jueves, 3 de marzo de 2016

La pequeña Tulipán

La pequeña Tulipán

Había un lugar de paz y abundancia, donde la fragancia del aire era similar a la frescura de una gota de limón, una preciosa niña pequeña que le gustaba observarlo todo. Jugaba en primavera con los escarabajos, chinches y mariposas. Recogía margaritas silvestres, olía las flores campestres; romero, lavanda, espliego sin conocer sus nombres, frotaba sus manos en aquellas plantas de olor y luego impregnaba su ropa revolcándose en una cama de hierbas que ella con paciencia había creado. Era divertida la actividad de los insectos en su espacio natural ajenos a la vigilancia de sus atentos ojos, recorrían sus quehaceres con normalidad. A ella le gustaba preparar pruebas que ellos debían lograr.

A veces tapaba la entrada del hormiguero de las laboriosas hormigas y tras unas horas de duro trabajo volvían a reconstruir su refugio. Le parecían sencillas, pequeñas, organizadas, fuertes y laboriosas. A veces soñaba vivir en un hormiguero siendo la reina y dando órdenes.

Ver las amapolas del campo, mordisquear agritos como así llamaba a la planta de flor campanilla amarilla de sabor ácido. Organizar carreras de saltamontes que cogía y guardaba dentro de una caja de cartón. Las de caracoles le resultaban un poco aburridas, pero después de mojarlos con agua para que espabilaran les dibujaba con un rotulador un número en el cascarón y apostaba cual llegaría antes a la meta, sólo debía esperar que iniciasen el camino y volver tras un largo rato.

Tirarse en el suelo y ver el movimiento de las nubes e incluso organizar conversaciones entre ellas resultaba divertido, cuando un grupo se alejaba a toda prisa, era porque habían discutido y necesitaban un rato de retiro. Si el conflicto no se extinguía entonces el viento se las llevaba de un soplo a otro lugar para que aprendieran a olvidar. Sentir el sol en las rodillas, buscar peces entre las rocas del río, sorprender a la araña de largas patas flotando sobre el agua, o pequeños insectos subidos en hojas a la deriva, era toda su alegría.

Un día alguien le regaló una muñeca. A Tulipán le pareció sensacional la idea de introducirla en su maravilloso mundo del campo. Aquella muñeca era capaz de hablar, así que se le ocurrió una idea.

Si ella había sido capaz, sus otras muñecas también podrían hacerlo. Todos los días cogía a sus bebés y amorosamente les enseñaba cuatro palabras para que las repitieran. Tanta fe tuvo en que lo conseguiría que a veces sus amigos o papás fingían voces para que no se sintiera decepcionada por el esfuerzo.

Los bebés nunca cambiaban de actitud, parecían siempre los mismos. Pero Tulipán tenía la corazonada de que hablarían tarde o temprano. Una hermosa tarde de verano los llevó a pasear cerca del río y allí los acostó un rato, contemplaba el cielo y se durmió.

-Vaya con la niña que pesada es, no nos dejará en paz con sus palabritas-se quejaba la bebé más antigua harta de la insistencia de la niña-
-Tenemos que tener paciencia chicas, siempre piensa en nosotras, nos viste, intenta darnos su comida y nos pasea, deberíamos esforzarnos un poquito en complacerla.
-¡Es horrible lo que dices!¿Te imaginas como sería si habláramos? Sería el fin de nuestra tranquilidad. No podemos ni debemos obedecerla, así nos abandone por esas consolas o teléfonos móviles a los cuales los niños de ahora les gusta jugar.
-Pero...es tan bonita y graciosa que he de morderme para no contestar. ¡Cómo me gusta que juegue con nosotras y nos arrastre en sus aventuras desde la bañera o a tomar el sol en el campo!
-Ella es feliz sólo intentándolo no debemos complacerla. No puede conseguir todo lo que quiere...

Así estaban dialogando entre ellas cuando Tulipán las escuchó. No pudo evitar sentir su corazón palpitar con desesperación. Debía de intervenir ahora que las había descubierto o no tendría otra oportunidad.

-¡Mis adorables muñecas hablan! ¡Oh, estaba segura que lo conseguiría! Cuca, Lucita, Chichitas y Titila repetid conmigo vamos : ¡Tulipán, te quiero!

-Nos ha descubierto, estamos acabadas -dijo la más pesimista atónita.
-No será para tanto, lo podemos arreglar-respondió Lucita que era la más veterana.
-Nos volverá locas, podemos tirarnos al río y escapar-ideó Chichitas que era muy miedosa.
-Tened confianza, es una buena niña. Le podemos dar un golpe y que no sepa si nos oyó o lo imaginó, así estaremos a salvo-concluyó Cuca que era una gran estratega de la defensa.

-Vaya si os va a sentar así, me echaré a dormir y pensaré que todo fue un sueño. No podéis hablar, sois muñecas. Pero estaba tan satisfecha que en sus ojos reflejaba la alegría. Las muñecas sabían que tendrían que pactar para salvar su secreto.

-De acuerdo Tulipán, diremos cuatro palabras ni una más, elígelas bien y sólo lo haremos cuando estemos en un lugar como este y a solas ¿Aceptas? -dijo Lucita muy seria por el compromiso a adquirir.

-¡Bravo! Las palabras son : ¡Tulipán, te quiero, felicidad! Repetid, repetid, hasta aprenderlas bien mis dulces bebés. ¡Nunca os descubriré!

Las muñecas se esforzaron en satisfacer a la pequeña conformista. Era muy feliz ante la idea de vivir con una nueva sensación de compañía perpetua. Pensó en hacerse un vestido con las palabras del diccionario, diseñaría una tela especial, sería de color amarillo y sólo elegiría las palabras que le recordaran momentos agradables ¿Por qué aprenderemos a pensar en cosas que no valen?Debemos llenar nuestra cabeza con la posibilidad que el mundo nos ofrece, está en continuo cambio, todo es posible. El olor fresco de la mañana, el viento que trae los cambios de estación, el aroma de las flores y el delicioso olor de la comida preferida, sin olvidar los postres.

Tener siempre la sensación de bienestar con lo que nos gusta y olvidarnos de lo que no queremos tener, no es bello el dolor y no deseo tenerlo, lo enterraré cada vez que me encuentre con el. Dejaré de pensar antes de que amarre a su silencio.

Así se mantuvo toda una vida. Fue una mujer amable de carácter alegre. No le importaba si llovía o hacia calor, su sonrisa iluminaba un día oscuro o daba más claridad a la luz. Por supuesto se hizo modista y sus trajes fueron elegidos por las mujeres más elegantes que al ponérselos sentían una felicidad completa. Les sentaba de maravilla y se les trasmitía ilusión de una vida diferente.

Tras muchos años de vivir valorando lo importante, de nuevo se hallaba con su cabeza cana protegida de los rayos del sol de verano bajo el mismo álamo en la orilla del río. Se sentó para descansar un rato con sus muñecas. Había una niña cerca que jugaba a descubrir ranas, deseaba acercarse así que Tulipán la llamó y le regaló a sus amigas. Al quedarse sola meditando la belleza del día, el sueño profundo la atrapó y supo que ya no iba a necesitar nada en el viaje que debía pronto realizar.

-FIN-


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