Amanda soñaba con ser algo más que una mujer dulce y obediente de un hombre bueno. Quería ser ella, oler su valía, proyectarse socialmente fuera del olor a cocina y de las horas de plancha. Lo había intentado varias ocasiones sin éxito, sus trabajos eran quebradizos y siempre volvía a ser lo que no quería: una mantenida de larga duración.
Hasta que conoció a Andrés, su jefe. Un alto ejecutivo que le concedió la benevolencia de un puesto de secretaria de dirección nada más verla.
-Sr. Andrés yo soy administrativa, pero nunca he ejercido como secretaria de dirección, no sé si estaré capacitada para...
-No te preocupes Amanda, tienes lo necesario.
Fue el día más feliz de su existencia. Aquel directivo reconocía todos su valores y sus altas capacidades sin tener que avalarlas con títulos, reconocimientos o recomendaciones de otras personas. La sedujo dándole lo que ella quería: un puesto de valía.
Pero todo en la vida tiene un precio. Amanda creyó lo que quería creer, que triunfar en la vida era una cuestión de suerte y que la había encontrado, nada más lejos de la realidad.
-Amanda, mañana tendrás que quedarte un rato, después de las ocho.
-De acuerdo sr. Andrés- dijo ella sin dudar, ni tan siquiera se paró a pensar en su vida, sólo importaba mantener contento a su protector-
En el despacho sólo estaban ellos. Andrés puso sus cartas sobre la mesa, quería algo más que una secretaria. Amanda no reaccionó, el dolor la contenía, quería estar allí, mantener su empleo pero debía decidir entre ser una mujer digna o ...
-Tendrás todo lo que quieras, reputación, empleo, posición etc. Sólo necesito que quites tus barreras y seas enteramente mía.
-No puedo hacer eso.
-Lo harás, tus ojos ambicionan esta vida que te ofrezco. Dejarás a tu novio, pareja o lo que tengas y iniciarás una vida donde lo que más daño te haga sea el lujo, la voluptuosidad o el bien vivir.
-Tengo que pensarlo.
-Tienes dos minutos. En esta maleta tengo el pasaporte hacia la locura y la pasión.
-Lo haré, aunque no creo estar preparada para...
-Yo te mostraré el camino. Relájate y comencemos.
Andrés la fue desnudando con mucha delicadeza y esmero. Abrió su maletín repleto de artilugios eróticos y fue probándolos todos en su cuerpo. Durante horas, Amanda fue suya, gemía se contorsionaba, gritaba pidiendo más o suplicando que parara. Fue el lazo que la atrapó, el del desenfreno y pasión sin límites. Lo pasaron estupendamente hasta altas horas de la madrugada. Cuando terminaron de saciar su lujuria ,eran más de las tres de la madrugada.
-¿Qué horas son estas de venir Amanda?
-Las que me da la gana.
-¿Has estado con alguien?
-Exacto y hemos terminado.
-Espera, ¿que te está ocurriendo ? Tenemos que hablar, yo te quiero Amanda.
-Yo estoy cansada de tí, de mi vida en la sombra, se acabó he conocido al hombre de mis sueños y me voy con él ahora mismo. Sólo me llevo mi ropa.
Hizo la maleta apresuradamente. Andrés la esperaba en la puerta. Daniel se quedó roto, no sabía como retenerla y hacerla razonar ¿qué estaba sucediendo? ¿dónde había estado él que no se había dado cuenta que la perdía? La vio salir dando un portazo, no le dijo ni adiós.
Amanda se instaló en el chalet de su jefe. Le impresionó la decoración, el lujo la buena vida, la sensualidad. Estaba viviendo el sueño de su vida con un hombre ideal. Se enamoró perdidamente de su poco atractivo jefe pero sublime seductor verbal, amante perfecto.
Era tan feliz, que lloraba por las noches. Un día al regresar a su mansión se encontró con mucha gente desconocida. Perpleja, sin ser capaz de tomar una decisión, buscó a Andrés para que le diera una explicación.
-Andrés que hace toda esta gente aquí?
-Hola Amanda, pues es hora de tener una fiesta privada.
-¿Qué celebramos?
-Pues la bienvenida de un nuevo miembro a nuestro club de orgías e intercambio de parejas.
-¡Qué dices!
-Sabes que me prometiste obediencia total, te ofrezco cruzar a la otra orilla donde vas a vivir las experiencias más maravillosas de tu vida.
-A mí me basta contigo.
-Eso lo dices ahora, con el tiempo me pedirás que te organice más y más fiestas, tú eres insaciable.
-No voy a participar...
-Ya lo estás haciendo, ja,ja,ja...
Amanda fue sujetada por dos musculosos varones que comenzaron a desnudarla. Andrés bebía una copa observando excitado a su novia.
Amanda no se atrevió a contradecirle. No puso más objeciones, aquellos musculosos varones super dotados sexualmente sabían tocar y acariciar. Fue tomada por dos hombres desde diferentes posturas ante los ojos de su amante que comenzaba a ser devorado por una preciosa rubia de boca grande.
Tenía razón Andrés. Amanda disfrutó como nunca. Su primera orgía fue inolvidable. Su cuerpo se deshabituó al contacto normal con él, necesitaba numeritos. Se volvió más activa y más provocativa. En pocos meses sus relaciones ya siempre ocurrían con grupos de personas en las que se enzarzaba durante horas.
Ya no había camino de vuelta. Era una enferma sexual. Después de realizar los juegos más depravados, quería siempre más. La angustia y el desprecio la recorrían por entero. Andrés temía por ella, estaba traspasando demasiadas barreras.
Hasta que ocurrió algo dramático. Amanda estaba sobre una mesa realizando una postura de candelabro italiano, consistía en ser penetrada por dos hombres a la vez, excitar con sus dos manos a otros dos y con su boca satisfacer a un quinto hombre. Su vagina comenzó a sangrar y los varones alarmados la dejaron. Andrés tuvo que actuar rápidamente para evitar que se desangrara camino del hospital. Los médicos al ver la dilatación de sus zonas erógenas intuyeron la causa de la hemorragia. Los advirtieron del peligro de seguir jugando así con su cuerpo. Tenía el útero destrozado y tenía que ser operada de urgencia. Lo pasó mal. Fue entonces cuando Andrés la abandonó, no era válida para continuar con sus juergas eróticas.
Tras unos meses de terapia psicológica Amanda se recuperó. No le apetecía ningún hombre y la palabra sexo la llenaba de remordimiento. Era incapaz de soportar un simple roce. Tuvo miles de tentaciones de buscar consuelo en Daniel, pero no lo hizo, no se merecía el amor de nadie y mucho menos el de él.
Daniel supo por sus amigos las andaduras de su novia. Sufrió como nadie el camino que eligió, dolido en el alma por su traición y abandono. Pero seguía queriéndola, esperó que ella lo buscara, que le pidiera perdón, pero era demasiado orgullosa para hacerlo. Cuando supo que de nuevo estaba sola, intentó verla sin lograrlo. Ella lo rechazaba con vergüenza. Le costó casi un año poder acercarse a ella y que le hablara por teléfono.
-Amanda sabes que yo sigo queriéndote, todavía podemos...
-Olvídalo Daniel. Yo elegí mi camino y me equivoqué, lo estoy pagando.
-Pero mi amor sigue estando por ti intacto, te equivocaste pero tú eres buena y ya creo que te has escarmentado.
-Pero yo no te quiero Daniel, no quiero a nadie y no voy a ser de nadie nunca más.
-Entiendo tu dolor ¿sigues amándole?
-Lo amé con locura, lo seguí por ese amor y lo amo, pero jamás dejaré que se acerque a mí.
-Amanda ¿por qué no puedes quererme a mí?
-Porque no tienes esa seducción que me hace falta.
Fue la última conversación que tuvieron. Ella acabó haciéndose misionera. La vida normal ya no le atraía. Necesitaba olvidarse de los hombres, de la vida real. Se fue lejos y vivió otra vida en la que fue muy importante en un mundo donde nadie importa.
Fin
Hasta que conoció a Andrés, su jefe. Un alto ejecutivo que le concedió la benevolencia de un puesto de secretaria de dirección nada más verla.
-Sr. Andrés yo soy administrativa, pero nunca he ejercido como secretaria de dirección, no sé si estaré capacitada para...
-No te preocupes Amanda, tienes lo necesario.
Fue el día más feliz de su existencia. Aquel directivo reconocía todos su valores y sus altas capacidades sin tener que avalarlas con títulos, reconocimientos o recomendaciones de otras personas. La sedujo dándole lo que ella quería: un puesto de valía.
Pero todo en la vida tiene un precio. Amanda creyó lo que quería creer, que triunfar en la vida era una cuestión de suerte y que la había encontrado, nada más lejos de la realidad.
-Amanda, mañana tendrás que quedarte un rato, después de las ocho.
-De acuerdo sr. Andrés- dijo ella sin dudar, ni tan siquiera se paró a pensar en su vida, sólo importaba mantener contento a su protector-
En el despacho sólo estaban ellos. Andrés puso sus cartas sobre la mesa, quería algo más que una secretaria. Amanda no reaccionó, el dolor la contenía, quería estar allí, mantener su empleo pero debía decidir entre ser una mujer digna o ...
-Tendrás todo lo que quieras, reputación, empleo, posición etc. Sólo necesito que quites tus barreras y seas enteramente mía.
-No puedo hacer eso.
-Lo harás, tus ojos ambicionan esta vida que te ofrezco. Dejarás a tu novio, pareja o lo que tengas y iniciarás una vida donde lo que más daño te haga sea el lujo, la voluptuosidad o el bien vivir.
-Tengo que pensarlo.
-Tienes dos minutos. En esta maleta tengo el pasaporte hacia la locura y la pasión.
-Lo haré, aunque no creo estar preparada para...
-Yo te mostraré el camino. Relájate y comencemos.
Andrés la fue desnudando con mucha delicadeza y esmero. Abrió su maletín repleto de artilugios eróticos y fue probándolos todos en su cuerpo. Durante horas, Amanda fue suya, gemía se contorsionaba, gritaba pidiendo más o suplicando que parara. Fue el lazo que la atrapó, el del desenfreno y pasión sin límites. Lo pasaron estupendamente hasta altas horas de la madrugada. Cuando terminaron de saciar su lujuria ,eran más de las tres de la madrugada.
-¿Qué horas son estas de venir Amanda?
-Las que me da la gana.
-¿Has estado con alguien?
-Exacto y hemos terminado.
-Espera, ¿que te está ocurriendo ? Tenemos que hablar, yo te quiero Amanda.
-Yo estoy cansada de tí, de mi vida en la sombra, se acabó he conocido al hombre de mis sueños y me voy con él ahora mismo. Sólo me llevo mi ropa.
Hizo la maleta apresuradamente. Andrés la esperaba en la puerta. Daniel se quedó roto, no sabía como retenerla y hacerla razonar ¿qué estaba sucediendo? ¿dónde había estado él que no se había dado cuenta que la perdía? La vio salir dando un portazo, no le dijo ni adiós.
Amanda se instaló en el chalet de su jefe. Le impresionó la decoración, el lujo la buena vida, la sensualidad. Estaba viviendo el sueño de su vida con un hombre ideal. Se enamoró perdidamente de su poco atractivo jefe pero sublime seductor verbal, amante perfecto.
Era tan feliz, que lloraba por las noches. Un día al regresar a su mansión se encontró con mucha gente desconocida. Perpleja, sin ser capaz de tomar una decisión, buscó a Andrés para que le diera una explicación.
-Andrés que hace toda esta gente aquí?
-Hola Amanda, pues es hora de tener una fiesta privada.
-¿Qué celebramos?
-Pues la bienvenida de un nuevo miembro a nuestro club de orgías e intercambio de parejas.
-¡Qué dices!
-Sabes que me prometiste obediencia total, te ofrezco cruzar a la otra orilla donde vas a vivir las experiencias más maravillosas de tu vida.
-A mí me basta contigo.
-Eso lo dices ahora, con el tiempo me pedirás que te organice más y más fiestas, tú eres insaciable.
-No voy a participar...
-Ya lo estás haciendo, ja,ja,ja...
Amanda fue sujetada por dos musculosos varones que comenzaron a desnudarla. Andrés bebía una copa observando excitado a su novia.
Amanda no se atrevió a contradecirle. No puso más objeciones, aquellos musculosos varones super dotados sexualmente sabían tocar y acariciar. Fue tomada por dos hombres desde diferentes posturas ante los ojos de su amante que comenzaba a ser devorado por una preciosa rubia de boca grande.
Tenía razón Andrés. Amanda disfrutó como nunca. Su primera orgía fue inolvidable. Su cuerpo se deshabituó al contacto normal con él, necesitaba numeritos. Se volvió más activa y más provocativa. En pocos meses sus relaciones ya siempre ocurrían con grupos de personas en las que se enzarzaba durante horas.
Ya no había camino de vuelta. Era una enferma sexual. Después de realizar los juegos más depravados, quería siempre más. La angustia y el desprecio la recorrían por entero. Andrés temía por ella, estaba traspasando demasiadas barreras.
Hasta que ocurrió algo dramático. Amanda estaba sobre una mesa realizando una postura de candelabro italiano, consistía en ser penetrada por dos hombres a la vez, excitar con sus dos manos a otros dos y con su boca satisfacer a un quinto hombre. Su vagina comenzó a sangrar y los varones alarmados la dejaron. Andrés tuvo que actuar rápidamente para evitar que se desangrara camino del hospital. Los médicos al ver la dilatación de sus zonas erógenas intuyeron la causa de la hemorragia. Los advirtieron del peligro de seguir jugando así con su cuerpo. Tenía el útero destrozado y tenía que ser operada de urgencia. Lo pasó mal. Fue entonces cuando Andrés la abandonó, no era válida para continuar con sus juergas eróticas.
Tras unos meses de terapia psicológica Amanda se recuperó. No le apetecía ningún hombre y la palabra sexo la llenaba de remordimiento. Era incapaz de soportar un simple roce. Tuvo miles de tentaciones de buscar consuelo en Daniel, pero no lo hizo, no se merecía el amor de nadie y mucho menos el de él.
Daniel supo por sus amigos las andaduras de su novia. Sufrió como nadie el camino que eligió, dolido en el alma por su traición y abandono. Pero seguía queriéndola, esperó que ella lo buscara, que le pidiera perdón, pero era demasiado orgullosa para hacerlo. Cuando supo que de nuevo estaba sola, intentó verla sin lograrlo. Ella lo rechazaba con vergüenza. Le costó casi un año poder acercarse a ella y que le hablara por teléfono.
-Amanda sabes que yo sigo queriéndote, todavía podemos...
-Olvídalo Daniel. Yo elegí mi camino y me equivoqué, lo estoy pagando.
-Pero mi amor sigue estando por ti intacto, te equivocaste pero tú eres buena y ya creo que te has escarmentado.
-Pero yo no te quiero Daniel, no quiero a nadie y no voy a ser de nadie nunca más.
-Entiendo tu dolor ¿sigues amándole?
-Lo amé con locura, lo seguí por ese amor y lo amo, pero jamás dejaré que se acerque a mí.
-Amanda ¿por qué no puedes quererme a mí?
-Porque no tienes esa seducción que me hace falta.
Fue la última conversación que tuvieron. Ella acabó haciéndose misionera. La vida normal ya no le atraía. Necesitaba olvidarse de los hombres, de la vida real. Se fue lejos y vivió otra vida en la que fue muy importante en un mundo donde nadie importa.
Fin
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