domingo, 26 de mayo de 2019

Flor arrugada

El amor
se va
se quiebra
se diluye
en la tempestad
de palabras frías
hostiles, áridas.

Rota la confianza
herido el corazón
se encoje atacado
agrio, salado
rebosa jugo de limón.

Se enciende la bombilla
repleta de luz e intensidad
lucha contra el cristal
la polilla de adiós.

Recién nacida
 fruto de maleta
 trata de escapar
del insufrible dolor
de no ver ternura
entrega
arrebato
en los actos.

Descolorida mariposa
del color
lleva prendida  en las alas
dos almas  grises distantes.

Vuelven  agujas de recuerdos
vivencias
momentos de ternura
calenturas.
Sentimientos encorvados
caminan por pasillos
enrojecidos de lágrima.

Confundidos navegan
en un barco de sombra y oscuridad
por un mar sin rumbo quebradizo
de hielo y profundidad abismal.

Toca seguir
caminar
renacer
creer el poder
retener el triunfo
del sabor dulce
de besos perdidos
en arenas de sol.

Partir, quebrada
el alma, flujo
intenso el amor
perdido, retenido
en la memoria.

Aguarda la maleta
repleta de besos
caricias,entrega
pasión,silencios
conmovidos.

Música y notas
 volverán
a florecer en las
almas perdidas
cabizbajas en derrota
se van
con la esperanza
de conocer
 otras almas.

Compás infinito
es el amor,
que vuela
 transita en el color
 se eleva al
compás de las almas
que nunca dejan
de crear y creer
en  el mejor
tiempo vivido
fue aquel
del...
AMAR.

La Princesa Patita y la Hormiga Palija





Había una vez una princesa que lloraba sin consuelo. Era bella, ojos grandes despiertos de color negro estrella, rodeado de verde esmeralda. El color fue escogido por las sirenas entre las profundidades más remotas, donde las corrientes y los semblantes pensativos de los seres que se esconden, lloraban lágrimas brillantes, que al depositarse sobre el fondo se convertían en hermosas perlas de colores indefinidos, de una unión  desconcertante.  Tenía además piernas  esbeltas, largas y tiernas,  de color anaranjado,figura esbelta, pelo dorado y moreno, rizado en las puntas,  donde el sol reflejaba sus estrellas más lindas.
Pero aquella princesa, no sabía caminar. Sus pasos eran descompasados y semejaba una muñeca rota que se había hecho con pedazos de varias muñecas que no encajaban.
Se  hallaba la hormiga Palija tomando el sol una tarde, cuando vio a la princesa atravesar el patio que conducía hacia el jardín, sin no poder resistir a la tentación que se ofrecía,  se atrevió a imitar los torpes pasos de la princesa.
Aquella,  percibió al instante la burla y frenó en seco sus pasos, detenida frente a la hormiga, dijo:
¿A quién imitas pequeñaja, insignificante ser, molesto, oscuro y sin sentido hormiga?
¿Te has visto oh Princesa? Es que… eres un ser extraño, no articulas movimientos, eres digna de trabajar en un circo de títeres.
¡Estúpida hormiga! ¿Acaso tú sabes caminar, bailar o hacer algo con gracia? Se mofó, poniendo los brazos sobre la cintura.  La cara  enrojecida reflejaba irritación, el aspecto transformado del rostro, le hacía parecer lo más desagradable que cualquier persona hubiera evitado encontrar a pesar de su hermosura, fruto del enfado.
Por supuesto, Princesa. Mira y admira el compás. Y en ese preciso instante, comenzó a bailar de una manera tan graciosa, que aún sin música la Princesa Patita supo que aquella hormiga era una gran bailarina.
Meditó un instante, reprimía una mezcla de dos emociones difíciles de no dejar reflejar en su semblante, por una parte era presa de la rabia provocada por la negación de la verdad  incómoda que le dolía reconocer (no sabía bailar y no tenía gracia al caminar) y por otra una envidia desmedida (anhelaba poseer la gracia de la hormiga) ansiaba aplastar y hacer desaparecer a aquella hormiguita perfecta. Pero  detuvo el pensamiento negativo que la poseía, comprendía que todo seguiría siendo igual sin la existencia de la bailarina. Así  pudo eliminar a tiempo deseos  oscuros y transformó la cara en  esperanza, focalizada en Palija. Si conservaba viva aquella hormiga y la convertía en amiga, quizás pudiera enseñarla a bailar.
¿Cómo te llamas hormiga?
Palija, me dicen en el hormiguero
¿Qué haces tomando el sol, a esta hora deberías estar recolectando para el hormiguero, verdad?
¡Oh, estoy en ello, aunque no lo creas, voy a llenar la despensa de toda la colonia!
Ja,ja,ja… ¿Tomas el sol y trabajas? Vaya…eres mágica ¿tienes polvos para transformar las cosas?
Estaba esperándote para darte la primera clase, necesitas conocer la sinfonía.
¿Qué sinfonía? Yo sólo necesito unos sencillos pasos de baile, será suficiente.
Necesitas aprender a caminar, lo haces como un ser frío, encorvas la espalda, caminas agazapada fruto del miedo a dejarte conocer, das grandes zancadas, levantas la barbilla a modo de soberanía, mueves los brazos como si trataras de aniquilar todo lo que se ponga a tu paso y miras con desdén, me ha resultado  sorprendente que pudieras verme. Tu caminar es arrogante, altivo, demostrativo de poder, o te temen o te detestan, aunque las personas te muestren su mejor cara, no te quieren.
La Princesa por primera vez, desnuda ante los ojos de la hormiga, se quitó el disfraz que la apartaba de las personas y se mostró como en realidad era; indefensa, frágil, triste y simple.
¿Cómo se aprende Palija? ¿Puedes ayudarme? Confesó sin poder aguantar el río de lágrimas amargas reprimidas que escondía el endurecido corazón.
Verás Princesa Patita, porque así te veo, primero debes aprender a admirar a las flores de este jardín.
¡Por favor! ¿Quieres hacerme perder el tiempo? Eso no sirve para bailar, ¡hormiga tonta!
Aprende a mirar, verás el baile de las flores lo hacen cada mañana, ama el color, belleza y silencio, cuando lo hallas conseguido, volveré  para darte la primera clase de baile.
La princesa, volvió a estallar, malhumorada, recogió su vestido y dando grandes zancadas abandonó el jardín, se sentía burlada por la hormiga. Pensó largas horas en su habitación si seguir el consejo o continuar como si nada, una intuición intensa del corazón, le hizo seguir el consejo de Palija, que le caía fatal, en aquel momento, casi la odiaba, pero a la vez, la necesitaba, se había convertido en  el ser más importante del universo.
A la mañana siguiente, en lugar de atravesar el jardín sin mirar  las flores, entró dando lentos pasos, paraba y observaba, trataba de ver con los  mismos ojos de la hormiga.
En pocos minutos de paciencia,  las flores comenzaron a abrirse, a girar buscando los rayos del sol y a danzar de una manera lenta, pero vibrante. Fueron visitadas por abejas, avispas, hormigas, mariquitas, escarabajos, saltamontes libélulas…
 A partir de aquel día, la Princesa Patita  despertaba cada mañana con el corazón excitado. No quería perderse el floreo de las flores, durante un mes, aprendió cada movimiento de rosas, claveles, lirios, margaritas y demás flores que creaban una sinfonía de silencio rota por las voces de los ruiseñores, que parecían acompasar sus meneos.
Sin que lo  pudiera distinguir, su paso cambió. Aquellas zancadas exageradas,  movimientos dictadores de brazos, se tornaron en pequeños pasos, seguros y firmes, hombros atrás y bajos, espalda recta, brazos en tic tac sobre las caderas.  Parecía que cuando entraba en el jardín, la sostenían las hadas, se integró en concordia con el paisaje de flores, insectos y aves, de tal forma que ninguna sentía una presencia ajena cuando llegaba Patita.
Una mañana, volvió a ver a de nuevo a Palija sin haber recordado durante aquel tiempo de calma y reencuentro consigo misma, que la hormiga  le indicó que regresaría. Estaba como de costumbre, descansando recostada sobre una flor hermosa.
Princesa Patita, ¡estás preparada para tener  tu primera lección de baile!
Y juntas bailaron, una danza acompasada de movimientos lentos que compactaban el canto de las distintas aves que se hallaban en el jardín.  Ruiseñores, gorriones y pájaros carpinteros  componían música. Los potentes tambores  los consiguieron con el sonido de los picos fuertes y rápidos de los carpinteros, que taladraban la corteza de legendarios algarrobos, con la intención de construir nuevos nidos para sus descendientes.
Tras  pocas semanas de esfuerzo constante, la Princesa danzaba por el jardín como una bailarina con tan buen ritmo, que llegó a superar a la hormiga.
Bueno, ya sabes bailar, me marcho
¿Y no quieres tu recompensa?
Claro, si nos traes pipas, pan y bollos de azúcar, mi hormiguero sobrevivirá este invierno.
Con los ojos emocionados, al sentir la necesidad de víveres para la supervivencia de  las hormigas, Patita corrió a la cocina y sin dar explicaciones ordenó  a la cocinera la demanda, la sirvió rauda sin objetar nada, entendía que formaba parte  de  un nuevo capricho de la Princesa. Llevó tiernos bollos recién hechos, azúcar, pipas y frutos ricos, melocotones, fresas, manzanas…
La hormiga Palija satisfecha, al verla llegar, silbó y un batallón  de hormigas se hizo visible, habían estado  aguardando aquel momento durante mucho tiempo. Comenzaron a despedazar el botín, al que se unieron los pájaros e insectos del jardín, que por la confianza alcanzada con la Princesa, la consideraban parte de la familia.
Ese verano se celebró en palacio el gran baile, esperado en todos los reinos colindantes para celebrar la mayoría de edad de la Princesa Patita. Acudieron las princesas más bellas, vestidas de maravillosos trajes y abalorios, además de los más apuestos príncipes en edad de casarse.
La Princesa Patita, estaba tan feliz, que consiguió  hacer muchas amigas y conocer a un bello príncipe del que llegó a enamorarse tras un baile precioso que  duró toda la noche. Fortalecieron la unión siendo la pareja comprensiva y cálida como las flores, que permaneció enamorada, plena de sonrisas y lágrimas que diluían en aquel jardín, en conversaciones eternas y abrazos apasionados.
Desde entonces, Patita se comprometió a proteger la naturaleza. Flores, insectos y pájaros eran cuidados, mimados y tratados de una manera exquisita por todos los miembros del palacio. También prohibió pisar hormigas en todo el reino, o actuar contra ellas, por si alguna era amiga o familiar de su gran amiga Palija, a la que añoraba y recordaba en muchas ocasiones donde la invadía la nostalgia de aquellos días compartidos.
No volvió a encontrar su presencia en el jardín,  a pesar de andar con sigilo. La valiente y osada hormiga se esfumó, pero llevó el recuerdo guardado tan profundo, sin compartirlo con nadie, que no pasaba ni un solo día sin que agradeciera, que existieran seres pequeños que si reparabas en su existencia, te enseñaban sin secretos el equilibrio de la vida.

-Fin-

lunes, 6 de mayo de 2019

La elegante araña bicolor


-Mira ahí hay dos moreras muy grandes-  dijo Paquita ilusionada a su marido, señalaba con el dedo índice hacia el lado izquierdo de la carretera.

-A la vuelta paramos y cogemos algunas hojas- le respondió Alberto sin prestarle atención al repentino hallazgo de su esposa.

Era vital, conseguir  hojas de morera para sus  tiernas y frías mascotas blancas que les aguardaban en casa ansiosas de nuevas hojas para devorar.
Ambos aprovecharon la oportunidad y tras pasar un rato rodeados de naturaleza, descendieron del coche. Tuvieron que subir un pequeño terraplén y en una postura incómoda arrancar pequeños brotes  con hojas, sin cortar el crecimiento de las ramas.  Intuían que aquellas espléndidas moreras debían ser alimentadas por una fuente de agua cercana, ya que a su alrededor, todo era árido y seco. En cambio ellas, se mostraban  poderosas, fuertes y hermosas.

Las ramas  de hojas frescas fueron depositadas en una bolsa de plástico  cerrada en la nevera, para su conservación. Descendía con rapidez la despensa ante la voracidad de las mandíbulas de los gusanos, que en conjunto compartían las hojas. Trataban  de completar en el mínimo tiempo su etapa de desarrollo, en una carrera frenética por conseguir el alimento necesario para su posterior transformación en crisálida. 

 Paquita  preparaba nuevas hojas  preocupada de nuevo por el suministro, se veía ya el fondo con algunas ramas cuando de repente vio una hoja suelta extraña, en el reverso tenía una figura amarilla hexagonal. Al examinar con detalle a la luz, pudo descubrir los  huevos amarillos que formaban la composición de aquella figura perfecta, eran frescos, semejaban una puesta reciente.
Separó la  hoja de morera en un recipiente redondo, meditaba en ese momento, imaginaba que tras unos días de espera aquellas crías misteriosas saldrían de su envoltura tras la maduración. Imaginó el hogar  pleno de hermosas mariposas de colores o quizás algún tipo de chinche de las flores, no pudo adivinar lo que en realidad eran.

Al remover las hojas que quedaban en el fondo de la bolsa amarilla, encontró una presencia que la hizo gritar. ¡Una poderosa araña de largas patas amarillas, abdomen negro y poderosas mandíbulas correteaba de lado a lado, tratando de escapar.

-¡Mátala!-sentenció Alberto, ante el temor que pudiera causar  daño a la familia.

-¡No! – Ha sido capaz de sobrevivir varios días en la nevera a temperatura de 5 grados y además poner una puesta, sin saber si ella misma iba salir victoriosa, seguro que lo ha pasado mal ¡Es una de las mías! Además pudo haberme picado en las numerosas ocasiones que metí la mano ajena a su presencia. Se ha ganado la libertad, nació libre y volverá al medio.

Dicho y hecho, Paquita ató la bolsa y se dirigió a una zona cercana donde la araña y su prole tuvieran una oportunidad. Sacudió la bolsa y enseguida saltó al suelo, adaptándose a una medio desconocido en pocos segundos, disimuló su presencia entre las piedras y el color marrón del suelo, que le ofrecían un perfecto camuflaje.  Paquita la observaba, trataba de captar una imagen nítida de donde se encontraba, pero aquella araña no se movía y cuando lo había era con tanta precisión que no la veía. Se alegró por ella, era una maga de la supervivencia y adaptación al entorno. También dejó las  hojas de morera con los huevos,  por si la araña quería seguir la defensa de su prole.

Y se marchó contenta. Había tenido una experiencia fantástica. Alimentar a sus gusanos y conocer como aquellos árboles también albergaban protección a otros huevos desconocidos, en este caso de araña.


Moraleja: No destruyas seres que son necesarios para el equilibrio de la naturaleza si no representan una amenaza real para ti y tu entorno. Respeta a los seres vivos y aprende a convivir aunque no comprendas el sentido de su existencia. Las arañas comen insectos y controlan su crecimiento, a su vez forman parte del alimento de muchos pájaros.


-Fin-