La tortuga Trinidad está triste. Se
encuentra muy sola y deprimida, cada vez que intenta algo parece que
la mala suerte la persigue y termina arruinando todos sus propósitos.
Quiere aprender inglés, le han dicho que si sabe idiomas podrá
viajar e ir más lejos. Está muy ilusionada con la idea de ir a
otros sitios. Fue a matricularse a la escuela de idiomas pero le
dijeron que no quedaban plazas.
-¡Vaya, ahora que se me ocurre
aprender inglés voy y no hay plazas! Pues ya no quiero aprender
idiomas, total para qué, seguro que cuando vaya a otro lugar sigue
siendo lo mismo...
-¡Trinidad, no desistas tan pronto!
Puedes aprender desde casa, seguir las cintas o ver películas! No
deberías rendirte tan rápido.-le contestó Rita la cocinera, que
acababa de servirle una sopa de verduras con un agradable aroma-
-Si total la mala suerte me persigue
para qué voy a esforzarme, seguiré aquí y ya está.
-¿Por qué dices que te persigue la
mala suerte?¿Qué te pasó?-quiso saber su amiga que la conocía
desde hacía una semana.
-Verás, siempre que quiero algo, no
logro alcanzarlo. Te pondré ejemplos. Cuando era pequeña, quise ser
una tortuga de agua y viajar por el mundo, pero no lo conseguí,
cuando entraba en el agua me hundía. Otras tortugas nadaban sin
dificultad y pronto se marcharon muy lejos.
-¡Ah, ya veo, comienzo a entender!
Cuéntame más cosas-la animó con curiosidad detectivesca para ir
conociendo un poco mejor su carácter.
-Luego quise ser corredora, me compré
unas buenas zapatillas e iba a entrenar todos los días, así hasta
la gran carrera que se disputó antes de llegar la primavera. Me
sentía muy orgullosa de mi preparación e iba de las primeras, pero
me ganaron. Así que tuve que abandonar, de nuevo la mala suerte
¿sabes?
-Sigue, esto se pone interesante-le
dijo inquieta-
-Eso no fue lo peor, cuando quise ir a
la universidad no pasé la prueba de acceso, por medio punto ¡qué
injusto! Así que tuve que dedicarme a trabajar en algo que no
quería, pero me aceptaron. Claro que podría haber buscado un empleo
diferente siendo más joven, pero tuve miedo de perder el que
tenía...
-Ammmm... claro la mala suerte que te
persigue ¿verdad? -concluyó Rita a modo de desenlace-No es
necesario que sigas narrándome más historias Trinidad lo único
que te ha faltado es tener perseverancia y confianza en ti misma.
-¿Cómo dices? Yo lo intenté y fallé,
no fue culpa mía...
-Mira te lo explicaré con algo que vas
a entender. Cuando quisiste ser nadadora, yo estaba allí como tú
intentando aprender. Te observé porque veía que cada vez que
tragabas agua, salías y te sentabas sobre una roca, negándote a
continuar. Ahora lo recuerdo, entonces éramos muy jóvenes.
-Bueno... sí, pero es que lo pasaba
muy mal.
-Las otras tortugas también tragaban
agua, pero tenían una meta bien definida: querían ser nadadoras
costase lo que costase, no iban a rendirse. Yo era una de ellas.
-¡Oh, vaya! ¡Qué fuerza de voluntad
y constancia! Yo pensaba que les era fácil, por eso sonreían y
seguían sin importarles los atragantamientos.
-Trinidad la vida es un lugar donde
muchas cosas nos salen mal. Hay que aceptarlo y no rendirse, buscar
alternativas, saber escoger la que más conveniente para el momento
que vivimos. La mala suerte, no existe. Todo se reduce a malas
elecciones, así torcemos el camino que nos lleva a nuestra
felicidad. Fallamos porque elegimos mal o no vemos en que nos
equivocamos, eso es todo.
-Ammmmm... voy comprendiendo. ¿Qué
hiciste tú para tener buena suerte, entonces?-preguntó con cierta
envidia y un poco apabullada por la lucidez del descubrimiento.
-Intenté muchas cosas como tú. Unas
me salieron bien, otras no. Como cuando decidí hacer la travesía
por el mar abierto y fui atacada por un tiburón. Se comió una de
mis aletas, la derecha y mordisqueó mi caparazón. Mira mis
cicatrices. Tuve suerte de sobrevivir, seguí nadando hasta la
orilla, tenía ganas de abandonar porque me encontraba muy mal, pero
me centré en llegar y llegué.
¡Qué horrible sensación tuviste que
vivir! Y sin embargo te salvaste-reflexionó aquel hecho tratando de
encontrar de nuevo la mala suerte.
-Al regresar a casa mutilada, no
quisieron admitirme en el curso de cocina. Pero me puse tan pesada
que terminaron por matricularme, desmonté todas sus excusas
formales. Me esforcé tanto que al final, tuvieron que darme el
título de cocinera. Encontrar empleo con una patita de menos, fue
aún más difícil, pero alguien quiso darme una oportunidad, probó
mi comida y mira aquí estoy, cada día dándote de comer en este
fabuloso restaurante.
-Tienes razón. Tuviste mala suerte
pero lo cambiaste ¿es así como debo pensar?
-Te felicito. ¡Esa es la respuesta,
amiga! ¡bravo, bravo! Así lo conseguirás...
-Claro que sí, ahora mismo voy a ver
películas en inglés y estaré pendiente de que se vuelvan a abrir
plazas, incluso puede ser que haya alguien que renuncie porque no le
gusta...
Ambas amigas, se miraron a los ojos
con franqueza y sonrientes sorbieron café. Trinidad parecía
diferente como si alguien la hubiera llevado la nube oscura que
llovía sobre ella dejándola imponente para desarrollar cualquier
plan. Ahora todo lo veía con claridad.
-Fin-
Autora@MaiteAlbarrán

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