-Elena ¿qué haces?- preguntó Antonio a su mujer-
-Voy a hidratar mi piel con crema- respondió ella con una sonrisa picarona- Tú sigue mirando la tele, anda.
-Claro, ejem...¡estás como un tren !-soltó él a modo de halago-
-¡Antonio, déjame tranquila y mira tus western de siempre! ¡Vas a hacer que me vaya al baño!
Elena acaba de darse una ducha. La noche anterior había depilado sus piernas y cuerpo con su depilador eléctrico “braun silk-epil”, solían aparecerle pequeños granitos con este modo de depilación ya que el bello corporal se enquistaba continuamente, pero la deseada depilación definitiva láser estaba fuera de su presupuesto. Salió envuelta en una toalla y al entrar en la habitación la dejó caer sobre la cama, estaba completamente desnuda pero no sentía pudor de ser observada , buscó en el armario un envase de crema nutritiva y se dispuso a masajear generosamente su piel.
Era una mujer bella y natural , cualidad por la que Antonio no podía quitarle la vista de encima y eso que reconocía cada parte de su anatomía femenina , sus manos la habían recorrido explorándola sin que nunca se cansara de pasear por la piel tersa de su cuerpo.
-¡Antonio basta! Tienes que dejar de mirarme.
-Vale, ya no te veo, si pudieras ponerte delante del espejo y agacharte hasta los pies para frotar la pomada sobre tus tobillos te lo agradecería.
-¡Eres imposible, pero lo haré!-le soltó ella atónita pero obedeciendo a sus deseos, en el fondo lo estaba provocando para que la deseara-
Elena se detuvo frente al espejo, buscó en el reflejo a Antonio, seguía tumbado, mirándola con fervor con los ojos inyectados en su trasero. Estaba esperando que ella se agachara para frotar la crema por su piel en dirección a los tobillos. Al hacerlo abriría sus piernas lentamente y le mostrara todo su sexo.
Fue entonces cuando Antonio se arrastró con sigilo hasta el borde de la cama y besó la línea separatoria de sus musculadas nalgas introduciendo la punta de su lengua en ella, acariciando el coxis con sus dedos. Fue bajando su musculosa lengua como un proyectil atravesando toda su zona hacia la carne mullida de la pelvis, con tanta delicadeza y pasión que al terminar su recorrido escuchó:
-Vuelve a hacerlo, lo necesito que calor tengo.
Antonio con el pene endurecido por la erección, palpó con su mano el pantalón a la altura de su sexo para aliviar con la presión que sentía en aquella zona. Luego dirigió sus finas manos hacia el preciado botín, las nalgas , separándolas con firmeza para recibir la visión más directa posible del sexo húmedo de Elena. Observó caer lentamente el líquido vaginal como un río viscoso por sus ingles dirección al interior de sus muslos. Todo aquello lo había creado él con su lengüeteo sobre la zona. Era su obra de arte.
No había tiempo de más contemplaciones, comenzó su trabajo con maestría, Su cabeza subía y bajaba presionando con su lengua los órganos genitales. Lamiendo, empapando cada abertura. Elena jadeaba, él escuchaba atento su respiración entrecortada para saber si iba bien, no podía ver su cara, se hallaba entre las piernas mirando la punta de sus pies. Sus dedos comenzaron a introducirse en su profanado agujero “segunda B”. Deseaba follarse su redondo trasero en ese momento, necesitaba la oscura estrechez de ese calor apetecible. Pero se contuvo, tenía que ir más despacio para que aquello no terminara en un placer femenino insatisfecho. Así que a la vez que chupaba y preparaba su ano, alcanzó un plátano de canarias de la mesilla ,que tenía casualmente de merienda , lo lubricó con saliva y se lo atornilló lentamente en la vagina.
-¿Pero que es eso?-quiso saber Elena al notar el duro objeto en su interior-
- Mi merienda, déjate llevar te gustará...
-¿El plátano? ¿Tu crees que?
-Tranquila no pasara nada, es seguro, no se rompe ni desprende nada. Además es flexible.
-Ahh, me va gustando Canarias y eso que no he estado ahhhh..
Antonio la estaba masturbando con el plátano magistralmente. La forma cóncava de la fruta era perfecta para estimular el punto G y el útero .El campanear de los movimientos del miembro viril o frutal dentro de la vagina lograban el orgasmo tanto se hacia en la vagina o en el ano, el útero y sus contracciones era el responsable del placer femenino Había leído en un relato que muchas mujeres solitarias solían usarlo en sus masturbaciones nocturnas, incluso les ponían preservativos para evitar infecciones, una forma nueva de dar placer. Necesitaba probar nuevas técnicas de hacerle el amor a su mujer.
-¿Te gusta Elena?
-Ahhh, sí, sí, no pares estoy a punto de partirme, dame más fuerte!- Le suplicaba ella sintiendo chocar el plátano contra el cuello de su útero, debatida entre el dolor y el placer, ansiando la llegada de los espasmos en su vagina que anteceden al orgasmo.
-¿Así cariño?
-Más fuerte, dame fuerte, con ritmo no pares ahora, por Dios!- susurró, casi lloraba del placer que estaba sintiendo-
Antonio aceleró el ritmo de penetración con el plátano. Estaba un poco cansado, llevaba unos minutos ejercitando su mano con energía, había que ser muy hábil para que el desenlace fuera un pletórico orgasmo. Pero lo logró, no paró ni se detuvo a descansar, hubiera sido un fracaso. Notó los espasmos internos de su vagina predecesores al clímax, estaba seguro, el tambor vaginal emitía la conocida melodía de bum-bum s. Solía presionar con firmeza con sus dedos índice y corazón sobre el pubis para sentir las contracciones uterinas Era un recurso que aprendió con la práctica, la única forma que no le fallaba para estar seguro al cien por cien del orgasmo femenino.
Sacó el plátano con cuidado poco a poco de su vagina. Estaba húmedo, caliente y algo flácido por el uso . Se lo acercó a la boca para saborear el sabor de su hembra; dulce y salado, como una almeja jugosa Luego le levantó para besarla con pasión. La posicionó a cuatro pastas sobre la cama, le encantaba esa postura de perrita en celo.
-Mantén tus piernas bien abiertas, todavía no he comenzado a jugar contigo, amor.
-Tu mandas, por hoy, soy tu esclava...
Volvió a salivar para dejar caer sobre la punta de su pene un salivazo espumoso, había que lubricarlo en abundancia para penetrar la parte trasera. No se le resistió demasiado el agujero, cedió a las mínimas presiones, estaba flexible, receptivo, dispuesto para él. Comenzó a moverse con lentitud para acostumbrar al músculo a su presencia., saliendo y entrando paulatinamente.
Sacó el plátano de su boca , mojado, impregnado de su aroma. Tuvo que sacar la polla para sacudirla un poco, ya que estaba a punto de correrse, aprovechó para insertar de nuevo el plátano en la vagina hasta la empuñadura. Volvió a meter su verga hasta que desapareció de la vista con la misma decisión . Ahora le tocaba tocar dos instrumentos a la vez, para ello creó un ritmo acompasado con su mano y pene, penetrándola con dominio absoluto.
-Antonio, esto es lo mejor que me has hecho nunca.-exclamó tras unos minutos de rítmico placer- necesitaba decírtelo por si después no me atrevo a ...
-Esperaba oírte decir eso, a ver que eres capaz de ofrecerme a cambio.
-¡Ahhh, no me dejes de follar, estoy en el paraíso.!
Juntos fueron gradualmente subiendo el ritmo de sus cuerpos hasta que Elena tuvo un estruendoso orgasmo que la hizo gritar como jamás la había escuchado. Él todavía podía aguantar más, pero ella le pidió una tregua, necesitaba un respiro.
-Antonio, déjame un rato, te aliviaré de otra manera.
-Perfecto- dijo Antonio sacando los dos instrumentos a la vez empleados de sus canales internos-
-Túmbate boca arriba ¡ya!
-A tus órdenes mi reina.
Elena lo miró sonriente, juguetona, los ojos le brillaban como las estrellas en una noche clara Estaba felizmente satisfecha. Se iba a volcar con entrega y dedicación al a tarea de lamer su polla como nunca lo había hecho Quería demostrar el amor que le tenía. Lamió sus testículos uno a uno, chupándolos, succionándolos con lujuria. Sujetó con sus dedos la base de su falo presionando ligeramente para aumentar la presión de la sangre por todo su miembro La tenía durísima.
-¡Voy a derramarme, Elena!
-No te dejo aún- le ordenó ella cerrando su glande con la piel retirada por la erección- no tan rápido.
Elena percibió los espasmos contenidos en la punta de su pene. Había logrado evitar la erupción apresurada del volcán. Su boca lamía su ingle derecha, bajaba y subía, sus dedos soltaban un poco la base del pene para darle un poco de alivio Y de nuevo su lengua rotaba por su glande, succionándolo lo mas profundamente que la capacidad de su garganta le permitía, lamiendo luego la base y bajando hasta la empuñadura de su polla sin cansarse.
Mantuvo a Antonio en erección continuada y un placer sublime más de una hora. Conseguía que sólo derramara un poco de su semen cada vez que sentía la necesidad de estallar. Con este pequeño truco él no perdía la erección y podía continuar erecto y con ganas de recibir más placer. Elena golosa fue saboreando cada gota de su líquido orgásmico, deseaba tomar el elixir sabroso de su cuerpo . Era una imperiosa exigencia de su mente que precisaba recibir el semen como tributo al placer de dioses que Antonio le había regalado.
Tras terminar de devorar hasta la última gota le soltó:
-Ahora toca un pase de lencería, necesitas reponerte a que sí?
-Será un placer ver tu hermoso cuerpo exhibir las prendas, lo estoy deseando.
-Eres, eres....
-Insaciable, por eso te tengo
Fin
-Voy a hidratar mi piel con crema- respondió ella con una sonrisa picarona- Tú sigue mirando la tele, anda.
-Claro, ejem...¡estás como un tren !-soltó él a modo de halago-
-¡Antonio, déjame tranquila y mira tus western de siempre! ¡Vas a hacer que me vaya al baño!
Elena acaba de darse una ducha. La noche anterior había depilado sus piernas y cuerpo con su depilador eléctrico “braun silk-epil”, solían aparecerle pequeños granitos con este modo de depilación ya que el bello corporal se enquistaba continuamente, pero la deseada depilación definitiva láser estaba fuera de su presupuesto. Salió envuelta en una toalla y al entrar en la habitación la dejó caer sobre la cama, estaba completamente desnuda pero no sentía pudor de ser observada , buscó en el armario un envase de crema nutritiva y se dispuso a masajear generosamente su piel.
Era una mujer bella y natural , cualidad por la que Antonio no podía quitarle la vista de encima y eso que reconocía cada parte de su anatomía femenina , sus manos la habían recorrido explorándola sin que nunca se cansara de pasear por la piel tersa de su cuerpo.
-¡Antonio basta! Tienes que dejar de mirarme.
-Vale, ya no te veo, si pudieras ponerte delante del espejo y agacharte hasta los pies para frotar la pomada sobre tus tobillos te lo agradecería.
-¡Eres imposible, pero lo haré!-le soltó ella atónita pero obedeciendo a sus deseos, en el fondo lo estaba provocando para que la deseara-
Elena se detuvo frente al espejo, buscó en el reflejo a Antonio, seguía tumbado, mirándola con fervor con los ojos inyectados en su trasero. Estaba esperando que ella se agachara para frotar la crema por su piel en dirección a los tobillos. Al hacerlo abriría sus piernas lentamente y le mostrara todo su sexo.
Fue entonces cuando Antonio se arrastró con sigilo hasta el borde de la cama y besó la línea separatoria de sus musculadas nalgas introduciendo la punta de su lengua en ella, acariciando el coxis con sus dedos. Fue bajando su musculosa lengua como un proyectil atravesando toda su zona hacia la carne mullida de la pelvis, con tanta delicadeza y pasión que al terminar su recorrido escuchó:
-Vuelve a hacerlo, lo necesito que calor tengo.
Antonio con el pene endurecido por la erección, palpó con su mano el pantalón a la altura de su sexo para aliviar con la presión que sentía en aquella zona. Luego dirigió sus finas manos hacia el preciado botín, las nalgas , separándolas con firmeza para recibir la visión más directa posible del sexo húmedo de Elena. Observó caer lentamente el líquido vaginal como un río viscoso por sus ingles dirección al interior de sus muslos. Todo aquello lo había creado él con su lengüeteo sobre la zona. Era su obra de arte.
No había tiempo de más contemplaciones, comenzó su trabajo con maestría, Su cabeza subía y bajaba presionando con su lengua los órganos genitales. Lamiendo, empapando cada abertura. Elena jadeaba, él escuchaba atento su respiración entrecortada para saber si iba bien, no podía ver su cara, se hallaba entre las piernas mirando la punta de sus pies. Sus dedos comenzaron a introducirse en su profanado agujero “segunda B”. Deseaba follarse su redondo trasero en ese momento, necesitaba la oscura estrechez de ese calor apetecible. Pero se contuvo, tenía que ir más despacio para que aquello no terminara en un placer femenino insatisfecho. Así que a la vez que chupaba y preparaba su ano, alcanzó un plátano de canarias de la mesilla ,que tenía casualmente de merienda , lo lubricó con saliva y se lo atornilló lentamente en la vagina.
-¿Pero que es eso?-quiso saber Elena al notar el duro objeto en su interior-
- Mi merienda, déjate llevar te gustará...
-¿El plátano? ¿Tu crees que?
-Tranquila no pasara nada, es seguro, no se rompe ni desprende nada. Además es flexible.
-Ahh, me va gustando Canarias y eso que no he estado ahhhh..
Antonio la estaba masturbando con el plátano magistralmente. La forma cóncava de la fruta era perfecta para estimular el punto G y el útero .El campanear de los movimientos del miembro viril o frutal dentro de la vagina lograban el orgasmo tanto se hacia en la vagina o en el ano, el útero y sus contracciones era el responsable del placer femenino Había leído en un relato que muchas mujeres solitarias solían usarlo en sus masturbaciones nocturnas, incluso les ponían preservativos para evitar infecciones, una forma nueva de dar placer. Necesitaba probar nuevas técnicas de hacerle el amor a su mujer.
-¿Te gusta Elena?
-Ahhh, sí, sí, no pares estoy a punto de partirme, dame más fuerte!- Le suplicaba ella sintiendo chocar el plátano contra el cuello de su útero, debatida entre el dolor y el placer, ansiando la llegada de los espasmos en su vagina que anteceden al orgasmo.
-¿Así cariño?
-Más fuerte, dame fuerte, con ritmo no pares ahora, por Dios!- susurró, casi lloraba del placer que estaba sintiendo-
Antonio aceleró el ritmo de penetración con el plátano. Estaba un poco cansado, llevaba unos minutos ejercitando su mano con energía, había que ser muy hábil para que el desenlace fuera un pletórico orgasmo. Pero lo logró, no paró ni se detuvo a descansar, hubiera sido un fracaso. Notó los espasmos internos de su vagina predecesores al clímax, estaba seguro, el tambor vaginal emitía la conocida melodía de bum-bum s. Solía presionar con firmeza con sus dedos índice y corazón sobre el pubis para sentir las contracciones uterinas Era un recurso que aprendió con la práctica, la única forma que no le fallaba para estar seguro al cien por cien del orgasmo femenino.
Sacó el plátano con cuidado poco a poco de su vagina. Estaba húmedo, caliente y algo flácido por el uso . Se lo acercó a la boca para saborear el sabor de su hembra; dulce y salado, como una almeja jugosa Luego le levantó para besarla con pasión. La posicionó a cuatro pastas sobre la cama, le encantaba esa postura de perrita en celo.
-Mantén tus piernas bien abiertas, todavía no he comenzado a jugar contigo, amor.
-Tu mandas, por hoy, soy tu esclava...
Volvió a salivar para dejar caer sobre la punta de su pene un salivazo espumoso, había que lubricarlo en abundancia para penetrar la parte trasera. No se le resistió demasiado el agujero, cedió a las mínimas presiones, estaba flexible, receptivo, dispuesto para él. Comenzó a moverse con lentitud para acostumbrar al músculo a su presencia., saliendo y entrando paulatinamente.
Sacó el plátano de su boca , mojado, impregnado de su aroma. Tuvo que sacar la polla para sacudirla un poco, ya que estaba a punto de correrse, aprovechó para insertar de nuevo el plátano en la vagina hasta la empuñadura. Volvió a meter su verga hasta que desapareció de la vista con la misma decisión . Ahora le tocaba tocar dos instrumentos a la vez, para ello creó un ritmo acompasado con su mano y pene, penetrándola con dominio absoluto.
-Antonio, esto es lo mejor que me has hecho nunca.-exclamó tras unos minutos de rítmico placer- necesitaba decírtelo por si después no me atrevo a ...
-Esperaba oírte decir eso, a ver que eres capaz de ofrecerme a cambio.
-¡Ahhh, no me dejes de follar, estoy en el paraíso.!
Juntos fueron gradualmente subiendo el ritmo de sus cuerpos hasta que Elena tuvo un estruendoso orgasmo que la hizo gritar como jamás la había escuchado. Él todavía podía aguantar más, pero ella le pidió una tregua, necesitaba un respiro.
-Antonio, déjame un rato, te aliviaré de otra manera.
-Perfecto- dijo Antonio sacando los dos instrumentos a la vez empleados de sus canales internos-
-Túmbate boca arriba ¡ya!
-A tus órdenes mi reina.
Elena lo miró sonriente, juguetona, los ojos le brillaban como las estrellas en una noche clara Estaba felizmente satisfecha. Se iba a volcar con entrega y dedicación al a tarea de lamer su polla como nunca lo había hecho Quería demostrar el amor que le tenía. Lamió sus testículos uno a uno, chupándolos, succionándolos con lujuria. Sujetó con sus dedos la base de su falo presionando ligeramente para aumentar la presión de la sangre por todo su miembro La tenía durísima.
-¡Voy a derramarme, Elena!
-No te dejo aún- le ordenó ella cerrando su glande con la piel retirada por la erección- no tan rápido.
Elena percibió los espasmos contenidos en la punta de su pene. Había logrado evitar la erupción apresurada del volcán. Su boca lamía su ingle derecha, bajaba y subía, sus dedos soltaban un poco la base del pene para darle un poco de alivio Y de nuevo su lengua rotaba por su glande, succionándolo lo mas profundamente que la capacidad de su garganta le permitía, lamiendo luego la base y bajando hasta la empuñadura de su polla sin cansarse.
Mantuvo a Antonio en erección continuada y un placer sublime más de una hora. Conseguía que sólo derramara un poco de su semen cada vez que sentía la necesidad de estallar. Con este pequeño truco él no perdía la erección y podía continuar erecto y con ganas de recibir más placer. Elena golosa fue saboreando cada gota de su líquido orgásmico, deseaba tomar el elixir sabroso de su cuerpo . Era una imperiosa exigencia de su mente que precisaba recibir el semen como tributo al placer de dioses que Antonio le había regalado.
Tras terminar de devorar hasta la última gota le soltó:
-Ahora toca un pase de lencería, necesitas reponerte a que sí?
-Será un placer ver tu hermoso cuerpo exhibir las prendas, lo estoy deseando.
-Eres, eres....
-Insaciable, por eso te tengo
Fin





