martes, 9 de diciembre de 2014

Los duendes de fruta de la Navidad

Los duendes de fruta de la Navidad

Personajes del cuento:

Pitode: duende pera
Palico: duende plátano
Frecupa: duende fresa
Narate: duende naranja
Matulo: duende manzana
Pipon: duende piña
Cocú: duende coco

El Hada del bosque: Sambaquina, trata de equilibrar el corazón y la mente de los niños.

Los pequeños duendes de la Navidad tienen el color de las frutas de las que tomaron su nombre. Fueron creados por el Hada Sambaquina para ser sus ayudantes. Su labor es expandir el olor y sabor de las frutas deliciosas entre los niños, para que se acostumbren a tenerlas en sus dietas y las encuentren sabrosas y divertidas.

Sambaquina es una Hada diferente, toma el color de piel de la corteza del árbol más próximo a su cuerpo. Viste un traje largo hasta los pies de seda verde con mangas de vuelo de murciélago a juego con unos zapatos de terciopelo. Todo el traje está cubierto con estrellas plateadas de diferentes tamaños, junto al corazón hay una grande de puntas sombreadas de color dorado. El sombrero de cucurucho es alargado, una estrella dorada corona la punta, junto con un trozo de gasa de hilo de oro que fue confeccionada por las mamás Setas del bosque para otorgarle protección en caso de peligro, ya que tiene el poder de la invisibilidad. Su boca es grande con unos labios de color cereza, sus ojos de un color oscuro, como la noche. Su mirada es profunda y serena, su voz; dulce y segura. Cuando habla lo hace con sencilla autoridad. Su risa infantil invita a la broma y al diálogo, ya que sin sentido del humor, parecería una maga tenebrosa y cruel.

Ella también desea dejar regalos a los niños con un mensaje afrutado. Al ser un Hada de la Naturaleza tiene su morada en el bosque. Andaba pensando una Nochebuena en la forma que adoptarían sus ayudantes, cuando de repente una idea se le ocurrió. Tomó del frutero unas frutas y les otorgó el don de la vida. Los vistió con mallas negras brillantes, descargó la luz de las estrellas para que dibujaran su forma en ellas. Les hizo gorros cónicos rojos y para que estuvieran calentitos, les dio unas botas verdes mágicas, forradas de lana blanca para que pudieran entrar en las casas de los niños sin ser vistos. Los duendes eran de la altura de un peluche pequeño, delgados y jóvenes. Sus caras adoptaron la forma de la fruta elegida. Pitode, el duende con cara de pera de color verde, tenía los ojos de color ambar, largas pestañas del tono del trigo y pelo del color de la luna cuando se viste de plata. Los otros duendes adoptaron las mismas características físicas.

En la Nochebuena reciben la orden. Su misión consiste en llevar en las canoas mágicas que navegan por el cielo construidas por los indios primigenios, los regalos a los niños de la ciudad. Deben dejar las bolsas de gominolas de frutas variadas a cada niño, junto al calcetín del famoso padre de la Navidad, con un piña dorada y una rama de pino.

El día de Navidad, cuando el niño busque sus regalos, encontrará las deliciosas gominolas hechas con jugo de frutas selectas, confeccionadas por los enanos del bosque, que las elaboran con mucho amor entre cantos, risas y bromas durante todo el año.

Si la piña dorada y la rama de pino es valorada, el niño o niña la conservará. Si lo hace por espacio de un año, en su corazón brotará la dulce belleza de la sensible Hada, que le otorgará un hermoso don para que sepa elegir su camino. Será un adulto feliz, generoso, amoroso, cándido y valorado por los demás. Cualquier ser oscuro en su presencia tenderá a alejarse.

Si por el contrario, el niño o niña rechaza el regalo por carecer de valor y acaba tirándola a la basura, los duendes le darán una segunda oportunidad. Al año siguiente volverán a viajar a casa de ese niño o niña pero en lugar de darle una bolsa de gominolas, la piña y la rama de pino, le transportaran en un sueño a la presencia del Hada.

En el bosque Sambaquina tiene retenidos a muchos niños que deben esforzarse por cambiar si desean volver a sus casas. Allí el tiempo se ha suspendido y permanecen  en el tiempo con la misma edad que fueron sacados de sus camas.

Las pruebas que deben superar son fáciles. Deben aprender a trabajar en equipo. El duende Palico, ha preparado en la cocina los recipientes para que diez niños aprendan a elaborar un pastel. No se ponen de acuerdo, discuten y se quejan desistiendo, porque ninguno desea hacer nada, por lo que el duende cambia una y otra vez de receta en espera de hallar una que despierte su interés para su cooperación.

Frecupa, Nazate y Maculo, preparan pruebas físicas para los niños y niñas más sedentarios que no se mueven del sofá de la cabaña. Han organizado carreras de sacos, saltos de comba y preparado camas elásticas. Deben realizar diez minutos de ejercicio para superar la prueba, pero se niegan a moverse, ponen excusas diversas e inventan lesiones que no tienen para evitar sudar la camiseta, por lo que siguen retenidos sin poder ser devueltos a su hogar

Pipón y Cocú, los duendes más intelectuales de voz melodiosa, leen cuentos a los niños que deben superar su adición a los juegos de video consola. Tratan de que escuchen con agrado los cuentos de siempre, pero ellos se aburren, se tapan los oídos, se niegan a escuchar estupideces de magias y seres encantados. Prefieren la invención virtual ya hecha, a tener que imaginar los personajes de las historias creativas de los cuentos.

Sambaquina consciente de su fracaso, ante estos niños tan obstinados que no desean volver a su hogar, comprende que el bosque los ha imantado. Estos niños aburridos necesitan recorrer el bosque, recoger los frutos y valorar la belleza de la Naturaleza y los animales.

Así que encarga a todos los duendes que conduzcan a los niños rebeldes hacia la cabaña más adentrada en el corazón del bosque, la recompensa será regresar al hogar familiar. Los niños que ya son más de un centenar, aceptan, contentos y felices la han vencido consiguiendo salirse con la suya. Tienen la ilusión de desaparecer para siempre de la vista de aquellos seres con forma de fruta que solo saben atormentarles con sus pruebas.

En el camino, recogen tiernos chocolates y bollos recién horneados que crecen en las flores del bosque para alimentarlos. Encuentran un hermoso prado donde unas enormes burbujas de algodón les invitan a penetrarlas y rodar en su interior. Se divierten durante horas, riendo y gritando, compitiendo entre ellos a ver quién llega más rápido. Tras la aventura prosiguen en compañía de los duendes hasta que una mujer anciana les pide ayuda para hacer un bizcocho, ya que tiene un grave problema, su cabeza no funciona como antes y no recuerda como se hacía.

El grupo de niños, que había estado intentando aprender a hacer tartas y dulces, sorprendidos de sus conocimientos, la ayudan colaborando entre todos, consiguen hacer deliciosos dulces para la anciana.

Ya estaban casi al final del camino, cuando se encuentran con un ciego que llora desconsoladamente. Les dice entre quejas y lágrimas, que su último deseo antes de morir sería volver a escuchar los cuentos de “Aladino y la lámpara maravillosa” “Los tres cerditos” “ Caperucita Roja” “La Bella y la Bestia” “La Lechera” pero ha perdido el cuento donde estaban escritos.

El grupo de niños, que había estado a cargo de los duendes relatores de cuentos, recuerdan las historias que tanto gustan al anciano, los narran con todo lujo de detalles y entonación. Motivo por el cual, al finalizar el anciano no duda en aplaudir estrepitosamente conmovido, con lágrimas en los ojos.

Cuando finalmente llegan a la casa más internada en el bosque, el Hada Sambaquina les espera en el rellano de la puerta para recibirles. Les dice que han superado todas las pruebas, están preparados para regresar a casa, espera que no olviden lo aprendido.

Los niños del “no” sorprendidos por la facilidad con la que han aprendido las cosas que antes se habían negado por resultarles imposibles de conseguir, se felicitan dándose abrazos y besos. Trabajando en grupo han sido capaces de superar los obstáculos que les retenían allí.

El Hada les despide con un dulce beso.

Regresan al mismo instante en su cama, la misma noche donde fueron sacados por los duendes, entre sueños se sienten agradecidos por la lección recibida.

A la mañana siguiente reciben los regalos de la Navidad. No hay piñas, ramas o bolsas de gominolas este año, quizás todo fue un sueño, pero están dispuestos a consumir frutas frescas en recuerdo de los duendes. Harán deporte para equilibrar su corazón y mente, leerán cuentos y harán nuevas cosas que les resulten imposibles, porque saben que a base de intentos y fracasos, se consigue todo lo que estén dispuestos a tener.

-Fin-
Autora@MaiteAlbarrán



domingo, 7 de diciembre de 2014

Las aventuras de Piedreta III

Cavilaba aún Piedreta en la fuente viendo el reflejo de su cuerpo, cuando de repente pudo percibir la presencia de personas. Era una mujer muy elegante con dos niños que se había detenido mirándola con perplejidad, la señalaba y murmuraba entre dientes. Tras la critica, le volvió la espalda con cierto aire de superioridad cogiendo a sus hijos por las manos caminó deprisa calle abajo, no quería verse envuelta en un problema semejante. En una esquina de la plaza, vigilaba una anciana cubierta con un chal, en espera del desenlace. Corría el mes de febrero y hacia frío. Eran las cinco de la tarde y pronto el sol se ocultaría por completo. Se acercó a Piedreta envolviéndola en su apariencia de niño de seis años en el chal de lana negro y diciéndole estas palabras:

-No te preocupes criatura, pensé que el alma de esa mujer adinerada y pudiente se conmovería al verte. Ella tiene dos hijos y podría haberte recogido con su buena situación. No siempre entre los que más tienen se encuentra un corazón generoso. Te llevaré al cuartel, allí te darán de comer y abrigo. Verás que pronto se arregla tu situación, tesoro. Y le besó en la cabeza con compasión.

Dicho esto se llevó a Piedreta al departamento de policía del pueblo que no supo que hacer con un niño al que nadie había reclamado. Mientras el caso era resuelto, el niño sería custodiado por una familia que deseara acogerlo por unos días. Esa fue la orden recibida por la central. El oficial realizó muchas llamadas a los padres de niños que vivían con holgura, pero recibió mil excusas para no acoger al pequeño abandonado. Sorprendido, irritado con las personas a las que creía bondadosas, iba a llevarlo al hospital para que lo cuidaran justo cuando apareció Agustina, para preguntar por el pequeño. Deseaba ofrecerse para su cuidado.

Damián el oficial a cargo, no objetó ningún impedimento. Aliviado, la recibió como el ángel que acude a su salvación tras un día muy duro. Había intentado emocionar a algún alma de mujer compasiva entre las madres del pueblo para que acogieran a aquel pequeño silencioso. Algo extraño, ya que los niños suelen ser ruidosos e inquietos, aún en la peor situación, no dejan de jugar y tocar todas las cosas.

-Firma aquí, es puro formulismo como que acoges en tu casa a este niño sin hogar. Cuando el caso pase a los servicios sociales supongo que acudirán pronto a liberarte de este …

-No se preocupe, lo hago con mucho gusto, no tengo hijos y siempre que puedo intento estar cerca de ellos. Este tiempo que pase con este pequeño, será como un regalo.-le interrumpió ella deseosa de firmar y con una gran sonrisa en los labios, llena de satisfacción-

El policía la miró con interés. Era una mujer joven, de pelo castaño y ojos azules, grandes como los del pequeño. ¿Y si ella misma fuera la madre? Descartó la idea de inmediato. Esa mujer estaba casada y de todos era conocido su deseo de ser madre. Pero por algún problema la pareja no había tenido hijos. Le entregó al pequeño satisfecho, estaba seguro de dejarlo en las mejores manos.

Agustina lo vistió con mucho mimo, poniéndole la ropa que había ido a comprar a la tienda antes de venir y salió a la calle en dirección a su casa. Al pasar por la juguetería se detuvo para comprarle algunos soldados y una pelota. Lo llevaba de la mano, cuando de repente sintió la necesidad de darle un abrazo. Lo besó y le preguntó su nombre. Pero el niño no hablaba ni una palabra. Comprendió que la tristeza de su corazón sería la causa del silencio de aquel pequeño.

Al llegar a casa lo acomodó en una habitación con mucho cariño. Lo dejó solo para que inspeccionara todas las cosas. En ese momento Piedreta que había estado absorbiendo todos los comportamientos humanos, sintió amor por aquella mujer generosa, cándida, amorosa, dotada de un gran corazón generoso y amable para los demás. Cuando llegó la hora de la cena, pudo conocer a su marido, Jorge, un hombre serio, con rostro anguloso y ojos chispeantes. Pudo comprobar que era tan agradable como ella. Era muy hablador y creativo, le gustaba jugar con los soldados y hacer batallas.

Disfrutó de la compañía del matrimonio y de su bondad. Le hablaron de las ganas que tenían de tener un hijo, pero como no llegaba, estaban dispuestos a si no aparecía su familia para reclamarle hacerse cargo de él, sólo si el lo deseaba también.

Piedreta, cerró sus manos y al volverlas abrir dos capullos de amapola aparecieron en su interior. Les dio una a cada uno. Ellos la retuvieron en sus palmas, tenía un poder mágico y en pocos minutos su infertilidad fue sanada. Aquel hecho se repitió con asiduidad, cada día hacia brotar capullos de las flores más bellas y olorosas en sus palmas. Rosa, clavel, jazmín..., para sorprender a Agustina, que se dejaba llevar por el hechizo silencioso de aquel niño que devolvía su dedicación con aquellas pequeñas flores.

Las otras madres, al saber del extraño poder del niño, primero lo despreciaron con envidia, decían que debía ser un caso raro de alguna bruja que lo había enviado para dañar a sus pequeños, bien habían hecho de no acogerlo. Pero sentían una insoportable ira celosa, por aquel ser tan maravilloso y especial, cuando lo veían caminar de la mano de Agustina y regalarle capullos de flores olorosas que ella a su vez iba dejando en las ventanas bajas de las casas del pueblo.

Todo era felicidad y calma, hasta que un día Piedreta sintió la llamada de la Gran Madre del Saber. Amaba a la familia que la cobijaba con intensidad y fruto de ese amor, su corazón se halló al fin preparado para regresar.

Una noche abandonó su cama, besó la cabeza de Agustina y Jorge saliendo de la casa a hurtadillas para no ser descubierta. En la misma plaza del pueblo, junto a la fuente fue transformada en piedra. Era blanca, pulida, brillante, traslúcida, hermosa y pura. Un águila la cogió entre sus garras y voló con ella hacia la montaña.

El viaje duró algunos días pero estaban acostumbradas a recorrer grandes distancias. Al llegar la depositó en la cumbre, la Gran Madre la recibió con mucha alegría y quiso saber la conclusión de su viaje.

-Me alegra Piedreta que hallas regresado tan diferente a como partiste. Eres una joya brillante, pulida y con una fuerza superior a cualquier roca que se halle en esta montaña. Has conocido el mundo, viajado por el río, el mar y has convivido con el Hombre. Llena de sabiduría espero que puedas aclararme porqué los elementos ya no obedecen mis órdenes.

-Madre, yo también estoy muy feliz de mi regreso. Podría contarte lo mucho que he sufrido tratando de comprender el mundo y sus injusticias, pero esos detalles los he borrado. Las cosas horribles no deben ser escritas para tomar decisiones, sólo para no repetir los errores. Te traigo el mensaje de los animales, debemos hacer lo posible para seguir ayudándolos nos necesitan, son formidables. Las plantas, deben gozar de la misma protección. En cuanto al Hombre, te diré que goza de muchas máscaras pero pude verlo sin engaño. Tienen muchas emociones; ira, egoísmo, bondad, sabiduría, ignorancia, amor, odio, cariño, desapego... Los más felices, son aquellos que buscan su equilibro en la paciencia de conseguir las cosas sin forzar, los que viven en humildad y se forjan en la seguridad de un carácter disciplinado bondadoso y gentil, donde las emociones son controladas para no desbordarlos.

He conocido seres mediocres, ricos, avaros, mentirosos y que disfrutaban siendo el centro de envidia. Muchos otros deseaban ser como ellos sin conocer la verdad. Parecen ser felices con sus riquezas, pero cuando he ahondado en su interior, he visto la frialdad de su alma, el ansia caprichosa con la que se regalan lujos inacabables que nunca les sacian. Estos seres están condenados a la oscuridad y al olvido, no merece la pena ayudarles.

Pero los otros, si que debemos hacer que sigan prodigando sus enseñanzas y extiendan la belleza de su corazón. Esos seres debemos ampararlos. Habla con los elementos, explícales lo que te he dicho y que sean benevolentes con ellos. Cuéntales las cosas buenas que hacen y así los convencerás para que no castiguen con tanta firmeza ciertas partes de la Tierra.

La Gran Madre, dubitó y dialogó largo y tendido con todos. El Aire prometió soplar con menos furia, sólo lo haría sobre ciertas partes cuando no pudiera aguantar más. El Sol, se comprometió a secar los mismos desiertos, respetando las cosechas de otras zonas. El Agua, quiso argumentar que regaría los campos con prudencia y sobriedad. Y con estos juramentos, firmaron una tregua con la Tierra.

La Gran Madre del Saber, fusionó a Piedreta en su cima para darle cobijo y abrigo para siempre. Ya no deseaba conocer más cosas.

A los pocos meses de aquello le llegó una voz susurrante que reía muy feliz. Era Agustina, emocionada, pletórica, repleta de fuerza, hablaba con amor inventando nanas y palabras aladas para su hija recién nacida, la sostenía entre sus brazos dándole calor. Le decía a Jorge que aquel niño que estuvo con ellos debía ser el niño Jesus, porque el milagro de la vida se había producido en su interior. Debió ser una prueba de Dios. El asentía conmocionado por tanta felicidad.

Le pusieron de nombre Aurora, por ser la primera luz del día. Sería la estrella que alumbraría con amor sus vidas. Los ojos de aquella niña eran de un color azul intenso y grandes, en recuerdo de Piedreta.


-Fin-
Autora@MaiteAlbarrán

jueves, 4 de diciembre de 2014

Las aventuras de Piedreta II

En estas reflexiones se hallaba Piedreta, apuntando con fidelidad todos lo acontecido en su ágil memoria de libro cuando de repente, supo que empezaba a tener emociones, sí, ella que en la protección de la montaña se había sentido inerte, un trozo de roca donde no existía el pensamiento, deseo o necesidad ahora notaba crecer en su interior un corazón que la dotaba de una emoción pura, incontrolable, desbordante donde galopaban con intensidad los sentimientos . Había experimentado la cólera con el pastor, el amor fraternal con los castores, el egoísmo con el niño y el cariño por  los seres que se desarrollaban sobre la faz de la Tierra. El deseo por conocer más y mejor al Hombre para comprender antes de juzgarle, la hicieron experimentar una nueva emoción, ella no lo sabía pero estaba naciendo en su interior la empatía. Un sentimiento noble, descubre la bondad del que la posee, consiste en ponerse en el lugar del otro y valorar lo que induce o impulsa a actuar de esa manera.

Inquieta, orgullosa y pletórica brillaba con máximo esplendor en un día de calor otoñal en el recodo del meandro de la desembocadura del río, donde se junta con las aguas del mar. Contemplaba absorta los cambios experimentados en las hojas de los árboles. Al principio de su llegada eran verdes, frescas y suaves como las caricias del viento. Sin embargo, habían mudado de color y forma; ahora estaban secas, arrugadas, de color amarillo o tierra, muertas extendidas por el suelo creando un capa gruesa, mullida que crujía al ser pisada por los animales poniéndolos al descubierto cuando se acercaban a beber al río. También eran recogidas por los pájaros para cubrir el nido de la puesta. Los conejos y liebres las usaban para ocultar sus madrigueras. Pronto darían protección y cálido abrigo para poder sobrevivir al acuciante y largo invierno.

De repente estalló una tormenta, al principio las gotas pequeñas cayeron conjugando el aroma reseco del suelo en el aire. Olía a tierra seca, que cambia de olor a fresca y a esencia de pino. El trepidar del agua produjo una orgía de olor intercambiante, alternaban a ráfagas su intensidad, para hacer sentir cada trozo de vida de aquel maravilloso bosque, donde las feas hojas desteñidas destilaban bajo el golpeteo del agua su esencia más pura y primitiva.

Parecía que toda la flora salvaje se hubiera conjurado en aquel momento para hacer un sabroso té de hojas, corteza, tierra y flores. Era embriagador, absorber ese preciado aroma sutil y pesado a la vez, puro, embebedor, frutal, teñido en esencia de romero, lavanda, tomillo, laurel y clavo. A Piedreta la transportaron a un concierto altisonante, mágico de ensoñación donde el vapor de las nubes absorbía la esencia como premio. Estaba tan concentrada en la orquesta de gotas que no fue consciente de la crecida del río, fue de nuevo la fuerte corriente la que transportó hasta el mar.

Quedó aturdida en el cambio de aguas. El mar era azul, hermoso, inmenso, intenso y bravo. Estuvo depositada en el fondo viendo a los peces curiosear, sin duda querían descubrir si era comestible. Estaba un poco aburrida de mirar los corales, de los meros de ojos saltones y bocas serias, cuando de repente vio una gran tortuga enredada en una red que le oprimía una aleta, dificultando su avance.
-Eh tú, puedo ayudarte, acércate-le gritó Piedreta desde el fondo-
-¿Cómo lo harás? Sólo eres una piedra...
-Ven y lo sabrás-le dijo algo molesta ante la soberbia respuesta, con ganas de olvidarla.

La tortuga de ojos tristes, se acercó poco convencida de que aquella piedra oscura pudiera hacer algo para liberarla. Piedreta de un salto, comenzó a cortar la red que la tenía retenida casi por completo. Al soltar su aleta derecha, comprobó que estaba herida. Se había hecho daño tratando de nadar con toda aquella malla. La curó con sus poderes mágicos y le pidió un favor. Debía llevarla hasta el lugar más próximo que tuviera Tierra.

Macuca que así se llamaba la tortuga verde, consintió cogiéndola en su boca la transportó a la arena de la playa donde iba a depositar sus huevos. Era desierta en una isla inhabitada, el lugar donde ella misma había nacido.

-Te daré protección para tus pequeñas, con mi poder nadie podrá saquear el nido y cuando las tortuguitas nazcan, tendrán el caparazón tan duro y de sabor tan malo, que todos los animales que traten de comerlas, las abandonaran por ser en exceso desagradables.-dijo a modo de sentencia final-
-Gracias Piedreta, nunca olvidaré lo que has hecho por mí y mis pequeñas, si alguna vez me necesitas...
-Tranquila, mi deber es ayudar a todos los animales, soy parte de la Gran Madre- respondió a modo de despedida y dicho esto prosiguió su viaje.

Se quedó en la arena de la playa maravillada por la intensidad del reflejo de los pequeños fragmentos de colores variados que allí se hallaban. De pronto, un Hada de las que inundan los cuentos se hizo presente para coger un cristal.

-Son mágicos, ¿sabes? Con ellos iluminamos nuestras varitas mágicas para que los niños puedan cumplir sus deseos.-le dijo con una voz dulce y clara-

-¡Ah!deben ser las famosas piedras preciosas; zafiro, esmeralda, turquesa, ambar, aguamarina, rubí, diamante...

-¡Nooo, paraaa! estos cristales son vulgares. Llegan aquí transportados por las aguas, al principio son picudos, pero las mareas y la erosión de la olas los redondean. Son residuos del Hombre, esta isla los dota de poder para conceder deseos. Si fueran cristales que tuvieran valor para el ojo que todo lo atesora y quiere, ya no estarían aquí, esta isla maravillosa no sería un lugar de retiro para las tortugas y las Hadas.

Piedreta quedó reflexiva ante la invención de la propia tierra volcánica, sin duda recibía órdenes directas de la Gran Madre, estaba en el camino adecuado. Recogió apuntes y de nuevo quiso marchar.

-Oye gaviota, si me llevas tendrás comida suficiente para abastecerte un año-le dijo a una voraz ave blanca que estaba degustando un gran pescado.

-¿Cómo lo harás?-preguntó burlona no creyendo ni una sola palabra.

-Prueba y verás. Cada vez que tengas hambre, un pez del mar saltará a tu boca en sacrificio a su deber, así durante un año.

-Vale, voy a probar...

Se dirigió a la orilla y dijo en voz alta “tengo hambre”. Al minuto, un salmonete gordo y sabroso, salió volando, en dirección a su boca, que lo engulló sin apenas saborearlo. Se volvió a mirar sorprendida y satisfecha,a Piedreta y simulando hacerle un favor muy costoso le dijo: “trato hecho, roca”.

Voló con la gaviota transportada en su pico. En el vuelo fue pensando en cómo le había crecido el corazón al prestar ayuda desinteresada a los animales, lo hizo por pura casualidad, salía del fondo de su sentimiento. Cuando llegaron a la ciudad, el ave se detuvo a refrescarse en una fuente. Allí pudo observar su cambiada forma. Ya no era tan estriada y cortante. Su forma era redonda, pulida y su color gris blanquecino. Aún le quedaban manchas moteadas, así que debía abordar su próxima misión. Esta vez sería en compañía del temido ser humano.

Cuando aún observaba su transformación pudo contemplar en ese instante que le crecían manos, brazos, pies y cabeza. Ahora sería un precioso niño rubio de ojos grandes azules como el cielo de verano y cara ovalada angelical. Sin duda, la Gran Madre del Saber, le había preparado para abordar su última aventura.

-Fin

martes, 2 de diciembre de 2014

Las aventuras de Piedreta

La montaña del silencio, la madre Gran Roca del Saber está habitada por las aves solitarias de ojos de color castaña, vivaces, depredadoras, guardianas de afiladas garras de acero. Allí en la soledad de las cumbre, llegan para anidar sus huevos que darán lugar a los polluelos. Ellas vigilan con atención cualquier movimiento hacia la cumbre, su deber es abordar todo intento de intrusión por parte de cualquier ser viviente. Allí sólo tiene permiso para morar las audaces rapaces.

Hay un trozo inquieto de la gran roca madre, con deseo ingobernable por desprenderse. Se llama Piedreta, soñó que debía viajar por el mundo y regresar con información más clara de la que les llega a través de los ojos escrutadores de las aves rapaces. Éstas, tratan de advertir de un peligro pero no saben explicar de que se trata.

Su madre, la Gran Roca del Saber está preocupada, también necesita saber porqué los mares están tan embravecidos y los vientos tan virulentos. Las rocas, le susurran conjeturas oscuras, alarmantes que le crean desasosiego, dicen que seguir así pronto el mar la engullirá sin importarle la altura que tiene sobre el mundo de ahí abajo. Ella es la que debe proteger la vida, le fue encomendada desde los primitivos tiempos esa labor y no puede desoír las palabras sin asegurarse de que no existe un peligro. La flora y la fauna esta sufriendo estragos en la mano del Hombre. Los elementos naturales ya no la obedecen y actúan desordenadamente para castigar al que todo cree que es de su propiedad.

La lluvia azota con rabia e inunda ciudades con ríos caudalosos, ennegrecidos por la cantidad de cosas que arrastran. Perecen muchos animales y los árboles son arrancados de puro cuajo, para que dejen de proteger con sus sombras y frutos.

Las ráfagas de viento huracanado arrastran tras de si lo poco que queda en pie. El mar está molesto porque todo la inmundicia y desperdicios que arrancaron de su lugar elementos llegan a sus aguas en un caudal estrepitoso de lodo y mugre oscura generada por la destrucción. Indignada devuelve los deshechos de miles de cosas en una gran ola, que todo lo cubre y devora, para mayor devastación.

Estas voces de hechos que ocurren son las que narran las aves, dicen que son ciertas ya que otras aves de paso les comunicaron estas noticias antes de morir tras ser cazadas.

Piedreta es color gris ceniza, afilada, de puntas cortantes del tamaño de dos huevos . Va a recibir la orden de la gran madre “debe rodar por mundo hasta que sus picos se vuelvan redondos y sea una piedra de menor tamaño, lisa, fina y agradable”. Mientras tanto, debe acumular datos de lo que ocurre tan lejos de la cumbre donde sólo llega el viento, la lluvia, el sol y las rapaces. Su misión es conocer al hombre y traer mensajes claros de lo que sucede en el mundo.

En el día señalado el treinta y uno de agosto estalla una gran tormenta. Un rayo alcanza a la gran roca y Piedreta termina de desprenderse. Va rodando sola a través de la ladera escarpada de la montaña. Se da cuenta de la altitud en la que se hallaba por el tiempo que transcurre hasta que llega al suelo. Cae cerca del río, pronto las aguas suben de nivel y es engullida por la fuerte corriente que la transporta hasta el valle. Allí se queda, en una orilla temerosa, quieta a la espera de poder observar los seres que allí habitan y recopilar datos.

Los primeros en llegar son las cabras y ovejas de un pastor que acuden a beber. Piedreta se queda pasmada ante la belleza de los ojos color miel y avellana de los animales. Sus cuerpos son peludos unos y con cuernos otros, emiten un sonido peculiar “beee”. Cuando el pastor descubre la presencia de la roca afilada tan diferente a las otras piedras, piensa que procede de la gran montaña, sonríe por su suerte. Está seguro de que debe tener poderes especiales y le traerá suerte. Pero la aventurera Piedreta no le va a permitir estar bajo la tutela de un ser tosco de voz desagradable. Así que justo en el momento en que pretende guardarla en el zurrón, le da un bocado. Asustado, retrocede mirándola de hito en hito, sin duda es una roca maldita. Así que se aleja lo más rápido que puede, dejándola descansando sobre un lecho de hierba verde mojada.

Aliviada respira, sin duda es un hombre de poco conocimiento que se asusta con facilidad ante hechos sin explicación. Al cabo de un rato ve como un ejército de hormigas lleva a un escarabajo diseccionado a su hormiguero. Las laboriosas transportan las patas, trozos de coraza y demás partes a la colonia, su objetivo es aumentar las reservas para el invierno. También observa el trajinar de las abejas, de flor en flor. Y los insectos voladores que pasan rápidos en busca de alimento. Queda maravillada por la belleza y colorido espectacular de las mariposas.

Al caer la noche, escucha el aullar de la manada de lobos. Es tan aterrador el sonido de las gargantas de los feroces animales, que aún siendo piedra, siente auténtico pánico de encontrarse con ellos. Por la mañana un niño alegre, divertido y jovial la encuentra. Le atrae por su forma afilada, ideal para lo que la necesita. La usará para partir las deliciosas almendras del campo que están listas para comer

-Que bien parte esta piedra las cáscaras duras de las almendras, es genial-exclama el niño en voz alta- me la llevaré para usarla luego, será mi piedra...¡Ay, que daño! ¿Por qué me has picado piedra? Vah, es una piedra estúpida, no vales para nada.

Y dicho esto, enfurecido por la defensa de Piedrecita que sintiéndose molesta le picó por tener trozos de almendra dulce por todo su cuerpo, la arrojó lejos viéndola caer en el centro del río.

Al chocar en el agua se hunde al instante, siendo depositada en el lecho de las aguas cristalinas. Para infundirse valor, cree que ha sido ayudada por la gran madre. Pronto recobra la serenidad, limpia y con la energía renovada para retomar su viaje. La corriente es fuerte, por lo que se deja llevar rodando hacia abajo. De vez en cuando, mira hacia arriba para observar a los peces y a las increíbles plantas que crecen en el fondo. Encuentra a los peces muy graciosos, con los ojos grandes y la boca siempre abierta. Muchos la observan tratando de descubrir si es comestible, pero tras un par de vueltas desisten, debe ser muy dura.

Hasta que un ser grande, peludo de ojos saltones la coge. Es muy nervioso y juguetón. La pone sobre su barriga y la usa para abrir los caparazones duros de los cangrejos de río. De nuevo se siente molesta, pero este animal tiene la piel dura y no siente su picotazo. Tras terminar la comida, la lava y la lleva consigo a su refugio en el dique. Piedreta puede observar a la camada de la madre castor y le divierte ver como juegan y se dan cariño, es una hermosa familia. En un descuido, da un bote y sin que lo noten desaparece de nuevo en las aguas.

Transcurren los días y termina conociendo a todos los seres del río. Las ranas le parecen muy divertidas con sus lenguas rápidas y atentas a cualquier presa. Los sapos, gordos y verrugosos, los encuentra también peculiares. Las libélulas la fascinan, como la depredadora mantis que devora primero la cabeza de su presa.

Guarda el mensaje, apunta a modo de conclusión el viaje a través del río :” Los seres del río son maravillosos, deben ser protegidos . De momento ha tenido pocos encuentros con el Hombre y lo encuentro egoísta. He descubierto que existe el amor entre los mamíferos, los castores son un ejemplo de ello. Son seres amorosos, sociables, cariñosos y saben actuar en equipo, ayudándose sin crear conflicto. Los tomo de ejemplo .”



El hermoso corazón de Coquita



El hermoso corazón de Coquita


Coquita estaba ansiosa y feliz. Dentro de poco sería de nuevo Navidad. A sus setenta y ocho años aún tejía bufandas y peucos para los niños. Una enorme sonrisa se le dibujaba en el rostro cada vez que llegaba un nuevo niño al barrio. 

Desde la distancia, comenzaba a observarlo haciendo conjeturas sobre el tamaño de sus pies y altura. Pronto ese infante, disfrutaría de un preciosa bufanda de lana y unos peucos divertidos de colores alegres,calentitos y suaves para las noches de invierno. Tenía por costumbre elaborar los regalos durante todo el año para que cuando llegara la Nochebuena los tuviera terminados.


Su gato Lolo tranquilo, perezoso y travieso la vigilaba, de penetrantes ojos azul turquesa, simulaba dormir placidamente en el sofá, fingía, en esperaba de cualquier descuido de su ama para abalanzarse sobre su mecedora y enredar las madejas de hilos de lana. Se lo pasaba en grande en los pequeños momentos donde conseguía hacer rodar y enredar todas las madejas, era un auténtico desastre el que dejaba tras su paso. luego corría entre maullidos lastimeros para evitar que la anciana prosiguiera una persecución plumero en mano, para darle un escarmiento por sus repetidas travesuras. También él disfrutaba de una mantita de colores con la que cada noche Coquita le cubría para que no pasara frío.

Doña Roquita, también era una flel devota de los ovillos de lana. La ratona recogía con mucha cautela los pequeños trozos sobrantes que caían al suelo al terminar de tejer alguna pieza. Luego los llevaba a su ratonera e imitaba a la dueña de la casa tejiendo con mucho amor gorritos para su nueva camada de ratoncitos. Ese invierno dormirían todos muy calentitos.
Así transcurrían los días en aquel hogar de armoniosa paz. Hasta que le llegó una carta. Al abrirla la anciana sufrió un dolor en su corazón. Se le acababa de agarrotar el latido y tuvo que dejarla e ir a beber agua mientras su mente, trataba de imaginar lo que sucedería a partir del aquel instante. La carta decía lo siguiente: " Por motivo de no haber cubierto la deuda del préstamo hipotecario vamos a ejecutar el desahucio". Que tristeza a su edad, quedarse sin hogar. Recordaba que su marido sacó un dinero para reformar la casa antes de morir pero no sabía que aquel dinero aún no se había terminado de pagar. En el banco la agobiaron, no le dieron soluciones más bien todo lo contrario. Debía marcharse a final de mes.

Con mucha ansiedad quiso retomar la serenidad de sus días, pero era imposible, aquel hecho la había sumido en una profunda tristeza. Los padres de los niños supieron pronto de la desgracia de aquella anciana. Ella siempre había sido buena y generosa con todos y no se merecía que por confiada se aprovecharan de ella. Así que decidieron ayudarla. Hicieron una colecta en el barrio, sorteos y rifas. Si esto no fue suficiente compraron décimos de loteria para recaudar más fondos. Casi consiguieron reunir la cantidad de la deuda, pero el banco, deseoso de apoderarse de la propiedad, no quiso aceptar el pago en el último momento. El plazo para poder liquidar la deuda había expirado. Debía marcharse.

Coquita vivió con mucho alivio la actuación de los vecinos, casi se sentía salvada a pesar de saber que no habían conseguido nada. Cuando llegó Nochebuena, como era costumbre todas las mamás y papás acudieron a su casa a recibir los regalos de esa noche tan especial.
Uno a uno todos fueron pasando, regalándole la hermosa sonrisa del niño ilusionado, maravillado, a cambio de su paquetito de Navidad. Entre los más pequeños, envolvía también dulces de chocolate y gominolas.

Era casi mediodía cuando escuchó el primer premio de Lotería. Coquita había comparado diez décimos y había hecho participaciones para todos los padres, que debido a la crisis económica muchos se hallaban sin trabajo y algunos en una situación tan desesperada como la suya.

Escuchó la preciosa voz de la niña, debía tener diez años 26,555 una y otra vez repetía el número llena de alegría por haber sido capaz de cantar el primer premio.
En ese momento, dejó su labor de recibir a los niños y fue a comprobar con sus ojos que no estaba equivocada. Era el número. Había comprado la serie entera y todo el barrio recibiría el premio. Fue tanta la inmensa emoción, que tuvo que sentarse y ser atendida por las mamás para que no le diera algo.

Su casa estuvo todo el día llena de gente. Pronto hasta las cámaras de televisión se hicieron eco de la noticia. Era maravilloso. Cuando llegó la noche, con el ánimo más calmado se reunió con su gato Lolo, de nuevo se sirvió su lata de paté de atún supremo y éste festejó con maullidos la satisfacción que sentía por el premio.

Coquita se sentó en el sofá, puso su ópera preferida y se durmió, ajena al futuro y a lo que sucedería con una dulce sonrisa abandonó este mundo, en la más infinita sensación de paz y felicidad. Por cierto, ella no se quedó ninguna participación del número, al fin había comprendido que ya no la necesitaba.
-Fin-


jueves, 13 de noviembre de 2014

El ratón y la Luna




Federico es un ratón menudo de color gris y avellana, cara alargada, ojos dulces, grandes, observadores donde las preguntas se crean en un instante, las trasmite al intelecto y la boca las arroja con la intención de averiguar la posible respuesta al enigma. Su mente es un torbellino de querer descubrir todo, por las noches mira por la ventana a la Luna,mientras los demás duermen. La ve esplendorosa, hermosa y de un brillo oscilante entre el blanco de un diente afilado, el amarillo claro o el ocre amarillento, anaranjado.

Le gusta imaginar que es un queso devorado por muchos ratones y luego vuelve a emerger renovado. Toda ella es un queso mágico; fresco y blanco, semi curado cuando es amarillo sol y curado cuando es arruga vieja y amarillenta, llena de agujeros.

Un día su amigo Luck, trata de sacarle de su error, la Luna es un satélite que oscila en torno a la Tierra por la que es atraída, refleja la luz del Sol, recuerda que la maestra Lili lo dijo en clase de geografía, pero él siempre ausente, estaría dibujando la aventura de su viaje. En las viñetas se veía que una vez allí se daba un tremendo atracón de queso, cortaba trozos gigantescos que lanzaba al espacio, con la esperanza de que aterrizasen en la Tierra y fuera fácil su localización, con lo que esperaba sacar, tendría para años.

En las tardes de invierno, de regreso a casa, es visible en el cielo antes de anochecer .Federico ensimismado mira hacia arriba y grita “ Luna bonita, baja chiquita, te daré un bocado pequeñín, sólo así...” Sonríe juguetón mostrándolo los dedos muy juntos para que parezca que el bocado será imperceptible en su inmensidad, con la ilusión de convencerla, pero ella parece elevarse cada vez más. Entonces, desesperado recorre el campo, sube la montaña y desde el pico más alto, salta, cayendo por la ladera y haciéndose daño al rodar. Frustrado, lleno de polvo y dolorido, se levanta con los ojos entristecidos, se da por vencido, ya que es imposible alcanzarla. Regresa a casa cabizbajo, no sabe como llegar allí alto.

Una noche, sueña que está en la escuela y la maestra le pregunta que quiere ser de mayor. ”conquistador del queso, quiero saborear un trocito ”, ella se ríe por la ocurrencia y le responde “ menudo sueño el tuyo pues si tantas ganas tienes de ir a la Luna móntate en un cohete y viaja...”

En el sueño trata de retener la idea, de no perder la revelación tan importante. Aquí le llegó la primera noticia de la existencia de viajes a la Luna. Si hubiera estado más atento en lugar de soñar, podría haber encontrado la solución. Sin dudar, a la mañana siguiente envuelve el cepillo de dientes, un jersey de muda en un hatillo y lo ata al extremo superior de un palo. Ahora recorrerá el camino que le lleve al lugar donde despegan los cohetes.

Preguntó en muchos lugares, a veces fue acogido para pernoctar en una casita de ratones amables, pero otras al escuchar el motivo de su viaje, lo tomaron por tonto y no le dejaron más que tomar un trozo de queso y pan, a modo de ayuda pero con la obligación inmediata de marcharse. Muchas aventuras arriesgadas tuvo que vivir el ratón Federico antes de llegar.

El solitario sitio donde despegaban los cohetes era feo, triste y sin vida. Se hallaba en mitad de la nada, parecía que allí el mundo había dejado de brillar. No había árboles, ni montañas, ni habitantes, sólo la arena dura y la roca de una zona muerta abandonada del planeta. Mal augurio pensó, pero no había llegado tan lejos para rendirse ahora.

Observó unas cuantas noches haciendo seguimiento de la nave que sería lanzada al espacio, había llegado a tiempo. Cuando por fin se coló en un cohete espacial que iba a viajar a la Luna, empezó a intuir que quizás se había equivocado. No estaba preparado para ese despegue. Sintió como la piel de la cara se le echaba para atrás y los dientes se apretaban, temblaba todo su cuerpecito por la velocidad con la que se dirigía al espacio. Al fin, tras mucho sufrimiento y miedo, aterrizó en el objetivo. Al salir del cohete ansioso, con el ímpetu de querer verlo todo, cayó en un cráter del que tuvo que salir votando, miró aquel lugar gris y oscuro, intentando descubrir un pequeño trozo, aunque fuera pequeño, pero no se divisaba ni un ápice de queso. No existía el delicioso olor, no había textura, variedades, colores que desde la Tierra pudo imaginar. Todo había sido un sueño.

Cuando regresó todos los ratones quisieron saber de que sabor era el queso de la Luna, también si les había traído un trozo para probarlo. Él, enamorado de su sueño aún no quiso alejarlo y fingió que se había dado un tremendo atracón pero que la Luna le pidió que no revelara el secreto, ya que entonces desaparecería del Cielo porque podría ser atacada por cientos de ratones, sino miles. Había que cuidarla porque no era infinita y tampoco podía crecer.

Cuando los ratones le pedían que repitiera la historia una y otra vez de su viaje, les hablaba del delicioso sabor del queso y lo bien que había disfrutado en aquel lugar, pero les advertía que había tenido que recorrer medio mundo para comer de un queso que no era superior al que tenían allí sin tener que hacer tanto esfuerzo.

-Entonces Federico, si el queso que tenemos aquí es mejor ¿para qué viajaste a la Luna, tan lejos? Por lo que cuentas pasaste muchas calamidades...-preguntó un pequeño ratón pensativo-

-Para poder contar que el mejor queso se haya en este lugar, sino no lo habría sabido nunca ¿ no crees?

El pequeño ratón puso su dedo indice debajo de su barbilla, meditando la respuesta de Federico, le estaba pareciendo un ratón torpe, con lo fácil que hubiera sido destapar el plato y saborear el delicioso queso que tenían...

Moraleja: Cuando persigas un sueño, no le des una realidad diferente a lo que es, por si pasas media vida tras él y luego descubres que lo que perseguías lo tuviste siempre al alcance de tus manos, pero no lo veías porque querías el brillo ilusorio de otra ensoñación más maravillosa. 
Autora@MaiteAlbarran

martes, 11 de noviembre de 2014

Rosácea aurora


Rosacéa Aurora




La reina Aurora
se preparó
desde el Cielo
abrió la boca
para suspirar
un húmedo beso
a las nubes flamencas
tejieron con amor
un manto de
pelo de Luna
para la reina
del ciempiés.

Con rosas
vistió la cuna
su mano blanca
rozó la cabeza
de la bella reina
Isabel
nació en su aurora
protegida de su querer.

Subida en carro
se alejó
tiraba de el la
cuadriga caballos
vencida por
el oro naciente.




Autor-@- MaiteAlbarrán

miércoles, 5 de noviembre de 2014

La fuga de Do




Isaías iba por las tardes al auditorio, la entrada era gratuita, con motivo de la celebración de la semana de la Música. Desde el principio, sintió admiración hacia la letra Do, le recorría un escalofrío cada vez que sonaba con intensidad en las partituras. Tanto sentimiento le despertaba que el último día, le gritó: “Do, eres mi favorita nunca te olvidaré” con lágrimas en los ojos por la emoción, se despidió dándole la mano a mamá, que orgullosa asistía a aquella demostración de amor tan inusual.

La nota se conmovió en su interior ante el afecto sincero de aquel niño. Se había mostrado silencioso y atento, lo sabía porque se sentaba en las primeras filas. Lo había oído vitorear en varias ocasiones, siendo regañado por los mayores que lo obligaron a guardar silencio. Parecían ser los únicos que tenían tiempo para disfrutar de aquellas tardes de música nostálgicas del mes de octubre.

Cuando dejaron de tocar los músicos, las partituras del repertorio volvieron a ser guardadas en las carpetas, Do de forma impulsiva , emprendió la huida y de un salto consiguió saltar a tiempo y ver como se cerraba el enorme volumen. Se había decidido a ir en busca de aquel niño. No soportaba estar oculta de nuevo durante mucho tiempo. Pocas veces tenía el gusto de recibir un público como el de aquella semana.

Los conciertos en directo se celebraban en pocas ocasiones y la gente que asistía, lo hacía sin tener verdadero interés por la música. Más bien utilizaban el evento para exhibir una situación económica que le permitía tener un atuendo de joyas y trajes elegantes. Únicos en su diseño y al alcance de muy pocos.

Do estaba aburrido de escuchar aquellas conversaciones frías y vanas. Necesitaba volver a oír la risa de los niños espontánea y alegre, ver la vida desarrollarse sin formulismos. No sabía lo que le esperaba fuera. Cuando llegó a la calle tuvo miedo ¿hacia donde iría? Se estaba arrepintiendo, de repente vio a aquel niño a pocos metros de la mano de su madre.

Isaías al ver a Do en mitad de la acera corrió en su busca y disimuladamente la guardó en su mochila. Mamá le preguntó porque había regresado a la entrada del auditorio y el le dijo que había visto un soldadito de plástico que se le había perdido.

Al llegar a casa fue a su habitación. Necesitaba ver que Do seguía allí y no era un sueño. Cuando abrió la mochila la nota no dudó en salir con gran energía, no quería estar de nuevo escondida en un lugar oscuro.

-Hola Do, que valiente eres por salir del concierto y venirte conmigo. Soy muy feliz.
-Hola niño. La verdad es que ha sido una locura, no sé si las otras notas volverán a entonar una melodía sin mí. He de regresar...
-¡Oh, espera un poco! Podemos jugar, yo te enseñaré canciones y estarás contenta.
-A ver ¿que sabes?
-Ummm... Al corro de la patata, comeremos ensalada...
-No sigas, no es mi estilo, mejor no cantes.
-Vale.
-Se me ha ocurrido un plan. Escribiré una carta exigiendo unas condiciones para regresar, tú tendrás que llevarla al Palacio de la Música para que sepan que ya no estoy. Me he revelado y no podrán tener más música.
-De acuerdo, mientras tanto jugaremos ¡Do!

Al día siguiente todos los conciertos de música fueron suspendidos. Las notas sonaban descontroladas porque cuando le tocaba a Do, no sonaba. Había roto el orden preestablecido. Los músicos revisaron las partituras y con sorpresa, descubrieron que la nota Do ya no estaba escrita en las sinfonías. Cuando llegó la carta al director leyó lo que Do había escrito, no pudo más que quedarse atónito. Decía así:

Exigencias de Do para regresar a la música

Como habréis podido comprobar me he marchado. La causa ha sido el aburrimiento porque no tenemos conciertos de música donde exhibir nuestro talento en manos de los músicos que nos adoran. Los niños necesitan emocionarse con las notas musicales, disfrutarlas para crecer como adultos sensibles. Exijo por tanto para regresar, que se establezcan unos conciertos mensuales para que todos podamos tener lugar, para desarrollar la melodía más tierna, repleta de alegría y belleza”

Al terminar la carta, se quitó las gafas miró a Isaías escrutando cada detalle de aquel niño que no sabía si le estaba tomando el pelo o de verdad sabía donde estaba Do. Tras unos instantes de silencio en los que meditó que palabras utilizar, le dijo que si Do regresaba harían lo posible por que aquellos conciertos se celebraran.

Do, que estaba detrás de la oreja de Isaías, lo escuchó pero no le inspiró confianza suficiente la declaración del director. Así que susurró al niño que lo pidiera por escrito el compromiso.

-Oh bueno pequeño Isaías, se ve que eres un niño muy especial, con un poder extraordinario para atraer la sensibilidad de la música y sus notas, yo quisiera dártelo por escrito pero necesito autorización de otros supervisores, pero no debes preocuparte, Do, tendrá sus conciertos.

-Bueno, señor director Do dice que no hay trato.

Tras pronunciar estas palabras con una sonrisa amable, iba a marcharse cuando de nuevo el director le detuvo con la concesión inmediata a su petición. Mientras redactaba el contrato, Do permanecía muy atenta observando las palabras que escribía en aquella hoja de papel. Tras terminar, Isaías le pidió que abriera una partitura de música para que las otras letras le pudieran escuchar.

“Yo el mando supremo del Palacio de la Música, me comprometo a hacer conciertos de música gratuitos que se darán en el auditorio hasta completar el aforo, todos los meses. A él asistirán los niños de los colegios, institutos y todo aquel que sea un amante de este género. “

Tras la lectura, Do de un salto se metió en la partitura musical. Las otras notas estaban excitadas por la hazaña de Do, se abrazaron y besaron rebosantes de felicidad, para celebrar su triunfo, al fin podrían sonar en los instrumentos de los músicos.

Isaías iba a marcharse cuando Do le llamó para darle una recomendación de afecto.
-No me olvides Isaías, eres un niño maravilloso. Pero mi lugar está con las otras notas que componen la sinfonías. Si me quedo contigo, la tristeza lo invadiría todo. Yo necesito sonar ¿lo entiendes, verdad?
-Sí, Do te quiero. -le respondió afirmando con la cabeza y lleno de lágrimas de desconsuelo por la inminente despedida.
-Podrás venir a verme a los conciertos, recuerda, no debes estar triste.
-Lo haré Do, para que siempre estemos unidos cuando sea mayor, seré músico. Compondré melodías llenas de ti. Te adoro y tocaré el xilófono, violín y …
-Ja,ja,ja... eres un amante de la música. Ha sido un placer encontrarte. Debo irme...
-¡Adiós Do! Nos veremos pronto.

Y así fue como los conciertos se desarrollaron todos los meses en el Palacio de la Música para alegría de todos, porque por fin un lugar tan maravilloso se llenaba de sonido en lugar de silencio. Había muchos días de apertura con un aforo total. Porque gracias a la idea de Do, cada vez había más aficionados a ella y no dudaban en adquirir entradas, porque la música se había convertido en parte de necesaria en sus vidas.

-Fin-
Autora@MaiteAlbarrán


martes, 4 de noviembre de 2014

La tortuga Trinidad

La tortuga Trinidad está triste. Se encuentra muy sola y deprimida, cada vez que intenta algo parece que la mala suerte la persigue y termina arruinando todos sus propósitos. Quiere aprender inglés, le han dicho que si sabe idiomas podrá viajar e ir más lejos. Está muy ilusionada con la idea de ir a otros sitios. Fue a matricularse a la escuela de idiomas pero le dijeron que no quedaban plazas.

-¡Vaya, ahora que se me ocurre aprender inglés voy y no hay plazas! Pues ya no quiero aprender idiomas, total para qué, seguro que cuando vaya a otro lugar sigue siendo lo mismo...

-¡Trinidad, no desistas tan pronto! Puedes aprender desde casa, seguir las cintas o ver películas! No deberías rendirte tan rápido.-le contestó Rita la cocinera, que acababa de servirle una sopa de verduras con un agradable aroma-

-Si total la mala suerte me persigue para qué voy a esforzarme, seguiré aquí y ya está.

-¿Por qué dices que te persigue la mala suerte?¿Qué te pasó?-quiso saber su amiga que la conocía desde hacía una semana.

-Verás, siempre que quiero algo, no logro alcanzarlo. Te pondré ejemplos. Cuando era pequeña, quise ser una tortuga de agua y viajar por el mundo, pero no lo conseguí, cuando entraba en el agua me hundía. Otras tortugas nadaban sin dificultad y pronto se marcharon muy lejos.

-¡Ah, ya veo, comienzo a entender! Cuéntame más cosas-la animó con curiosidad detectivesca para ir conociendo un poco mejor su carácter.

-Luego quise ser corredora, me compré unas buenas zapatillas e iba a entrenar todos los días, así hasta la gran carrera que se disputó antes de llegar la primavera. Me sentía muy orgullosa de mi preparación e iba de las primeras, pero me ganaron. Así que tuve que abandonar, de nuevo la mala suerte ¿sabes?

-Sigue, esto se pone interesante-le dijo inquieta-

-Eso no fue lo peor, cuando quise ir a la universidad no pasé la prueba de acceso, por medio punto ¡qué injusto! Así que tuve que dedicarme a trabajar en algo que no quería, pero me aceptaron. Claro que podría haber buscado un empleo diferente siendo más joven, pero tuve miedo de perder el que tenía...

-Ammmm... claro la mala suerte que te persigue ¿verdad? -concluyó Rita a modo de desenlace-No es necesario que sigas narrándome más historias Trinidad lo único que te ha faltado es tener perseverancia y confianza en ti misma.

-¿Cómo dices? Yo lo intenté y fallé, no fue culpa mía...
-Mira te lo explicaré con algo que vas a entender. Cuando quisiste ser nadadora, yo estaba allí como tú intentando aprender. Te observé porque veía que cada vez que tragabas agua, salías y te sentabas sobre una roca, negándote a continuar. Ahora lo recuerdo, entonces éramos muy jóvenes.

-Bueno... sí, pero es que lo pasaba muy mal.

-Las otras tortugas también tragaban agua, pero tenían una meta bien definida: querían ser nadadoras costase lo que costase, no iban a rendirse. Yo era una de ellas.

-¡Oh, vaya! ¡Qué fuerza de voluntad y constancia! Yo pensaba que les era fácil, por eso sonreían y seguían sin importarles los atragantamientos.

-Trinidad la vida es un lugar donde muchas cosas nos salen mal. Hay que aceptarlo y no rendirse, buscar alternativas, saber escoger la que más conveniente para el momento que vivimos. La mala suerte, no existe. Todo se reduce a malas elecciones, así torcemos el camino que nos lleva a nuestra felicidad. Fallamos porque elegimos mal o no vemos en que nos equivocamos, eso es todo.

-Ammmmm... voy comprendiendo. ¿Qué hiciste tú para tener buena suerte, entonces?-preguntó con cierta envidia y un poco apabullada por la lucidez del descubrimiento.

-Intenté muchas cosas como tú. Unas me salieron bien, otras no. Como cuando decidí hacer la travesía por el mar abierto y fui atacada por un tiburón. Se comió una de mis aletas, la derecha y mordisqueó mi caparazón. Mira mis cicatrices. Tuve suerte de sobrevivir, seguí nadando hasta la orilla, tenía ganas de abandonar porque me encontraba muy mal, pero me centré en llegar y llegué.

¡Qué horrible sensación tuviste que vivir! Y sin embargo te salvaste-reflexionó aquel hecho tratando de encontrar de nuevo la mala suerte.

-Al regresar a casa mutilada, no quisieron admitirme en el curso de cocina. Pero me puse tan pesada que terminaron por matricularme, desmonté todas sus excusas formales. Me esforcé tanto que al final, tuvieron que darme el título de cocinera. Encontrar empleo con una patita de menos, fue aún más difícil, pero alguien quiso darme una oportunidad, probó mi comida y mira aquí estoy, cada día dándote de comer en este fabuloso restaurante.

-Tienes razón. Tuviste mala suerte pero lo cambiaste ¿es así como debo pensar?

-Te felicito. ¡Esa es la respuesta, amiga! ¡bravo, bravo! Así lo conseguirás...

-Claro que sí, ahora mismo voy a ver películas en inglés y estaré pendiente de que se vuelvan a abrir plazas, incluso puede ser que haya alguien que renuncie porque no le gusta...

Ambas amigas, se miraron a los ojos con franqueza y sonrientes sorbieron café. Trinidad parecía diferente como si alguien la hubiera llevado la nube oscura que llovía sobre ella dejándola imponente para desarrollar cualquier plan. Ahora todo lo veía con claridad.

-Fin-
Autora@MaiteAlbarrán