viernes, 19 de septiembre de 2014

La hoja y la hormiga

La hoja y la hormiga

-Juanita, debes llevar este trozo de semilla a la galería de más abajó -le ordenó la jefa de sección-¡ahora mismo!

-De acuerdo, ya voy-contestó la hormiga obrera no muy segura de saber dónde iba-

-¡Juanita! Dije más abajo estas subiendo arriba-gritó malhumorada -como sigas así tendré que informar a la superiora de que no te esmeras en el trabajo diario, se te ha explicado muchas veces que debemos almacenar alimentos para el invierno, pronto ya no tendremos nada que recolectar.

-¡Ah,sí, es verdad, lo recuerdo! ¿pero que hay más arriba?-preguntó curiosa.

-Nada que una hormiga tan joven deba conocer, tu eres una transportadora de galería y jamás estarás fuera del hormiguero, esa labor, es para las compañeras más valientes y fuertes.

-¡Oh, que pena! Con la de cosas bonitas que escucho desde aquí¿no podría subir sólo un poquito?-insistió con ingenuidad la pequeña trabajadora-

-¡No! Tu deber es trabajar y no pensar, corre y déjate de preguntar-contestó con muy pocas ganas de proseguir aquella conversación. Aquella hormiga, era diferente, se preguntaba cosas absurdas, ni siquiera ella, siendo jefa, sabía lo que había más arriba.

Pero mientras transportaba el grano y los palitos que le llegaban, Juanita concibió un plan. Disimuladamente subiría más arriba hasta ver con sus propios ojos lo que existía fuera del hormiguero. Al día siguiente, hábilmente fue engañando a todas las jefas de sección, hasta alcanzar la salida del hormiguero. Una vez allí no dudó en salir y correr a esconderse. Que mundo más diferente encontró. Caminó entre las rocas, descubriendo el sol, maravillada, quiso disfrutar mas de la luz y siguió avanzando. Sin darse cuenta, no supo donde estaba el hormiguero había desaparecido. Al verse sola, por primera vez, se sentó sobre sus patitas y comenzó a llorar. De repente, una hoja cayó de un árbol.

-Hola, veo que te has quedado sola, yo te protegeré no temas-le dijo la hoja para tranquilizarla.

-¿Que ser eres? -quiso saber Juanita, cambiando sus lloros por una cara de sorpresa.
-Soy una hoja de un árbol, los árboles tienen muchas hojas que caen cuando se hacen viejas, pero yo me solté para ayudarte.

-¿De verdad hiciste eso por mí? Eres maravillosa, cómo vas a ayudarme?

-Verás yo siempre quise saber lo que había lejos de este árbol, como el viento me mueve pero no me transporta, no me sirve para descubrirlo, pero tú tienes patitas que me llevarán a ver lo que hay en cada lugar.

-De acuerdo, yo te llevaré, uy, pesas un poco, pero podré-concluyó valiente, la hormiga, deseosa de ser acompañada.

Ambas pequeñas, viajaron juntas, cuando llovía la hoja se extendía para que la hormiga navegara en los charcos sin ahogarse. También la protegía del sol y del posible ataque de otros seres, dormía debajo de la hoja.

Un día llegaron a los pies de una montaña. Observaron un camino muy largo que conducía hacia arriba. ¿Qué habría allí? La curiosidad las llevó a ascender, el recorrido se hizo muy pesado, cada vez las pendientes eran más inclinadas y el esfuerzo que desarrollaron muy duro. El aire se volvió difícil de respirar por la altura, pero juntas prosiguieron su viaje.

Tardaron meses en recorrer las duras rocas pero al llegar arriba, descubrieron que estaban en la cima del mundo no había más camino para recorrer, se sentaron y escucharon el silencio infinito de las montañas. Cadenas de montañas agrupadas formaban cordilleras, al mirarlas, parecían fáciles de recorrer, pero ellas sabían que eran muy complicadas. Desafiantes estaban muy cerca del Sol, las nubes estaban al mismo nivel, así que la ingenua hormiga comenzó a saltar para seguir ascendiendo. Pero sus intentos fueron inútiles. Aquellas cosas blancas, se movían y eran difíciles de atrapar. El sol brilló con intensidad todo el día dejándoles ver un maravilloso espectáculo.

Las águilas voladoras, las cabras mordisquear los brotes de hierba que crecían entre las piedras y más abajo, muchos animales. Como las marmotas, liebres, conejos, jabalís y algún sagaz zorro intentando atrapar algo fácil.

-Oye, hoja que pequeño parece todo, desde aquí somos muy grandes ¿verdad?

-Por supuesto, nosotras somos más grandes desde aquí arriba.

Ambas rieron felices por su hazaña, felicitándose por ser tan fuertes con su pequeño tamaño.
Al llegar la noche, brilló la Luna. Juanita, al ver la cara sonriente quiso hablar con ella.
La Luna, con dulzura, extendió un brazo para recoger a las pequeñas ente sus dedos. Les explicó como funcionaba el mundo y todas las cosas que aún tenía que ver. Pero ellas, deseaban cobijo así que prefirieron quedarse en su regazo.

Desde entonces, todas las hormigas miran a la Luna, pidiendo deseos porque pueden ver la imagen de una pequeña hormiga en su interior. Las hojas de los árboles también se ven el el reflejo, hablan y gritan, tratando de atraer su calor.

La Luna que es muy sabía, prosigue enseñando a las dos pequeñas, mientras da calor a los árboles que la llaman y luz a las hormigas para que sigan recolectando grano en las noches de verano.

-Fin-
 Moraleja: No dejes que otros te marquen el camino, lo que ellos no ven existe para ti y puedes alcanzarlo si metes en la maleta tu ilusión, fuerza y ganas de conseguirlo.

Autora@Maite Albarrán 

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