Tres jinetes cabalgaban en la penumbra de la noche, en
un único eco de complicidad y misterio. Unidos por la misión
encomendada en máximo secreto por sus clanes. Eran ajenos a quién
se escondía tras la figura que proyectaban, no habían tenido tiempo
de presentaciones, les movía un objetivo común, debían llegar a su
destino antes de que emergiera la primera luz del alba.
-Tal
vez debamos dejar aquí los caballos-dijo el jinete situado a la
izquierda, siendo el más alto y corpulento de los tres.
-Los
caballos están exhaustos y no durarán mucho a este paso-contestó
la jinete que iba en el centro.
-Pretendes
que cabalguen hasta reventar, estoy contigo es el honroso destino de
los caballos de Zhera, darlo todo en esta misión-añadió el jinete
de la derecha.
Tras
una hora de vertiginosa marcha, los caballos los abandonaron, cayendo
los jinetes de manera violenta contra el suelo del final del camino,
donde sólo había polvo y piedras rojas. Estaban frente a la entrada
de una cueva. Los caballos eran mágicos, invencibles y raudos, al
arribar a la misión final se desvanecieron, fueron creados por un
hechizo y no debían dejar rastro que comprometiera el secreto.
-Vale,
hemos llegado-sentenció el jinete mas alto de los tres.
-Bueno
ahora veremos de que pasta estáis hechos-contesto sarcástica a modo
de desafío la misteriosa jinete.
-No tan
rápido preciosa, aún nos queda un largo trecho hasta la
caverna-contestó él sin dilación de una manera cautelosa.
-Ya que
nadie nos ha presentado como es debido, empezaré yo, soy Leah Kyso,
del clan de los Yelmo Negro.
El clan
de los Yelmo Negro era conocido por su ferocidad en el combate y su
destreza en el arte de las armas, no había muchas mujeres en el
clan, así que ver una era una sorpresa.
-Yo soy
Shyero , de los Juggernaits.
Los
Juggernaits eran bestias por naturaleza, capaces de aplastar un tigre
con una mano, bellos, altos , fornidos e implacables en el arte del
combate cuerpo a cuerpo.
-De
acuerdo lo mejor para el final, soy Jir Tronek de Cardia y soy un
bandido de los Espinas Rojas.
Las
espinas Rojas eran los bandidos más hipócritas que podían existir.
Repudiados y maldecidos hasta el punto del destierro, a lo que
estaban sometidos por no saber jugar en equipo ni respetar pactos.
-Vaya
veo que hasta la basura tiene su utilidad , añadió Leah, mirando a
Tronek con desprecio.
-La
basura tiene muchas utilidades encanto, cuando quieras te las
muestro-Contestó Tronek feroz con ganas de desgarrarla en sus
brazos.
-El
alba llegara pronto es mejor darse prisa- Dijo Shyero para desviar su
atención de semejante enfrentamiento, debían actuar en unión a
pesar de ser totalmente opuestos en sus principios.
Después
de las presentaciones nadie más dijo una palabra. La misión era su
objetivo vital. Al llegar a la entrada de la caverna debían
ponerse en un lugar determinado donde con la luz del alba se vería
reflejado en las paredes el código que les llevaría al interior de
aquella cueva en donde aguardaba el objetivo, Wurko.
-Ya
hemos llegado, vale será mejor ponerse donde toca a esperar-dijo
Leah
-Sí,
es lo más adecuado-adjuntó Shyero.
Sin
embargo Tronek parecía estar confundido, hipnotizado ante la
belleza de Leah, aún siendo un Yelmo Negro, era sin duda la mujer
más hermosa que había visto .Una larga melena castaña le llegaba
hasta las caderas, unas curvas perfectas realzaban sus encantos y
finalmente unos bellos ojos color mar brillaba con la primera luz del
sol, la cual le desconcentró de su cometido, descifrar la clave.
-Vamos
bandido a lo tuyo-dijo e Juggernait golpeándole en la espalda para
que se concentrara lejos de sus pensamientos en Leah.
Por
primera vez se fijo en Shyero el Juggernait.
Mediría
lo mismo que un oso erguido y su corpulencia lo confirmaba sin duda
era una bestia de proporciones épicas podría levantar un elefante
si se lo proponía estaba lleno de cicatrices y sus ojos eran fríos
y penetrantes, helaría el alma a la misma muerte.
Todo lo
contrario a él, un tipo flaco y con una avaricia que solo era
superada por sus mentiras y puñaladas por la espalda muy bien, su
única cualidad, el ingenio.
-Vamos
retaco, no tenemos todo el día-masculló Shyero que se impacientaba.
-Y
listo ya tengo la clave-dijo Tronek jocoso.
-Bien
por ti, ahora vamos-ordenó Leah.
-Un
momento, yo termino aquí este era mi cometido descifrar la clave
nada más y no voy armado como vosotros así que no podré
ayudar-comentó Tronek.
A pesar
de su cobardía Tronek tenía razón, no iba armado ni mucho menos
listo para enfrentar al temible Wurko que les esperaba. Shyero
blandía una temible hacha de más de dos metros y de unos cuarenta
kilos de peso a parte llevaba una cota de acero tan fría y dura como
la piel de un caimán y unas botas capaces de tumbar un oso de una
patada, mientras que Leah portaba dos sables medianos atados en un
cinto de cuero que llevaba en la cadera a los lados y que hacia juego
con su armadura que estaba hecha de cuero en mayor parte y acero en
las puntos más vitales todo ello ceñido a sus extraordinaria figura
de mujer replantado cada curva a la perfección lo que la hacia muy
atractiva, con la combinación del color rojinegro que simbolizaba a
los Yelmo Negro. Mientras que Tronek solo llevaba unos ropajes
gastados y una daga de pícaro.
-De
acuerdo tu te puedes ir si quieres pero nosotros vamos a completar el
encargo-contestó Leah.
-Lo he
pensado mejor y creo que tu Leah necesitas una protección ya que no
te veo capaz de matar al Wurko sin mi ayuda-dijo Tronek con una
sonrisa de oreja a oreja.
-Tal
vez si te uso de carnada si me seas útil basura inmunda-le contestó
Leah en tono agresivo y con una mano en el mango de unas de sus
espadas.
-Calmaos
deja que el Espina roja haga lo que quiera con su vida, nosotros
hemos venido a por otra cosa no a pelear entre nosotros-dijo Shyero
impasible.
Finalmente
Tronek les acompañó hasta la entrada de la caverna donde aguardaba
un Wurko, una especie de reptil gigante parecido a un oso con escamas
punzantes por todo el cuerpo. Fueron desterrados hace mil años a las
más oscuras cavernas por brujos, encerrados por toda la eternidad ya
que tenía el don de la inmortalidad en esos tiempos y destruían
todo lo que había a su paso, las leyendas afirman que sino se
hubiesen encerrado no habría mundo que pisar .Sin embargo cada medio
siglo había una oportunidad de aniquilarlos si se lograba descifrar
como acabar con ellos, en su oscuro corazón negro y pestilente,
ocultaban la clave de la inmortalidad.
Esa
era la misión de los tres jinetes acabar con el Wurko y entregar el
corazón al gremio que les contrató.
Leah
comenzó el trabajo con una presión quirúrgica golpeó unas
hendiduras en la pared y la puerta de la caverna se levantó dejando
ver algo que hace mas de mil años estaba allí enterrado, acumulando
rabia que sabían iba a desatarse en cualquier momento contra ellos.
Era un momento angustioso, cualquier error supondría la muerte.
Tronek se quedó muy atrás mientras que el Juggenait y la Yelmo
Negro desenfundaron sus armas se prepararon para el combate, su
respiración era agitada pero tras un rato no hallaron al temido
Wurko ni su corazón.
Estaban
atónitos, sus caras sudaban, sus músculos en tensión en alerta
máxima preparados para la muerte y allí no había más que el eco
de sus frases. Todo estaba desierto además de no parecer que allí
hubiese habido ser viviente nunca. Fue cuando desde la distancia
oyeron el silbido de las flechas rozando su piel. Rápidamente se
cubrieron entre las rocas como pudieron mientras que el ejército
agresor avanzaba hacía ellos. Tronek estaba tan asustado que se le
trabó la lengua mientras que Shyero haciendo honor a su
brutalidad, se levantó y gritó “jamás me esconderé ante el
peligro”. Gritó con una voz poderosa el Juggenait mientras corría
en la dirección de las flechas como un auténtico demonio.
Leah se
quedó de piedra al ver que al Juggenait le rebotaban algunas de las
flechas en su piel roja, mientras que otras sólo lo perforaban con
la mínima punta. Había oído hablar del poder de los Juggernaits
pero jamás los había visto en combate.
-Continuará-
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