martes, 4 de noviembre de 2014

La tortuga Trinidad

La tortuga Trinidad está triste. Se encuentra muy sola y deprimida, cada vez que intenta algo parece que la mala suerte la persigue y termina arruinando todos sus propósitos. Quiere aprender inglés, le han dicho que si sabe idiomas podrá viajar e ir más lejos. Está muy ilusionada con la idea de ir a otros sitios. Fue a matricularse a la escuela de idiomas pero le dijeron que no quedaban plazas.

-¡Vaya, ahora que se me ocurre aprender inglés voy y no hay plazas! Pues ya no quiero aprender idiomas, total para qué, seguro que cuando vaya a otro lugar sigue siendo lo mismo...

-¡Trinidad, no desistas tan pronto! Puedes aprender desde casa, seguir las cintas o ver películas! No deberías rendirte tan rápido.-le contestó Rita la cocinera, que acababa de servirle una sopa de verduras con un agradable aroma-

-Si total la mala suerte me persigue para qué voy a esforzarme, seguiré aquí y ya está.

-¿Por qué dices que te persigue la mala suerte?¿Qué te pasó?-quiso saber su amiga que la conocía desde hacía una semana.

-Verás, siempre que quiero algo, no logro alcanzarlo. Te pondré ejemplos. Cuando era pequeña, quise ser una tortuga de agua y viajar por el mundo, pero no lo conseguí, cuando entraba en el agua me hundía. Otras tortugas nadaban sin dificultad y pronto se marcharon muy lejos.

-¡Ah, ya veo, comienzo a entender! Cuéntame más cosas-la animó con curiosidad detectivesca para ir conociendo un poco mejor su carácter.

-Luego quise ser corredora, me compré unas buenas zapatillas e iba a entrenar todos los días, así hasta la gran carrera que se disputó antes de llegar la primavera. Me sentía muy orgullosa de mi preparación e iba de las primeras, pero me ganaron. Así que tuve que abandonar, de nuevo la mala suerte ¿sabes?

-Sigue, esto se pone interesante-le dijo inquieta-

-Eso no fue lo peor, cuando quise ir a la universidad no pasé la prueba de acceso, por medio punto ¡qué injusto! Así que tuve que dedicarme a trabajar en algo que no quería, pero me aceptaron. Claro que podría haber buscado un empleo diferente siendo más joven, pero tuve miedo de perder el que tenía...

-Ammmm... claro la mala suerte que te persigue ¿verdad? -concluyó Rita a modo de desenlace-No es necesario que sigas narrándome más historias Trinidad lo único que te ha faltado es tener perseverancia y confianza en ti misma.

-¿Cómo dices? Yo lo intenté y fallé, no fue culpa mía...
-Mira te lo explicaré con algo que vas a entender. Cuando quisiste ser nadadora, yo estaba allí como tú intentando aprender. Te observé porque veía que cada vez que tragabas agua, salías y te sentabas sobre una roca, negándote a continuar. Ahora lo recuerdo, entonces éramos muy jóvenes.

-Bueno... sí, pero es que lo pasaba muy mal.

-Las otras tortugas también tragaban agua, pero tenían una meta bien definida: querían ser nadadoras costase lo que costase, no iban a rendirse. Yo era una de ellas.

-¡Oh, vaya! ¡Qué fuerza de voluntad y constancia! Yo pensaba que les era fácil, por eso sonreían y seguían sin importarles los atragantamientos.

-Trinidad la vida es un lugar donde muchas cosas nos salen mal. Hay que aceptarlo y no rendirse, buscar alternativas, saber escoger la que más conveniente para el momento que vivimos. La mala suerte, no existe. Todo se reduce a malas elecciones, así torcemos el camino que nos lleva a nuestra felicidad. Fallamos porque elegimos mal o no vemos en que nos equivocamos, eso es todo.

-Ammmmm... voy comprendiendo. ¿Qué hiciste tú para tener buena suerte, entonces?-preguntó con cierta envidia y un poco apabullada por la lucidez del descubrimiento.

-Intenté muchas cosas como tú. Unas me salieron bien, otras no. Como cuando decidí hacer la travesía por el mar abierto y fui atacada por un tiburón. Se comió una de mis aletas, la derecha y mordisqueó mi caparazón. Mira mis cicatrices. Tuve suerte de sobrevivir, seguí nadando hasta la orilla, tenía ganas de abandonar porque me encontraba muy mal, pero me centré en llegar y llegué.

¡Qué horrible sensación tuviste que vivir! Y sin embargo te salvaste-reflexionó aquel hecho tratando de encontrar de nuevo la mala suerte.

-Al regresar a casa mutilada, no quisieron admitirme en el curso de cocina. Pero me puse tan pesada que terminaron por matricularme, desmonté todas sus excusas formales. Me esforcé tanto que al final, tuvieron que darme el título de cocinera. Encontrar empleo con una patita de menos, fue aún más difícil, pero alguien quiso darme una oportunidad, probó mi comida y mira aquí estoy, cada día dándote de comer en este fabuloso restaurante.

-Tienes razón. Tuviste mala suerte pero lo cambiaste ¿es así como debo pensar?

-Te felicito. ¡Esa es la respuesta, amiga! ¡bravo, bravo! Así lo conseguirás...

-Claro que sí, ahora mismo voy a ver películas en inglés y estaré pendiente de que se vuelvan a abrir plazas, incluso puede ser que haya alguien que renuncie porque no le gusta...

Ambas amigas, se miraron a los ojos con franqueza y sonrientes sorbieron café. Trinidad parecía diferente como si alguien la hubiera llevado la nube oscura que llovía sobre ella dejándola imponente para desarrollar cualquier plan. Ahora todo lo veía con claridad.

-Fin-
Autora@MaiteAlbarrán

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