domingo, 13 de marzo de 2016

La curiosa Nube




Había una vez un rebaño de ovejas que vivían en una hermosa pradera florecida de verdes pastos y flagrantes aromas. Pasaban el día mordisqueando hierbas y comunicándose entre ellas con cariño, mientras el perro pastor Tutú vigilaba atento que no ocurriera alguna desgracia.

Sobresalía entre todas una preciosa ovejita de la reciente crianza. De pelaje suave como la seda y ojos grandes de color azabache de la cual el perro se sentía orgulloso de tener a su cuidado. Era muy curiosa y habladora. Pasaban horas dialogando en las que trataba de aprender sobre las hierbas, vientos y nubes, incluso sobre lo que hacer en caso de un ataque. Pero Nube que así se llamaba, nada sabía de emboscadas ya que nunca había presenciado algo tan horrible, el mayor temor para las demás. Llegó un momento que se aburría porque las conversaciones se volvieron repetitivas con el perro pastor.

Los paseos persiguiendo mariposas, mordisqueando brotes tiernos, haciendo trotes con sus amiguitas le producían insatisfacción. Sólo soñaba con la montaña y las cosas maravillosas que escondería.

-Oye Tutú, ¿tras aquella ladera de la montaña que habrá? -preguntaba ansiosa por descubrir otras cosas.
-Allí no hay nada linda Nube-le decía con amabilidad- debes pensar en lo que tienes aquí sin hacerte preguntas que no son propias de las ovejas.

Pero la ovejita Nube era inquieta y bastaba que alguien le pusiera límites, para querer derribarlos. Así que aprovechó la ocasión en que el perro se hallaba vigilando en otro lugar alejado, para trepar sin ser vista por aquella ladera de montaña.

-Vaya si que cuesta escalar-se dijo- Mis patas no están acostumbradas a tropezar con estas hierbas pinchosas y piedras roca afiladas. Me hago daño. ¡Ay!Pero como era tozuda, lejos de desistir prosiguió alejándose de la seguridad del rebaño. Necesitaba averiguar lo que había allí arriba.

Cuando llegó arriba miró atenta la belleza del paisaje. Desde allí todo parecía ser muy pequeño. Vio un pasto muy verde en otra dirección y en lugar de regresar, imaginó que sería la primera oveja exploradora que descubriría otros verdes prados. Así que muy valiente descendió por un lugar desconocido.

Al llegar a aquel lugar que le había parecido tan maravilloso desde arriba, probó las suculentas hierbas. El sabor era amargo y desagradable. Así que convencida de que debía seguir investigando siguió por aquel camino cantando una canción alegre. De repente, un animal parecido a Tutú apareció ante sus ojos. Su boca chorreaba baba y los ojos estaban abiertos exageradamente.

-Linda ovejita, donde vas tu tan solita-Le preguntó el lobo a modo de guasa.
-Hola perrito, estoy explorando este lugar ¿Querrás protegerme para que no me pase nada ?
El lobo se rió a carcajadas, la miró con deseo hambruno y se detuvo a comprobar sus uñas afiladas. Sin duda la oveja era más ingenua de lo que esperaba, no tendría que molestarse en darle alcance. Se la comería sin que se enterase.
Pero Nube al ver que el lobo mostraba una boca grande abierta para atacar, corrió rápida sin saber hacia donde. Los bocados de la mandíbula del animal sonaban al cerrarse, por suerte no sobre su carne. Así que se adentró en el bosque de la bruja del Ojo morado.

El lobo frenó en el límite. No valía la pena enfrentar semejante peligro por una oveja tan tonta. Aquella bruja le había perseguido para usarlo en sus hechizos, así que permanecía oculto miedoso de que terminara por encontrarle.

Nube se sintió aliviada. Miró hacia atrás y el perrito malo no la perseguía. Al instante echó de menos a Tutú y la seguridad con la cual protegía al rebaño. Vaya no todos los perritos son buenos y quieren hacerme bien. Tendré que tener más cuidado. La pequeña oveja se sentía observada por los árboles y plantas que allí estaban. Es que la bruja del Ojo morado tenía espías por todos los rincones y pronto supo que una intrusa se había aventurado.

Fue en busca de la oveja y la encontró mordisqueando unas hierbas poderosas que usaba para sus hechizos.
-No puedes comerte mis hierbas, ¿Cómo te atreves a penetrar en mi bosque sin mi permiso? -le preguntó con una voz fría maléfica .
-Soy Nube y huía de un perrito que me perseguía.
-Ja,ja¿Un perrito? ¿Con dientes afilados, ojos feroces y terribles garras?
-¡Así, sí así era!-contestó al sentirse comprendida.
-Joven oveja eso es un lobo y come ovejitas. ¿De dónde has salido para no saber semejante cosas?
-Bueno Tutú nuestro perro nos protege en la pradera. El se encarga de que no ocurra ninguna cosa mala. Nunca había visto un lobo. Gracias por la información, me será útil.
-¿Y te advirtió del peligro de las brujas? Mujeres hechiceras que usan las patas de las ovejas para hacer conjuros maléficos.
Al instante comprendió la aterrorizada Nube que se hallaba ante un nuevo peligro. Había comido hierba suficiente y al intentar correr lo hacía por encima de los árboles. La bruja se subió a la escoba, escupiendo conjuros y maldiciones, pero como la pequeña estaba envuelta por un escudo protector no logró dañarla y consiguió salir del bosque.

Nube lloraba desconsolada protegida tras un arbusto. Una liebre blanca de gran tamaño la escuchó y quiso saber de la desgracia de aquel animal de aspecto tan dulce.
-No sé como encontrar el camino de vuelta a casa. Cuando estaba en el prado rodeada de las otras ovejas y mi amigo Tutú soñaba constantemente con descubrir un lugar mejor donde estar. Pero estaba equivocada, me marché y desde entonces he aprendido a correr, a tener miedo y a no sentirme segura en ningún lugar. ¡Quiero volver a casa! ¡Buahhhhh! ¡Buahhh!
-Tranquila ovejita. Yo te guiaré de nuevo hacia tu hogar. Conozco muy bien donde está el prado del cual procedes.
La liebre se puso en camino seguida de Nube. Corrían muy rápido por la ladera montaña arriba. Ya no le molestaban los pinchos o las duras piedras. Cuando llegaron se dirigió emocionada hacia el perro.
-Como te he echado de menos Tutú, -le dijo restregando su cuello contra su cara.
-Nube, pensé que no volvería a verte¿Estás bien?-le preguntó el animal preocupado.
-Si supieras todo lo que me ha pasado...

Le contó al rebaño y a Tutú toda su aventura. Las ovejas abrían los ojos espantadas cuando escucharon que el lobo quería comérsela. Pero les pareció más terrorífico el bosque y la bruja. Tras concluir, pensaron que la dulce Nube era una oveja muy valiente que sabía cosas valiosas para sobrevivir.

Desde ese día las ganas de aventuras se esfumaron para Nube. Valoraba cada instante de sol y el sabor de las tiernas flores que crecían el lugar más hermoso de la tierra. Había aprendido la lección.


-Fin-

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