El catálogo de Sara
Había una vez en el reino de la
felicidad, una niña pequeña de cabellos de color dorado, ojos
grandes con largas pestañas que no sabía hablar, pero dotada de una
energía ilimitada para jugar.
Sin embargo, lograba hacerse comprender
cuando lo necesitaba usando gestos o señalando lo que deseaba. Un
día estaba entretenida como de costumbre viendo un catálogo de
juguetes de navidad. Le gustaba ver y repetir la actividad sin
cansarse. De repente escuchó la vocecilla de un muñeco de la
revista que le pedía un favor.
-Oye niña ¿podrías ayudarnos? Mi
escuadrón y yo estamos destinados a una misión. Debemos abandonar
inmediatamente este catálogo para realizarla. ¡Necesitamos tu
ayuda! Arráncanos de este catálogo y trata de no romper nuestras
partes.
Los furbys se sentían especiales ya
que tenían multitud de respuestas humanas, también así que
pidieron lo mismo. Pronto los coches, muñecas e incluso los juegos
de mesa se unieron a la solicitud. Sólo un solitario caballo de
madera objetó que no debían confiar en que su situación mejoraría,
la niña podía romperlos e incluso comerlos, era mejor permanecer en
el catálogo.
Los juguetes fueron arrancados de la
revista y depositados en una caja de cartón, por las hábiles
manitas de la pequeña que diligente estuvo entretenida toda la
tarde. Al salir la libertad de movimiento en un mundo paralelo les
dotó de entusiasmo, nadie podía verlos excepto la pequeña que se
reía mucho viendo aquellos juguetes hablar y ponerse a realizar
actividades divertidas.
Una muñeca se subió a un coche de
misión. Los soldados quisieron recibir masajes en las mesas de los
osos amorosos. También se revelaron las cucharas, tenedores,
sartenes, platos y vasos como artistas formando una orquesta dirigida
por una cocina. Entre todos hicieron una estupenda melodía que nada
debía envidiar a las composiciones bellas de música clásica.
Las bicicletas se condujeron por
primera vez solas, organizando carreras entre ellas. Los únicos
juguetes a parte del testarudo caballo que no disfrutaban de la
libertad eran los creados por nuevas tecnologías; videoconsolas,
tablets, juegos de dvd ya que que necesitaban energía eléctrica.
Al no tener una mente creativa sólo funcionaban bajo la dependencia
directa de un niño.
Mamá al ver la montaña de papelitos
de juguetes que Sara había formado, quiso recoger y tirarlos, pero
cada vez que lo intentaba la niña se revolvía en un estado de
lloros tan lastimosos que prefirió no volver a intentarlo. A veces
los furbys le ofrecían masajes así que se frotaba los pies con
ellos. Lo hacían con gusto por su buen corazón.
No penséis que no tenían enfados y
disputas entre ellos, dada la estrechez de la caja y el deber de
permanecer juntos. Pero pronto hicieron un código de respeto que
seguían sin problema. Si surgían conflictos, la reina blanca del
tablero de ajedrez trataba de solucionarlo con la estrategia
pacificadora. Los carritos de bebe eran utilizados por todos como
medio de trasporte para acudir entonces a la sala de negociación.
Las muñecas actuaban como secretarias redactando los acuerdos
alcanzados y los caballeros de otras épocas junto con los soldados
ejercían de fieles defensores de las mismas.
Así es como pasó la pequeña Sara la
etapa de no saber utilizar las palabras. Cuando los juguetes vieron
que se hacia mayor, decidieron que debían volver a callar. Aquella
niña no recordaba nada pero nunca pudo tirar la cajita de sus
juguetes de papel.
-FIN-

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