Estaban dispuestas
en la mesa del café de las cinco de Dolores la cuchara, taza y plato
como de costumbre. Eran algo antiguas, pero encajaban tan bien que
entre el cariño y el apego, olvidaba su envejecimiento. Si total se
decía, yo también he cumplido años y aunque he mermado algo, sigo
siendo válida.
Estas tres herramientas habían sido muy amigas, compañeras
entrañables de tertulias, sobreviviendo al paso del tiempo, eran las
últimas piezas de un juego de seis. Habían estado presentes en las
risas, discusiones acaloradas, lágrimas inconsolables, pucheros y
algún que otro intento de estrellarlas contra el suelo en un momento
de liberación de energía excesiva producida en un ataque de rabia
en manos de los invitados a café.
Ya los tiempo lejanos de mucho ruido dieron paso a la soledad
completa de ser piezas únicas para Dolores que manejaba con absoluta
serenidad y cuidado.
Pero el exceso de roce y quizás la necesidad de egoísta
supervivencia las habían alejado de lugar, aumentando los silencios
y la falta de cooperación entre ellas. Rivalizaban continuamente por
ser la pieza imprescindible en la mesa del ama.
-Yo soy irrompible por más caídas que recibo, sigo siempre
igual, soy la pieza indispensable para tomar café sin mi no puede
remover. Debéis dar gracias de tenerme- les dijo en un tono altivo,
dejando claro su superioridad -
-Permítame puntualizar, sin ánimo de ser ofensa, Sra. Cuchara,
estoy en este hogar antes de que llegara, he presenciado pasar piezas
irrompibles, resistentes, como es su caso, hacia un camino muy oscuro
en un lamentable descuido, el cubo de la basura. Nadie las ha echado
en falta porque al día siguiente había otra igual en el cajón para
reemplazarla ¿Pero quién puede olvidarse de un plato? Nadie, todos
lo necesitan para llevar el café a la mesa. Yo contengo a la taza y
también a la cuchara. Además le recuerdo a los que no toman azúcar.
Otros el café solo y no se acuerdan de su existencia-dijo con
orgullo pleno de satisfacción por su elocuente discurso-
La taza muy prudente había estado escuchando, inundada de ira,
nerviosa, palideció ¿cómo se atrevían a sentirse imprescindibles
si era ella la que daba sentido al café? Así se decidió a hablar
de esta manera:
-Sr.Plato y Sr. Cuchara temo discrepar, dejo mi humildad sabida
para hacerles saber que no son las piezas necesarias en la tarde de
café. Sólo yo contengo la leche, café ó te y azúcar, aguanto
todos los golpes de remover con cuchara y los balanceos oscilantes en
el plato, menudo equilibrio he de hacer. Yo soy la única pieza
indispensable.
Las tres se miraron con verdadera enemistad. A partir de ese
momento, dejaron de trabajar en equipo y la frialdad del trato fue
motivo de que Dolores no encontrara cómodo tomarse un café que no
encajaba en un plato donde una cuchara no quería estar, ya que
siempre terminaba en el suelo.
Fueron reemplazadas por un hermoso tazón de loza rojo a juego con
una cuchara. Las tres piezas desoladas comprendieron su error y
juntas estuvieron en el armario durante mucho tiempo para pensar en
el fracaso y frustración que les había llevado al olvido.
Recobraron la amistad y se dieron mucho amor y afecto en la
oscuridad al fondo de un armario. Un día llegó la oportunidad
soñada para volver a ser útiles. Fue una tarde de visita, en la que
el ama recordó aquella vieja taza de café a juego con el plato, con
su inseparable cuchara.
Tras el mismo percibió que había encajado muy bien, el plato, la
taza y la rebelde cuchara que antes siempre se caía. La nostalgia y
el afecto que les tenía a las tres, hizo que volviera a utilizarlas
en sus tardes, ya no recordaba que eran viejas, las encontraba
perfectas en su misión de darle un respiro en ese agradable momento
de silencio.
Moraleja: Nunca menosprecies el trabajo en equipo, el éxito está
en saber compartir espacio sumando valías, recuerda que hasta el ser
más insignificante sabe algo que tú desconoces y la falta de una
sola pieza resta eficacia al resultado final.
MaiteAlbarrán 31/01/2015

