En
una hermosa mañana de primavera donde las flores impregnaban el aire
de dulzura y frescor, un pato llamado Joto danzaba en el estanque al
ritmo de el “Vals de las flores”(el cascanueces) de Tchaikovsky.
La
música sonaba desde el aparato de Doris. La ponía repetidas veces
porque al gato blanco con manchas y ojos verdes, le producía
placer escucharla. Cerraba los ojos y se hacia un ovillo durmiendo
una fantástica siesta.
Los
pollitos de la gallina Tricalé, picoteaban en el jardín en busca de
jugosas larvas. Había uno sólo detenido frente al estanque
observando la danza del pato Joto que seguía con movimientos
acordes la preciosa melodía.
Ticolín
que así se llamaba el pollito, deseaba ser cantante y danzar como el
pato. Su mamá le enseñó las notas musicales : Do, Re, Mi, Fa, Sol,
La, Si y éste trataba de entonarlas muy alto. Su voz chillona y
desentonada le traía grandes sobresaltos, ya que el gato enfadado
emprendía un ataque por sorpresa para terminar con aquel sonido
insoportable que arruinaba su descanso.
Entonces en el revuelo originado por la persecución, los pollitos soltaban plumas para
confundir al agresor, malogrando su propósito de dar caza a Ticolín.
El pequeño afligido y triste, no comprendía el motivo por el que
el rollizo gato le quería darle caza.
Doris
que parecía comprender las intenciones de valiente pollito Ticolín,
compró una jaula y lo puso en alto para que aprendiera a cantar con
seguridad. Desde allí veía al hermoso pato danzar y también la
cara feroz del gato que saltaba en torno a la jaula con la intención
de hacerle callar. Como no conseguía asustarle, estuvo ausente del
jardín por una temporada muy larga.
Tras
meses de trabajoso ensayo el pollito Ticolín aprendió a cantar. Se
fijó en los jilgueros del jardín y memorizó las notas musicales de
la preciosa melodía que sonaba todo el día ahora para él.
Ticolín
pasó por todos los estados de ánimo en su actitud férrea de
conseguir su propósito. Sintió frustración, enfado, alegría,
admiración, tranquilidad y amor por la música. Sus hermanos se
sentían orgullosos de que hubiera llegado tan lejos. Pero aún
quedaba la asignatura pendiente de aprender a danzar, como el pato
Joto.
Así
que todas las mañanas cantaba para él, fijándose muy bien en la
danza del agua que hacia. Se llenó de valor y un día en un arrebato
se tiró al agua. Para su sorpresa, no sabía nadar. ¡No era tan
fácil!
-¡Agita
las alitas! -le gritaban sus hermanos- ¡sal que te vas a ahogar!
-No
puedo, me hundo, venid ayudarme-les suplicó lleno de temor.
Pero
ninguno se atrevió a hacer cosas de patos. Joto que se había
encariñado con el pollito cantor, le sacó empujándole con
delicadeza hacia la orilla.
-Oye
pollito, debes conformarte con que sabes cantar-le dijo muy serio
Joto.
-¡Quiero
danzar como tú en el agua!- contestó a modo de protesta.
-Mira
pollito, no puedes aprender a hacer tantas cosas. Tienes mucha
actitud para ello pero te falta habilidad-resumió dando el tema por
finalizado.
-¿Si
me ahogo, me salvarás?-preguntó Ticolín ilusionado ante esa
posibilidad.
-Si
eres capaz de volverte a meter en el agua, lo haré-respondió para
evitar su temeridad y encontrarle ahogado.
Ticolín
volvió a arriesgarse. Tragó mucha agua, hubo muchos sustos y risas
de sus hermanos, pero lo consiguió. Aprendió a nadar.
Doris
estaba maravillada. Tenía un pollito que cantaba el “Vals de las
flores” y además danzaba al ritmo del pato. Pronto le hizo un
hueco a su lado. Cosa que molestó al acomodado gato envidioso. No
soportaba a aquel pollo engreído que sabía cantar y danzar. Aunque
le encantara escucharle.
Así
que un día en un descuido del ama, le alcanzó en el jardín y le
iba a dar muerte cuando el pato Joto salió raudo del estanque y se
lo quitó de encima a picotazos. A partir de entonces, Tricolín y
Joto, se hicieron amigos inseparables. Danzaban en el estanque en
armonía al ritmo del canto del pollito.
Era
tan bella la imagen y canto, que las flores contentas crecían
rebosantes con más color. Hasta los escarabajos se subían a las
piedras para verlos bailar. El ambiente de paz y amor dotaba a aquel
lugar de una maravillosa sensación de felicidad.
-Fin-


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