La
confusión de Martina
Martina, la mariquita estaba muy
ofuscada. Cada vez que hablaba de sus logros y lo bien que se sentía,
los demás cambiaban el tema y se marchaban. Cuando intentaba quedar
para tomar un café le contaban todos los planes que tenían para ese
día, el tiempo es oro y con las muchas actividades programadas no
disponían de hueco para estar en su compañía.
A veces le sonaba el teléfono, era
Julita la abeja que necesitaba de nuevo su ayuda. Esta vez se había
metido en un lío con la avispa Joaquina, por lo visto hablaba
demasiado de la vida sin saber y eso le había molestado, motivo del
enfrentamiento.
Como de costumbre, escuchó todas sus
quejas y le dio buenos consejos. A veces se preguntaba para que
perdía el tiempo porque no le hacia caso. Sólo buscaba que alguien
se compadeciera de ella y de lo mucho que sufría.
Estaba tomando el sol en una hoja
cuando de repente, Moisés el saltamontes le contó lo triste que
estaba porque se le había perdido una sierra de la patita de atrás,
luchando por sobrevivir con un pájaro que intentó comérselo.
Cuando ella quiso contarle que casi había muerto ahogada y que por
suerte se salvó, el pareció no escucharla, ya sabía lo valiente y
fuerte que era, eso no le resultaba interesante.
La mariquita Martina era muy sociable
con todos los insectos, pero estaba harta de escuchar historias
penosas de los demás, que a veces hasta le cambiaban de humor o la
enfadaban porque estaban basadas en envidias, celos, complejos e
inferioridades que el único propósito que tenían era hacerle daño.
Así que un día fingió que tras un
constipado, se había quedado sorda. Cada vez que alguien acudía en
busca de su ayuda respondía: “no puedo oírte, me he quedado sorda
lo siento”. Al escuchar esto el insecto sorprendido se compadecía
desu mala suerte y se marchaba en busca de alguien que pudiera
consolarlo.
A los pocos días de estrenar esta
estrategia, Martina se sintió mucho más feliz. Se había librado de
visitas y conversaciones que no le aportaba nada, sólo disgustos y
aflicción. Ella necesitaba sentirse bien y disfrutar de la vida. En
la soledad halló mucha paz.
Estaba de nuevo tomando el sol, cuando
escuchó cantar a una hormiga voladora. Atraída por lo que cantaba,
saludó a la desconocida y pronto, se hicieron amigas.
Todos los días conversaban y se lo
pasaban muy bien. No había desgracias, ni comparaciones entre ellas.
Los insectos que antes eran amigos de Martina, se paraban intentando
recuperar la conversación, pero ella sabía esquivarlos. Cuando
comenzaban a contarle cosas desagradables, una horrible tos se
apoderaba de ella y no dejaba de toser hasta que el desdichado,
abandonaba su intención de abochornarla con nuevas desgracias.
Así consiguió ser feliz, ella era
positiva, alegre y dicharachera. Si otros deseaban convertirla en un
ser apenado no lo consentiría. Escuchó las criticas de muchos que
la utilizaban con maldad para entretener sus lenguas, ahora que no
era amiga de nadie. Pero a ella, le dio igual, se acostumbró a
escuchar cosas feas sin fundamento y supo encajarlas porque no eran
verdad. Hasta se atrevía de reproducir aquellas cosas dichas para
herirla y se reía.
Pronto se olvidaron de ella. Era muy
envidiada por sus altas cualidades e inteligencia pero al no tenerla
presente sus complejos y ganas de aplastarla por así de maravillosa,
desaparecieron. Así pudo seleccionar a unos pocos insectos humildes,
discretos, seguros y estaban contentos con lo que tenían, y
fortalecieron la amistad. Tomaba el sol y nadie le cambiaba el día.
Ahora si que era feliz.
Moraleja: Refuerza tu
autoestima, vive sin valorar las criticas ajenas y rodéate de
personas que te aporten amor y bienestar, hallarás la verdadera
felicidad.
-Fin-
Autora@MaiteAlbarrán

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