La pequeña Tulipán
Había un lugar de paz y abundancia,
donde la fragancia del aire era similar a la frescura de una gota de
limón, una preciosa niña pequeña que le gustaba observarlo todo.
Jugaba en primavera con los escarabajos, chinches y mariposas.
Recogía margaritas silvestres, olía las flores campestres; romero,
lavanda, espliego sin conocer sus nombres, frotaba sus manos en
aquellas plantas de olor y luego impregnaba su ropa revolcándose en
una cama de hierbas que ella con paciencia había creado. Era
divertida la actividad de los insectos en su espacio natural ajenos a
la vigilancia de sus atentos ojos, recorrían sus quehaceres con
normalidad. A ella le gustaba preparar pruebas que ellos debían
lograr.
A veces tapaba la entrada del
hormiguero de las laboriosas hormigas y tras unas horas de duro
trabajo volvían a reconstruir su refugio. Le parecían sencillas,
pequeñas, organizadas, fuertes y laboriosas. A veces soñaba vivir
en un hormiguero siendo la reina y dando órdenes.
Ver las amapolas del campo, mordisquear
agritos como así llamaba a la planta de flor campanilla amarilla de
sabor ácido. Organizar carreras de saltamontes que cogía y
guardaba dentro de una caja de cartón. Las de caracoles le
resultaban un poco aburridas, pero después de mojarlos con agua para
que espabilaran les dibujaba con un rotulador un número en el
cascarón y apostaba cual llegaría antes a la meta, sólo debía
esperar que iniciasen el camino y volver tras un largo rato.
Tirarse en el suelo y ver el movimiento
de las nubes e incluso organizar conversaciones entre ellas resultaba
divertido, cuando un grupo se alejaba a toda prisa, era porque habían
discutido y necesitaban un rato de retiro. Si el conflicto no se
extinguía entonces el viento se las llevaba de un soplo a otro lugar
para que aprendieran a olvidar. Sentir el sol en las rodillas, buscar
peces entre las rocas del río, sorprender a la araña de largas
patas flotando sobre el agua, o pequeños insectos subidos en hojas a
la deriva, era toda su alegría.
Un día alguien le regaló una muñeca.
A Tulipán le pareció sensacional la idea de introducirla en su
maravilloso mundo del campo. Aquella muñeca era capaz de hablar, así
que se le ocurrió una idea.
Si ella había sido capaz, sus otras
muñecas también podrían hacerlo. Todos los días cogía a sus
bebés y amorosamente les enseñaba cuatro palabras para que las
repitieran. Tanta fe tuvo en que lo conseguiría que a veces sus
amigos o papás fingían voces para que no se sintiera decepcionada
por el esfuerzo.
Los bebés nunca cambiaban de actitud,
parecían siempre los mismos. Pero Tulipán tenía la corazonada de
que hablarían tarde o temprano. Una hermosa tarde de verano los
llevó a pasear cerca del río y allí los acostó un rato,
contemplaba el cielo y se durmió.
-Vaya con la niña que pesada es, no
nos dejará en paz con sus palabritas-se quejaba la bebé más
antigua harta de la insistencia de la niña-
-Tenemos que tener paciencia chicas,
siempre piensa en nosotras, nos viste, intenta darnos su comida y nos
pasea, deberíamos esforzarnos un poquito en complacerla.
-¡Es horrible lo que dices!¿Te
imaginas como sería si habláramos? Sería el fin de nuestra
tranquilidad. No podemos ni debemos obedecerla, así nos abandone por
esas consolas o teléfonos móviles a los cuales los niños de ahora
les gusta jugar.
-Pero...es tan bonita y graciosa que he
de morderme para no contestar. ¡Cómo me gusta que juegue con
nosotras y nos arrastre en sus aventuras desde la bañera o a tomar
el sol en el campo!
-Ella es feliz sólo intentándolo no
debemos complacerla. No puede conseguir todo lo que quiere...
Así estaban dialogando entre ellas
cuando Tulipán las escuchó. No pudo evitar sentir su corazón
palpitar con desesperación. Debía de intervenir ahora que las había
descubierto o no tendría otra oportunidad.
-¡Mis adorables muñecas hablan! ¡Oh,
estaba segura que lo conseguiría! Cuca, Lucita, Chichitas y Titila
repetid conmigo vamos : ¡Tulipán, te quiero!
-Nos ha descubierto, estamos acabadas
-dijo la más pesimista atónita.
-No será para tanto, lo podemos
arreglar-respondió Lucita que era la más veterana.
-Nos volverá locas, podemos tirarnos
al río y escapar-ideó Chichitas que era muy miedosa.
-Tened confianza, es una buena niña.
Le podemos dar un golpe y que no sepa si nos oyó o lo imaginó, así
estaremos a salvo-concluyó Cuca que era una gran estratega de la
defensa.
-Vaya si os va a sentar así, me echaré
a dormir y pensaré que todo fue un sueño. No podéis hablar, sois
muñecas. Pero estaba tan satisfecha que en sus ojos reflejaba la
alegría. Las muñecas sabían que tendrían que pactar para salvar
su secreto.
-De acuerdo Tulipán, diremos cuatro
palabras ni una más, elígelas bien y sólo lo haremos cuando
estemos en un lugar como este y a solas ¿Aceptas? -dijo Lucita muy
seria por el compromiso a adquirir.
-¡Bravo! Las palabras son : ¡Tulipán,
te quiero, felicidad! Repetid, repetid, hasta aprenderlas bien mis
dulces bebés. ¡Nunca os descubriré!
Las muñecas se esforzaron en
satisfacer a la pequeña conformista. Era muy feliz ante la idea de
vivir con una nueva sensación de compañía perpetua. Pensó en
hacerse un vestido con las palabras del diccionario, diseñaría una
tela especial, sería de color amarillo y sólo elegiría las
palabras que le recordaran momentos agradables ¿Por qué
aprenderemos a pensar en cosas que no valen?Debemos llenar nuestra
cabeza con la posibilidad que el mundo nos ofrece, está en continuo
cambio, todo es posible. El olor fresco de la mañana, el viento que
trae los cambios de estación, el aroma de las flores y el delicioso
olor de la comida preferida, sin olvidar los postres.
Tener siempre la sensación de
bienestar con lo que nos gusta y olvidarnos de lo que no queremos
tener, no es bello el dolor y no deseo tenerlo, lo enterraré cada
vez que me encuentre con el. Dejaré de pensar antes de que amarre a
su silencio.
Así se mantuvo toda una vida. Fue una
mujer amable de carácter alegre. No le importaba si llovía o hacia
calor, su sonrisa iluminaba un día oscuro o daba más claridad a la
luz. Por supuesto se hizo modista y sus trajes fueron elegidos por
las mujeres más elegantes que al ponérselos sentían una felicidad
completa. Les sentaba de maravilla y se les trasmitía ilusión de
una vida diferente.
Tras muchos años de vivir valorando lo
importante, de nuevo se hallaba con su cabeza cana protegida de los
rayos del sol de verano bajo el mismo álamo en la orilla del río.
Se sentó para descansar un rato con sus muñecas. Había una niña
cerca que jugaba a descubrir ranas, deseaba acercarse así que
Tulipán la llamó y le regaló a sus amigas. Al quedarse sola
meditando la belleza del día, el sueño profundo la atrapó y supo
que ya no iba a necesitar nada en el viaje que debía pronto
realizar.
-FIN-

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