Había una vez una princesa que lloraba sin consuelo.
Era bella, ojos grandes despiertos de color negro estrella, rodeado de verde
esmeralda. El color fue escogido por las sirenas entre las profundidades más
remotas, donde las corrientes y los semblantes pensativos de los seres que se
esconden, lloraban lágrimas brillantes, que al depositarse sobre el fondo se
convertían en hermosas perlas de colores indefinidos, de una unión desconcertante. Tenía además piernas esbeltas, largas y tiernas, de color anaranjado,figura esbelta, pelo
dorado y moreno, rizado en las puntas, donde el sol reflejaba sus estrellas más lindas.
Pero aquella princesa, no sabía caminar. Sus pasos
eran descompasados y semejaba una muñeca rota que se había hecho con pedazos de
varias muñecas que no encajaban.
Se hallaba
la hormiga Palija tomando el sol una tarde, cuando vio a la princesa atravesar
el patio que conducía hacia el jardín, sin no poder resistir a la tentación que
se ofrecía, se atrevió a imitar los torpes
pasos de la princesa.
Aquella, percibió al instante la burla y frenó en seco
sus pasos, detenida frente a la hormiga, dijo:
¿A quién imitas pequeñaja, insignificante ser,
molesto, oscuro y sin sentido hormiga?
¿Te has visto oh Princesa? Es que… eres un ser extraño,
no articulas movimientos, eres digna de trabajar en un circo de títeres.
¡Estúpida hormiga! ¿Acaso tú sabes caminar,
bailar o hacer algo con gracia? Se mofó, poniendo los brazos sobre la cintura. La cara enrojecida reflejaba irritación, el aspecto
transformado del rostro, le hacía parecer lo más desagradable que cualquier persona
hubiera evitado encontrar a pesar de su hermosura, fruto del enfado.
Por supuesto, Princesa. Mira y admira el compás.
Y en ese preciso instante, comenzó a bailar de una manera tan graciosa, que aún
sin música la Princesa Patita supo que aquella hormiga era una gran bailarina.
Meditó un instante, reprimía una mezcla de dos emociones
difíciles de no dejar reflejar en su semblante, por una parte era presa de la rabia provocada por la
negación de la verdad incómoda que le
dolía reconocer (no sabía bailar y no tenía gracia al caminar) y por otra una envidia desmedida (anhelaba
poseer la gracia de la hormiga) ansiaba aplastar y hacer desaparecer a aquella
hormiguita perfecta. Pero detuvo el
pensamiento negativo que la poseía, comprendía que todo seguiría siendo igual
sin la existencia de la bailarina. Así pudo
eliminar a tiempo deseos oscuros y
transformó la cara en esperanza,
focalizada en Palija. Si conservaba viva aquella hormiga y la convertía en amiga,
quizás pudiera enseñarla a bailar.
¿Cómo te llamas hormiga?
Palija, me dicen en el hormiguero
¿Qué haces tomando el sol, a esta hora deberías
estar recolectando para el hormiguero, verdad?
¡Oh, estoy en ello, aunque no lo creas, voy a
llenar la despensa de toda la colonia!
Ja,ja,ja… ¿Tomas el sol y trabajas? Vaya…eres
mágica ¿tienes polvos para transformar las cosas?
Estaba esperándote para darte la primera clase,
necesitas conocer la sinfonía.
¿Qué sinfonía? Yo sólo necesito unos sencillos
pasos de baile, será suficiente.
Necesitas aprender a caminar, lo haces como un
ser frío, encorvas la espalda, caminas agazapada fruto del miedo a dejarte
conocer, das grandes zancadas, levantas la barbilla a modo de soberanía, mueves
los brazos como si trataras de aniquilar todo lo que se ponga a tu paso y miras
con desdén, me ha resultado sorprendente
que pudieras verme. Tu caminar es arrogante, altivo, demostrativo de poder, o
te temen o te detestan, aunque las personas te muestren su mejor cara, no te
quieren.
La Princesa por primera vez, desnuda ante los
ojos de la hormiga, se quitó el disfraz que la apartaba de las personas y se
mostró como en realidad era; indefensa, frágil, triste y simple.
¿Cómo se aprende Palija? ¿Puedes ayudarme?
Confesó sin poder aguantar el río de lágrimas amargas reprimidas que escondía el
endurecido corazón.
Verás Princesa Patita, porque así te veo,
primero debes aprender a admirar a las flores de este jardín.
¡Por favor! ¿Quieres hacerme perder el tiempo?
Eso no sirve para bailar, ¡hormiga tonta!
Aprende a mirar, verás el baile de las flores lo
hacen cada mañana, ama el color, belleza y silencio, cuando lo hallas
conseguido, volveré para darte la
primera clase de baile.
La princesa, volvió a estallar, malhumorada,
recogió su vestido y dando grandes zancadas abandonó el jardín, se sentía
burlada por la hormiga. Pensó largas horas en su habitación si seguir el consejo
o continuar como si nada, una intuición intensa del corazón, le hizo seguir el
consejo de Palija, que le caía fatal, en aquel momento, casi la odiaba, pero a
la vez, la necesitaba, se había convertido en el ser más importante del universo.
A la mañana siguiente, en lugar de atravesar el
jardín sin mirar las flores, entró dando
lentos pasos, paraba y observaba, trataba de ver con los mismos ojos de la hormiga.
En pocos minutos de paciencia, las flores comenzaron a abrirse, a girar
buscando los rayos del sol y a danzar de una manera lenta, pero vibrante.
Fueron visitadas por abejas, avispas, hormigas, mariquitas, escarabajos,
saltamontes libélulas…
A partir
de aquel día, la Princesa Patita despertaba cada mañana con el corazón excitado.
No quería perderse el floreo de las flores, durante un mes, aprendió cada
movimiento de rosas, claveles, lirios, margaritas y demás flores que creaban
una sinfonía de silencio rota por las voces de los ruiseñores, que parecían
acompasar sus meneos.
Sin que lo pudiera distinguir, su paso cambió. Aquellas
zancadas exageradas, movimientos
dictadores de brazos, se tornaron en pequeños pasos, seguros y firmes, hombros
atrás y bajos, espalda recta, brazos en tic tac sobre las caderas. Parecía que cuando entraba en el jardín, la
sostenían las hadas, se integró en concordia con el paisaje de flores, insectos
y aves, de tal forma que ninguna sentía una presencia ajena cuando llegaba
Patita.
Una mañana, volvió a ver a de nuevo a Palija sin
haber recordado durante aquel tiempo de calma y reencuentro consigo misma, que la
hormiga le indicó que regresaría. Estaba
como de costumbre, descansando recostada sobre una flor hermosa.
Princesa Patita, ¡estás preparada para tener tu primera lección de baile!
Y juntas bailaron, una danza acompasada de movimientos
lentos que compactaban el canto de las distintas aves que se hallaban en el jardín. Ruiseñores, gorriones y pájaros carpinteros componían música. Los potentes tambores los consiguieron con el sonido de los picos
fuertes y rápidos de los carpinteros, que taladraban la corteza de legendarios
algarrobos, con la intención de construir nuevos nidos para sus descendientes.
Tras pocas semanas de esfuerzo constante, la Princesa
danzaba por el jardín como una bailarina con tan buen ritmo, que llegó a
superar a la hormiga.
Bueno, ya sabes bailar, me marcho
¿Y no quieres tu recompensa?
Claro, si nos traes pipas, pan y bollos de
azúcar, mi hormiguero sobrevivirá este invierno.
Con los ojos emocionados, al sentir la necesidad
de víveres para la supervivencia de las
hormigas, Patita corrió a la cocina y sin dar explicaciones ordenó a la cocinera la demanda, la sirvió rauda sin
objetar nada, entendía que formaba parte de un
nuevo capricho de la Princesa. Llevó tiernos bollos recién hechos, azúcar,
pipas y frutos ricos, melocotones, fresas, manzanas…
La hormiga Palija satisfecha, al verla llegar, silbó
y un batallón de hormigas se hizo
visible, habían estado aguardando aquel
momento durante mucho tiempo. Comenzaron a despedazar el botín, al que se
unieron los pájaros e insectos del jardín, que por la confianza alcanzada con
la Princesa, la consideraban parte de la familia.
Ese verano se celebró en palacio el gran baile,
esperado en todos los reinos colindantes para celebrar la mayoría de edad de la
Princesa Patita. Acudieron las princesas más bellas, vestidas de maravillosos
trajes y abalorios, además de los más apuestos príncipes en edad de casarse.
La Princesa Patita, estaba tan feliz, que consiguió
hacer muchas amigas y conocer a un bello
príncipe del que llegó a enamorarse tras un baile precioso que duró toda la noche. Fortalecieron la unión
siendo la pareja comprensiva y cálida como las flores, que permaneció enamorada,
plena de sonrisas y lágrimas que diluían en aquel jardín, en conversaciones eternas
y abrazos apasionados.
Desde entonces, Patita se comprometió a proteger
la naturaleza. Flores, insectos y pájaros eran cuidados, mimados y tratados de
una manera exquisita por todos los miembros del palacio. También prohibió pisar
hormigas en todo el reino, o actuar contra ellas, por si alguna era amiga o
familiar de su gran amiga Palija, a la que añoraba y recordaba en muchas
ocasiones donde la invadía la nostalgia de aquellos días compartidos.
No volvió a encontrar su presencia en el jardín,
a pesar de andar con sigilo. La valiente
y osada hormiga se esfumó, pero llevó el recuerdo guardado tan profundo, sin
compartirlo con nadie, que no pasaba ni un solo día sin que agradeciera, que existieran
seres pequeños que si reparabas en su existencia, te enseñaban sin secretos el equilibrio
de la vida.
-Fin-

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