jueves, 2 de octubre de 2014

El diario de Daniel




El diario de Daniel

Me hubiera gustado no ser violento, manipulador y cruel. Ser así me convirtió en una persona amargada, negativa, poderosa y dueña de la voluntad de otros. Pero yo no lo sabía, para mi era el rey de mi reino, donde imponía el miedo y la desesperación.

No importa desde donde escribo, lo hago desde el presente. He tenido mucho tiempo para pensar y me han hecho reflexionar sobre hechos de mi pasado. Para algunos podré ser la victima de unas circunstancias con mala suerte, para otras, el cabrón al que querrían ver muerto. Quiero escribir esto consciente de que soy humano y tengo emociones buenas. Mi pasado espero sirva de experiencia para otros que se sientan identificados conmigo y les permita cambiar a tiempo si ya están comportándose como yo lo hice. La vida te juzga dos veces más duro de lo que tú lo haces. Te devuelve las bofetadas tres veces más rápido de lo que eres capaz de dar. La soledad y el silencio, deprimen pero me he perdonado y también lo he hecho con los que me dejaron ser lo que fui. Mi libertad está condicionada a mi comportamiento, no soy libre aún de mi lado oscuro, pero dejaré que mi mente viaje a aquellos momentos en que fui feliz en mi mediocridad.

Yo era un niño travieso que le gustaba salirse con la suya. En casa nunca tenían tiempo para mi. Iba solo a la escuela y regresaba. Mis padres estaban poco, cuando estaban, los gritos, peleas e insultos era lo habitual. Estar cabreado y de mal humor era lo único que observaba de ellos. Papá bebía demasiado, mamá buscaba estrategias para conseguir más dinero y lo que obtenía eran pérdidas del poco que entraba en casa. El bingo era su casa.

No tuve hermanos. Ellos me tenían y parecía que se interesaban por mi, pero no conservo recuerdos en los momentos importantes de mi vida. No me acompañaban al parque, ni a actividades deportivas, no había sonrisas ni palabras amables. Eso sí, me recordaban lo mal que hacía todo y dónde acabaría. Ahora comprendo que me sentenciaron y yo seguí justo el camino que esperaban que siguiera.

Comencé a ser un problema en la escuela a los seis años. La profesora llamaba a mamá, le daba una charla y para casa. Mamá nunca me decía nada. Sólo criticaba a la estúpida esa que se creía que era importante por haber estudiado y no sabía nada de la vida.¿Qué hacía yo? Pegar a los niños por todo. Les quitaba el bollo o el batido que llevaban. Otras, porque hacían caso de todo lo que decía la maestra. Nunca me pasaba nada, así que le fui tomando el gusto a hacer sufrir a los que tenían una vida...sí, ahora lo comprendo, a los que tenían una vida cómoda y feliz. No como la mía, llena de vacíos, carencias afectivas y soledad.

Compraba hamsters para reventarlos. Los perros que encontraba abandonados los sometía a las peores torturas. Llegué a tomarle el gusto a ver el miedo y la súplica en los ojos de los seres a los que infligía dolor. Era bueno por fin el algo.

En la adolescencia fui un chaval peligroso. Todos temían llevarme la contraria. Maltrataba a los de mi grupo para ejercer el control de sus mentes, sólo por el placer de demostrar mi superioridad. Me daba igual las veces que me expulsaban del instituto, tenía que volver y cuando lo hacía, era mucho peor.

La venganza, el odio y las ganas de hacer daño fueron mis herramientas de aprendizaje. ¿Dónde estuvo el amor para mi? ¿dónde la palabra amable, la comprensión, la compasión? ¿acaso no era humano? ¿dónde estaban todos cuando yo sufría en casa y lloraba de impotencia hasta dormirme? ¿dónde?

No era asunto suyo. Pues ellos serían asunto mío. Maltraté sistemáticamente a todos los niños que tenían unos padres estupendos, a los débiles sobre protegidos porque yo no era más que una mierda y a los tontos porque debían espabilar y ser como yo.

Ese monstruo se fue engendrando durante años en la escuela. Yo era ese libro escrito que no llegaría a nada porque no tenía una familia que me apoyara. Los maestros me ignoraron, no era el perfil de alumno a los que les apeteciera ayudar.

No niego que no mereciera los castigos. Pero ahora pienso que ¿por qué no merecí también abrazos y besos?

Mi parte emotiva no se desarrolló. Era una semilla que llevaba dentro pero no dio frutos, estuvo aletargada en el tiempo. Fui un chaval dominado por el descontrol y la impulsividad. Actuaba con violencia y sin remordimientos. Me vengaba, devolvía lo que recibía y cada vez era peor. Era divertido ser malo y que no te pasara nada.

Hoy tengo la oportunidad de comprender mi pasado aceptar lo que fui y lo que hice, dicen las personas que tratan de ayudarme que así podré ser una persona mejor y curarme. ¿De qué? Del odio creció en mí y dominaba mi cuerpo.

La relajación y la reflexión interna, me han abierto los ojos. Escucho música clásica, me encanta el “Adagio de Albinoni”, no lo escribió él, vaya farsa, sino un musicólogo italiano, Remo Giazotto del s. XX que recompuso algunas partituras de él. Este hombre vivió en la sombra siendo un genio de la creación más bella que existe. Creo que aprendió a hacer llorar a los violines y a mí, empiezo a percibir la belleza, la compasión y a comprender los sentimientos del alma.

Que pensarían los demás si supieran que tengo corazón, lo estoy descubriendo. Sobre todo a aquellos a los que dañé disfrutando con lo que hacía. No tenía ni idea del dolor que infringía o sí. Yo era cien por cien dolor y mis manos el fuego que abrasaba y tenía que repartir para no explotar como una bola incendiada.

Fui el acosador, el novio que ninguna madre desea para su hija por como la trata y...

Fui y lo acepto. Pero hoy voy a ser mejor. Me quiero, respeto y acepto. He aprendido a ser humano, nadie me enseñó a reír, a disfrutar y a controlar lo negativo de las neuronas cuando no son mimadas. Los estímulos sobre ellas fueron de desapego y falta de amor, e hicieron un trabajo malo. Pero voy a cambiarlo, puedo cambiarlo y dejar claro que hoy soy un ser maravilloso lleno de amor que trata de amarrar al odio rabioso para que no vuelva nunca más. Amo y espero ser amado.

-Fin-

Autora@Maite Albarrán

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