Eran las siete de la mañana. Nuria se sobresaltó, algo posiblemente una mano la estaba acariciando. La primera reacción al abrir los ojos y ver que ya era de día, fue asociar el suceso dirigiendo una mirada de verificación hacia el hombre estaba acariciando su espalda. Se hallaba sentado en la cama, sólo llevaba puesto un boxer rosa, Nuria mostró un gesto de satisfacción, era la prenda intima que le había regalado con motivo de su primer año como pareja.
Despierta perezosa que ya tengo hecho el desayuno, churritos con chocolate, para la más bella reina de la casa. Feliz aniversario, Nuria.
Ella se incorporó de repente y no pudo menos que lanzarse a sus brazos, buscó los labios de Andrés y se dieron un beso delicado, sorbiéndose los labios mutuamente, por unos instantes.
Ahora te traigo el desayuno a la cama princesa, no te muevas.
Ella se mostró solícita y lo esperó embriagada por una sensación de bienestar. Que despertar más alucinante y feliz estaba teniendo. La verdad es que la recompensa le era bien merecida, había vivido muchas noches en soledad debido al turno de trabajo nocturno que siempre tenía él. A los pocos minutos apareció de nuevo Andrés portando una bandeja con los primeros alimentos del día.
Desayunaron ambos en silencio, con un hambre de personas que despiertan envidia, devoraban y sonreían mirándose con amor, como sólo comen los jóvenes enamorados que saben disfrutar de los placeres más sencillos. Tras el desayuno Andrés retiró la bandeja rápidamente de los muslos de ella, lanzando un ataque sorpresa en el que tumbó a Nuria por sorpresa..
Espera Andrés quiero darme una ducha antes, tu estás recién duchado y sabes que a mi me gusta estar a nivel.
Pero si estás siempre limpia, mi cielo. Te duchas todas las noches antes de acostarte.
Pero quiero hacerlo ahora, no seas impaciente. Te valdrá la pena la espera. Ni se te ocurra dormirte eh?
¿Dónde vas Nuria? No puedes dejarme así. Ya estoy dormido. Y refunfuñando por el abandono inesperado de su dama, se quedó mirando al techo, mientras simulaba un ronquido estridente. Meditaba a la vez las cosas que le hacían adorar a esa mujer difícil, pero espléndida de sentimiento, valía la pena soportar sus pequeñas manías con resignación.
Antes de que comenzara a apaciguarle el sueño, apareció ella, con su estupendo conjunto de dos piezas de lencería erótica. El picardías iba a juego con el tanga, realizado en gasa negra, decorado con dibujos de corazones rojos, terminaba el picardía en un volante estilo años cuarenta. Nuria parecía así ataviada una auténtica diosa del amor. Se quedó detenida en el umbral de la puerta, mirándolo con deseo, alimentándose del gusto que le producía haberlo sorprendido tan gratamente .
Me vas a matar, Nuria estás buenísima, que ropa más sexy te has comprado para mí. ¡No te merezco, pero te tengo, anda ven aquí que pueda verla de cerca, mi cielo!
Ella recorrió el pequeño espacio que los separaba en línea recta, cruzando sus piernas al andar como una gatita en celo. Al llegar a la cama, gateó hasta Andrés y subiéndose encima a la altura de su sexo, comenzó a frotar su pubis contra la zona erógena de él, en un delicado vaivén de sube y baja. Al hacerlo notó orgullosa y segura, el miembro endurecido de su amante.
Andrés sintió el sexo de su novia húmedo de deseo. La agarró por los brazos para zafarse de su dominación y la tiró sobre la cama, abriéndole ambas piernas, le puso un almohadón bajo su culo para que si vagina subiera más y estuviera más abierta. Sacó los senos por encima del picardías para contemplarlos, su lengua los chupeteó y mordisqueó unos minutos, pero se abstuvo de despojarla de la prenda erótica le daba un aire magistral. Subiendo el picardías, admiraba ahora su sexo tapado únicamente por le minúsculo y transparente tanga. Introdujo un dedo por su ingle derecha separando la prenda hacia un lado. A su vista estaba el hermoso triángulo carente de bello. Ella se había rasurado todo su pubis dejándolo perfectamente suave. A través de la abertura vaginal corría un jugo denso, blanquecino que empezaba a mojar la tira negra del tanga que la rozaba. Andrés olfateó su sexo con ganas, era un aroma celestial.
Con el pulgar de su mano derecha comenzó a masajear el clítoris, Nuria se contorsionaba agitada por el estímulo recibido sobre su órgano sexual, mientras Andrés proseguía su ejercicio preparatorio. Con dos de sus dedos corazón y anular de la otra mano libre simultáneamente se dedicaba a excitar el interior de la vagina, que tras unos minutos estaba permeable. Fue entonces cuando se colaron dentro. buscando la excitación de todas las ramificaciones de su sexo. A los diez minutos de hacerlo, ella sudaba, gritaba y pedía más y más ritmo, lo necesitaba para alcanzar el éxtasis. Inesperadamente Andrés paró bruscamente dejándola boquiabierta y sin esperar la merecida queja, metió su lengua hasta el fondo de la vagina, necesitaba lamer su flujo. Era una de las sensaciones que más le gustaban. Beber el aroma de Nuria y hacerla estallar en orgasmo con su lengua poderosa y sabia. Tras un jadeo y rítmico vaivén de caderas ella estalló emitiendo su particular grito, de haber alcanzado el clímax, pero él no paró hasta beber todo su flujo.
Sudorosa, excitada y cansada por el esfuerzo, no quiso olvidar a Andrés. Ahora cariño, te toca a ti, incorporándose le quitó los calzoncillos y lo situó bocabajo en la cama. Se sentó a la altura de sus nalgas, comenzó con un suave masaje a la altura de sus hombros, luego se agachó y su lengua punteó toda su columna vertebral, lamiendo desde las vértebras del cuello hasta el rabillo que acaba cerca del ano. Así una y otra a vez, lo recorría de arriba abajo, luego, le impuso la postura del perro, a cuatro patas. El dio un respingo, trató de detenerla, no le gustaba que ella tomara el papel dominante, pero Nuria dulcemente le susurró no lo estropees, así que terminó cediendo y retornar a la posición exigida. Ahora ella se situó sentada en sobre sus talones en la cama, observándolo, las piernas estaban abiertas, su rabo erecto colgaba al igual que sus testículos, prosiguió masajeando su espalda bajando hasta las nalgas ,alternaba la maniobra con su lengua que también recorría su espina dorsal . Hasta que ya no se detuvo en el final de las vértebras óseas, avanzó hasta situarse sobre su abertura anal..
De nuevo, Andrés preso de pavor ante la aventura desconocida, quiso negarse, pero aquello le gustaba, porque no, así que calló y se dejó llevar. Nuria, intuyendo de que había al fin logrado que él se abandonara al placer sin límites, bordeó con la punta de su lengua el ano, lo lamió con pasión mientras sus manos refregaban los testículos y su pene. Despuntó con su lengua la abertura que poco a poco fue relajándose , consintiendo al mimo del gustoso deleite. Buscó en el interior una y otra vez la ansiada próstata, por algunos minutos mantuvo el vigoroso ejercicio de su miembro parlante, durante algunos minutos. Andrés no podía creerlo, estaba fuera de sí, que gozo estaba admitiendo.
Ahora túmbate boca arriba cariño. Él sudoroso, sin saber que voz angelical le hablaba, obedeció. Ella comenzó a lamer sus ingles, sus muslos, insistiendo en meterse en la boca uno a uno los testículos. Luego los masajeaba y apretaba amorosamente, mientras su lengua recorría la montaña rusa de su pene de lado a lado, introduciendo su miembro en la boca hasta lo máximo que podía contener y sacándolo de nuevo. Mordisqueaba el glande, lo relamía con la punta de su lengua con movimientos circulares y cuando supo que su pene estaba en su punto álgido de erección, se detuvo alejándose un poco para quitarse el tanga.
Nuria ahora buscaba el lubricante que estaba junto a la mesilla. Echó un poco sobre dos de sus dedos y auscultando su ano, comenzó a excitarlo y relajarlo . En apenas unos segundos lo consiguió. Estaba muy excitada y su propio deseo le facilitaba el trabajo.
Quiero que me poseas lentamente y que cuando me notes caliente no pares. Andrés comprendió al instante los deseos lujuriosos de Nuria. La levantó de la cama, puso las manos de ella sobre la cómoda, de manera que sólo estuviera apoyada contra ella, abrió sus piernas, que hermoso espectáculo tenía a la vista. Bajó la cabeza de ella consiguiendo así que su trasero se alzara un poco más. Nuria levantó la cabeza en el momento oportuno para ver a través del espejo el miembro viril de Andrés introducirse en su abertura anal. Andrés la sujetaba por la cintura, mientras el ritmo de sus caderas empujando su pene golpeaban contra el trasero de ella. Jadeaban, se retorcían de placer , sus ojos se encontraban de vez en cuando en aquel espejo que les delataba la rabiosa dicha que estaban compartiendo..
Andrés supo mantener un vigoroso y lento embiste. Prolongando el placer de ambos. Sólo cuando su pene entraba hasta el fondo sin notar ninguna resistencia de ella, se atrevió a cabalgar a de forma salvaje. Los gritos entonces le dieron un motivo más para prolongar el esfuerzo. Cuando supo que Nuria había alcanzado ya su orgasmo, dejó de contenerse y explotó , derramando la lava de su volcán en su interior . Extasiados por el esfuerzo cayeron unidos aún sobre la cama.
Vamos a dormir, ordenó Andrés. Hoy no trabajas y dentro de un rato te quiero aquí junto a mí para que me vuelvas a sacar de mis casillas. Ha sido el mejor recuerdo de aniversario que he tenido nunca.
Oh, que profundo, si al final va a resultar que me quieres, rió ella tratando de quitarle importancia al peso de sus palabras. Por suerte para ti, estoy deseando volver a empezar, ya sabes que soy insaciable.
Y juntos se durmieron abrazados dejándose atrapar en un plácido sueño, sus vidas yacían juntas en ese instante aunque la vida les hacía vivir en realidades distintas, ella en el día rutinario, él en la noche silenciosa. Pero había una hora, sólo una en la que sus mundos se unían en sintonía las siete, cuando él llegaba del trabajo y ella despertaba con ganas de tener un encuentro apasionado.
Fin
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