La
gallina Pitita
Había una vez en una granja pequeña y
próspera una joven gallina muy habladora de nombre Pitita.
Mientras fue pollita, fue muy feliz picoteando por el campo en busca
de lombrices y gusanos, comiendo semillas de trigo que el viento
transportaba de los cercanos campos. Hasta que un día presenció
como a los pollos los separaban y los introducían en jaulas para
llevárselos en un enorme camión. Curiosa preguntó y preguntó,
pero ninguna osaba explicar lo que ocurría. Tan pesada se puso que
una gallina vieja ponedora, la más preciada del granjero le dijo:
-Se los llevan porque les ha llegado su
hora.
-¿Cómoooo?¿qué hora es
esa?-preguntó angustiada.
-La de cumplir. Serán carne para los
humanos.
-¡Qué horror, no puede ser
posible!-exclamó llena de temor.
-Es posible, tú limítate a poner
huevos y durarás muchos años como yo.
Pitita siguió hablando sin parar,
imitaba al ama llamando al perro Rufo con tal maestría que a veces
confundía al animal llamándole y luego escondiéndose para reírse
con gusto de aquel estúpido guardián. Así se convirtió en una
gallina diferente. Las demás no pensaban, salían a tomar el sol,
buscaban gusanos y luego comían del grano que el granjero les ponía.
Sin embargo, ella se ponía a cantar y bailar inventando canciones
muy divertidas. Era toda una estrella. Pero llegó el día en que el
amo la llevó al lugar de la granja reservado para las gallinas
ponedoras. Escuchó por primera vez la música ¡oh, que belleza! Le
pareció magnífico que mientras las gallinas se esforzaban en poner
un huevo se les pusiera música clásica para relajarlas.
De repente llegó la mujer del
granjero, en busca de las nuevas puestas. Fue primero directa hacia
una gallina que parecía muy nerviosa, se alborotó aún más al ver
el brillo de un cuchillo escondido en su cinto.
-A ver Aniceta, llevas unas semana sin
poner nada ¿se te acabaron los huevos? Pues servirás para caldo.
-Cococoooooooooooooooooo ahjjjjjj -se
escuchó eso fue todo.
El ama retorció el pescuezo de la
gallina y la tiró para que todas pudieran observar lo que les
ocurriría si no cumplían con su deber. No esperó a que terminaran
la puesta, se sentó en un banqueta y allí mismo comenzó a
despellejar y quitar las plumas a la pobre Aniceta.
Pitita temblaba tanto que no se atrevió
a abrir la boca. Cuando terminó la puesta, observó con pavor que no
había sido capaz de poner un sólo huevo y así estuvo intentándolo
durante una semana, estresada y miedosa, imploraba al Dios de las
gallinas, porque ellas debían tener uno al igual que el ama al que
le pedía constantemente cosas que rara vez veía que se cumplieran.
La granjera que era una especialista en
valorar a las gallinas, comenzó a dudar de la capacidad de aquella
jovenzuela para poner huevos, así que un día le advirtió en un
tono muy severo: “o pones huevos, o acabarás en la olla, aunque
seas joven y tierna”
Pitita la entendió. Al llegar la noche
en el corral, mientras todas se disponían a ahuecar la paja para
dormir quiso hablar con sus compañeras, pero la ignoraron con
desdén, estaba sentenciada. En lugar de dormir, estuvo lloriqueando
con ansiedad, pensaba con fijeza en la idea de que moriría muy
pronto. A la mañana siguiente, el granjero fue a buscarla. La cogió
mientras dormía en el granero, todas las demás ya estaban fuera
picoteando y la llevó al patio de atrás para sacrificarla. La puso
de pie encima del taco cilíndrico de madera que usaba para partir la
leña. Levantó el hacha e iba a agarrarla del cuello cuando la
gallina comenzó a bailar sobre la pequeña tarima y cantar una
canción campestre con mucha alegría, de esta manera:
“El sol brilla en la granja del
granjero que tendrá buenas cosechas por ser dicharachero. Será rico
el buen lechero y comerá perdices el buen granjero.”
El granjero Serafín, al oír a Pitita
estas palabras y verla bailar con tanta gracia soltó una gran
carcajada. Llamó a voces a su mujer que acudió de mala gana, ya que
en ese momento estaba lavando ropa en la pila .
-Mira mujer, lo que dice esta gallina.
-Oh, vaya si es la que no pone huevos
-masculló perdiendo el interés.
-Espera no te marches, escucha lo que
dice.
La mujer espero unos segundos, Pitita
confundida por la hazaña, recordó el cuchillo en manos de la mujer
de mal carácter y pronto tarareó:
“La señora granjera no tiene igual
sonríe a las gallinas todas las mañanas al despertar, las gallinas
contentas al verla no dejan de regalar sus grandes huevos, sabroso
manjar”
Bailaba con tanta gracia que los dos
comenzaron a reír con ganas como hacía tiempo que no lo hacían.
Pasaron la mañana haciendo sus quehaceres, llevándose a Pitita a su
lado para que les entretuviera con sus charlas y bailes. Las demás
gallinas malhumoradas, sintieron mucha envidia del extraño poder de
la gallina hueca, que además de librarse del cuchillo se había
convertido en la mascota mimada de los granjeros.
Pitita, por las noches en su cesta
junto al fuego del hogar, agradecía el poder hablar. Desde pequeña
como era cotilla había sentido más interés por las palabras de los
humanos que por los picoteos y critiqueos de las gallinas del corral.
Fue así, como aprendió a hablar, lo el baile era un don natural.
Llevaba la música dentro.
Moraleja: Si no puedes hacer lo que
otros logran por naturaleza para subsistir, idea una estrategia para
hacer algo diferente que otros vean imposible, así conseguirás
vivir sin que se note tu debilidad.
-Fin-
Autora@MaiteAlbarrán
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