martes, 9 de septiembre de 2014

La envida de Paula

Se adueñó de ella un sentimiento extraño que la hacia sentirse mal. No comprendía el motivo por el cual Adela, su compañera de clase la alteraba. Le costaba soportar hasta su respiración, cualquier cosa que hacia era molesta. Sin embargo, escondía muy bien sus emociones, lejos de trasmitir la rabia furiosa que la encendía, se mostraba sonriente.

Iban juntas a nadar y siempre se quedaba mirando el hermoso cuerpo de su amiga. Tenía seis meses menos que ella, aún no tenía once años y era mucho más alta y desarrollada.

Paula, ansiaba tanto tener esas piernas largas y esbeltas,claro,meditó para sus adentros, ella corre y a mí no me gusta correr. En lugar de admirar las cosas que le gustaban, se dedicaba a agrandar sus pequeños defectos. Le decía que los dedos de los pies eran feos. Nunca le decía nada agradable, todo eran criticas hostiles, eso sí, tejidas con gran maestría para disimular sus sentimientos.

-Adela, tienes el pelo como el estropajo y esas uñas de los pies, jo que feas... de verdad, tienes que hacer algo-le decía con una voz muy sumisa y conciliadora-
-¿Y que puedo hacer? La verdad, no me había fijado en ellas ¿de verdad, son tan horribles? Y mi pelo, está mal?-le preguntaba con congoja, dudando de si misma-
-Por supuesto, deberías esconder tus pies o dejar de correr. Me han dicho que las personas que corren mucho se le quedan las uñas negras, así como las tuyas...

Adela salía del vestuario muy acomplejada. Su amiga que tanto la quería, le decía que sería mejor dejar de correr. ¡Con lo que disfrutaba al brincar por las aceras! Le hizo caso y estuvo un mes sin salir a correr.

Pero Paula no cejó en su comportamiento, humillaba a su amiga con criticas y más criticas sobre su aspecto físico, sus cosas personales e incluso su manera de vestir.

Adela, llegó a sentirse tan mal, que dudaba hasta de salir de casa. Dejó de nadar y pasaba sus días entristecida porque no hacia las cosas que le aportaban felicidad. Sufría aun más, por no tener la fuerza suficiente para enfrentarse a la opinión de los demás.

El profesor de educación física se puso enfermo y le sustituyó un nuevo profesor, que al ver como corría Adela en los entrenamientos, no pudo contenerse y la animó con tanto ahínco para que volviera a entrenar, que pronto retomó su afición a correr pero sin que lo supiera su amiga Paula.

Verás como pronto mis uñas están de nuevo negras, analizó,me lo dirá, estoy segura. Pero Paula no hizo ninguna critica sobre sus uñas, parecía no darse cuenta. Porque no estaban negras y nunca lo estuvieron, sólo se le oscurecían después de una carrera.

Así que este hecho le hizo pensar... ¿y si su amiga lo que tenía era envidia y por eso la criticaba sin parar? ¿sería posible? ¿se habría dado cuenta de ello? ¿ o lo hacia sin más? Estuvo meditando antes de emprender un experimento.

Paula tenía unos ojos muy bellos, sus piernas eran cortas pero bien moldeadas y su pelo era rubio, largo y sedoso. Así que trató de alabar a su amiga de manera exagerada.

La niña, pronto empezó a escuchar y sentirse amada, lo que le hizo desarrollar de verdad simpatía por Adela. Aquella rabia furiosa se había esfumado. Ahora la invadía un sentimiento de gratitud y alegría. Así que dejó de criticar todo aquello que admiraba y un día, hasta se atrevió a salir a correr con ella.

Con el tiempo, al verse en el espejo, se dió cuenta de que se parecía mucho a Adela, tenían los cuerpos muy bien formados y unas piernas fuertes. Aunque ella fuera un poco más alta, ella tenía unos ojos mucho más bonitos. Comprendió que se podía ser feliz con aquellas cosas que tenía y además que con esfuerzo, también podía conseguir parecerse a aquella persona que admiraba.

La rabia y la frustración que la llevó a estar siempre tensa y enfadada en su interior, fueron cambiadas por alegría y motivación. Al fin comprendió que se había portado muy mal con su amiga. Ese sentimiento negativo de envidia incontrolada que se apoderó de ella, casi le hace alejarse de su gran amiga y convertirla en un ser lleno de sufrimiento, que no soportaba que alguien tuviera algo diferente o mejor. Pero al fin, se sintió orgullosa de si misma, ahora sabía controlar sus emociones negativas y las paraba a tiempo para no dañar a los demás.

Fin

Maite Albarrán@ autora

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