viernes, 26 de septiembre de 2014

Socorro, soy mamá



¡Socorro, soy mamá!

Valentina iba a ser madre. La noticia la sorprendió por lo pronto del acontecimiento, en apenas unos meses logró su objetivo: quedarse embarazada.
Sucedió en un momento de búsqueda de empleo. Encajó el embarazo de mucho agrado, ser madre, era una aventura irrepetible que tenía el privilegio de vivir, así que ¡adelante! Tuvo un embarazo lleno de incertidumbres, lo que le provocó algunos momentos de ansiedad, que supo controlar, por el poco dinero que entraba en casa. No era la mejor época, mirado desde el punto de la economía, pero perfecto si lo que contaba era el amor. Ahí estaba acertada, su marido era un hombre que la quería y la hacia muy feliz. Querido hijo te espero con mis manos abiertas, se dijo.

Valentina, era una mujer decidida y segura. Pero en esta aventura de tener un hijo se sentía un tanto desvalida. Su madre murió cuando ella tenía diez años de cáncer. Su padre, la crió con mucho cariño, además siempre tuvo a sus tías cerca, ¡la echaba tanto de menos!

Se le hacia un nudo en la garganta cada vez que abría el libro. El famoso manuscrito que le dejó. Allí, su madre, pretendió dejar un poco de huella creando una guía de superviviencia para su hija. Comenzó a escribirla antes de enfermar, sufriendo por que se iba demasiado pronto, no por la muerte, no la asustaba. No la tendría para contarle aquellas cosas que unen a una madre con sus hijos.

Pero era el momento de atreverse a leerlo. Ahora, que sentía en su interior agitarse la vida, sabía que estaba más unida a su madre que nunca. Tengo que leerlo sin que me afecte, tengo que leerlo...

Estaba de ocho meses y medio, cuando al fin, apremiada por la necesidad de conocimiento, pronto se convertiría en madre, lo leyó. Su madre le decía que no llorara, que mal consejo, ya lo estaba haciendo ¿por qué no te callas, mamá? De repente la madre se reía, que raro, ella también lo hacia, parecía que el drama se convertía en chiste. Con qué facilidad la envolvía... ¡como siempre! Yo también te quiero mamá, te adoro...¡cuánto te echo de menos! Se decía en su interior.

Pongámonos serias Valentina, déjate de lágrimas y saca un aprendizaje de lo que te voy a decir. Si estás leyendo este pasaje, es porque traes un hijo al mundo, que maravillosa aventura hija, te felicito por esa capacidad de amar. Espero sea con la persona adecuada, lo sabrás si eres inmensamente feliz. Volvamos al niño, o niña, no olvides nunca buscar esa niña que necesitarás en tu vida, con independencia de que ahora sea un niño ¿vale, mi cielo?

Cuando llegue el momento del parto, te sentirás muy confusa, pasarás un momento decisivo en tu vida en el cual recibirás el regalo a un sacrificio de nueve meses de entrega, cuidándote para al ser más importante de tu vida. Al principio, no te preocupes, sentirás un pequeño rechazo, sobre todo si alrededor se preocupan más por el niño/a que por ti, te sientes cansada,rota, mientras a nadie parece importar. Pero será un momento, luego una conexión especial te hará fluir hacia tu criatura, desearás proteger a esa vida maravillosa que depende en exclusiva de ti y tu marido.

Dale tu calor, el amor que lleves dentro. Hazle brillar y que se sienta el ser más amado. No permitas que nadie te aleje de tu pequeño/a. No sigas más consejos que el de tu corazón.

Ahora viene un pequeño sacrificio que te recomiendo. Ofrécele tu pecho, no pienses que te va a devorar... al principio, es una sensación desagradable, incómoda y dolorosa. Pero es sólo el proceso de aprendizaje, si lo soportas, en una semana habrás creado una conexión con tu hijo envidiable, tendrá un brillo propio superior al astro Sol. Con lo que nos gusta a las dos el calor ¿verdad?

Vuelves a estar unida a tu hijo a través de la lactancia, de una manera aún más espléndida. Ya volverás a leerme, porque no te parece maravillosa de momento, además te están ofreciendo el biberón para que se calme, no sabes que hacer, sé fuerte, dale tu pecho y tu amor, contén sus lloros con el bálsamo del cariño infinito. Al tercer día, la leche manará de ti, lo inundará y será suficiente.

Nada más nacer, sea cesárea o parto, ponlo en tu pecho, lo ideal es hacerlo antes de media hora. Que chupe, déjate de visitas y formalidades, pasa de todo y alimenta a tu hijo. Él/lla es lo único importante ahora. No pongas la televisión, mantén la habitación en silencio que la música clásica fluya en ese momento. Date paz y trasmite esa belleza de estar entre los ángeles.

Recibirás muchos consejos contradictorios que no has pedido. Se un poco sorda y actúa por instinto, este no falla. Ofrécele los dos pechos, cada poco tiempo, hazle chupar. Un truco, cariño, moja tu aureola con agua, si la nota seca lo rechaza, métele todo el pezón y tranquila, no se asfixia, tiene espacio para respirar. Sentirás en pocas horas que eres una madre experta. Si alguna pequeña herida te sale, el mejor bálsamo es tu propia leche. Lava tus pechos con agua y puedes usar vaselina sin olor para hidratarlos. A mí me fue bien. Los discos de lactancia mantendrán tus pechos secos para evitar que el exceso de humedad los agriete, úsalos.

Enseña a tu marido a cambiar pañales, practica antes del parto, será divertido y os unirá más como pareja, deja que él esté dentro de todo. Un osito es ideal. Te lo aconsejo, porque si es cesárea, necesitará saber hacerlo, guíale bien y será tu ayuda, como hice yo con tu padre.

No le pongas chupete hasta que pasen tres días. Llora un poco más pero tienes que tener aguante. El motivo es que los bebés succionan con mucha fuerza, si lo hacen sobre un chupete, luego no te succionarán a ti, provocando el retraso de la subida de la leche. Ten paciencia, en poco tiempo verás que tienes mucha y sobrante leche para su necesidad.

La lactancia materna, parece muy sacrificada pero no lo es. Fortalecerás su sistema inmunitario y el tuyo. Una madre que cría, es una roca contra las enfermedades. Mi experiencia ha de valerte, sabes que naciste por cesárea.

Mantén la calma cuando llegue el momento del alumbramiento. Sea lo que sea, saldrás de esta como de todas las que te propongas, tienes una herencia de los fuertes, nunca lo olvides.

Deja que la energía positiva fluya en ti y hacia tu bebé, si alguien te incordia, quítalo de tu camino, ahora es el momento de estar relajada y feliz. Trasmites a tu hijo/a tus estados de ánimo, así que esfuérzate, se egoísta, debes proteger su felicidad, es la tuya.

Cuando le des de mamar, no olvides apuntar en una libreta sus tomas, la memoria en este período te fallará. Pon la hora y el último pecho del que se alimentó, por ejemplo “doce, izq”, así sabrás por donde debes de empezar en la siguiente toma. Por supuesto, el izquierdo.

Deja que succione a placer, pronto observarás que se suelta y llora. Cuando deja de sacar alimento quiere que le cambies, hazlo, no te preocupes demasiado. Controla su peso una vez por semana en la farmacia.

En las revisiones observa al pediatra y enfermera. Las puertas, las corrientes, el calor... si no estás segura de algo, no permitas que suceda, recuerda tu instinto.

¡Ah, las vacunas! Pesadilla de todas las madres... sufrirás mucho viendo a su pequeño/a inyectado. Si una vacuna tiene una mala reacción, no vuelvas a vacunarle. Lo importante es sobrevivir, o como decía un genio del cual guardo una frase, llamado G.G. Marquez, “vivir para contarla”.

Dale mucho amor, dedícale tu tiempo. No sufras por el dinero, se puede vivir con muy poco, controla tus deseos y serás feliz. Tu bebé te necesita a ti. No a una cuidadora o a tu suegra, que espero tendrás. Sacrifícate y ofrécele tu tiempo. Es le mayor regalo que puedas darle.

Tenlo contigo, cueste lo que cueste, hasta que cumpla un año. Luego, puedes volver al trabajo. No te preocupes, trabajos hay cientos, no es lo más importante de tu vida. Lo importante lo acabas de tener, tu tesoro; tu hijo/a.

Te amo Valentina, espero que mis palabras, lejos de llenar tu corazón de lágrimas te sirvan de guía en esta vida maravillosa que estás recorriendo como un río, fluye, vive, trasmite, comparte y vuelve conmigo mi amada hija. Donde esté, siempre estaré contigo.

Sonríe, ya sabes que detrás de una sonrisa estará tu madre, las aventuras de la vida, no dejaron huella, sólo el amor está en mi, te dejo que sigas trasmitiendo lo importante.

Se me olvidaba. No invadas tu casa con muchos artilugios que anuncien como lo mejor para los bebés; cuna, parque, bañera, hamaca, trona de comer y una alfombra aislante para ponerle en el suelo. Tenlo en el suelo a partir del octavo mes de vida, déjale tocar todo y descubrir como es el mundo, evita que quiera probar el sabor de todas las cosas con un chupete. Necesita experimentar por si mismo, no temas. Juega, canta, ríe, haz que se sienta inmensamente feliz contigo.

Cuando crezca, no limites el cariño a unos resultados de escuela. Las madres solemos hacerlo equivocadamente, yo rectifico mis errores. El éxito de él/lla estará en su felicidad, no en lo que consiga en unas notas. Necesita sentirse seguro/a y querido/a. Enséñale valores. A respetar, compartir, amar, tolerar a los demás y encajar en el mundo, sin olvidarse de seguir su propio instinto hacia aquello que le hace feliz. No seas una madre que espera que su hijo/a llegue donde ella no pudo llegar. Sé una madre que comparte, disfruta y quiere a sus hijos. No pierdas su confianza y si lo haces, ni tú eres perfecta y lo sabes todo, acepta que vas a equivocarte, esfuérzate por recuperarla. ¡Podrás hacerlo!

Cuando se caiga volverá a ti. Se alejará muchas veces, se creerá auto suficiente pero siempre volverá en busca de el bálsamo del amor incondicional que estás dispuesta a darle. Me cuesta marcharme, pero mira estoy contigo ¿ves? Lo estoy, mira en tu luz interior, brilla, estoy ahí, no dejes que se apague.

-Fin-

Autora@Maite Albarrán

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