martes, 2 de diciembre de 2014

Las aventuras de Piedreta

La montaña del silencio, la madre Gran Roca del Saber está habitada por las aves solitarias de ojos de color castaña, vivaces, depredadoras, guardianas de afiladas garras de acero. Allí en la soledad de las cumbre, llegan para anidar sus huevos que darán lugar a los polluelos. Ellas vigilan con atención cualquier movimiento hacia la cumbre, su deber es abordar todo intento de intrusión por parte de cualquier ser viviente. Allí sólo tiene permiso para morar las audaces rapaces.

Hay un trozo inquieto de la gran roca madre, con deseo ingobernable por desprenderse. Se llama Piedreta, soñó que debía viajar por el mundo y regresar con información más clara de la que les llega a través de los ojos escrutadores de las aves rapaces. Éstas, tratan de advertir de un peligro pero no saben explicar de que se trata.

Su madre, la Gran Roca del Saber está preocupada, también necesita saber porqué los mares están tan embravecidos y los vientos tan virulentos. Las rocas, le susurran conjeturas oscuras, alarmantes que le crean desasosiego, dicen que seguir así pronto el mar la engullirá sin importarle la altura que tiene sobre el mundo de ahí abajo. Ella es la que debe proteger la vida, le fue encomendada desde los primitivos tiempos esa labor y no puede desoír las palabras sin asegurarse de que no existe un peligro. La flora y la fauna esta sufriendo estragos en la mano del Hombre. Los elementos naturales ya no la obedecen y actúan desordenadamente para castigar al que todo cree que es de su propiedad.

La lluvia azota con rabia e inunda ciudades con ríos caudalosos, ennegrecidos por la cantidad de cosas que arrastran. Perecen muchos animales y los árboles son arrancados de puro cuajo, para que dejen de proteger con sus sombras y frutos.

Las ráfagas de viento huracanado arrastran tras de si lo poco que queda en pie. El mar está molesto porque todo la inmundicia y desperdicios que arrancaron de su lugar elementos llegan a sus aguas en un caudal estrepitoso de lodo y mugre oscura generada por la destrucción. Indignada devuelve los deshechos de miles de cosas en una gran ola, que todo lo cubre y devora, para mayor devastación.

Estas voces de hechos que ocurren son las que narran las aves, dicen que son ciertas ya que otras aves de paso les comunicaron estas noticias antes de morir tras ser cazadas.

Piedreta es color gris ceniza, afilada, de puntas cortantes del tamaño de dos huevos . Va a recibir la orden de la gran madre “debe rodar por mundo hasta que sus picos se vuelvan redondos y sea una piedra de menor tamaño, lisa, fina y agradable”. Mientras tanto, debe acumular datos de lo que ocurre tan lejos de la cumbre donde sólo llega el viento, la lluvia, el sol y las rapaces. Su misión es conocer al hombre y traer mensajes claros de lo que sucede en el mundo.

En el día señalado el treinta y uno de agosto estalla una gran tormenta. Un rayo alcanza a la gran roca y Piedreta termina de desprenderse. Va rodando sola a través de la ladera escarpada de la montaña. Se da cuenta de la altitud en la que se hallaba por el tiempo que transcurre hasta que llega al suelo. Cae cerca del río, pronto las aguas suben de nivel y es engullida por la fuerte corriente que la transporta hasta el valle. Allí se queda, en una orilla temerosa, quieta a la espera de poder observar los seres que allí habitan y recopilar datos.

Los primeros en llegar son las cabras y ovejas de un pastor que acuden a beber. Piedreta se queda pasmada ante la belleza de los ojos color miel y avellana de los animales. Sus cuerpos son peludos unos y con cuernos otros, emiten un sonido peculiar “beee”. Cuando el pastor descubre la presencia de la roca afilada tan diferente a las otras piedras, piensa que procede de la gran montaña, sonríe por su suerte. Está seguro de que debe tener poderes especiales y le traerá suerte. Pero la aventurera Piedreta no le va a permitir estar bajo la tutela de un ser tosco de voz desagradable. Así que justo en el momento en que pretende guardarla en el zurrón, le da un bocado. Asustado, retrocede mirándola de hito en hito, sin duda es una roca maldita. Así que se aleja lo más rápido que puede, dejándola descansando sobre un lecho de hierba verde mojada.

Aliviada respira, sin duda es un hombre de poco conocimiento que se asusta con facilidad ante hechos sin explicación. Al cabo de un rato ve como un ejército de hormigas lleva a un escarabajo diseccionado a su hormiguero. Las laboriosas transportan las patas, trozos de coraza y demás partes a la colonia, su objetivo es aumentar las reservas para el invierno. También observa el trajinar de las abejas, de flor en flor. Y los insectos voladores que pasan rápidos en busca de alimento. Queda maravillada por la belleza y colorido espectacular de las mariposas.

Al caer la noche, escucha el aullar de la manada de lobos. Es tan aterrador el sonido de las gargantas de los feroces animales, que aún siendo piedra, siente auténtico pánico de encontrarse con ellos. Por la mañana un niño alegre, divertido y jovial la encuentra. Le atrae por su forma afilada, ideal para lo que la necesita. La usará para partir las deliciosas almendras del campo que están listas para comer

-Que bien parte esta piedra las cáscaras duras de las almendras, es genial-exclama el niño en voz alta- me la llevaré para usarla luego, será mi piedra...¡Ay, que daño! ¿Por qué me has picado piedra? Vah, es una piedra estúpida, no vales para nada.

Y dicho esto, enfurecido por la defensa de Piedrecita que sintiéndose molesta le picó por tener trozos de almendra dulce por todo su cuerpo, la arrojó lejos viéndola caer en el centro del río.

Al chocar en el agua se hunde al instante, siendo depositada en el lecho de las aguas cristalinas. Para infundirse valor, cree que ha sido ayudada por la gran madre. Pronto recobra la serenidad, limpia y con la energía renovada para retomar su viaje. La corriente es fuerte, por lo que se deja llevar rodando hacia abajo. De vez en cuando, mira hacia arriba para observar a los peces y a las increíbles plantas que crecen en el fondo. Encuentra a los peces muy graciosos, con los ojos grandes y la boca siempre abierta. Muchos la observan tratando de descubrir si es comestible, pero tras un par de vueltas desisten, debe ser muy dura.

Hasta que un ser grande, peludo de ojos saltones la coge. Es muy nervioso y juguetón. La pone sobre su barriga y la usa para abrir los caparazones duros de los cangrejos de río. De nuevo se siente molesta, pero este animal tiene la piel dura y no siente su picotazo. Tras terminar la comida, la lava y la lleva consigo a su refugio en el dique. Piedreta puede observar a la camada de la madre castor y le divierte ver como juegan y se dan cariño, es una hermosa familia. En un descuido, da un bote y sin que lo noten desaparece de nuevo en las aguas.

Transcurren los días y termina conociendo a todos los seres del río. Las ranas le parecen muy divertidas con sus lenguas rápidas y atentas a cualquier presa. Los sapos, gordos y verrugosos, los encuentra también peculiares. Las libélulas la fascinan, como la depredadora mantis que devora primero la cabeza de su presa.

Guarda el mensaje, apunta a modo de conclusión el viaje a través del río :” Los seres del río son maravillosos, deben ser protegidos . De momento ha tenido pocos encuentros con el Hombre y lo encuentro egoísta. He descubierto que existe el amor entre los mamíferos, los castores son un ejemplo de ello. Son seres amorosos, sociables, cariñosos y saben actuar en equipo, ayudándose sin crear conflicto. Los tomo de ejemplo .”



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