jueves, 6 de julio de 2017

Los tres jinetes (Escrito por Cris)

Tres jinetes cabalgaban en la penumbra de la noche, en un único eco de complicidad y misterio. Unidos por la misión encomendada en máximo secreto por sus clanes. Eran ajenos a quién se escondía tras la figura que proyectaban, no habían tenido tiempo de presentaciones, les movía un objetivo común, debían llegar a su destino antes de que emergiera la primera luz del alba.

-Tal vez debamos dejar aquí los caballos-dijo el jinete situado a la izquierda, siendo el más alto y corpulento de los tres.
-Los caballos están exhaustos y no durarán mucho a este paso-contestó la jinete que iba en el centro.
-Pretendes que cabalguen hasta reventar, estoy contigo es el honroso destino de los caballos de Zhera, darlo todo en esta misión-añadió el jinete de la derecha.

Tras una hora de vertiginosa marcha, los caballos los abandonaron, cayendo los jinetes de manera violenta contra el suelo del final del camino, donde sólo había polvo y piedras rojas. Estaban frente a la entrada de una cueva. Los caballos eran mágicos, invencibles y raudos, al arribar a la misión final se desvanecieron, fueron creados por un hechizo y no debían dejar rastro que comprometiera el secreto.

-Vale, hemos llegado-sentenció el jinete mas alto de los tres.
-Bueno ahora veremos de que pasta estáis hechos-contesto sarcástica a modo de desafío la misteriosa jinete.
-No tan rápido preciosa, aún nos queda un largo trecho hasta la caverna-contestó él sin dilación de una manera cautelosa.
-Ya que nadie nos ha presentado como es debido, empezaré yo, soy Leah Kyso, del clan de los Yelmo Negro.
El clan de los Yelmo Negro era conocido por su ferocidad en el combate y su destreza en el arte de las armas, no había muchas mujeres en el clan, así que ver una era una sorpresa.
-Yo soy Shyero , de los Juggernaits.
Los Juggernaits eran bestias por naturaleza, capaces de aplastar un tigre con una mano, bellos, altos , fornidos e implacables en el arte del combate cuerpo a cuerpo.
-De acuerdo lo mejor para el final, soy Jir Tronek de Cardia y soy un bandido de los Espinas Rojas.
Las espinas Rojas eran los bandidos más hipócritas que podían existir. Repudiados y maldecidos hasta el punto del destierro, a lo que estaban sometidos por no saber jugar en equipo ni respetar pactos.
-Vaya veo que hasta la basura tiene su utilidad , añadió Leah, mirando a Tronek con desprecio.
-La basura tiene muchas utilidades encanto, cuando quieras te las muestro-Contestó Tronek feroz con ganas de desgarrarla en sus brazos.
-El alba llegara pronto es mejor darse prisa- Dijo Shyero para desviar su atención de semejante enfrentamiento, debían actuar en unión a pesar de ser totalmente opuestos en sus principios.
Después de las presentaciones nadie más dijo una palabra. La misión era su objetivo vital. Al llegar a la entrada de la caverna debían ponerse en un lugar determinado donde con la luz del alba se vería reflejado en las paredes el código que les llevaría al interior de aquella cueva en donde aguardaba el objetivo, Wurko.
-Ya hemos llegado, vale será mejor ponerse donde toca a esperar-dijo Leah
-Sí, es lo más adecuado-adjuntó Shyero.
Sin embargo Tronek parecía estar confundido, hipnotizado ante la belleza de Leah, aún siendo un Yelmo Negro, era sin duda la mujer más hermosa que había visto .Una larga melena castaña le llegaba hasta las caderas, unas curvas perfectas realzaban sus encantos y finalmente unos bellos ojos color mar brillaba con la primera luz del sol, la cual le desconcentró de su cometido, descifrar la clave.
-Vamos bandido a lo tuyo-dijo e Juggernait golpeándole en la espalda para que se concentrara lejos de sus pensamientos en Leah.
Por primera vez se fijo en Shyero el Juggernait.
Mediría lo mismo que un oso erguido y su corpulencia lo confirmaba sin duda era una bestia de proporciones épicas podría levantar un elefante si se lo proponía estaba lleno de cicatrices y sus ojos eran fríos y penetrantes, helaría el alma a la misma muerte.
Todo lo contrario a él, un tipo flaco y con una avaricia que solo era superada por sus mentiras y puñaladas por la espalda muy bien, su única cualidad, el ingenio.
-Vamos retaco, no tenemos todo el día-masculló Shyero que se impacientaba.
-Y listo ya tengo la clave-dijo Tronek jocoso.
-Bien por ti, ahora vamos-ordenó Leah.
-Un momento, yo termino aquí este era mi cometido descifrar la clave nada más y no voy armado como vosotros así que no podré ayudar-comentó Tronek.
A pesar de su cobardía Tronek tenía razón, no iba armado ni mucho menos listo para enfrentar al temible Wurko que les esperaba. Shyero blandía una temible hacha de más de dos metros y de unos cuarenta kilos de peso a parte llevaba una cota de acero tan fría y dura como la piel de un caimán y unas botas capaces de tumbar un oso de una patada, mientras que Leah portaba dos sables medianos atados en un cinto de cuero que llevaba en la cadera a los lados y que hacia juego con su armadura que estaba hecha de cuero en mayor parte y acero en las puntos más vitales todo ello ceñido a sus extraordinaria figura de mujer replantado cada curva a la perfección lo que la hacia muy atractiva, con la combinación del color rojinegro que simbolizaba a los Yelmo Negro. Mientras que Tronek solo llevaba unos ropajes gastados y una daga de pícaro.
-De acuerdo tu te puedes ir si quieres pero nosotros vamos a completar el encargo-contestó Leah.
-Lo he pensado mejor y creo que tu Leah necesitas una protección ya que no te veo capaz de matar al Wurko sin mi ayuda-dijo Tronek con una sonrisa de oreja a oreja.
-Tal vez si te uso de carnada si me seas útil basura inmunda-le contestó Leah en tono agresivo y con una mano en el mango de unas de sus espadas.
-Calmaos deja que el Espina roja haga lo que quiera con su vida, nosotros hemos venido a por otra cosa no a pelear entre nosotros-dijo Shyero impasible.
Finalmente Tronek les acompañó hasta la entrada de la caverna donde aguardaba un Wurko, una especie de reptil gigante parecido a un oso con escamas punzantes por todo el cuerpo. Fueron desterrados hace mil años a las más oscuras cavernas por brujos, encerrados por toda la eternidad ya que tenía el don de la inmortalidad en esos tiempos y destruían todo lo que había a su paso, las leyendas afirman que sino se hubiesen encerrado no habría mundo que pisar .Sin embargo cada medio siglo había una oportunidad de aniquilarlos si se lograba descifrar como acabar con ellos, en su oscuro corazón negro y pestilente, ocultaban la clave de la inmortalidad.
Esa era la misión de los tres jinetes acabar con el Wurko y entregar el corazón al gremio que les contrató.
Leah comenzó el trabajo con una presión quirúrgica golpeó unas hendiduras en la pared y la puerta de la caverna se levantó dejando ver algo que hace mas de mil años estaba allí enterrado, acumulando rabia que sabían iba a desatarse en cualquier momento contra ellos. Era un momento angustioso, cualquier error supondría la muerte. Tronek se quedó muy atrás mientras que el Juggenait y la Yelmo Negro desenfundaron sus armas se prepararon para el combate, su respiración era agitada pero tras un rato no hallaron al temido Wurko ni su corazón.

Estaban atónitos, sus caras sudaban, sus músculos en tensión en alerta máxima preparados para la muerte y allí no había más que el eco de sus frases. Todo estaba desierto además de no parecer que allí hubiese habido ser viviente nunca. Fue cuando desde la distancia oyeron el silbido de las flechas rozando su piel. Rápidamente se cubrieron entre las rocas como pudieron mientras que el ejército agresor avanzaba hacía ellos. Tronek estaba tan asustado que se le trabó la lengua mientras que Shyero haciendo honor a su brutalidad, se levantó y gritó “jamás me esconderé ante el peligro”. Gritó con una voz poderosa el Juggenait mientras corría en la dirección de las flechas como un auténtico demonio.
Leah se quedó de piedra al ver que al Juggenait le rebotaban algunas de las flechas en su piel roja, mientras que otras sólo lo perforaban con la mínima punta. Había oído hablar del poder de los Juggernaits pero jamás los había visto en combate.



-Continuará-

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