Había una vez un rebaño
de ovejas que vivían en una hermosa pradera florecida de verdes
pastos y flagrantes aromas. Pasaban el día mordisqueando hierbas y
comunicándose entre ellas con cariño, mientras el perro pastor Tutú
vigilaba atento que no ocurriera alguna desgracia.
Sobresalía entre todas
una preciosa ovejita de la reciente crianza. De pelaje suave como la
seda y ojos grandes de color azabache de la cual el perro se sentía
orgulloso de tener a su cuidado. Era muy curiosa y habladora. Pasaban
horas dialogando en las que trataba de aprender sobre las hierbas,
vientos y nubes, incluso sobre lo que hacer en caso de un ataque.
Pero Nube que así se llamaba, nada sabía de emboscadas ya que nunca
había presenciado algo tan horrible, el mayor temor para las
demás. Llegó un momento que se aburría porque las conversaciones
se volvieron repetitivas con el perro pastor.
Los paseos persiguiendo
mariposas, mordisqueando brotes tiernos, haciendo trotes con sus
amiguitas le producían insatisfacción. Sólo soñaba con la montaña
y las cosas maravillosas que escondería.
-Oye Tutú, ¿tras
aquella ladera de la montaña que habrá? -preguntaba ansiosa por
descubrir otras cosas.
-Allí no hay nada linda
Nube-le decía con amabilidad- debes pensar en lo que tienes aquí
sin hacerte preguntas que no son propias de las ovejas.
Pero la ovejita Nube era
inquieta y bastaba que alguien le pusiera límites, para querer
derribarlos. Así que aprovechó la ocasión en que el perro se
hallaba vigilando en otro lugar alejado, para trepar sin ser vista
por aquella ladera de montaña.
-Vaya si que cuesta
escalar-se dijo- Mis patas no están acostumbradas a tropezar con
estas hierbas pinchosas y piedras roca afiladas. Me hago daño.
¡Ay!Pero como era tozuda, lejos de desistir prosiguió alejándose
de la seguridad del rebaño. Necesitaba averiguar lo que había allí
arriba.
Cuando llegó arriba miró
atenta la belleza del paisaje. Desde allí todo parecía ser muy
pequeño. Vio un pasto muy verde en otra dirección y en lugar de
regresar, imaginó que sería la primera oveja exploradora que
descubriría otros verdes prados. Así que muy valiente descendió
por un lugar desconocido.
Al llegar a aquel lugar
que le había parecido tan maravilloso desde arriba, probó las
suculentas hierbas. El sabor era amargo y desagradable. Así que
convencida de que debía seguir investigando siguió por aquel camino
cantando una canción alegre. De repente, un animal parecido a Tutú
apareció ante sus ojos. Su boca chorreaba baba y los ojos estaban
abiertos exageradamente.
-Linda ovejita, donde vas
tu tan solita-Le preguntó el lobo a modo de guasa.
-Hola perrito, estoy
explorando este lugar ¿Querrás protegerme para que no me pase nada
?
El lobo se rió a
carcajadas, la miró con deseo hambruno y se detuvo a comprobar sus
uñas afiladas. Sin duda la oveja era más ingenua de lo que
esperaba, no tendría que molestarse en darle alcance. Se la comería
sin que se enterase.
Pero Nube al ver que el
lobo mostraba una boca grande abierta para atacar, corrió rápida sin
saber hacia donde. Los bocados de la mandíbula del animal sonaban al
cerrarse, por suerte no sobre su carne. Así que se adentró en el
bosque de la bruja del Ojo morado.
El lobo frenó en el
límite. No valía la pena enfrentar semejante peligro por una oveja
tan tonta. Aquella bruja le había perseguido para usarlo en sus
hechizos, así que permanecía oculto miedoso de que terminara por
encontrarle.
Nube se sintió aliviada.
Miró hacia atrás y el perrito malo no la perseguía. Al instante
echó de menos a Tutú y la seguridad con la cual protegía al
rebaño. Vaya no todos los perritos son buenos y quieren hacerme
bien. Tendré que tener más cuidado. La pequeña oveja se sentía
observada por los árboles y plantas que allí estaban. Es que la
bruja del Ojo morado tenía espías por todos los rincones y pronto
supo que una intrusa se había aventurado.
Fue en busca de la oveja
y la encontró mordisqueando unas hierbas poderosas que usaba para
sus hechizos.
-No puedes comerte mis
hierbas, ¿Cómo te atreves a penetrar en mi bosque sin mi permiso?
-le preguntó con una voz fría maléfica .
-Soy Nube y huía de un
perrito que me perseguía.
-Ja,ja¿Un perrito? ¿Con
dientes afilados, ojos feroces y terribles garras?
-¡Así, sí así
era!-contestó al sentirse comprendida.
-Joven oveja eso es un
lobo y come ovejitas. ¿De dónde has salido para no saber semejante
cosas?
-Bueno Tutú nuestro
perro nos protege en la pradera. El se encarga de que no ocurra
ninguna cosa mala. Nunca había visto un lobo. Gracias por la
información, me será útil.
-¿Y te advirtió del
peligro de las brujas? Mujeres hechiceras que usan las patas de las
ovejas para hacer conjuros maléficos.
Al instante comprendió
la aterrorizada Nube que se hallaba ante un nuevo peligro. Había
comido hierba suficiente y al intentar correr lo hacía por encima de
los árboles. La bruja se subió a la escoba, escupiendo conjuros y
maldiciones, pero como la pequeña estaba envuelta por un escudo protector no logró dañarla y consiguió salir del bosque.
Nube lloraba desconsolada
protegida tras un arbusto. Una liebre blanca de gran tamaño la
escuchó y quiso saber de la desgracia de aquel animal de aspecto tan
dulce.
-No sé como encontrar el
camino de vuelta a casa. Cuando estaba en el prado rodeada de las
otras ovejas y mi amigo Tutú soñaba constantemente con descubrir un
lugar mejor donde estar. Pero estaba equivocada, me marché y desde
entonces he aprendido a correr, a tener miedo y a no sentirme segura
en ningún lugar. ¡Quiero volver a casa! ¡Buahhhhh! ¡Buahhh!
-Tranquila ovejita. Yo te
guiaré de nuevo hacia tu hogar. Conozco muy bien donde está el
prado del cual procedes.
La liebre se puso en
camino seguida de Nube. Corrían muy rápido por la ladera montaña
arriba. Ya no le molestaban los pinchos o las duras piedras. Cuando
llegaron se dirigió emocionada hacia el perro.
-Como te he echado de
menos Tutú, -le dijo restregando su cuello contra su cara.
-Nube, pensé que no
volvería a verte¿Estás bien?-le preguntó el animal preocupado.
-Si supieras todo lo que
me ha pasado...
Le contó al rebaño y a
Tutú toda su aventura. Las ovejas abrían los ojos espantadas cuando
escucharon que el lobo quería comérsela. Pero les pareció más
terrorífico el bosque y la bruja. Tras concluir, pensaron que la
dulce Nube era una oveja muy valiente que sabía cosas valiosas para
sobrevivir.
Desde ese día las ganas
de aventuras se esfumaron para Nube. Valoraba cada instante de sol y
el sabor de las tiernas flores que crecían el lugar más hermoso de
la tierra. Había aprendido la lección.
-Fin-

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