martes, 9 de diciembre de 2014

Los duendes de fruta de la Navidad

Los duendes de fruta de la Navidad

Personajes del cuento:

Pitode: duende pera
Palico: duende plátano
Frecupa: duende fresa
Narate: duende naranja
Matulo: duende manzana
Pipon: duende piña
Cocú: duende coco

El Hada del bosque: Sambaquina, trata de equilibrar el corazón y la mente de los niños.

Los pequeños duendes de la Navidad tienen el color de las frutas de las que tomaron su nombre. Fueron creados por el Hada Sambaquina para ser sus ayudantes. Su labor es expandir el olor y sabor de las frutas deliciosas entre los niños, para que se acostumbren a tenerlas en sus dietas y las encuentren sabrosas y divertidas.

Sambaquina es una Hada diferente, toma el color de piel de la corteza del árbol más próximo a su cuerpo. Viste un traje largo hasta los pies de seda verde con mangas de vuelo de murciélago a juego con unos zapatos de terciopelo. Todo el traje está cubierto con estrellas plateadas de diferentes tamaños, junto al corazón hay una grande de puntas sombreadas de color dorado. El sombrero de cucurucho es alargado, una estrella dorada corona la punta, junto con un trozo de gasa de hilo de oro que fue confeccionada por las mamás Setas del bosque para otorgarle protección en caso de peligro, ya que tiene el poder de la invisibilidad. Su boca es grande con unos labios de color cereza, sus ojos de un color oscuro, como la noche. Su mirada es profunda y serena, su voz; dulce y segura. Cuando habla lo hace con sencilla autoridad. Su risa infantil invita a la broma y al diálogo, ya que sin sentido del humor, parecería una maga tenebrosa y cruel.

Ella también desea dejar regalos a los niños con un mensaje afrutado. Al ser un Hada de la Naturaleza tiene su morada en el bosque. Andaba pensando una Nochebuena en la forma que adoptarían sus ayudantes, cuando de repente una idea se le ocurrió. Tomó del frutero unas frutas y les otorgó el don de la vida. Los vistió con mallas negras brillantes, descargó la luz de las estrellas para que dibujaran su forma en ellas. Les hizo gorros cónicos rojos y para que estuvieran calentitos, les dio unas botas verdes mágicas, forradas de lana blanca para que pudieran entrar en las casas de los niños sin ser vistos. Los duendes eran de la altura de un peluche pequeño, delgados y jóvenes. Sus caras adoptaron la forma de la fruta elegida. Pitode, el duende con cara de pera de color verde, tenía los ojos de color ambar, largas pestañas del tono del trigo y pelo del color de la luna cuando se viste de plata. Los otros duendes adoptaron las mismas características físicas.

En la Nochebuena reciben la orden. Su misión consiste en llevar en las canoas mágicas que navegan por el cielo construidas por los indios primigenios, los regalos a los niños de la ciudad. Deben dejar las bolsas de gominolas de frutas variadas a cada niño, junto al calcetín del famoso padre de la Navidad, con un piña dorada y una rama de pino.

El día de Navidad, cuando el niño busque sus regalos, encontrará las deliciosas gominolas hechas con jugo de frutas selectas, confeccionadas por los enanos del bosque, que las elaboran con mucho amor entre cantos, risas y bromas durante todo el año.

Si la piña dorada y la rama de pino es valorada, el niño o niña la conservará. Si lo hace por espacio de un año, en su corazón brotará la dulce belleza de la sensible Hada, que le otorgará un hermoso don para que sepa elegir su camino. Será un adulto feliz, generoso, amoroso, cándido y valorado por los demás. Cualquier ser oscuro en su presencia tenderá a alejarse.

Si por el contrario, el niño o niña rechaza el regalo por carecer de valor y acaba tirándola a la basura, los duendes le darán una segunda oportunidad. Al año siguiente volverán a viajar a casa de ese niño o niña pero en lugar de darle una bolsa de gominolas, la piña y la rama de pino, le transportaran en un sueño a la presencia del Hada.

En el bosque Sambaquina tiene retenidos a muchos niños que deben esforzarse por cambiar si desean volver a sus casas. Allí el tiempo se ha suspendido y permanecen  en el tiempo con la misma edad que fueron sacados de sus camas.

Las pruebas que deben superar son fáciles. Deben aprender a trabajar en equipo. El duende Palico, ha preparado en la cocina los recipientes para que diez niños aprendan a elaborar un pastel. No se ponen de acuerdo, discuten y se quejan desistiendo, porque ninguno desea hacer nada, por lo que el duende cambia una y otra vez de receta en espera de hallar una que despierte su interés para su cooperación.

Frecupa, Nazate y Maculo, preparan pruebas físicas para los niños y niñas más sedentarios que no se mueven del sofá de la cabaña. Han organizado carreras de sacos, saltos de comba y preparado camas elásticas. Deben realizar diez minutos de ejercicio para superar la prueba, pero se niegan a moverse, ponen excusas diversas e inventan lesiones que no tienen para evitar sudar la camiseta, por lo que siguen retenidos sin poder ser devueltos a su hogar

Pipón y Cocú, los duendes más intelectuales de voz melodiosa, leen cuentos a los niños que deben superar su adición a los juegos de video consola. Tratan de que escuchen con agrado los cuentos de siempre, pero ellos se aburren, se tapan los oídos, se niegan a escuchar estupideces de magias y seres encantados. Prefieren la invención virtual ya hecha, a tener que imaginar los personajes de las historias creativas de los cuentos.

Sambaquina consciente de su fracaso, ante estos niños tan obstinados que no desean volver a su hogar, comprende que el bosque los ha imantado. Estos niños aburridos necesitan recorrer el bosque, recoger los frutos y valorar la belleza de la Naturaleza y los animales.

Así que encarga a todos los duendes que conduzcan a los niños rebeldes hacia la cabaña más adentrada en el corazón del bosque, la recompensa será regresar al hogar familiar. Los niños que ya son más de un centenar, aceptan, contentos y felices la han vencido consiguiendo salirse con la suya. Tienen la ilusión de desaparecer para siempre de la vista de aquellos seres con forma de fruta que solo saben atormentarles con sus pruebas.

En el camino, recogen tiernos chocolates y bollos recién horneados que crecen en las flores del bosque para alimentarlos. Encuentran un hermoso prado donde unas enormes burbujas de algodón les invitan a penetrarlas y rodar en su interior. Se divierten durante horas, riendo y gritando, compitiendo entre ellos a ver quién llega más rápido. Tras la aventura prosiguen en compañía de los duendes hasta que una mujer anciana les pide ayuda para hacer un bizcocho, ya que tiene un grave problema, su cabeza no funciona como antes y no recuerda como se hacía.

El grupo de niños, que había estado intentando aprender a hacer tartas y dulces, sorprendidos de sus conocimientos, la ayudan colaborando entre todos, consiguen hacer deliciosos dulces para la anciana.

Ya estaban casi al final del camino, cuando se encuentran con un ciego que llora desconsoladamente. Les dice entre quejas y lágrimas, que su último deseo antes de morir sería volver a escuchar los cuentos de “Aladino y la lámpara maravillosa” “Los tres cerditos” “ Caperucita Roja” “La Bella y la Bestia” “La Lechera” pero ha perdido el cuento donde estaban escritos.

El grupo de niños, que había estado a cargo de los duendes relatores de cuentos, recuerdan las historias que tanto gustan al anciano, los narran con todo lujo de detalles y entonación. Motivo por el cual, al finalizar el anciano no duda en aplaudir estrepitosamente conmovido, con lágrimas en los ojos.

Cuando finalmente llegan a la casa más internada en el bosque, el Hada Sambaquina les espera en el rellano de la puerta para recibirles. Les dice que han superado todas las pruebas, están preparados para regresar a casa, espera que no olviden lo aprendido.

Los niños del “no” sorprendidos por la facilidad con la que han aprendido las cosas que antes se habían negado por resultarles imposibles de conseguir, se felicitan dándose abrazos y besos. Trabajando en grupo han sido capaces de superar los obstáculos que les retenían allí.

El Hada les despide con un dulce beso.

Regresan al mismo instante en su cama, la misma noche donde fueron sacados por los duendes, entre sueños se sienten agradecidos por la lección recibida.

A la mañana siguiente reciben los regalos de la Navidad. No hay piñas, ramas o bolsas de gominolas este año, quizás todo fue un sueño, pero están dispuestos a consumir frutas frescas en recuerdo de los duendes. Harán deporte para equilibrar su corazón y mente, leerán cuentos y harán nuevas cosas que les resulten imposibles, porque saben que a base de intentos y fracasos, se consigue todo lo que estén dispuestos a tener.

-Fin-
Autora@MaiteAlbarrán



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