El peregrino
Y se encontró un hermoso campo fértil,
tras haber cruzado un duro desierto de arena, roca y barro. Estaba
cubierto por manto de mariposas bellas de intensos colores, que en
su emigración descansaban sobre las flores. Fue tras ellas y cuando
casi iba a cogerla esta se volvió soberbia y le dijo”soy la ira
si me coges, serás un ser amargado”
El hombre temeroso de poder estar para
siempre enfadado consigo mismo la soltó, aun estando prendado de su
belleza. Era más importante para él en ese momento recuperar la
calma que sostener las alas bellas de aquella efímera mariposa
envenenada por la furia rabiosa de mil ratas.
Necesitaba compartir y encontró una
mariposa de colores apagados y un defecto en un ala. No la deseaba, así que no trató de cazarla. Estuvo
inmerso en una tertulia por horas, días o semanas hasta que quiso
marcharse, estaba lleno.
Anduvo cien pasos y de pronto sintió
un gran vacío en su corazón. Si seguía caminando no volvería a
hablar y disfrutar de la compañía de aquella mariposa. Sin quererlo
comprendió que el amor había crecido en su interior, amaba a
aquella mariposa y deseaba continuar a su lado. Así que deseó
quedarse en aquel campo, ya había visto suficiente mundo, ahora
necesitaba amar y ser amado.
Fue así como el peregrino encontró la
paz, en las alas de una mariposa imperfecta y nada excitante pero con
un bello corazón heredado del Sol.
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