viernes, 4 de marzo de 2016

El catálogo de Sara

El catálogo de Sara


Había una vez en el reino de la felicidad, una niña pequeña de cabellos de color dorado, ojos grandes con largas pestañas que no sabía hablar, pero dotada de una energía ilimitada para jugar.

Sin embargo, lograba hacerse comprender cuando lo necesitaba usando gestos o señalando lo que deseaba. Un día estaba entretenida como de costumbre viendo un catálogo de juguetes de navidad. Le gustaba ver y repetir la actividad sin cansarse. De repente escuchó la vocecilla de un muñeco de la revista que le pedía un favor.

-Oye niña ¿podrías ayudarnos? Mi escuadrón y yo estamos destinados a una misión. Debemos abandonar inmediatamente este catálogo para realizarla. ¡Necesitamos tu ayuda! Arráncanos de este catálogo y trata de no romper nuestras partes.

Los furbys se sentían especiales ya que tenían multitud de respuestas humanas, también así que pidieron lo mismo. Pronto los coches, muñecas e incluso los juegos de mesa se unieron a la solicitud. Sólo un solitario caballo de madera objetó que no debían confiar en que su situación mejoraría, la niña podía romperlos e incluso comerlos, era mejor permanecer en el catálogo.

Los juguetes fueron arrancados de la revista y depositados en una caja de cartón, por las hábiles manitas de la pequeña que diligente estuvo entretenida toda la tarde. Al salir la libertad de movimiento en un mundo paralelo les dotó de entusiasmo, nadie podía verlos excepto la pequeña que se reía mucho viendo aquellos juguetes hablar y ponerse a realizar actividades divertidas.

Una muñeca se subió a un coche de misión. Los soldados quisieron recibir masajes en las mesas de los osos amorosos. También se revelaron las cucharas, tenedores, sartenes, platos y vasos como artistas formando una orquesta dirigida por una cocina. Entre todos hicieron una estupenda melodía que nada debía envidiar a las composiciones bellas de música clásica.

Las bicicletas se condujeron por primera vez solas, organizando carreras entre ellas. Los únicos juguetes a parte del testarudo caballo que no disfrutaban de la libertad eran los creados por nuevas tecnologías; videoconsolas, tablets, juegos de dvd ya que que necesitaban energía eléctrica. Al no tener una mente creativa sólo funcionaban bajo la dependencia directa de un niño.

Mamá al ver la montaña de papelitos de juguetes que Sara había formado, quiso recoger y tirarlos, pero cada vez que lo intentaba la niña se revolvía en un estado de lloros tan lastimosos que prefirió no volver a intentarlo. A veces los furbys le ofrecían masajes así que se frotaba los pies con ellos. Lo hacían con gusto por su buen corazón.

No penséis que no tenían enfados y disputas entre ellos, dada la estrechez de la caja y el deber de permanecer juntos. Pero pronto hicieron un código de respeto que seguían sin problema. Si surgían conflictos, la reina blanca del tablero de ajedrez trataba de solucionarlo con la estrategia pacificadora. Los carritos de bebe eran utilizados por todos como medio de trasporte para acudir entonces a la sala de negociación. Las muñecas actuaban como secretarias redactando los acuerdos alcanzados y los caballeros de otras épocas junto con los soldados ejercían de fieles defensores de las mismas.

Así es como pasó la pequeña Sara la etapa de no saber utilizar las palabras. Cuando los juguetes vieron que se hacia mayor, decidieron que debían volver a callar. Aquella niña no recordaba nada pero nunca pudo tirar la cajita de sus juguetes de papel.


-FIN-

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