El poderoso Ketún
Había una vez un desierto con una
montaña de color negro brillante. Todos temían acercarse porque
aquel que osaba subirla enloquecía en un sueño amargo del cual era
imposible regresar.
Allí vivía Ketún oculto en la
profundidad alimentándose del miedo. Un día se hizo tan grande que
la montaña no pudo contenerlo ya que peligraba su estructura. Así
que se vio obligado a emerger y buscar otro lugar donde seguir
desarrollando su poder. Al llegar a la superficie y ver el sol
brillante sobre la arena, enfureció. El viento temeroso de que
desatara su ira, le ofreció un capa invisible para cubrirse y seguir
estando a oscuras.
Caminaba por el desierto cuando
descubrió un hermoso oasis. Allí se detuvo para filtrar su
contenido en seis hermosas palmeras. A cada una la sedujo con un
miedo diferente. La palmera Zatí contenía el miedo a la muerte,
Zató el miedo al fracaso, Zaté el miedo al dolor, Zatú el miedo a
la enfermedad, Zatá el miedo a la pobreza y la última Zaiu contenía
el miedo a la vejez.
Las palmeras trasmutaron su expresión
de dulzura en ferocidad. Las ramas se volvieron oscuras y tenían
un hambre insaciable por lo que se agitaban vigorosamente para expandir su
esencia de miedo. Pronto recibieron pensamientos, llegaban por miles, los atrapaban con celeridad transportándolos al interior. Así
crecían y se hacían cada vez más temibles.
Así caminaba Ketún con su guardia de
palmeras por las poblaciones. En todas recibían alimento porque sus
habitantes no solían enfrentar su miedo. Caían en el pensamiento obsesivo como pez en el anzuelo guiando sus actos con temor. Pronto se hizo hueco al silencio y la tristeza. Parecía que la vida había dejado de existir.
Un día el poderoso Ketún se encontró
con un perro. Le produjo una sensación inquietante porque aquel
animal no le daba de comer a sus palmeras. Era inmune al miedo. No le
gustó ver cómo el soberbio animal se cobijaba del sol en ellas sin ser poseído. Así que al llegar la
noche se quitó la capa para darle una lección.
El valeroso perro viendo la forma
terrorífica de la gran bola negra con dientes afilados nada dijo.
Rascó las piedras y de repente se hizo presente su forma. Era el
antiguo mago Xedí, el creador de la arena.
-Como estás querido Ketún, te veo más
grande desde nuestro último encuentro.
-Debías de ser tú con tus disfraces.
Eres soberbio y hoy será tu fin.
-¿De verdad? Demuéstralo.
-Te enfrentaré con mis miedos. Te
lanzo el miedo a la Muerte, ¡ Zató engúllelo!
La palmera abrió su boca para
devorarlo pero no tenía ganas de comer. Era de un olor repelente así
que contra la voluntad del creador, volvió a su sitio bajando la
cabeza. Le resultó imposible.
-Sabes que no temo a la Muerte, he
aprendido a que tengo un tiempo para estar en las arenas y seré
relevado por otro mago que continuará mi labor.
-Ah así que es eso, no temes. Ya lo
veremos.¡ Zaté, llena sus ojos de pinchos de cactus, ahora!
La palmera creó afilados pinchos para
clavarlos en el mago. Lo iba a hacer cuando estos se deshicieron en
polvo. ¡El mago no tenía miedo al dolor! Así que la esencia del
miedo desaparecía.
Uno a uno enfrentó todos los miedos
con éxito. Ketún estaba muy enfadado por no conseguir derrotar al
poderoso mago Xedi. Estaba empezando a odiar su fortaleza para
desafiar al miedo.
Así se hallaba cuando sus palmeras
comenzaron a morir. Ketún que nunca había sentido miedo tuvo una
sensación de vacío al temer desaparecer. Estaba fracasando, la
enfermedad de su guardia así lo confirmaba.
El viento que era muy cambiante,
aprovechó la ocasión para llevarse la capa protectora ya que no
temía que enfureciera un ser que se había hecho pequeño ante un
simple mago. Cuando salió el sol Ketún buscó su capa, pero al no
hallarla tuvo que correr abrasándose en el calor que
detestaba para intentar llegar a la montaña. Estaba tan lejos que no
sabía hacia donde iba.
Cada paso que daba sentía que
empequeñecía. Tan insignificante llegó a ser que quedaba cubierto
por los brillantes granos de arena. Pero Xedí el mago, no iba a
dejarlo ir. Sabía que pronto el malvado productor de miedo crecería
de nuevo sembrando la oscuridad. Su color negro lo delató entre los
demás granos así que al darle alcance se lo comió. Así nunca
volvería a quitar las alas a los sueños y deseos de los hombres.
El miedo es un gran enemigo del ánimo,
las personas dejan de amar y ser felices por no saber enfrentarlo, así
que la mejor manera que Xedí encontró para acabar con el fue comérselo.
Y tú ¿Te comes tus miedos?
-FIN-

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