miércoles, 30 de julio de 2008

Tomada en mar

Tomada en mar

Ojos de calamar escucha cantar a las caracolas
doce sones de amores
doce colores de mar.

Sirena soy , serena mar me lleva
cuando sueño tus labios tomando
mi boca , lleno tinajas de flores
al soñar que estás anclado en mí.

Te siento atravesando mis puertas
salen a recibirte los besos tentadores
que te piden que no pares la marea.

Espuma de deseos saciados arrojamos
al mar en calma, que se tiñe de verdes
azules , blancos de pasión, nos sacamos.

Concha atraviesas cangrejo para tu fuego
me tomas, me envuelves, me abandonas
espuma vigorosa enviamos a orillas del mar.

Mar apuesto, mar completo
mar que expulsa olor de amar.

lunes, 28 de julio de 2008

¡Ámame de una vez!

Ámame de una vez

Cuando te miro me sorprende
la fuerza de tu amor de nuevo.
Después de tantas palabras, fríos,
soledades, tristezas ¿Aún queda amor?

Dices amor, amor, amor
delfín de caracolas húmedas
espero, te espero, ¡ay desespero!

Y camino distante, me acerco, que miedo
no te encuentro en mí, aunque ansío verte
aquí dentro, sólo un momento, no estás.

Dices amor, amor, amor
soy tu esclavo, tu rey, tu fin
asiento, sin sentirlo, claro quiero .

Y sueño sentir tu lengua sacudirme anclada
en mi selva inanimada sin músculo rojo está.
Negra vena de pasión me juras, que desconsuelo
no te veo, más que frío tengo , pavor me da.

Prometes fuego, besos a jarras como cerveza
deslizándose por mi piel seca, broncéala ya.
por sí me pierdes, por si no sé regresar no te
demores más, por si me alejo otra vez, sí ocurre ya

Arde mi piel me quemo en el ego del deseo
vaivén que mata a tu sirena de piel de arena
devorada soy por espuma ,esperma, espuela
dime adiós, hoy dilo, dale dilo, adiós, adiós.


*Espuela : Última copa que toma un bebedor antes de separarse de sus compañeros.

domingo, 27 de julio de 2008

El cumple de mi bebé...

No me gusta hablar de los sentimientos. Estos se ligan como serpientes a lo largo de mi cuello y me aprietan. No me gusta mencionar lo que más quiero, por si la propia vida vida me la juega y me deja sin nada para sobrevvir.

Pero haciendo una excepción, sacando verdades que no quiero, queriendo medir todo mi amor sujetándolo para que no me arrastre, escribí un pequeño poema, al estilo de una anarquista a la que sólo le importan los sentimientos, que no sabe de ritmos, melodías o palabras que se mezclan para sonar mejor.


Para uno de los dos pilares de mi existencia.

Balanza de tus trece

Cuando te anunciaron los test
sólo tu papi saltó de alegría.

Cuando un jueves rompiste tu bolsa
para nacer presentí que te perdía
sin conocerte, sin quererte, te perdía.

Un doctor te salvó y renaciste
para mí, patito feo, mi bello cisne.

Y al cogerte fruto de ternura me
torné, por cautivar tu dulzura, delfín.

Pasaron tantas cosas tristes, tantos
relojes contaron soles fríos de soledad.

Pero tú los difuminabas con tus pasos
con tu risa, con tu aroma, cambiaste
mi vida sin calor, por un verano perenne..

Y hoy cumples trece soles bello púber
de piel tersa, pelos sembrados, veo
cambiar a mi tierno gatín en tigre.

Y te adoro más que al Sol, con mucho
más que amor, mi vida o mi suerte.

Mi fortaleza son y serán tus ojos dulces
mis cimientos tu rebeldía, mi camino
tus andares difíciles que sufriré, mi delfín.

sábado, 26 de julio de 2008

Preparando un sabroso arroz valenciano

Mi tremenda cara de estupidez consentida, previa a la sesión de dos horas de curro de cocina, friega y haz....

En fin de vez en cuando hay que ejercer de mayor de edad!!!!

La cocinera o sea yo



Ingredientes
(Para seis personas)
Coste medio unos 20 € pero un día es un día eh??

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Dos cigalas frescas ( kilo aprox. 21€)
8 langostinos mediados crudos
Medio conejo
400grs. de chirlas o almejas
8 mejillones
3 calamares medianos refrigerados
250 grs de morralla para hacer caldo (pescado de bajura o rocas)
1 pimiento rojo
dos dientes de ajo
colorante alimentario
400grs. de arroz la fallera (redondo)
1 tomate rojo o de ensalada
250grs. de preparado para paella(lleva alubias de garrofón, alubias, judías verdes congeladas)
50 grs. de guisantes
Sal
chorrito de jugo de limón
Aceite de oliva

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Las cigalas


Se conservan frescas, sólo se lavan para el final.

Los langostinos



Exactamente como las cigalas, se reservan para el final.
Los calamares


Se lavan, se les quita la cabeza se cortan los tentáculos. Se cortan a trocitos pequeños quitándole la piel.
Las chilas o almejas


Se lavan bien, se ponen en agua fría para que suelten la arena un rato. Se cuecen a fuego fuerte con poca agua hasta que se abran. Luego se quita la mitad de la cáscara para que no haya demasiadas conchas en el arroz, suelen romperse y es desagradable morder una.




El pescado para el caldo o morralla




Se pone a cocer a fuego moderado una media hora, con una hoja de apio y dos litros de agua. Aquí el caldo:



Los mejillones


Se lavan bien, quitándoles los pelos o barbas. Se cuencen con poca agua a fuego fuerte. Se les quita de la cáscara y se reservan. Si alguno no se abre o ya está abierto antes de hervirlo desecharlo, lo mismo para las almejas.

Conejo fresco troceado


Se lava bien, y se reserva.


El tomate

El pimiento rojo



Preparación:

Colocamos la paellera con aceite, el suficiente para que cubra el fondo. Echamos el conejo, le damos unas cuantas vueltas y a continuación añadimos el pimiento rojo bien cortadito a tiritas.




Cuando hayan tomado color, añadiremos el calamar troceado.



Iremos añadiendo el ajo, el tomate y por último la verdura para la paella. Todo lo dejaremos sofreirse lentamente hasta que tenga una apariciencia apetitosa.


Finalmente añadiremos el caldo del pescado que teníamos reservado. Lo haremos hervir todo en conjunto, será el momento de añadir el arroz en proporción al caldo. La medida es una taza de arroz por dos de caldo, aunque yo lo hice a ojo es recomendable medirlo. Sazonaremos al gusto, siempre debe quedar un poco fuerte para que no quede soso, falta coger la sal el arroz.

Los últimos toques serán el l colorante y ya una vez añadido el arroz, unas gotitas de limón (para que no se abra) pondremos el marisco sobre el arroz. Lo iremos moviendo para que se haga de manera eficaz, por todos los lados. Manteniendo el fuego fuerte hasta que el caldo comience a desaparecer. Lo seguiremos teniendo unos cinco minutos más, a fuego moderado. Sacaremos el arroz del fuego, aunque quede un poco de caldo no hay problema, al tenerlo tapado unos cinco minutos será absorvido por el propio arroz.



Y he aquí la famulosa paella lista para degustar, por cierto, estaba divina.

lunes, 21 de julio de 2008

Hélida y sus deseos primitivos

Hélida y sus deseos primitivos

Hélida se despertó sudorosa . Eran las cuatro de la mañana.. Adalberto dormía como de costumbre hondamente. Se levantó sobresaltada, de mal humor de nuevo el sueño o pesadilla se repetía una y otra vez. En el ella estaba lamiendo el sexo de una mujer atractiva, exuberante y disfrutaba enormemente haciéndolo.

Fue hacia la cocina y bebió agua. Necesitaba desahogarse estaba sobre excitada. Tocó su sexo y hasta su clítoris estaba inflamado. Fue hacia el salón cogió su masturbador y introdujo en su dvd una película de sexo lésbico. Se quitó las bragas, mientras frotaba sus pechos chupó el aparato de silicona y lo deslizando lentamente hacia el interior de su vagina, imitando a las protagonistas de la escena pornográfica.

Estaba a punto de llegar al orgasmo cuando Adalberto la sorprendió. Las voces y jadeos lo habían despertado. Siguiendo el sonido de las mismas llegó hasta el salón.

-Pero Hélida de nuevo masturbándote. ¿Nunca tienes bastante ? Siempre estás con esas películas de tías viciosas que se meten pollas de goma, me voy a la cama. Disfruta por los dos. Dicho esto se alejó marcando sus pies descalzos al regresar a la habitación, síntoma inequívoco de su disgusto, la furia lo invadía. No soportaba ver a su novia metiéndose aquel masturbador de silicona, sentía que se alejaba de él y no sabía como satisfacerla para que dejara de hacer aquello.

Ahh!!! Es lo único que pudo decir ella. tras estallar en un impetuoso orgasmo. Todo su cuerpo palpitaba .Ni si inmutó al ser pillada en el acto. No se sentía culpable, necesitaba de aquellas películas. Los sueños la consumían en una lujuria insatisfecha. Necesitaba tener sexo con una mujer, su subconsciente le estaba revelando una bisexualidad. No quería ser así, pero no podía negarlo por más tiempo. Las mujeres la atraían. No cualquiera, sino las que poseían una carga sexual, atractivas, imponentes, seguras de sí misma, las que en definitiva no tenían barreras.

A la mañana siguiente mientras desayunaban juntos en la cocina antes de irse a trabajar, Hélida pudo percatarse del silencio intencionado de Adalberto. Apenas le dirigía la mirada, comía en silencio, pensativo, ausente, buscando una forma de olvidar lo que le estaba devorando de rabia.

Hélida no quería hablar de ello, así que ignoró la mala actitud de su novio, se vistió sin prisa y se fue como de costumbre hacia su trabajo. A las ocho, al salir de su turno laboral, sus pies la condujeron por primera vez hacia un bar de copas que era frecuentado por mujeres lesbianas. Entró, el ambiente era muy distinto a como se lo había imaginado. Un local oscuro, lleno de luces de neón, una mujer atractiva se situaba detrás de la barra, era de unos cuarenta, rubia y muy exuberante. Le preguntó con una voz agradable que tomaría

-Póngame una cerveza.

El local estaba casi desierto. Se notaba que acaban de abrir. A los pocos minutos comenzaron a entrar varias mujeres alegres, atractivas que se pusieron cerca de ella en la barra. No paraban de mirarla, se notaba que era nueva en el lugar y intentaban indagar quizás su grado de homosexualidad.

-Hola soy Blanca. Se presentó una morena, atractiva de unos veinticinco años, pelo largo negro, ojos grandes de mirada dulce e intensa. ¿Es la primera vez que buscas sexo con mujeres querida? Le preguntó intentando iniciar una conversación.

Hélida asintió sin decir palabra. Apenas se atrevía a mirarla. Le gustaba, rezaba para que no se fuera y siguiera hablándola.

- Bien, ¿ te gusto? A mí me pones bastante. ¿Podemos ir a tu casa? Le propuso Blanca sin más preámbulos. ¿Te llamas?

- Hélida. Titubeó mientras pensaba. Sí, podemos no vivo muy lejos además tengo el coche aparcado cerca. No pensó en Adalberto, la lujuria se había apoderado de ella y esa mujer voluptuosa la estaba invitando discretamente a tener sexo. Pagó su copa y ambas salieron habando amigablemente en dirección hacia la casa.

Al llegar al apartamento de Hélida ambas estaban muy excitadas. Habían ido manteniendo una conversación sobre sexo lésbico en el coche. Hélida sabia que su novio llegaría en una hora, no le dio importancia, tenían tiempo de sobra. Comenzaron a besarse impetuosamente, fueron hacia la bañera y juntas tomaron un baño descubriendo el cuerpo mientras se enjabonaban mutuamente. Acabaron y salieron mojadas, con ganas de seguir tocándose, cayeron enrolladas sobre la cama. Hélida insinuó a Blanca que quería que le lamiera el sexo. Esta sonrió y bajo su cabeza hacia el, chupando, lamiendo, introduciendo sus dedos en la vagina la hizo correrse de placer en apenas quince minutos.

Ambas mujeres se comieron a besos, se poseyeron vaginalmente empleando masturbadores, se lamieron todas las zonas sensuales; muslos, ombligo, axilas, trasero, espalda. Etc. Alcanzaron pletóricos orgasmos. Era tal la diversión que tenían, que no percibieron la presencia de Adalberto en el rellano de la puerta del dormitorio. Estaba serio, de brazos cruzados, sus ojos se adivinaban fríos, su porte reflexivo, estaba indeciso, no sabía que actitud tomar. La escena sin duda le desagradaba, le dolía ver a su chica follando con otra mujer, pero a la vez lo excitaba profusamente. Hélida pudo descubrirlo al encontrarse de forma fortuita con sus ojos, se quedó meditabunda, se levantó y fue a su encuentro, olvidando que estaba siendo comida por Blanca, lo besó cariñosamente y al abrazarlo, notó que su pene estaba medio erecto.

Adalberto emitía chispas, estaba conmocionado de rabia ,pero el roce de los labios de Hélida lo calmaron, lo trasmutaron y su deseo fue creciendo paulatinamente. La aceptó y poco a poco fue conduciéndolo hacia la cama. Blanca estaba estupefacta. Aquello se estaba convirtiendo en algo inesperado, temía el final, pero se repuso y se dejó llevar por los acontecimientos venideros.

Hélida la miró ordenándola una sumisión total hacia su hombre, símbolo de respeto. Blanca aceptó y lentamente fue dirigiéndose hacia él. Ambas lo tumbaron y lo fueron desnudando lentamente. Besos, arrumacos y muchas caricias en exclusiva hacia el tercer invitado que careciendo de ella se unía al trío improvisado.

Adalberto se dejó llevar por las chicas, ambas lamían y jugueteaban con su zona erógena, se llegaban a pelear por introducir el falo en la boca, Le practicaron ambas un buen sexo oral. Cuando llegó al límite de su control, le dijo a Hélida, come ”el coño de tu amante, yo voy darte por el culo” sonó duro, fuerte, dominante, como se sentía en ese preciso momento.

Ella quiso objetar, lo habían hablado otras veces, ella no era receptora de ese tipo de sexo, no le iba, pero era justo. Así que Adalberto aprovechó la infidelidad de su novia para que ella le dejara penetrarla por la región perineal, cosa a la que siempre se había opuesto férreamente.

Hélida estaba tensa. ¡Oh Dios las pocas veces que lo habían intentado no lo había soportado. Ojalá pudiera sosegarse y pensar en otra cosa!

-Relájate le impuso Adalberto, no te dolerá sino haces fuerza. Inició el acto metiéndole un dedo untado en saliva por el ano, ella seguía sin alterarse aparentemente lamiendo el sexo de Blanca, luego un poco de lubricante y un segundo dedo. Abrió bien sus piernas y puso su pene en la entrada. Tuvo que forzar un poco, seguía siendo estrecha. Ella al notarlo sintió dolor, él le susurró un no te cierres o te dolerá más. Ella obedeció, se abstrajo de esa sensación poco placentera lamiendo con fervor el sexo convulsionado a punto de orgasmo de Blanca, intentaba olvidarse de que su novio la estaba taladrando y le hacía daño. Duró unos cuantos minutos esa sensación, luego sentía una embestida distinta pero ya no era tan molesta.

Adalberto la tomó lentamente, sin prisas, disfrutando del calor y la angostura de su ano virginal. Estaba jubiloso. Veía que su novia estaba dejando de chupar a Blanca, jadeaba, estaba sintiendo placer, gemía, por lo visto estaba disfrutando de aquella primera vez..

Él fue adaptando los tiempos, cuando supo que Hélida logró su orgasmo, él se vino teniendo uno de sus mejores momentos de éxtasis. Blanca al verlos enganchados y tan febriles había optado por vestirse y abandonarlos sin que presintieran su fuera de escena. Desde el momento en que él la había tomado por detrás, Helida la había ignorado por completo, Su deseo había desaparecido de forma inusitada. Él al terminar, quiso saber que le había parecido esa forma nueva de amarla.

-Me ha producido sensaciones contrarias, dolor y placer, ha sido distinto, me ha gustado muchísimo. Pensé que precisaba tener una relación lésbica y no me lo he pasado ni la mitad de bien con ella que cuando tú me has tomado por sorpresa y me has condicionado con sexo anal. Era lo que faltaba por probar, ahora estoy segura de que no me gustan las mujeres.

-Bueno nena, no tan deprisa. Yo he visto como disfrutabas con tu amiguita Blanca y estoy seguro de que la llamaremos pronto. Me ha puesto mucho la escena que he vivido y quiero repetirla, puede ser un buen complemento para los dos.

-Bueno amor, si insistes, mantendremos tríos. Pero no será tan sensacional como sentirte a ti y tus embestidas mágicas.

Y ambos comenzaron de nuevo a amarse. Principiando una postura invertida, un sesenta y nueve de bocas jugosas sobre sus aparatos reproductores. Luego proseguirían con la postura que más les apeteciera, acababan de romper las únicas barreras que los alejaban del placer, las cumbres más álgidas habían sido coronadas.

Fin

domingo, 20 de julio de 2008

¿Confiar en las palabras?

Dicen que soy demasiado obvia. O sea clara. Una vida me ha llevado serlo. Vivir en verdad, sentir con amor, decir no, decir sí, dar y recibir...

No soy yo quien debe cambiar. Soy perfecta en armonía siendo así. Quizás las reglas de la vida no me las sé y me cuesta trabajo aprenderlas. He aprendido a callar, a escuchar y a no decir lo que pienso. Me falta aprender a dudar de todo lo que me dicen y cuestionarlo.

Sé que existen personas como yo, las voy encontrando sinceras, honestas, precisas, concisas. Tengo un gran amigo que tiene una vida plagada de errores que conocí hace poco. Estupenda persona que espero me vuelva a hablar y aceptar . Su nombre, espera que piense....Antonio. Es al que más ganas le tengo, quizás porque le hago falta y me ignora porque cree que me da pena y lo que me da es ganas , de tenerlo como amigo para siempre...

Tengo unos cuantos más que me merecen la pena. Todos distintos, todos brillantes. Tengo un buen nivel de comprensión con el hombre en general, me abren su vida y me encanta ver como son, como piensan y lo mucho que me aportan cada día con su nivel de sinceridad, fuera de egoísmos y deseos.

El tema iba sobre la confianza . Sé que no debo confiar en las mujeres . Ya que todavia no he hallado una en la que pueda hacerlo. Suelen traicionarme, no sé si por envidias, inseguridades o simplemente porque les gusta quedar por encima. Si hay un ser en el que no confie son las mujeres en general, sobre todo si son empalagosas al hablar "tipo cariño, amor, etc". Las tengo catalogadas como arpías de mil caras. Son dulces un momento y te traicionan con frialdad cuando menos te lo esperas.

No sé si queda ético decir que las mujeres me detestan. O incluso hablar mal de ellas. Pero es mi experiencia en la vida. Ni de mi propia madre me puedo fiar.

No puedo decir que no tengo conocidas que sí que son buenas conmigo. Hablo de cuando alguna llega a tenerme confiada y con mi cariño ganado. Entonces surge algo que me hace ver la falsedad de esa relación.

La enseñanza que me queda por aprender es "no confiar en las palabras". Seguir el curso de los actos. Y ser capaz de preveer los acontecimientos para que no puedan lastimare e intuir el daño o traición.

El juego de la dominación a través de las palabras que nos envuelven la voluntad y nos hacen bajar la guardia y confiar, como niños indefensos nos dejan, a la merced de una fiera que siempre nos salta encima cuando menos esperamos.

La fórmula es:

PALABRAS+ PROMESAS= DESEOS CUMPLIDOS

¿La solución? No creerlas hasta que los deseos se cumplan.

miércoles, 16 de julio de 2008

Te espero a las siete


Eran las siete de la mañana. Nuria se sobresaltó, algo posiblemente una mano la estaba acariciando. La primera reacción al abrir los ojos y ver que ya era de día, fue asociar el suceso dirigiendo una mirada de verificación hacia el hombre estaba acariciando su espalda. Se hallaba sentado en la cama, sólo llevaba puesto un boxer rosa, Nuria mostró un gesto de satisfacción, era la prenda intima que le había regalado con motivo de su primer año como pareja.

Despierta perezosa que ya tengo hecho el desayuno, churritos con chocolate, para la más bella reina de la casa. Feliz aniversario, Nuria.

Ella se incorporó de repente y no pudo menos que lanzarse a sus brazos, buscó los labios de Andrés y se dieron un beso delicado, sorbiéndose los labios mutuamente, por unos instantes.

Ahora te traigo el desayuno a la cama princesa, no te muevas.

Ella se mostró solícita y lo esperó embriagada por una sensación de bienestar. Que despertar más alucinante y feliz estaba teniendo. La verdad es que la recompensa le era bien merecida, había vivido muchas noches en soledad debido al turno de trabajo nocturno que siempre tenía él. A los pocos minutos apareció de nuevo Andrés portando una bandeja con los primeros alimentos del día.

Desayunaron ambos en silencio, con un hambre de personas que despiertan envidia, devoraban y sonreían mirándose con amor, como sólo comen los jóvenes enamorados que saben disfrutar de los placeres más sencillos. Tras el desayuno Andrés retiró la bandeja rápidamente de los muslos de ella, lanzando un ataque sorpresa en el que tumbó a Nuria por sorpresa..

Espera Andrés quiero darme una ducha antes, tu estás recién duchado y sabes que a mi me gusta estar a nivel.

Pero si estás siempre limpia, mi cielo. Te duchas todas las noches antes de acostarte.

Pero quiero hacerlo ahora, no seas impaciente. Te valdrá la pena la espera. Ni se te ocurra dormirte eh?

¿Dónde vas Nuria? No puedes dejarme así. Ya estoy dormido. Y refunfuñando por el abandono inesperado de su dama, se quedó mirando al techo, mientras simulaba un ronquido estridente. Meditaba a la vez las cosas que le hacían adorar a esa mujer difícil, pero espléndida de sentimiento, valía la pena soportar sus pequeñas manías con resignación.

Antes de que comenzara a apaciguarle el sueño, apareció ella, con su estupendo conjunto de dos piezas de lencería erótica. El picardías iba a juego con el tanga, realizado en gasa negra, decorado con dibujos de corazones rojos, terminaba el picardía en un volante estilo años cuarenta. Nuria parecía así ataviada una auténtica diosa del amor. Se quedó detenida en el umbral de la puerta, mirándolo con deseo, alimentándose del gusto que le producía haberlo sorprendido tan gratamente .

Me vas a matar, Nuria estás buenísima, que ropa más sexy te has comprado para mí. ¡No te merezco, pero te tengo, anda ven aquí que pueda verla de cerca, mi cielo!

Ella recorrió el pequeño espacio que los separaba en línea recta, cruzando sus piernas al andar como una gatita en celo. Al llegar a la cama, gateó hasta Andrés y subiéndose encima a la altura de su sexo, comenzó a frotar su pubis contra la zona erógena de él, en un delicado vaivén de sube y baja. Al hacerlo notó orgullosa y segura, el miembro endurecido de su amante.

Andrés sintió el sexo de su novia húmedo de deseo. La agarró por los brazos para zafarse de su dominación y la tiró sobre la cama, abriéndole ambas piernas, le puso un almohadón bajo su culo para que si vagina subiera más y estuviera más abierta. Sacó los senos por encima del picardías para contemplarlos, su lengua los chupeteó y mordisqueó unos minutos, pero se abstuvo de despojarla de la prenda erótica le daba un aire magistral. Subiendo el picardías, admiraba ahora su sexo tapado únicamente por le minúsculo y transparente tanga. Introdujo un dedo por su ingle derecha separando la prenda hacia un lado. A su vista estaba el hermoso triángulo carente de bello. Ella se había rasurado todo su pubis dejándolo perfectamente suave. A través de la abertura vaginal corría un jugo denso, blanquecino que empezaba a mojar la tira negra del tanga que la rozaba. Andrés olfateó su sexo con ganas, era un aroma celestial.

Con el pulgar de su mano derecha comenzó a masajear el clítoris, Nuria se contorsionaba agitada por el estímulo recibido sobre su órgano sexual, mientras Andrés proseguía su ejercicio preparatorio. Con dos de sus dedos corazón y anular de la otra mano libre simultáneamente se dedicaba a excitar el interior de la vagina, que tras unos minutos estaba permeable. Fue entonces cuando se colaron dentro. buscando la excitación de todas las ramificaciones de su sexo. A los diez minutos de hacerlo, ella sudaba, gritaba y pedía más y más ritmo, lo necesitaba para alcanzar el éxtasis. Inesperadamente Andrés paró bruscamente dejándola boquiabierta y sin esperar la merecida queja, metió su lengua hasta el fondo de la vagina, necesitaba lamer su flujo. Era una de las sensaciones que más le gustaban. Beber el aroma de Nuria y hacerla estallar en orgasmo con su lengua poderosa y sabia. Tras un jadeo y rítmico vaivén de caderas ella estalló emitiendo su particular grito, de haber alcanzado el clímax, pero él no paró hasta beber todo su flujo.

Sudorosa, excitada y cansada por el esfuerzo, no quiso olvidar a Andrés. Ahora cariño, te toca a ti, incorporándose le quitó los calzoncillos y lo situó bocabajo en la cama. Se sentó a la altura de sus nalgas, comenzó con un suave masaje a la altura de sus hombros, luego se agachó y su lengua punteó toda su columna vertebral, lamiendo desde las vértebras del cuello hasta el rabillo que acaba cerca del ano. Así una y otra a vez, lo recorría de arriba abajo, luego, le impuso la postura del perro, a cuatro patas. El dio un respingo, trató de detenerla, no le gustaba que ella tomara el papel dominante, pero Nuria dulcemente le susurró no lo estropees, así que terminó cediendo y retornar a la posición exigida. Ahora ella se situó sentada en sobre sus talones en la cama, observándolo, las piernas estaban abiertas, su rabo erecto colgaba al igual que sus testículos, prosiguió masajeando su espalda bajando hasta las nalgas ,alternaba la maniobra con su lengua que también recorría su espina dorsal . Hasta que ya no se detuvo en el final de las vértebras óseas, avanzó hasta situarse sobre su abertura anal..

De nuevo, Andrés preso de pavor ante la aventura desconocida, quiso negarse, pero aquello le gustaba, porque no, así que calló y se dejó llevar. Nuria, intuyendo de que había al fin logrado que él se abandonara al placer sin límites, bordeó con la punta de su lengua el ano, lo lamió con pasión mientras sus manos refregaban los testículos y su pene. Despuntó con su lengua la abertura que poco a poco fue relajándose , consintiendo al mimo del gustoso deleite. Buscó en el interior una y otra vez la ansiada próstata, por algunos minutos mantuvo el vigoroso ejercicio de su miembro parlante, durante algunos minutos. Andrés no podía creerlo, estaba fuera de sí, que gozo estaba admitiendo.

Ahora túmbate boca arriba cariño. Él sudoroso, sin saber que voz angelical le hablaba, obedeció. Ella comenzó a lamer sus ingles, sus muslos, insistiendo en meterse en la boca uno a uno los testículos. Luego los masajeaba y apretaba amorosamente, mientras su lengua recorría la montaña rusa de su pene de lado a lado, introduciendo su miembro en la boca hasta lo máximo que podía contener y sacándolo de nuevo. Mordisqueaba el glande, lo relamía con la punta de su lengua con movimientos circulares y cuando supo que su pene estaba en su punto álgido de erección, se detuvo alejándose un poco para quitarse el tanga.

Nuria ahora buscaba el lubricante que estaba junto a la mesilla. Echó un poco sobre dos de sus dedos y auscultando su ano, comenzó a excitarlo y relajarlo . En apenas unos segundos lo consiguió. Estaba muy excitada y su propio deseo le facilitaba el trabajo.

Quiero que me poseas lentamente y que cuando me notes caliente no pares. Andrés comprendió al instante los deseos lujuriosos de Nuria. La levantó de la cama, puso las manos de ella sobre la cómoda, de manera que sólo estuviera apoyada contra ella, abrió sus piernas, que hermoso espectáculo tenía a la vista. Bajó la cabeza de ella consiguiendo así que su trasero se alzara un poco más. Nuria levantó la cabeza en el momento oportuno para ver a través del espejo el miembro viril de Andrés introducirse en su abertura anal. Andrés la sujetaba por la cintura, mientras el ritmo de sus caderas empujando su pene golpeaban contra el trasero de ella. Jadeaban, se retorcían de placer , sus ojos se encontraban de vez en cuando en aquel espejo que les delataba la rabiosa dicha que estaban compartiendo..

Andrés supo mantener un vigoroso y lento embiste. Prolongando el placer de ambos. Sólo cuando su pene entraba hasta el fondo sin notar ninguna resistencia de ella, se atrevió a cabalgar a de forma salvaje. Los gritos entonces le dieron un motivo más para prolongar el esfuerzo. Cuando supo que Nuria había alcanzado ya su orgasmo, dejó de contenerse y explotó , derramando la lava de su volcán en su interior . Extasiados por el esfuerzo cayeron unidos aún sobre la cama.

Vamos a dormir, ordenó Andrés. Hoy no trabajas y dentro de un rato te quiero aquí junto a mí para que me vuelvas a sacar de mis casillas. Ha sido el mejor recuerdo de aniversario que he tenido nunca.

Oh, que profundo, si al final va a resultar que me quieres, rió ella tratando de quitarle importancia al peso de sus palabras. Por suerte para ti, estoy deseando volver a empezar, ya sabes que soy insaciable.

Y juntos se durmieron abrazados dejándose atrapar en un plácido sueño, sus vidas yacían juntas en ese instante aunque la vida les hacía vivir en realidades distintas, ella en el día rutinario, él en la noche silenciosa. Pero había una hora, sólo una en la que sus mundos se unían en sintonía las siete, cuando él llegaba del trabajo y ella despertaba con ganas de tener un encuentro apasionado.

Fin

domingo, 13 de julio de 2008

Recuperé tu amor sin esperarlo

Minutos y amor...

Pruebo a lamer las mieles olorosas

a través de tu piel, será que olvidé
tu aroma o creaste uno para mí sola.

Ahora siento piececillos de mariposas
recoriendo mi piel , son tus dedos
escrutan, se deslizan descubriendo mi ser.

Rosa piel, tierna, hermosa placentera
capullo tierno sin abrir que no deseaste ayer.

Suaves tus dulces besos mojan el volcán
dormido, despierto sorbiendo tus labios
de miel, de nuevo nuestro amor rebosa.

Sabia, fiel, me alimento del caudal de tu pasión
fuiste hombre frío ,ahora maldices los minutos
que dejaste ir a través de los años de ceguera.

Deja ya de atormentarte y recuerda que
las flores del amor, se crean con besos azucarados
que no me falten , que no te olvides,
de traerlos a mi alma, los voy almacenando
en mi recuerdo por si todo acaba,
río alegre, rio hoy.

domingo, 6 de julio de 2008

El árabe y las mariposas


El árabe y las mariposas
Había una vez en una pequeña ciudad bañada por las aguas de un mar plácido, verde, dubitativo y algo romántico una extraña mujer, nacida del el influjo del eco de una caracola . Rosalía le pusieron sus padres, hermosa flor de aroma y belleza, silueta armoniosa y ojos de noche estrellada, carácter alegre y caprichoso, sonreía y lloraba como un día de sol radiante que queda cubierto por una extraña nube sin predicción. Esas intermitencias que nadie entendía, la dotaban de una sensibilidad especial, era como un mar en continuo vaivén, sufría el influjo de las olas en todo su ser. Sus sentidos la hacían ver y apreciar cosas que los demás ni tan siquiera intuían que existieran, era algo extravagante y esa niñez angelical, la alejaban del amor carnal, vivía en las nubes de colores trastornada por los poderes de la naturaleza, para sufrimiento de los chicos del lugar .Su corazón era puro y estaba vacío de necesidades y afectos varoniles. Aquellos jovenzuelos vivaces no conseguían despertar su interés, para no parecer frívola solía coquetear con ellos, pero aturdida por los requiebros y desmanes amorosos de los chicos, terminaba aburrida y los desdeñaba sigilosamente uno a uno, para no herir sus sentimientos.

Esa mujer de belleza inalcanzable para los varones que la deseaban con fervor y terminaban cansados por los infructuosos intentos de conquista, era digna y regada de orgullo propio. Reía y disfrutaba de la vida sin necesitar comprometer su corazón con nadie. Era imposible enamorarla porque ningún hombre que la había acechado mostraba un corazón tierno y puro, de sentimiento primitivo sin contaminar.

Un día arribó a la tierra de la hermosa muchacha, un hombre de manos oscuras, de tez canela, poco pelo oscuro, pasaba de los treinta, ojos negros de un fulgor extraño, de estatura mediana no superior al metro setenta, delgado y muy sencillo. Nada lo hacia resaltar salvo el brillo del anillo que portaba , confeccionado en plata de ley y grabado en rúbricas extrañas de color negro, lo llevaba en su dedo anular de la mano derecha como un precioso talismán. Muchas preguntas recibió para que descubriera el significado de las letras grabadas en el, cosa que eludía con la misma contestación pertenecía a la herencia recibida por parte de su padre. La verdadera naturaleza del anillo es que era mágico . A pesar de que su aspecto físico era vulgar y poco agraciado, el poder del anillo le conseguiría a la mujer más bella de tierno corazón que fuera capaz de leer el secreto de aquellas letras.

Esa mujer sería capaz de e verle por dentro y palpar su corazón rojo brillante con sus manos. Entonces se uniría en perfecta armonía con ella y su felicidad sería eterna. Joufsef que así se llamaba el árabe, creía con fe ciega en aquella leyenda que de generación en generación su familia se había transmitido.

Tenía el pedestre varón un extraño poder sobre las mariposas de colores. Acudían raudas y veloces en su busca siempre que se sentaba en un banco de piedra color ceniza, situado en el parque del lugar, que era frondoso y bello. Ellas enamoradas por la magia del árabe , parecían danzar alegres y devotas en torno suya, semejaba que escucharan una canción sin letra, mientras esto ocurría el anillo se agitaba en el dedo de Jofsef, girando sin parar sobre sí mismo. Eran de todos los colores y tamaños, los vecinos del lugar llegaron idear que Joufsef era un mago encantador que usaba polvos mágicos para crear un hechizo potente al cual ninguna se resistía ya que recorrían largas distancias desde lejanos lugares y sólo descansaban felices al arribar al parque donde su amo las reclamaba. Nada tenía este varón de extraordinario, hombre tosco, enjuto, de nariz prominente de águila, salvo el efecto que ejercía sobre las mariposas.

Rosalía conoció la extraordinaria historia del árabe Joufsef de oídas y quiso conocer al hombre que tanta belleza atraía hacia sí mismo. Así una tarde acudió al parque intrigada, curiosa para verlo con sus propios ojos rodeado de tantas bellas haladas. Disimuladamente lo observó y le gustaron mucho sus manos, fuertes y poderosas, oscuras como la azúcar tostada.

Joufsef levantó la vista ella en el mismo instante en que ella miraba con interés sus manos alzadas repletas de mariposas y quedó hipnotizada por el influjo de los ojos del árabe . El amor atrapa en un segundo, eso decían los libros de amor que tanto leía. Ahora supo que era verdad, lo perdió en ese preciso instante, su corazón quedó preso de un amor silente, que se fue intensificando, retumbando como una selva de animales salvajes en toda su cavidad torácica a medida que sus pasos la alejaban sin desearlo del lugar.

Pero esa noche, metida en su cama, el secreto reflotó de nuevo quedando liberado. Su mente pensó en la belleza y amor de aquellos ojos negros intensos, ese hombre feo, de aspecto mediocre se había colado en su corazón por primera vez. Ahora todo su ser palpitaba acaloradamente deseando que las manos de Joufsef se posaran sobre su piel aterciopelada.

Y desde ese momento Rosalía vivía pendiente de su paseo todas las tardes por el parque, era una cita sin guión, esperaba que ese hombre sin gracia un día se atreviera a mirarla con los mismos ojos de deseo que muchos hombres, pero aquel extraño varón no volvió a mirarla, toda su atención la recibían las atractivas dominadoras del aire de alegres colores, sus amigas las mariposas.

Rosalía desesperaba, llena de indignación y amor sin igual, observadora fiel de aquel árabe de dulces manos y tranquilos modales, no pudo aguardar más ni soportar que no existiera nada entre ambos así que una tarde se llenó de valor y se atrevió a sentarse en el banco donde él siempre estaba caer la tarde . Sonó un hola tímido femenino que no fue respondido, Jousef, absorto en su mundo e interrelación con las diosas de colores, no se lo devolvió, la miró esta vez con sus ojos grandes conquistadores y sorprendiendo a Rosalía le murmuró "tardaste mucho mi bella flor en desear mi presencia en tu vida."

¿Cómo? Mire sr,, trato de ser cordial y amable, jamás he pensado en ud. de manera alguna. He de reconocer que siento curiosidad por el modo que tiene siempre tantas mariposas revoloteando a su alrededor, todo el barrio habla de ello, pero es casualidad que hoy esté sentada aquí a su lado. Y dicho esto hizo un amago de marcharse, pero su corazón la retuvo," espera una respuesta, no puedes irte a hora tonta".

Joufsef no dejó de mirarla, escrutando el significado real de aquellas palabras frías, fruto de indignación y defensa de la muchacha. Entonces intuyendo que ella lo amaba, ya no tuvo motivos para seguir ocultando la intensidad de su amor por ella. Esa seducción que ejercía sobre las voladoras no fue más que la pista que le mostrara a su princesa la posición de su existencia. El anillo mágico obró para crear un vínculo que atrajera la atención de la mujer elegida y la uniera en perfecta armonía con Joufsef Ahora él sin esconder su voz varonil y tierna se limitó a decir:

-Vale, puedes irte entonces, sin confesar que me amas, pero será en vano, volverás a por mí mañana, estás enamorada.

-¿Qué???... Esto es, no puedo creerlo. Es Ud. el hombre más petulante que he conocido nunca. Y se levantó airosa, humillada en su orgullo, aquel extraño hombre sabía de sobra los sentimientos que almacenaba en su interior , ¿Pero cómo pudo percibir que ella pensaba en él? No lo habló con nadie, no lo escribió en ningún diario, no lo miró salvo de soslayo y sin embargo él era capaz de leer en su corazón, derribar todas sus defensas y ver la auténtica verdad que ocultaba.

Rosalía tardó varios días en regresar al parque. Su orgullo le negaba la necesidad de verlo, pero pudo más el corazón y un día regresó tal y como él le había pronosticado Ella se enamoró de la verdadera esencia de Joufsef , un hombre apasionado de gran corazón, romántico y cálido.

Cual fue su extrañeza y dolor al ver la imagen de Joufsef petrificada en estatua color ceniza. No pudo contener las lágrimas de desesperación que arribaron al umbral de sus hermosos ojos cayendo en riada por sus mejillas. Sobresaltada, cabizbaja, confusa por sus sentimientos, sin hallar al hombre real, se sentó al lado de la imagen de piedra de Joufsef, al instante no pudo contener el impulso y lo abrazó besando apasionadamente los labios de piedra de aquella estatua

Y así fue como Rosalía desapareció de la realidad. El eterno beso los unió y mientras ella lo besaba su cuerpo se fue convirtiendo en roca sin importarle perder su forma humana se dejó amar por él. Hasta las mariposas se convirtieron en piedra gris, dotando a la escultura de una belleza sin igual.

Las gentes ajenas al extraño hecho de cómo y en qué circunstancias llegó allí la escultura de los enamorados y sus mariposas, admiraban esa hermosa estatua que emergió un día de forma repentina en el parque. La misma simulaba el amor eterno entre hombre y mujer fundidos en un abrazo y beso que duraría siempre.

Dicen los habitantes del lugar a modo de leyenda para dar explicación al banco donde los amantes se hallaban petrificados, que un extraño moro raptó un día a la más hermosa muchacha del lugar y que para que ella se enamorara de él, la sedujo con las canciones que entonaban las mariposas que él dirigía como un maestro de orquesta.

Desde aquel día todos los hombres que deseaban el amor de una mujer, acudían a suplicar la benevolencia y favor de los enamorados del parque para que le ayudaran a conseguir a la bella mujer de sus sueños.

Sólo cuando el amor era verdadero, la estatua concedía el favor al suplicante enamorado Este recibía un sin fin de mariposas de colores que se posaban en sus manos. Cuando su amada se cruzaba con él, quedaba prendada de amor y así conseguía su preciado corazón.

Fin

martes, 1 de julio de 2008

Anastasia y el Sr Silencio

Anastasia era una mujer demasiado compleja para ser entendida por ningún hombre, nada quería hablar sobre amor y enamoramientos, pasaba ya una edad donde la frustración total la habían matado cualquier deseo de ser conquistada.

¿Felicidad? Ella sólo veía problemas. Un calzoncillo por lavar, un aliento hostil en su espalda, una voz que la fuera sugestionando para dominarla, un olor al que acostumbrarse, un ser al que reeducar para respetarla y valorarla tal como era. Demasiado complicado, no le apetecía acumular más fracasos en su vida. ¡Hombres! Fuera del sexo no deseaba que le descubrieran otros mundos salvo éste y siempre que el placer fuera real y no farolero.

Llenaba sus estrictos vacíos con conversaciones diversas. Siempre eran hombres los que se ilusionaban con la posibilidad de algo ¿Pero que esperan ? No tengo nada que ofrecer, salvo una conversación amigable, un buen consejo una risa en la distancia y un momento, nada más.

Su vida era ordenada, todo se desarrollaba según ella lo planificaba No echaba de menos besos ni cariño, porque el trueque sería losa al final para su alegría.

Era tan difícil tener amigos que no esperaran nada. Y tan duro quizás no tener a nadie con quién conversar sobre lo que le apetecía... Que se fue conformando un día con conversar con el Silencio.

Ese extraño caballero la sedujo una noche en la que acostaba sobre su cama planficaba el día siguiente, analizando todo lo que la había afectado ese dia, aquellos hechos que le impresionaron o le arrancaron una sonrisa. Cuando de repente un pensamiento se apoderó de ella ...

-Hola, señorita hermosa y solitaria ¿De qué le apetece conversar? Le cuento que soy un afectuoso amigo de la tertulia, soy capaz de hablar sin cansarme de cualquier tema y nunca la voy a herir con mis respuestas a pesar de que serán contrarias a la suyas para que pueda entretenerse más tiempo conmigo

-Alá que bien! Me pongo a pensar y surge de la nada el hombre perfecto. ¿Cómo se llama Ud. señor que habita en mis reflexiones si gusta de complacer mi deseo?

-Soy el Silencio. Ese hombre que calla todo el día en el que tú preciosa, estás con otros, hablas y ríes igonorando que estoy a tu lado, que te escucho y espero esa oportunidad que una hada mágica me ha donado esta noche para poder gozar del inmenso placer que me produce que me escuches en tu pensamiento solitario.

-Y dime querido ¿Tú que esperas de mí? La mayoría desean que sus proyectos sean cumplidos en mi cuerpo. Bien sean a nivel sexual o de satisfacción personal. Buscan una mujer dulce, inteligente, obediente y que mire siempre por ellos, aunque nunca sean capaces de corresponder ningún amor . Yo te puedo prevenir que no puedes esperar nada, ya que no quiero dar nada de mí a nadie más.

-Vaya una durilla conmigo, debí elegir mejor a la fémina, pero bueno vale porque soy callado. Estamos de acuerdo, no esperaré nada de tí, querido volcán de ternura presto a derramar tu bendición sobre mí, aspiro sólo a ser tu talismán compañero para cuando la soledad se apodere de tu cuerpo y un velo de tristeza caiga sobre tus ojos, llámame siempre estaré ahí para escucharte, mi gran amor.

-Sin duda he de reírme. ¿Un inmaterial estado dotado de vida propia? Que se cree enamorado y me ofrece compañía incondicional a cambio de conversación sin palabras, sólo a través del pensamiento y que está dispuesto a esperar a que me dirija a él en mis noches oscuras, cuando la pena gris me exprima y rebose el cariño almacenado en mi panal sin colmena de zánganos.

-Exacto, amada mía. Eso espero que en ese momento de necesidad abras tus ojos y me veas siempre fiel a ti, callado y ansiando tu regreso a mi lado. Yo te revatiré con maestría, te haré reflexionar como el mejor hombre compañero de hembra humano y te impondré como castigo por si me olvidas de vez en cuando, una cuna de besos donde te aguardaré para mecerte cada noche, si me permites acompañarte siempre.

Y así fue como Anastasia sobrevivió otra noche más. Sus insatisfacciones personales la obligaban a inventar tertulianos especiales, como el silencio, amante fiel que en la noche la seducía, con su presencia a su lado, consuelo eficaz que la ayudaba a olvidar que en su cama siempre se acostaba la señora soledad.

Esa señora fue apoderándose de su vida hasta que no quedó nada de Anastasia, ella se convirtió en la Señora soledad; mujer vital, feliz, bella sin alma, segada en esencia para amar a nadie. Esa alma bella se elevó un día liberándola de la capacidad de sentir amor por un hombre, olvidando así decepciones y fracasos. Nadie fue capaz entonces de saciarla ni convencerla con un fruto de amor necesario. Salió volando y ahora sonríe y vive como eunuco, como gato castrado, como ángel, fuera de la órbita del engaño y la profundo dolor amargo que tumba y provoca lloro.

Vive al fin feliz Anastasia libre, feliz, solitaria, mujer sin fe, sola amada señora soledad por el silencio de las palabras.