martes, 7 de octubre de 2014

La rata Josefina


La rata Josefina


En un lugar del bosque hizo su casa una rata gorda de río. Justo en el camino estrecho, protegido por la vegetación densa e impenetrable, por el cual todos los animales debían de modo obligado pasar para llegar a beber hasta el río.

Josefina era mayor, de bigotes largos y canos, ojos despiertos y empequeñecidos. Llegó y nadie supo de donde vino o cuál era su historia. Era muy habladora y con un carácter dominante. Al principio a sus vecinos, los castores, los conejos y otras ratas les caiga bien. Parecía muy sociable. Era excesivamente cortés, dispuesta ayudar en aquellas situaciones que no requieren ayuda, con el fin de iniciar una conversación repleta de preguntas indiscretas que le eran contestadas en pago a su labor por el auxiliado que se veía obligado a satisfacer.

-¡Buenos días! ¿No es un poco temprano para ir al río? Ayer vino usted más tarde -le dijo al zorro- hoy no encontrará ningún animal allí, los conejos van a las diez a beber agua.

El zorro, astuto de buen oído y memoria, le devolvió el saludo apuntando en su mente la hora en la que una presa fácil y descuidada estaría en el camino hacia el río.

-¡Buenos días! Señora pata, ayer vi a su esposo conversar con una pata muy joven, parecían entenderse muy bien, luego se fueron a nadar juntos.

La señora pata, molesta, le devolvió el saludo, aunque quiso disimular que ya lo sabía, en su interior se instaló una preocupación por la noticia recibida. Ella y sus patitos, fueron a nadar pero no pudo evitar sentir que alguien le había amargado el día. Al llegar el esposo en compañía de su prima Marta, suspiró con gran alivio, la angustia se fue y de nuevo recuperó la alegría. Tuvo unos segundos para pensar en aquella rata deslenguada con mucha aflicción ya que sus comentarios picantes e insinuantes, la habían herido.

Josefina la rata, se sentaba todo el día en la puerta de su casa a observar lo que hacían los demás con gran interés. Sabia en astucias, hacía preguntas capciosas para sacar información sobre dónde iban y con quién. Los animales del bosque, intimidados por su carácter le respondían con educación, trataban inútilmente de esquivar sus molestas preguntas. A ella poco le importaba molestar y criticar una vez se habían marchado.

-Los castores son unos animales destructivos, pasan todo el día royendo árboles que derriban para luego construir diques. Lo dejan todo perdido.. ¿quién necesita eso? Alguien debería decirles que no pueden hacer eso.

La señora coneja, la escuchaba con atención pensaba en lo que diría de ella también roedora, que le gustaba comer raíces y zanahorias de los sembrados cercanos. Tuvo miedo de confesar lo que hacía ante la rata, por si ésta luego la criticaba, así que asintió y se marchó con mucha prisa.

Pero el zorro, no había olvidado lo que le dijo la rata criticona y esperó a que pasaran los conejos a beber al río, tal como ella dijo, a las diez. En un momento, por sorpresa cazó tres y los devoró con mucha ansia. Los que huyeron despavoridos tuvieron que cruzarse con la rata, que al verlos sin saber lo que había ocurrido les quiso parar, pero al instante, comprendió que debían haber sido atacados por el zorro, para huir así, porque allí no había más depredadores.
-Tened más cuidado la próxima vez, ¿fue el zorro el que os dio caza, verdad? Astuto animal, ¿quién le habrá dicho que siempre vais a beber a las diez?

Los conejos supervivientes al escucharla, se indignaron y ataron cabos...¿quién? Sólo la rata cotilla y criticona era capaz de algo así. Así que a partir de ese día iban a beber de noche, cuando la rata se había marchado a descansar.

Josefina, también tuvo problemas con otras ratas, ya que criticaba cualquier cosa que las otras hicieran para mejorar sus viviendas y ponía inconvenientes a todo. Nadie sabía más que ella de todo, era una enterada. Defendía sus argumentos con tal peso que aunque muchas veces eran infundados, conseguía convencer a los demás de que tenía razón.
Su mejor astucia era engañar y envolver. Así que con voz muy dulce, sonrisa agradable trataba de aparentar que estimaba a todo el mundo. Mientras en el interior de su corazón se cocía a fuego lento el egoísmo, la maldad y envidia. Por eso dormía tan mal y le costaba entrar en casa.

Las fuertes lluvias elevaron el caudal del río durante la noche de forma inesperada. Los castores al ver sus presas destruidas avisaron de la crecida a tiempo. Todos intentaron ayudar a su vecino, pero nadie se atrevió a socorrer a la rata, ya que la repulsión y el miedo que infundía su presencia, les hicieron pensar que ya lo haría otro, si total ella siempre se enteraba de todo porque hablaba con todo el mundo.

El agua arrasó todas las casitas de los animales. Los castores tuvieron que volver a construir sus presas. Los conejos las madrigueras, las ratas las cuevas en las raíces de los árboles mas longevos, pronto notaron que el lugar donde Josefina la criticona tenía su casa no había nadie reconstruyéndolo. Como por arte de magia, ella había desaparecido.

Fueron los castores la que la hallaron hinchada, boca abajo, en la orilla cubierta por unas ramas y troncos de algunos árboles que fueron arrancados durante la crecida. La rata criticona no pudo salvarse del agua porque a nadie le pareció necesaria su superviviencia y pereció ahogada.

Moraleja: Trata de vivir respetando a las personas que te rodean y no meterte en criticas malintencionadas hacia otras personas que no conoces. Si tienes algo que decir, dilo de frente y por motivos que crees que arreglaran tu malestar.

-Fin-
Autora@MaiteAlbarrán


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