El escritor de cuentos
Había una vez en un lugar donde
reinaba la paz y la abundancia, un pequeño escritor de cuentos pensativo, empeñado en la creación de nuevos personajes. Quería
hacer un cuento especial, diferente a los demás que fuera recordado
y nombrado por su valor. ¿Pero que debía incluir?
Así se hallaba en su escritorio
absorto en la contemplación de la luz que entraba a través de la
ventana en un precioso día primaveral. El sol secaba las pequeñas
gotas de rocío del cristal. Tenía una sensación de bienestar lo
cual nada ayudaba.
Las hadas, duendes, princesas y reinos,
animales de fábula estaban allí esperando a que se decidiera a
darles vida. Nada sabía de la presencia de aquellos seres sobre su
escritorio, que combatían el aburrimiento hablando del suceso.
-Este no tiene ganas de escribir,
seguro que copia un cuento y lo adapta introduciendo algún matiz
diferente-criticó la abuela de Caperucita desde su cama.
-A nosotras nos hizo un cuento muy
divertido, estuvimos bailando con los árboles mientras caían hojas
de colores purpurina del cielo, entonaban además una cancioncilla
alegre que nos animaba a seguir la danza -objetaron las hadas con
voces susurrantes y un toque de ternura.
-Con nosotros no fue justo, en el
último cuento nos obligó a llevar a las muñecas a cuestas en una
carrera de saltos.-se quejaron los disciplinados soldados.
-A nosotros nos gustaría que nos usara
de cualquier forma-suplicaron los enanos-somos fuertes, enérgicos y
valientes. Ojalá inventara un episodio en el cual salváramos un
reino. Estamos cansados de ser nombrados en el cuento de Blancanieves
y los siete enanitos. Nos hace parecer las niñeras de niñas ¡No
nos gusta!
-No os quejéis tanto, yo soy un
monstruo que debe dar miedo y como no gustan a los padres de hoy los
cuentos en los cuales asustamos a los niños, estoy cogiendo polvo en
el desván del olvido. ¡Con lo divertido que es alimentarme de
gritos y caras enrojecidas de terror! Mirad que delgado estoy se ven
las costillas, dentro de poco seré un fantasma.-Suspiró un terrible
monstruo negro de dientes afilados y garras poderosas.
Así se hallaban discutiendo cual debía
ser protagonista para un nuevo cuento, cuando de repente escucharon reír a carcajadas. ¡Los estaba viendo! Sorprendidos quedaron inmóviles. El
escritor sonreía, había comprendido que necesitaba rescatar a los
personajes de la habitación del aburrimiento.
Escribió un cuento sencillo utilizando
a los personajes que más habían calado en su corazón. Al
terminarlo, les encantó a los niños que pedían que se los
volviera a leer. El cuento decía así:
El monstruo Chinpan vivía en una
montaña negra cubierta por las nubes. Custodiaba el cofre del
hechicero. En el se guardaban las risas y alegrías de los niños.
El hada del Bosque encargó a los doce enanos protectores de la
naturaleza la misión de liberar la diversión de la oscuridad. Los
valientes pequeños provistos con espadas de plata galoparon rápido
a lomo de saltamontes dorados cubiertos con capas invisibles de hilo
de agua. Silenciosos llegaron para derrotar al malvado monstruo de
dientes afilados y garras curvas capaces de cortar la roca más dura.
Tras una dura batalla en el cual el monstruo presentó una gran
resistencia, el cofre fue abierto y las risas y alegrías devueltas a
los niños.
-FIN-

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