¡Socorro,
soy mamá!
Valentina
iba a ser madre. La noticia la sorprendió por lo pronto del
acontecimiento, en apenas unos meses logró su objetivo: quedarse
embarazada.
Sucedió
en un momento de búsqueda de empleo. Encajó el embarazo de mucho
agrado, ser madre, era una aventura irrepetible que tenía el
privilegio de vivir, así que ¡adelante! Tuvo un embarazo lleno de
incertidumbres, lo que le provocó algunos momentos de ansiedad, que
supo controlar, por el poco dinero que entraba en casa. No era la
mejor época, mirado desde el punto de la economía, pero perfecto si
lo que contaba era el amor. Ahí estaba acertada, su marido era un
hombre que la quería y la hacia muy feliz. Querido hijo te espero
con mis manos abiertas, se dijo.
Valentina,
era una mujer decidida y segura. Pero en esta aventura de tener un
hijo se sentía un tanto desvalida. Su madre murió cuando ella tenía
diez años de cáncer. Su padre, la crió con mucho cariño, además
siempre tuvo a sus tías cerca, ¡la echaba tanto de menos!
Se
le hacia un nudo en la garganta cada vez que abría el libro. El
famoso manuscrito que le dejó. Allí, su madre, pretendió dejar un
poco de huella creando una guía de superviviencia para su hija.
Comenzó a escribirla antes de enfermar, sufriendo por que se iba
demasiado pronto, no por la muerte, no la asustaba. No la tendría
para contarle aquellas cosas que unen a una madre con sus hijos.
Pero
era el momento de atreverse a leerlo. Ahora, que sentía en su
interior agitarse la vida, sabía que estaba más unida a su madre
que nunca. Tengo que leerlo sin que me afecte, tengo que leerlo...
Estaba
de ocho meses y medio, cuando al fin, apremiada por la necesidad de
conocimiento, pronto se convertiría en madre, lo leyó. Su madre le
decía que no llorara, que mal consejo, ya lo estaba haciendo ¿por
qué no te callas, mamá? De repente la madre se reía, que raro,
ella también lo hacia, parecía que el drama se convertía en
chiste. Con qué facilidad la envolvía... ¡como siempre! Yo también
te quiero mamá, te adoro...¡cuánto te echo de menos! Se decía en
su interior.
Pongámonos
serias Valentina, déjate de lágrimas y saca un aprendizaje de lo
que te voy a decir. Si estás leyendo este pasaje, es porque traes un
hijo al mundo, que maravillosa aventura hija, te felicito por esa
capacidad de amar. Espero sea con la persona adecuada, lo sabrás si
eres inmensamente feliz. Volvamos al niño, o niña, no olvides nunca
buscar esa niña que necesitarás en tu vida, con independencia de
que ahora sea un niño ¿vale, mi cielo?
Cuando
llegue el momento del parto, te sentirás muy confusa, pasarás un
momento decisivo en tu vida en el cual recibirás el regalo a un
sacrificio de nueve meses de entrega, cuidándote para al ser más
importante de tu vida. Al principio, no te preocupes, sentirás un
pequeño rechazo, sobre todo si alrededor se preocupan más por el
niño/a que por ti, te sientes cansada,rota, mientras a nadie parece
importar. Pero será un momento, luego una conexión especial te hará
fluir hacia tu criatura, desearás proteger a esa vida maravillosa
que depende en exclusiva de ti y tu marido.
Dale
tu calor, el amor que lleves dentro. Hazle brillar y que se sienta el
ser más amado. No permitas que nadie te aleje de tu pequeño/a. No
sigas más consejos que el de tu corazón.
Ahora
viene un pequeño sacrificio que te recomiendo. Ofrécele tu pecho,
no pienses que te va a devorar... al principio, es una sensación
desagradable, incómoda y dolorosa. Pero es sólo el proceso de
aprendizaje, si lo soportas, en una semana habrás creado una
conexión con tu hijo envidiable, tendrá un brillo propio superior
al astro Sol. Con lo que nos gusta a las dos el calor ¿verdad?
Vuelves
a estar unida a tu hijo a través de la lactancia, de una manera aún
más espléndida. Ya volverás a leerme, porque no te parece
maravillosa de momento, además te están ofreciendo el biberón para
que se calme, no sabes que hacer, sé fuerte, dale tu pecho y tu
amor, contén sus lloros con el bálsamo del cariño infinito. Al
tercer día, la leche manará de ti, lo inundará y será suficiente.
Nada
más nacer, sea cesárea o parto, ponlo en tu pecho, lo ideal es
hacerlo antes de media hora. Que chupe, déjate de visitas y
formalidades, pasa de todo y alimenta a tu hijo. Él/lla es lo único
importante ahora. No pongas la televisión, mantén la habitación en
silencio que la música clásica fluya en ese momento. Date paz y
trasmite esa belleza de estar entre los ángeles.
Recibirás
muchos consejos contradictorios que no has pedido. Se un poco sorda
y actúa por instinto, este no falla. Ofrécele los dos pechos, cada
poco tiempo, hazle chupar. Un truco, cariño, moja tu aureola con
agua, si la nota seca lo rechaza, métele todo el pezón y tranquila,
no se asfixia, tiene espacio para respirar. Sentirás en pocas horas
que eres una madre experta. Si alguna pequeña herida te sale, el
mejor bálsamo es tu propia leche. Lava tus pechos con agua y puedes
usar vaselina sin olor para hidratarlos. A mí me fue bien. Los
discos de lactancia mantendrán tus pechos secos para evitar que el
exceso de humedad los agriete, úsalos.
Enseña
a tu marido a cambiar pañales, practica antes del parto, será
divertido y os unirá más como pareja, deja que él esté dentro de
todo. Un osito es ideal. Te lo aconsejo, porque si es cesárea,
necesitará saber hacerlo, guíale bien y será tu ayuda, como hice
yo con tu padre.
No
le pongas chupete hasta que pasen tres días. Llora un poco más pero
tienes que tener aguante. El motivo es que los bebés succionan con
mucha fuerza, si lo hacen sobre un chupete, luego no te succionarán
a ti, provocando el retraso de la subida de la leche. Ten paciencia,
en poco tiempo verás que tienes mucha y sobrante leche para su
necesidad.
La
lactancia materna, parece muy sacrificada pero no lo es. Fortalecerás
su sistema inmunitario y el tuyo. Una madre que cría, es una roca
contra las enfermedades. Mi experiencia ha de valerte, sabes que
naciste por cesárea.
Mantén
la calma cuando llegue el momento del alumbramiento. Sea lo que sea,
saldrás de esta como de todas las que te propongas, tienes una
herencia de los fuertes, nunca lo olvides.
Deja
que la energía positiva fluya en ti y hacia tu bebé, si alguien te
incordia, quítalo de tu camino, ahora es el momento de estar
relajada y feliz. Trasmites a tu hijo/a tus estados de ánimo, así
que esfuérzate, se egoísta, debes proteger su felicidad, es la
tuya.
Cuando
le des de mamar, no olvides apuntar en una libreta sus tomas, la
memoria en este período te fallará. Pon la hora y el último pecho
del que se alimentó, por ejemplo “doce, izq”, así sabrás por
donde debes de empezar en la siguiente toma. Por supuesto, el
izquierdo.
Deja
que succione a placer, pronto observarás que se suelta y llora.
Cuando deja de sacar alimento quiere que le cambies, hazlo, no te
preocupes demasiado. Controla su peso una vez por semana en la
farmacia.
En
las revisiones observa al pediatra y enfermera. Las puertas, las
corrientes, el calor... si no estás segura de algo, no permitas que
suceda, recuerda tu instinto.
¡Ah,
las vacunas! Pesadilla de todas las madres... sufrirás mucho viendo
a su pequeño/a inyectado. Si una vacuna tiene una mala reacción, no
vuelvas a vacunarle. Lo importante es sobrevivir, o como decía un
genio del cual guardo una frase, llamado G.G. Marquez, “vivir para
contarla”.
Dale
mucho amor, dedícale tu tiempo. No sufras por el dinero, se puede
vivir con muy poco, controla tus deseos y serás feliz. Tu bebé te
necesita a ti. No a una cuidadora o a tu suegra, que espero tendrás.
Sacrifícate y ofrécele tu tiempo. Es le mayor regalo que puedas
darle.
Tenlo
contigo, cueste lo que cueste, hasta que cumpla un año. Luego,
puedes volver al trabajo. No te preocupes, trabajos hay cientos, no
es lo más importante de tu vida. Lo importante lo acabas de tener,
tu tesoro; tu hijo/a.
Te
amo Valentina, espero que mis palabras, lejos de llenar tu corazón
de lágrimas te sirvan de guía en esta vida maravillosa que estás
recorriendo como un río, fluye, vive, trasmite, comparte y vuelve
conmigo mi amada hija. Donde esté, siempre estaré contigo.
Sonríe,
ya sabes que detrás de una sonrisa estará tu madre, las aventuras
de la vida, no dejaron huella, sólo el amor está en mi, te dejo que
sigas trasmitiendo lo importante.
Se
me olvidaba. No invadas tu casa con muchos artilugios que anuncien
como lo mejor para los bebés; cuna, parque, bañera, hamaca, trona
de comer y una alfombra aislante para ponerle en el suelo. Tenlo en
el suelo a partir del octavo mes de vida, déjale tocar todo y
descubrir como es el mundo, evita que quiera probar el sabor de
todas las cosas con un chupete. Necesita experimentar por si mismo,
no temas. Juega, canta, ríe, haz que se sienta inmensamente feliz
contigo.
Cuando
crezca, no limites el cariño a unos resultados de escuela. Las
madres solemos hacerlo equivocadamente, yo rectifico mis errores. El
éxito de él/lla estará en su felicidad, no en lo que consiga en
unas notas. Necesita sentirse seguro/a y querido/a. Enséñale
valores. A respetar, compartir, amar, tolerar a los demás y encajar
en el mundo, sin olvidarse de seguir su propio instinto hacia aquello
que le hace feliz. No seas una madre que espera que su hijo/a llegue
donde ella no pudo llegar. Sé una madre que comparte, disfruta y
quiere a sus hijos. No pierdas su confianza y si lo haces, ni tú
eres perfecta y lo sabes todo, acepta que vas a equivocarte,
esfuérzate por recuperarla. ¡Podrás hacerlo!
Cuando
se caiga volverá a ti. Se alejará muchas veces, se creerá auto
suficiente pero siempre volverá en busca de el bálsamo del amor
incondicional que estás dispuesta a darle. Me cuesta marcharme, pero
mira estoy contigo ¿ves? Lo estoy, mira en tu luz interior, brilla,
estoy ahí, no dejes que se apague.
-Fin-
Autora@Maite Albarrán
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