miércoles, 1 de octubre de 2014

Tomás, el acosador



Eran las ocho menos diez. Jaime no quería llegar tarde, así que se dirigió al aula. Allí estaban los alumnos esperando a entrar, para ser el primer día daba la sensación de que sería un grupo bueno. Él debía ejercer de tutor de primero de secundaria los chicos provenían de una etapa escolar muy diferente, en ésta debían empezar a ser responsables y autónomos. Siguiendo las recomendaciones de la junta de profesores debía detectar las carencias de sus alumnos lo antes posible.

Abrió la puerta, encendió la luz e invitó con voz agradable y cercana a los chicos a entrar tomando asiento donde les apeteciera.

A las ocho y diez, cerró la puerta fue hacia la pizarra y mirando a todos de frente se presentó:

Hola soy Jaime vuestro tutor, profesor de lengua y literatura castellana. Hoy vamos a empezar el curso de una manera diferente os vais a presentar y a continuación, quiero que elijáis otro sitio si no estáis del todo a gusto con el primero que habéis encontrado.

Los chicos se presentaron y a continuación permanecieron cada uno donde estaba. Bien, este grupo no se conoce y no hay lazos entre ellos, perfecto.

Bueno si os sentís cómodos -prosiguió-tomad nota del siguiente ejercicio escrito. Apuntad. Todos sacaron una libreta y bolígrafos excepto tres alumnos que estaban al fondo de la clase, que no se sintieron con ganas de colaborar.

A ver vosotros, los del final, decidme por qué motivo no sacáis la libreta y el bolígrafo, ya.
-Yo no tengo nada, mi madre se olvidó de comprarla.
-Yo tampoco, pero de todas maneras no pienso hacer nada.
-Tú, Jose Vicente ¿verdad? ¿cuál es el motivo por el cual no sacas la libreta?
El chico al oír mencionar su nombre obedeció sin decir nada. En su rostro había una sonrisa divertida. Enseguida supo el profesor que aquel chico que parecía distraído y ausente, era el caso especial del que todos le habían hablado. Uno síndrome raro, no recordaba su nombre, le habían comentado a grandes rasgos que era un chaval con un trastorno de aprendizaje y que tenía que seguir rutinas. Vaya, un problema más para el aula y le había tocado a él. ¡Fenomenal!

Cuando todos tuvieron bolígrafo y papel dictó las preguntas. Bien, el que copie y responda estas preguntas sacará un diez. Primera pregunta, ¿Quién te cae mal a simple vista de esta clase y te gustaría que no estuviera aquí? Segunda pregunta, ¿Qué deberes pondrías tú, para casa? Tercera pregunta, ¿Qué harías si ves que alguien insulta sin motivo?

Los alumnos más soberbios y respondones, con aspecto de vagos, se sonrieron, ¿un diez por responder a esto? Está hecho. Todos los niños terminaron de escribir y Jaime pasó un rato analizando las respuestas.

El síndrome Asperger no había respondido a nada. Era un chico sin mecanismos de defensa que no juzgaba a nadie. Era neutro, se amoldaba a todo sin opinar lo que él sentía. Podría ser una posible victima de acoso.

Los dos chicos del final, uno tenía una letra llena de faltas de ortografía pero era legible su mensaje; le encantaría partirle la cara a todos los tontos empollones, gafotas, árabes y gordos de la clase. El otro, se decantaba por las chicas con granos en la cara y los negros, no los soportaba.

A la pregunta en general que harían si alguien insultaba a otro sin motivo en su presencia respondieron que nada. Bien, estos chicos no actúan si ven que alguien está en peligro. Temen convertirse en las siguientes victimas.

No quería sacar juicios precipitados. En clase, había niños con gafas, otros gruesos y dos árabes. ¿Podría ocurrir que pronto se sintieran acosados?

Su deber era enseñar, no debía preocuparse demasiado por el futuro eran suposiciones nada más. Pero una corazonada grande le decía que pronto tendría problemas en clase.

A los dos meses, le llegó la primera noticia. Jose Vicente, el chico con síndrome Asperger, era insultado y le escupían en los pasillos. Ningún profesor intervenía porque no pedía ayuda, sonreía siempre. Esto era intolerable. Fue a hablar con el chico y no le contó nada. Así que aprovechó una hora de tutoria para sacar información al grupo. Tampoco consiguió nada, nadie se atrevía a hablar. Había un problema y no sabía como abordarlo. El chico en cuestión, era introvertido, andaba solo, lo apuntaba todo en la agenda pero no hacia casi nada en el aula. Parecía no sentir ganas de relacionarse con los demás, pero se notaba que no sabía como hacerlo. Este chico, tiene problemas para conectar, estaba claro. A veces lo escuchaba hablar de insectos, era un tema obsesivo que a nadie parecía interesar pero él no se daba cuenta de ello, proseguía hasta quedarse solo.

Tuvo que verlo con sus propios ojos para descubrirlo. Era Tomás, el chico que no tenía conocimientos para seguir el ritmo de la clase, el acosador. Lo pilló escupiendo a Jose Vicente en el pasillo, mientras lo insultaba a modo de broma con mucha rabia, mientras los otros chicos, lo observaban unos animándole a que siguiera y otros con los ojos de pánico, pensando en que quizás podrían ser ellos las próximas victimas.

Intervino pidiendo ayuda a un profesor de guardia que se quedó en clase con los alumnos mientras se llevaba a Tomas a otra aula. Debía comprender primero antes de tomar una decisión. Comenzó un pequeño interrogatorio sobre el origen de esa conducta agresiva.

-¿Por qué insultas y escupes a este compañero, que te ha hecho?
-Es tonto, le gusta, no ves que se ríe, es mi amigo, era de broma.
-¿Cómo te tratan en casa a ti?
-Mi madre nunca está y cuando llega, me grita. Soy vago, no sé hacer nada, a veces me deja sin comer otras dice que me va a abandonar.
-Y eso te hace sentir odio y rabia ¿verdad? Te gustaría ser querido como Jose Vicente.
-A ese tonto no lo quiere nadie, nada más tienes que ver su cara de …
-¡Basta! Jose Vicente es un niño muy querido. Su madre lo acompaña cada día al colegio, tiene profesores particulares y todo lo que necesita. Cosa que tú no por lo que veo.¿Qué crees que te va a pasar por lo que has hecho?
-Nada, me expulsarán una semana, mi madre se pondrá de los nervios gritará y luego volveré para pegarle aún más. Siempre es así.
-¿Estás acostumbrado a los castigos severos, no?
-Sí, no me afectan ya.
-De acuerdo, no serás expulsado. Te vas a sentar en mi mesa y vas a aprender a tolerar a las demás personas que son diferentes a ti mismo. Te voy a enseñar a quererte y querer a los demás.
-Imposible, yo no soy amigo de los tontos y tampoco de los gordos, son sucios.
-Vas a sentarte al lado de Jose Vicente y copiaras todo lo que yo te diga.
-¿Si no lo hago?
-Serás expulsado y perderás la oportunidad de ser el mejor alumno de mi clase.
-¿Yo? No me engañes, yo no sé nada.
-Puedes aprender otras cosas.
-No me apetece aprender nada. Yo sé suficiente y aquí vengo porque mi madre me obliga.
-¿Qué quieres ser de mayor?
-Albañil como mi padre. Ahora está en paro con la crisis pero cuando tiene trabajo gana mucho dinero.
-Un chico como tú, tan listo podría ser lo que quisiera.
-No tengo libros, ni dinero, no me engañe.
-Yo te dejaré los míos.
-¿De verdad no va a llamar a mi madre? ¿si dejo a ese … me dejará seguir en el instituto?
-Sí.
-Entonces, no volveré a insultarle.

A partir de ese día Tomás dejó tranquilo al chico que no se defendía. Seguía sin gustarle pero había aprendido a tolerarle con sus rarezas. Trabajaba a su ritmo y aunque no sacaba notas brillantes, su autoestima mejoró, ahora se enteraba de todo. Se sentía feliz e integrado. Jaime su tutor, le había enseñado un cuento en el cual todos los chicos que se esfuerzan un poquito llegan donde quieren.

A Tomás le costaba mucho ser constante y disciplinado. Pero su tutor lo ponía de ejemplo en otras clases e incluso, le recordaba en todo momento lo mucho que había hecho por cambiar. Ahora llegaría donde se propusiera.

En el fondo de su corazón había un recuerdo amargo y secreto, ya que nunca lo había confesado a nadie. Durante años en el colegio, Tomás fue acosado por un niño que le quitaba comida en el comedor y le pegaba en el patio. Nunca dijo nada. Pero aprendió a ejercer la violencia, a imponer sus deseos sobre alguien que no se defendiera. Así, acosador, había sido desde que cumplió diez años, pegaba a todos los que no le traían un euro los viernes y los gordos, si tenían gafas o pinta de empollones les pegaba el doble. Ahora tenía doce y comenzaba a comprender que estar enfadado y pagarlo con otros que tienen cosas que él no tenía, no era la solución, es injusto.

Tanto cambió que los remordimientos por su comportamiento pasado, le llevaron a escribir una carta a Jose Vicente pidiéndole perdón. Pero este niño ya le había perdonado, su corazón era muy grande.

-Fin-


Autora@ Maite Albarrán

No hay comentarios: