Las
emes de Alberto
********
********
Alberto era consciente de la posibilidad de ser descubierto. Le gustaba correr el riesgo, era agradable triunfar en ojos ajenos, captar la felicidad que todos manifestaban y sorpresa por su invención tan realista, capaz de pasar por verdad.
No todo el mundo se lo perdonaba como su madre, pero era feliz de cualquier modo, prefería ser un tipo con suerte efímera, a un fracasado cansado de darse golpes contra el cristal.
Consiguió su objetivo, el trabajo de profesor de lengua en una academia modesta. A partir de ahora, daría clases particulares a niños de primaria. No debía ser demasiado difícil hacerlo,se decía para adquirir seguridad, él había estudiado hasta bachiller así que podría resolver sus dudas sin problema. En cuanto al director de la academia, tardaría un tiempo en comprobar su currículum, con un poco de suerte, sus títulos falsificados no serían descubiertos.
Estaba muy convencido de ello. Ya había creado un nuevo cuento. Pronto en casa lo volverían a respetar por su éxito. Le solían criticar su madre y hermana, ya que a sus veinticinco años rara vez conseguía mantener un empleo. Su madre, siempre le decía que debía cambiar, dejar de ser un cuentista, lo deseaba todo rápido y no tiene paciencia para dejar que lleguen las cosas. Pero él se desmotivaba con facilidad si no conseguía su objetivo en poco tiempo, así que como no sabía como hacerlo y prefería mantener su estilo de vida; fácil y cómodo.
Cuando iba al gimnasio, contaba para conseguir la máxima atención, que competía como deportista de élite. Al indagar los compañeros en la actividad, no dudaba en asegurar que era nadador clasificado con el mejor tiempo para los campeonatos. La casualidad hizo que un nadador profesional le felicitara preguntándole sobre los tiempos obtenidos y estilo. Alberto sin saber que argumentar, se sonrojó entonces, dubitativo, decidió marcharse, quedando en evidencia ante los demás.
Este hecho, provocó rechazo y malestar entre sus compañeros deportivos, que pasaron de la admiración al molesto enojo de tener que saludarle, así que se esforzaban en evitarle. Disimuladamente, cambió de gimnasio para proseguir su cadena de mentiras.
Tuvo el consuelo de su novia, Elena. Le recordaba a menudo lo enamorada que estaba de él. Quiso tenerla mimada y consentida, le regaló un anillo de diamantes, todas las semanas la llevaba a los mejores hoteles. Ella creía que era piloto y por eso disponía de tanto dinero. La verdad era que había agotado el crédito de sus tarjetas, pero era tan bonito que pensara tan bien de él y se sintiera dichosa por el trabajo bien remunerado que tenía, que no pensaba que pasaría cuando no pudiera invitarla más.
Un
día, vió a su novia salir de una tienda corriendo, que alegría
pensó, pero observó pronto que tenía demasiada prisa. La llamó,
pero ella no le oyó, se alejó. Una dependienta desesperada trató
de alcanzarla. ¡Ladrona, vuelve aquí! escuchó... Estupefacto,
decide marchar en otra dirección. ¡Que vergüenza! ¿A Elena le
gusta robar? Bueno, no es tan grave, el también hace cosas extrañas.
Pero
la confianza sobre ella estaba en alerta máxima. No le dijo nada al
recogerla, pero cuando la llevaba de regreso, decidió seguirla. Para
su sorpresa, no vivía allí, estaba claro, sacó unas llaves del
bolso y fue hacia otro lugar. Al acercarse al portal, leyó los
timbres y pudo ver el nombre de ella junto a otro un nombre. No dudó
en tocar y preguntó por ella. “No aún no ha llegado, espere,
parece que está abriendo la puerta Elena, cariño”...Alberto ya no
escuchaba. Se alejó con el corazón destrozado. Era tan grande la
desilusión, que no quiso verla más. Pronto descubrió que no era la
única mentira que había en su vida. Al llegar a casa encontró a su
madre con otro hombre.
“Las
mentiras tienen las patitas muy cortas Alberto”. La frase en la
boca de su madre pareció indigestársele. ¿Cómo puede haberle
hecho eso? Bueno ella era viuda, pero siempre dijo que estaba sola.
Sin
encontrar descanso ni paz, se marchó sin rumbo, sin saber cómo,
llegó a un lugar solitario. Allí en la pasarela frente al mar,
soplaba el aire frío. El cielo parecía parte de su tormento, con
nubes grises revueltas. Contemplando aquel espectáculo sombrío sólo
había un viejo, flaco, consumido en sus pensamientos, con un brillo
extraño en los ojos quiso desnudarle con la mirada.
-¿Que
te ocurre muchacho? ¿se derrumbó el mundo sobre ti?-preguntó con
voz sonora.
-Que
más te da, déjame tranquilo viejo.
-Pareces
decepcionado de la vida.
-Todo
está podrido viejo, todo el mundo miente y engaña.
-¿Y
tú lo haces?
-¿Yo?
Lo justo-dudó, nervioso-
-¡Mientes!
Entonces,recibes lo que das, muchacho.
-Es
diferente, con mis mentiras hago feliz a mucha gente.
-Mira
chaval, las mentiras no hacen feliz a nadie. Son decepciones que
caminan haciendo ruido con zapatos de cristal. En cuanto menos te lo
esperes, se rompen y vas descalzo. Mejor tener unos zapatos normales
que unos que se van a desintegrar ¿no crees?
-Me
fue bien, todo iba bien, ellos, ellos me mintieron y...-objetó a
modo de defensa reflexionado añadió-tienes razón, recibí lo que
di, lo mismo que sembré, recogí.
-Me
alegra que lo aceptes amigo. ¿Qué piensas hacer ahora?
-No
lo sé.
-Puedes
volver a empezar si aceptas que tus mentiras te llevaron a más
mentiras y ello a fracasar.
-Me
cuesta aceptarlo, pero lo haré. Quiero volver a empezar de cero.
Dicho
esto, se volvió despidiéndose del viejo con una ligera sonrisa
llena de amargura. Regresó a casa y perdonó a su madre. Fue a la
academia y se despidió. A partir de entonces, fue feliz.
En
poco tiempo encontró un trabajo como vendedor de enciclopedias, con
el arte que tenía para convencer, era buen conversador, pronto se
convirtió en un hombre de éxito.
Al
fin Alberto se sentía realizado. Conoció una nueva chica, sensata e
inteligente que le aportó bienestar a su vida. No era tan
apasionante como antes sin las fantasías y excesos de lujo, pero
mucho más satisfactoria. Ahora no debía inventar, sólo disfrutar.
De
noche, soñaba con las ”emes” de mentiras, de ojos enormes
alejarse y ser engullidas en una tormenta de nieve en las montañas.
¡Qué suerte!
Fin
Autora@MaiteAlbarrán
No hay comentarios:
Publicar un comentario