2,3,7,11,13,17,19,23,29 ...las secuencias numéricas perfectas. Números primos divisibles entre la unidad o lo que es lo mismo 1 y si mismos. Números simples, números difíciles de comprender y asimilar, al igual que ella misma.
Asunción estaba tumbada en su confortable cama de matrimonio. Aunque fuera soltera, le gustaba dormir con amplitud e idealizar al varón que algún día dormiría al otro lado. Se imaginaba peleando con él por la almohada o las sábanas. Sonreía acariciando ese hueco frío carente de calor humano.
Luego proseguía analizando los números primos para descifrar mediante el uso de las reglas de divisibilidad dónde se escondían ; la del dos, son divisibles entre dos los números terminados en cifra par o 0, la del 3 son divisibles entre tres los números cuya suma de sus cifras sea múltiplo de 3, la del 5 son divisibles entre 5 si termina en cinco o cero, la regla de divisibilidad del 11 era la más compleja de entender, son divisibles entre 11 si la diferencia (o resta )de sus cifras pares e impares es 11 o múltiplo de once.
Cavilaba uno a uno los números hasta descubrirlos. Luego los anotaba en una lista comprobando las coincidencias con los hallados el día anterior. No le gustaba pasar de 100, al terminar la semana volvía a hacer una lista nueva, al despertar, era su ejercicio mental preferido Era una práctica monótona y repetitiva que le recordaba la soledad de su vida, siempre invariable.
Una vez apuntados los números hallados hasta el 100, su mente los olvidaba para prestar atención a su otro pensamiento absurdo y reiterativo: “El hombre del Vitruvio”. Su interés había nacido desde que leyó en la wikipedia que era el “hombre perfecto” de Leonardo Da Vinci. Lo había dibujado inspirándose en un arquitecto llamado Vitruvio, de ahí su nombre.
Lo descubrió al observar el reverso de una moneda de un euro italiana. La teoría de la perfección del hombre la demostraba Leonardo dibujando un hombre desnudo que tocaba con la yema de sus extremidades los límites de las figuras, encerrado dentro de un círculo y un cuadrado en dos movimientos superpuestos, dos dibujos en uno. Leonardo analizó al hombre y sus proporciones por fracciones. ¡Cuántas matemáticas y teorías ! Justo el año en que Cristóbal Colón descubría el continente americano. Un gran año en el que parece que los hombres buscaban verdades. Como ella, intentando comprender la lógica de las matemáticas que la hiciera acercarse a la teoría de que existe un hombre perfecto para cada mujer.
Luego pensó en la figura de la mujer , idealizaba por su belleza en todo el arte antiguo. ¿Encajaría el bello cuerpo suave y terso de una mujer dentro de un círculo y un cuadrado? ¿Por qué Leonardo no dibujó a la mujer? ¿Acaso no tenemos proporciones divinas y perfectas ? ¿No somos dignas de estudio y observación?
Se levantó con dolor de cabeza. Dialogaba con el la retórica. Su vena feminista saltaba bajo las sospecha segura de que casi nunca la mujer era reconocida por su inteligencia o fuerza.. Y ahora ella segura de su vida independiente, a salvo de caer en el error de querer ser de alguien , reflexionaba sobre la renuncia al amor y al hombre; no comprendía su esencia.
Su vida sexual, por el contrario, era activa. Era una mujer seductora , ojos altivos, mirada intrigante y un bello cuerpo contorneado. Sus amantes admiraban su poder salvaje de hembra voluptuosa e insaciable. Tras unos cuántos encuentros, los desechaba, eran como las matemáticas, lógicos, rutinarios y faltos de imaginación.
Su tipo de hombre era muy difícil de encontrar. Le gustaba que fueran fuertes, que no cayeran en el error de sentirse inferiores, sabía que un hombre que siente que la mujer es superior sólo tratará de humillarla. Los había buscado en todas las clases sociales, la mayoría presumía de experiencia, de saber dar placer pero desconocían la ubicación exacta del punto G. ¡Con lo fácil que era hallarlo! Asunción lo notaba incluso sobre su monte de Venus, en el precioso montículo de carne protectora, estaba justo ahí, visible a los ojos de cualquier amante curioso y sin embargo ni guiándolos eran capaces de satisfacerla.
Apretaba sus músculos vaginales para sentir la contracción de su vagina, los hilos conductores se alzaban entonces o a la puerta de su órgano del placer orgásmico; el clítoris. Cierto que el clítoris era importante, pero una mínima sensación orgásmica, el verdadero punto del placer se hallaba cubierto de carne, en la caverna rugosa de un volcán llamado mujer..
¿Cómo logró descubrir su fuente del placer? Fue más fácil que andar visitando camas y amantes. Algunos se acercaron e incluso lo excitaron dándole placer, pero sin saber lo que hacían.
Lo descubrió ella con la ayuda de un masturbador. Necesitaba saber que era aquello que se agitaba en su cuerpo y el lugar exacto donde se producía. Todas las ramificaciones internas del clítoris estaban en la vagina. Era sencillo excitarla, sólo había que acariciar un pequeño botón del tamaño de una judía y seguir sus raíces dilatadas internas que se ofrecían a la exploración.
Se preparó su café amargo sintiendo dolor por su perfecta vida solitaria. Llevaba unos meses sin quedar con nadie, aquel masturbador la agobiaba, pero era más fácil aliviarse que tener un encuentro decepcionante, no recibía lo que entregaba.
De poco le valía que fuera atractiva y diosa del placer. No suplicaba tener un hombre en su cama, le llovían las proposiciones insinuantes pero no quería tener que estar dirigiendo a sus amantes. Le bajaban el libido su inexperiencia sexual. Apenas podía tocarlos, ciertos roces, ciertas caricias y ya estaba, no aguantaban ni dos minutos. Francamente decepcionante.
Llegaron sus vacaciones y compró un billete para ir a unas islas caribeñas. Necesitaba un respiro y mucho sol. Al instalarse en el hotel lo primero que quiso saber fue si habían playas nudistas.
-Sí, señora hay una a diez minutos.
-Gracias.
Nunca había tomado el sol por reparo a encontrarse con algún conocido ,pero fuera de España podría atreverse a descubrir el placer del dios sol sobre su cuerpo desnudo.
A la mañana siguiente fue a aquella playa. Se quitó el vestido y el bikini, dejó a la vista de todos un cuerpo precioso. Un pubis recortado que dejaba ver su abertura femenina. Se tumbó en la hamaca, abrió las piernas sin pudor y su sexo recibió el impacto de un calor solar. La excitó. Su clítoris fue ensanchándose y su humedad se derramó entre sus muslos, tuvo que disimular tomando un baño.
Asunción no se fijó en que estaba siendo observada por Mario. Fue tras ella, estaba excitado y no se quitó el bañador hasta entrar en el agua. Lo dejó tirado en la orilla. Tenía uno único objetivo en la mente : ella.
Asunción nadaba ajena a las miradas de su perseguidor, al estilo rana, su trasero dejaba ver la hermosura de su sexo en aquellas aguas cristalinas. Mario caminaba tras de ella sintiendo un placer indescriptible.
Calculó que el agua le cubría a la altura de los hombros, fue entonces cuando se detuvo. Se sobresaltó al encontrarse frente a frente con aquel atractivo varón que no sabía de dónde había emergido.
-Hola
-¡Vaya! ¿Llevas mucho tiempo siguiéndome? -contestó Asunción molesta por la intromisión inesperada.-Intento disfrutar del placer de mi desnudez al sol.
-Yo sólo pretendo admirarla.
-¿Sólo?-repitió ella sin creerlo-
-Sólo- dijo él cogiéndola por los brazos acercándose de manera provocativa, ya que su miembro endurecido rozaba la zona de su pubis-
-¿Aquí? no es apropiado-intentó negar, pero estaba demasiado caliente-
-Déjate llevar-le susurró dulcemente Juan bajando su mano hacia su clítoris-
-Ahhh...
Y ocurrió lo inevitable, bajo el sol radiante del clima tropical, en el agua limpia color verde azulado Asunción sintió por primera vez en su vida el poder de unas manos vigorosas que sabían buscar en su sexo el placer. La estuvo tocando hasta hacerla estallar en un orgasmo.
-Nunca había tenido un orgasmo tan fantástico bajo el agua con el único roce de unos dedos-declaró ella contrariada-
-¿Cómo te llamas preciosa?
-Asunción.
-¿Sabes nadar?
-Sí.
-¿Te atreves a hacerlo hasta aquel trozo apartado de allí? -Le preguntó Juan señalando un islote protegido en el medio de la playa, algo separado de la orilla.
-Lo intentaré.
-Tú primero, yo iré detrás por si no llegas, será un placer empujar tu hermoso culo.
-¡Gracias! -contestó ella molesta y alegre por su sinceridad.
Nadaron alcanzando el islote que los protegería de la vista de los curiosos. Era como una muralla que sólo estaba abierta por la zona en la que el mar lo bañaba. Era perfecto para un encuentro apasionado.
-¿Traes aquí a todas tus conquistas?
-Sólo me esfuerzo cuando hay alguien como tú, especial y sexual.
-¿Cómo sabes como soy?
-Ja,ja,ja... Fue fácil. Sólo tuve que observar tus movimientos en la hamaca.
Se acercó a ella tumbándola delicadamente sobre la escasa arena que cubría aquella roca. La besó apasionadamente en la boca y fue descendiendo por su cuerpo, de nuevo ella reaccionaba de manera descontrolada por el roce de aquellas manos, estaba al borde del orgasmo de nuevo.
-Tienes unas manos de perfecto amante.
-Lo sé, es una habilidad que tengo.
El dedo índice y corazón se perdían en el interior de una vagina jugosa, que se retorcía de placer. Los metía poco a poco, los hacía circular delicadamente por las paredes y de nuevo los sacaba para volverlos a meter. Tras unos minutos el punto G necesitaba más ritmo, Juan lo sabía, las caderas y los movimientos de ella eran prueba evidente. Entonces los introducía con fuerza en un mete y saca rápido, rítmico que no se detenía hasta que notaba los espasmos de contracción vaginal, prueba evidente que había conseguido un orgasmo.
-Quiero que hagas lo que quieras conmigo, soy tuyo, no me decepciones.
-Estate seguro de que estaré a la altura.
Asunción no necesitaba reponerse, se subió sobre sus muslos derramando su lubricación natural para saborear el aroma de Juan y su piel.
Su cabeza bajó hacia su zona genital. Era lo más seguro, un buen sexo oral. Chupó y masajeó la zona inguinal pasando las suaves yemas de sus dedos por los testículos. Rozaba una piel rugosa que se apelotonaba por el impulso de una erección. Luego recorrió toda la zona que baja hacia el recto, excitando las ramificaciones internas. No quiso perforar el orgullo masculino para no estropear el momento, ya tendría tiempo de hacerlo más adelante.
Se arrastró impregnando con su olor vaginal todas las piernas de Juan. Se puso a un lado, de rodillas mirándole fijamente a los ojos. Había llegado el momento de recorrer con su lengua ese pene que clamaba una humedad. Sujetando el falo desde la base con unas de sus manos, con cierta opresión, notó el crecimiento del miembro en su boca. Sabía lamer con paciencia y dedicación, sacudiendo el pene en el momento justo en el que el volcán quería derramarse. Lo mantuvo en ese estado más de una hora, hasta que saciado el deseo Juan quiso pasar a otro movimiento.
Para ello preparó a Asunción con un suave masajeo. Esta vez sí quiso probar sus jugos y cabeceó entre sus piernas para saborearla. Su barbilla, su nariz, se introdujeron en aquella abertura sin partitura. El mar silbaba suaves melodías coralinas. Luego afiló su órgano y lo metió en un único movimiento, entro lento sin complicaciones. Subió las piernas de Asunción sobre sus hombros, haciéndola subir sus caderas en la arena.
Era suya ,fue una penetración sin límites, sin dolor a pesar del buen tamaño de su miembro. La tomó escuchándola romperse de placer. Sonreía mientras se vengaba del mundo follando a una mujer hermosa de la que se estaba enamorando, aliviando su rabia. Pasaron horas inventando posturas difíciles de imaginar, insaciables hasta que el sol comenzó a descender.
-Tenemos que regresar- advirtió Juan. Además tengo hambre.
-Es la primera vez que un hombre me seduce sin palabras, sólo con hechos. En España busqué desconsolada amantes como tú ¿dónde te escondías dime?
-Quizás fue tu ansía de encontrarlo lo que te hizo perder las ganas de lograrlo. Yo te sorprendí, no me esperabas, quizás por eso soy perfecto para ti.
-Será que como tú dices, el sol, el mar relajaron mi tensión y aquí pude mostrarme como soy. Creo que por eso te encontré, fui la señal para ti. Jajajajajaj...
Se besaron cómplices de una incipiente pasión. Regresaron a la orilla exhaustos por el desgaste y el ejercicio. Recogieron sus pertenencias, bajo los ojos censuradores atentos de los bañistas que envidiaban aquel encuentro interminable. Sonreían, poco les importaba la opinión ajena, cuando uno es feliz no le importa guardar la compostura.
Asunción estaba tumbada en su confortable cama de matrimonio. Aunque fuera soltera, le gustaba dormir con amplitud e idealizar al varón que algún día dormiría al otro lado. Se imaginaba peleando con él por la almohada o las sábanas. Sonreía acariciando ese hueco frío carente de calor humano.
Luego proseguía analizando los números primos para descifrar mediante el uso de las reglas de divisibilidad dónde se escondían ; la del dos, son divisibles entre dos los números terminados en cifra par o 0, la del 3 son divisibles entre tres los números cuya suma de sus cifras sea múltiplo de 3, la del 5 son divisibles entre 5 si termina en cinco o cero, la regla de divisibilidad del 11 era la más compleja de entender, son divisibles entre 11 si la diferencia (o resta )de sus cifras pares e impares es 11 o múltiplo de once.
Cavilaba uno a uno los números hasta descubrirlos. Luego los anotaba en una lista comprobando las coincidencias con los hallados el día anterior. No le gustaba pasar de 100, al terminar la semana volvía a hacer una lista nueva, al despertar, era su ejercicio mental preferido Era una práctica monótona y repetitiva que le recordaba la soledad de su vida, siempre invariable.
Una vez apuntados los números hallados hasta el 100, su mente los olvidaba para prestar atención a su otro pensamiento absurdo y reiterativo: “El hombre del Vitruvio”. Su interés había nacido desde que leyó en la wikipedia que era el “hombre perfecto” de Leonardo Da Vinci. Lo había dibujado inspirándose en un arquitecto llamado Vitruvio, de ahí su nombre.
Lo descubrió al observar el reverso de una moneda de un euro italiana. La teoría de la perfección del hombre la demostraba Leonardo dibujando un hombre desnudo que tocaba con la yema de sus extremidades los límites de las figuras, encerrado dentro de un círculo y un cuadrado en dos movimientos superpuestos, dos dibujos en uno. Leonardo analizó al hombre y sus proporciones por fracciones. ¡Cuántas matemáticas y teorías ! Justo el año en que Cristóbal Colón descubría el continente americano. Un gran año en el que parece que los hombres buscaban verdades. Como ella, intentando comprender la lógica de las matemáticas que la hiciera acercarse a la teoría de que existe un hombre perfecto para cada mujer.
Luego pensó en la figura de la mujer , idealizaba por su belleza en todo el arte antiguo. ¿Encajaría el bello cuerpo suave y terso de una mujer dentro de un círculo y un cuadrado? ¿Por qué Leonardo no dibujó a la mujer? ¿Acaso no tenemos proporciones divinas y perfectas ? ¿No somos dignas de estudio y observación?
Se levantó con dolor de cabeza. Dialogaba con el la retórica. Su vena feminista saltaba bajo las sospecha segura de que casi nunca la mujer era reconocida por su inteligencia o fuerza.. Y ahora ella segura de su vida independiente, a salvo de caer en el error de querer ser de alguien , reflexionaba sobre la renuncia al amor y al hombre; no comprendía su esencia.
Su vida sexual, por el contrario, era activa. Era una mujer seductora , ojos altivos, mirada intrigante y un bello cuerpo contorneado. Sus amantes admiraban su poder salvaje de hembra voluptuosa e insaciable. Tras unos cuántos encuentros, los desechaba, eran como las matemáticas, lógicos, rutinarios y faltos de imaginación.
Su tipo de hombre era muy difícil de encontrar. Le gustaba que fueran fuertes, que no cayeran en el error de sentirse inferiores, sabía que un hombre que siente que la mujer es superior sólo tratará de humillarla. Los había buscado en todas las clases sociales, la mayoría presumía de experiencia, de saber dar placer pero desconocían la ubicación exacta del punto G. ¡Con lo fácil que era hallarlo! Asunción lo notaba incluso sobre su monte de Venus, en el precioso montículo de carne protectora, estaba justo ahí, visible a los ojos de cualquier amante curioso y sin embargo ni guiándolos eran capaces de satisfacerla.
Apretaba sus músculos vaginales para sentir la contracción de su vagina, los hilos conductores se alzaban entonces o a la puerta de su órgano del placer orgásmico; el clítoris. Cierto que el clítoris era importante, pero una mínima sensación orgásmica, el verdadero punto del placer se hallaba cubierto de carne, en la caverna rugosa de un volcán llamado mujer..
¿Cómo logró descubrir su fuente del placer? Fue más fácil que andar visitando camas y amantes. Algunos se acercaron e incluso lo excitaron dándole placer, pero sin saber lo que hacían.
Lo descubrió ella con la ayuda de un masturbador. Necesitaba saber que era aquello que se agitaba en su cuerpo y el lugar exacto donde se producía. Todas las ramificaciones internas del clítoris estaban en la vagina. Era sencillo excitarla, sólo había que acariciar un pequeño botón del tamaño de una judía y seguir sus raíces dilatadas internas que se ofrecían a la exploración.
Se preparó su café amargo sintiendo dolor por su perfecta vida solitaria. Llevaba unos meses sin quedar con nadie, aquel masturbador la agobiaba, pero era más fácil aliviarse que tener un encuentro decepcionante, no recibía lo que entregaba.
De poco le valía que fuera atractiva y diosa del placer. No suplicaba tener un hombre en su cama, le llovían las proposiciones insinuantes pero no quería tener que estar dirigiendo a sus amantes. Le bajaban el libido su inexperiencia sexual. Apenas podía tocarlos, ciertos roces, ciertas caricias y ya estaba, no aguantaban ni dos minutos. Francamente decepcionante.
Llegaron sus vacaciones y compró un billete para ir a unas islas caribeñas. Necesitaba un respiro y mucho sol. Al instalarse en el hotel lo primero que quiso saber fue si habían playas nudistas.
-Sí, señora hay una a diez minutos.
-Gracias.
Nunca había tomado el sol por reparo a encontrarse con algún conocido ,pero fuera de España podría atreverse a descubrir el placer del dios sol sobre su cuerpo desnudo.
A la mañana siguiente fue a aquella playa. Se quitó el vestido y el bikini, dejó a la vista de todos un cuerpo precioso. Un pubis recortado que dejaba ver su abertura femenina. Se tumbó en la hamaca, abrió las piernas sin pudor y su sexo recibió el impacto de un calor solar. La excitó. Su clítoris fue ensanchándose y su humedad se derramó entre sus muslos, tuvo que disimular tomando un baño.
Asunción no se fijó en que estaba siendo observada por Mario. Fue tras ella, estaba excitado y no se quitó el bañador hasta entrar en el agua. Lo dejó tirado en la orilla. Tenía uno único objetivo en la mente : ella.
Asunción nadaba ajena a las miradas de su perseguidor, al estilo rana, su trasero dejaba ver la hermosura de su sexo en aquellas aguas cristalinas. Mario caminaba tras de ella sintiendo un placer indescriptible.
Calculó que el agua le cubría a la altura de los hombros, fue entonces cuando se detuvo. Se sobresaltó al encontrarse frente a frente con aquel atractivo varón que no sabía de dónde había emergido.
-Hola
-¡Vaya! ¿Llevas mucho tiempo siguiéndome? -contestó Asunción molesta por la intromisión inesperada.-Intento disfrutar del placer de mi desnudez al sol.
-Yo sólo pretendo admirarla.
-¿Sólo?-repitió ella sin creerlo-
-Sólo- dijo él cogiéndola por los brazos acercándose de manera provocativa, ya que su miembro endurecido rozaba la zona de su pubis-
-¿Aquí? no es apropiado-intentó negar, pero estaba demasiado caliente-
-Déjate llevar-le susurró dulcemente Juan bajando su mano hacia su clítoris-
-Ahhh...
Y ocurrió lo inevitable, bajo el sol radiante del clima tropical, en el agua limpia color verde azulado Asunción sintió por primera vez en su vida el poder de unas manos vigorosas que sabían buscar en su sexo el placer. La estuvo tocando hasta hacerla estallar en un orgasmo.
-Nunca había tenido un orgasmo tan fantástico bajo el agua con el único roce de unos dedos-declaró ella contrariada-
-¿Cómo te llamas preciosa?
-Asunción.
-¿Sabes nadar?
-Sí.
-¿Te atreves a hacerlo hasta aquel trozo apartado de allí? -Le preguntó Juan señalando un islote protegido en el medio de la playa, algo separado de la orilla.
-Lo intentaré.
-Tú primero, yo iré detrás por si no llegas, será un placer empujar tu hermoso culo.
-¡Gracias! -contestó ella molesta y alegre por su sinceridad.
Nadaron alcanzando el islote que los protegería de la vista de los curiosos. Era como una muralla que sólo estaba abierta por la zona en la que el mar lo bañaba. Era perfecto para un encuentro apasionado.
-¿Traes aquí a todas tus conquistas?
-Sólo me esfuerzo cuando hay alguien como tú, especial y sexual.
-¿Cómo sabes como soy?
-Ja,ja,ja... Fue fácil. Sólo tuve que observar tus movimientos en la hamaca.
Se acercó a ella tumbándola delicadamente sobre la escasa arena que cubría aquella roca. La besó apasionadamente en la boca y fue descendiendo por su cuerpo, de nuevo ella reaccionaba de manera descontrolada por el roce de aquellas manos, estaba al borde del orgasmo de nuevo.
-Tienes unas manos de perfecto amante.
-Lo sé, es una habilidad que tengo.
El dedo índice y corazón se perdían en el interior de una vagina jugosa, que se retorcía de placer. Los metía poco a poco, los hacía circular delicadamente por las paredes y de nuevo los sacaba para volverlos a meter. Tras unos minutos el punto G necesitaba más ritmo, Juan lo sabía, las caderas y los movimientos de ella eran prueba evidente. Entonces los introducía con fuerza en un mete y saca rápido, rítmico que no se detenía hasta que notaba los espasmos de contracción vaginal, prueba evidente que había conseguido un orgasmo.
-Quiero que hagas lo que quieras conmigo, soy tuyo, no me decepciones.
-Estate seguro de que estaré a la altura.
Asunción no necesitaba reponerse, se subió sobre sus muslos derramando su lubricación natural para saborear el aroma de Juan y su piel.
Su cabeza bajó hacia su zona genital. Era lo más seguro, un buen sexo oral. Chupó y masajeó la zona inguinal pasando las suaves yemas de sus dedos por los testículos. Rozaba una piel rugosa que se apelotonaba por el impulso de una erección. Luego recorrió toda la zona que baja hacia el recto, excitando las ramificaciones internas. No quiso perforar el orgullo masculino para no estropear el momento, ya tendría tiempo de hacerlo más adelante.
Se arrastró impregnando con su olor vaginal todas las piernas de Juan. Se puso a un lado, de rodillas mirándole fijamente a los ojos. Había llegado el momento de recorrer con su lengua ese pene que clamaba una humedad. Sujetando el falo desde la base con unas de sus manos, con cierta opresión, notó el crecimiento del miembro en su boca. Sabía lamer con paciencia y dedicación, sacudiendo el pene en el momento justo en el que el volcán quería derramarse. Lo mantuvo en ese estado más de una hora, hasta que saciado el deseo Juan quiso pasar a otro movimiento.
Para ello preparó a Asunción con un suave masajeo. Esta vez sí quiso probar sus jugos y cabeceó entre sus piernas para saborearla. Su barbilla, su nariz, se introdujeron en aquella abertura sin partitura. El mar silbaba suaves melodías coralinas. Luego afiló su órgano y lo metió en un único movimiento, entro lento sin complicaciones. Subió las piernas de Asunción sobre sus hombros, haciéndola subir sus caderas en la arena.
Era suya ,fue una penetración sin límites, sin dolor a pesar del buen tamaño de su miembro. La tomó escuchándola romperse de placer. Sonreía mientras se vengaba del mundo follando a una mujer hermosa de la que se estaba enamorando, aliviando su rabia. Pasaron horas inventando posturas difíciles de imaginar, insaciables hasta que el sol comenzó a descender.
-Tenemos que regresar- advirtió Juan. Además tengo hambre.
-Es la primera vez que un hombre me seduce sin palabras, sólo con hechos. En España busqué desconsolada amantes como tú ¿dónde te escondías dime?
-Quizás fue tu ansía de encontrarlo lo que te hizo perder las ganas de lograrlo. Yo te sorprendí, no me esperabas, quizás por eso soy perfecto para ti.
-Será que como tú dices, el sol, el mar relajaron mi tensión y aquí pude mostrarme como soy. Creo que por eso te encontré, fui la señal para ti. Jajajajajaj...
Se besaron cómplices de una incipiente pasión. Regresaron a la orilla exhaustos por el desgaste y el ejercicio. Recogieron sus pertenencias, bajo los ojos censuradores atentos de los bañistas que envidiaban aquel encuentro interminable. Sonreían, poco les importaba la opinión ajena, cuando uno es feliz no le importa guardar la compostura.
Fin
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