miércoles, 29 de octubre de 2014

La confusión de Martina

La confusión de Martina


Martina, la mariquita estaba muy ofuscada. Cada vez que hablaba de sus logros y lo bien que se sentía, los demás cambiaban el tema y se marchaban. Cuando intentaba quedar para tomar un café le contaban todos los planes que tenían para ese día, el tiempo es oro y con las muchas actividades programadas no disponían de hueco para estar en su compañía.

A veces le sonaba el teléfono, era Julita la abeja que necesitaba de nuevo su ayuda. Esta vez se había metido en un lío con la avispa Joaquina, por lo visto hablaba demasiado de la vida sin saber y eso le había molestado, motivo del enfrentamiento.

Como de costumbre, escuchó todas sus quejas y le dio buenos consejos. A veces se preguntaba para que perdía el tiempo porque no le hacia caso. Sólo buscaba que alguien se compadeciera de ella y de lo mucho que sufría.

Estaba tomando el sol en una hoja cuando de repente, Moisés el saltamontes le contó lo triste que estaba porque se le había perdido una sierra de la patita de atrás, luchando por sobrevivir con un pájaro que intentó comérselo. Cuando ella quiso contarle que casi había muerto ahogada y que por suerte se salvó, el pareció no escucharla, ya sabía lo valiente y fuerte que era, eso no le resultaba interesante.

La mariquita Martina era muy sociable con todos los insectos, pero estaba harta de escuchar historias penosas de los demás, que a veces hasta le cambiaban de humor o la enfadaban porque estaban basadas en envidias, celos, complejos e inferioridades que el único propósito que tenían era hacerle daño.

Así que un día fingió que tras un constipado, se había quedado sorda. Cada vez que alguien acudía en busca de su ayuda respondía: “no puedo oírte, me he quedado sorda lo siento”. Al escuchar esto el insecto sorprendido se compadecía desu mala suerte y se marchaba en busca de alguien que pudiera consolarlo.

A los pocos días de estrenar esta estrategia, Martina se sintió mucho más feliz. Se había librado de visitas y conversaciones que no le aportaba nada, sólo disgustos y aflicción. Ella necesitaba sentirse bien y disfrutar de la vida. En la soledad halló mucha paz.

Estaba de nuevo tomando el sol, cuando escuchó cantar a una hormiga voladora. Atraída por lo que cantaba, saludó a la desconocida y pronto, se hicieron amigas.

Todos los días conversaban y se lo pasaban muy bien. No había desgracias, ni comparaciones entre ellas. Los insectos que antes eran amigos de Martina, se paraban intentando recuperar la conversación, pero ella sabía esquivarlos. Cuando comenzaban a contarle cosas desagradables, una horrible tos se apoderaba de ella y no dejaba de toser hasta que el desdichado, abandonaba su intención de abochornarla con nuevas desgracias.

Así consiguió ser feliz, ella era positiva, alegre y dicharachera. Si otros deseaban convertirla en un ser apenado no lo consentiría. Escuchó las criticas de muchos que la utilizaban con maldad para entretener sus lenguas, ahora que no era amiga de nadie. Pero a ella, le dio igual, se acostumbró a escuchar cosas feas sin fundamento y supo encajarlas porque no eran verdad. Hasta se atrevía de reproducir aquellas cosas dichas para herirla y se reía.

Pronto se olvidaron de ella. Era muy envidiada por sus altas cualidades e inteligencia pero al no tenerla presente sus complejos y ganas de aplastarla por así de maravillosa, desaparecieron. Así pudo seleccionar a unos pocos insectos humildes, discretos, seguros y estaban contentos con lo que tenían, y fortalecieron la amistad. Tomaba el sol y nadie le cambiaba el día. Ahora si que era feliz.

Moraleja: Refuerza tu autoestima, vive sin valorar las criticas ajenas y rodéate de personas que te aporten amor y bienestar, hallarás la verdadera felicidad.

-Fin-

Autora@MaiteAlbarrán

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