Isaías iba por las tardes al auditorio, la entrada era gratuita, con motivo de la celebración de la semana de
la Música. Desde el principio, sintió admiración hacia la letra
Do, le recorría un escalofrío cada vez que sonaba con intensidad
en las partituras. Tanto sentimiento le despertaba que el último
día, le gritó: “Do, eres mi favorita nunca te olvidaré” con
lágrimas en los ojos por la emoción, se despidió dándole la mano
a mamá, que orgullosa asistía a aquella demostración de amor tan
inusual.
La nota se conmovió en su interior
ante el afecto sincero de aquel niño. Se había mostrado silencioso
y atento, lo sabía porque se sentaba en las primeras filas. Lo había
oído vitorear en varias ocasiones, siendo regañado por los mayores
que lo obligaron a guardar silencio. Parecían ser los únicos que
tenían tiempo para disfrutar de aquellas tardes de música
nostálgicas del mes de octubre.
Cuando dejaron de tocar los músicos,
las partituras del repertorio volvieron a ser guardadas en las
carpetas, Do de forma impulsiva , emprendió la huida y de un salto
consiguió saltar a tiempo y ver como se cerraba el enorme volumen.
Se había decidido a ir en busca de aquel niño. No soportaba estar
oculta de nuevo durante mucho tiempo. Pocas veces tenía el gusto de
recibir un público como el de aquella semana.
Los conciertos en directo se celebraban
en pocas ocasiones y la gente que asistía, lo hacía sin tener
verdadero interés por la música. Más bien utilizaban el evento
para exhibir una situación económica que le permitía tener un
atuendo de joyas y trajes elegantes. Únicos en su diseño y al
alcance de muy pocos.
Do estaba aburrido de escuchar aquellas
conversaciones frías y vanas. Necesitaba volver a oír la risa de
los niños espontánea y alegre, ver la vida desarrollarse sin
formulismos. No sabía lo que le esperaba fuera. Cuando llegó a la
calle tuvo miedo ¿hacia donde iría? Se estaba arrepintiendo, de
repente vio a aquel niño a pocos metros de la mano de su madre.
Isaías al ver a Do en mitad de la
acera corrió en su busca y disimuladamente la guardó en su mochila.
Mamá le preguntó porque había regresado a la entrada del auditorio
y el le dijo que había visto un soldadito de plástico que se le
había perdido.
Al llegar a casa fue a su habitación.
Necesitaba ver que Do seguía allí y no era un sueño. Cuando abrió
la mochila la nota no dudó en salir con gran energía, no quería
estar de nuevo escondida en un lugar oscuro.
-Hola Do, que valiente eres por salir
del concierto y venirte conmigo. Soy muy feliz.
-Hola niño. La verdad es que ha sido
una locura, no sé si las otras notas volverán a entonar una melodía
sin mí. He de regresar...
-¡Oh, espera un poco! Podemos jugar,
yo te enseñaré canciones y estarás contenta.
-A ver ¿que sabes?
-Ummm... Al corro de la patata,
comeremos ensalada...
-No sigas, no es mi estilo, mejor no
cantes.
-Vale.
-Se me ha ocurrido un plan. Escribiré
una carta exigiendo unas condiciones para regresar, tú tendrás que
llevarla al Palacio de la Música para que sepan que ya no estoy. Me
he revelado y no podrán tener más música.
-De acuerdo, mientras tanto jugaremos
¡Do!
Al día siguiente todos los conciertos
de música fueron suspendidos. Las notas sonaban descontroladas
porque cuando le tocaba a Do, no sonaba. Había roto el orden
preestablecido. Los músicos revisaron las partituras y con sorpresa,
descubrieron que la nota Do ya no estaba escrita en las sinfonías.
Cuando llegó la carta al director leyó lo que Do había escrito,
no pudo más que quedarse atónito. Decía así:
“Exigencias de Do para regresar
a la música
Como habréis podido comprobar me he
marchado. La causa ha sido el aburrimiento porque no tenemos
conciertos de música donde exhibir nuestro talento en manos de los
músicos que nos adoran. Los niños necesitan emocionarse con las
notas musicales, disfrutarlas para crecer como adultos sensibles.
Exijo por tanto para regresar, que se establezcan unos conciertos
mensuales para que todos podamos tener lugar, para desarrollar la
melodía más tierna, repleta de alegría y belleza”
Al terminar la carta, se quitó las
gafas miró a Isaías escrutando cada detalle de aquel niño que no
sabía si le estaba tomando el pelo o de verdad sabía donde estaba
Do. Tras unos instantes de silencio en los que meditó que palabras
utilizar, le dijo que si Do regresaba harían lo posible por que
aquellos conciertos se celebraran.
Do, que estaba detrás de la oreja de
Isaías, lo escuchó pero no le inspiró confianza suficiente la
declaración del director. Así que susurró al niño que lo pidiera
por escrito el compromiso.
-Oh bueno pequeño Isaías, se ve que
eres un niño muy especial, con un poder extraordinario para atraer
la sensibilidad de la música y sus notas, yo quisiera dártelo por
escrito pero necesito autorización de otros supervisores, pero no
debes preocuparte, Do, tendrá sus conciertos.
-Bueno, señor director Do dice que no
hay trato.
Tras pronunciar estas palabras con una
sonrisa amable, iba a marcharse cuando de nuevo el director le detuvo
con la concesión inmediata a su petición. Mientras redactaba el
contrato, Do permanecía muy atenta observando las palabras que
escribía en aquella hoja de papel. Tras terminar, Isaías le pidió
que abriera una partitura de música para que las otras letras le
pudieran escuchar.
“Yo el mando supremo del Palacio de
la Música, me comprometo a hacer conciertos de música gratuitos que
se darán en el auditorio hasta completar el aforo, todos los meses.
A él asistirán los niños de los colegios, institutos y todo aquel
que sea un amante de este género. “
Tras la lectura, Do de un salto se
metió en la partitura musical. Las otras notas estaban excitadas por
la hazaña de Do, se abrazaron y besaron rebosantes de felicidad,
para celebrar su triunfo, al fin podrían sonar en los instrumentos
de los músicos.
Isaías iba a marcharse cuando Do le
llamó para darle una recomendación de afecto.
-No me olvides Isaías, eres un niño
maravilloso. Pero mi lugar está con las otras notas que componen la
sinfonías. Si me quedo contigo, la tristeza lo invadiría todo. Yo
necesito sonar ¿lo entiendes, verdad?
-Sí, Do te quiero. -le respondió
afirmando con la cabeza y lleno de lágrimas de desconsuelo por la
inminente despedida.
-Podrás venir a verme a los
conciertos, recuerda, no debes estar triste.
-Lo haré Do, para que siempre estemos
unidos cuando sea mayor, seré músico. Compondré melodías llenas
de ti. Te adoro y tocaré el xilófono, violín y …
-Ja,ja,ja... eres un amante de la
música. Ha sido un placer encontrarte. Debo irme...
-¡Adiós Do! Nos veremos pronto.
Y así fue como los conciertos se
desarrollaron todos los meses en el Palacio de la Música para
alegría de todos, porque por fin un lugar tan maravilloso se
llenaba de sonido en lugar de silencio. Había muchos días de
apertura con un aforo total. Porque gracias a la idea de Do, cada vez
había más aficionados a ella y no dudaban en adquirir entradas,
porque la música se había convertido en parte de necesaria en sus
vidas.
-Fin-
Autora@MaiteAlbarrán

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