-Juanita, debes llevar
este trozo de semilla a la galería de más abajó -le ordenó la
jefa de sección-¡ahora mismo!
-De acuerdo, ya
voy-contestó la hormiga obrera no muy segura de saber dónde iba-
-¡Juanita! Dije más
abajo estas subiendo arriba-gritó malhumorada -como sigas así
tendré que informar a la superiora de que no te esmeras en el
trabajo diario, se te ha explicado muchas veces que debemos almacenar
alimentos para el invierno, pronto ya no tendremos nada que
recolectar.
-¡Ah,sí, es verdad, lo
recuerdo! ¿pero que hay más arriba?-preguntó curiosa.
-Nada que una hormiga tan
joven deba conocer, tu eres una transportadora de galería y jamás
estarás fuera del hormiguero, esa labor, es para las compañeras más
valientes y fuertes.
-¡Oh, que pena! Con la de
cosas bonitas que escucho desde aquí¿no podría subir sólo un
poquito?-insistió con ingenuidad la pequeña trabajadora-
-¡No! Tu deber es
trabajar y no pensar, corre y déjate de preguntar-contestó con muy
pocas ganas de proseguir aquella conversación. Aquella hormiga, era
diferente, se preguntaba cosas absurdas, ni siquiera ella, siendo
jefa, sabía lo que había más arriba.
Pero mientras transportaba
el grano y los palitos que le llegaban, Juanita concibió un plan.
Disimuladamente subiría más arriba hasta ver con sus propios ojos
lo que existía fuera del hormiguero. Al día siguiente, hábilmente
fue engañando a todas las jefas de sección, hasta alcanzar la
salida del hormiguero. Una vez allí no dudó en salir y correr a
esconderse. Que mundo más diferente encontró. Caminó entre las
rocas, descubriendo el sol, maravillada, quiso disfrutar mas de la
luz y siguió avanzando. Sin darse cuenta, no supo donde estaba el
hormiguero había desaparecido. Al verse sola, por primera vez, se
sentó sobre sus patitas y comenzó a llorar. De repente, una hoja
cayó de un árbol.
-Hola, veo que te has
quedado sola, yo te protegeré no temas-le dijo la hoja para
tranquilizarla.
-¿Que ser eres? -quiso
saber Juanita, cambiando sus lloros por una cara de sorpresa.
-Soy una hoja de un árbol,
los árboles tienen muchas hojas que caen cuando se hacen viejas,
pero yo me solté para ayudarte.
-¿De verdad hiciste eso
por mí? Eres maravillosa, cómo vas a ayudarme?
-Verás yo siempre quise
saber lo que había lejos de este árbol, como el viento me mueve
pero no me transporta, no me sirve para descubrirlo, pero tú tienes
patitas que me llevarán a ver lo que hay en cada lugar.
-De acuerdo, yo te
llevaré, uy, pesas un poco, pero podré-concluyó valiente, la
hormiga, deseosa de ser acompañada.
Ambas pequeñas, viajaron
juntas, cuando llovía la hoja se extendía para que la hormiga
navegara en los charcos sin ahogarse. También la protegía del sol y
del posible ataque de otros seres, dormía debajo de la hoja.
Un día llegaron a los
pies de una montaña. Observaron un camino muy largo que conducía
hacia arriba. ¿Qué habría allí? La curiosidad las llevó a
ascender, el recorrido se hizo muy pesado, cada vez las pendientes
eran más inclinadas y el esfuerzo que desarrollaron muy duro. El
aire se volvió difícil de respirar por la altura, pero juntas
prosiguieron su viaje.
Tardaron meses en recorrer
las duras rocas pero al llegar arriba, descubrieron que estaban en la
cima del mundo no había más camino para recorrer, se sentaron y
escucharon el silencio infinito de las montañas. Cadenas de
montañas agrupadas formaban cordilleras, al mirarlas, parecían
fáciles de recorrer, pero ellas sabían que eran muy complicadas.
Desafiantes estaban muy cerca del Sol, las nubes estaban al mismo
nivel, así que la ingenua hormiga comenzó a saltar para seguir
ascendiendo. Pero sus intentos fueron inútiles. Aquellas cosas
blancas, se movían y eran difíciles de atrapar. El sol brilló con
intensidad todo el día dejándoles ver un maravilloso espectáculo.
Las águilas voladoras,
las cabras mordisquear los brotes de hierba que crecían entre las
piedras y más abajo, muchos animales. Como las marmotas, liebres,
conejos, jabalís y algún sagaz zorro intentando atrapar algo fácil.
-Oye, hoja que pequeño
parece todo, desde aquí somos muy grandes ¿verdad?
-Por supuesto, nosotras
somos más grandes desde aquí arriba.
Ambas rieron felices por
su hazaña, felicitándose por ser tan fuertes con su pequeño
tamaño.
Al llegar la noche, brilló
la Luna. Juanita, al ver la cara sonriente quiso hablar con ella.
La Luna, con dulzura,
extendió un brazo para recoger a las pequeñas ente sus dedos. Les
explicó como funcionaba el mundo y todas las cosas que aún tenía
que ver. Pero ellas, deseaban cobijo así que prefirieron quedarse en
su regazo.
Desde entonces, todas las
hormigas miran a la Luna, pidiendo deseos porque pueden ver la imagen
de una pequeña hormiga en su interior. Las hojas de los árboles
también se ven el el reflejo, hablan y gritan, tratando de atraer su
calor.
La Luna que es muy sabía,
prosigue enseñando a las dos pequeñas, mientras da calor a los
árboles que la llaman y luz a las hormigas para que sigan
recolectando grano en las noches de verano.
-Fin-
Moraleja: No dejes que otros te marquen el camino, lo que ellos no ven existe para ti y puedes alcanzarlo si metes en la maleta tu ilusión, fuerza y ganas de conseguirlo.
Autora@Maite Albarrán
Moraleja: No dejes que otros te marquen el camino, lo que ellos no ven existe para ti y puedes alcanzarlo si metes en la maleta tu ilusión, fuerza y ganas de conseguirlo.
Autora@Maite Albarrán

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