¡Soraya no quiere leer!
Soraya
detestaba leer. Su madre intentaba motivarla. A sus ocho años
prefería jugar a la consola, era tan divertido moverse frente a la
tele y bailar al ritmo de la wii, después de hacer los aburridísimos
deberes.
-¡Los
cuentos me aburren mamá! Siempre me cuentas los mismos, el de “la
lechera” “los tres cerditos” “la habichuela mágica”
“Alicia en el país de las maravillas” “Aladín y la lámpara
maravillosa” yo necesito aprender a bailar.
-Hija,
está bien que bailes pero no todo el día. Debes reservarte un
espacio para leer y aprender a comprender otras vidas que son
diferentes a la tuya. A soñar y querer conocer muchas cosas que sólo
se aprenden en los libros.
-¿Acaso
tú lees? Yo sólo veo que miras libros por fuera y luego los cierras
¿Por qué debo leer yo, mamá? Es aburrido, no me gusta nada.
La
madre, avergonzada no supo que contestar en ese momento y pensó en
una respuesta que convenciera a su hija. “Claro, Soraya cree que si
yo no leo es porque no es interesante lo que está escrito, la verdad
es que no tengo tiempo, oh, sueno a excusa para evadirme de la
responsabilidad. De acuerdo, haré un esfuerzo y leeré, reflexionó”.
Al
día siguiente trajo un libro de la biblioteca. Cuentos novedosos
hablaban de la inteligencia emocional. La madre no había escuchado
sobre ese tipo de inteligencia y quiso saber más por eso lo eligió.
A grandes rasgos comprendió que ser inteligente emocionalmente tenía
un perfil de personalidad que suele apoyarse en conductas firmes y
seguras. Personas que escuchan y se rodean de personas agradables,
desechando lo negativo y el conflicto. Además entienden a los demás
y saben ponerse en su lugar (empatía)saben manifestar su opinión y
defenderla (asertividad) respetando y comprendiendo que otros pueden
opinar diferente, son felices y trasmiten seguridad. Esta
inteligencia la sedujo de tal manera que quiso que su hija la
tuviera. Leyó que las personas que tenían una buena inteligencia
emocional eran maravillosas, el éxito las elevaba, no el triunfo de
una vida social llena de superficialidad e intereses repleta de
falsedad para cubrir las apariencias, un éxito llamado felicidad
personal.
Comenzó
a leer un cuento, hablaba de la alegría y de un mundo lleno de cosas
maravillosas ¿acaso se podía uno rodear de sólo aquellas cosas que
le fueran agradables? Le sorprendió la valentía del protagonista
que tuvo que vencer muchas contrariedades para ser lo que realmente
quería ;libre, para ejercer su pasión por las montañas.
Otro,
que hablaba sobre un cerdito envidioso dominado por las ganas de
tener todo lo que veía en otros seres, se pasaba el día frustrado,
quería tener alas, nadar como los peces y correr como los galgos de
la granja. No quería ser cerdo hasta que vio caer un pájaro abatido
por un cazador, un montón de peces cocinados a la lumbre y un galgo
reventado por correr demasiado. Entonces comprendió que todos los
seres tenían una parte buena en sus vidas y otra no tan buena,
debían aceptarlo.
Había
otro que narraba como un polluelo de buitre mataba a su hermano a
picotazos, por celos. Al querer arrojarlo fuera del nido una patita
se quedó enrollada en su plumaje llevándolo tras de si en el vuelo
a perecer, ya que el nido estaba en una roca muy alta y en la caída
termino aplastado junto a su hermano.
Sufrió
el egoísmo de Daniela. Hija única incapaz de socorrer a nadie. Lo
tuvo fácil gracias a su madre y cuando ésta se hizo mayor acabó
abandonándola a su suerte en un asilo al que no iba ni a visitarla.
Esto le pareció horrible ya que se notaba que la madre le dio todo
su amor...
Los
cuentos le abrieron las emociones de una manera reflexiva. Supo
identificar la alegría, tristeza, frustración, felicidad, en ella
misma y comprender sus estados de ánimo.
Al
leer los cuentos a Soraya, observó que la niña la escuchaba con
gran interés. Aquello que ella sentía en ese momento, otros lo
sentían... ¿cómo podía ser? Lloró cuando supo que la madre que
había querido mucho a su hija y cuidado fue abandonada por ésta, no
podía entender a sus ocho años que el amor infinito y desmesurado
como el suyo hacia su madre fuera al hacerse mayor traicionado. ¿Qué
haría ella sin su madre que todo lo resolvía? Tanto la impactó,
que decidió leer a partir de ese momento. Ella aprendería a dominar
sus emociones y controlarlas para que el amor fuera el único
sentimiento poderoso que dominara con fuerza su vida. Las personas
que son amorosas, viven tranquilas y disfrutan de una vida llena de
satisfacción y felicidad. ¡Ella quería ser eso de mayor!
-Fin-
Autora@MaiteAlbarrán
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