Se
adueñó de ella un sentimiento extraño que la hacia sentirse mal.
No comprendía el motivo por el cual Adela, su compañera de clase
la alteraba. Le costaba soportar hasta su respiración, cualquier
cosa que hacia era molesta. Sin embargo, escondía muy bien sus
emociones, lejos de trasmitir la rabia furiosa que la encendía, se
mostraba sonriente.
Iban
juntas a nadar y siempre se quedaba mirando el hermoso cuerpo de su
amiga. Tenía seis meses menos que ella, aún no tenía once años y
era mucho más alta y desarrollada.
Paula,
ansiaba tanto tener esas piernas largas y esbeltas,claro,meditó
para sus adentros, ella corre y a mí no me gusta correr. En lugar
de admirar las cosas que le gustaban, se dedicaba a agrandar sus
pequeños defectos. Le decía que los dedos de los pies eran feos.
Nunca le decía nada agradable, todo eran criticas hostiles, eso sí,
tejidas con gran maestría para disimular sus sentimientos.
-Adela,
tienes el pelo como el estropajo y esas uñas de los pies, jo que
feas... de verdad, tienes que hacer algo-le decía con una voz muy
sumisa y conciliadora-
-¿Y
que puedo hacer? La verdad, no me había fijado en ellas ¿de verdad,
son tan horribles? Y mi pelo, está mal?-le preguntaba con congoja,
dudando de si misma-
-Por
supuesto, deberías esconder tus pies o dejar de correr. Me han dicho
que las personas que corren mucho se le quedan las uñas negras, así
como las tuyas...
Adela
salía del vestuario muy acomplejada. Su amiga que tanto la quería,
le decía que sería mejor dejar de correr. ¡Con lo que disfrutaba
al brincar por las aceras! Le hizo caso y estuvo un mes sin salir a
correr.
Pero
Paula no cejó en su comportamiento, humillaba a su amiga con
criticas y más criticas sobre su aspecto físico, sus cosas
personales e incluso su manera de vestir.
Adela,
llegó a sentirse tan mal, que dudaba hasta de salir de casa. Dejó
de nadar y pasaba sus días entristecida porque no hacia las cosas
que le aportaban felicidad. Sufría aun más, por no tener la
fuerza suficiente para enfrentarse a la opinión de los demás.
El
profesor de educación física se puso enfermo y le sustituyó un
nuevo profesor, que al ver como corría Adela en los entrenamientos,
no pudo contenerse y la animó con tanto ahínco para que volviera a
entrenar, que pronto retomó su afición a correr pero sin que lo
supiera su amiga Paula.
Verás
como pronto mis uñas están de nuevo negras, analizó,me lo dirá,
estoy segura. Pero Paula no hizo ninguna critica sobre sus uñas,
parecía no darse cuenta. Porque no estaban negras y nunca lo
estuvieron, sólo se le oscurecían después de una carrera.
Así
que este hecho le hizo pensar... ¿y si su amiga lo que tenía era
envidia y por eso la criticaba sin parar? ¿sería posible? ¿se
habría dado cuenta de ello? ¿ o lo hacia sin más? Estuvo meditando
antes de emprender un experimento.
Paula
tenía unos ojos muy bellos, sus piernas eran cortas pero bien
moldeadas y su pelo era rubio, largo y sedoso. Así que trató de
alabar a su amiga de manera exagerada.
La
niña, pronto empezó a escuchar y sentirse amada, lo que le hizo
desarrollar de verdad simpatía por Adela. Aquella rabia furiosa se
había esfumado. Ahora la invadía un sentimiento de gratitud y
alegría. Así que dejó de criticar todo aquello que admiraba y un
día, hasta se atrevió a salir a correr con ella.
Con
el tiempo, al verse en el espejo, se dió cuenta de que se parecía
mucho a Adela, tenían los cuerpos muy bien formados y unas piernas
fuertes. Aunque ella fuera un poco más alta, ella tenía unos ojos
mucho más bonitos. Comprendió que se podía ser feliz con aquellas
cosas que tenía y además que con esfuerzo, también podía
conseguir parecerse a aquella persona que admiraba.
La
rabia y la frustración que la llevó a estar siempre tensa y
enfadada en su interior, fueron cambiadas por alegría y motivación.
Al fin comprendió que se había portado muy mal con su amiga. Ese
sentimiento negativo de envidia incontrolada que se apoderó de
ella, casi le hace alejarse de su gran amiga y convertirla en un ser
lleno de sufrimiento, que no soportaba que alguien tuviera algo
diferente o mejor. Pero al fin, se sintió orgullosa de si misma,
ahora sabía controlar sus emociones negativas y las paraba a tiempo
para no dañar a los demás.
Fin
Maite
Albarrán@ autora
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