El
diario de Daniel
Me
hubiera gustado no ser violento, manipulador y cruel. Ser así me
convirtió en una persona amargada, negativa, poderosa y dueña de la
voluntad de otros. Pero yo no lo sabía, para mi era el rey de mi
reino, donde imponía el miedo y la desesperación.
No
importa desde donde escribo, lo hago desde el presente. He tenido
mucho tiempo para pensar y me han hecho reflexionar sobre hechos de
mi pasado. Para algunos podré ser la victima de unas circunstancias
con mala suerte, para otras, el cabrón al que querrían ver muerto.
Quiero escribir esto consciente de que soy humano y tengo emociones
buenas. Mi pasado espero sirva de experiencia para otros que se
sientan identificados conmigo y les permita cambiar a tiempo si ya
están comportándose como yo lo hice. La vida te juzga dos veces más
duro de lo que tú lo haces. Te devuelve las bofetadas tres veces más
rápido de lo que eres capaz de dar. La soledad y el silencio,
deprimen pero me he perdonado y también lo he hecho con los que me
dejaron ser lo que fui. Mi libertad está condicionada a mi
comportamiento, no soy libre aún de mi lado oscuro, pero dejaré que
mi mente viaje a aquellos momentos en que fui feliz en mi
mediocridad.
Yo
era un niño travieso que le gustaba salirse con la suya. En casa
nunca tenían tiempo para mi. Iba solo a la escuela y regresaba. Mis
padres estaban poco, cuando estaban, los gritos, peleas e insultos
era lo habitual. Estar cabreado y de mal humor era lo único que
observaba de ellos. Papá bebía demasiado, mamá buscaba estrategias
para conseguir más dinero y lo que obtenía eran pérdidas del poco
que entraba en casa. El bingo era su casa.
No
tuve hermanos. Ellos me tenían y parecía que se interesaban por mi,
pero no conservo recuerdos en los momentos importantes de mi vida.
No me acompañaban al parque, ni a actividades deportivas, no había
sonrisas ni palabras amables. Eso sí, me recordaban lo mal que hacía
todo y dónde acabaría. Ahora comprendo que me sentenciaron y yo
seguí justo el camino que esperaban que siguiera.
Comencé
a ser un problema en la escuela a los seis años. La profesora
llamaba a mamá, le daba una charla y para casa. Mamá nunca me decía
nada. Sólo criticaba a la estúpida esa que se creía que era
importante por haber estudiado y no sabía nada de la vida.¿Qué
hacía yo? Pegar a los niños por todo. Les quitaba el bollo o el
batido que llevaban. Otras, porque hacían caso de todo lo que decía
la maestra. Nunca me pasaba nada, así que le fui tomando el gusto a
hacer sufrir a los que tenían una vida...sí, ahora lo comprendo, a
los que tenían una vida cómoda y feliz. No como la mía, llena de
vacíos, carencias afectivas y soledad.
Compraba
hamsters para reventarlos. Los perros que encontraba abandonados los
sometía a las peores torturas. Llegué a tomarle el gusto a ver el
miedo y la súplica en los ojos de los seres a los que infligía
dolor. Era bueno por fin el algo.
En
la adolescencia fui un chaval peligroso. Todos temían llevarme la
contraria. Maltrataba a los de mi grupo para ejercer el control de
sus mentes, sólo por el placer de demostrar mi superioridad. Me daba
igual las veces que me expulsaban del instituto, tenía que volver y
cuando lo hacía, era mucho peor.
La
venganza, el odio y las ganas de hacer daño fueron mis herramientas
de aprendizaje. ¿Dónde estuvo el amor para mi? ¿dónde la palabra
amable, la comprensión, la compasión? ¿acaso no era humano? ¿dónde
estaban todos cuando yo sufría en casa y lloraba de impotencia hasta
dormirme? ¿dónde?
No
era asunto suyo. Pues ellos serían asunto mío. Maltraté
sistemáticamente a todos los niños que tenían unos padres
estupendos, a los débiles sobre protegidos porque yo no era más que
una mierda y a los tontos porque debían espabilar y ser como yo.
Ese
monstruo se fue engendrando durante años en la escuela. Yo era ese
libro escrito que no llegaría a nada porque no tenía una familia
que me apoyara. Los maestros me ignoraron, no era el perfil de alumno
a los que les apeteciera ayudar.
No
niego que no mereciera los castigos. Pero ahora pienso que ¿por qué
no merecí también abrazos y besos?
Mi
parte emotiva no se desarrolló. Era una semilla que llevaba dentro
pero no dio frutos, estuvo aletargada en el tiempo. Fui un chaval
dominado por el descontrol y la impulsividad. Actuaba con violencia y
sin remordimientos. Me vengaba, devolvía lo que recibía y cada vez
era peor. Era divertido ser malo y que no te pasara nada.
Hoy
tengo la oportunidad de comprender mi pasado aceptar lo que fui y lo
que hice, dicen las personas que tratan de ayudarme que así podré
ser una persona mejor y curarme. ¿De qué? Del odio creció en mí
y dominaba mi cuerpo.
La
relajación y la reflexión interna, me han abierto los ojos. Escucho
música clásica, me encanta el “Adagio de Albinoni”, no lo
escribió él, vaya farsa, sino un musicólogo italiano, Remo
Giazotto del s. XX que recompuso algunas partituras de él. Este
hombre vivió en la sombra siendo un genio de la creación más bella
que existe. Creo que aprendió a hacer llorar a los violines y a mí,
empiezo a percibir la belleza, la compasión y a comprender los
sentimientos del alma.
Que
pensarían los demás si supieran que tengo corazón, lo estoy
descubriendo. Sobre todo a aquellos a los que dañé disfrutando con
lo que hacía. No tenía ni idea del dolor que infringía o sí. Yo
era cien por cien dolor y mis manos el fuego que abrasaba y tenía
que repartir para no explotar como una bola incendiada.
Fui
el acosador, el novio que ninguna madre desea para su hija por como
la trata y...
Fui
y lo acepto. Pero hoy voy a ser mejor. Me quiero, respeto y acepto.
He aprendido a ser humano, nadie me enseñó a reír, a disfrutar y a
controlar lo negativo de las neuronas cuando no son mimadas. Los
estímulos sobre ellas fueron de desapego y falta de amor, e hicieron
un trabajo malo. Pero voy a cambiarlo, puedo cambiarlo y dejar claro
que hoy soy un ser maravilloso lleno de amor que trata de amarrar al
odio rabioso para que no vuelva nunca más. Amo y espero ser amado.
-Fin-
Autora@Maite Albarrán
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