La
rata Josefina
En
un lugar del bosque hizo su casa una rata gorda de río. Justo en el
camino estrecho, protegido por la vegetación densa e impenetrable,
por el cual todos los animales debían de modo obligado pasar para
llegar a beber hasta el río.
Josefina
era mayor, de bigotes largos y canos, ojos despiertos y
empequeñecidos. Llegó y nadie supo de donde vino o cuál era su
historia. Era muy habladora y con un carácter dominante. Al
principio a sus vecinos, los castores, los conejos y otras ratas les
caiga bien. Parecía muy sociable. Era excesivamente cortés,
dispuesta ayudar en aquellas situaciones que no requieren ayuda, con
el fin de iniciar una conversación repleta de preguntas indiscretas
que le eran contestadas en pago a su labor por el auxiliado que se
veía obligado a satisfacer.
-¡Buenos
días! ¿No es un poco temprano para ir al río? Ayer vino usted más
tarde -le dijo al zorro- hoy no encontrará ningún animal allí, los
conejos van a las diez a beber agua.
El
zorro, astuto de buen oído y memoria, le devolvió el saludo
apuntando en su mente la hora en la que una presa fácil y descuidada
estaría en el camino hacia el río.
-¡Buenos
días! Señora pata, ayer vi a su esposo conversar con una pata muy
joven, parecían entenderse muy bien, luego se fueron a nadar juntos.
La
señora pata, molesta, le devolvió el saludo, aunque quiso disimular
que ya lo sabía, en su interior se instaló una preocupación por la
noticia recibida. Ella y sus patitos, fueron a nadar pero no pudo
evitar sentir que alguien le había amargado el día. Al llegar el
esposo en compañía de su prima Marta, suspiró con gran alivio, la
angustia se fue y de nuevo recuperó la alegría. Tuvo unos segundos
para pensar en aquella rata deslenguada con mucha aflicción ya que
sus comentarios picantes e insinuantes, la habían herido.
Josefina
la rata, se sentaba todo el día en la puerta de su casa a observar
lo que hacían los demás con gran interés. Sabia en astucias, hacía
preguntas capciosas para sacar información sobre dónde iban y con
quién. Los animales del bosque, intimidados por su carácter le
respondían con educación, trataban inútilmente de esquivar sus
molestas preguntas. A ella poco le importaba molestar y criticar una
vez se habían marchado.
-Los
castores son unos animales destructivos, pasan todo el día royendo
árboles que derriban para luego construir diques. Lo dejan todo
perdido.. ¿quién necesita eso? Alguien debería decirles que no
pueden hacer eso.
La
señora coneja, la escuchaba con atención pensaba en lo que diría
de ella también roedora, que le gustaba comer raíces y zanahorias
de los sembrados cercanos. Tuvo miedo de confesar lo que hacía ante
la rata, por si ésta luego la criticaba, así que asintió y se
marchó con mucha prisa.
Pero
el zorro, no había olvidado lo que le dijo la rata criticona y
esperó a que pasaran los conejos a beber al río, tal como ella
dijo, a las diez. En un momento, por sorpresa cazó tres y los devoró
con mucha ansia. Los que huyeron despavoridos tuvieron que cruzarse
con la rata, que al verlos sin saber lo que había ocurrido les quiso
parar, pero al instante, comprendió que debían haber sido atacados
por el zorro, para huir así, porque allí no había más
depredadores.
-Tened
más cuidado la próxima vez, ¿fue el zorro el que os dio caza,
verdad? Astuto animal, ¿quién le habrá dicho que siempre vais a
beber a las diez?
Los
conejos supervivientes al escucharla, se indignaron y ataron
cabos...¿quién? Sólo la rata cotilla y criticona era capaz de algo
así. Así que a partir de ese día iban a beber de noche, cuando la
rata se había marchado a descansar.
Josefina,
también tuvo problemas con otras ratas, ya que criticaba cualquier
cosa que las otras hicieran para mejorar sus viviendas y ponía
inconvenientes a todo. Nadie sabía más que ella de todo, era una
enterada. Defendía sus argumentos con tal peso que aunque muchas
veces eran infundados, conseguía convencer a los demás de que tenía
razón.
Su
mejor astucia era engañar y envolver. Así que con voz muy dulce,
sonrisa agradable trataba de aparentar que estimaba a todo el mundo.
Mientras en el interior de su corazón se cocía a fuego lento el
egoísmo, la maldad y envidia. Por eso dormía tan mal y le costaba
entrar en casa.
Las
fuertes lluvias elevaron el caudal del río durante la noche de forma
inesperada. Los castores al ver sus presas destruidas avisaron de la
crecida a tiempo. Todos intentaron ayudar a su vecino, pero nadie se
atrevió a socorrer a la rata, ya que la repulsión y el miedo que
infundía su presencia, les hicieron pensar que ya lo haría otro, si
total ella siempre se enteraba de todo porque hablaba con todo el
mundo.
El
agua arrasó todas las casitas de los animales. Los castores tuvieron
que volver a construir sus presas. Los conejos las madrigueras, las
ratas las cuevas en las raíces de los árboles mas longevos, pronto
notaron que el lugar donde Josefina la criticona tenía su casa no
había nadie reconstruyéndolo. Como por arte de magia, ella había
desaparecido.
Fueron
los castores la que la hallaron hinchada, boca abajo, en la orilla
cubierta por unas ramas y troncos de algunos árboles que fueron
arrancados durante la crecida. La rata criticona no pudo salvarse del
agua porque a nadie le pareció necesaria su superviviencia y pereció
ahogada.
Moraleja:
Trata de vivir respetando a las personas que te rodean y no meterte
en criticas malintencionadas hacia otras personas que no conoces. Si
tienes algo que decir, dilo de frente y por motivos que crees que
arreglaran tu malestar.
-Fin-
Autora@MaiteAlbarrán

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