jueves, 18 de diciembre de 2008

El amo del placer


Yolanda no intuyó la seducción que poseía el varón que merodeaba perspicazmente en torno suya dentro de la tienda de artículos eróticos. Era una mujer excitante, segura, de mirada dura y dulce penetrante, gozaba de buena figura y un extraño poder seductor.

Los hombres enloquecían bajo su mirada altiva y sensual. Estaba acostumbrada a ser deseada, a que los hombres la persiguieran con insistencia, con esas miradas desesperadas que suelen lanzar a la presa cuando está cerca en proximidad e inalcanzable a la vez, utilizando todas sus armas para hacerla caer en la tentación de tener un encuentro casual, suspiran con sólo imaginarlo.. Había ido al sex shop sola como era habitual, tenía curiosidad por los nuevos artículos y necesitaba algo nuevo para reavivar la llama con su pareja.

Estudió con esmero todos los artículos nuevos. Las bolas anales la excitaban mucho. Cogió la verga de bolas de silicona para percibir su tacto, observó que eran más grandes en su base y disminuían en tamaño gradualmente , eran ideales para que el ano se adaptara progresivamente al tamaño; pequeñas y grandes, provista de una asidera para evitar que se quedaran durante el juego en el interior. Fantaseó bastante imaginando .

Proyectó en su cerebro una deseo incipiente de ser poseída. Ismael lubricaba con esmero su recto, metiendo su lengua para salivar, dando el suficiente placer para relajar el músculo mágico tensor que permitía dilatar aquel hueco diminuto. Lo imaginaba introduciendo las bolas una a una, jugueteando con su esfínter hasta que toda aquella serpiente de perlas se hubiera ubicado en su conducto anal. Sólo la asidera era visible, entonces él hábilmente la tumbaba y lamía su sexo humedecido y excitado. Ella se contorsionaba de placer intenso, devorada por el deleite de un preorgasmo, estaba a punto de estallar, Ismael lo intuía y tiraba del asa de las bolas chinas incrustada en su ano provocándole un doble orgasmo casual . Jadeaba sólo de soñarlo. Manoseó con disimulada lujuria la fantasía del juguete erótico. Notó que tenía su braga húmeda, la ensoñación la había excitado demasiado.

El misterioso varón seguía con detalle todas sus emociones sin que Yolanda se percatara de que estaba siendo espiada. Llevaba más de media hora observándola con cautela. Casualmente sus ojos se encontraron en ese mismo instante, le gustó . Intentó obviarlo pero fue inútil. Se quedó pasmada al observar que aquel atractivo varón tenía una verga anal en sus manos y estaba seguro que dispuesto a comprarla. No podía dar crédito a aquello, era como si fuera capaz de leer sus pensamientos más secretos. Avergonzada y molesta por su intromisión giró la cabeza con menosprecio. Quiso andar con paso seguro y sigilosa en dirección a la salida pero su voz la detuvo en seco.

-Pensé que te apetecería probarlos conmigo...
-Oye, ¿De que vas?
-Eres maravillosa, me pones a cien, tenemos que hablar fuera de aquí.
-Mira, pasa de mí
-Te ofrezco realizar tus fantasías con total discreción.
-¿Qué fantasías?
-Las que has soñado durante este rato.
-No puedes saberlas...
-Ponme a prueba.
-Es imposible que...
-Sólo te anticipo la última. Has soñado con un sexo oral mientras las bolas chinas anales eran introducidas en tu precioso culo. Justo en el momento del clímax salían proporcionándote un doble orgasmo.
-¿Cómo puedes saberlo?
-Soy el amo del placer, conozco todos los deseos de las mujeres ardientes.
-Pura casualidad...
-Eres un c...
-¡Calla! No rompas la magia. Te daré lo que quieres. Quiero que estés a las seis en el “Hotel Mariposa”.
-Estás pirado- le gritó furiosa mientras salía temerosa de la tienda-

No iría. Aquel listillo le repugnaba con sus intuiciones agudas . Fue a su casa, preparó una comida frugal que ingirió sin darse cuenta, estaba absorta en el suceso de la tienda. Luego intentó relajarse tomando un buen baño. Seguía estando muy ardiente. Tomó un masturbador para aliviar su insatisfacción y deseo.

Pasó el día dándole vueltas a aquella proposición indecente. Le encolerizaba la idea enfermiza de ese encuentro con un desconocido en un hotel, sabiendo todo lo que sucedería y que podría convertirse en la esclava de un amo del placer. Conocía alguna historia de chicas que habían perdido la cabeza por un hombre así. .

La curiosidad y el deseo pudo más, ganó la batalla a la sensatez .Se adornó con su lencería más fina preparándose para el encuentro furtivo Necesitaba ir allí, saber que creía conocer de sí misma que ella ignoraba, aquel extraño hombre podría darle la clave de muchas preguntas sin respuesta.. Había acertado al relatarle sus pensamientos en aquella tienda ¿cómo pudo saber tanto de sí misma sin conocerla? Y aquella proposición la excitaba aunque lo negara tozudamente . Sería su primera infidelidad, Ismael trabajaba hasta las 11, tenía tiempo. Fumó varios cigarrillos desesperada sin terminar de tomar una decisión Su mente la frenaba con un “no que haces” mientras su cuerpo la arrastraba hacia una historia libinidosa excitante y secreta que sucedería en clandestinidad.

Dieron las seis Yolanda volvió a mirar su reloj antes de tocar la puerta de la habitación 554. Se abrió lentamente y unas manos la metieron a toda prisa. Todo estaba a oscuras. Alguien le susurró al oído que no se asustara. Había más de una persona allí dentro. Quiso marcharse pero la sensualidad de las manos de varias personas la retuvieron. Intentó marcharse, pero algo la retenía, era como si aquellas manos la conocieran y supieran exactamente que debían tocar, la tumbaron delicadamente en la cama.

Su respiración comenzó a agitarse. Su cuerpo era acariciado por al menos dos personas. Eran dos hombres. La besaban, le susurraban cosas bonitas al oído. Su cuerpo recibía muchos estímulos a la vez. Supo que aquellas bolas chinas estaban siendo introducidas en sus recto. Un masturbador de descarga eléctrica la masajeaba el clítoris que estaba dilatado recogiendo miles de sensaciones placenteras. Un tercer artilugio la comenzó a penetrar. Lo palpó era un masturbador de silicona, más ancho en su base y más estrecho en su punta. El juego duró un buen rato. De repente las voces cuchichearon algo y todo se detuvo.

-Debes levantarte, lo haremos mejor de pie- le ordenó su amo-
-Vale- aceptó Yolanda reconociendo en ese instante al hombre de la tienda de artículos eróticos-

Yolanda supo que estaba siendo penetrada analmente esta vez por un hombre. La excitaba muchísimo que nadie le hubiera preguntado si se dejaba hacer Era la primera vez que probaba el sexo anal y el amo lo hacía muy bien, sentía un placer distinto

. El amo la sujetaba por la cadera, el otro la besaba y pellizcaba sus pechos, mientras con la otra mano masajeaba su clítoris. Notaba las embestidas duras con dolor y gozo. El segundo hombre la elevaba sujetándola por los muslos y dejándola caer sobre su miembro erecto. No podía creerlo, estaba siendo poseída por dos hombres potentes a la vez. Siempre pensó que sería horrible la sensación, pero la realidad era bien distinta. Se sintió como una diosa, dando placer y sintiéndolo con desenfreno.

Tras unos pequeños reajustes rítmicos, los tres comenzaron a disfrutar de sus cuerpos. Jadeaban y se susurraban cosas provocadoras “más deprisa” “aguanta” “que bien te entra”. Yolanda se sentía la dama del placer. Bella y deseada como nunca lo había sido.

Repitieron varias posturas en conjunto hasta quedar satisfechos. Nadie se atrevió a encender la luz tras saciar su voluptuosidad Yolanda escapó hacia el baño, se vistió de en el baño y abandonó la habitación sin despedirse. No quería mirarles a la cara, recordar sus gestos, sus ojos saciados en el cuerpo de ella. Quería olvidarlos y recordar la gratificante vivencia como una anécdota a guardar en su diario personal. Cuando llegó a casa eran más de las doce, Ismael la esperaba en el sofá. Su semblante era serio.

-¿Dónde has estado Yolanda? Es la una de la madrugada...
-De compras, me encontré con unas amigas y se me hizo tarde.

Ismael la miró con excesiva acritud. Mentía. Metió su mano en el bolsillo y le arrojó las bragas negras que esa tarde había llevado al hotel.

-¿Quién te ha...
-Nadie.
-¿Cómo es posible Ismael que tengas mis bragas?
-Porque fui yo quién te las he quitado-sonrió ladinamente con gozo al recordarlo-
-¿Qué? Eso es imposible, te habría reconocido.
-No lo hiciste porque no pensaste que fuera yo quien metía las bolas chinas en tu culo. Tampoco imaginaste que era yo quien te elevaba para poseerte a la vez con otro hombre No querías que fuera yo quién...
-Basta, debiste decirme que...
-Fue estupendo. No puedo decirte lo mucho que te quiero. Te lo tengo que demostrar así.
-Pero había otro hombre Ismael.
-Ese fue tu regalo.
-No puedo creer que seas capaz de compartirme así.
-Te quiero.
-No puedo ni imaginar como te sentías al ver que...
-Feliz
-Ismael, ha sido la mejor experiencia sexual de mi vida y la he vivido gracias a ti.
-Lo sé, no será la única, me pedirás más.
-Te adoro.

Se unieron en un beso cómplice. Era una etapa nueva que ambos descubrían. Los meses de desidia y abandono habían sido aparcados. Quizás esa experiencia les ayudara a encontrar una nueva fórmula de conocerse y acoplarse más a sus necesidades de afecto.

La lujuria los conducía hacia un mundo por descubrir. Donde sólo hacía falta dejarse llevar y hacer hablar a los sentidos más secretos. Había renacido el amo del placer en Ismael, para ella, bella princesa devoradora de emociones y sensaciones morbosas.

Fin

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