sábado, 19 de marzo de 2016

Agujas de lluvia

Agujas de lluvia
(entierro del dolor)

Se quitó el impermeable hecho de miles de agujas, puntadas de recuerdos. El pasado yacía ante sus ojos, había preparado para la ocasión el ataúd. La tumba oscura cavada en mitad del bosque del silencio, olía a tierra mojada y maderas nobles. Fósiles ardían en el ascua de una llama mantenida por el sufrimiento. Las raíces descubiertas de un árbol como único testigo. Miró la silla. Gritaban las ramas enroscadas con los ojos ennegrecidos, salía de su boca un aullido insoportable.

Se sirvió un te sin azúcar, en su boca se enjuagó la palabra del perdón. Debía vencer su miedo a no ser lejos del olvido. Podredumbre, derrumbe y óxido. Sólo así podría dormir sin despertar en el sudor amargo que entrecortaba el corazón en un hondo suspiro de terror.

Había abierto al fin el alma. Los demonios de metal sacaron jugo a su maniobra demencial. Taladraron su cabeza divertidos con un sacacorchos, destaparon trozos de carne negra. Asada y consumida en el rebobinar continuo de una mente que se aferraba con fuerza al odio almacenado en los estantes de un corazón confundido.

¿Olvidar? La soledad no se olvida. La tristeza galopa mientras el caballo con sus cascos oprime. Piernas de frágil gelatina gris la sostienen en el asfalto. La sonrisa disimula al fingidor cuerpo del teatro. El corazón late con sangre incorrompida ¡olvida!

La llamada del final del camino. Ahora suplica que vaya a verla. En el último instante. No hay tiempo para recordar. Sobran las palabras. El presente se formó consumiendo el tono del dolor. Equilibra la balanza el perdón. Debes olvidar, ¡Olvida!

Enfrenta la mirada de unos ojos vacíos. Ojala pudiera sentir compasión. El dolor la cubre sin poder reconocer su otra mitad. No va a mover un sentido en su ayuda. El lazo rojo ajado está en el suelo frío de los años de ausencia.

Sale de allí. Dejó el pasado atado con cuerda de lágrima seca, mientras indagaba tras el brillo de unos ojos envejecidos. Corre maldita por las calles donde la locura la persigue. La esquiva en un callejón de luz donde se esconde, la ve pasar segura, ríe con paso apretado. Se asoma para despedirla. La ve por primera vez de espalda, Lleva un traje de seda oscuro donde cuchillas de plata resplandecen, calza dos cráneos sin dentadura. El ruido que causa hace tiritar al aire. Por suerte no la vio de frente.

Le dio esquinazo. Es hora de enterrar el pasado. El silencio hará florecer hierbas de perdón. Lágrimas y lluvia confunden su rostro. Es libre de duelo, ya no necesitará el impermeable de agujas donde el dolor latía apretando su carne.


-Fin-

domingo, 13 de marzo de 2016

La curiosa Nube




Había una vez un rebaño de ovejas que vivían en una hermosa pradera florecida de verdes pastos y flagrantes aromas. Pasaban el día mordisqueando hierbas y comunicándose entre ellas con cariño, mientras el perro pastor Tutú vigilaba atento que no ocurriera alguna desgracia.

Sobresalía entre todas una preciosa ovejita de la reciente crianza. De pelaje suave como la seda y ojos grandes de color azabache de la cual el perro se sentía orgulloso de tener a su cuidado. Era muy curiosa y habladora. Pasaban horas dialogando en las que trataba de aprender sobre las hierbas, vientos y nubes, incluso sobre lo que hacer en caso de un ataque. Pero Nube que así se llamaba, nada sabía de emboscadas ya que nunca había presenciado algo tan horrible, el mayor temor para las demás. Llegó un momento que se aburría porque las conversaciones se volvieron repetitivas con el perro pastor.

Los paseos persiguiendo mariposas, mordisqueando brotes tiernos, haciendo trotes con sus amiguitas le producían insatisfacción. Sólo soñaba con la montaña y las cosas maravillosas que escondería.

-Oye Tutú, ¿tras aquella ladera de la montaña que habrá? -preguntaba ansiosa por descubrir otras cosas.
-Allí no hay nada linda Nube-le decía con amabilidad- debes pensar en lo que tienes aquí sin hacerte preguntas que no son propias de las ovejas.

Pero la ovejita Nube era inquieta y bastaba que alguien le pusiera límites, para querer derribarlos. Así que aprovechó la ocasión en que el perro se hallaba vigilando en otro lugar alejado, para trepar sin ser vista por aquella ladera de montaña.

-Vaya si que cuesta escalar-se dijo- Mis patas no están acostumbradas a tropezar con estas hierbas pinchosas y piedras roca afiladas. Me hago daño. ¡Ay!Pero como era tozuda, lejos de desistir prosiguió alejándose de la seguridad del rebaño. Necesitaba averiguar lo que había allí arriba.

Cuando llegó arriba miró atenta la belleza del paisaje. Desde allí todo parecía ser muy pequeño. Vio un pasto muy verde en otra dirección y en lugar de regresar, imaginó que sería la primera oveja exploradora que descubriría otros verdes prados. Así que muy valiente descendió por un lugar desconocido.

Al llegar a aquel lugar que le había parecido tan maravilloso desde arriba, probó las suculentas hierbas. El sabor era amargo y desagradable. Así que convencida de que debía seguir investigando siguió por aquel camino cantando una canción alegre. De repente, un animal parecido a Tutú apareció ante sus ojos. Su boca chorreaba baba y los ojos estaban abiertos exageradamente.

-Linda ovejita, donde vas tu tan solita-Le preguntó el lobo a modo de guasa.
-Hola perrito, estoy explorando este lugar ¿Querrás protegerme para que no me pase nada ?
El lobo se rió a carcajadas, la miró con deseo hambruno y se detuvo a comprobar sus uñas afiladas. Sin duda la oveja era más ingenua de lo que esperaba, no tendría que molestarse en darle alcance. Se la comería sin que se enterase.
Pero Nube al ver que el lobo mostraba una boca grande abierta para atacar, corrió rápida sin saber hacia donde. Los bocados de la mandíbula del animal sonaban al cerrarse, por suerte no sobre su carne. Así que se adentró en el bosque de la bruja del Ojo morado.

El lobo frenó en el límite. No valía la pena enfrentar semejante peligro por una oveja tan tonta. Aquella bruja le había perseguido para usarlo en sus hechizos, así que permanecía oculto miedoso de que terminara por encontrarle.

Nube se sintió aliviada. Miró hacia atrás y el perrito malo no la perseguía. Al instante echó de menos a Tutú y la seguridad con la cual protegía al rebaño. Vaya no todos los perritos son buenos y quieren hacerme bien. Tendré que tener más cuidado. La pequeña oveja se sentía observada por los árboles y plantas que allí estaban. Es que la bruja del Ojo morado tenía espías por todos los rincones y pronto supo que una intrusa se había aventurado.

Fue en busca de la oveja y la encontró mordisqueando unas hierbas poderosas que usaba para sus hechizos.
-No puedes comerte mis hierbas, ¿Cómo te atreves a penetrar en mi bosque sin mi permiso? -le preguntó con una voz fría maléfica .
-Soy Nube y huía de un perrito que me perseguía.
-Ja,ja¿Un perrito? ¿Con dientes afilados, ojos feroces y terribles garras?
-¡Así, sí así era!-contestó al sentirse comprendida.
-Joven oveja eso es un lobo y come ovejitas. ¿De dónde has salido para no saber semejante cosas?
-Bueno Tutú nuestro perro nos protege en la pradera. El se encarga de que no ocurra ninguna cosa mala. Nunca había visto un lobo. Gracias por la información, me será útil.
-¿Y te advirtió del peligro de las brujas? Mujeres hechiceras que usan las patas de las ovejas para hacer conjuros maléficos.
Al instante comprendió la aterrorizada Nube que se hallaba ante un nuevo peligro. Había comido hierba suficiente y al intentar correr lo hacía por encima de los árboles. La bruja se subió a la escoba, escupiendo conjuros y maldiciones, pero como la pequeña estaba envuelta por un escudo protector no logró dañarla y consiguió salir del bosque.

Nube lloraba desconsolada protegida tras un arbusto. Una liebre blanca de gran tamaño la escuchó y quiso saber de la desgracia de aquel animal de aspecto tan dulce.
-No sé como encontrar el camino de vuelta a casa. Cuando estaba en el prado rodeada de las otras ovejas y mi amigo Tutú soñaba constantemente con descubrir un lugar mejor donde estar. Pero estaba equivocada, me marché y desde entonces he aprendido a correr, a tener miedo y a no sentirme segura en ningún lugar. ¡Quiero volver a casa! ¡Buahhhhh! ¡Buahhh!
-Tranquila ovejita. Yo te guiaré de nuevo hacia tu hogar. Conozco muy bien donde está el prado del cual procedes.
La liebre se puso en camino seguida de Nube. Corrían muy rápido por la ladera montaña arriba. Ya no le molestaban los pinchos o las duras piedras. Cuando llegaron se dirigió emocionada hacia el perro.
-Como te he echado de menos Tutú, -le dijo restregando su cuello contra su cara.
-Nube, pensé que no volvería a verte¿Estás bien?-le preguntó el animal preocupado.
-Si supieras todo lo que me ha pasado...

Le contó al rebaño y a Tutú toda su aventura. Las ovejas abrían los ojos espantadas cuando escucharon que el lobo quería comérsela. Pero les pareció más terrorífico el bosque y la bruja. Tras concluir, pensaron que la dulce Nube era una oveja muy valiente que sabía cosas valiosas para sobrevivir.

Desde ese día las ganas de aventuras se esfumaron para Nube. Valoraba cada instante de sol y el sabor de las tiernas flores que crecían el lugar más hermoso de la tierra. Había aprendido la lección.


-Fin-

viernes, 11 de marzo de 2016

El pollito Ticolín





En una hermosa mañana de primavera donde las flores impregnaban el aire de dulzura y frescor, un pato llamado Joto danzaba en el estanque al ritmo de el “Vals de las flores”(el cascanueces) de Tchaikovsky.

La música sonaba desde el aparato de Doris. La ponía repetidas veces porque al gato blanco con manchas y ojos verdes, le producía placer escucharla. Cerraba los ojos y se hacia un ovillo durmiendo una fantástica siesta.

Los pollitos de la gallina Tricalé, picoteaban en el jardín en busca de jugosas larvas. Había uno sólo detenido frente al estanque observando la danza del pato Joto que seguía con movimientos acordes la preciosa melodía.

Ticolín que así se llamaba el pollito, deseaba ser cantante y danzar como el pato. Su mamá le enseñó las notas musicales : Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si y éste trataba de entonarlas muy alto. Su voz chillona y desentonada le traía grandes sobresaltos, ya que el gato enfadado emprendía un ataque por sorpresa para terminar con aquel sonido insoportable que arruinaba su descanso.



Entonces en el revuelo originado por la persecución, los pollitos soltaban plumas para confundir al agresor, malogrando su propósito de dar caza a Ticolín. El pequeño afligido y triste, no comprendía el motivo por el que el rollizo gato le quería darle caza.

Doris que parecía comprender las intenciones de valiente pollito Ticolín, compró una jaula y lo puso en alto para que aprendiera a cantar con seguridad. Desde allí veía al hermoso pato danzar y también la cara feroz del gato que saltaba en torno a la jaula con la intención de hacerle callar. Como no conseguía asustarle, estuvo ausente del jardín por una temporada muy larga.

Tras meses de trabajoso ensayo el pollito Ticolín aprendió a cantar. Se fijó en los jilgueros del jardín y memorizó las notas musicales de la preciosa melodía que sonaba todo el día ahora para él.

Ticolín pasó por todos los estados de ánimo en su actitud férrea de conseguir su propósito. Sintió frustración, enfado, alegría, admiración, tranquilidad y amor por la música. Sus hermanos se sentían orgullosos de que hubiera llegado tan lejos. Pero aún quedaba la asignatura pendiente de aprender a danzar, como el pato Joto.

Así que todas las mañanas cantaba para él, fijándose muy bien en la danza del agua que hacia. Se llenó de valor y un día en un arrebato se tiró al agua. Para su sorpresa, no sabía nadar. ¡No era tan fácil!

-¡Agita las alitas! -le gritaban sus hermanos- ¡sal que te vas a ahogar!
-No puedo, me hundo, venid ayudarme-les suplicó lleno de temor.
Pero ninguno se atrevió a hacer cosas de patos. Joto que se había encariñado con el pollito cantor, le sacó empujándole con delicadeza hacia la orilla.

-Oye pollito, debes conformarte con que sabes cantar-le dijo muy serio Joto.
-¡Quiero danzar como tú en el agua!- contestó a modo de protesta.
-Mira pollito, no puedes aprender a hacer tantas cosas. Tienes mucha actitud para ello pero te falta habilidad-resumió dando el tema por finalizado.
-¿Si me ahogo, me salvarás?-preguntó Ticolín ilusionado ante esa posibilidad.
-Si eres capaz de volverte a meter en el agua, lo haré-respondió para evitar su temeridad y encontrarle ahogado.

Ticolín volvió a arriesgarse. Tragó mucha agua, hubo muchos sustos y risas de sus hermanos, pero lo consiguió. Aprendió a nadar.

Doris estaba maravillada. Tenía un pollito que cantaba el “Vals de las flores” y además danzaba al ritmo del pato. Pronto le hizo un hueco a su lado. Cosa que molestó al acomodado gato envidioso. No soportaba a aquel pollo engreído que sabía cantar y danzar. Aunque le encantara escucharle.

Así que un día en un descuido del ama, le alcanzó en el jardín y le iba a dar muerte cuando el pato Joto salió raudo del estanque y se lo quitó de encima a picotazos. A partir de entonces, Tricolín y Joto, se hicieron amigos inseparables. Danzaban en el estanque en armonía al ritmo del canto del pollito.

Era tan bella la imagen y canto, que las flores contentas crecían rebosantes con más color. Hasta los escarabajos se subían a las piedras para verlos bailar. El ambiente de paz y amor dotaba a aquel lugar de una maravillosa sensación de felicidad.
-Fin-



jueves, 10 de marzo de 2016

El cocodrilo Silijó y la enigmática pobreza



En una tierra aislada dura y seca, vivía una familia muy pobre. Se dedicaban al cultivo de la tierra pero obtenían pocas verduras de pequeño tamaño y mal sabor.

El cocodrilo Silijó vivía cerca de allí en abundancia de alimento. Controlaba un espacio de la gran charca y disfrutaba feliz de maravillosos baños de sol. El agricultor famélico y triste, se acercaba con sus cubos a recoger agua insalubre con la que regar sus verduras, sin que el gran cocodrilo se molestara en idear un ataque por sorpresa. No le apetecía comer huesos y pellejo de pobre. Prefería las hermosas vacas de suculentas carnes que cruzaban por sus aguas hacia la otra orilla.


Sin embargo observaba atento con cierta inquietud, el estado lamentable en el cual se hallaba Grimir. Esperaba que el hombre comprendiera las cosas que hacía mal por si solo. Así que cuando lo veía, sonreía a manera de burla para enfrentarle. Pero el hombre estaba tan rendido que no parecía ver nada.

Hubo una gran tormenta que duró varios días y arrasó todo. Menos mal que Silijó era grande y pesado, pudo esconderse a tiempo para no ser arrollado por las aguas turbulentas que descendían llevándose hasta los árboles mas seguros.

“El pobre que aguante su condición de ser pobre, será aún más pobre” recordó la enseñanza de su maestro el gran cocodrilo del pantano. Cuando las cosas volvieron a estar en orden, esperó con paciencia que apareciera el débil agricultor a por agua. Lo hizo en un estado aún más lamentable, como pensaba. Sus ropas estaban rotas y no tenía cubos. De repente se arrodilló ante el poderoso cocodrilo que como de costumbre tomaba el sol, le suplicó que le diera muerte, así no tendría que ver a sus hijos morir de hambre.

Silijó abrió los ojos y no pudiendo resistir más, se rió a carcajadas.

-No puedo comerte, no serías un sabroso bocado. Eres un hombre pobre porque te has etiquetado en la pobreza. Yo soy rico y tengo recursos en esta charca para alimentar a una gran familia si quisiera tenerla. ¡Te has rendido con mucha facilidad!

-Te burlas de mi, no valgo ni para ser engullido por un desagradable y feo cocodrilo como tú. Estoy maldecido-se quejó dándose pena a si mismo por sus circunstancias.

-Verás flaco y desastroso hombre. Te explicaré que el estado de pobreza sólo existe en los límites que pones a tu vida para crecer-le contestó sin sentirse enfurecido por la palabras degradantes de aquel hombre derrotado.

-¿El estado de pobreza?-meditó-Siempre fui pobre. Nací en una familia pobre donde apenas teníamos para comer patatas o alubias, alguna fruta estropeada que traía mi madre del mercado cuando iba a pedir limosna. No puedo cambiar mi condición.

-Penoso hombre, deja de llorar y lamentarte por tu pobreza-replicó sin cambiar su actitud-No deseo criticar las enseñanzas de tus padres. Pero tuvieron el poder de convencerte de tu debilidad y eso te ha convertido en lo que eres. Poniéndote a pedir y comiendo de lo que otros te dan, te conformas con sobrevivir a duras penas, debes encontrar la manera de crear tu propio sustento.

-Pero cocodrilo ¿acaso no me viste día a día recogiendo agua en tu charca para mis hortalizas? -le preguntó indignado.

-Por supuesto que viniste a buscar aguas estancadas sin nutrientes para tu cosecha. Alimentaste tu huerta sin pensar en la necesidad que tenían las plantas de crecer y hacerse más fuertes. Sólo criaste una cosecha tan pobre y flaca como tú mismo.

-¡Oh que tonto eres! ¿Y que debí hacer entonces? Cultivé la tierra que no quería nadie, por ser rocosa y estar alejada del poblado.

-¡Exacto! Quisiste alimentar a tu familia con una tierra pobre. ¡Pobre, pobre, pobre! ¿Te das cuenta?todo lo que atraes es pobre.

-¡No es así!-se defendió muy enfadado Grimir, por vez primera- Quise trabajar una tierra que no era de nadie, como no tenía dinero para comprar otra, tuve que conformarme con ésta. Hice lo correcto pero no tengo suerte, eso es todo.

-Verás testarudo ciego de la pobreza, si en lugar de elegir una tierra donde no hay agua y precisas andar varios kilómetros para recoger una de mala calidad hubieras pensado para qué podría servir esa tierra no serías tan pobre. ¡Debes aprender a pensar!-le ordenó con una voz imponente.

-Lo cierto es que no debí utilizar la tierra para el cultivo-aceptó resignado.

-Mira esas hierbas que han crecido tras la inundación. Pronto estarán secas. Recógelas e imagina lo que puedes hacer con ellas.

El hombre sorprendido por la idea del cocodrilo, así lo hizo. Llevó a su familia a recoger todas las hierbas altas y las amontonó en su cabaña. Durante una semana estuvo esperando a que se secaran. Las estiró y sus hijos empezaron a trenzarlas. El juego se convirtió en un entretenimiento para toda la familia que utilizó su ingenio para diseñar cestas, cuadros y utensilios variados. Hasta se hicieron sandalias para no andar descalzos.

Probaron a teñirlas con raíces y hojas que desprendían color. Estaban tan orgullosos de la creación que marcharon contentos a la aldea con intención de vender sus estupendos utensilios.

Los habitantes al verlos llegar con mal aspecto, estaban sucios y vestían harapos, no quisieron hacer negocios por si atraían la mala suerte de la pobreza a sus casas. Pero un comerciante rico no quiso desaprovechar la ocasión de quedarse con el valioso trabajo de aquella familia.

-Os pagaré la mitad de lo que saque, dejadme que fije un precio y volved dentro de una semana-Les dijo con superioridad dado el estado en el cual se encontraban.

-No -dijo Grimir sin saber que era el mismo el que hablaba-Me pagarás la mitad ahora mismo o yo mismo venderé mis cestas y utensilios después de darme un buen baño. No tuve tiempo porque  me dediqué al trabajo duro de trenzar y olvidé que debía presentarme con decencia.

El comerciante que ya codiciaba la mercancía por su originalidad y belleza, no quiso apretar más por si aquel orgulloso hombre cumplía con lo que decía. Así que le adelantó la mitad de un valor estimado muy por debajo del cual pensaba venderlas. Para la familia de Grimir, fue un comienzo.

Volvieron al hogar después de comprar comida y ropa nuevas. Se lavaron, acicalaron y volvieron a recoger las hierbas altas que crecían sin parar, regadas por un agua subterránea que atravesaba aquella zona.

Grimir quiso agradecer los consejos al gran cocodrilo Silijó así que de nuevo fue a la charca para verle.
-Eres un gran sabio, me rindo ante tu poder, eres el más grande y te estaré eternamente agradecido por perdonar mi vida dándome una solución a mi pobreza.-dijo con voz temblorosa por la emoción contenida.

-La pobreza es un estado generado por la falta de creación. Llevo muchos años en esta charca viendo pobres y escuchando lamentaciones. ¡Todos piden y piden! No buscan soluciones, no afrentan las vicisitudes con coraje. Se rinden en espera de compadecer a alguien que resuelva sus problemas. Por eso nunca dejarán de ser pobres y tener por voz el lamento.

-Ya no soy pobre, amigo, estoy convencido de que seré rico porque he descubierto cómo abastecer a mi familia de alimento. Utilizaré aquellas cosas a mi alcance que puedan ser útiles. No volveré a conformarme con el hambre.

-Así me gusta muchacho, ¡Te veo rico! Y lo serás aún más. Atraerás hacia ti todas aquellas cosas que desees. Tu fe es la correcta. Crea y comparte tu creación. Pon un precio a tu trabajo y espera paciente que los demás quieran contagiarse por tu genialidad.

Los ojos de Grimir se iluminaron por la ilusión que despertaba en su corazón saber al fin el camino correcto. Nunca más se resignaría a pasar hambre y necesidad. Si un día la hierba alta dejaba de crecer, analizaría otro recurso con el cual seguir creando cosas para vender.



Pero el negocio de las cestas fue un éxito. La gente compraba las hermosas cestas por un precio pequeño. Trabajaron duro y pronto tuvieron su propio puesto en el mercado.

Siguió creciendo y abrió una fábrica donde trabajaban personas pobres. Les enseño a utilizar su pensamiento para crear nuevas formas. Fue así como el estado de abundancia se extendió entre todos los moradores de la aldea.

En el transcurso de los años desaparecieron los pobres. Todos tenían un trabajo que desarrollar. La abundancia y prosperidad hicieron que sus habitantes criaran niños bien alimentados, fuertes y con mucha imaginación, que nada sabían de la pobreza. Todos cooperaban para crecer y seguir avanzando.


-FIN-

miércoles, 9 de marzo de 2016

El corazón del Sol




El corazón del Sol

Había una vez una solitaria estrella que empezó a tener sentimientos. Disfrutaba haciendo cosas desinteresadas por los demás. La consecuencia de ello fue que generó en su interior gran energía capaz de iluminar  un planeta que le pareció simpático. Notó que en el centro de si misma se formaba un corazón. Ella nada sabía de su imponente forma, hasta que las nubes le susurraron que en la Tierra la llamaban el rey Sol.

Así giraba en torno al planeta atraída por las muchas cosas que hacían sus moradores. Iluminaba por turnos ya que ni el podía estar en todas partes. Cuando desaparecía el cielo se oscurecía y llegaba la noche. Así pasó muchos años hasta que un día descubrió que su corazón comenzaba a fallar. Había dado mucho calor sin descanso y estaba agotada. Las nubes que eran tiernas y delicadas, rompieron a llorar desconsoladas inundando la Tierra de agua, los colores del arco iris se formaron para hacerlas olvidar el sufrimiento ante la inminente muerte del Sol.

Los sapos y ranas saltaban y chapoteaban alegres en el río, aplaudían a las nubes pidiendo más agua cuando agudizando un poco el oído supieron del angustioso problema. Como eran luchadores y tenían habilidades para superar pruebas, hicieron una asamblea. En ella convocaron a todos los habitantes del río y tras debatir un rato, encontraron la forma de ayudar al Sol.

A los cangrejos del río de fuertes tenazas, les fue encargado remover las arenas del lecho para hallar las pequeñas pepitas de oro. Las ranas, sapos y peces las tomarían en la boca acercándolas a la orilla.

Una vez allí, las hormigas que habían cortado grandes hojas se encargaron de rellenarlas. Las arañas tejedoras las envolvieron en paquetes sellados. Las ardillas esperaban impacientes el momento de coger los bultos del tamaño de una nuez entre sus dientes para llevarlas a la cabaña del bosque donde vivía un relojero.

Una vez allí, tocaron a la puerta golpeando con los paquetes. Salió un malhumorado hombre que al verlas, se quedó extrañado.

-Señor relojero, necesitamos su ayuda, tiene que construir un nuevo corazón de oro para el Sol-dijo la portavoz de las mismas.
-Eso es una estupidez, el Sol no precisa de semejante cosa.-replicó enfadado porque pensaba que le estaban gastando una broma.
-Mírelo bien y verá que luce poco. Está enfermo. ¡Debe creerlo! Suplicaron con lágrimas los animales reunidos en espera de una respuesta.

Moisés al ver llorar a las ranas, sapos, cangrejos, hormigas y ardillas con tanta tristeza, se sintió contagiado por la pena. No podía negarse, además sería una oportunidad de crear un corazón de oro. Tras desenvolver una hoja apreció el grado de  pureza de las pepitas. Nunca en sus años de profesión vio unas tan bellas y relucientes.

Estuvo trabajando ilusionado toda la noche. Cuando se asomaba para ver si aquellos animalillos seguían allí, el brillo de sus ojos atentos en la oscuridad le respondían. Desde afuera se escucharon los golpes de martillo y el crepitar del horno.  Aún no había amanecido del todo, cuando salió de la cabaña luciendo entre sus manos un hermoso corazón de oro.

-Viva el relojero, lo ha creado- gritaron eufóricos-¡Ahora debes dejarlo en esa tarima!-le ordenaron los animales- El Sol encontrará la forma de recogerlo.

El hombre que no tenía ningún interés en quedárselo, así lo hizo. Aunque tuvo dudas por si algún inoportuno ladrón atraído por su inmenso brillo se lo llevara. Pero como no le pertenecía, se limitó a entrar en la casa y esperar el desenlace.

Al aparecer el Sol sobre aquel lugar, vio sobre el taco de madera el corazón de oro. Iluminó con sus rayos con toda intensidad y unas manos pequeñas tomaron el regalo.

Moisés que estaba observando desde la ventana, no podía creer lo sucedido. Había construido con sus maños el corazón del Sol.

Con el nuevo corazón de oro latiendo en su pecho, notó que volvía a funcionar pleno de felicidad. Como era muy agradecido, convirtió la tarima con sus rayos en oro para el relojero por su magnífico trabajo.


El huraño relojero que nunca había recibido premio alguno por su esfuerzo, sintió que su rostro se inundaba de lágrimas. No sabía si lo estaba soñando. Primero había sido convencido para trabajar gratis por un equipo los animales y ahora recibía una desmesurada recompensa del mismo Sol. Su corazón afligido de emoción, estaba inundado de sentimientos de amor y gratitud hacia todos.

Salió muy contento de su cabaña hacia la tarima. Cortó el oro según lo necesitaba y pasó el día haciendo pequeños corazoncitos. Al día siguiente los llevó al escaparate de su tienda en el pueblo. La gente al verlos se sentía atraída al instante por el deseo de comprarlos de bonitos que eran. Así que entraban para preguntar el precio.

Entonces Moíses dejaba que eligieran uno. Luego los envolvía olvidando mencionar el precio, la gratitud y sorpresa inundaban el rostro del afortunado.¡ Era increíble que el relojero Moisés estuviera regalando corazones de oro!

El pequeño corazón de oro al ser desenvuelto en la mano del poseedor, desaparecía. Se colaba en el interior iluminado desde ese momento al ser. Fue así como las personas amables dispuestas a hacer cosas buenas por los demás consiguieron tener un corazón de oro.


¿Te gustaría tener uno?


-FIN-


martes, 8 de marzo de 2016

El poderoso Ketún


El poderoso Ketún

Había una vez un desierto con una montaña de color negro brillante. Todos temían acercarse porque aquel que osaba subirla enloquecía en un sueño amargo del cual era imposible regresar.

Allí vivía Ketún oculto en la profundidad alimentándose del miedo. Un día se hizo tan grande que la montaña no pudo contenerlo ya que peligraba su estructura. Así que se vio obligado a emerger y buscar otro lugar donde seguir desarrollando su poder. Al llegar a la superficie y ver el sol brillante sobre la arena, enfureció. El viento temeroso de que desatara su ira, le ofreció un capa invisible para cubrirse y seguir estando a oscuras.

Caminaba por el desierto cuando descubrió un hermoso oasis. Allí se detuvo para filtrar su contenido en seis hermosas palmeras. A cada una la sedujo con un miedo diferente. La palmera Zatí contenía el miedo a la muerte, Zató el miedo al fracaso, Zaté el miedo al dolor, Zatú el miedo a la enfermedad, Zatá el miedo a la pobreza y la última Zaiu contenía el miedo a la vejez.

Las palmeras trasmutaron su expresión de dulzura en ferocidad. Las ramas se volvieron oscuras y tenían un hambre insaciable por lo que se agitaban vigorosamente  para expandir su esencia de miedo. Pronto recibieron pensamientos, llegaban por miles, los atrapaban con celeridad transportándolos al interior. Así crecían y se hacían cada vez más temibles.

Así caminaba Ketún con su guardia de palmeras por las poblaciones. En todas recibían alimento porque sus habitantes no solían enfrentar su miedo. Caían en el pensamiento obsesivo como pez en el anzuelo guiando sus actos con temor. Pronto se hizo hueco al silencio y la tristeza. Parecía que la vida había dejado de existir.

Un día el poderoso Ketún se encontró con un perro. Le produjo una sensación inquietante porque aquel animal no le daba de comer a sus palmeras. Era inmune al miedo. No le gustó ver cómo el soberbio animal se cobijaba del sol en ellas sin ser poseído. Así que al llegar la noche se quitó la capa para darle una lección.

El valeroso perro viendo la forma terrorífica de la gran bola negra con dientes afilados nada dijo. Rascó las piedras y de repente se hizo presente su forma. Era el antiguo mago Xedí, el creador de la arena.
-Como estás querido Ketún, te veo más grande desde nuestro último encuentro.
-Debías de ser tú con tus disfraces. Eres soberbio y hoy será tu fin.
-¿De verdad? Demuéstralo.
-Te enfrentaré con mis miedos. Te lanzo el miedo a la Muerte, ¡ Zató engúllelo!
La palmera abrió su boca para devorarlo pero no tenía ganas de comer. Era de un olor repelente así que contra la voluntad del creador, volvió a su sitio bajando la cabeza. Le resultó imposible.

-Sabes que no temo a la Muerte, he aprendido a que tengo un tiempo para estar en las arenas y seré relevado por otro mago que continuará mi labor.
-Ah así que es eso, no temes. Ya lo veremos.¡ Zaté, llena sus ojos de pinchos de cactus, ahora!

La palmera creó afilados pinchos para clavarlos en el mago. Lo iba a hacer cuando estos se deshicieron en polvo. ¡El mago no tenía miedo al dolor! Así que la esencia del miedo desaparecía.

Uno a uno enfrentó todos los miedos con éxito. Ketún estaba muy enfadado por no conseguir derrotar al poderoso mago Xedi. Estaba empezando a odiar su fortaleza para desafiar al miedo.

Así se hallaba cuando sus palmeras comenzaron a morir. Ketún que nunca había sentido miedo tuvo una sensación de vacío al temer desaparecer. Estaba fracasando, la enfermedad de su guardia así lo confirmaba.

El viento que era muy cambiante, aprovechó la ocasión para llevarse la capa protectora ya que no temía que enfureciera un ser que se había hecho pequeño ante un simple mago. Cuando salió el sol Ketún buscó su capa, pero al no hallarla tuvo que correr abrasándose en el calor que detestaba para intentar llegar a la montaña. Estaba tan lejos que no sabía hacia donde iba.

Cada paso que daba sentía que empequeñecía. Tan insignificante llegó a ser que quedaba cubierto por los brillantes granos de arena. Pero Xedí el mago, no iba a dejarlo ir. Sabía que pronto el malvado productor de miedo crecería de nuevo sembrando la oscuridad. Su color negro lo delató entre los demás granos así que al darle alcance se lo comió. Así nunca volvería a quitar las alas a los sueños y deseos de los hombres.

El miedo es un gran enemigo del ánimo, las personas dejan de amar y ser felices por no saber enfrentarlo, así que la mejor manera que Xedí  encontró para acabar con el fue comérselo.

Y tú ¿Te comes tus miedos?


-FIN-

lunes, 7 de marzo de 2016

El tarro del rencor

 El tarro del rencor

Había una vez un reino llamado Susabon donde los habitantes tenían el deber de depositar las heridas del corazón dentro de un tarro. Los agravios eran escritos en papel y tinta. Así descargaban los indignados el odio, la ira y el deseo de venganza en el manifiesto que llevaba por título: RENCOR.


El rey había dado orden de escribir la ofensa sin dar nombres. Una vez al mes el tarro del rencor se leía entre los presentes sin que nadie dijera una sola palabra. Luego todos los secretos del alma ennegrecida eran enterrados en la fosa profunda custodiada por la serpiente Sipifo. Era de enorme tamaño y sus terribles colmillos obligaban a olvidar la necesidad de buscar la ofensa depositada en el interior de aquel tarro.

Allí se guardaban cada día los anhelos de justicia, muerte, traición, ira, desengaño, desamor...El tarro tenía un olor pestilente allí se cocinaba con lentitud la maldad. Era una oscuridad tenebrosa del pensamiento libre de obrar sin límites.

Se había dado explicaciones claras a los habitantes cómo proteger su corazón del cambio. Cuando se sintieran ofendidos por las palabras o hechos de otros seres tenían que acudir a la habitación del silencio. Allí pasarían horas meditando cómo realizarían la liberación del dolor escribiendo el suceso. Una vez puesta en el tarro, esta sería leída en voz alta para todos y los intervinientes se reconocerían en el acto. Siendo conscientes del daño causado tomarían medidas para aliviar al ofendido.

La raíz no debía arraigar en el interior. Si se negaba su existencia bajo un falso perdón al tiempo el individuo experimentaba cambios horribles en su lengua. Esta crecida de forma desmesurada regada con la ira y la venganza. La no aceptación de la herida fortalecía el avance de la misteriosa enfermedad. Hasta que era tan larga que colgaba fuera de su boca, por supuesto era negra.

A pesar de los esfuerzos del rey para hacer olvidar, sucedían asesinatos, venganzas y tomas de justicia que provocaban más dolor. La enseñanza que trataba de establecer era correcta. El rencor fue analizado por doce sabios que pasaron un año meditando cuales eran los componentes y en qué cantidad se destilaban para formar la inflexibilidad del ser.

Concluyeron que era un sentimiento profundo, provocaba síntomas obsesivos de dolor intermitente donde la locura confundía hasta caer en el victimismo, convirtiendo al atormentado en esclavo del intermitente odio. Toda su vida giraba en torno a la venganza. No se conformaba con causar dolor. Repetía y repetía el acto atacado de la enfermedad del orgullo herido. No veían más dolor que el suyo, no importaba nada más que satisfacer su deseo de aplastar al que se atreviera a desafiar su poder.

El rey no iba a permitir que el sol se tiñera de maldad, por eso el tarro del rencor nunca volvía para aquellos que quisieran liberar su alma del terrible peso. El pasado no se recordaba. Se vivía el presente mejorando cada día para no repetir errores. Pero el ciclo de la vida hacia inevitable que se generara más y más rencor.

El tarro filtraba a la tierra la oscuridad. Esta era transportada a ollas enormes en canales construidos por las brujas del pantano donde el líquido oscuro era cocido con verrugas de sapos y escamas de lagarto. El aroma nauseabundo se expandía de nuevo en el aire que era respirado en todo el reino. Así era como el rencor revolvía al corazón y no le dejaba olvidar.

Sólo aquellos que habían aprendido a mirar de frente y caminar, no sentían el tormento del rencor. El antídoto contra el dolor fue no volver a mirar atrás. Así lo dijeron los sabios que sabían de las invenciones  de las brujas. Eran  frutas amargas y se divertían viendo de nuevo al corazón ennegrecido por el odio.

-FIN-

El escritor de cuentos


El escritor de cuentos

Había una vez en un lugar donde reinaba la paz y la abundancia, un pequeño escritor de cuentos pensativo, empeñado en la creación de nuevos personajes. Quería hacer un cuento especial, diferente a los demás que fuera recordado y nombrado por su valor. ¿Pero que debía incluir?

Así se hallaba en su escritorio absorto en la contemplación de la luz que entraba a través de la ventana en un precioso día primaveral. El sol secaba las pequeñas gotas de rocío del cristal. Tenía una sensación de bienestar lo cual nada ayudaba.

Las hadas, duendes, princesas y reinos, animales de fábula estaban allí esperando a que se decidiera a darles vida. Nada sabía de la presencia de aquellos seres sobre su escritorio, que combatían el aburrimiento hablando del suceso.

-Este no tiene ganas de escribir, seguro que copia un cuento y lo adapta introduciendo algún matiz diferente-criticó la abuela de Caperucita desde su cama.
-A nosotras nos hizo un cuento muy divertido, estuvimos bailando con los árboles mientras caían hojas de colores purpurina del cielo, entonaban además una cancioncilla alegre que nos animaba a seguir la danza -objetaron las hadas con voces susurrantes y un toque de ternura.
-Con nosotros no fue justo, en el último cuento nos obligó a llevar a las muñecas a cuestas en una carrera de saltos.-se quejaron los disciplinados soldados.
-A nosotros nos gustaría que nos usara de cualquier forma-suplicaron los enanos-somos fuertes, enérgicos y valientes. Ojalá inventara un episodio en el cual salváramos un reino. Estamos cansados de ser nombrados en el cuento de Blancanieves y los siete enanitos. Nos hace parecer las niñeras de niñas ¡No nos gusta!
-No os quejéis tanto, yo soy un monstruo que debe dar miedo y como no gustan a los padres de hoy los cuentos en los cuales asustamos a los niños, estoy cogiendo polvo en el desván del olvido. ¡Con lo divertido que es alimentarme de gritos y caras enrojecidas de terror! Mirad que delgado estoy se ven las costillas, dentro de poco seré un fantasma.-Suspiró un terrible monstruo negro de dientes afilados y garras poderosas.

Así se hallaban discutiendo cual debía ser protagonista para un nuevo cuento, cuando de repente escucharon reír a carcajadas. ¡Los estaba viendo! Sorprendidos quedaron inmóviles. El escritor sonreía, había comprendido que necesitaba rescatar a los personajes de la habitación del aburrimiento.

Escribió un cuento sencillo utilizando a los personajes que más habían calado en su corazón. Al terminarlo, les encantó a los niños que pedían que se los volviera a leer. El cuento decía así:

El monstruo Chinpan vivía en una montaña negra cubierta por las nubes. Custodiaba el cofre del hechicero. En el se guardaban las risas y alegrías de los niños. El hada del Bosque encargó a los doce enanos protectores de la naturaleza la misión de liberar la diversión de la oscuridad. Los valientes pequeños provistos con espadas de plata galoparon rápido a lomo de saltamontes dorados cubiertos con capas invisibles de hilo de agua. Silenciosos llegaron para derrotar al malvado monstruo de dientes afilados y garras curvas capaces de cortar la roca más dura. Tras una dura batalla en el cual el monstruo presentó una gran resistencia, el cofre fue abierto y las risas y alegrías devueltas a los niños.


-FIN-

sábado, 5 de marzo de 2016

Guillermo y el descubrimiento


Guillermo y el descubrimiento

Había una vez en lugar donde reinaba la abundancia y la paz, un padre preocupado por explicar la simplicidad del mundo a su hijo.

-Guillermo aunque te parezca increíble, sólo existen cinco colores primitivos son el rojo, amarillo, blanco, azul y negro.
-Pero Papá en mi estuche tengo lápices de colores y son doce. La caja de rotuladores tiene dieciocho-respondió el pequeño nada convencido.
-Cuando quieras puedo demostrártelo.
-¿Y por qué no ahora mismo?-preguntó el pequeño con ganas de averiguar si era verdad lo que le decía.

Pasaron una tarde practicando con los cinco colores. La actividad de crear una gama variada de colores sobre el papel utilizando dos, tres o incluso cuatro colores, le pareció fascinante.

-¡Papa con el rojo y el amarillo consigo el naranja!La verdad es que dudé un poco de lo que fuera tan sencillo pero me lo has demostrado. Sabes cosas increíbles -razonó Guillermo ilusionado por el descubrimiento.
-Hay cosas que he de mostrarte. En este mundo son pocos los que tratan de comprender como se crearon las cosas que nos rodean. Mañana te traeré un nuevo tema.

Al día siguiente tras la escuela, Guillermo ansiaba que su padre le enseñara cosas nuevas. Las materias de las cuales todas las cosas que nos rodean están hechas son : madera, cristal, metal y piedra. A partir de esto elementos usando la imaginación se da forma a la invención. Pero los tiempos son como las nubes, están evolucionando y el cambio y la investigación ha generado combinaciones de materia. El rey de la creación de hoy es el terrible ¡PLÁSTICO!

El plástico es un derivado del petróleo, es un material orgánico porque contiene carbono con unión de otros elementos (azufre, hidrógeno etc) hoy en día casi todo las cosas son de este material porque su obtención es muy económica. El verdadero problema viene cuando se tira a la basura.

-¿Cómo esas botellas de agua tan bonitas que tienen ojos? Los niños de mi clase traen una cada día y la profesora les dice que utilicen cantimploras porque no contaminan, pueden ser reutilizadas.
- Así es hijo. He leído que los animales del entorno natural comen bolsas de plástico que los excursionistas dejan en sus visitas al campo. A causa de ello muchos se envenenan y mueren.
-Y qué podemos hacer papi para ayudar a los animales?-le pregunto muy preocupado por el tema.
-Debemos elegir bien cuando vamos a comprar. Hay que evitar al máximo comprar cosas que podemos obtener en envases de cristal, aunque resulten un poco más caras.

En casa de Guillermo los padres no presumían de ser ecologistas, sin embargo compraban alimentos en envases de cristal, que luego utilizaban para guardar alimentos. Los botes de mermelada se usaban como vasos para beber con tapa, resultaban ideales como sustitutivo a las botella de agua en envase de plástico.

El niño observaba atento como el padre le explicaba que la mayoría de la gente desconoce que los plásticos son tóxicos y no permiten más de un uso. No se puede ni debe rellenar una botella de agua o bebida porque no fue creada con ese fin. Las advertencias son escasas y muchas veces la gente desconoce el significado de los símbolos. ¡NINGUNA BOTELLA POR BONITA QUE SEA ES REUTILIZABLE! En el fondo indica un triángulo con el número uno. El plástico sí que puede serlo, pero no el envase.

Otra moda que al padre le alertaba mucho, era cuando iba a comprar a la carnicería o la charcutería le ponían la compra en atractivas cajas de plástico con un triángulo en el fondo que decía uno. ¡UN ÚNICO USO! Nada advertía de que no se debía congelar los alimentos en estos envases.

Era un riesgo para la salud que las personas desconocieran el único uso. No entendían que lavar las cajitas y volverlas a utilizar para guardar alimentos era ¡TERRIBLEMENTE TÓXICO!

-Papi, pero habrá plásticos que podrán ser reutilizables, ¿verdad? -le preguntó curioso.
-Claro hijo, tienen que tener un triángulo con tres flechas en la misma dirección y en el interior marcar entre un dos a un cinco. Los plásticos alimentarios marcan el dos.
-¿Y qué se puede hacer para que todo el plástico que existe se pueda volver a utilizar?
- Esta tarea os la dejo a vosotros que sois la nueva generación. He escuchado que reciclan una nueva madera plastificada obtenida mediante la unión del plástico y las maderas viejas ( palets, puertas etc) que ya no sirven.

-¡Voy a ser químico y haré todo lo posible para mejorar la vida de los animales!. He de crear un nuevo elemento obtenido con los residuos de plástico.¿No crees?
-Sé que puedes hacerlo Guillermo, en tu cabeza está el poder que regirá las nuevas formas de este mundo.

El niño ilusionado se marchó a su habitación. Hizo un dibujo precioso sobre las cosas que se podían hacer con el plástico. Se le ocurrió crear cortinas con botellas de agua y demás inventos.

Lo mejor de la experiencia fue el tiempo compartido en el descubrimiento de las cosas que le rodeaban con su padre. Casi se había olvidado de la consola . Ahora le apetecía dibujar y pensar en cómo solucionar la contaminación del medio ambiente.

-FIN-

viernes, 4 de marzo de 2016

El catálogo de Sara

El catálogo de Sara


Había una vez en el reino de la felicidad, una niña pequeña de cabellos de color dorado, ojos grandes con largas pestañas que no sabía hablar, pero dotada de una energía ilimitada para jugar.

Sin embargo, lograba hacerse comprender cuando lo necesitaba usando gestos o señalando lo que deseaba. Un día estaba entretenida como de costumbre viendo un catálogo de juguetes de navidad. Le gustaba ver y repetir la actividad sin cansarse. De repente escuchó la vocecilla de un muñeco de la revista que le pedía un favor.

-Oye niña ¿podrías ayudarnos? Mi escuadrón y yo estamos destinados a una misión. Debemos abandonar inmediatamente este catálogo para realizarla. ¡Necesitamos tu ayuda! Arráncanos de este catálogo y trata de no romper nuestras partes.

Los furbys se sentían especiales ya que tenían multitud de respuestas humanas, también así que pidieron lo mismo. Pronto los coches, muñecas e incluso los juegos de mesa se unieron a la solicitud. Sólo un solitario caballo de madera objetó que no debían confiar en que su situación mejoraría, la niña podía romperlos e incluso comerlos, era mejor permanecer en el catálogo.

Los juguetes fueron arrancados de la revista y depositados en una caja de cartón, por las hábiles manitas de la pequeña que diligente estuvo entretenida toda la tarde. Al salir la libertad de movimiento en un mundo paralelo les dotó de entusiasmo, nadie podía verlos excepto la pequeña que se reía mucho viendo aquellos juguetes hablar y ponerse a realizar actividades divertidas.

Una muñeca se subió a un coche de misión. Los soldados quisieron recibir masajes en las mesas de los osos amorosos. También se revelaron las cucharas, tenedores, sartenes, platos y vasos como artistas formando una orquesta dirigida por una cocina. Entre todos hicieron una estupenda melodía que nada debía envidiar a las composiciones bellas de música clásica.

Las bicicletas se condujeron por primera vez solas, organizando carreras entre ellas. Los únicos juguetes a parte del testarudo caballo que no disfrutaban de la libertad eran los creados por nuevas tecnologías; videoconsolas, tablets, juegos de dvd ya que que necesitaban energía eléctrica. Al no tener una mente creativa sólo funcionaban bajo la dependencia directa de un niño.

Mamá al ver la montaña de papelitos de juguetes que Sara había formado, quiso recoger y tirarlos, pero cada vez que lo intentaba la niña se revolvía en un estado de lloros tan lastimosos que prefirió no volver a intentarlo. A veces los furbys le ofrecían masajes así que se frotaba los pies con ellos. Lo hacían con gusto por su buen corazón.

No penséis que no tenían enfados y disputas entre ellos, dada la estrechez de la caja y el deber de permanecer juntos. Pero pronto hicieron un código de respeto que seguían sin problema. Si surgían conflictos, la reina blanca del tablero de ajedrez trataba de solucionarlo con la estrategia pacificadora. Los carritos de bebe eran utilizados por todos como medio de trasporte para acudir entonces a la sala de negociación. Las muñecas actuaban como secretarias redactando los acuerdos alcanzados y los caballeros de otras épocas junto con los soldados ejercían de fieles defensores de las mismas.

Así es como pasó la pequeña Sara la etapa de no saber utilizar las palabras. Cuando los juguetes vieron que se hacia mayor, decidieron que debían volver a callar. Aquella niña no recordaba nada pero nunca pudo tirar la cajita de sus juguetes de papel.


-FIN-

El maravilloso mundo de las emociones






Se puede crear un juego de emociones con tapones de plástico. A los niños les encanta ver la creatividad de los padres  si a través de un sencillo juego somos capaces de crear expresiones, estaremos mostrando al niño a leer sentimientos.

¿No resulta divertido?

jueves, 3 de marzo de 2016

La pequeña Tulipán

La pequeña Tulipán

Había un lugar de paz y abundancia, donde la fragancia del aire era similar a la frescura de una gota de limón, una preciosa niña pequeña que le gustaba observarlo todo. Jugaba en primavera con los escarabajos, chinches y mariposas. Recogía margaritas silvestres, olía las flores campestres; romero, lavanda, espliego sin conocer sus nombres, frotaba sus manos en aquellas plantas de olor y luego impregnaba su ropa revolcándose en una cama de hierbas que ella con paciencia había creado. Era divertida la actividad de los insectos en su espacio natural ajenos a la vigilancia de sus atentos ojos, recorrían sus quehaceres con normalidad. A ella le gustaba preparar pruebas que ellos debían lograr.

A veces tapaba la entrada del hormiguero de las laboriosas hormigas y tras unas horas de duro trabajo volvían a reconstruir su refugio. Le parecían sencillas, pequeñas, organizadas, fuertes y laboriosas. A veces soñaba vivir en un hormiguero siendo la reina y dando órdenes.

Ver las amapolas del campo, mordisquear agritos como así llamaba a la planta de flor campanilla amarilla de sabor ácido. Organizar carreras de saltamontes que cogía y guardaba dentro de una caja de cartón. Las de caracoles le resultaban un poco aburridas, pero después de mojarlos con agua para que espabilaran les dibujaba con un rotulador un número en el cascarón y apostaba cual llegaría antes a la meta, sólo debía esperar que iniciasen el camino y volver tras un largo rato.

Tirarse en el suelo y ver el movimiento de las nubes e incluso organizar conversaciones entre ellas resultaba divertido, cuando un grupo se alejaba a toda prisa, era porque habían discutido y necesitaban un rato de retiro. Si el conflicto no se extinguía entonces el viento se las llevaba de un soplo a otro lugar para que aprendieran a olvidar. Sentir el sol en las rodillas, buscar peces entre las rocas del río, sorprender a la araña de largas patas flotando sobre el agua, o pequeños insectos subidos en hojas a la deriva, era toda su alegría.

Un día alguien le regaló una muñeca. A Tulipán le pareció sensacional la idea de introducirla en su maravilloso mundo del campo. Aquella muñeca era capaz de hablar, así que se le ocurrió una idea.

Si ella había sido capaz, sus otras muñecas también podrían hacerlo. Todos los días cogía a sus bebés y amorosamente les enseñaba cuatro palabras para que las repitieran. Tanta fe tuvo en que lo conseguiría que a veces sus amigos o papás fingían voces para que no se sintiera decepcionada por el esfuerzo.

Los bebés nunca cambiaban de actitud, parecían siempre los mismos. Pero Tulipán tenía la corazonada de que hablarían tarde o temprano. Una hermosa tarde de verano los llevó a pasear cerca del río y allí los acostó un rato, contemplaba el cielo y se durmió.

-Vaya con la niña que pesada es, no nos dejará en paz con sus palabritas-se quejaba la bebé más antigua harta de la insistencia de la niña-
-Tenemos que tener paciencia chicas, siempre piensa en nosotras, nos viste, intenta darnos su comida y nos pasea, deberíamos esforzarnos un poquito en complacerla.
-¡Es horrible lo que dices!¿Te imaginas como sería si habláramos? Sería el fin de nuestra tranquilidad. No podemos ni debemos obedecerla, así nos abandone por esas consolas o teléfonos móviles a los cuales los niños de ahora les gusta jugar.
-Pero...es tan bonita y graciosa que he de morderme para no contestar. ¡Cómo me gusta que juegue con nosotras y nos arrastre en sus aventuras desde la bañera o a tomar el sol en el campo!
-Ella es feliz sólo intentándolo no debemos complacerla. No puede conseguir todo lo que quiere...

Así estaban dialogando entre ellas cuando Tulipán las escuchó. No pudo evitar sentir su corazón palpitar con desesperación. Debía de intervenir ahora que las había descubierto o no tendría otra oportunidad.

-¡Mis adorables muñecas hablan! ¡Oh, estaba segura que lo conseguiría! Cuca, Lucita, Chichitas y Titila repetid conmigo vamos : ¡Tulipán, te quiero!

-Nos ha descubierto, estamos acabadas -dijo la más pesimista atónita.
-No será para tanto, lo podemos arreglar-respondió Lucita que era la más veterana.
-Nos volverá locas, podemos tirarnos al río y escapar-ideó Chichitas que era muy miedosa.
-Tened confianza, es una buena niña. Le podemos dar un golpe y que no sepa si nos oyó o lo imaginó, así estaremos a salvo-concluyó Cuca que era una gran estratega de la defensa.

-Vaya si os va a sentar así, me echaré a dormir y pensaré que todo fue un sueño. No podéis hablar, sois muñecas. Pero estaba tan satisfecha que en sus ojos reflejaba la alegría. Las muñecas sabían que tendrían que pactar para salvar su secreto.

-De acuerdo Tulipán, diremos cuatro palabras ni una más, elígelas bien y sólo lo haremos cuando estemos en un lugar como este y a solas ¿Aceptas? -dijo Lucita muy seria por el compromiso a adquirir.

-¡Bravo! Las palabras son : ¡Tulipán, te quiero, felicidad! Repetid, repetid, hasta aprenderlas bien mis dulces bebés. ¡Nunca os descubriré!

Las muñecas se esforzaron en satisfacer a la pequeña conformista. Era muy feliz ante la idea de vivir con una nueva sensación de compañía perpetua. Pensó en hacerse un vestido con las palabras del diccionario, diseñaría una tela especial, sería de color amarillo y sólo elegiría las palabras que le recordaran momentos agradables ¿Por qué aprenderemos a pensar en cosas que no valen?Debemos llenar nuestra cabeza con la posibilidad que el mundo nos ofrece, está en continuo cambio, todo es posible. El olor fresco de la mañana, el viento que trae los cambios de estación, el aroma de las flores y el delicioso olor de la comida preferida, sin olvidar los postres.

Tener siempre la sensación de bienestar con lo que nos gusta y olvidarnos de lo que no queremos tener, no es bello el dolor y no deseo tenerlo, lo enterraré cada vez que me encuentre con el. Dejaré de pensar antes de que amarre a su silencio.

Así se mantuvo toda una vida. Fue una mujer amable de carácter alegre. No le importaba si llovía o hacia calor, su sonrisa iluminaba un día oscuro o daba más claridad a la luz. Por supuesto se hizo modista y sus trajes fueron elegidos por las mujeres más elegantes que al ponérselos sentían una felicidad completa. Les sentaba de maravilla y se les trasmitía ilusión de una vida diferente.

Tras muchos años de vivir valorando lo importante, de nuevo se hallaba con su cabeza cana protegida de los rayos del sol de verano bajo el mismo álamo en la orilla del río. Se sentó para descansar un rato con sus muñecas. Había una niña cerca que jugaba a descubrir ranas, deseaba acercarse así que Tulipán la llamó y le regaló a sus amigas. Al quedarse sola meditando la belleza del día, el sueño profundo la atrapó y supo que ya no iba a necesitar nada en el viaje que debía pronto realizar.

-FIN-


miércoles, 2 de marzo de 2016

El patito Pipi

El patito Pipi

Había una vez en un hermoso lugar donde la paz reinaba por ser una tierra de abundancia, una mamá que deseaba deshacerse de un patito de juguete.

Su hija pequeña fue perdiendo la serie de patitos de plástico de un juego de pesca. Finalmente había uno que le faltaba un ojo de papel y fue ése el que la niña llevaba consigo en cada momento.

A la madre, no le gustaba nada aquel patito. Era feo y simple, pero ante la insistencia de la niña quiso mejorar su apariencia. Le quitó la otra pegatina en el lugar del ojo y le dibujó dos enormes ojos negros con pestañas rizadas. La niña lo bautizó con Pipi no pipí, la manera de pronunciarlo daba a la palabra un sonido diferente.

La pequeña al verlo, se enamoró de aquel juguete con más afición. Pasaron unos días y de tanto uso, el patito de tantos golpes terminó faltándole un trozo en la cabeza. A la niña no le importó y siguió buscándolo a cada momento.

Pronto a la madre se le ocurrió una gran idea. Le compraría un patito más bonito, con los ojos más grandes y de material blandito. Compró uno, dos y hasta un tercer pato que emitía luces y sonidos esperanzada de que la niña finalmente fuera capaz de tirar su pato estropeado a la basura.

Claro que aceptó a los demás patos. Jugaba con ellos pero siempre elegía a su patito roto. El deterioro del juguete proseguía y terminó rajándose. La madre al observarlo sacó una bolita de plomo que estaba en el interior. El pato estaba partido por la mitad. La niña lo observaba y seguía pensando que era bonito.

Así que la mamá lo juntó con sus manos. Aquella pequeña se puso muy contenta al ver que el pato estaba bien. Fue en busca de fixo y lo pegó. No le importaba el golpe de la cabeza, los trozos de fixo o los ojos pintados por mamá. Seguía queriendo a su pato.

La madre no comprendía lo esencial. Y es que aquel patito había sido reparado por ella para su hija. Eso era lo que la niña recordaba al verlo. El amor de mamá.

Era una batalla perdida la de intentar deshacerse del pato. Daba igual lo que los demás pensaran. Mientras la niña quisiera tener aquel patito, estaría en casa.

La reflexión tan hermosa que sacó fue que su pequeña hija le había dado una lección. Veía con otros ojos mucho más hermosos que los suyos. Donde la fealdad o las cosas rotas pueden arreglarse. Una simpleza de corazón y amor que no debía eliminar, sino fortalecer.

Ella un día dejaría de ser hermosa y sin duda la vejez la alcanzaría ¿Y entonces qué? ¿Su hija debería olvidar a su madre por no ser bella y estar estropeada? Sería un cuento a recordar en otras épocas que la vida traerían sin dudar. Todo puede arreglarse y las líneas por donde se rompió serían el orgullo de la nueva creación obtenida.


-FIN-