viernes, 11 de marzo de 2016

El pollito Ticolín





En una hermosa mañana de primavera donde las flores impregnaban el aire de dulzura y frescor, un pato llamado Joto danzaba en el estanque al ritmo de el “Vals de las flores”(el cascanueces) de Tchaikovsky.

La música sonaba desde el aparato de Doris. La ponía repetidas veces porque al gato blanco con manchas y ojos verdes, le producía placer escucharla. Cerraba los ojos y se hacia un ovillo durmiendo una fantástica siesta.

Los pollitos de la gallina Tricalé, picoteaban en el jardín en busca de jugosas larvas. Había uno sólo detenido frente al estanque observando la danza del pato Joto que seguía con movimientos acordes la preciosa melodía.

Ticolín que así se llamaba el pollito, deseaba ser cantante y danzar como el pato. Su mamá le enseñó las notas musicales : Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si y éste trataba de entonarlas muy alto. Su voz chillona y desentonada le traía grandes sobresaltos, ya que el gato enfadado emprendía un ataque por sorpresa para terminar con aquel sonido insoportable que arruinaba su descanso.



Entonces en el revuelo originado por la persecución, los pollitos soltaban plumas para confundir al agresor, malogrando su propósito de dar caza a Ticolín. El pequeño afligido y triste, no comprendía el motivo por el que el rollizo gato le quería darle caza.

Doris que parecía comprender las intenciones de valiente pollito Ticolín, compró una jaula y lo puso en alto para que aprendiera a cantar con seguridad. Desde allí veía al hermoso pato danzar y también la cara feroz del gato que saltaba en torno a la jaula con la intención de hacerle callar. Como no conseguía asustarle, estuvo ausente del jardín por una temporada muy larga.

Tras meses de trabajoso ensayo el pollito Ticolín aprendió a cantar. Se fijó en los jilgueros del jardín y memorizó las notas musicales de la preciosa melodía que sonaba todo el día ahora para él.

Ticolín pasó por todos los estados de ánimo en su actitud férrea de conseguir su propósito. Sintió frustración, enfado, alegría, admiración, tranquilidad y amor por la música. Sus hermanos se sentían orgullosos de que hubiera llegado tan lejos. Pero aún quedaba la asignatura pendiente de aprender a danzar, como el pato Joto.

Así que todas las mañanas cantaba para él, fijándose muy bien en la danza del agua que hacia. Se llenó de valor y un día en un arrebato se tiró al agua. Para su sorpresa, no sabía nadar. ¡No era tan fácil!

-¡Agita las alitas! -le gritaban sus hermanos- ¡sal que te vas a ahogar!
-No puedo, me hundo, venid ayudarme-les suplicó lleno de temor.
Pero ninguno se atrevió a hacer cosas de patos. Joto que se había encariñado con el pollito cantor, le sacó empujándole con delicadeza hacia la orilla.

-Oye pollito, debes conformarte con que sabes cantar-le dijo muy serio Joto.
-¡Quiero danzar como tú en el agua!- contestó a modo de protesta.
-Mira pollito, no puedes aprender a hacer tantas cosas. Tienes mucha actitud para ello pero te falta habilidad-resumió dando el tema por finalizado.
-¿Si me ahogo, me salvarás?-preguntó Ticolín ilusionado ante esa posibilidad.
-Si eres capaz de volverte a meter en el agua, lo haré-respondió para evitar su temeridad y encontrarle ahogado.

Ticolín volvió a arriesgarse. Tragó mucha agua, hubo muchos sustos y risas de sus hermanos, pero lo consiguió. Aprendió a nadar.

Doris estaba maravillada. Tenía un pollito que cantaba el “Vals de las flores” y además danzaba al ritmo del pato. Pronto le hizo un hueco a su lado. Cosa que molestó al acomodado gato envidioso. No soportaba a aquel pollo engreído que sabía cantar y danzar. Aunque le encantara escucharle.

Así que un día en un descuido del ama, le alcanzó en el jardín y le iba a dar muerte cuando el pato Joto salió raudo del estanque y se lo quitó de encima a picotazos. A partir de entonces, Tricolín y Joto, se hicieron amigos inseparables. Danzaban en el estanque en armonía al ritmo del canto del pollito.

Era tan bella la imagen y canto, que las flores contentas crecían rebosantes con más color. Hasta los escarabajos se subían a las piedras para verlos bailar. El ambiente de paz y amor dotaba a aquel lugar de una maravillosa sensación de felicidad.
-Fin-



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