La montaña del silencio, la madre Gran
Roca del Saber está habitada por las aves solitarias de ojos de
color castaña, vivaces, depredadoras, guardianas de afiladas garras
de acero. Allí en la soledad de las cumbre, llegan para anidar sus
huevos que darán lugar a los polluelos. Ellas vigilan con atención
cualquier movimiento hacia la cumbre, su deber es abordar todo
intento de intrusión por parte de cualquier ser viviente. Allí sólo
tiene permiso para morar las audaces rapaces.
Hay un trozo inquieto de la gran roca
madre, con deseo ingobernable por desprenderse. Se llama Piedreta,
soñó que debía viajar por el mundo y regresar con información
más clara de la que les llega a través de los ojos escrutadores de
las aves rapaces. Éstas, tratan de advertir de un peligro pero no
saben explicar de que se trata.
Su madre, la Gran Roca del Saber está
preocupada, también necesita saber porqué los mares están tan
embravecidos y los vientos tan virulentos. Las rocas, le susurran
conjeturas oscuras, alarmantes que le crean desasosiego, dicen que
seguir así pronto el mar la engullirá sin importarle la altura que
tiene sobre el mundo de ahí abajo. Ella es la que debe proteger la
vida, le fue encomendada desde los primitivos tiempos esa labor y no
puede desoír las palabras sin asegurarse de que no existe un
peligro. La flora y la fauna esta sufriendo estragos en la mano del
Hombre. Los elementos naturales ya no la obedecen y actúan
desordenadamente para castigar al que todo cree que es de su
propiedad.
La lluvia azota con rabia e inunda
ciudades con ríos caudalosos, ennegrecidos por la cantidad de cosas
que arrastran. Perecen muchos animales y los árboles son arrancados
de puro cuajo, para que dejen de proteger con sus sombras y frutos.
Las ráfagas de viento huracanado
arrastran tras de si lo poco que queda en pie. El mar está molesto
porque todo la inmundicia y desperdicios que arrancaron de su lugar
elementos llegan a sus aguas en un caudal estrepitoso de lodo y mugre
oscura generada por la destrucción. Indignada devuelve los
deshechos de miles de cosas en una gran ola, que todo lo cubre y
devora, para mayor devastación.
Estas voces de hechos que ocurren son
las que narran las aves, dicen que son ciertas ya que otras aves de
paso les comunicaron estas noticias antes de morir tras ser cazadas.
Piedreta es color gris ceniza,
afilada, de puntas cortantes del tamaño de dos huevos . Va a recibir
la orden de la gran madre “debe rodar por mundo hasta que sus picos
se vuelvan redondos y sea una piedra de menor tamaño, lisa, fina y
agradable”. Mientras tanto, debe acumular datos de lo que ocurre
tan lejos de la cumbre donde sólo llega el viento, la lluvia, el sol
y las rapaces. Su misión es conocer al hombre y traer mensajes
claros de lo que sucede en el mundo.
En el día señalado el treinta y uno
de agosto estalla una gran tormenta. Un rayo alcanza a la gran roca y
Piedreta termina de desprenderse. Va rodando sola a través de la
ladera escarpada de la montaña. Se da cuenta de la altitud en la que
se hallaba por el tiempo que transcurre hasta que llega al suelo. Cae
cerca del río, pronto las aguas suben de nivel y es engullida por la
fuerte corriente que la transporta hasta el valle. Allí se queda, en
una orilla temerosa, quieta a la espera de poder observar los seres
que allí habitan y recopilar datos.
Los primeros en llegar son las cabras y
ovejas de un pastor que acuden a beber. Piedreta se queda pasmada
ante la belleza de los ojos color miel y avellana de los animales.
Sus cuerpos son peludos unos y con cuernos otros, emiten un sonido
peculiar “beee”. Cuando el pastor descubre la presencia de la
roca afilada tan diferente a las otras piedras, piensa que procede
de la gran montaña, sonríe por su suerte. Está seguro de que debe
tener poderes especiales y le traerá suerte. Pero la aventurera
Piedreta no le va a permitir estar bajo la tutela de un ser tosco de
voz desagradable. Así que justo en el momento en que pretende
guardarla en el zurrón, le da un bocado. Asustado, retrocede
mirándola de hito en hito, sin duda es una roca maldita. Así que se
aleja lo más rápido que puede, dejándola descansando sobre un
lecho de hierba verde mojada.
Aliviada respira, sin duda es un
hombre de poco conocimiento que se asusta con facilidad ante hechos
sin explicación. Al cabo de un rato ve como un ejército de hormigas
lleva a un escarabajo diseccionado a su hormiguero. Las laboriosas
transportan las patas, trozos de coraza y demás partes a la colonia,
su objetivo es aumentar las reservas para el invierno. También
observa el trajinar de las abejas, de flor en flor. Y los insectos
voladores que pasan rápidos en busca de alimento. Queda maravillada
por la belleza y colorido espectacular de las mariposas.
Al caer la noche, escucha el aullar de
la manada de lobos. Es tan aterrador el sonido de las gargantas de
los feroces animales, que aún siendo piedra, siente auténtico
pánico de encontrarse con ellos. Por la mañana un niño alegre,
divertido y jovial la encuentra. Le atrae por su forma afilada, ideal
para lo que la necesita. La usará para partir las deliciosas
almendras del campo que están listas para comer
-Que bien parte esta piedra las
cáscaras duras de las almendras, es genial-exclama el niño en voz
alta- me la llevaré para usarla luego, será mi piedra...¡Ay, que
daño! ¿Por qué me has picado piedra? Vah, es una piedra estúpida,
no vales para nada.
Y dicho esto, enfurecido por la defensa
de Piedrecita que sintiéndose molesta le picó por tener trozos de
almendra dulce por todo su cuerpo, la arrojó lejos viéndola caer
en el centro del río.
Al chocar en el agua se hunde al
instante, siendo depositada en el lecho de las aguas cristalinas.
Para infundirse valor, cree que ha sido ayudada por la gran madre.
Pronto recobra la serenidad, limpia y con la energía renovada para
retomar su viaje. La corriente es fuerte, por lo que se deja llevar
rodando hacia abajo. De vez en cuando, mira hacia arriba para
observar a los peces y a las increíbles plantas que crecen en el
fondo. Encuentra a los peces muy graciosos, con los ojos grandes y
la boca siempre abierta. Muchos la observan tratando de descubrir si
es comestible, pero tras un par de vueltas desisten, debe ser muy
dura.
Hasta que un ser grande, peludo de ojos
saltones la coge. Es muy nervioso y juguetón. La pone sobre su
barriga y la usa para abrir los caparazones duros de los cangrejos de
río. De nuevo se siente molesta, pero este animal tiene la piel
dura y no siente su picotazo. Tras terminar la comida, la lava y la
lleva consigo a su refugio en el dique. Piedreta puede observar a la
camada de la madre castor y le divierte ver como juegan y se dan
cariño, es una hermosa familia. En un descuido, da un bote y sin que
lo noten desaparece de nuevo en las aguas.
Transcurren los días y termina
conociendo a todos los seres del río. Las ranas le parecen muy
divertidas con sus lenguas rápidas y atentas a cualquier presa. Los
sapos, gordos y verrugosos, los encuentra también peculiares. Las
libélulas la fascinan, como la depredadora mantis que devora primero
la cabeza de su presa.
Guarda el mensaje, apunta a modo de
conclusión el viaje a través del río :” Los seres del río son
maravillosos, deben ser protegidos . De momento ha tenido pocos
encuentros con el Hombre y lo encuentro egoísta. He descubierto que
existe el amor entre los mamíferos, los castores son un ejemplo de
ello. Son seres amorosos, sociables, cariñosos y saben actuar en
equipo, ayudándose sin crear conflicto. Los tomo de ejemplo .”

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