-Mira ahí hay dos moreras muy grandes- dijo Paquita
ilusionada a su marido, señalaba con el dedo índice hacia el lado izquierdo de
la carretera.
Era vital, conseguir
hojas de morera para sus tiernas y frías mascotas blancas que les
aguardaban en casa ansiosas de nuevas hojas para devorar.
Ambos
aprovecharon la oportunidad y tras pasar un rato rodeados de naturaleza,
descendieron del coche. Tuvieron que subir un pequeño terraplén y en una
postura incómoda arrancar pequeños brotes con hojas, sin cortar el
crecimiento de las ramas. Intuían que
aquellas espléndidas moreras debían ser alimentadas por una fuente de agua cercana,
ya que a su alrededor, todo era árido y seco. En cambio ellas, se mostraban poderosas, fuertes y hermosas.
Las ramas
de hojas frescas fueron depositadas en una bolsa de plástico cerrada en
la nevera, para su conservación. Descendía con rapidez la despensa ante la
voracidad de las mandíbulas de los gusanos, que en conjunto compartían las
hojas. Trataban de completar en el
mínimo tiempo su etapa de desarrollo, en una carrera frenética por conseguir el
alimento necesario para su posterior transformación en crisálida.
Paquita
preparaba nuevas hojas preocupada de
nuevo por el suministro, se veía ya el fondo con algunas ramas cuando de
repente vio una hoja suelta extraña, en el reverso tenía una figura
amarilla hexagonal. Al examinar con detalle a la luz, pudo descubrir
los huevos amarillos que formaban la
composición de aquella figura perfecta, eran frescos, semejaban una puesta
reciente.
Separó la hoja
de morera en un recipiente redondo, meditaba en ese momento, imaginaba que tras
unos días de espera aquellas crías misteriosas saldrían de su envoltura tras la
maduración. Imaginó el hogar pleno de hermosas
mariposas de colores o quizás algún tipo de chinche de las flores, no pudo
adivinar lo que en realidad eran.
Al remover las
hojas que quedaban en el fondo de la bolsa amarilla, encontró una
presencia que la hizo gritar. ¡Una poderosa araña de largas patas amarillas,
abdomen negro y poderosas mandíbulas correteaba de lado a lado, tratando de
escapar.
-¡Mátala!-sentenció
Alberto, ante el temor que pudiera causar daño a la familia.
-¡No! – Ha sido
capaz de sobrevivir varios días en la nevera a temperatura de 5 grados y además
poner una puesta, sin saber si ella misma iba salir victoriosa, seguro que lo
ha pasado mal ¡Es una de las mías! Además pudo haberme picado en las numerosas
ocasiones que metí la mano ajena a su presencia. Se ha ganado la libertad,
nació libre y volverá al medio.
Dicho y hecho,
Paquita ató la bolsa y se dirigió a una zona cercana donde la araña y su prole
tuvieran una oportunidad. Sacudió la bolsa y enseguida saltó al suelo,
adaptándose a una medio desconocido en pocos segundos, disimuló su presencia
entre las piedras y el color marrón del suelo, que le ofrecían un perfecto
camuflaje. Paquita la observaba, trataba de captar una imagen nítida
de donde se encontraba, pero aquella araña no se movía y cuando lo había era con
tanta precisión que no la veía. Se alegró por ella, era una maga de la
supervivencia y adaptación al entorno. También dejó las hojas de
morera con los huevos, por si la araña quería seguir la defensa de
su prole.
Y se marchó
contenta. Había tenido una experiencia fantástica. Alimentar a sus gusanos y
conocer como aquellos árboles también albergaban protección a otros huevos
desconocidos, en este caso de araña.
Moraleja: No destruyas seres que son necesarios para el equilibrio de
la naturaleza si no representan una amenaza real para ti y tu entorno. Respeta
a los seres vivos y aprende a convivir aunque no comprendas el sentido de su
existencia. Las arañas comen insectos y controlan su crecimiento, a su vez
forman parte del alimento de muchos pájaros.
-Fin-


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