jueves, 13 de noviembre de 2014

El ratón y la Luna




Federico es un ratón menudo de color gris y avellana, cara alargada, ojos dulces, grandes, observadores donde las preguntas se crean en un instante, las trasmite al intelecto y la boca las arroja con la intención de averiguar la posible respuesta al enigma. Su mente es un torbellino de querer descubrir todo, por las noches mira por la ventana a la Luna,mientras los demás duermen. La ve esplendorosa, hermosa y de un brillo oscilante entre el blanco de un diente afilado, el amarillo claro o el ocre amarillento, anaranjado.

Le gusta imaginar que es un queso devorado por muchos ratones y luego vuelve a emerger renovado. Toda ella es un queso mágico; fresco y blanco, semi curado cuando es amarillo sol y curado cuando es arruga vieja y amarillenta, llena de agujeros.

Un día su amigo Luck, trata de sacarle de su error, la Luna es un satélite que oscila en torno a la Tierra por la que es atraída, refleja la luz del Sol, recuerda que la maestra Lili lo dijo en clase de geografía, pero él siempre ausente, estaría dibujando la aventura de su viaje. En las viñetas se veía que una vez allí se daba un tremendo atracón de queso, cortaba trozos gigantescos que lanzaba al espacio, con la esperanza de que aterrizasen en la Tierra y fuera fácil su localización, con lo que esperaba sacar, tendría para años.

En las tardes de invierno, de regreso a casa, es visible en el cielo antes de anochecer .Federico ensimismado mira hacia arriba y grita “ Luna bonita, baja chiquita, te daré un bocado pequeñín, sólo así...” Sonríe juguetón mostrándolo los dedos muy juntos para que parezca que el bocado será imperceptible en su inmensidad, con la ilusión de convencerla, pero ella parece elevarse cada vez más. Entonces, desesperado recorre el campo, sube la montaña y desde el pico más alto, salta, cayendo por la ladera y haciéndose daño al rodar. Frustrado, lleno de polvo y dolorido, se levanta con los ojos entristecidos, se da por vencido, ya que es imposible alcanzarla. Regresa a casa cabizbajo, no sabe como llegar allí alto.

Una noche, sueña que está en la escuela y la maestra le pregunta que quiere ser de mayor. ”conquistador del queso, quiero saborear un trocito ”, ella se ríe por la ocurrencia y le responde “ menudo sueño el tuyo pues si tantas ganas tienes de ir a la Luna móntate en un cohete y viaja...”

En el sueño trata de retener la idea, de no perder la revelación tan importante. Aquí le llegó la primera noticia de la existencia de viajes a la Luna. Si hubiera estado más atento en lugar de soñar, podría haber encontrado la solución. Sin dudar, a la mañana siguiente envuelve el cepillo de dientes, un jersey de muda en un hatillo y lo ata al extremo superior de un palo. Ahora recorrerá el camino que le lleve al lugar donde despegan los cohetes.

Preguntó en muchos lugares, a veces fue acogido para pernoctar en una casita de ratones amables, pero otras al escuchar el motivo de su viaje, lo tomaron por tonto y no le dejaron más que tomar un trozo de queso y pan, a modo de ayuda pero con la obligación inmediata de marcharse. Muchas aventuras arriesgadas tuvo que vivir el ratón Federico antes de llegar.

El solitario sitio donde despegaban los cohetes era feo, triste y sin vida. Se hallaba en mitad de la nada, parecía que allí el mundo había dejado de brillar. No había árboles, ni montañas, ni habitantes, sólo la arena dura y la roca de una zona muerta abandonada del planeta. Mal augurio pensó, pero no había llegado tan lejos para rendirse ahora.

Observó unas cuantas noches haciendo seguimiento de la nave que sería lanzada al espacio, había llegado a tiempo. Cuando por fin se coló en un cohete espacial que iba a viajar a la Luna, empezó a intuir que quizás se había equivocado. No estaba preparado para ese despegue. Sintió como la piel de la cara se le echaba para atrás y los dientes se apretaban, temblaba todo su cuerpecito por la velocidad con la que se dirigía al espacio. Al fin, tras mucho sufrimiento y miedo, aterrizó en el objetivo. Al salir del cohete ansioso, con el ímpetu de querer verlo todo, cayó en un cráter del que tuvo que salir votando, miró aquel lugar gris y oscuro, intentando descubrir un pequeño trozo, aunque fuera pequeño, pero no se divisaba ni un ápice de queso. No existía el delicioso olor, no había textura, variedades, colores que desde la Tierra pudo imaginar. Todo había sido un sueño.

Cuando regresó todos los ratones quisieron saber de que sabor era el queso de la Luna, también si les había traído un trozo para probarlo. Él, enamorado de su sueño aún no quiso alejarlo y fingió que se había dado un tremendo atracón pero que la Luna le pidió que no revelara el secreto, ya que entonces desaparecería del Cielo porque podría ser atacada por cientos de ratones, sino miles. Había que cuidarla porque no era infinita y tampoco podía crecer.

Cuando los ratones le pedían que repitiera la historia una y otra vez de su viaje, les hablaba del delicioso sabor del queso y lo bien que había disfrutado en aquel lugar, pero les advertía que había tenido que recorrer medio mundo para comer de un queso que no era superior al que tenían allí sin tener que hacer tanto esfuerzo.

-Entonces Federico, si el queso que tenemos aquí es mejor ¿para qué viajaste a la Luna, tan lejos? Por lo que cuentas pasaste muchas calamidades...-preguntó un pequeño ratón pensativo-

-Para poder contar que el mejor queso se haya en este lugar, sino no lo habría sabido nunca ¿ no crees?

El pequeño ratón puso su dedo indice debajo de su barbilla, meditando la respuesta de Federico, le estaba pareciendo un ratón torpe, con lo fácil que hubiera sido destapar el plato y saborear el delicioso queso que tenían...

Moraleja: Cuando persigas un sueño, no le des una realidad diferente a lo que es, por si pasas media vida tras él y luego descubres que lo que perseguías lo tuviste siempre al alcance de tus manos, pero no lo veías porque querías el brillo ilusorio de otra ensoñación más maravillosa. 
Autora@MaiteAlbarran

martes, 11 de noviembre de 2014

Rosácea aurora


Rosacéa Aurora




La reina Aurora
se preparó
desde el Cielo
abrió la boca
para suspirar
un húmedo beso
a las nubes flamencas
tejieron con amor
un manto de
pelo de Luna
para la reina
del ciempiés.

Con rosas
vistió la cuna
su mano blanca
rozó la cabeza
de la bella reina
Isabel
nació en su aurora
protegida de su querer.

Subida en carro
se alejó
tiraba de el la
cuadriga caballos
vencida por
el oro naciente.




Autor-@- MaiteAlbarrán

miércoles, 5 de noviembre de 2014

La fuga de Do




Isaías iba por las tardes al auditorio, la entrada era gratuita, con motivo de la celebración de la semana de la Música. Desde el principio, sintió admiración hacia la letra Do, le recorría un escalofrío cada vez que sonaba con intensidad en las partituras. Tanto sentimiento le despertaba que el último día, le gritó: “Do, eres mi favorita nunca te olvidaré” con lágrimas en los ojos por la emoción, se despidió dándole la mano a mamá, que orgullosa asistía a aquella demostración de amor tan inusual.

La nota se conmovió en su interior ante el afecto sincero de aquel niño. Se había mostrado silencioso y atento, lo sabía porque se sentaba en las primeras filas. Lo había oído vitorear en varias ocasiones, siendo regañado por los mayores que lo obligaron a guardar silencio. Parecían ser los únicos que tenían tiempo para disfrutar de aquellas tardes de música nostálgicas del mes de octubre.

Cuando dejaron de tocar los músicos, las partituras del repertorio volvieron a ser guardadas en las carpetas, Do de forma impulsiva , emprendió la huida y de un salto consiguió saltar a tiempo y ver como se cerraba el enorme volumen. Se había decidido a ir en busca de aquel niño. No soportaba estar oculta de nuevo durante mucho tiempo. Pocas veces tenía el gusto de recibir un público como el de aquella semana.

Los conciertos en directo se celebraban en pocas ocasiones y la gente que asistía, lo hacía sin tener verdadero interés por la música. Más bien utilizaban el evento para exhibir una situación económica que le permitía tener un atuendo de joyas y trajes elegantes. Únicos en su diseño y al alcance de muy pocos.

Do estaba aburrido de escuchar aquellas conversaciones frías y vanas. Necesitaba volver a oír la risa de los niños espontánea y alegre, ver la vida desarrollarse sin formulismos. No sabía lo que le esperaba fuera. Cuando llegó a la calle tuvo miedo ¿hacia donde iría? Se estaba arrepintiendo, de repente vio a aquel niño a pocos metros de la mano de su madre.

Isaías al ver a Do en mitad de la acera corrió en su busca y disimuladamente la guardó en su mochila. Mamá le preguntó porque había regresado a la entrada del auditorio y el le dijo que había visto un soldadito de plástico que se le había perdido.

Al llegar a casa fue a su habitación. Necesitaba ver que Do seguía allí y no era un sueño. Cuando abrió la mochila la nota no dudó en salir con gran energía, no quería estar de nuevo escondida en un lugar oscuro.

-Hola Do, que valiente eres por salir del concierto y venirte conmigo. Soy muy feliz.
-Hola niño. La verdad es que ha sido una locura, no sé si las otras notas volverán a entonar una melodía sin mí. He de regresar...
-¡Oh, espera un poco! Podemos jugar, yo te enseñaré canciones y estarás contenta.
-A ver ¿que sabes?
-Ummm... Al corro de la patata, comeremos ensalada...
-No sigas, no es mi estilo, mejor no cantes.
-Vale.
-Se me ha ocurrido un plan. Escribiré una carta exigiendo unas condiciones para regresar, tú tendrás que llevarla al Palacio de la Música para que sepan que ya no estoy. Me he revelado y no podrán tener más música.
-De acuerdo, mientras tanto jugaremos ¡Do!

Al día siguiente todos los conciertos de música fueron suspendidos. Las notas sonaban descontroladas porque cuando le tocaba a Do, no sonaba. Había roto el orden preestablecido. Los músicos revisaron las partituras y con sorpresa, descubrieron que la nota Do ya no estaba escrita en las sinfonías. Cuando llegó la carta al director leyó lo que Do había escrito, no pudo más que quedarse atónito. Decía así:

Exigencias de Do para regresar a la música

Como habréis podido comprobar me he marchado. La causa ha sido el aburrimiento porque no tenemos conciertos de música donde exhibir nuestro talento en manos de los músicos que nos adoran. Los niños necesitan emocionarse con las notas musicales, disfrutarlas para crecer como adultos sensibles. Exijo por tanto para regresar, que se establezcan unos conciertos mensuales para que todos podamos tener lugar, para desarrollar la melodía más tierna, repleta de alegría y belleza”

Al terminar la carta, se quitó las gafas miró a Isaías escrutando cada detalle de aquel niño que no sabía si le estaba tomando el pelo o de verdad sabía donde estaba Do. Tras unos instantes de silencio en los que meditó que palabras utilizar, le dijo que si Do regresaba harían lo posible por que aquellos conciertos se celebraran.

Do, que estaba detrás de la oreja de Isaías, lo escuchó pero no le inspiró confianza suficiente la declaración del director. Así que susurró al niño que lo pidiera por escrito el compromiso.

-Oh bueno pequeño Isaías, se ve que eres un niño muy especial, con un poder extraordinario para atraer la sensibilidad de la música y sus notas, yo quisiera dártelo por escrito pero necesito autorización de otros supervisores, pero no debes preocuparte, Do, tendrá sus conciertos.

-Bueno, señor director Do dice que no hay trato.

Tras pronunciar estas palabras con una sonrisa amable, iba a marcharse cuando de nuevo el director le detuvo con la concesión inmediata a su petición. Mientras redactaba el contrato, Do permanecía muy atenta observando las palabras que escribía en aquella hoja de papel. Tras terminar, Isaías le pidió que abriera una partitura de música para que las otras letras le pudieran escuchar.

“Yo el mando supremo del Palacio de la Música, me comprometo a hacer conciertos de música gratuitos que se darán en el auditorio hasta completar el aforo, todos los meses. A él asistirán los niños de los colegios, institutos y todo aquel que sea un amante de este género. “

Tras la lectura, Do de un salto se metió en la partitura musical. Las otras notas estaban excitadas por la hazaña de Do, se abrazaron y besaron rebosantes de felicidad, para celebrar su triunfo, al fin podrían sonar en los instrumentos de los músicos.

Isaías iba a marcharse cuando Do le llamó para darle una recomendación de afecto.
-No me olvides Isaías, eres un niño maravilloso. Pero mi lugar está con las otras notas que componen la sinfonías. Si me quedo contigo, la tristeza lo invadiría todo. Yo necesito sonar ¿lo entiendes, verdad?
-Sí, Do te quiero. -le respondió afirmando con la cabeza y lleno de lágrimas de desconsuelo por la inminente despedida.
-Podrás venir a verme a los conciertos, recuerda, no debes estar triste.
-Lo haré Do, para que siempre estemos unidos cuando sea mayor, seré músico. Compondré melodías llenas de ti. Te adoro y tocaré el xilófono, violín y …
-Ja,ja,ja... eres un amante de la música. Ha sido un placer encontrarte. Debo irme...
-¡Adiós Do! Nos veremos pronto.

Y así fue como los conciertos se desarrollaron todos los meses en el Palacio de la Música para alegría de todos, porque por fin un lugar tan maravilloso se llenaba de sonido en lugar de silencio. Había muchos días de apertura con un aforo total. Porque gracias a la idea de Do, cada vez había más aficionados a ella y no dudaban en adquirir entradas, porque la música se había convertido en parte de necesaria en sus vidas.

-Fin-
Autora@MaiteAlbarrán


martes, 4 de noviembre de 2014

La tortuga Trinidad

La tortuga Trinidad está triste. Se encuentra muy sola y deprimida, cada vez que intenta algo parece que la mala suerte la persigue y termina arruinando todos sus propósitos. Quiere aprender inglés, le han dicho que si sabe idiomas podrá viajar e ir más lejos. Está muy ilusionada con la idea de ir a otros sitios. Fue a matricularse a la escuela de idiomas pero le dijeron que no quedaban plazas.

-¡Vaya, ahora que se me ocurre aprender inglés voy y no hay plazas! Pues ya no quiero aprender idiomas, total para qué, seguro que cuando vaya a otro lugar sigue siendo lo mismo...

-¡Trinidad, no desistas tan pronto! Puedes aprender desde casa, seguir las cintas o ver películas! No deberías rendirte tan rápido.-le contestó Rita la cocinera, que acababa de servirle una sopa de verduras con un agradable aroma-

-Si total la mala suerte me persigue para qué voy a esforzarme, seguiré aquí y ya está.

-¿Por qué dices que te persigue la mala suerte?¿Qué te pasó?-quiso saber su amiga que la conocía desde hacía una semana.

-Verás, siempre que quiero algo, no logro alcanzarlo. Te pondré ejemplos. Cuando era pequeña, quise ser una tortuga de agua y viajar por el mundo, pero no lo conseguí, cuando entraba en el agua me hundía. Otras tortugas nadaban sin dificultad y pronto se marcharon muy lejos.

-¡Ah, ya veo, comienzo a entender! Cuéntame más cosas-la animó con curiosidad detectivesca para ir conociendo un poco mejor su carácter.

-Luego quise ser corredora, me compré unas buenas zapatillas e iba a entrenar todos los días, así hasta la gran carrera que se disputó antes de llegar la primavera. Me sentía muy orgullosa de mi preparación e iba de las primeras, pero me ganaron. Así que tuve que abandonar, de nuevo la mala suerte ¿sabes?

-Sigue, esto se pone interesante-le dijo inquieta-

-Eso no fue lo peor, cuando quise ir a la universidad no pasé la prueba de acceso, por medio punto ¡qué injusto! Así que tuve que dedicarme a trabajar en algo que no quería, pero me aceptaron. Claro que podría haber buscado un empleo diferente siendo más joven, pero tuve miedo de perder el que tenía...

-Ammmm... claro la mala suerte que te persigue ¿verdad? -concluyó Rita a modo de desenlace-No es necesario que sigas narrándome más historias Trinidad lo único que te ha faltado es tener perseverancia y confianza en ti misma.

-¿Cómo dices? Yo lo intenté y fallé, no fue culpa mía...
-Mira te lo explicaré con algo que vas a entender. Cuando quisiste ser nadadora, yo estaba allí como tú intentando aprender. Te observé porque veía que cada vez que tragabas agua, salías y te sentabas sobre una roca, negándote a continuar. Ahora lo recuerdo, entonces éramos muy jóvenes.

-Bueno... sí, pero es que lo pasaba muy mal.

-Las otras tortugas también tragaban agua, pero tenían una meta bien definida: querían ser nadadoras costase lo que costase, no iban a rendirse. Yo era una de ellas.

-¡Oh, vaya! ¡Qué fuerza de voluntad y constancia! Yo pensaba que les era fácil, por eso sonreían y seguían sin importarles los atragantamientos.

-Trinidad la vida es un lugar donde muchas cosas nos salen mal. Hay que aceptarlo y no rendirse, buscar alternativas, saber escoger la que más conveniente para el momento que vivimos. La mala suerte, no existe. Todo se reduce a malas elecciones, así torcemos el camino que nos lleva a nuestra felicidad. Fallamos porque elegimos mal o no vemos en que nos equivocamos, eso es todo.

-Ammmmm... voy comprendiendo. ¿Qué hiciste tú para tener buena suerte, entonces?-preguntó con cierta envidia y un poco apabullada por la lucidez del descubrimiento.

-Intenté muchas cosas como tú. Unas me salieron bien, otras no. Como cuando decidí hacer la travesía por el mar abierto y fui atacada por un tiburón. Se comió una de mis aletas, la derecha y mordisqueó mi caparazón. Mira mis cicatrices. Tuve suerte de sobrevivir, seguí nadando hasta la orilla, tenía ganas de abandonar porque me encontraba muy mal, pero me centré en llegar y llegué.

¡Qué horrible sensación tuviste que vivir! Y sin embargo te salvaste-reflexionó aquel hecho tratando de encontrar de nuevo la mala suerte.

-Al regresar a casa mutilada, no quisieron admitirme en el curso de cocina. Pero me puse tan pesada que terminaron por matricularme, desmonté todas sus excusas formales. Me esforcé tanto que al final, tuvieron que darme el título de cocinera. Encontrar empleo con una patita de menos, fue aún más difícil, pero alguien quiso darme una oportunidad, probó mi comida y mira aquí estoy, cada día dándote de comer en este fabuloso restaurante.

-Tienes razón. Tuviste mala suerte pero lo cambiaste ¿es así como debo pensar?

-Te felicito. ¡Esa es la respuesta, amiga! ¡bravo, bravo! Así lo conseguirás...

-Claro que sí, ahora mismo voy a ver películas en inglés y estaré pendiente de que se vuelvan a abrir plazas, incluso puede ser que haya alguien que renuncie porque no le gusta...

Ambas amigas, se miraron a los ojos con franqueza y sonrientes sorbieron café. Trinidad parecía diferente como si alguien la hubiera llevado la nube oscura que llovía sobre ella dejándola imponente para desarrollar cualquier plan. Ahora todo lo veía con claridad.

-Fin-
Autora@MaiteAlbarrán