sábado, 29 de julio de 2017

El peregrino

El peregrino

Y se encontró un hermoso campo fértil, tras haber cruzado un duro desierto de arena, roca y barro. Estaba cubierto por manto de mariposas bellas de intensos colores, que en su emigración descansaban sobre las flores. Fue tras ellas y cuando casi iba a cogerla esta se volvió soberbia y le dijo”soy la ira si me coges, serás un ser amargado”

El hombre temeroso de poder estar para siempre enfadado consigo mismo la soltó, aun estando prendado de su belleza. Era más importante para él en ese momento recuperar la calma que sostener las alas bellas de aquella efímera mariposa envenenada por la furia rabiosa de mil ratas.

Necesitaba compartir y encontró una mariposa de colores apagados y un defecto en un ala. No la deseaba, así que no trató de cazarla. Estuvo inmerso en una tertulia por horas, días o semanas hasta que quiso marcharse, estaba lleno.

Anduvo cien pasos y de pronto sintió un gran vacío en su corazón. Si seguía caminando no volvería a hablar y disfrutar de la compañía de aquella mariposa. Sin quererlo comprendió que el amor había crecido en su interior, amaba a aquella mariposa y deseaba continuar a su lado. Así que deseó quedarse en aquel campo, ya había visto suficiente mundo, ahora necesitaba amar y ser amado.


Fue así como el peregrino encontró la paz, en las alas de una mariposa imperfecta y nada excitante pero con un bello corazón heredado del Sol.

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