más bella montaña, podían comparar un minuto de intensidad que sólo tenía al escuchar las historias de aquel pobre viejo, mientras esperaba que cambiara el color del semáforo.

El orgullo le impedía mirarle a la cara. No podía permitirse el bajar de su nivel social y conversar con Domingo. Así que con una feroz ansiedad, ideó un plan. Enviaría a su secretaria bajo el más estricto secreto a contactar una entrevista en su oficina con la intención de adquirir sus juguetes para niños del tercer mundo. Era sagaz en sus inventivas, sabía que algo así lo motivaría, él que estaba tan lleno de compasión y amor por los demás.

Domingo se presentó con sus latas. Su chándal y zapatillas sencillas ofendía el lujo del despacho, decorado con derroche y descaro. Al entrar, Domingo no sintió admiración por aquellas cosas, muy tranquilo miró a Joaquín a la cara y al momento una gran sonrisa iluminó su rostro. Era demasiado, de nuevo esa gran sonrisa llena de afecto, Joaquín analizó con cuidado al viejo. No podía soportar que no sintiera intimidación, deseo de su poder. Ahora no había forma de aparentar superioridad, el viejo lo había dejado indefenso, no podía ni quería disimular su hastío por la vida y directo le preguntó sin más :

¿Por qué sonríes, viejo?
-No podría explicarlo...
¿Eres feliz en tu miseria?
-Muy feliz
-No puede ser, no tienes nada para atraer a los demás.
-No tengo las cosas que tu disfrutas, pero atraigo a los demás.
-Mientes, eres un farsante que pasa la vida agujereando latas que no valen nada como tú.
-La prueba es que tu me amas.
-Ja,ja,ja... eres despreciable ¿amor a ti? Te traje para reírme de tus historias y para decirte que haré que salgas de mi calle, no quiero soportar mas tus historias de amor.
-¿Te molesta el amor?
-Me daña, sí, yo anduve toda una vida y no lo conseguí nunca.
-¿Que diste?
-Algo de lo que gané y sin embargo, nadie me quiso como a ti.
-¿Diste amor?
-¿Que es el amor, viejo? Explícamelo porque no lo entiendo.
-El amor Joaquín es interesarte por los demás, masticar el odio dos veces antes de hacerlo asomar a tus labios, es compartir y querer dejar huella en la piel de las personas.
-Menuda estupidez, háblame de ella.
-¿Ella?es ella, lo suponía, no puedes más que pensar en ella.
-¿Cómo murió?
-Murió en mis brazos, amándome.
-Deja de mentir, nunca te quiso nadie.
-Ella era mi sol, me lo dió todo y dejó un sol brillante en mi corazón, lleno de tanta fuerza que cada día comparto su amor para que la gente se ilumine con su luz.
-¡Quiero sentir, viejo! Quiero sentir, lo que sientes tú, ¡enséñame!
-Si quieres sentir, tendrás que valorar que es lo importante...
-¿Lo importante? Es mantener todas mis riquezas.
-¡No! Lo importante es sentir, recuerda.
-Estúpido viejo, lárgate de mi oficina, nada me aportas con tus ideas locas.

Joaquín se levantó volviéndose con arrogancia y aguardando a que el Domingo se marchara herido en la humillación por su despreciable comportamiento. Sin embargo no se fue. Esperó con paciencia a que Joaquín no tuviera más remedio que enfrentar la mirada de nuevo y al girarse, se encontró con su enorme sonrisa y un adiós amigable.

Al quedarse solo Joaquín sintió miedo. El viejo le dejaba indefenso como a un bebé. Sus armas hirientes no servían con la humildad y gentileza de este ser tan lleno de...amor. Eso era la capa que lo envolvía un inmenso amor hacia todas las cosas. Los bolsillos de Domingo estaban vacíos y su corazón era grande.

Las latas se quedaron allí, no se las pagó. Así que ansioso trató de abordar de nuevo al viejo en la calle, pero no lo encontró. Alguien le dijo que lo hallaron muerto una noche, sujetaba entre sus manos la foto de su mujer. Con un mensaje de entregársela a él personalmente. Al contemplarla, sintió por primera vez afecto hacia ellos. Eran dos luces llenas de entrega que brillaban con una intensidad cegadora.

El viejo le dejó el amor en un retrato, porque por detrás de la foto ponía “ para Joaquín el director, no dejes de admirar lo que no supiste hallar”.

Joaquín, sin entender por qué puso aquella foto sobre su mesa. Ya no le interesaba admirar los caprichos que había por su despacho. Cada vez que los miraba sonreía y esa misma sonrisa le fue llenando el corazón de una magia especial.

Estaba aprendiendo a valorar el amor. ¿Podría al fin encontrarlo? ¿Podría?

Fin

jueves, 11 de septiembre de 2014

La Luna se marcha


La Luna se esconde
del hambriento ratón
teme sus bocados
menguantes de alfiler
que la dejan con ardor.

Bonita cara ilumina
al boquerón de plata
redonda, amarilla
alumbra al mar
mientras él
huye a su lata
por si tuviera
mala pata.


Maite Albarrán@ autora.