jueves, 10 de marzo de 2016

El cocodrilo Silijó y la enigmática pobreza



En una tierra aislada dura y seca, vivía una familia muy pobre. Se dedicaban al cultivo de la tierra pero obtenían pocas verduras de pequeño tamaño y mal sabor.

El cocodrilo Silijó vivía cerca de allí en abundancia de alimento. Controlaba un espacio de la gran charca y disfrutaba feliz de maravillosos baños de sol. El agricultor famélico y triste, se acercaba con sus cubos a recoger agua insalubre con la que regar sus verduras, sin que el gran cocodrilo se molestara en idear un ataque por sorpresa. No le apetecía comer huesos y pellejo de pobre. Prefería las hermosas vacas de suculentas carnes que cruzaban por sus aguas hacia la otra orilla.


Sin embargo observaba atento con cierta inquietud, el estado lamentable en el cual se hallaba Grimir. Esperaba que el hombre comprendiera las cosas que hacía mal por si solo. Así que cuando lo veía, sonreía a manera de burla para enfrentarle. Pero el hombre estaba tan rendido que no parecía ver nada.

Hubo una gran tormenta que duró varios días y arrasó todo. Menos mal que Silijó era grande y pesado, pudo esconderse a tiempo para no ser arrollado por las aguas turbulentas que descendían llevándose hasta los árboles mas seguros.

“El pobre que aguante su condición de ser pobre, será aún más pobre” recordó la enseñanza de su maestro el gran cocodrilo del pantano. Cuando las cosas volvieron a estar en orden, esperó con paciencia que apareciera el débil agricultor a por agua. Lo hizo en un estado aún más lamentable, como pensaba. Sus ropas estaban rotas y no tenía cubos. De repente se arrodilló ante el poderoso cocodrilo que como de costumbre tomaba el sol, le suplicó que le diera muerte, así no tendría que ver a sus hijos morir de hambre.

Silijó abrió los ojos y no pudiendo resistir más, se rió a carcajadas.

-No puedo comerte, no serías un sabroso bocado. Eres un hombre pobre porque te has etiquetado en la pobreza. Yo soy rico y tengo recursos en esta charca para alimentar a una gran familia si quisiera tenerla. ¡Te has rendido con mucha facilidad!

-Te burlas de mi, no valgo ni para ser engullido por un desagradable y feo cocodrilo como tú. Estoy maldecido-se quejó dándose pena a si mismo por sus circunstancias.

-Verás flaco y desastroso hombre. Te explicaré que el estado de pobreza sólo existe en los límites que pones a tu vida para crecer-le contestó sin sentirse enfurecido por la palabras degradantes de aquel hombre derrotado.

-¿El estado de pobreza?-meditó-Siempre fui pobre. Nací en una familia pobre donde apenas teníamos para comer patatas o alubias, alguna fruta estropeada que traía mi madre del mercado cuando iba a pedir limosna. No puedo cambiar mi condición.

-Penoso hombre, deja de llorar y lamentarte por tu pobreza-replicó sin cambiar su actitud-No deseo criticar las enseñanzas de tus padres. Pero tuvieron el poder de convencerte de tu debilidad y eso te ha convertido en lo que eres. Poniéndote a pedir y comiendo de lo que otros te dan, te conformas con sobrevivir a duras penas, debes encontrar la manera de crear tu propio sustento.

-Pero cocodrilo ¿acaso no me viste día a día recogiendo agua en tu charca para mis hortalizas? -le preguntó indignado.

-Por supuesto que viniste a buscar aguas estancadas sin nutrientes para tu cosecha. Alimentaste tu huerta sin pensar en la necesidad que tenían las plantas de crecer y hacerse más fuertes. Sólo criaste una cosecha tan pobre y flaca como tú mismo.

-¡Oh que tonto eres! ¿Y que debí hacer entonces? Cultivé la tierra que no quería nadie, por ser rocosa y estar alejada del poblado.

-¡Exacto! Quisiste alimentar a tu familia con una tierra pobre. ¡Pobre, pobre, pobre! ¿Te das cuenta?todo lo que atraes es pobre.

-¡No es así!-se defendió muy enfadado Grimir, por vez primera- Quise trabajar una tierra que no era de nadie, como no tenía dinero para comprar otra, tuve que conformarme con ésta. Hice lo correcto pero no tengo suerte, eso es todo.

-Verás testarudo ciego de la pobreza, si en lugar de elegir una tierra donde no hay agua y precisas andar varios kilómetros para recoger una de mala calidad hubieras pensado para qué podría servir esa tierra no serías tan pobre. ¡Debes aprender a pensar!-le ordenó con una voz imponente.

-Lo cierto es que no debí utilizar la tierra para el cultivo-aceptó resignado.

-Mira esas hierbas que han crecido tras la inundación. Pronto estarán secas. Recógelas e imagina lo que puedes hacer con ellas.

El hombre sorprendido por la idea del cocodrilo, así lo hizo. Llevó a su familia a recoger todas las hierbas altas y las amontonó en su cabaña. Durante una semana estuvo esperando a que se secaran. Las estiró y sus hijos empezaron a trenzarlas. El juego se convirtió en un entretenimiento para toda la familia que utilizó su ingenio para diseñar cestas, cuadros y utensilios variados. Hasta se hicieron sandalias para no andar descalzos.

Probaron a teñirlas con raíces y hojas que desprendían color. Estaban tan orgullosos de la creación que marcharon contentos a la aldea con intención de vender sus estupendos utensilios.

Los habitantes al verlos llegar con mal aspecto, estaban sucios y vestían harapos, no quisieron hacer negocios por si atraían la mala suerte de la pobreza a sus casas. Pero un comerciante rico no quiso desaprovechar la ocasión de quedarse con el valioso trabajo de aquella familia.

-Os pagaré la mitad de lo que saque, dejadme que fije un precio y volved dentro de una semana-Les dijo con superioridad dado el estado en el cual se encontraban.

-No -dijo Grimir sin saber que era el mismo el que hablaba-Me pagarás la mitad ahora mismo o yo mismo venderé mis cestas y utensilios después de darme un buen baño. No tuve tiempo porque  me dediqué al trabajo duro de trenzar y olvidé que debía presentarme con decencia.

El comerciante que ya codiciaba la mercancía por su originalidad y belleza, no quiso apretar más por si aquel orgulloso hombre cumplía con lo que decía. Así que le adelantó la mitad de un valor estimado muy por debajo del cual pensaba venderlas. Para la familia de Grimir, fue un comienzo.

Volvieron al hogar después de comprar comida y ropa nuevas. Se lavaron, acicalaron y volvieron a recoger las hierbas altas que crecían sin parar, regadas por un agua subterránea que atravesaba aquella zona.

Grimir quiso agradecer los consejos al gran cocodrilo Silijó así que de nuevo fue a la charca para verle.
-Eres un gran sabio, me rindo ante tu poder, eres el más grande y te estaré eternamente agradecido por perdonar mi vida dándome una solución a mi pobreza.-dijo con voz temblorosa por la emoción contenida.

-La pobreza es un estado generado por la falta de creación. Llevo muchos años en esta charca viendo pobres y escuchando lamentaciones. ¡Todos piden y piden! No buscan soluciones, no afrentan las vicisitudes con coraje. Se rinden en espera de compadecer a alguien que resuelva sus problemas. Por eso nunca dejarán de ser pobres y tener por voz el lamento.

-Ya no soy pobre, amigo, estoy convencido de que seré rico porque he descubierto cómo abastecer a mi familia de alimento. Utilizaré aquellas cosas a mi alcance que puedan ser útiles. No volveré a conformarme con el hambre.

-Así me gusta muchacho, ¡Te veo rico! Y lo serás aún más. Atraerás hacia ti todas aquellas cosas que desees. Tu fe es la correcta. Crea y comparte tu creación. Pon un precio a tu trabajo y espera paciente que los demás quieran contagiarse por tu genialidad.

Los ojos de Grimir se iluminaron por la ilusión que despertaba en su corazón saber al fin el camino correcto. Nunca más se resignaría a pasar hambre y necesidad. Si un día la hierba alta dejaba de crecer, analizaría otro recurso con el cual seguir creando cosas para vender.



Pero el negocio de las cestas fue un éxito. La gente compraba las hermosas cestas por un precio pequeño. Trabajaron duro y pronto tuvieron su propio puesto en el mercado.

Siguió creciendo y abrió una fábrica donde trabajaban personas pobres. Les enseño a utilizar su pensamiento para crear nuevas formas. Fue así como el estado de abundancia se extendió entre todos los moradores de la aldea.

En el transcurso de los años desaparecieron los pobres. Todos tenían un trabajo que desarrollar. La abundancia y prosperidad hicieron que sus habitantes criaran niños bien alimentados, fuertes y con mucha imaginación, que nada sabían de la pobreza. Todos cooperaban para crecer y seguir avanzando.


-FIN-

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